Antigua Roma. La sexualidad romana. Parte 2/2

¿Qué diferencia había entre una mujer casada y una concubina en el mundo romano?

Para tenerlo claro debemos seguir al jurista romano Paulo que lo definió de la siguiente forma “una concubina se diferencia de una esposa solamente en la consideración social en la que se la tiene”, lo que nos viene a decir es que una concubina no era considerada socialmente igual a su hombre como lo era la esposa. La ley romana decía que un hombre no podía tener una concubina al mismo tiempo que una esposa.

A pesar de estar clara la ley romana, los primeros que la incumplieron fueron los propios emperadores como fue el caso de Augusto, Marco Aurelio y Vespasiano.

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Jurídicamente las concubinas estaban muy desamparadas por las leyes romanas. 

Estas dependían de lo que los hombres le otorgaran. Las leyes romanas tenían claro que debían diferenciar claramente entre lo que es una esposa y una concubina. Si seguimos al jurista Numa Pompilio decía “Una concubina no tocará el altar de Juno. Si lo hace, le ofrecerá sacrifico con una oveja teniendo el pelo suelto”.

El concubinato es una figura que aparece rápidamente en el mundo romano y ya existía esta figura en la época de la monarquía romana, pero las concubinas tenían prohibido la adoración a la diosa Juno que era la diosa del matrimonio. El jurista Ulpiano decía “solamente esas mujeres con las que se tienen relaciones lícitas pueden ser concubinas sin temor a cometer un crimen”.

LA PROSTITUCIÓN

La prostitución en la historia de Roma fue evolucionando. De esta forma, en la antigua Roma, la prostitución era un símbolo de vergüenza. En la República Tardía en los inicios del Principado, la falta de reputación estaba reflejada en la ley y calificaba a sus practicantes como infames.

La primera documentación, que hace referencia a la prostitución romana lo encontramos en el Cuerpo de Derecho Civil que tiene su origen en los inicios del siglo VI a. C.

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Moneda romana sprintia

Todas las personas que se dedicaban a la prostitución no podían expresarse en la Corte, ni realizar acusaciones y no podían presentarse en candidaturas para la Magistratura.

Toda persona que ejerciera la prostitución debía estar registrada legalmente. La ley romana estipulaba la infamia y decía “no solamente una mujer que practica la prostitución, pero también quien lo ha hecho aunque haya cesado la práctica; la desgracia no es eliminada aunque se discontinúe la actividad”.

La infamia era la pérdida formal de una buena reputación y en el mundo romano era una gran herramienta cultural para la consecución del buen comportamiento de todos sus ciudadanos.

Esta pérdida de la buena fama debido a un comportamiento vergonzoso, como era la prostitución, representaba un estigma social y legal muy importante.

 Significaba la pérdida a los ciudadanos de muchos de sus privilegios.

El miedo a la vergüenza a los ojos de la comunidad, suponía un buen antídoto y era un modo de controlar socialmente el comportamiento decoroso de la ciudadanía.

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La famosa Copa Warren, se encuentra en el Museo Británico

La literatura romana da muestras de cómo eran utilizada estas formas de comportamiento y se trabaja sobre el comportamiento de estos dos tipos de mujeres: la bien educada que era virgen y puede esposarse y la prostituta que está por debajo del nivel social de los ciudadanos.

La literatura romana muestra de una forma muy sugerente el papel de la prostituta. Muchas veces se recurría a la prostitución como una metáfora.

 Eran vestidas y reconocidas por su vestimenta, con ropas chillonas hechas de seda transparente. Además, se distinguían por el uso de las togas, que eran ropas que solían usar los hombres romanos.

Los escritores romanos presentaban la prostitución de forma muy degradante para la mujer y la representaban como signo de impureza. La prostitución era asociada a la suciedad, lo que todavía le daba un rango social menor.

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Figura 1. Escenas de sexo en representaciones artísticas romanas: A) Detalle de mosaico (termas de Caracalla, Roma). B) Fragmento de vidrio (Metropolitan Museum, Nueva York). C) Pintura estucada (casa del Centenario, Pompeya)

Los proxenetas romanos también eran representados de forma infame. Estos eran mirados con desdén y estaban estigmatizados dentro de la sociedad romana. La ley decía “la ocupación de un proxeneta no es menos degradante que la práctica de la prostitución y el crimen por ello es incluido en las leges Juliae, como una pena preservada contra el marido que tenga ganancias monetarias por el adulterio de su esposa”.

Debemos saber, que los romanos vivían con marcados tabúes morales y sexuales. Todos aquellos aspectos de la práctica sexual que estaban socialmente reconocidos se desarrollaban dentro del matrimonio romano.

Dentro de la sexualidad romana los genitales femeninos y la menstruación eran vistos de manera negativa. No se permitía que se produjera alteración de los roles establecidos, así era muy mal visto que una mujer pudiera ejercer un rol dominante sobre el hombre.

Ser penetrado un hombre o hacer sexo oral a la mujer era considerado sexualmente como un rol pasivo. El sexo oral hacia la mujer era muy controvertido. Hay muy pocos datos sobre el lesbianismo entre romanas, pero parece claro que era un tabú más fuerte, que si lo realizaban dos hombres.

Las prácticas sexuales dentro del mundo femenino también variaban en función de la clase social a la que pertenecían. Las mujeres de clase baja, las extranjeras y las esclavas, tenían mucha más libertad sexual que las de clase alta, las matronas.

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Lo que sí era igual era el uso de afrodisiacos o las llamadas pociones del amor, utilizadas tanto por mujeres como por hombres. El sexo con mujeres embarazadas era socialmente muy aceptado. Hay textos donde se relata que Julia, hija del emperador Augusto aprovechaba su embarazo para tener relaciones sexuales con otros hombres, que no fuera su marido.

Hay un aspecto muy llamativo dentro de la sexualidad romana y es que en la época de la Roma imperial la violación era una práctica muy normal, muy diferente a la de otras culturas antiguas, que era muy castigado. Sin embargo, durante la monarquía la violación era considerada un delito y estaba penada con la pena de muerte o debía partir para el exilio el violador y se le confiscaban todos sus bienes.

Lo que se pretendía era preservar el valor de la castidad en las mujeres, el honor del padre si era virgen y el honor del esposo de la mujer casada. No podemos hablar de un atentado a la libertad sexual, porque las mujeres no podían decidir con quién mantener relaciones sexuales.

Las mujeres no tenían libertad en sus relaciones con los hombres. Estos consideraban el lesbianismo como algo excitante y morboso, pero estaba muy oculto en la sociedad, ya que la mujer de entonces sólo tenía la misión reproductora y no del disfrute de su sexualidad ni como elegir la forma del disfrute carnal. Una mujer que quería ser la pareja activa en una relación se le llamaba tribade, algo no consentido socialmente y penalizado.

La sexualidad romana era de total dominio del hombre que actuaba como un amo respecto a su esposa y esclavos, es decir, esta relación estaba basada en el sometimiento total al hombre.

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Relieve que muestra una pareja practicando sexo

El placer femenino era totalmente ignorado. La moral sexual romana se basaba en el binomio someter y ser sometido. 

Someter era un honor, mientras que ser sometido era absolutamente vergonzoso y más si este era un varón adulto libre. Sin embargo, si era un esclavo o una mujer se consideraba de lo más natural.

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Uno de los aspectos que llaman mucho la atención es que los romanos no practicaban el beso en la calle. Sin embargo, la ley dice que el esposo tiene el derecho al beso, es decir una mujer romana estaba obligada a besar cada día al marido en la boca.

Esto que nos resulta sorprendente ahora era una vieja costumbre romana y tenía la finalidad de controlar que la mujer no bebiera. Había una ley que prohibía beber vino a las mujeres, porque se decía que si una mujer bebía podía perder el control, porque podía favorecer y dar facilidades al adulterio por los efectos desinhibidores que produce el alcohol.

Habrá una segunda parte donde tocaré temas como el aborto, el infanticidio, las bacanales, las fiestas de las prostitutas, las monedas sexuales y las termas. Espero que les guste y no se pierdan la segunda parte.

Imagen de portada: Los frescos de Pompeya demuestran la importancia del sexo en la época.

FUENTE RESPONSABLE: nuevatribuna.es Por Edmundo Fayanás. Mayo 2017.

Antigua Roma/La sexualidad romana/Amor/Libertad sexual/

Mujer/Sometimiento/ Desigualdad/Sociedad y Cultura.

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