Marco Ulpio Trajano, el emperador hispano. Una vida fascinante. Parte 3/4

Una política de bienestar

Fue un mandatario que supo recuperar la felicidad para los romanos, como recuerda el historiador Plinio el Joven: “Trajano nos ha ordenado que seamos felices y nosotros lo seremos”.

Y a esta augurada condición contribuyó el bienestar social. Se dictaron muchas disposiciones que hacían hincapié en mejorar las condiciones de vida de la población:

  • Se disminuyeron algunos impuestos, como el de sucesión introducido por Augusto.
  • Se activaron algunas condonaciones de deudas.
  • Se ofreció una frumentatio que era una dádiva de trigo a los hijos de la plebe de Roma, extendida después a las ciudades itálicas.

Trajano puso en marcha un sistema de asistencia estatal absolutamente innovador. Su antecesor Nerva sentó sus bases, pero fue mérito suyo que este alcanzase pleno desarrollo. Aprovechando los recursos del fisco y apelando a las contribuciones de particulares, se aseguró de que los niños huérfanos y los de familias pobres recibieran subsidios mensuales.

Gracias a ello, un total de 5.000 niños necesitados de la ciudad de Roma pasaron a formar parte de la lista de personas a quien distribuir el pan gratuitamente. El emperador completó la asistencia con una generosa distribución de vino y grasas que propagó a varias localidades. Estas medidas no llegaron solas, sino acompañadas de una política agraria comprometida y rompedora.

Trajano obligó a los senadores procedentes de provincias a invertir un tercio de sus bienes en la adquisición de tierras en Italia. De esta forma se garantizaba una triple recompensa:

  • Vincular al senador de provincias con la central.
  • Fomentar la inversión de nuevo capital en la economía agraria.
  • Incentivar a los propietarios ítalos a vender sus inmuebles a un precio más alto y adquirir tierras a bajo coste en otros territorios del Imperio.

Enemigo de políticas centralistas e interesado en el desarrollo provincial a gran escala, el emperador procedente de Hispania siempre tuvo en mente todos sus dominios. De esta forma pudo llevar a cabo el reequilibrio territorial.

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Detalle de la columna trajana

Estaba decidido a acabar con las desigualdades entre Italia y las provincias, tanto si eran occidentales, tradicionalmente mejor consideradas y con mayor peso económico y social, como orientales. Para ello envió curadores, expertos administradores, que se encargaron de poner orden en las finanzas municipales.

Trajano era un hombre de Estado pero también erudito y sobre todo soldado, encontró la respuesta en una palabra: conquista. Así, la base de su gobierno se asentó en una política exterior eficaz y rentable que garantizó ricos botines, aumentó las entradas del Tesoro y contribuyó de paso a la exportación del modelo romano.

Trajano se preocupaba tanto por el buen gobierno como el bienestar público. 

Instituyó una excelente política doméstica, proveyendo para los niños de los pobres, restaurando el arruinado sistema de caminos, así como construyendo nuevos puentes, acueductos, baños públicos, y un moderno puerto en Ostia.

Finalmente, continuó la política de su predecesor de deshacer gran parte del daño hecho por Domiciano al liberar prisioneros y llamar a exiliados.

Para financiar estas intervenciones, Trajano recurrió al patrimonio imperial. Si bien la disposición administrativa y social más significativa, celebrada posteriormente en el famoso Arco de Benevento, es la Institutio Alimentaria,sacada inicialmente del patrimonio imperial.

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Estatua de Trajano

L’institutio consistía en un préstamo al 5 por ciento concedido a los agricultores, cuyo interés habría servido al mantenimiento y a la instrucción de la infancia. 

En este terreno, la conquista de Dacia había procurado al Estado romano no solo la gloria militar y el crecimiento territorial, sino que además se pudo financiar los grandiosos programas monumentales y el botín de guerra aportó una gran suma de dinero a la Institutio.

En materia económica y social encontró la forma de organizar la burocracia y promulgó leyes a favor de la pequeña propiedad campesina, cuya base estaba amenazada al extenderse el latifundio.

Trajano favoreció la repoblación de campesinos libres en la península Itálica, invirtiendo capitales y proporcionando a los colonos los medios para sustentarse y trabajo en los campos. Los colonos debían invertir una parte de las cosechas como pago de la deuda.

Este sistema, conocido como colonato, necesitó control estatal para poder funcionar. Por un lado, había que impedir que los recaudadores de impuestos depredaran a los colonos o que los latifundistas exigieran más de lo debido reduciendo a la miseria y la semiesclavitud a los campesinos.

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Por otro lado, necesitaba defender a los colonos de los bandidos y los invasores que hubieran podido devastar las tierras obligándoles al abandono del campo y marchar a la ciudad dejando las tierras sin cultivar.

Puso límites a la emigración de la península, intentando incentivar la presencia de la clase social empresarial y la mano de obra en una Italia que estaba perdiendo su centralidad y que estuvo a punto de encaminarse a una fase de decadencia.

Trajano hizo quemar los registros de los impuestos retrasados para aliviar la presión fiscal sobre las provincias, acto que se encuentra representado en los llamados Plutei de Trajano de la Curia Julia.

Abolió algunas tasaciones que cargaban tanto sobre los provinciales como sobre los itálicos. Se creó así un tipo de caja de ahorros popular que concedió préstamos a los pequeños campesinos y empresarios romanos que se beneficiaron así de amplias concesiones; así se favorecieron las primeras cooperativas y asociaciones profesionales.

Con los beneficios y las rentas de las reformas emprendidas, Trajano edificó colegios y orfanatos para los hijos ilegítimos y los huérfanos de sus soldados garantizándoles un subsidio mensual y una instrucción adecuada.

Las guerras contra los dacios

Trajano siempre destacó como comandante militar, particularmente por sus conquistas en Oriente Próximo, pero inicialmente por las dos guerras contra Dacia, en lo que hoy es Rumania que fue conquistada entre los años 101-102, luego su reconquista demorada del reino fronterizo transdanubia de Dacia, una región que había perturbado el pensamiento romano desde hacía más de una década con la desfavorable paz negociada por los servidores del emperador Domiciano.

El prefecto pretoriano Cornelio Fusco cruzó el río Danubio con cinco o seis legiones sobre un puente de barcas y avanzó hacia Banato en Rumanía. 

Fueron sorprendidos por un ataque dacio en Tapae, cerca del pueblo de Bucova. La Legión V Alauda fue aplastada y Cornelio Fusco fue sacrificado.

El general victorioso se llamaba en un principio Diurpaneo, pero después de esta victoria fue llamado Decébalo el valiente.

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El emperador Domiciano había hecho campaña contra Dacia entre los años 86 y 87 d.C., sin asegurarse un resultado decisivo, y Decébalo había desobedecido descaradamente los términos de la paz del año 89 d. C., que había pactado al término de esta campaña.

Trajano dejó Roma, en el año 101 d.C. para luchar contra los dacios, rápidamente los derrotó en Tapae. Después de otro ataque fallido, los dacios inmediatamente pidieron la paz. Esta vez, sin embargo, Decébalo fue forzado a ceder un territorio considerable al norte del Danubio, pero el rey dacio nunca había sido alguien que respetara un acuerdo de paz.

Con esta ofensiva para ampliar territorios, Trajano acababa con una política seguida desde los tiempos de Augusto de mantener el Imperio dentro de ciertos límites y hacer simples guerras defensivas.

La única excepción había sido la conquista de Britania en tiempos de Claudio. Hacia marzo del año 101 d. C., Trajano inició su primera guerra contra los dacios liderados por Decébalo.

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Para ello, Trajano pasó a la orilla septentrional del río Danubio sobre un puente de piedra que había construido, cruzó las Puertas de Hierro y se dirigió hacia la capital, Sarmizegetusa.

Atacó el reino de Dacia con cuatro legiones, Derrotó al ejército dacio cerca del puerto de Tapae, en la llamada segunda batalla de Tapae. Las tropas de Trajano, sin embargo, quedaron dañadas en el encuentro, y desistió de cualquier otra campaña durante el resto del año, para curar a los heridos, recibir refuerzos y reagruparse.

Durante el invierno posterior, el rey Decébalo lanzó un contraataque cruzando el Danubio más lejos corriente abajo, pero fue rechazado. 

El ejército de Trajano se adentró más en territorio dacio y forzó al rey Decébalo a someterse el año siguiente, después de que Trajano acampara a pocos kilómetros de la capital, Sarmizegetusa Regia.

Al volver a Roma, obtuvo el título de “Dácico” y se conmemoró el triunfo, celebrado en el Trapaeum Traiani. No obstante, Decébalo, al que habían dejado que se las arreglase solo, en el año 105 d. C., emprendió una invasión contra territorio romano intentando levantar a algunas de las tribus del norte del río contra Roma.

Trajano se puso de nuevo en marcha, partiendo de Ancona y llegando a las riberas del Danubio. Las fuentes hablan de trece legiones trasladadas para someter definitivamente aquella tierra rica en oro y aquel pueblo que durante el reino de Domiciano había pasado Mesia a hierro y fuego.

Creó dos nuevas legiones, la Legio II Traiana fortis y la Legio XXX Ulpia Victrix. Hizo construir, con el diseño de Apolodoro de Damasco, su macizo puente sobre el río Danubio, empresa muy parecida por otra parte a la de César con Ariovisto.

Conquistó Dacia completamente en el año 106 d. C., a pesar de la fuerza y la vehemencia de los dacios, guerreros que si no caían en la batalla se suicidaban por su dios Zalmoxis. 

El avance del ejército de Roma hasta la capital Sarmizegetusa Regia no se encontró con obstáculos gracias a su superioridad numérica, a la logística y a las tácticas ya consolidadas por siglos de guerras y asedios.

La comprobada formación en tortuga, por ejemplo, fue el centro de las tácticas de asedio en Dacia. Con ocasión de estas batallas, además, Trajano introdujo una nueva arma, el carrobalista, el verdadero antepasado del cañón de campaña, un medio que reunía la movilidad necesaria en batalla con una gran potencia y que contribuyó a la victoria romana.

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Moneda de Pompeya Plotina esposa de Trajano

Los romanos tomaron la capital dacia, Sarmizegetusa, y la destruyeron. Decébalo se suicidó, y su cabeza cortada fue exhibida en Roma en los escalones que llevaban al Capitolio.

Fundó una nueva ciudad, Colonia Ulpia Traiana Augusta Dacica Sarmizegetusa, en otro lugar distinto a la de la previa capital dacia, aunque llevó el mismo nombre, Sarmizegetusa. Colonizó Dacia con romanos y la anexionó al imperio como una nueva provincia.

Las campañas dacias de Trajano beneficiaron las finanzas del Imperio a través de la adquisición de las minas de oro de Dacia. Además, descubrió el tesoro escondido de Decébalo, que ascendía a 165 toneladas de oro y el doble de plata. Estas guerras se conmemoran en la columna de Trajano, que se levantó conjuntamente con el Foro de Trajano donde fue colocada para celebrar la gran victoria.


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Imagen de portada: Gentileza de Nueva Tribuna.es

FUENTE RESPONSABLE: Nueva Tribuna.es Por Edmundo Fayanás Escuer. Diciembre 2021

Antigua Roma/Historia/Sociedad y Cultura/Emperador/Marco Ulpio Trajano

 

 

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