“Borges no se merece el talento que tiene”: audacias y provocaciones de Victoria Ocampo.

Un libro de Ivonne Bordelois propone perfiles poco conocidos de la creadora de Sur, en un intento por desarmar prejuicios sobre esa figura central de la cultura argentina.

Ivonne Bordelois, la autora de la colección de poemas El alegre apocalipsis y los ensayos La palabra amenazada, Etimología de las pasiones y El país que nos habla, acaba de publicar Victoria. Paredón y después, un libro biográfico que se ocupa de reivindicar como escritora a la autora de las diez series de Testimonios y de los seis tomos de Autobiografía, entre otras obras.

Victoria nació cuarenta y cuatro años antes de Ivonne. La biógrafa y la biografiada, a pesar de la diferencia de edad, de sus personalidades tan disímiles como sus circunstancias, y de la formación –Ocampo era una autodidacta; Bordelois es una lingüista doctorada en el MIT bajo la guía de Noam Chomsky y fue docente universitaria en Holanda– tienen varios puntos en común. En primer lugar, tuvieron un contacto muy temprano con la naturaleza. Victoria, en las estancias de su familia y en el jardín de Villa Ocampo; Ivonne, en el campo familiar de los Bordelois en la provincia de Buenos Aires. La lectura las llevaría a deslumbrarse con los cuentos, las novelas y los ensayos de Virginia Woolf; sobre todo con Un cuarto propio y Tres Guineas: eran feministas.

«Se omitían ‘detalles’ no menores: V. O. estuvo de parte de los republicanos durante la Guerra Civil Española, siempre apoyó a los aliados y rescató a varios intelectuales y artistas de la Europa ocupada»

Bordelois, muy joven, conoció a Victoria, a la que admiraba, pero que la cohibía. Fue colaboradora de la revista Sur y amiga de Enrique Pezzoni y José Bianco. Luego, su larga permanencia en Estados Unidos, París y Holanda, la mantuvo alejada de la vida cotidiana de Buenos Aires y de la publicación dirigida por Ocampo.

Victoria Ocampo, en 1950, al llegar a Estados Unidos para dar conferencias

Victoria Ocampo, en 1950, al llegar a Estados Unidos para dar conferencias- Bettmann

El tiempo y la distancia le han permitido a Ivonne brindar un perfil muy rico y equilibrado de su biografiada. Reprocha con razón a los críticos de Ocampo el ensañamiento con que la atacaron y atacan por no haber tomado “opciones ideológicas inviables en sus circunstancias”. Nada podía hacer ella contra el hecho de haber nacido del lado de los privilegios. Se le atribuían posiciones ideológicas a las que era ajena por el hecho de lucir vestidos de alta costura de Chanel y sombreros de Reboux y de haber sido amante a fines de la década de 1920 de un trágico y muy buen escritor, Pierre Drieu la Rochelle, más tarde, colaboracionista del nazismo. Se omitían “detalles” no menores: V. O. estuvo de parte de los republicanos durante la Guerra Civil Española, siempre apoyó a los aliados y rescató a varios intelectuales y artistas de la Europa ocupada.

Se ha hablado mucho del carácter mandón de Ocampo y de su generosidad; pero pocas, de su ternura, que era conmovedora. Bordelois cita una expresión que Beatriz Sarlo le aplicó a Ocampo: “capataza cultural rioplatense”. Casi una injuria kirchnerista avant la lettre.

Ivonne Bordelois

Ivonne Bordelois

Son pocos los escritores y críticos que admiten lo bien que escribía Victoria, la fluidez de su estilo, la llaneza criolla de su español rioplatense, al que salpicaba de palabras y expresiones francesas, inglesas o del habla coloquial porteña y campera. Con un aforismo demolía a un genio o una celebridad. De Charles de Gaulle dijo: “El poder corrompe hasta el lucero del alba”. De la condesa de Noailles: “Era una mezcla de cisne y de serpiente”. De Borges: “No se merece el talento que tiene”. Victoria estaba muy lejos de la admiradora perpetua.

En este punto, la autora y la biografiada tienen otro punto en común. Las justas, temibles y exquisitas reseñas de Bordelois le valieron el apodo de “Ángel exterminador” en Sur, según Enrique Pezzoni. Cultivó su sinceridad cruelmente literaria en el Suplemento Cultura de este diario, cuando yo era editor. Mi retiro apartó de mí ese cáliz hechicero. Del mismo modo, V. O. se encarnizaba sobre las traducciones de Shakespeare de las más encumbradas plumas.

«Con respecto a la caligrafía de Mistral, dice: ‘Es una letra muy acostada, como alfalfa bajo un vendaval’.»

Bordelois consagra la segunda parte de su libro a una galería antológica de retratos escritos por V. O. Describe el conjunto como “un verdadero festín.” En esa Vía Láctea de celebridades, mis preferidos son los perfiles de Gabriela Mistral, Jean Cocteau, y Julián Martínez, el gran amor de Victoria. Hay frases, símiles y metáforas seleccionadas por Ivonne que se valen de los tres reinos de la naturaleza, de los cinco sentidos, y de una puntería verbal infalible. Con respecto a la caligrafía de Mistral, dice: “Es una letra muy acostada, como alfalfa bajo un vendaval.” ¡Diosa!, como dirían los jóvenes de hoy. De Anna de Noailles: “Su abundancia acaba por empobrecerla”.

Quien retrata muy bien a V. O. es el escritor estadounidense Waldo Frank. Bordelois utiliza la mirada de este para su biografiada: “Es alta y singularmente hermosa, parece una amazona; una amazona que oculta a los ojos del vulgo su naturaleza infantil, de muchacha”. “Cuando la conocí Victoria tenía alrededor de cuarenta años, era una mujer alta, morocha, de belleza clásica, una mujer poderosa; una mujer rica y, en su vida privada, una mujer desdichada”.

La tercera parte del libro se ocupa del encuentro decisivo entre Virginia Woolf y Victoria, y de la amistad epistolar que le sigue. Desde que se conoció el Diario de Virginia Woolf y cartas de esta dirigidas a parientes y amigas en las que se refiere a V. O., se habló y se escribió de modo burlón e irónico acerca del papel de millonaria exótica, enferma de literatura, que desempeñó la argentina frente a la exquisita, atormentada y sarcástica Virginia, a la que Victoria admiraba profundamente. Sin embargo, como muestra Bordelois con citas del epistolario de V. O., esta tuvo plena conciencia de los malentendidos que se produjeron entre ellas y del desdén imperialista con el cual, por momentos, Virginia la veía como un ser tan exótico como la Argentina, que Woolf se imaginaba poblada de mariposas.

Irene Chikiar Bauer, en su tesis de doctorado (a la que Ivonne se refiere como fuente) y en el prólogo de El ensayo personal, su antología de Victoria Ocampo, analiza con mucho detalle la confrontación entre la escritora inglesa y la “sudamericana”. Victoria aprovechó el interés “europeo” de Virginia por el exotismo que representaba la culta, sensible y arrolladora nueva amiga para acercarse a la autora de Orlando, que le dio un rumbo definitivo a la vida y la obra de Ocampo. El impulso o el mandato que Virginia le dio a V. O para que escribiera “autorizó” a esta para encarar seriamente su vocación literaria, como enfatizan tanto Bordelois como Chikiar Bauer.

Virginia Woolf y Victoria Ocampo

Virginia Woolf y Victoria Ocampo- Archivo

En el episodio Woolf-Ocampo, Ivonne ve en acción el histrionismo de la argentina, que había renunciado por su familia a su vocación escénica. Fue Sylvia Molloy, en “El teatro de la lectura: cuerpo y libro en Victoria Ocampo”, la primera en ver la actriz tras la escritora y mecenas. Esas cualidades histriónicas le sirvieron a Ocampo para manipular a Virginia, convertirse en su amiga y obligarla a dejarse fotografiar por Gisèle Freund.

A pesar de las diferencias en tiempo, espacio, clase y circunstancias culturales, Virginia, Victoria e Ivonne están unidas por su condición de mujeres en una sociedad machista que las relega a un segundo plano. Las tres llegaron a comprender que, en la familia y en el mundo del trabajo, eran las proletarias del hombre en términos marxistas. Victoria y Virginia pagaban sus beneficios con sumisión y decoro. El caso de Ivonne fue distinto. Eso le permitió escribir sobre las otras dos con distancia.

Bordelois destaca en la lectura que Victoria hace de las obras de Virginia las epifanías, los éxtasis de esta, ya sea por medio de la experiencia de sus personajes o de su propia vida. Esos momentos son los atisbos de la Realidad, del Todo. Virginia e Ivonne sufrían de crisis maníacas. Atravesaban períodos fulgurantes de euforia maníaca, seguidos por depresiones. De esos lapsos de manía, nacieron muchas de las mejores páginas de Virginia.

Ivonne llega lejos en su análisis de la “locura” de Virginia, porque padeció la misma afección y eso le permitió comprender que “la manía no puede reducirse a una patología”. En su fase positiva, según la autora, es la revelación de un contacto posible con la energía del universo. Ahora bien, Bordelois, como cuenta en su autobiografía Noticias de lo indecible, comenzó a manifestar su manía en los Estados Unidos, durante los años de su doctorado en el MIT con Noam Chomsky. En ese ámbito competitivo y machista, los hombres siempre llevaban la delantera; y el capitalismo salvaje, aun entre izquierdistas, se imponía. Esa violencia la descompensó. Para no pagar un alquiler muy alto, se mudó al gueto negro, donde era la única blanca. Sus vecinos se sintieron honrados de que ella se hubiera ido a vivir allí, la invitaban y la protegían. Allí, entre los marginados, respiraba.

Durante los períodos eufóricos, Ivonne desplegaba creatividad, lucidez y dotes deslumbrantes, pero también era capaz de desafiar a Chomsky preguntándole en qué se distingue un órgano (corporal) de una máquina, para escucharlo responder: “En nada, por supuesto”. Así descubrió que los norteamericanos no distinguen entre biología y técnica.

Extraño y luminoso trío el de estas mujeres, marginales dentro de su propio género, sin hijos, profundamente solas, aun rodeadas de amigos y admiradores, entregadas a compartir el mundo y sus mundos por medio de la escritura, sin soportar ataduras, salvo las de elección: la libertad y la palabra.

Victoria. Paredón y después, de Ivonne Bordelois (Edhasa/Ediciones del Zorzal)

Victoria. Paredón y después, de Ivonne Bordelois (Edhasa/Ediciones del Zorzal).

Imagen de portada: Gentileza de Patricia Ramirez

FUENTE RESPONSABLE: La Nación. Cultura. Por Hugo Beccacece

Sociedad y Cultura/Literatura/Biografias/Victoria Ocampo/

Ivonne Bordelois

 

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