Chavela Vargas y Frida Kahlo: así fue la relación prohibida entre dos mujeres volcánicas.

Chavela Vargas describió a Frida Kahlo como “un ser de otro mundo”. Entre tequilas de más y celos, cayó perdidamente enamorada de ella. Ésta es su historia.

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Chavela Vargas nunca escondió su lesbianismo. Por el contrario, la noche que conoció a Frida Kahlo, no tuvo empacho en hacerle saber que estaba interesada en ella. Conectadas por un amigo en común, las dos mujeres se encontraban en puntos diferentes de su desarrollo artístico y profesional. Por una parte, Vargas ya era un referente en las rancheras y boleros mexicanos; Kahlo apenas despegaba en el círculo de intelectuales que rodeaban a su pareja itinerante, Diego Rivera.

En el trance del éxito profesional, incluso a mediados del siglo XX, Chavela Vargas tenía claro que quería algo con Frida Kahlo. Un amigo pintor la invitó a la Casa Azul, en una de las múltiples fiestas que organizaba Rivera en Coyoacán. Ése fue el día en el que la cantante de rancheras encontró “una golondrina emprendiendo vuelo” en la unciera de Frida Kahlo. Ésta es la historia apasionada de dos mujeres volcánicas.

Al son de ‘Quédate esta noche’

Retrato de Frida Kahlo por su padre en 1926. Crédito: Carl Wilhelm Kahlo Kauffmann / Wikimedia Commons

“Fue un deslumbramiento al verle la cara, los ojos”, narró décadas después Chavela Vargas sobre su primer encuentro con Frida Kahlo. En el documental que lleva su nombre, Chavela (2017), la mujer asegura que la pintora “no era un ser de este mundo“:

“Sus cejas juntas eran una golondrina en pleno vuelo. Sin tener todavía la 

madurez de la mujer en mí, pues era muy niña, presentí que podía amar 

a ese ser con el amor más entregado del mundo, el amor más atado del mundo”.

Como vieja amiga del tequila y el mezcal, Vargas aprovechó el reconocimiento que tenía entre los invitados para tomar una guitarra y ponerse a cantar. Al son de Quédate esta noche, Frida Kahlo entendió que no tenía escapatoria: le sería prácticamente imposible escapar de la energía de una mujer en erupción.

Y efectivamente: Chavela Vargas se quedó esa noche con Frida Kahlo. Incluso con Diego en casa, la cantante visitaba a su nueva amante con frecuencia. Hubo un tiempo, según documentan medios nacionales, en que la pintora le pidió que se quedara a vivir con ella en la Casa Azul de Coyoacán, en la Ciudad de México.

Retrato de Frida Kahlo y Diego Rivera. Crédito: Carl Van Vechten / Wikimedia Commons

Para entonces, era bien sabido que llevaba una relación abierta con su esposo —que tenía un gusto particular por otras mujeres— quien, además, alentaba sus encuentros con personas de su mismo género.

Las visitas constantes se convirtieron en estancias más prolongadas. Entre sexo, cafés y conciertos privados en Coyoacán, su relación se hizo estrecha y cariñosa. Vargas contaba que, desde el estudio en la Casa Azul, le cantaba a Frida Kahlo todos los días —incluso cuando su enfermedad se hizo más grave, y ya no podía caminar más.

Golondrina que no emprende el vuelo

Wikimedia Commons

El fragmento de la carta que Frida Kahlo envió a un amigo suyo sobre Chavela Vargas es bien conocido. Se conserva como parte del acervo de la Casa Azul, actualmente un museo en la capital mexicana. En ella, la artista describe su primer encuentro con la cantante de rancheras. Así lo documenta La Silla Rota:

“Hoy conocí a Chavela Vargas. Extraordinaria, lesbiana, es más se 

me antojó eróticamente. No sé si ella sintió lo que yo pero creo que 

es una mujer lo bastante liberal que si me lo pide no dudaría un 

segundo en desnudarme ante ella. Cuántas veces no se te antoja 

un acostón y ya. Ella repito es erótica. ¿Acaso es un regalo 

que el cielo me envía?,” escribió Kahlo.

Con ese mismo impulso apasionado, Frida Kahlo intentó que Chavela Vargas se quedara en su casa más tiempo del que la cantante pudo darle. Con el tiempo, su problema de alcoholismo, mal carácter y franca necesidad de explorar otros horizontes hicieron que emprendiera el vuelo —mientras la golondrina que tenía Kahlo entre las cejas no podía despegar.

SPECIAL / NOTIMEX / Notimex via AFP

Para entonces, Kahlo padecía ya consecuencias severas del accidente que tuvo cuando era joven. Tenía que moverse a veces en muletas; otras, en silla de ruedas. Según el recuerdo de Chavela Vargas, éstas fueron las palabras de Frida Kahlo cuando se despidieron definitivamente:

“Lo sé. Es imposible atarte a ninguna vida de nadie. 

No te puedo atar a mis muletas ni a mi cama. Vete.”

Y no volvió. Y no volvieron.

Chavela Vargas no miró atrás, porque tenía la convicción de “morir en el escenario” cuando fuera su momento, según documenta El País. Aunque la pena acongojó durante años a Frida Kahlo, la artista mexicana murió poco tiempo después, en 1954. Después de varios desencuentros con Diego Rivera, y la franca desconexión en su columna vertebral, Kahlo murió con dolor en el cuerpo y en el corazón.

No existe registro de que la cantante de rancheras haya ido a su funeral.

Imagen de portada: Frida Kalo y Chavela Vargas.

En exclusiva por Andrea Fischer. @www.twitter.com/abdreafis 

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