De tanto, solo recuerdos…

Eres ausencia
pero no olvido,
vuelves a mi
en esos recuerdos
cuando
caminábamos
juntos tomados
de las manos,
después de
un buen chianti
compañero
inevitable
de cada cena,
por esas calles
de la Roma eterna.

Una ciudad
que siempre
nos asombraba,
por no terminar
de conocerla,
así cada vez
que llegábamos,
ella dislocada
nos enseñaba
nuevamente
como una
verdadera caja
de pandora,
rincones únicos
y desconocidos
dignos de admirar.

Así de Trevi
al Coliseo,
las fontanas
de las cuatro
esquinas,
era lo primero
que nos retenía
para verlas,
ya que cada vez
al detenernos,
descubríamos
un nuevo detalle
salido del cincel
de los eximios artistas.

Pero la vida,
con sus vaivenes,
veladamente
poco a poco
desgasto esa ilusión,
una distancia
lenta e inexorable
se interpuso
entre nosotros,
transformando
aquello idílico
en lo que solo
yo ignorante
no percibí
a tiempo,
y así
soltaste tu mano
de la mía,
dejando
como amargos
recuerdos
esas caminatas
de un tiempo
que resulta tan lejano.

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