Epicureísmo, estoicismo y cinismo: semejanzas y diferencias.

La filosofía en la Antigua Grecia fue muy variada. A menudo, centramos nuestra atención en los grandes maestros (Sócrates, Platón y Aristóteles), pero hubo multitud de escuelas y propuestas posteriores a ellos. En este artículo revisamos tres escuelas filosóficas con un carácter fundamentalmente práctico: el epicureísmo, el estoicismo y el cinismo.

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La Antigua Grecia fue un hervidero de escuelas filosóficas. Se considera que Sócrates marca el punto de inflexión en la reflexión filosófica de la Antigüedad. Después, su discípulo más aventajado, Platón, fundó la Academia y elaboró el que es, probablemente, el primer gran sistema filosófico de la historia de Occidente. Un discípulo de Platón, Aristóteles, imitó al maestro e inauguró el Liceo y un sistema de pensamiento que tuvo plena vigencia en Europa durante 1 500 años.

Pero ¿qué pasó después de los «tres grandes»? ¿Qué ocurrió con la filosofía griega? A pesar de no tener grandísimas figuras de la talla de Platón o Aristóteles, el pensamiento no se anquilosó en las de los maestros, sino que aparecieron nuevas escuelas. De ellas, el epicureísmo es quizá la más conocida hoy, el estoicismo es la que más perduró y el cinismo es la que más repercusiones tiene en nuestra sociedad consumista.

Es importante señalar, antes de examinar cada una de ellas por separado, el contexto histórico. Atenas fue, en las tres escuelas, el núcleo geográfico alrededor del cual —de una forma u otra— gravitaron las tres propuestas. Sin embargo, el esplendor de Atenas desaparecía y la democracia sucumbió a políticas populistas. Lo que antaño fue gloria y resplandor, años después era decadencia. Este clima político aumenta la preocupación por el individuo y su felicidad, mientras declina el interés por la polis y la justicia.

Ante esta situación política, es comprensible que la filosofía dejara de ser especulativa para ser principalmente moral. Las preguntas que importan a estas escuelas son más éticas (¿cómo alcanzar la felicidad? ¿Cómo llevar una vida buena?) que metafísicas (¿qué es el Ser? ¿Cómo conocer la verdad?). La pregunta sobre cómo vivir bien es el denominador común de las tres escuelas que vamos a tratar. Empecemos con la primera: el epicureísmo.

Epicureísmo

Epicuro nació en la ciudad en la isla de Samos (Grecia) en el año 341 a. C. A los 35 años se instaló en Atenas y fundó su propia escuela de filosofía, El Jardín, con unas características muy peculiares. El Jardín, a diferencia de la Academia platónica o el Liceo aristotélico, tenía un fuerte componente de retiro espiritual (con normas, fuertes vínculos afectivos, etc.). Más que un sitio de estudio, El Jardín era para el epicureísmo una experiencia vital. Durante su vida, Epicuro escribirá varias obras en las que expone su teoría.

Popularmente se conoce al epicureísmo solo por su teoría ética de la búsqueda de placer, pero, como veremos en este artículo, su filosofía era mucho más holística y abarcaba una infinidad de cuestiones. Es cierto que la preocupación fundamental del epicureísmo era ética (¿cómo alcanzar la felicidad?), pero sus respuestas están fundamentadas por todo un sistema filosófico más complejo de lo que popularmente se conoce.

Respecto a su concepción de la realidad, su metafísica, Epicuro se encuentra en la tradición atomista. Para él, la realidad se compone de átomos, en tanto elementos últimos de la realidad, y de vacío, que permite el movimiento entre átomos. Los átomos se mueven por leyes mecanicistas, es decir, la naturaleza tiene en su núcleo una composición fundamentalmente determinista.

Ahora bien, ¿cómo conjugar este mecanicismo con la libertad humana necesaria para la ética? Epicuro introduce un término fundamental (y que está siendo rescatado en los últimos años): el clinamen. Como dice la Encyclopaedia de Herder, «el clinamen sería el movimiento de desviación de los átomos que permitiría que en su movimiento en el vacío colisionasen unos con otros. De esta manera, se introduce un elemento de indeterminación en el sistema mecanicista del atomismo».

Respecto a la teoría del conocimiento, una de las máximas preocupaciones del epicureísmo era averiguar cómo conocer la verdad, esto es, cuáles son las fuentes del conocimiento (verdadero). En este campo, Epicuro reconocía a los sentidos como una fuente infalible de conocimiento, es decir, para el epicureísmo, las sensaciones (aisthesis) e impresiones de los sentidos siempre son verdaderas.

Las sensaciones generan en nosotros afecciones (pathé), que son nuestras repuestas inmediatas a las sensaciones. En otras palabras, siempre que tenemos un estímulo sensorial, nuestro cuerpo reacciona y es a esta reacción a lo que Epicuro llamó «afecciones». Las afecciones son principalmente dos: placer y dolor. Tanto el placer como el dolor sirven de guía para nuestras acciones en tanto debemos hacer lo placentero y esquivar lo doloroso.

Popularmente se conoce al epicureísmo solo por su teoría ética de la búsqueda de placer, pero su filosofía era mucho más holística y abarcaba una infinidad de cuestiones

Llegamos así a la ética hedonista de Epicuro, una ética que coloca la felicidad en la búsqueda de placer y en la ausencia de dolor. De estos placeres y dolores, los más importantes para perseguir o evitar son los del alma. El cuerpo, a diferencia del alma, sufre o goza únicamente en presente. En cambio, el alma sufre o goza por el presente, pero también por el pasado y el futuro.

La virtud fundamental en la ética del epicureísmo es la phrónesis y consiste en un cálculo de placeres. Aquella persona que ejerce la phrónesis sabe calcular los placeres y los sufrimientos de las acciones y escoger en virtud de ese cálculo. El sabio es el que sabe predecir las afecciones (el placer y el dolor) que vendrán a continuación de nuestros actos y, así, saber elegir el camino más placentero.

¿Quiere decir esto que el epicureísmo apuesta por una vida libertina y llena de excesos? Todo lo contrario y por varias razones. Por un lado, porque, como ya hemos dicho, los placeres del cuerpo son infinitamente menores que los de alma. El sabio epicúreo sabe que más vale rechazar cien placeres corporales por un placer del alma. El placer de una buena comida es tan momentáneo que no puede compararse al placer de una amistad, por ejemplo.

Además, muchos placeres corporales llevan acarreados innumerables sufrimientos después (como la resaca después de una borrachera, el suspenso después de salir la noche antes del examen, etc.). En el epicureísmo, la phrónesis no consiste solo en saber qué da más placer, sino también en saber qué acciones placenteras acarrean después menos dolores.

Por último, en contra de una vida libertina y de excesos, Epicuro establece una distinción clave entre los placeres. Distinguió entre los placeres en movimiento (o cinéticos) y los placeres en reposo (catastemáticos). Lo crucial de Epicuro es que sitúa los placeres en reposo, los que se basan en la quietud y la calma, por encima de los placeres dependientes de estímulos, los placeres en movimiento.

En resumen, el epicureísmo elaboró una teoría hedonista basada en toda una concepción de la realidad. A diferencia de lo que suele creerse, el hedonismo de Epicuro no es una despreocupada búsqueda de placeres corporales, sino que la vida del sabio epicúreo se caracteriza por la tranquilidad, el autodominio y la autosuficiencia. Frente a la búsqueda de placeres corporales, para el epicureísmo la felicidad reside en la ausencia de turbación y los placeres del alma.

En el epicureísmo, la phrónesis no consiste solo en saber qué da más placer, sino también en saber qué acciones placenteras acarrean después menos dolores

Estoicismo

El estoicismo es otra escuela helénica, fundada por Zenón de Citio en Atenas a principios del siglo III a. C. A diferencia del epicureísmo, el estoicismo pervivió con fuerza durante varios siglos y fue una doctrina viva, con innumerables aportaciones de sus discípulos y menos atada a las enseñanzas del maestro (aunque sin perder su unidad y coherencia).

En el estoicismo, al igual que ocurría en el epicureísmo, todas las disciplinas están relacionadas. La lógica (entendida como estudio de las reglas del pensamiento), la física (entendida como estudio del mundo sensible) y la ética (entendida como estudio de las acciones humanas) se embeben en un mismo sistema. En todas estas disciplinas, los estoicos postularon la existencia de una ley cósmica universal y racional, que abarca tanto a los objetos físicos como a las acciones humanas.

Esta ley universal (lógos) rige todos los fenómenos del mundo. Así, y a diferencia de lo visto en la doctrina de Epicuro, en el estoicismo no hay hueco para el azar. Los fenómenos ocurren bajo leyes necesarias e, incluso, las vidas humanas caen bajo esta necesidad (lo que popularmente se conoce como destino).

Para conocer esta ley universal, el estoicismo armó una fuerte teoría del conocimiento. Al igual que los epicúreos, los estoicos creen que el conocimiento comienza con las impresiones de los sentidos en el alma. Sin embargo, a diferencia del epicureísmo, su teoría del conocimiento es mucho más racionalista. La sensación no es verdadera por sí misma, sino que las impresiones deben ser confirmadas, necesitan generar una representación (phantasía) que genere aprehensión (katalepsis). Además, los estoicos admiten de igual manera otras fuentes de conocimiento para desvelar el lógos como los conceptos generales (énnoiai).

Los estoicos postularon la existencia de una ley cósmica universal y racional, que abarca tanto a los objetos físicos como a las acciones humanas

Al igual que en el epicureísmo, la teoría del conocimiento tiene fuerte implicaciones éticas (verdadero objetivo de estas escuelas). Que la estructura general del universo se base en una ley racional lleva a los estoicos a una ética basada en la aceptación de esta ley universal. El estoico es libre no porque pueda hacer lo que le plazca, sino justamente porque comprende esta legalidad universal y se adapta a ella. Es como el ingeniero que solo puede construir la estructura que desea una vez conoce las leyes físicas y se adapta a ellas.

El estoicismo perduró durante siglos y permeó con éxito la naciente sociedad romana. Esta nueva época del estoicismo fue, a diferencia de la época helenística, mucho más ética, mucho más centrada en las normas de conducta y en la filosofía práctica. Las especulaciones acerca del cosmos, aunque no desaparecieron, sí pasaron a un segundo plano.

Esta «etapa romana» engendró grandes pensadores dentro de la escuela estoica. Cicerón (nacido Arpino, Italia), por ejemplo, fue clave para la revalorización de la retórica y de la vida pública. Para este autor, el sabio no es el sabio que se encierra, sino un sabio que convence y se mueve por las arenas públicas. Es evidente la influencia del nuevo contexto político: ya no estamos en la decadente Atenas, sino en la joven Roma.

En esta etapa también destaca Séneca, nacido en Córdoba (España). A diferencia de Cicerón, Séneca nació en el Imperio, lo que planteaba preguntas fundamentales. Cicerón había recuperado el interés por la participación política, pero, en el Imperio, ¿cómo participar en la vida pública si esta está regida por un solo hombre? Con Séneca, y en general en el Imperio, el sabio se encierra y experimenta una vuelta al interior.

Tanto Séneca como Cicerón (así como Epícteto o Marco Aurelio, autor de las Meditaciones) mantuvieron la idea de fatum o destino, que era una trasposición del logos griego a la vida humana: somos hojas a la deriva por un río que nos mueve y, ya seamos emperadores o esclavos, no hay mayor libertad que someterse a los designios de la corriente del universo.

Cinismo

Los cínicos tuvieron una influencia notable en el pensamiento moral de Atenas cuando murió Sócrates, pero su influencia fue menguando con el paso de los años. Fueron las anécdotas sobre la vida de los cínicos las que, de una forma u otra, ayudaron a conservar históricamente el interés por esta escuela.

Diógenes es la figura central de los cínicos (que no pueden ser considerados una «escuela» como tal por su actitud anti teorética). De él se dice que vivía en un barril de vino y que tenía un «comportamiento canino», que se manifestaba, por ejemplo, en que ladraba cuando lo molestaban y hacía sus necesidades en público. De konikos, que significa «parecido a un perro», deriva el nombre de «cínico».

Las preocupaciones de Diógenes, a diferencia del epicureísmo y el estoicismo, eran fundamentalmente morales y en ningún caso metafísicas o epistemológicas. Su forma de enseñar fue principalmente práctica (al igual que Sócrates) y no dejó grandes tratados ni un legado teórico consistente (lo que ha obligado a la tradición a deducir su pensamiento a través de las acciones de su vida).

De Diógenes se dice que vivía en un barril de vino y que tenía un «comportamiento canino», que se manifestaba, por ejemplo, en que ladraba cuando lo molestaban y hacía sus necesidades en público

La oposición fundamental para los cínicos, la que recorre la médula de su pensamiento, es la oposición entre naturaleza y sociedad (o convención). De forma más radical aún que los estoicos —cuya ética se basaba en aceptar la ley universal de la naturaleza—, Diógenes vivió una vida conforme a la naturaleza de forma casi literal. ¿Se limitaba, como los estoicos, a seguir el destino y a comprender las leyes del universo? No, iba mucho más allá: dormía y comía donde le convenía e incluso, cuentan los historiadores griegos, se masturbaba en el mercado. De hecho, de él afirman que cuando vio a un niño beber agua de su mano, arrojó su copa al instante.

La vida natural es una vida más sencilla, las convenciones y la sociedad solo han hecho más difícil lo que, en principio, era absolutamente sencillo. En esta línea, condenó el amor al dinero y elogió a los hombres buenos, virtuosos, pues el objetivo de una vida sencilla y natural no es otro sino alcanzar la virtud y la felicidad. Las convenciones sociales enrevesan una vida que es de por sí fácil.

¿Puede derivarse de la postura cínica un cierto relativismo? Difícilmente. De hecho, para los cínicos lo relativo son, precisamente, las convenciones. La naturaleza es, para estos filósofos, el baremo para medir las acciones, en ningún caso una excusa para hacer cualquier cosa.

Otro aspecto llamativo de su vida es su desapego por las cosas materiales. Ciertamente, en esto, Diógenes siguió una de las enseñanzas socráticas, aunque —cómo no— radicalizándolas. De hecho, para Platón, Diógenes era un «Sócrates enloquecido».

Al igual que los estoicos, en el centro de la vida cínica encontramos el cosmopolitismo. Se cuenta que, cuando le preguntaron a Diógenes su procedencia, él dijo: «Soy un ciudadano del mundo». La naturaleza es igual para todos y, por eso, la mayor convención que existen son las fronteras y nacionalidades.

Al igual que los estoicos, en el centro de la vida cínica encontramos el cosmopolitismo. La naturaleza es igual para todos y, por eso, la mayor convención que existen son las fronteras y nacionalidades.

Conclusiones

Como hemos visto, a pesar de la importancia que tuvo el platonismo y el aristotelismo, el pensamiento filosófico no se anquilosó en las enseñanzas de los grandes maestros. La antigua Grecia en general, y Atenas en particular, fueron un hervidero de propuestas filosóficas que llegan hasta nuestros días. El contexto de decadencia política viró los intereses de estas escuelas: ahora las preocupaciones éticas sobre una vida feliz ocupan un lugar destacado.

De las tres escuelas, el epicureísmo es quizá la más deformada en su concepción popular actual. El término hedonista se usa con frecuencia para señalar actitudes de irresponsabilidad y de búsqueda juvenil y alocada del placer. Sin embargo, el epicureísmo era mucho más complejo y su teoría tenía matices importantes que, al final, desembocaban en una vida tranquila, sin perturbación.

A diferencia del epicureísmo, el estoicismo no persigue el placer, sino que su creencia en una ley universal que todo lo rige condiciona fuertemente sus postulados éticos. ¿Qué sentido tiene la búsqueda de placer cuando hay algo que lo gobierna todo? De hecho, la verdadera felicidad para los estoicos está en someterse a esta ley: el que sabe lo que va a pasar sufre menos que el que tenía esperanzas de algo que nunca iba a ocurrir. Por este motivo, la teoría del conocimiento (¿cómo conocer esta ley?) tuvo una importancia fundamental en los estoicos.

El cinismo comparte con las dos escuelas anteriores las preocupaciones éticas, pero cree que ambas (epicureísmo y estoicismo) están todavía presas de la convención. Su preocupación también es la felicidad, pero esta se halla en el estado de naturaleza. Saciar el hambre o satisfacer nuestras necesidades físicas acarrean una felicidad natural incuestionable. Es la sociedad, con su multitud de convenciones, la que secuestra este placer natural y lo enreda en difíciles escenarios de decoro y costumbres.

En fin, tres escuelas que, a pesar de los dos mil años de distancia, son verdaderos espacios de diálogo para el presente. El epicureísmo muestra los límites del placer corporal, el estoicismo es útil nos previene de un concepto de libertad demasiado poderoso y el cinismo nos ayuda desnaturalizar actos y gestos que, en realidad, son meras convenciones sociales. En el siglo XXI, combinar lo mejor de las tres tiene un potencial inimaginable para nuestras vidas.

Imagen de portada:Después de Sócrates, Platón y Aristóteles, y coincidiendo con el derrumbe del esplendor de Atenas, aparecieron varias corrientes filosóficas cuya influencia llega hasta el día de hoy. De estas destacan, sin duda, el epicureísmo, el estoicismo y el cinismo. Diseño realizado a partir de los vectores de imágenes de OpenClipart-Vector, extraídos de Pixabay (CC0).

FUENTE RESPONSABLE: Filosofía Co -Febrero 2022- Por Javier Correa Román.

Antigua Grecia/Cinismo/Epicureísmo/Estoicismo/Filosofía

 

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