La turista

Ni se oyeron
tus pasos
cuando entraste
cuán felino
en el bar
casi desierto.

Los pocos
que estábamos
allí te miramos
sorprendidos,
no solo
por tu rara belleza
también por
ese paso seguro
que fue como
una tarjeta
de presentación.

Te plantaste
frente
al mostrador
repiqueteando
tus dedos,
como queriendo
sacarle sin más,
la somnolencia
al dueño del bar.

Te observé
con insistencia,
pero nada
te saco
de ese trance,
en el que
parecías estar.

Me extrañó
que bebieras
en la barra,
tres vueltas
de vodka
casi sin respirar.

Al escucharte
descubrí
tu acento
eslavo,
en un español
enrevesado.

No sería
para nadie
fácil conquistarte,
nos miraste
a cada uno
como diciendo
«poca cosa»
…tengo dueño.

Y así fue,
un hombre
con cara de
pocos amigos
entro al bar,
reuniéndose
en la barra
contigo.

Te tomo
de la cintura
besándote
varias veces,
quienes vimos
la escena,
hubiéramos
pagado
un pasaje
solo de ida,
para ocupar
su lugar.

En mi caso
loco de envidia
me pregunté,
porque tanto
a uno
y nada al resto,
que le habrás visto
a ese energúmeno.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s