Carmen Balcells, aquel espejo único de García Márquez.

Carme Riera firma la primera biografía sobre la mítica y más importante agente literaria española con materiales inéditos.

Limitar la figura de Carmen Balcells únicamente a ser la agente literaria de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa sería injusto. 

 

Ella, gracias a su agencia literaria en Barcelona, puso las bases del reconocimiento de los derechos de los autores en una época en la que aquello no era nada fácil y donde más de un escritor era engañado. 

 

Esa es una de las principales reivindicaciones de «Carmen Balcells, traficante de palabras», el libro que acaba de publicar Debate y que firma Carme Riera.

 

La escritora y académica, buena amiga de Balcells, ha podido acceder a los archivos personales de la agente literaria, lo que le ha permitido construir un retrato completo e íntimo que intenta ir mucho más allá del mito. Una labor de cinco años de trabajo que también se ha beneficiado de poder entrevistar a varios de los que trataron a Balcells, desde Mario Vargas Llosa a Eduardo Mendoza pasando por Mercedes Barcha o Nélida Piñón.

Riera, en declaraciones a este diario, reconoce que tuvo en cuenta las palabras de Juan García Hortelano, quien afirmaba que «todos escribimos para Carmen. Para que Carmen nos quiera». 

Por tanto, ¿escribió el libro para que se quiera más a Balcells? «Desde luego que sí. Lo escribí queriéndola, pero no quería hacer una hagiografía. Para mí era importante el hecho de que defendiera a los autores por encima de todo».

Uno de los principales nombres de la escudería Balcells, el Premio Nobel Vargas Llosa, afirmaba que «a Carmen la llamaron traidora, pesetera, innoble saboteadora del gay saber, literaturicida y muchas cosas más. 

Ella derramaba lágrimas pero no daba su brazo a torcer. Siguió defendiendo a los autores por más conspiraciones que le pudieran montar». Entonces, ¿qué era más importante para Balcells, su agencia o sus autores? Carmen Riera lo tiene muy claro: «Para ella todo iba unido. Sin autores no había agencia. Al final de su vida pensó en vender. 

Batalló para que Andrew Wylie, el llamado Chacal, se quedara con todos los autores de la agencia, no con unos pocos. Su batalla era por todos sus autores, no solamente los más importantes. He visto dar cenas y almuerzos a escritores con rentabilidad cero. Habían logrado un pequeño premio y para ella eso fue un acontecimiento. Era una inversión no rentable, pero los ayudaba con becas, mandando dinero…»

Una «madre posesiva»

La preocupación por sus autores podía ser en ocasiones asfixiante para algunos de ellos. Eso es algo que, por ejemplo, padeció Luis Goytisolo, quien decía que Balcells, «más que una agente, era una madre posesiva». 

A este respecto, Riera confirma que «sí, podía ser una madre posesiva. Se metía demasiado en las vidas de sus pupilos. Carmen te decía muchas veces lo que tenías que hacer, te iba abriendo caminos, pero también te preguntaba datos personales, con gran curiosidad, por ejemplo, si eras de buena familia».

Pero también podía ser dura, muy dura en las negociaciones. En esta obra hay ejemplos de sus métodos, siempre en beneficio de los derechos del autor.

En ocasiones planea la leyenda negra, como cuando se dice que Bruguera acabó en quiebra ante el enorme anticipo que pagó por «Crónica de una muerte anunciada», o cuando un editor estadounidense dicen que se suicidó por no incluir a García Márquez en su catálogo. «Ella desmintió todas esas leyendas. 

Lo que sí es cierto es que el personaje Balcells podía ser duro negociando con los editores, pero la persona era muy vulnerable», matizó la biógrafa.

Lo cierto es que la vida de Carmen Balcells va paralela a la de Gabriel García Márquez. Fueron inseparables desde la publicación de «Cien años de soledad». «Estoy convencida de que ella veía en él el espejo en el que reflejarse. Creía ser la otra cara de la moneda de García Márquez», comenta Riera, quien, en este sentido, establece un paralelismo entre Balcells y Picasso: «Es algo que pasa con los genios y esa capacidad de absorber de los demás. 

A Picasso le pasó con Braque y a Carmen le sucedió con sus autores. No es que ella se convirtiera en Márquez. Una vez le preguntaron si le gustaría ser él y contestó que con ser su agente ya estaba satisfecha. Ella es la que dio el empujón para que pudiese ganar el Premio Nobel». El otro gran autor de la agencia sigue siendo hoy Mario Vargas Llosa. ¿Cómo llevaba Balcells la enemistad entre el peruano y el colombiano? «Le dolía, pero era discreta porque los quería muchísimo».

La deuda de Barcelona con la agente literaria

Carme Riera reconoce que no entiende que Carmen Balcells no posea ni una placa o una calle en la ciudad en la que trabajó. «Barcelona tiene una deuda inmensa. 

Ella es la que pone la ciudad en la órbita literaria del mundo. ¿Por qué vienen Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o José Donoso a Barcelona? Por ella, por la agencia que catapulta a Barcelona al mundo. Los catalanes somos muy poco agradecidos», asegura Riera. 

Todo eso pasó mientras Barcelona perdía la capitalidad literaria que tuvo durante años: «Ha desperdiciado esa vocación hispánica porque nos miramos el ombligo», añade.

 

Imagen de portada: De izquierda a derecha, García Márquez, Jorge Edwards, Mario Vargas Llosa, José Donoso y Ricardo Muñoz Suay junto a Carmen Balcells en una fotografía de 1974

FUENTE RESPONSABLE: La Razón. Barcelona. España. Por Víctor Fernández

Sociedad y Cultura/Literatura/Mujeres influyentes/España.

 

 

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