Sin edad

En el ambiente
se huele
a café
recién
servido,
el hombre
sentado
sobre la ventana,
mantiene
su mirada
perdida
hacia la nada,
cautivo
vaya a saber
en que
pensamientos.

Lentamente
toma un par
de sobres,
volcando
su contenido
en la taza
humeante.

De pronto
su rostro
se ilumina,
al mirar
hacia la puerta.

Una mujer madura
bella al margen
de sus años,
camina hacia el
quien la recibe
con un sentido
abrazo.

Es así como
su momento,
se ha convertido
en una fiesta
para el alma..

Era eso
lo que lo
embriagaba
y tenía ausente,
la ansiedad
del reencuentro
que no tiene edad.

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