¿Somos más felices cuando envejecemos? Hay una edad clave.

MÁS AÑOS, MÁS VIDA

Cumplir años conlleva un paulatino deterioro de nuestras capacidades, que puede ser más o menos rápido en función de nuestro estilo de vida. Pero más años es también más experiencia y digamos que más sabiduría.

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Cumplir años nos hace mucha ilusión de pequeños; tal vez por la fiesta que rodea al cumpleaños, y a los ansiados regalos, no somos conscientes de lo que significa hacernos mayores. Poco a poco ganamos esa percepción que nos sitúa dentro de la línea del tiempo, y en la que podemos sentirnos más o menos cómodos. Cuando somos adolescentes, proyectamos lo que será nuestra futura vida adulta. Nos fijamos en ese límite que es la mayoría de edad, en la que pensamos que podremos tomar nuestras propias decisiones y tener independencia. Alcanzamos la treintena, y la edad pasa a un segundo plano frente a preocupaciones como el trabajo o formar una familia y los hijos. Hasta que llega la famosa crisis de los cuarenta, una cierta angustia vital, y los años nos empiezan a preocupar más por las patas de gallo que por otras cuestiones. 

A partir de los cincuenta podemos estar pensando en la antesala de la jubilación y en si disfrutaremos esa ansiada libertad con salud.

A partir de los cincuenta podemos estar pensando en la antesala de la jubilación y en si podremos disfrutar de esa ansiada libertad con salud. Y sentimos el azote del declive hormonal, tanto si somos mujeres como hombres.

¿Y después? Con suerte disfrutaremos de algunas décadas más de vida, en relativa salud y dulce compañía. Este es un resumen algo crudo y lleno de tópicos sobre cómo percibimos las diferentes etapas vitales. Pero los datos parecen indicar que algo de verdad se esconde detrás de estas ideas.

Más años, menos preocupaciones.

Hace algunos años, la consultora Gallup publicó un estudio que recibió bastante atención en los medios y que venía a afirmar que la felicidad puede llegar a partir de los cincuenta. Este sondeo pedía a los participantes que calificaran de 1 a 10 su satisfacción vital, así como si habían experimentado el día anterior alguno de los siguientes sentimientos: felicidad, estrés, preocupación, ira, tristeza o satisfacción.

Foto: iStock.

Los resultados fueron sorprendentes: la relación entre satisfacción vital y edad tendría forma de una ‘U’. Alrededor de la mayoría de edad, nos sentimos bien en nuestra burbuja adolescente en la que apenas tenemos percepción del riesgo y el impulso vital es elevado. Conforme alcanzamos la madurez, las nuevas responsabilidades laborales o familiares van minando ese bienestar. 

A partir de los 50 años, sin embargo, empieza a recuperarse ese índice de satisfacción para superar el de la adolescencia a los 85 años de edad. Esta distribución en forma de ‘U’ se reproduce también en un estudio con más de medio millón de personas de 132 países, que estima que el peor momento vital se sitúa a los 47 años de edad.

Esto puede relacionarse con el retrato que pintábamos del ciclo vital al inicio de este artículo, al menos para los baby boomers y generación X: a mediados de los cuarenta vienen los divorcios, problemas laborales más acuciantes, cuidado de mayores e hijos adolescentes. Un cóctel de situaciones que pueden hacer más difícil alcanzar el bienestar.

Las personas mayores son más felices

Así de rotundo es el título de esta charla TED de Laura Carstensen, psicóloga e investigadora del Centro de Longevidad de la Universidad de Stanford. Esta investigadora ha desarrollado una larga carrera en la que ha profundizado en la relación entre satisfacción vital y la edad. Y todo parece indicar que cuanto mayores somos, mayor es nuestra resiliencia y nuestra capacidad para adoptar un camino que nos lleve a la felicidad. 

La experiencia y el conocimiento de que el tiempo es finito nos llevan a dar relevancia a lo verdaderamente importante.

Este hecho se ha visto reflejado durante la crisis por covid-19, donde Carstensen pudo constatar que los mayores han sobrellevado mejor emocionalmente la pandemia que los adultos o los jóvenes. Y ello a pesar de que el virus ha azotado con mucha mayor violencia a los mayores, algo que sorprendió y mucho a los investigadores. Y es que parece que, con la edad, tendemos a mirar el lado bueno de la vida. Los mayores tienen mejor capacidad para recordar las cosas positivas que han experimentado frente a las negativas. Y la experiencia y el conocimiento de que el tiempo es finito nos llevan a dar relevancia a lo verdaderamente importante. Esto no implica que no haya habido personas mayores que han sufrido muy directamente el impacto de la pandemia y con mayor crudeza debido a su salud frágil, al aislamiento de sus familiares y a la soledad. Pero las tendencias poblacionales en ese estudio mantienen lo observado previamente a la pandemia: la experiencia es un grado, también en el aspecto emocional.

El apoyo social, clave de la felicidad.

Carstensen da otra de las claves para la felicidad de las personas mayores, y es el apoyo social. Cuando alcanzamos la tercera edad, algo puede marcar la diferencia entre la plenitud o la tristeza: unas relaciones cercanas fuertes o la soledad y el abandono más absoluto. Las personas mayores parecen tender a reforzar sus relaciones sociales si tienen la posibilidad, algo a lo que también contribuye el mayor tiempo disponible tras la jubilación.

La japonesa Misao Okawa, soplando las velas por su 116 cumpleaños. (EFE)

La japonesa Misao Okawa, soplando las velas por su 116 cumpleaños. (EFE)

Y esta es además una de las características de las Zonas Azules, como mencionamos en este espacio. En estas sociedades se vive en comunidad, fuera del aislamiento al que nos empuja la vida moderna en las grandes ciudades, con horarios que son prácticamente incompatibles con la familia, y por ende con los amigos. Pero Carstensen sostiene que no solo el apoyo social es necesario para un envejecimiento feliz. Conforme vamos añadiendo años en salud a nuestra vida, los sistemas económicos, sociales y sanitarios, diseñados en el siglo XX y con una longevidad en salud inferior, van quedando obsoletos.

Líderes en longevidad, no tanto en felicidad.

Los datos que hemos señalado anteriormente hacen referencia a estudios realizados en EEUU, y que no tienen por qué reproducirse en nuestro entorno.

Si nos vamos a la Encuesta de Condiciones de Vida, del Instituto Nacional de Estadística, en el año 2013 se incluyó un módulo de preguntas sobre bienestar, que fue repetido en la edición 2018 de este cuestionario. 

Entre otras, se incluyen dimensiones como la confianza en los demás, las relaciones personales, la seguridad o la satisfacción con la situación laboral. También se incluyen preguntas sobre los sentimientos en las últimas cuatro semanas: si se sintió calmado y tranquilo, desanimado y deprimido, tenso, o feliz.

En este caso, no observamos la misma tendencia que en los estudios de Gallup o de Carstensen: son los más jóvenes los que más a menudo se han sentido felices, superando el 80% entre los 16 y los 34 años de edad. 

Y en relación con la satisfacción vital, de nuevo los más mayores (por encima de 65 años) son los que puntúan más bajo, frente a los jóvenes de 16 a 24 años. Estos datos contradicen la distribución en forma de U en nuestro país. El propio INE señala que más de dos millones de mayores de 65 años viven solos, siendo peor la situación para las mujeres: el 42% de las mujeres de más de 80 años viven solas, frente al 21% de hombres. 

Nuestra sociedad no está aún preparada para facilitar un entorno plenamente satisfactorio a una población cada vez más envejecida.

A esto añadamos que nuestro país se sitúa en el puesto número 27 en el Índice Global de la Felicidad de la ONU, una clasificación encabezada tradicionalmente por los países nórdicos. 

Siendo líderes en esperanza de vida a la par con Japón, tal vez no lo seamos tanto en felicidad. Probablemente, Carstensen tenga razón: nuestra sociedad no está aún preparada para facilitar un entorno plenamente satisfactorio a una población cada vez más envejecida y con una mayor esperanza de vida.

Podemos prevenir y posponer las enfermedades asociadas al envejecimiento, podemos intervenir en mejorar nuestra funcionalidad, en un futuro quizás no muy lejano, tendremos tratamientos que alarguen nuestra existencia, pero ¿quién quiere vivir más de 100 años y no ser feliz? 

Sin duda, la salud y el bienestar son claves para un envejecimiento saludable, pero la felicidad no lo es menos.

Imagen de portada: El venezolano Juan Vicente Pérez, a la edad de 111 años. (EFE/Johnny Parra).

FUENTE RESPONSABLE: Alimente-Vida Sana. El Confidencial. España.Por el Dr. Alejandro Durantez Prados es doctor en Medicina y Cirugía. Titulado en Age Management Medicine en EEUU, es pionero en su aplicación en España. Abril 2022.

Sociedad y Cultura/Salud/Bienestar/Longevidad

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