María Zambrano: el nacimiento de la razón poética. Parte I

María Zambrano es una de las filósofas españolas más importantes del siglo XX. Discípula de Ortega y Gasset, su obra es extensa y profunda, logrando alcanzar cotas de originalidad inéditas en la filosofía española de la segunda mitad del siglo XX. Todas sus preocupaciones intelectuales confluyen en la razón poética. Desde el exilio hasta lo divino, de la razón a la modernidad, de los sueños a la poesía, su pensamiento es una brújula ineludible para el panorama filosófico actual.

Índice

Si deseas profundizar en esta entrada; cliquea por favor donde esta escrito en “negrita”. Muchas gracias.

María Zambrano (1904-1991) nace en Vélez, en el sur de España. Con 20 años llega a Madrid y se matricula en la Facultad de Filosofía y Letras. Allí, asiste a las clases de los principales filósofos del momento: García Morente, Zubiri y Ortega y Gasset. Este último, su mayor influencia, será considerado por ella como su maestro.

Ante el incipiente estallido de la Guerra Civil y el posterior triunfo del bando militar, Zambrano se exilia de su país natal, lo que condiciona profundamente su obra. Con un estilo de escritura caracterizado por la belleza y densidad de sus textos, a lo largo de su vida llega a publicar una veintena de libros.

El interés por su obra va aumentando con el tiempo, pero estalla definitivamente cuando, en 1966, uno de los filósofos españoles más importantes de la filosofía española, Aranguren, publica en la Revista de Occidente un artículo titulado Los sueños de María Zambrano. En 1981, Zambrano recibe el máximo galardón de España, el Premio Príncipe de Asturias, y, en 1989, el máximo premio de las letras hispanas: el Premio Cervantes.

Veamos diez claves para entender el pensamiento de esta autora.

1 Exilio

Con motivo de la sublevación franquista y su ulterior triunfo militar, María Zambrano está exiliada de España más de 45 años. Pasa un mes en París (Francia) y de ahí marcha a Nueva York (Estados Unidos), La Habana (Cuba) y México. En 1953 vuelve a Europa y se muda a Roma (Italia), donde se queda hasta 1964. Antes de regresar a España, de Roma se muda a un pequeño pueblo francés, La Pièce, y después a Suiza.

El exilio atraviesa toda la obra de Zambrano, constituyendo un tema fundamental para poder entender la totalidad de su pensamiento. La reflexión de Zambrano no versa únicamente sobre el componente físico-geográfico del exilio, asimilando a la migración, sino que su análisis es filosófico, un análisis que pone al exilio en relación con nuestra existencia en tanto seres humanos.

De esta forma, el exilio para Zambrano es el reflejo de la condición esencial del ser humano en nuestro mundo actual. Un ser humano que, en el fondo, y ante una modernidad devoradora, está profundamente desarraigado. Este desarraigo, experimentado por cualquier persona exiliada, es la condición de vida que determina ferozmente nuestra existencia en el tiempo actual.

Ahora bien, solo se desarraiga aquel que antes ha echado raíces. ¿De qué estamos desarraigados en nuestra sociedad los seres humanos? Según Zambrano, del fundamento último de la realidad, del suelo de lo divino. Un desarraigo consecuencia del profundo nihilismo imperante en la subjetividad, y la sociedad, contemporánea. El exilio aparece, entonces, como un tema filosófico de primer orden ante la huida de nosotros mismos, ante el desarraigo del alma causado por la nada que nos recorre. Un exilio que se expresa en el sentimiento de soledad y abandono, en la experiencia de vacío que nos recorre.

El exilio es un tema fundamental en la obra de Zambrano. A diferencia de otros estudios, en el pensamiento de Zambrano no se aborda desde una óptica política, sino desde un ángulo existencial

2 Escuela de Madrid

Un elemento fundamental para comprender la producción intelectual de Zambrano es su relación con Ortega y Gasset, del que es discípula. Alrededor de este filósofo se agrupan, en el segundo cuarto del siglo XX, un conjunto de filósofos a los que se conocen como la Escuela de Madrid. De esta escuela, María Zambrano es una de las filósofas más destacadas, sino la que más.

La influencia de Ortega Gasset es muy notoria en el pensamiento de Zambrano, especialmente en su pensamiento juvenil. Zambrano coincide con él en el liberalismo político, en la crítica a la razón instrumental y su auge en la modernidad y en la necesidad de expandir esta razón. No obstante, y a pesar de esta basta influencia, y muestra del enorme potencial de Zambrano, pronto la discípula se desvía del maestro, pronto su voz empieza a alzarse con un tono propio. Esto ocurre a medida que Zambrano va interpretando la razón vital orteguiana como saber del alma.

Ante tales descubrimientos intelectuales, Zambrano le enseña al maestro un artículo titulado Hacia un saber del alma. Tras leerlo, Ortega reconoce la valía del artículo y su excelencia filosófica, pero le reprocha a Zambrano su osadía: «No hemos llegado todavía aquí y usted da un salto y se planta allá», cuentan que dijo. Zambrano salió «llorando a lágrima viva por la Gran Vía», repitiéndose a sí misma que Don José había muerto, «y lo que había muerto era mi fatal discipulado con él», dijo la filósofa.

Tiempo después pensaría sobre esta relación y hablaría de imposibilidad: «Malentendidos con Ortega, que me estimaba, que me quería. No lo puedo negar. Y yo a él. Pero había… como una imposibilidad. Es obvio que él dirigió su razón hacia la razón histórica. Yo dirigí la mía hacia la razón poética».

Además —y es de crucial importancia—, el distanciamiento aumentó por motivos políticos. Ante el terremoto político que vivía España en la década de los treinta del siglo pasado, Zambrano le escribe a Ortega: «Usted al fin contempla el pensamiento desde la atalaya de su serenidad propia; lo que usted pueda dar es inquietante, pero su propia posición es segura».

Ortega y Gasset, leyendo los primeros escritos con tono propio de Zambrano, le dijo a esta: «No hemos llegado todavía aquí y usted da un salto y se planta allá»

3 Crítica a la Modernidad

Uno de los elementos característico en la filosofía de María Zambrano es la ausencia de sistematicidad y, por eso, toda clasificación que intente ordenar su pensamiento es necesariamente artificial. No obstante, y como método puramente heurístico, podemos distinguir en el pensamiento de Zambrano dos etapas: una de crítica, especialmente a la Modernidad, que abarcaría hasta la década de los años 60, y otra época propositiva, donde se da forma a la razón poética, que estaba presente en su pensamiento de una u otra forma desde el principio de sus escritos.

Su crítica a la Modernidad entronca con su tematización del desarraigo y el exilio. La tarea ética necesaria para suplir ese vacío humano es inviable en el seno de nuestra cultura occidental. De forma paralela a la crítica que hace Ortega (al señalar la falta de creencias y cómo afecta esto a la originaria confianza del hombre en lo real) y Unamuno (denunciando la escisión entre razón y vida), Zambrano ve en la razón imperante de Occidente una razón instrumental que disminuye las posibilidades de la humanidad.

Este destino fatal de nuestra sociedad nace de una escisión histórica: comienza en Parménides y se agranda en la división entre racionalismo e idealismo. Desde la perspectiva de Zambrano, la razón ha acabado por aplastar la originaria apertura del hombre, imposibilitando la autocreación de uno mismo. La razón instrumental es una razón pobre, mecánica, que dibuja una realidad homogénea, sin salientes, rechazando toda valoración topográfica.

Su crítica de la Modernidad entronca con la de Ortega y Gasset y con la de Unamuno. Los tres ven a la sociedad moderna presa de una razón instrumental

4 Antígona

Una gran parte de los temas cruciales de la filosofía de Zambrano se encarnan en la figura mítica de Antígona. Esta tragedia griega muestra la profundidad de los conflictos humanos y le sirve a la autora para mostrar sus propias teorías. En el prólogo a su libro La tumba de Antígona, afirma Zambrano: «Entre todos los protagonistas de la tragedia griega, la muchacha Antígona es aquella en quien se muestra, con mayor pureza y más visiblemente, la trascendencia propia del género».

Filosofía & co. - COMPRA EL LIBRO 3

La tumba de Antígona, de María Zambrano (Alianza Editorial).

Antígona, como protagonista de la tragedia, simboliza para Zambrano la asfixia de una humanidad envuelta en luchas fratricidas, todas ellas envueltas en un clima de derrumbe y horror político. Es evidente el estrecho paralelismo entre ambas, entre Zambrano y Antígona. De hecho, Zambrano cree que encarna esta figura trágica al ver la lucha fratricida entre los españoles y al pagar esa lucha con la muerte en vida, que es el exilio.

Al igual que Antígona, Zambrano cree que nunca dispuso de su vida porque los acontecimientos políticos se la robaron. Antígona, al igual que ella, fue «despertada de su sueño de niña por el error de su padre y el suicidio de la madre, por la anomalía de su origen, por el exilio, obligada a servir de guía al padre ciego, rey-mendigo, inocente-culpable, hubo de entrar en la plenitud de la conciencia».

5 La tragedia y lo divino

Antígona simboliza la condición de la humanidad. Una humanidad que no encuentra (ni cuenta) con un lugar propio, una humanidad exiliada de sí misma, en plena lucha por intentar habitar un lugar y con un desenlace de inevitable sacrificio. Por este motivo, la tragedia de Antígona en particular, y las tragedias en general, representan la estructura fundamental de la realidad del ser humano.

La lucha política en la que está envuelta el ser humano tiene un correlato ontológico: la dialéctica del ser humano con el fondo de lo real.

Este fundamento, este fondo profundo que sostiene lo real, se identifica en Zambrano con lo divino, con una divinidad secreta que colma una realidad que tenemos que habitar. La realidad, así pensada, está compuesta no solo por el mundo físico, sino también por un poso de realidad que no se muestra y cuya ocultación nos agobia, nos inquieta. Ofrecemos sacrificios, ritos y dones para intentar provocar tal aparición. Surgen así los dioses, con rostros y figuras, intermediarios que creamos para dialogar o imaginar lo más profundo de lo real, esto es, lo divino.

Es con estos ritos y sacrificios como conseguimos un hueco seguro en este mundo hostil, un espacio medianamente habitable en esta realidad amenazadora y nunca totalmente inescrutable. La tragedia en tanto género muestra este intento de simbolizar, de crear intermediarios, para así explicar lo que no puede ser explicado y que, sin embargo, corre por nuestras entrañas. En la tragedia, intentamos ordenar el interior del hombre y la realidad enigmática que nos conforma: extrañamiento que se muestra en la forma del delirio.

La tragedia es, entonces, un rito por el que el ser humano se enfrenta a su ser, se explora a sí mismo y se descubre en el propio buceo de sus entrañas, padecimientos y delirios. La tragedia es la cueva inacabable que nos lleva a lo más profundo, al poso de lo real que sustenta todo lo que vemos.

La realidad no es solo el mundo físico, sino también una profundidad oculta, inescrutable. La tragedia y los dioses nos permiten crear intermediarios para explorar tales profundidades

Imagen de portada:Entre los hitos de María Zambrano destaca haber sacado a la razón de su excesivo formalismo y dar luz a la razón poética. Diseño realizado a partir de una fotografía de Wikimedia Commons (CC0).

FUENTE RESPONSABLE: Filosofía & Cía. Por Javier Correa Román. Mayo 2022.

Sociedad y Cultura. Filosofía. Filosofía española. Liberalismo.Libertad. María Zambrano. Pensamiento. Razón poética. Sagrado.

 

 

 

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s