Deborah Eisenberg, una de las grandes escritoras norteamericanas contemporáneas: «no sé qué hago para escribir últimamente».

ENTREVISTA

La obra de la autora de Taj Mahal y Relatos llegó a nuestro país gracias a la editorial Chai, que la tradujo y publicó por primera vez en Argentina en 2020. Desde entonces, un club de fans de su narrativa empezó a investigar sobre su vida, de la que hay pocos rastros en las redes: fue actriz, vive en Nueva York con su marido también actor y escribe para amplificar sus obsesiones. Alguna vez estuvo en Buenos Aires, de la que tiene un gran recuerdo, por eso está feliz «que pequeñas luces estén volando de aquí para allá y recorriendo toda la distancia que hay entre mis pensamientos y mi corazón». 

Ella escribe cuentos, relatos de largo aliento que muchas veces dejan el deseo de otra cosa: una novela larguísima donde sus personajes se desperezan durante muchas páginas y destilen sus obsesiones con infinidad de detalles.

Pero el secreto de Deborah posiblemente sea esas dosis mínimas en las que delinea datos tan precisos sobre sus protagonistas que parece que los estamos viendo, escuchando: una chica que acaba de separarse y está perdida en una ciudad enorme y conviviendo con gente que no conoce, dos amigas de la infancia que se reencuentran después de años sin hablarse, la hija de una actriz famosa que le ruega a su madre que le diga qué la haría feliz y ella le responde «ir al Taj Mahal» pero cuando la hija le jura que compra los pasajes ya mismo para cumplirle el sueño, la madre tuerce el hilo de la charla y pasa a otro tema.

 

Pequeñas frustraciones de la vida que terminan siendo todo (ese murmullo «Taj Mahal», como la repetición de un mantra sobre lo imposible de ser feliz recorre todos los cuentos de esta autora), torcerle el brazo a la trama, hacer explotar de sentidos la descripción de un personaje y de repente reparar en cómo entra la luz por la ventana, cómo se posa en los objetos y cómo lo transforma todo. Esa es Deborah Eisenberg, la escritora que no se parece a ninguna.  

Recién en 2020 el público argentino tuvo la posibilidad de leerla en español gracias a la iniciativa de la editorial Chai. Su editora, Soledad Urquía, cuenta a Las 12: «Cuando empezamos a pensar Chai, Fede Falco, que dirige nuestra colección de cuentos, nos habló de Deborah Eisenberg, una autora casi no traducida al español que a él le encantaba. No entendíamos por qué nunca se había traducido: él la escuchó leyendo en Estados Unidos un fragmento de «Tu pato es mi pato» y quedó totalmente flasheado. A mí lo que me gusta de ella es lo libre que es para narrar, hace lo que quiere con la escritura y sus cuentos funcionan: yo no termino de entender bien cuál es el truco, pero me parece fascinante, maneja muchísima extrañeza pero no te deja afuera».

 

Según Urquía, la colección de cuentos de Chai es un poco más conservadora que la colección de narrativa «porque en general publicamos autores y autoras con mucha obra, consagrados, que acá no habían llegado, como Donald Antrim; o el libro de Jamel Brinkley, que si bien es un primer libro no lo parece. El proceso de editar a Deborah fue bastante largo pero es un placer porque cada vez que lees esos cuentos le encontrás una capa nueva. A Deborah Eisenberg mientras más la lees más decís «no puedo creer lo que está haciendo esta persona». 

Desde Nueva York, Eisenberg dialogó con Las12. 

¿Qué siente saber que su primer libro Taj Mahal y ahora su libro Relatos fueron una sensación entre el público argentino? ¿Qué sabe de nuestro país?

–¡Conozco menos sobre Argentina de lo que me gustaría! Tuve la posibilidad de visitar Buenos Aires hace un par de años –bueno, un poco más que un par de años para ser exacta, el tiempo parece pasar muy rápido últimamente. La ciudad me encantó: una metrópoli grande, misteriosa, temperamental, hermosa y llena de vida. Me hace sentir increíblemente feliz pensar que, incluso mientras estoy en mi casa, estoy también en Argentina de alguna manera. Feliz que pequeñas luces estén volando de aquí para allá y recorriendo toda la distancia que hay entre mis pensamientos y mi corazón y los pensamientos y corazones de otras personas.

¿Es cierto que su método de trabajo consiste en sentarse dos horas por día sin interrupciones frente a la pantalla para escribir? ¿Sigue siendo así?

–Sinceramente, no sé qué hago para escribir últimamente. Pero lo que es verdad es que si me rindiera cada vez que no aparece nada o que me cuesta empezar, no escribiría nunca.

¿Cómo fue la experiencia pandémica en su vida personal y qué reflexiones le provocó? ¿Escribió algo sobre el tema?

–Estos años han sido muy, muy extraños. Sería obsceno que yo me quejara –siempre he tenido tanta suerte. Pero siento que no entiendo nada. Tantas cosas están pasando además de la pandemia: el cambio climático y sus consecuencias tremendas, guerras horrorosas y una epidemia de violencia, la proliferación de ideas peligrosas y distorsionadas e información falsa, despliegues enloquecidos de ambición y poder y ahora el fantasma de un ataque nuclear aniquilador. No es que la vida de la mayoría de las personas haya sido como un picnic en otros tiempos pero ahora es como si todo esto sucediera al mismo tiempo, en casi todos lados, y la pandemia (que es posible que siga y que vengan otras) está enredada en todo eso. No me parece posible (o interesante) escribir directamente sobre eso –la única respuesta posible a este caos es gritar con todas nuestras fuerzas. El terrible estado del mundo se filtra en la vida privada de las personas y en sus pensamientos más íntimos. Todavía no sé cómo volcar este mundo en un página.

¿Cómo crea sus relatos, tiene un disparador en las escenas iniciales y se deja llevar o tiene un plan antes de cada cuento?

–Nunca planeo nada de antemano. Sin embargo, obviamente me tomo mucho trabajo para que, llegado el momento, cualquier cosa que escribo tome la forma apropiada. Empiezo con casi nada y uso ese poquito –trabajando y trabajando y prestando muchísima atención – para que gradualmente se me revele qué quiere ser escrito.

El primer tomo de los Relatos salió este año con traducción de Federico Falco: el segundo saldrá el año que viene. 

¿Escribió o intentó escribir en otros formatos, como novela?

–No tengo nada en contra de escribir una novela, pero por alguna razón, nunca lo hice. Supongo que cuando estoy escribiendo, no puedo resistir el movimiento atlético de los cuentos –la comprensión que, idealmente, lleva al lector a saltar renglón a renglón y experimentar lo que está entre ellos.

¿Cuáles son sus autoras preferidas, de hoy y del pasado? ¿Cuáles fueron sus referentes?

–¡Si tan solo alguien pudiera influenciarme! La autora que más amé en mi juventud –y que todavía amo- es Katherine Mansfield. No sé si sus cuentos increíblemente etéreos pueden ser traducidos desde el inglés a otros idiomas. Pero su escritura fue el primer –y hasta el día de hoy, el más potente- ejemplo para mí de cómo una magia tan precisa se puede crear con esas unidadades torpes, vagas, aproximadas: las palabras.

¿Se siente hermanada con escritoras como Vivian Gornick o Siri Hustvedt, quienes también viven, trabajan y ubican sus obras en Nueva York?

–Es quizás extraño, pero sí siento una conexión con todxs lxs autorxs que trabajan en New York y escriben sobre la ciudad – y, por supuesto, sobre otras cosas también. En general, no nos conocemos entre nosotrxs, pero siento que cada unx está trabajando en crear una imagen que va a representar algo, algún día, en alguna dimensión.

¿Cómo fue su paso por la actuación?

–Actuar fue una experiencia maravillosa y fascinante. Estoy más que agradecida por haber tenido la oportunidad de intentarlo. Sin embargo, es muy diferente a escribir, no me había dado cuenta de lo diferente que son ambas disciplinas hasta que actúe, cuán diferentes son estos dos tipos de talentos (por otro lado, los buenos actores tienden a ser buenos lectores, a lo que me refiero es que pueden leer sutilezas). Quizás la diferencia principal es que los actores y actrices tienen que hacer su trabajo en tiempo real –tienen que decir su líneas por primera vez en el escenario (y repetirlo en el momento adecuado si hacen teatro). Los escritores tenemos todo el tiempo del mundo para decir, de manera pausada y convincente, lo que necesitamos decir, a pesar de que, por supuesto, tenemos que darnos cuenta qué necesita decirse, algo que no les sucede a los actores. Además, los escritores podemos borrar.

¿Qué postura tiene sobre el feminismo?

–Nunca estoy segura respecto a lo que “el feminismo” significa para otras personas. Pero resulta muy sorprendente que necesitemos semejante palabra. ¿Cómo es posible que alguien todavía piense que una mujer debe ser tratada o valorada de manera diferente a un hombre? ¡Es un asco total! Yo crecí en los 50 en un país –Estados Unidos- en el que los roles de género estaban definidos de forma muy rígida y absurda, lo que era destructivo tanto para hombres como para mujeres. Y ahora todo esto está pasando de nuevo por aquí. Está pendiente que se legisle en algunos estados que están siendo más represivos hacia las mujeres de lo que han sido en décadas. Y algunas de las mismas personas de mi país que denuncian cómo se trata a las mujeres en Afganistán son las mismas que quieren replica ese modelo de vida aquí.

¿Qué es la escritura para usted?

–Supongo que escribir es para mí una suerte de exploración. Es decir, deseo ardientemente llegar al máximo de lo que puede ser expresado y expresar lo que encuentro allí con muchísima claridad. Esto no es algo que le pido a todxs lxs escritorxs – me encanta encontrarme con otras cualidades en la escritura, como una narrativa conmovedora. Es solo una ambición muy propia que no puedo reprimir.

Imagen de portada: Deborah Eisenberg nació en 1945 y es profesora en la Universidad de Columbia

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Flor Monfort. Mayo 2022

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