María Zambrano: el nacimiento de la razón poética. Parte II

6 Razón poética

Todas las preocupaciones intelectuales de Zambrano confluyen en la razón poética. La razón poética es el único medio para poder explorar estas preocupaciones adecuadamente. El concepto «razón poética» se acuña en el año 1939, aunque va perfeccionándose durante la vida de la autora. Frente a las preguntas abiertas por la filosofía, la razón poética es una respuesta, o mejor, una forma de dar respuestas. La razón poética es una facultad que permite dar otras respuestas a las ya dadas por la tradición. Siguiendo a Reale y Antiseri en su Historia de la filosofía:

«[La razón poética] es [un concepto de razón] más amplio y total que ha de mediar entre el hombre y la realidad. Es una razón mediadora, que entabla relaciones con lo ‘otro’, con la piedad y el amor. Es una razón armonizadora, que conecta al ser humano con los diversos planos de lo real».

La clave para comprender la razón poética es entenderla como una razón que no se opone a los sentimientos. Es una razón que establece relaciones con su otro: con el amor, con lo irracional, con las pasiones, etc.

Una razón que conecta al hombre con lo real ante su profundo estado de desarraigo y exilio vital. Una razón activa, no pasiva o contemplativa, que hace, emancipa y libera al ser humano que la ejerce. 

La célebre sentencia: «seréis como dioses» apunta, precisamente, a la búsqueda de la propia creación a través del ejercicio de la razón poética. Esta es una razón que, huelga decirlo, también libera a Occidente, que yace preso en su nihilismo y en su razón instrumental.

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El hombre y lo divino, de María Zambrano (Alianza Editorial).

Por sus propias características internas, este concepto no puede ser ni sistematizado en una definición canónica ni deducido a partir de unos axiomas. 

El acercamiento a la razón poética no puede ser analítico, sino más bien (y precisamente) poético: el camino lo dibujan las metáforas, las palabras siguen pistas, la intuición desvela ciertas huellas… Bajo este nuevo paradigma, la razón rompe sus cadenas demostrativas, sus enredos argumentales, sus frías deducciones, su visión de la verdad como adecuación del objeto a la realidad, su necesidad obsesiva de silogismos lógicos… La razón poética, en cambio, anda por imágenes y se eleva sobre metáforas entendiendo la verdad como un mostrar, como un desvelamiento.

Esta nueva razón es muy palpable en los siguientes libros: El hombre y lo divino (1955), Claros del bosque (1977), Diotima de Mantinea (1983), De la aurora (1986), Los bienaventurados (1990), Los sueños y el tiempo (1992).

7 El tiempo

Dos de los temas centrales en los que esta nueva razón se desenvuelve con mayor soltura, en los que su ligero andar nos permite transitar angostos senderos, son los sueños y el tiempo. Respecto al tiempo, Zambrano se inscribe en una corriente de pensadores contemporáneos que, al menos desde Bergson, piensan el tiempo de una forma diferente. Las nuevas reflexiones sobre el tiempo intentarán mostrar un tiempo más complejo que el tiempo-lineal, que el tiempo-físico, que el tiempo-reloj.

La razón poética, liberada de los pesados andares lógicos y demostrativos, atisba un tiempo multidimensional, un tiempo atravesado por una pluralidad de planos. Así, para Zambrano, en el ser humano los planos del tiempo dibujan los distintos estratos:

  • En un estrato más profundo hallamos a la psyché, al entorno de los sueños. Este estrato carece de tiempo, no hay ordenación, se caracteriza por la simultaneidad, por la ruptura del tiempo.
  • Si ascendemos un poco llegamos al plano de nuestro cuerpo, en el que el tiempo es el tiempo sucesivo, lineal, el tiempo de la física. El tiempo de las horas, de los biorritmos, de la noche, del día, de las diez y cuarto. El tiempo de nuestros proyectos, el tiempo histórico, el tiempo compuesto por presente, pasado y futuro.
  • Avanzamos un poco y arribamos al tiempo del ser humano, que es fundamental supratemporal. Un tiempo que no se divide en presente ni pasado ni futuro porque los tres momentos son constituyentes del instante que se vive.

Un ejemplo que nos puede ayudar a comprender el plano del tiempo en su dimensión supratemporal es la música. ¿Qué quiere decir este «supratemporal», este estar por encima del tiempo? Que andamos en un tiempo que no se orienta por presente, pasado y futuro, sino una forma temporal que crea un hueco en el tiempo, una brecha, una grieta, que rompe la linealidad y se sitúa por encima de la misma, proyectando, desdibujando el futuro y el pasado en un presente radicalmente vivo. Nadie escucha, cuando escucha música, notas independientes, sino que cada nota llama a la anterior para hacer un ritmo y anticipa a la siguiente para generar una melodía. Ese es el carácter supratemporal de la música.

Andar por el tiempo supratemporal, en tanto seres humanos, nos confiere una cierta lucidez, y es en esta lucidez donde habitamos los verdaderos momentos creadores. 

Para comprender mejor la complejidad del tiempo en el pensamiento de María Zambrano podemos atender a la siguiente metáfora de la autora: «El despertar de cada mañana parece que sea para siempre. Mas este siempre quiere decir que siempre habrá de repetirse, que siempre habrá que hacerlo y sufrirlo mientras se viva». El despertar no está sometido a la linealidad, sino que pliega el tiempo. Su efecto no existe en un momento puntual, sino que su repetición insiste, en pliega en sí mismo para producir un eterno retorno.

La razón poética, liberada de los pesados andares lógicos y demostrativos, atisba un tiempo multidimensional, un tiempo atravesado por una pluralidad de planos

8 Los sueños

Esta exposición de los diferentes tiempo la podemos leer, por ejemplo, en El sueño creador. Esta obra no pretende analizar los sueños (¡esa razón es la razón de la que huye Zambrano!). Más bien, el objetivo es mostrar la realidad que en ellos se oculta. ¿Quién mejor que la razón poética para andar por estas nubes oníricas?

A diferencia de la vigilia, que nos permite ver los fenómenos del mundo bajo la linealidad del tiempo físico, en los sueños asistimos a la realidad fenoménica del nuestro ser, con un tiempo muy particular. En los sueños no hay distinción sujeto-objeto como en la vida «real», porque en el sueño somos nosotros y no-nosotros, somos nosotros, pero desdoblados, lo vemos desde fuera, aun siendo algo interno a nuestro ser.

Afirma Zambrano que el tiempo del sueño que es un tiempo muy particular, un tiempo enajenado, porque no nos pertenece. Un tiempo que se escapa de nuestras manos, un tiempo que nos es ajeno. Aunque, por otro lado, es nuestra propia esencia la que se nos presenta en el sueño. Un tiempo-loco, sin dueño, que rescata y mezcla recuerdos desde ópticas giradas, viciadas, novedosas. En los sueños, y esto es lo crucial de ellos, se muestra lo real, lo más profundo de nuestro ser.

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Horizonte del liberalismo, de María Zambrano (Alianza Editorial).

A pesar de estas características, para la acción y para el pensamiento es necesario un tiempo horadado, fracturado. No un tiempo-loco, propio de los sueños, sino un tiempo-hueco, un tiempo con vacíos porque el vacío es el espacio de la libertad. Por eso, el tiempo sucesivo es tiempo humano. El tiempo sucesivo de la conciencia introduce la diferenciación, de lo que en un principio, en el sueño originario, es ambigüedad indiferenciada.

9 Liberalismo humano

Como buena discípula de Ortega, entre los escritos de María Zambrano, especialmente durante sus años de juventud, se encuentran escritos políticos que abordan cuestiones menos filosóficas y más sociales. Ejemplo paradigmático de estas preocupaciones es el libro Horizonte del liberalismo.

En primer lugar, y con el objetivo de abordar el humanismo de Zambrano, es importante notar que el liberalismo de Zambrano es un liberalismo humanista:

«La economía liberal es insuficiente e inadecuada para la realización de los postulados liberales. Veamos, pues, qué nos es más querido: hay que elegir entre los postulados espirituales del liberalismo y su economía. Porque hoy el liberalismo de muchos es el liberalismo capitalista, el liberalismo económico y burgués y no el humano».

La apuesta de Zambrano es una apuesta por la libertad. Pero no por la libertad de mercado, sino por la libertad del individuo. El brindis no es a un mercado devorador, sino al individuo libre y creador. En sus palabras: «Amor al hombre. Amor a los valores. ¡Supremas virtudes del liberalismo! […] Libertad de pensar, de investigar, de enseñar».

La libertad de Zambrano es una libertad que conecta al ser humano con lo profundo, una libertad que busque disminuir el desarraigo y el exilio existencial que nos acompaña como parte de nuestro ser. Una libertad que nos una al mundo. Una libertad, en fin, fundada en el amor. El ser humano libre, desde el punto de vista de Zambrano, no es el que anda preso de la racionalidad instrumental, sino aquel que consigue vincularse con lo sagrado.

La apuesta de Zambrano es una apuesta por la libertad. Pero no por la libertad de mercado, sino por la libertad del individuo

10 Mística

El acercamiento al misticismo de María Zambrano debemos entenderlo desde la renovación que lleva a cabo de los métodos filosóficos (con el advenimiento de la razón poética), su interés por lo sagrado como profundidad de lo real (en relación con nuestro desarraigo esencial) y su fe cristiana. Prueba de este acercamiento es su ensayo sobre San Juan de la Cruz en su libro Senderos.

En la filosofía de Zambrano, la verdad tiene un cierto componente de revelación, lo que supone un movimiento crucial de transformación. La verdad nos atraviesa, se incrusta en nosotros, y para poder entenderla debemos dejarla germinar en nuestras entrañas. El discurso verdadero es, entonces, un discurso vivo, un discurso vivido, un discurso que habla desde los frutos de la verdad germinada (no un discurso frío ni neutro).

Así, un saber es auténtico solo si transforma al individuo que lo conoce. El sujeto de conocimiento no está por fuera del objeto que conoce, sino que la revelación arrampla con el sujeto con un viento feroz y lo transforma en otra cosa. Solo así, el ser humano puede hacerse, pues el alma no conoce como algo ajeno a sí misma, sino que se hace en este mismo proceso de conocimiento.

Por último, es importante destacar que el misticismo de Zambrano es palpable en su insistencia en la entrega a «lo uno», «lo absoluto» o «al más allá» como la parte oculta de la realidad de la que hablamos al principio.

La filosofía de Zambrano postula un fondo de realidad metafísica, en su sentido más literal, como algo más allá de lo físico. Un fondo que nos perturba, que conseguimos intuir con la tragedia o los sueños, pero al que necesitamos volver si no queremos ser devorados por una sociedad nihilista que ha perdido todo contacto con sus raíces.

Imagen de portada:Entre los hitos de María Zambrano destaca haber sacado a la razón de su excesivo formalismo y dar luz a la razón poética. Diseño realizado a partir de una fotografía de Wikimedia Commons (CC0).

FUENTE RESPONSABLE: Filosofía & Cía. Por Javier Correa Román. Mayo 2022.

Sociedad y Cultura. Filosofía. Filosofía española. Liberalismo.Libertad. María Zambrano. Pensamiento. Razón poética. Sagrado.

 

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