5 poemas de Dylan Thomas

La suya fue una vida llena de excesos que le llevó a una muerte prematura. Muchos de los versos del poeta galés fueron publicados después de la misma. A continuación podéis leer 5 poemas de Dylan Thomas. 

Donde una vez las aguas de tu rostro

Donde una vez las aguas de tu rostro

giraron impulsadas por mis hélices, sopla tu áspero fantasma,

los muertos alzan la mirada;

donde un día asomaron el pelo los tritones

a través de tu hielo, el viento áspero navega

por la sal, la raíz, las huevas de los peces.

Donde una vez tus verdes nudos hundieron su atadura

en el cordón de la marea, allí camina ahora

el vegetal destejedor,

con tijeras filosas, empuñando el cuchillo

para cortar los canales en su origen

y derribar los frutos empapados.

Invisibles, tus mareas medidoras del tiempo

irrumpen en las camas galantes de las algas;

el alga del amor se vuelve mustia;

allí en torno a tus piedras

sombras de niños van, que desde su vacío

lloran ante el mar colmado de delfines.

Secos como la tumba, tus coloreados párpados

no serán aherrojados mientras la magia se deslice

sabia sobre el cielo y la tierra;

habrá corales en tus lechos,

habrá serpientes en tus mareas,

hasta que mueran todos nuestros juramentos del mar.

En mi oficio o mi arte sombrío

En mi oficio o mi arte sombrío

ejercido en la noche silenciosa

cuando sólo la luna se enfurece

y los amantes yacen en el lecho

con todas sus tristezas en los brazos,

junto a la luz que canta yo trabajo

no por ambición ni por el pan

ni por ostentación ni por el tráfico de encantos

en escenarios de marfil,

sino por ese mínimo salario

de sus más escondidos corazones.

No para el hombre altivo

que se aparta de la luna colérica

escribo yo estas páginas de efímeras espumas,

ni para los muertos encumbrados

entre sus salmos y ruiseñores,

sino para los amantes, para sus brazos

que rodean las penas de los siglos,

que no pagan con salarios ni elogios

y no hacen caso alguno de mi oficio o mi arte.

Mi mundo es pirámide

Mitad del padre camarada

cuando imita al Adán que el mar sorbiera

en su casco vacío,

Mitad de la madre camarada

cuando salpica con su leche lasciva

la zambullida del mañana,

las sombras bifurcadas por el hueso del trueno

saltan hacia la sal que no ha nacido.

La mitad camarada era de hielo

cuando una primavera corrosiva

brotaba en la cosecha del glaciar.

la sombra y la simiente camarada

murmuraban el vaivén de la leche

encrespado en el pecho,

pues la mitad del amor era sembrada en el fantasma

estéril y perdido.

Las mitades dispersas se han vuelto camaradas

en un ente lisiado

la muleta que la médula golpea sobre el sueño

renguea en la calle del mar, entre la turba

de cabezas con lengua de marea y vejigas al fondo

y empala a los durmientes en la tumba salvaje

donde ríe el vampiro.

Las mitades zurcidas se partían huyendo

por el bosque de los cerdos salvajes y la baba en los árboles,

sorbiendo las tinieblas sobre el cianuro se abrazaban

y desataban víboras prendidas en su pelo;

las mitades que giran perforan como cuernos

al ángel arterial.

¿De qué color es la gloria? ¿La pluma de la muerte?

tiemblan esas mitades que taladran el ojo de la aguja en el aire

y a través del dedal horadan el espacio, manchado de pulgares.

El fantasma es un mudo que farfullaba entre la paja,

el fantasma que tramaba el saqueo en su vuelo

enceguece sus ojos rastreadores de nubes.

II

Mi mundo es pirámide. La sigilosa máscara

llora sobre el ocre desierto y el verano

agresivo de sal.

Con mi armadura egipcia fundiéndose en su sábana

araño la resina hasta un hueso estrellado

y un falso sol de sangre.

Mi mundo es un ciprés y un valle de Inglaterra

yo remiendo mi carne que retumbó en los patios

roja por la salva de Austria.

Oigo a través del tambor de los muertos, que mutilados jóvenes

mientras siembran sus vísceras desde un cerro de huesos

gritan Eloi a los cañones.

El cruce del Jordán arrasa mi sepulcro.

El casquete del Ártico y la hoya del sur

invaden mi jardín de casa muerta.

El que me busca lejos señalando en mi boca

las pajas de Asia me pierde cuando doblo

por el maíz atlántico.

Las mitades amigas, partidas mientras giran

en redes de mareas, se enredan a las valvas

y hacen crecer la barba del diablo no nacido,

sangran desde mi horquilla ardiente y huelen mis talones

las lenguas celestiales murmuran mientras yo me deslizo

atando la capucha de mi ángel.

¿Quién sopla la pluma de la muerte? ¿De qué gloria es el color?

en la vena yo soplo esta pluma lanuda

es el lomo la gloria en una laboriosa palidez.

Mi arcilla ignora el pecho y mi sal no ha nacido,

niño secreto, yo vago por el mar

en seco, sobre el muslo a medias derrotado.

Quién eres tú

Quien

eres 

que naces

en  el  cuarto vecino

tan  patente   en  mi cuarto

que   alcanzo   a   oír   el   vientre

cuando se abre y la sombra que avanza

sobre  el   fantasma  y  el   hijo   que  desciende

tras  la  pared  delgada  como  un hueso de  jilguero

en el cuarto  sangrante del  nacimiento  oculto

para  el incendio  y el  girar  del  tiempo

la   huella   del   corazón humano

no   venera el bautismo

sino  la  sola  sombra

cuando bendice

a la salvaje

criatura

Un cambio en los climas del corazón

Un cambio en los climas del corazón

vuelve seco lo húmedo, la bala de oro estalla

sobre la tumba helada.

Un clima en la comarca de las venas

cambia la noche en día; la sangre entre sus soles

ilumina al viviente gusano.

Un cambio en el ojo advierte a tiempo

la ceguera hasta el hueso; y el útero incorpora

una muerte mientras surge la vida.

Una sombra en el clima del ojo

es a medias su luz; el mar sondeado irrumpe

sobre una tierra sin arpones.

La semilla que del lomo hace una selva

divide en dos su fruto; y la mitad se escurre

lenta en un viento dormido.

Un clima en la carne y el hueso

es seca y húmeda; el viviente y el muerto

se mueven como espectros ante el ojo.

Un cambio en el clima del mundo

vuelve espectro al espectro; y cada niño dentro su madre

se repliega en su doble de sombra.

Un cambio echa la luna dentro del sol,

tira de las ajadas cortinas de la piel;

y el corazón entrega a sus muertos.

Imagen de portada: Dylan Thomas

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor Arturo Perez Reverte. Mayo 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.

 

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