Sísifo, Prometeo y otros mitos que en la actualidad siguen vigentes.

NO HAGAS COMO ELLOS

Forman parte del imaginario colectivo actual y, aunque tengan miles de años, todavía siguen vigentes, aunque adaptados a los tiempos modernos.

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Los mitos griegos forman parte del imaginario colectivo actual, han servido para inspirarnos, filosofar y entretener a los niños. Y aunque tengan miles de años, todavía siguen vigentes, aunque adaptados a los tiempos modernos. Todos somos un poco Prometeo o Ícaro en ciertos aspectos de nuestra vida. Por ello quizá, es buena idea conocerlos, para reconocernos en ellos y actuar como es debido (generalmente, de una manera totalmente opuesta a estos héroes antiguos, que solían acabar bastante mal).

El peor castigo, el de Sísifo

Es una de las historias más famosas de la mitología. A grandes rasgos: Sísifo, primer rey de Éfira, era ambicioso y cruel, y finalmente fue castigado por los dioses. En el Inframundo debía llevar a cabo la tarea más repetitiva y absurda de todas, subir una roca hasta lo alto de una montaña y, una vez ahí, ver cómo volvía rodando hacia la ladera de la montaña para tener que subirla de nuevo de una manera eternamente repetitiva.

Sísifo teniendo que trabajar todos los días de 9 a 6.

«Solo hay un problema filosófico realmente serio: el suicidio». Sísifo serviría más adelante a Albert Camus para exponer su pensamiento existencialista.

 Igual que Sísifo no tenía más remedio que levantar una piedra sin sentido y de manera repetitiva, nosotros hacemos nuestra vida de una manera monótona y absurda, sin encontrarle sentido. Hasta que de pronto despertamos y nos preguntamos si es que nuestra vida en realidad no lo tiene.

Según Camus, hay que aceptar lo absurdo de la vida para después superarlo. No rendirse ante la piedra.

Únicamente hay que aceptar lo absurdo de la misma para después superarlo. No rendirse ante la piedra, aunque tengamos que levantarla. Aunque también hay otras interpretaciones: el poeta y filósofo romano Lucrecio señaló en su obra ‘De la naturaleza de las cosas’ que no era más que un símil de aquellos políticos que quieren alcanzar el poder a toda costa.

La rebeldía de Prometeo

La historia de Prometeo, que robó el fuego a los dioses para dárselo a los humanos, se ha interpretado de distintas maneras a lo largo del tiempo. Por un lado, se habla de la rebeldía necesaria e intrínseca que todos tenemos para salirnos de las normas. Todos somos, en mayor o menor medida, Prometeo. Pero, de una manera más profunda, también nos dice algo de nosotros mismos a nivel colectivo: Prometeo representa a la humanidad (antropocentrismo) frente a los dioses (teocentrismo). Nos hemos alejado de ellos y de la naturaleza, en busca de la tecnología. El fuego fue la primera herramienta con la que buscamos el progreso constante.

La manzana de la discordia

Parece que, en general, las manzanas no traen cosas muy buenas en los relatos antiguos. 

En este caso, parece más vigente que nunca, por esa manía que tenemos los seres humanos de no dejar jamás de luchar entre nosotros: como sucede cuando no invitas a alguien a una boda (recordemos a Maléfica), Eris, diosa de la discordia, no se tomó muy bien eso de no recibir la invitación para el matrimonio entre Peleo y Tetis, diosa del mar. A Zeus se le había pasado avisarla. 

Las pequeñas cosas pueden sembrar grandes discordias, así que ándate con ojo si estás preparando las invitaciones a tu boda.

Entonces, Eris se presentó en la ceremonia y dejó una manzana que llevaba inscrita la frase «para la más hermosa», sin especificar si hablaba de Afrodita, Atenea o Hera. Ellas, ni cortas ni perezosas, tuvieron que buscar a Paris (príncipe de Troya y pastor) para que deshiciera el entuerto de vital importancia, y él eligió a Afrodita, puesto que le aseguró que así tendría a la mujer más bella del mundo. 

Ya sabemos cómo acabaron las cosas después en Troya. La explicación es bastante clara: las pequeñas cosas pueden sembrar grandes discordias, así que ándate con ojo si estás preparando tu boda.

Ícaro, haz caso a Dédalo

Quien mucho abarca poco aprieta, suponemos. Dédalo, constructor del magnífico laberinto del Minotauro, inventó unas alas para poder escapar junto a su hijo Ícaro que, quizá por la inocencia de la juventud, decidió acercarse tanto al sol que sus alas se derritieron y… bueno. Conocemos el final de la historia. 

Cada uno debe conocer sus propias limitaciones y no arriesgarse a acercarse demasiado al sol, pues podría quemarse. Vamos, que si no estás seguro con montar un bar porque no sabes nada de hostelería, igual deberías pedir una segunda opinión. En la cultura popular hay frecuentes alusiones a esta singular historia mitológica que nos habla de la sabiduría y la juventud, del aprendiz que debe hacer caso al maestro.

‘Noche de criaturas marinas’, de ‘Love, death and robots’. Una revisión de la historia de Dédalo e Ícaro.

No seas como Narciso

El narcisismo es, quizá por la época que nos toca, uno de los problemas actuales de mayor vigencia. Pero como no había redes sociales en aquellos momentos, discernir lo que le pasaba a Narciso no pasaba por observar cuántos selfies subía a Instagram. Ya nos sabemos la historia: una vez, por casualidad, se acercó a beber a un río y al ver su reflejo en el agua se enamoró perdidamente de él. 

Según un estudio, en 13 años han muerto más de 300 personas por intentar hacerse un selfi en algún sitio peligroso 

Al final, tratando de acercarse a sí mismo, se cayó al agua y se ahogó. Cosas que pasan (y siguen pasando). 

Imagen de portada:  iStock.

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Ada Nuño. Junio 2022

Sociedad y Cultura/Curiosidades

 

 

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