La glorieta

La glorieta
sostenía
la enredadera
de glicinas
que como
amante furtiva,
la cubría
esplendorosa
con su color lila.

Debajo de ella
veía como
te ha-macabas
siendo adolescente,
subiendo
por la tapia
que dividía
nuestras casas.

Rizos de cabello
color castaño
caían
sobre tu espalda,
dandome
la imagen
de una muñeca
solitaria.

Un día
te volviste,
sabias
que alguien
te miraba
y al verme,
me regalaste
una sonrisa
amigable,
con tus ojos
brillosos
junto a un
rubor
que no podías
disimular.

Todo sucedió
muy rápido,
le pediste
a tu madre
que me
invitara,
necesitabas
mi compañía,
al igual
que yo.

Mi madre
se sorprendió
por el pedido
de su vecina,
a mi no,
ya me lo
habías dicho.

Nuestros
encuentros
cada tarde,
se hicieron
habituales,
por lo que
no fue
sorpresa
para ambos,
que se
produjera
la “magia”.

Hace tiempo
ya,
que bajo
otra glorieta,
continua
nuestro amor
tal cual privilegio,
y es bajo ella
donde
cada tarde,
nos sentamos
para conversar
y edificar
nuevos sueños.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

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