La patria del olvido, cuentos de Muñoz Coloma sobre memorias y melancolías del Bío Bío.

Son trece cuentos. Cuentos de nostalgias, de amores fallidos. Algunos con personajes reales que no sabemos si son reales o ficciones. Porque, a veces, los sueños, los deseos o la necesidad de creer en algo son más fuertes que eso -tan vulgar, ruín- que llamamos realidad.

Ramón Muñoz Coloma (República de Hualqui, 1968) conduce a lectores y lectoras por histo-rias y reflexiones que parecen ser mundos personales propios. Vivencias o imaginaciones. Sueños, aunque fallidos. Dolores profundos, casi todos. Pero que parecen comunes, al me-nos a los que somos de esos lares.

Los trece relatos, breves pero precisos, remiten, casi todos, a las tierras del Bío Bío abajo, a Hualqui, Concepción, Talcahuano… A melancolías desgarradoras, como la abuela que si-gue soñando y anhelando la patria lejana, a Portugal, con la voz profunda de Amalia Rodrigues.

Personajes (casi) reales

Por la buena pluma de Muñoz Coloma pasan personajes entrañables. Como la mujer que sirvió de modelo al muralista mexicano González Camarena para realizar la “América” de su mural de la Universidad de Concepción. 

Y, aunque su relato sobre Alicia Cuevas no calce en casi nada por el entregado por esa casa de estudios, el suyo (No te apures cara blanca) es tan conmovedor, humano, que tiene que ser real. Porque hay ficciones, sueños, deseos, más reales que los “hechos”.

Y eso es más que buena pluma. Es saber tocar teclas precisas. O tirar los salvavidas nece-sarios para no sucumbir (en la depresión, el consumismo u otro tipo de atolondramiento)

Algo similar pasa con los relatos donde aparecen los poetas Omar Lara (1941-2021) y Flori-dor Pérez (1937-2019). Son tan vívidos, que no es necesario saber si son “reales”. O qué ta reales.

Dolores profundos

Muñoz Coloma ahonda en memorias, en recuerdos, configurando una forma de mirar, de sentir, de relatar rescatando un espíritu de la zona. Mezcla de melancolía, de pérdidas, de dolor. O de dolores.

Dolores donde la dictadura ocupa un lugar preferente. Desde la ominosa prisión de Floridor Pérez (Carne de mar) a la del torturado 16.177.

“Es su fantasma y el mío, es el fantasma de todo un país que sigue bailando solo, que se engaña en cada vuelta, en cada zapateo. Usted, Sola Sierra, sembró en medio de la ruina y aunque no lo crea, su semilla sigue viva en generaciones que la sucedieron, y en la soledad de cada sábado frío de nuestro país todos bailamos esa cueca amarga bajo la bandera trai-cionera”. (pp 105)

Son también dolores de abandonos. De vacíos. De amores fallidos, abandonados. Son, también, un deseo de esperanza. Que trata de calentarse con algo de memoria, de sol…

“En mi niñez, el único concepto de patria que conocí fue el sofá de respaldo alto, el cuadro de los botes, las espadas imaginarias, las casitas con azulejos, el reloj de péndulo y la ca-dencia de Amalia Rodrigues salpicándonos con Lisboa, Oporto y Coimbra.” (pp 23)

Porque la infancia es un lugar predilecto de memoria, de melancolía, fantasía, de sueños. De vivencias propias o lo que puede despertar la mirada, lejana, de un niño, como en Tiempo niño. Un relato potente a partir de una escena de pocos segundos del documental La Batalla de Chile de Patricio Guzmán. Una reflexión sobre la potencia de una imagen, de los sueños, del paso del tiempo y del imán que, a veces, es el pasado

Muy buen libro.

La patria del olvido.Ramón Muñoz Coloma. Ediciones Contramaestre.

Editores Confabulados. 2020

Imagen de portada: Gentileza del Diario Concepción

FUENTE RESPONSABLE: biobiochile.cl Chile. Por Exio Mosciatti

Sociedad y Cultura/Chile/Literatura/Ramón Muñoz Coloma

 

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