Elio Galo, el prefecto romano que encabezó una expedición a Arabia. Parte 2/2

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Inmediatamente, Elio Galo puso manos a la obra y ordenó concentrar una flota de ochenta birremes y trirremes en Alejandría. Las dimensiones eran desmesuradas, si se tiene en cuenta que no había un estado de guerra propiamente dicho y los presuntos enemigos potenciales carecían de fuerza naval que oponer, así que finalmente sustituyó los barcos de guerra por ciento treinta de carga en los que embarcó a los soldados de la Legio XXII Deiotariana. Junto con los auxiliares hebreos (quinientos) y nabateos (un millar) enviados respectivamente por los reyes Herodes I el Grande y Obodas III, sumaban unos diez mil hombres.

La citada legión, creada en tiempos de Cayo Mario, en el año 48 a.C., debía su nombre a Deyotaro, rey de los tolistobogios, una tribu gálata -celta- de Galacia (actual Turquía), que se alió con Pompeyo contra Mitrídates VI en la llamada Tercera Guerra Mitridática para después acompañar a Julio César en su campaña por el Ponto. Estaba compuesta por legionarios gálatas, pero entrenada y dirigida por oficiales romanos, integrándose en el ejército imperial y destinada a Nicópolis (localidad cercana a Alejandría) junto a la Legio III Cyrenaica.

Localización de Leuke Kome en la actual Arabia Saudí/Imagen: Carport en Wikimedia Commons

Las tropas realizaron la travesía -incomprensiblemente larga, de catorce días- y desembarcaron en Leuke Kome, la villa más meridional del reino nabateo, desprovista de defensas y de localización indeterminada, aunque Plutarco, en el episodio dedicado a Marco Antonio de sus Vidas paralelas, la sitúa entre los puertos de Beirut y Sidón (hoy se cree que coincide con Wadi Ainounah, en el golfo de Áqaba). Allí se produjo el primer contratiempo: Galo se vio inmovilizado todo el invierno debido al debilitamiento que las continuas enfermedades causaron a los soldados, que se sumaron a las resultantes del naufragio de algunas embarcaciones.

Por suerte, contó con la acogida del rey de los zamudíes, una tribu árabe del norte peninsular que aportó efectivos para cubrir las diezmadas filas romanas (posteriormente, cuenta Notitia dignitatum, un documento del siglo V d.C. que detalla la organización administrativa romana, los zamudíes se integrarían en la caballería del ejército imperial). Los mil guerreros nabateos enviados por Obodas III habían acudido al mando de su ministro Sileo, que como conocedor de la zona debía ejercer de guía. Sin embargo, el monarca no se fiaba de los romanos y encargó a su subordinado que demorase cuanto pudiera el avance de éstos. Sileo no sólo lo hizo sino que luego condujo a Galo por el peor camino hacia Aretas (quizá Medina), reino que llevaba el nombre de su soberano, pariente de Obodas, que tardaron en alcanzar un mes.

A continuación siguieron desierto a través hacia Ararene, en el reino sabeo, lo que hizo escasear las reservas de agua y comida, volviendo a extenuar a las tropas y provocando que continuara mermando su número; por las enfermedades e insolación, ya que los naturales no eran especialmente belicosos ni diestros en la guerra. Sileo evitó recalar en los oasis más grandes, como los de Yathrib-Medina o Dedam, y a duras penas consiguieron alcanzar el de Negrana (quizá Najrán, en el sudoeste de la actual Arabia Saudí), que medio milenio después sería el eje caravanero transpeninsular más importante, enlazando La Meca con Gaza a través de Medina.

Vista actual de la presa de Marib, en Yemen/Imagen: Bernard Gagnon en Wikimedia Commons

Galo tomó posesión del lugar, como hizo a continuación con Nasca (en el actual Omán) y Athrula (localidad que no ha sido identificada), llegando a lo que Estrabón llama reino de los rhamanitas, a los que Plinio suponía descendientes de Radamantis, hijo que Zeus tuvo con Europa y hermano del legendario rey Minos de Creta. Después consiguió presentarse ante las murallas de Marsiaba (o Marsibia o Mariaba, la hoy yemení Marib, ciudad natal de la célebre reina de Saba), a la que puso sitio. El asedio no pasó de seis días porque las epidemias se cebaron con los romanos, así que el prefecto tuvo que conformarse con los alrededores, muy fértiles y prósperos gracias al riego que proporcionaba una gran presa de la que ya hablamos en otro artículo.

Paralelamente, y como medida desesperada, Galo envió a un mensajero a la costa ordenando a su flota que tomara Eudaemon. Sin embargo, y pese a que el objetivo no distaba más de un par de jornadas, el prefecto renunció a marchar hacia allí con su infantería, asumiendo que la expedición había fracasado -aunque es raro, teniendo en cuenta su superioridad en el campo de batalla, por lo que es posible que se reclamara su presencia en Egipto- y no quedaba sino emprender el regreso antes de que enfermasen y muriesen todos o los enemigos aprovechasen su postración para unirse contra ellos.

Si el trayecto de ida se había prolongado durante seis interminables y penosos meses, el de retorno sólo ocupó unos sesenta días, puede que debido a que Galo se percató de la traición de Sileo -arrestado y enviado a Roma- y tomó otra ruta pasando por Hepta Phreata, Chaalla, Malotha y otro lugar inidentificado, Egra, así como por Mios Hormos, un puerto en el Mar Rojo construido por los Ptolomeos en el siglo III a.C. y que también fue un importante centro comercial con la India, tal como dejó escrito Estrabón (confundiendo, por cierto a Elio Galo con su predecesor):

En todo caso, cuando Cornelio Galo era prefecto de Egipto, lo acompañé y subí por el Nilo hasta Asuán y la frontera de Etiopía, y supe que ciento veinte barcos navegaban desde Mios Hormos a la India, mientras que anteriormente, bajo los ptolomeos, sólo unos pocos se aventuraban a semejante viaje y a comerciar las mercancías indias.

Por fin, pasado el Mar Rojo y bajando por el Nilo hacia el delta, aquella desventurada expedición arribó a Alejandría, exhausta y fracasada, para encontrarse con un panorama no mucho mejor en Nubia. La kandake Amanirena, reina de los kushitas a la que Estrabón llama Candace y que parece ser que era tuerta, había aprovechado aquel medio año de ausencia para sacudirse el vasallaje a Roma, atacando Asuán y Filé, expulsando a los judíos de Elefantina y llevándose un buen botín. Amanirena incluso mandó enterrar la cabeza de una estatua de bronce de Augusto a la puerta de su palacio para que todos la pudieran pisar al entrar y salir, en un inequívoco y simbólico gesto de insumisión.

La Legio III Deiotariana, que en realidad únicamente sufrió siete bajas en combate, tuvo que aplazar su ansiado descanso para hacerles frente, pero no fue capaz de imponerse y el emperador destituyó a Elio Galo ese mismo 25 a.C., nombrando para sustituirle a su amigo Publio Petronio, del que tampoco se sabe gran cosa más que logró tomar Napata y forzar una negociación con los kushitas. La culminó cinco años después, en un tratado relativamente negativo para Roma, ya que implicaba una reducción de la frontera (quedó situada en Hiere Sycaminos, hoy Maharraqa) y la evacuación de varias guarniciones fortificadas.

Para entonces, Elio Galo ya había desaparecido de la Historia; no había podido triunfar en su misión, pero ésta tampoco fue un fiasco total, pues la experiencia de recorrer la península arábiga proporcionó abundantes datos geográficos de primera mano y fomentó el interés romano por abrir relaciones comerciales en esas latitudes. En el año 106 d.C., Trajano fue un paso más allá y anexionó al imperio el rico reino nabateo, tal como había imaginado Obodas III, creando la provincia de Arabia Pétrea y asignando su defensa a la Legio III Cyrenaica; el resto quedó libre, salvo esporádicos puestos y el vasallaje impuesto al Reino Himyarita.

Fuentes: Estrabón, Geografía | Dión Casio, Historia romana | Plinio el Viejo, Historia natural | Arturo Sánchez Sanz, Consideraciones sobre la expedición de Elio Galo a la Arabia Félix | Gastone M. Bersanetti, Gallo, Gaio Elio (en Treccani, L’Enciclopedia Italiana di Scienze, Lettere ed Arti) | Wikipedia.

Imagen de portada: Luc Viatour en Wikimedia Commons

FUENTE RESPONSABLE: LBV Magazine Cultural Independiente. Por Jorge Álvarez. 6 de julio 2022.

Sociedad y Cultura/Antigua Roma/Elio Galo/Historia

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