La prueba de que hace falta un escudo contra meteoritos urgentemente.

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Unos 120 minutos. A la hora de publicar este artículo, ése es el tiempo que quedará para que el asteroide 2022 NF ‘roce’ la Tierra. Un cuerpo celeste del tamaño de un autobús del que no teníamos ninguna noticia hasta el día 4 de julio, cuando apareció de la nada en las pantallas del sistema de detección de objetos espaciales cercanos Pan-STARRS. Una desagradable sorpresa que, aunque no impactará con nuestro planeta, recalca la necesidad de invertir en la defensa planetaria para evitar que el universo nos convierta en una piñata cósmica.

Aunque 2022 NF pasará a 11,41 kilómetros por segundo entre la Tierra y la Luna a sólo un 23% de la distancia que media entre el planeta y nuestro satélite, el Jet Propulsion Laboratory afirma que no representa ningún peligro. Pero el hecho de que una roca de entre siete y doce metros de largo brote repentinamente de la oscuridad del espacio interplanetario es un buen recordatorio, otro más, de que el universo no tiene piedad y que debemos protegernos contra él.

Peligro improbable pero no imposible

Según la NASA, 2022 NF es tan pequeño que no entra dentro de la categoría de asteroides potencialmente peligrosos. Pero el meteorito Chelyabinsk — de unos 19 metros de diámetro — tampoco entraba dentro de esta categoría cuando explotó sin aviso alguno a 29.7 kilómetros sobre la región del mismo nombre en el sur de los Urales, liberando 500 kilotones de energía. La detonación atmosférica causó daños en más de 7.000 edificios e hirió a casi 1.500 personas.

Seguimiento en vivo del 2022 NF con la fascinante herramienta pública de objetos cercanos del JPL (NASA).

Así que, aunque asteroides como el 2022 NF o el Chelyabinsk pueden causar una extinción masiva como sí lo haría una roca de 185 metros como Apophis, este tipo de objetos sí representan un peligro a nivel local. Sí, es cierto que las probabilidades de impacto de un meteorito son remotas, pero una baja probabilidad no equivale a imposibilidad, como lo demostró claramente la explosión de Chelyabinsk.

El Chelyabinsk explotando sobre el sur de los Urales.

Lo que es importante del descubrimiento de 2022 NF es recordar que no conocemos todo lo que nos rodea. Ni de lejos. A Apophis, por ejemplo, lo tenemos bien controlado. Es el cuerpo celeste más peligroso para nuestra existencia jamás detectado y seguimos su trayectoria cada vez con mayor precisión. Recientemente se ha estimado que en 2029 pasará a poco más de 29.000 kilómetros, bastante más cerca de lo que pensábamos. Mucho más cerca que los 90.000 kilómetros de la aproximación de 2022 NF y de hecho más cerca que muchos de nuestros satélites artificiales.

Apophis en su aproximación a la Tierra en abril de 2029 según la herramienta del JPL (NASA)

Por ejemplo, no descubrimos a ‘Oumuamua — un objeto interestelar de 200 metros de largo y origen desconocido — hasta que pasó de largo en su camino fuera del sistema solar. Otra roca espacial que aparentemente salió de la nada a los ojos de nuestros sistema de defensa planetaria.

Seguimos necesitando más defensas

Sigue siendo preocupante que este tipo de descubrimientos siga ocurriendo. Pan-STARRS — el complejo de telescopios y cámaras para la defensa planetaria en Hawaii que vio surgir a 2022NF de la inmensidad del espacio — es un buen sistema pero claramente insuficiente. Y, aunque más sistemas de detección temprana — incluyendo uno del Pentágono — todavía estamos dando palos de ciego. Incluso con un nuevo sistema chino que supuestamente está ahora en la fase de planificación, seguiremos expuestos a sorpresas desagradables y potencialmente letales.

Uno de los telescopios del sistema de detección de objetos cercanos Pan-STARRS en Hawaii. (Universidad de Hawaii)

Hay propuestas de sistemas de detección en la Tierra y en el espacio, con mayor capacidad de detección gracias a un mayor número de observatorios. 

Sistemas como el Proyecto Galileo – que busca evidencia de posibles objetos extraterrestres — también son parte indirecta de la defensa planetaria. Y también se está comenzando a usar inteligencia artificial para analizar el cielo de forma constante. 

Incluso quieren usar el telescopio espacial James Webb como parte de esta red de pesca espacial. 

Pero aún con un sistema de alerta temprana que nos avise con mayor antelación de lo que ha pasado con 2022 NF o ‘Oumuamua, seguiríamos a merced de estos objetos porque no tenemos ningún sistema de intercepción para evitar una catástrofe a nivel local, regional o mundial. 

Pero el hecho es que todavía no tenemos ni idea de lo que puede funcionar para desviar o destruir una de estas amenazas. No hay mucho interés en prepararse para esta posible eventualidad por parte de los gobiernos. La NASA quiere hacer alguna prueba con un impacto de una sonda, a ver qué pasa. 

Y China quiere lanzar 23 cohetes contra uno, también a ver qué pasa. 

Mientras, Musk presume de tener la solución con sus cohetes, aunque como funcione como sus otras promesas, apañados vamos. El ser humano es así. Al final, sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena.

Imagen de portada: Ilustración de un asteroide camino a la tierra (NASA).

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por Jesús Díaz. 7 de julio 2022.

Planeta Tierra/Sociedad/Espacio/Asteroides/Meteoritos/Ausencia de protección.

 

 

 

 

 

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