El filósofo del siglo XIX que predijo la sobrecarga de información que sufrimos hoy en día.

ANSIEDAD INFORMATIVA

Distintas épocas, pero males parecidos. Hoy analizamos los escritos de un pensador alemán muy conocido en los que alertaba sobre el peligro de estar enganchado a la última hora.

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Una de las razones es que la confianza en los medios de comunicación tradicionales ha decrecido muchísimo, a raíz de la proliferación de ‘fake news’, lo que a su vez ha desembocado en el auge de teorías de la conspiración. Pero más allá de la pandemia, otros temas candentes de la actualidad, como la invasión de Rusia en Ucrania o los efectos del cambio climático, hacen que estar al tanto de las noticias sea exponerse a una realidad amarga y apocalíptica, en la que parece que nada va bien. Ante tanta acumulación de malas noticias, es probable que muchos ciudadanos del mundo prefieran no informarse a diario.

Cada vez más personas se alejan de la actualidad debido al estrés informativo

Y aunque los tiempos son muy distintos a hace dos siglos, hay un filósofo que ya predijo los efectos negativos de una sobreabundancia de información en la sociedad. Precisamente, fue un pensador que estaba interesado en otros temas más existenciales, como el alma humana o la angustia. El alemán Arthur Schopenhauer, a quien muchos estudiosos consideran el padre del pesimismo filosófico, fue uno de los primeros en advertir de las consecuencias de estar expuestos a un ruido informativo continuo.

Lo «nuevo» no siempre es cierto

«No se puede cometer mayor error que pensar que lo último que se ha escrito siempre es lo más correcto; que lo que se escribe más adelante es una mejora de lo escrito anteriormente y que todo cambio hacia delante significa progreso», escribía en su obra ‘Sobre escritura y estilo, publicada en España en 2002. Este fragmento, que a simple vista no parece hablar directamente del estrés informativo, es recuperado por el escritor y pensador norteamericano Eric Wiener, en un reciente artículo de ‘Médium en el que argumenta cómo más de un siglo antes de la invención de Internet, Schopenhauer ya hablaba de los peligros conceder demasiada importancia y relevancia a la literatura periodística, es decir, a estar al tanto de la actualidad, a «lo nuevo». 

«Cada época tiene su propio Internet. En tiempos de Schopenhauer, era la Enciclopedia»

«Como los lectores hambrientos de Schopenhauer», esgrime Wiener, «confundimos lo nuevo con lo bueno, lo novedoso con lo valioso. Los humanos no somos máquinas de procesamiento de información, como tampoco de caza y recolección. Así como necesitamos tiempo para digerir nuestra presa o nuestra ensalada de col rizada, también necesitamos tiempo para dar sentido a la información que hemos consumido. La información no digerida es peor que la falta de información y un exceso de datos es más peligroso que una ausencia de ellos».

Estatua del filósofo Arthur Schopenhauer del artista Friedrich Schierholz en Frankfurt (Fuente: iStock)

El ‘best-seller’ norteamericano asocia el comentario de Schopenhauer a la falta de atención que produce el estrés informativo como causa directa. A raíz de consumir cantidades ingentes de información a diario, nos hemos vuelto cada vez más adictos a la nueva última hora sin tener tiempo para contrastar, investigar o corroborar si lo que leímos anteriormente era cierto. Y, por otro lado, eso hace que disfrutemos cada vez menos de la lectura pausada y la concentración atenta, pues cualquier tarea que implique un esfuerzo intelectual o cognitivo se hace muy compleja al vernos sometidos a un bombardeo continuo, ya no solo de noticias u opiniones sobre estas mismas noticias, sino de notificaciones sobre cualquier otro asunto, sea del tiempo meteorológico o de nuestros contactos sociales.

«El exceso de datos actúa como una niebla espesa que nubla nuestra visión», remarca Wiener. «Internet ha puesto al descubierto este problema fundamental, que no es nada nuevo. Cada época tiene su propio Internet, sus propias distracciones. En tiempos de Schopenhauer, era la Enciclopedia, publicada por primera vez en Francia durante el siglo XVIII. ¿Para qué pensar en un problema cuando la solución está disponible en un libro?» Esto podría aplicarse a la tarea de forjarse una opinión sobre cualquier asunto mínimamente polémico que sacude nuestra actualidad diaria. Muchos cometerán el pecado de acudir a sus líderes de opinión favoritos o en los que más confían, esperando que les den la razón a su versión de los hechos que ya está sesgada. Es por ello que el consumidor (y prosumidor) de redes sociales acaba delimitando aún más su campo de visión crítico: ve y comprende la realidad científica, social o cultural a través de los ojos de otra persona que él considera confiable, sin preguntarse si tal vez los argumentos que toma prestados están equivocados. 

«La información es meramente un medio hacia la comprensión y posee poco o ningún valor en sí misma'», escribió el pensador alemán 

A este respecto, Schopenhauer tiene una frase en la que deja bastante claro su postura: «Es cien veces más valioso si has llegado a la conclusión pensándola tú mismo». Y, del mismo modo, alentaba a la lectura «solo cuando tus propios pensamientos se sequen». Si sustituimos hacer ‘click’ o ‘scroll’ por «leer», quedaría aplicado a la realidad de hoy en día. «Confundimos datos con información, información con conocimiento y conocimiento con sabiduría», concluye Weiner. «‘No se les ocurrió’, escribió Schopenhauer, ‘que la información es meramente un medio hacia la comprensión y posee poco o ningún valor en sí misma'»

«Inundados por las voces de los demás, somos incapaces de escuchar la nuestra propia», concluye el escritor. La forma en la que consumimos información también puede ser muy peligrosa, puesto que cuando antes dedicábamos solo un momento concreto del día para informarnos (generalmente en la hora de la comida con el telediario), mientras que ahora lo hacemos permanentemente al vivir pegados a nuestro ‘smartphone’. De ahí que algunas autoras como Karla Starr hablen de un supuesto «derecho a la ignorancia» que esgrimir para reducir ese estrés informativo y poder esgrimir sin pudor ni vergüenza que no quieres opinar sobre la última noticia del momento. En su lugar, lo que haría Schopenhauer sería más bien sentarse a pensar sobre ella. Podemos deducir que, debido a su carácter pesimista, también utilizaría ese derecho a la ignorancia, puesto que ante tal maraña de informaciones, resulta muy difícil separar lo verdadero de lo falso. Esta, precisamente, es la tarea a la que se encomienda el buen periodismo hoy en día.

Imagen de portada:Arthur, fotografiado en 1859 por J. Schäfer (Fuente: Wikimedia).

FUENTE RESPONSABLE: Alma, Corazón y Vida. Por Enrique Zamorano. 12 de julio 2022.

Sociedad y Cultura/Filosofía/Fake news/Estrés/Pandemia/Cambio Climático/Ucrania.

 

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