El Freud argentino de la música.

Un recorrido psicoanalítico por las canciones del Indio Solari.

La poesía del Indio es un planeta acerca de las pasiones de la subjetividad. La lírica en sus canciones transita entre lo que el Indio puede captar del Otro y de cómo se hace eco de esa voz.

 “Formidables guerreros en jeep

  los titanes del orden viril”

Nuestro amo juega al esclavo.

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Los redondos y sus letras forman una parte importante de mi vida. Me encontré con ellos en la adolescencia, en el mismo momento en que leía La interpretación de los sueños de Freud. En este ensayo preferí no volcarme a los libros biográficos de la banda ni de especialistas, solo voy a recurrir a una pequeña entrevista radial, ya que aposté a abordar este escrito a partir de mi interpretación personal que en definitiva no busca la verdad última.                                                           

Los redondos y lo que representa la figura de su líder, el Indio Solari, como fenómenos lo podemos entender dentro de una filiación transgeneracional: va de padres –y sus sustitutos– a hijos, es decir, que se transmite de generación en generación. Es por ello que en los recitales del Indio, como así también, de los últimos que dieron los redondos, vimos a gente muy joven, esos chicos recibieron esa herencia de un mayor y por eso estaban ahí. Ellos escucharon hablar de la Misa Ricotera, y querían celebrar la aparición de su Mesías. Y es por eso que también rompen lo generacional ya que en su misa están todos hermanados en una fraternidad musical.

A nivel político generan un efecto sorprendente a pesar de la conocida inclinación política de Solari que, sin embargo, logra burlar la grieta. ¿Quién no se maravilló ante la frase «el lujo es vulgaridad»? ¿Quién no gritó y cantó «no lo soñé»?

El Indio Solari es un tejedor de metáforas que no teme hacerle trampas al lenguaje, hay que poseer una agudeza y que la misma sea sancionada por el Otro, que en definitiva es el destinatario, tal como sucede en el chiste según Freud. Los cientos de grafitis con frases ricoteras del Indio dan cuenta de una amplia sanción confirmatoria de la agudeza del poeta.

Es tan simple así no podés elegir

En entrevista radial con Mario Pergolini le contaba cómo entiende la composición lírica de sus canciones: «La gente cree que la lírica tiene que ser filosófica o reflexiva y en realidad es un pensamiento rítmico. Y debe ser tomado oracular mente… trabajar de esa manera resuena en la gente». Lo cual me recuerda a una entrevista al psicoanalista Jacques Lacan, realizada por Paolo Caruso en 1969, en donde plantea: “Saber esto, saber leer un texto y comprender lo que quiere decir, darse cuenta de qué ‘modo’ está escrito (en sentido musical), en qué registro, implica muchas otras cosas, y sobre todo, penetrar en la lógica interna del texto en cuestión”. Uno de los propósitos de este ensayo es penetrar en la lógica interna de sus canciones.

Pero retomemos la entrevista a Solari. Podría hacer una equivalencia con las interpretaciones en un tratamiento analítico, ya que las mismas no consisten en decir cosas ingeniosas, sino saber captar el pensamiento rítmico de un paciente. Que sea oracular es cómo funcionan algunas interpretaciones en un análisis: es decir, como un enigma que queda resonando en el sujeto ya que tiene que ver con él aunque no sepa muy bien cómo.

No se entiende el menú, pero la salsa abunda

De ahí que nos podamos preguntar ¿de qué hablan las canciones de los redondos que resuenan en la gente? 

Y con esto quiero volver al punto anterior, cuando hablé de la composición poética, ya que mucho se plantea acerca del misterio que encierran sus letras. Considero que la lírica en sus canciones transita entre lo que el Indio puede captar del Otro (social y del lenguaje), y de cómo se hace eco de esa voz, expresada mediante versos, como lo canta en “Vencedores vencidos”: “Me voy corriendo a ver qué / escribe en mi pared / la tribu de mi calle…/ la banda de mi calle… / ¡la tribu de mi calle!”.

Ahora bien, ¿qué tópicos abordan sus canciones? Las letras hablan de las tramas fundamentales de la humanidad: el amor, el trabajo, el tiempo, la muerte, el dolor, del narcisismo y, por sobre todo, de su caída. Como así también hablan del deseo, de la violencia, de las traiciones. En definitiva, la poesía del Indio es un planeta acerca de las pasiones de la subjetividad, en las cuales hay mucha sopa. Ahora les propongo sorber en ellas.

¡Es hora de levantarse querido! ¿Dormiste bien?

Sin embargo, una de las tramas más importantes que canta el Indio Solari y que muerde el nervio del alma humana son los temas relativos al sueño y a las fallas del mismo. 

Es por eso que el Indio Solari es nuestro Freud argentino de la música, ya que a partir de hablar de los sueños y de lo que los mismos provocan consiguió sus primeros éxitos: recordemos que en el primer disco de los Redondos llamado “Gulp”, su canción más difundida fue La bestia pop que en su letra expresa: “Mi héroe es la gran bestia pop / que enciende en sueños la vigilia / que antes que cuente diez / dormirá”. Si nos detenemos en la letra del pogo más grande del mundo –que propongo leerla de una forma no literal: ya que entona “No lo soñe”– habla de esas imágenes –material fundamental en la producción de los sueños– que pueden volverse siniestras como lo son las pesadillas nocturnas. Al comienzo de su letra nos dice “En este film velado en blanca noche”, y ¿qué es el sueño sino un film velado?

El Indio logró que podamos gritar y cantarle a los sueños y sus fallas –las pesadillas– a aquellas imágenes siniestras, al momento en el que el sueño se presenta en su carácter más traumático para un sujeto. Y este aspecto que remarco tiene mucho que ver con la terapéutica del psicoanálisis, ya que tanto para Freud, como Lacan, el sueño en su aspecto más real tiene como función principal la de despertar. Es decir que, contrario al sentido común, en el cual pensamos que la vigilia es la “realidad”, el psicoanálisis plantea que es en los sueños donde encontramos –y en forma más descarnada en las pesadillas– lo real del deseo, por eso generan angustia por lo que presentifica.

Precisamente “despertamos”, en las pesadillas, cuando nos acercamos a ese real del deseo que es lo que nos genera angustia. En definitiva “despertamos” para seguir durmiendo con los ojos abiertos en la vigilia. Mientras que, muy por el contrario, un psicoanalista apunta a otro despertar de ese sujeto que se la pasa durmiendo con respecto a su deseo cuando está en vigilia. 

El despertar en un análisis es en función del deseo. Parafraseando una canción de los redondos, podría formular que la labor de un analista apunta a: “¡Es hora de levantarse querido! ¿dormiste bien?”.

El tic no alcanza a tac

Me gustaría pasar ahora a otro punto fundamental y es la cuestión del tiempo. Para el psicoanálisis, el mismo no sigue la lógica del reloj, es decir, no es el tiempo cronológico sino que toma otros carriles. De ahí que Lacan pueda formular que la “represión viene del futuro” no del pasado. Por eso el Indio, que también es lacaniano en sus composiciones, pudo cantar El futuro llegó hace rato. Justamente para plantear que el futuro es bien cercano a nosotros y no tiene que ver con las ilusiones y espejismos que constantemente nos formulamos sobre lo que vendrá.

Por otro lado, el tiempo también aparece en las letras de los redondos con una coloración afectiva, se presenta teñido de manera vertiginosa o maníaca, como así también de modo triste y melancólico. En “Ya nadie va a escuchar tu remera” habla del tiempo vertiginoso: «esto es efímero… el tic no alcanza a tac», expresa. Como así también nos canta del tiempo que se hace lento y largo. Hablo del tema “Espejismos” que indica: «la tierra gira hoy menos veloz…» y si prestamos atención a toda la melodía que acompaña nos da esta sensación de lentitud, de pesadez.

Hay mucha chispa aún en tu cerebro loco

Ahora vayamos a otra temática muy importante, me refiero a ese lugar que en la segunda tópica Sigmund Freud denominó el Yo, sede del ego y del narcisismo.

La segunda tópica es una cartografía del psiquismo expuesta por Freud en 1923. La misma consiste en pensar el aparato psíquico a partir de tres instancias: Yo, Ello y Superyó. El Yo como lo referido a la conciencia y al narcisismo; el Ello donde se alojan las pulsiones y deseos inconscientes; el Superyó como una instancia moral paradojal. Una de las cuestiones más subversivas que presenta Freud es que el Yo es el principal vasallo, un simple esclavo en su propia casa, para decirlo bajo la lírica ricotera: “soñás la hoguera donde siempre sos la leña”.

En sus letras los redondos transmiten el desconocimiento que esta Instancia psíquica asume cuando se cree que es dueña y señora de sus acciones, cuando se cree que es el ombligo del mundo: “Venía rápido, muy rápido y se le soltó un patín a él, que era rey de esta jungla”. Las canciones ricoteras más bien nos exponen el estallido y la caída estrepitosa de los narcisismos inflados exponiendo su farsa.

En la canción Juguetes perdidos, introduce una pasión fundamental del Yo, con una perfecta y exquisita descripción: «cuanto más alto trepa el monito así es la vida el culo más se le ve». Esa imagen es maravillosa y sintetiza un punto trascendental de la vida: cuanto más arriba nos encontramos a nivel profesional, laboral, etc, más se acrecienta –por nuestros pares– a convertirnos en objeto de la crítica.

Por último, el Superyó como sede de lo moral paradojal, aquella instancia que martiriza la subjetividad mediante pensamientos que producen culpa y castigo, es decir pensamientos que se tornan una obligación bajo el yugo de la moralidad dictaminando un deber-ser. En clave de las letras ricoteras lo resumiría como: “Todo lo que está en mi nube es nada más que tu sermón fatal”.

Donde hay dolor, habrá canciones

Pasemos ahora a otro tópico que también es un contenido imprescindible para cualquier reflexión seria sobre el alma humana. Me refiero al dolor. En la lírica de Solari, lo encontramos metaforizado infinidad de veces. En este punto me pregunto, ¿hay alguna banda o solista de trayectoria que haya ‘trabajado’ tanto este particular asunto? Pero para no extenderme me voy a detener en apenas dos locuciones que se encuentran en sus temas. 

En “El infierno está encantador” dice la canción «¿puede alguien decirme: me voy a comer tu dolor». Y este aspecto es fundamental para la clínica que practica el psicoanálisis y cómo entiende los padecimientos subjetivos. Ya que si algo enseña el psicoanálisis sobre el dolor es que en ese lugar experimentamos nuestra posición paradojal con el placer, es decir que gozamos en el dolor: en términos ricoteros diríamos “Salando las heridas”. Lo cual conlleva a que sea imposible de empatizar, por más que el dolor sea similar de un sujeto a otro. El duelo, por ejemplo, es un dolor intransmisible. Nadie puede comer el dolor del otro, es un imposible de empatizar. Sin embargo, esto no implica que la tarea de un psicoanalista sea desatenderlo, muy por el contrario. Su abordaje se realiza desde lo más singular del sujeto doloso. En ese sentido la clínica del psicoanálisis es una terapéutica que no es como las demás, analizarse es contrario a la maquinaria capitalista, para la cual todos los sujetos son iguales, meros consumidores de la producción en masa (Onambólicos asteroides).

Profundicemos este aspecto de la terapéutica analítica, valiéndonos una vez más de la poética de Solari. Y es que un tratamiento analítico no es sin angustia, es decir, atravesar la experiencia de un análisis implica una cuota de sufrimiento considerable, para abandonar precisamente una posición de goce. En definitiva, dicho en la lírica ricotera: “Cuando enfermas con tanta gana, cerras las filas del dolor”.

Vivir, solo cuesta vida

Ahora me interesa centrarme en las dos pulsiones fundamentales del alma humana, es decir la de vida y muerte, como las denominó Sigmund Freud. Una de las enseñanzas clave de esta conceptualización es comprender que siempre se presenta una con la otra, es lo que el creador del psicoanálisis denominó mezcla pulsional. Cuando creemos que realizamos cualquier “actividad humana” que es solo pulsión de vida, por abajo se cuela la de muerte.

Y para abordar tan trascendental aspecto me gustaría detenerme en una canción de la cual se hicieron miles de grafitis en paredes, lírica que habla de la muerte, pero de un modo muy indirecto, que en definitiva como en la poesía, es el modo más eficaz. En Ropa sucia encontramos una metáfora maravillosa: «vivir solo cuesta vida». En principio aparece como esas definiciones circulares, es como un pleonasmo. Vivir se paga con vida, solo cuesta vida. Pero esto que parece una pavada sin embargo encierra un conocimiento muy grande. ¿Con qué moneda se paga por el desgaste de la vida? Precisamente con vida. Conclusión: tenemos menos vida, es decir estamos más cerca de la muerte.

Demos una vuelta más sobre esta frase. Todo sujeto de algún modo “sabe” que vivir cuesta vida. Solo que lo reprime, sino ¿cómo sería posible que pasemos tanto tiempo frente a una pantalla perdiendo el tiempo en cuestiones inútiles e inservibles? Precisamente el neurótico necesita reprimir para no enfrentarse a ese punto angustiante: “La vida sin problema es matar el tiempo a lo bobo”. Y en este sentido un tratamiento analítico sirve para que los sujetos no malgasten su tiempo en sandeces de las cuales luego se quejan y se reprochan. Un psicoanálisis sirve para evitar esa represión y conectarlo con su deseo, el análisis conduce a los sujetos, como dice el Indio en otra canción, para ser el fuego y bailar en las llamas. Esa llama el psicoanálisis la nombra deseo. Para que las actividades de la vida no sean rutinarias y automáticas, precisamente hay que condimentarlas con la sal de la vida, que es lo que denominamos deseo. Vivir solo cuesta vida en tanto hay un deseo en juego en lo que vivimos, eso es otra manera de pensar qué quiere decir la frase de esta canción que resuena en un montón de sujetos.

Para estar en Dios hay que bailar de amor

Dejé para el final uno de los tópicos que también el Indio aborda en sus canciones y es la cuestión del amor. De ahí que nos podamos preguntar ¿si sometemos sus versos al filtro de la deconstrucción contemporánea, acaso su lírica envejeció bien? Resolvamoslo con sus canciones.

Es el Indio quien entona lo que hoy llamamos ghosting con esos versos que dicen: “No calentás la misma cama por dos noches / me reclamaba y no la quise oír”. Como así también construye estos que plantea: “Pero dos que se quieren, se dicen cualquier cosa”, ya que en el campo del amor, “el maldito amor que tanto miedo da”, precisamente un varón para ‘tomar coraje’ muchas veces recurre a sustancias: “sobrio no te puedo ni hablar / estoy perdido sin mi estupidez”. Y además, es el mismo que canta “si no hay amor / que no haya nada entonces”, planteando una visión del amor –al igual que en el psicoanálisis– que no es edulcorada, sino más bien que incluye sus componentes oscuros y dolorosos: “Quiero morder el tallo de su rosa, / aunque me clave sus uñas espinas”, como así también “Disculpa mis actos de hampón / Siempre hay quilombito en un cielo de dos”.

Si bien ni machirulo ni varón deconstruido quizás sean términos que excedan la edad de un setentón, ya que el frontman de los Redondos no deja de ser un varón de otra época, pero, sin embargo, se supo situar en el campo del amor de un modo diferente al convencional o a lo que se esperaba de él como varón. En ese sentido se puede entender el nombre de la canción “Yo no me caí del cielo”, es decir a esta expresión me gusta pensarla como que el Indio es hijo de una época, de un tiempo en el cual no se las trataba muy bien a las mujeres en el campo amoroso y por eso mismo le canta a una a la cual le dice “Nena, no quiero perderte” y más adelante “hay mucho vino malicioso / y poco vino del mejor”. Como así también en “La hija del fletero”, cuando canta “siempre fui menos que mi reputación”. Sí, al fin al cabo ¿qué hombre no es menos que la reputación que se hacen de él?

“Empiezo por el final / Terminaré en el principio” habla del planeta de tópicos que la lírica del Indio aborda en sus canciones, con lo cual resulta difícil concentrar en uno a un artista que se convirtió en autor por la importancia de su obra, pero hay un fantasma de juventud que atraviesa sus composiciones y es el amor ligado a su posición viril. Entonces, teniendo en cuenta la pregunta que hice al inicio de este apartado, ¿no fue acaso el amor un modo de salirse de la masculinidad hegemónica? ¿Quién es el Indio Solari, sino aquel compositor que nos vino a cantar con el rostro gustoso, sin máscaras que tape el mohín de tu desdén, con los puños en alto deseando al final, hacer la revolución con una canción de amor?.

Imagen de portada: Gentileza de Federico Matías Barreña

FUENTE RESPONSABLE: Página 12. Por Gabriel Artaza Saade*Gabriel Artaza Saade es psicoanalista y escritor. . 21 de julio 2022.

Sociedad y Cultura/Argentina/Música/Psicología/El indio Solari y los redondos.

 

 

 

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