Dos ángeles, un panteón «milagroso», muertos ilustres y masones: una noche en el Cementerio.

Misteriosa Santa Fe

Se trata de un paseo guiado nocturno para conocer el arte funerario en la Necrópolis municipal, los mausoleos que guardan los secretos de las personas que forjaron el destino de la ciudad y otras historias «fantasmales». Crónica de un paseo nocturno por el descanso de los muertos.

Todo ocurría en el portón de entrada al Cementerio Municipal, con el sol del día muriendo y dejando paso a la noche. «¿Por qué están tan atrás? ¿Tienen un poco de miedo, eh?», rompe el hielo Lorena, una de las guías. 

Se habían amontonado unas 150 personas, pibes y pibas, familias con el mate en mano y claro: una linterna obligatoria. Los reflectores disparaban en formas circulares luces verdes y rosadas, dando una tonalidad espectral al convite: iniciaba el Paseo del Cementerio.

¿Qué era todo aquello? Es uno de los recorridos fijos del Programa «Mi Ciudad como Turista». Y la visita a la Necrópolis local es uno de los más concurridos -junto con el Paseo de la Manzana Jesuítica-, quizás por la curiosidad que despierta en la gente conocer historias curiosas, incluso sobrenaturales, y que las hay, sí que las hay.

En el Paseo los guías narran sobre la ornamentación funeraria y sus orígenes, la «senda VIP» -o calle principal- donde están los mausoleos de las grandes personalidades locales; cuentan cómo eran las «disputas» de las familias pudientes de otrora por tener los mausoleos más ostentosos, en una especie de competencia; la masonería de muchos hombres influyentes en la vida política santafesina; el oratorio restaurado y el misterio del Panteón «milagroso»: el del Dr. Rafael Mansilla.

La estatua y el milagro

La noche ya teñía de oscuridad el paseo por los muertos. Por el ala derecha del Cementerio aparece una estatua, que se conoce como «la olvidada». Son dos ángeles -o seres celestiales- en mármol blanco de carrara, con las alas desplegadas, uno de los cuales porta una cruz. Están mirando hacia arriba y representan el camino hacia el cielo y la vida eterna.

La estatua olvidada, con sus dos seres celestiales: una muestra del arte funerario de la Necrópolis local.


«Cuenta la historia que esta estatua fue mandada a hacerse a Italia por un hombre muy adinerado; pero cuando llegó a este señor no le gustó, porque estaba hecha en dos partes. Quiso devolverla, pero por esas idas y vueltas del destino terminó finalmente aquí. Es una de las obras centrales del arte funerario del Cementerio», dice Lorenzo, el otro guía. La gente se atropellaba para ver y tomar fotos con sus celulares.

Luego, en peregrina marcha, los asistentes van hacia uno de los panteones «vedette» de la Necrópolis. Es de noche y en ese sector está todo oscuro; las linternas se encienden. La gente cuchichea, en tono de confidencia: el punto de llegada es el llamado «panteón milagroso».

Al llegar se ven miles de placas colocadas en las paredes del santuario, todas de agradecimiento a la memoria del Dr. Rafael Mansilla. Hay ofrendas (incluso alguien le dejó su título de agente del servicio penitenciario), y comida. A los costados, la cera de velas negras y rojas: hay gente que va a practicar allí el ritual de San La Muerte: incluso hay estatuillas, estampitas, candelabros.

El panteón «milagroso» de Rafael Mansilla, uno de los lugares más visitados.


Rafael Mansilla tiene su propia entrada en Wikipedia. Allí se habla de leyenda y de «misticismo» sobre la figura del médico. 

¿A qué se debe esta devoción popular? «Se dice que una mujer, que tenía un problema de salud (probablemente), vino a este panteón, hizo un lamento, y escuchó un ruido desde adentro del santuario. La mujer se calmó. Esto corrió de boca en boca, y se fue generando como un ritual popular de tintes milagrosos en torno a la figura de Mansilla», cuenta Lorenzo a El Litoral.

Muertos célebres

Por ahí nomás, cerquita, está el enorme mausoleo de Don Ángel Cassanello, un inmigrante genovés que se volvió uno de los hombres más influyentes de Santa Fe. Empresario muy ligado al Puerto local y a la actividad fluvial, fue concejal y hasta intendente interino de la ciudad.

El fastuoso mausoleo de la familia Pinasco, con sus dos hipogrifos protectores, merece ser conocido.


«Y además se dice que fue masón -apunta Lorenzo-. Vean lo enorme que es el mausoleo de la familia Cassanello. Ocurre que antes, las familias pudientes ‘competían’ por tener la morada final más grande y portentosa. Hoy, los hábitos han cambiado, y mucha gente deja establecido que desea ser cremada tras su muerte», muestra el joven los contrastes en las costumbres mortuorias de la época.

La tumba de Nicasio Oroño -destacado jurista, quien fue gobernador de Santa Fe en 1864- es soberbia. Allí aparece el símbolo de la masonería y una dedicatoria. «La Logia Armonía Nº 99 de la ciudad de Santa Fe y el Capítulo Nicasio Oroño Nº 41 rinden homenaje al querido hermano (…) en su paso al Oriente Eterno», sentencia la placa.

Calle principal

Los mausoleos de las familias Leiva, Racine, Candioti, Lupotti-Franchino. Gálvez ocupan la calle principal del Cementerio. También está el del Ing. Marcial Candioti, el gran impulsor del mayor símbolo santafesino: el Puente Colgante. «Todas eran familias muy importantes para la ciudad», dice Lorena, la guía. Y cuenta curioso el caso de un integrante de la familia Leiva.

«Este señor pidió un préstamo para comprar una fastuosa casa. Pero no pagaba las cuotas al banco. Y era un gran jugador de póquer. Entonces, le propone a sus amigos hacer una partida, con la condición de que si él ganaba se quedaría con la casa que quería, pagándole al banco. En esa noche, a medida que se jugaba, esa casa pasó a manos de distintos dueños… Pero termina ganándola este señor Leiva», narra la guía. Era el inmueble que hoy se llama la Casa de los Gobernadores, nada menos.

En una callecita transversal está la tumba de Juan Cingolani, el gran pintor. «Fue como el Messi de las artes plásticas de su época. Un groso total», bromea Lorenzo en palabras coloquiales. Representó a los Papas Pío XI y León XIII, y en su lecho hay una lápida del Vaticano: incluso restauró una parte de la Capilla Sixtina.

Los hipogrifos protectores

El oratorio está bellamente remozado; los reflectores lo tiñen con sus luces y le dan una tonalidad íntimamente religiosa. Pero a la izquierda, hay una joya del arte funerario: es el mausoleo de la familia de Benito Pinasco, que fue intendente de la ciudad (ocupó el cargo entre 1891 y 1893).

Otro de las muestras de la bella ornamentación funeraria que puede conocerse en el Cementerio Municipal.  Fotos: MCSF

Otro de las muestras de la bella ornamentación funeraria que puede conocerse en el Cementerio Municipal. Fotos: MCSF


El santuario se compró íntegramente en Italia, y el detallismo escultórico de los rostros, los bustos, de los pliegues en cada forma sorprenden. En lo alto de ese gran santuario, hay figuras celestiales; y sobre sus columnas dos hipogrifos, que son seres mitológicos protectores de las almas que descansan en el mausoleo.

Más allá están las tumbas del ex intendente Enrique Muttis, cuya mayor virtud fue la honestidad; la de Adriana Camelli, una exitosa nadadora ciertamente olvidada por la memoria popular; y la del «Tiburón del Quillá», Pedro Antonio Candioti: «Su proeza: llegó a nadar en aguas abiertas 100 horas y 44 minutos ininterrumpidas. Son más de cuatro días nadando. Unió San Javier con Santa Fe. Y no era un muchacho de 20; tenía 47 años», resalta Lorenzo.

«Che, yo me pegué un susto que ni te cuento», le dice un joven a otro, a la salida del Paseo. La travesía nocturna había terminado, y la gente se retiraba comentando lo vivido, mientras las linternas se guardaban. El miedo a los muertos es una sugestión; lo interesante es redescubrir el Cementerio como un lugar lleno de historias, leyendas y secretos.

Crecimiento y continuidad

«Mi Ciudad como Turista está llegando ya a las 8 mil personas que visitaron alguno de los paseos ofrecidos. Por la convocatoria de la gente, vamos a darle continuidad. En las vacaciones de invierno la agenda va a ser muy nutrida», le dice a El Litoral Franco Arone, director de Turismo de la Municipalidad. Luego de tantos meses de encierro la gente sale, ahora con una nueva intención: reencontrarse con lugares que les son propios.

«Creo que esta experiencia es como la mitad del vaso medio lleno de la pandemia. Los santafesinos empezamos a pensar en los espacios propios de esta capital, que los transitamos en la cotidianeidad. La gente se anima a ver la ciudad con ojos de turista, y también favorece mucho el turismo de cercanía, a juzgar por la gran cantidad de visitantes de localidades cercanas y de otras provincias», subraya el director.

Imagen de portada:El oratorio, al final de la calle principal. Las luces verdes y rosadas le dan un tono espectral -acaso mágico- al paseo nocturno.

FUENTE RESPONSABLE: El Litoral. Santa Fe. Argentina. Por Luciano Andreychuk

Sociedad y Cultura/Provincia de Santa Fe/Argentina/Paseo nocturno/Curiosidades

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