“No quería sacar fotos aisladas sino contar historias”

Astor Piazzolla, Jorge Luis Borges, Atahualpa Yupanqui, Victoria Ocampo y Mercedes Sosa, entre otros exponentes de la cultura argentina, fueron retratados por la lente del fotógrafo Juan “Pupeto” Mastropasqua, que el pasado 17 de julio cumplió 88 años y 70 de trayectoria. Para celebrar la ocasión, el 9 de julio inauguró la muestra “Mercedes por Pupeto Mastropasqua”, en el Centro Cultural Borges, que reúne más de cincuenta fotografías de la cantante tucumana. En esta entrevista, un repaso por la extensa carrera del fotógrafo, en la que dio cuenta de los más grandes hitos y personajes del arte nacional.

Mercedes Sosa le dedicó una foto a Mastropasqua. Icónica tapa de disco a partir de una foto de Pupeto.

–Usted tomó la cámara por primera vez a los 18 años, pero fue también amante del arte. ¿Fue la fotografía su primer amor?

–Antes que a la fotografía, me dediqué a la pintura. Tenía un amigo que era muy buen fotógrafo y eso a mí me interesaba. Conseguí una cámara réflex 6×6, y así le di continuidad a mi interés por la iconografía y todo lo que tenía que ver con las imágenes. La fotografía para mí era una continuación de la pintura. Pero no quería sacar fotos aisladas sino contar historias.

–¿Cuál fue su primer trabajo?

–Mi primer trabajo fue un foto documental llamado “Puerto”, que tenía que ver con una de las zonas de Mar del Plata que tenía más actividad, acción y vida: la banquina de pescadores. En este trabajo pude contar en imágenes todo lo que me interesaba desde el punto de vista humano y estético de ese mundo.

Al poco tiempo, por el gran interés que tenía en seguir aprendiendo cosas de la fotografía, me metí en un estudio fotográfico y convencí al fotógrafo de que me enseñara el misterio de la técnica fotográfica, esa parte misteriosa de la química, de las revelaciones. Todo en aquellos años era muy manual, muy artesanal.

–Probablemente esa sea una de las cosas que más cambiaron a lo largo del tiempo. ¿Qué hay hoy de lo artificial detrás de una foto?

–Antes era todo un misterio. Para tener una foto había que pasar por el laboratorio a través de muchos pasos. Una vez terminado el rollo había que revelarlo, ciertos pasos que producen determinados efectos, el negativo que había que ampliar a través de distintos baños, iba apareciendo la imagen, luego el lavado… Esto hoy en día se ve como algo arqueológico. Y todos esos pasos hacían que la fotografía tuviera mayor valor que el que hoy le damos. Actualmente, con cualquier teléfono se puede sacar una foto, pero no se tiene el cuidado que había entonces. Lo virtual, lo digital y lo conceptual son enemigos de lo profundo. Es lo que hace que la imagen tenga un valor menor al que tenía y que haya perdido ese aura, como diría Walter Benjamin. Esa detención y esos distintos pasos hacían que todo fuera hecho con más cuidado.

–¿A dónde lo llevó la fotografía a lo largo de su carrera?

–Estuve en todos los campos de la fotografía pero principalmente trabajé como reportero gráfico de numerosos diarios y revistas. Siempre tuve el cuidado de que las imágenes que tomaba tuvieran que ver con momentos de la vida. Eso fue una enseñanza de la revista Siete Días. Allí comencé desde el número 0 y allí aprendí que la foto no podía ser un registro neutro sino un registro expresivo.

–Una tarea que conlleva una gran responsabilidad…

–Sí, es una de las funciones que tiene la fotografía desde su origen ya que se trata de un documento de la realidad sin el cual no podríamos conservar ciertas cosas. Lo que más me interesaba era preservar las imágenes de los grandes creadores. Tuve la oportunidad y la suerte de tener como maestro de pintura al gran Juan Carlos Castagnino, desde mis inicios a los 17 años y durante dos décadas. Primero empecé pintando y después a registrar fotográficamente.

–¿Qué significó Castagnino en su vida y en su obra?

–En el museo de Mar del Plata hay imágenes de Castagnino pintando en su taller y en su ámbito. Lo que yo quería lograr allí era tomarlo trabajando en lo que era su paisaje. Los paisajes que yo quería registrar eran eso: él y su campo, él y su entorno. Con ninguno lo hice como él. En una fiesta criolla en Balcarce él tomaba apuntes de las caras de los trabajadores. Era un hombre de profundas ideas comunistas pero nunca nos habló de política.

Pupeto Mastropasqua y Juan Carlos Castagnino en plena sesión.

–También retrató a otro célebre marplatense, Astor Piazzolla.

–Sí, con Piazzolla éramos como familia. Fui siguiendo su obra durante no menos de treinta años.

–Y acompañó muy de cerca la trayectoria del Indio Solari.

–Sí, con el Indio Solari se unió mi actividad como productor de espectáculos y mi pasión por los Redonditos de Ricota. Con ellos se conformó una gran amistad. Cada vez que los traía a Mar del Plata se armaban grandes asados. El Indio dice en su libro de memorias que en mi casa comió el mejor lemon pie, el que hace mi señora. Haber podido traer los primeros recitales del Indio a Mar del Plata fue una de las cosas más importantes de mi vida. Porque el Indio es una de las personalidades más extraordinarias que he conocido, y mirá que conocí varias importantes.

El «Indio» Solari

–Si tuviera que asociar la cultura argentina con un documento fotográfico, ¿cuáles cree que la representan?

–No se podría hacer con una sola persona. A pesar de no coincidir políticamente con sus ideas, he sido devoto de Jorge Luis Borges y con esa devoción le he tomado fotos. Tuve la oportunidad de estar muchas veces cerca de él, de haber hablado con él y haberle tomado fotos con gran admiración por su obra, admiración que trataba de trasladar a mis fotos. Para mí los Redonditos son tan importantes como Atahualpa. Solamente Cristina Fernández de Kirchner ha podido juntar a trescientas mil personas y cuando eso ocurre ya no hacen falta muchas explicaciones.

Borges inmortalizado en la lente de Mastropasqua.

–¿Qué artista le dio mucho trabajo a la hora de ser retratado?

–Atahualpa Yupanqui, porque no le gustaba que lo fotografiaran. Toda mi vida trabajé con la luz ambiente, de tal manera que nunca molestaba a los artistas. Así uno no traiciona ni distorsiona la realidad.

–Lo más importante es contar la realidad.

–Sí, parece algo muy simple, pero no lo es. Tiene que ver con la esencia y el origen de lo que se trata la fotografía como documento, como testimonio que nos ayuda a comprender el mundo. Estoy convencido de que desde que se inventó la fotografía hemos aprendido a comprender mejor el mundo.

–¿Qué función social cumple la fotografía?

–Una de las funciones más importantes de la fotografía es la del reportero gráfico. Tanto el fotógrafo de guerra como el que documenta una jugada genial en un partido de fútbol o el que registra grandes artistas pintando, tocando, cantando. Por ejemplo, estamos tratando de preservar a través de la fotografía toda una carrera, la de Susana Rinaldi, a quien conozco desde sus comienzos hace más de cincuenta años. Lo que ustedes tratan de hacer a través del periodismo, yo trato de hacerlo a través de la imagen. Los documentos fotográficos contribuyen a preservar la memoria, como cualquier testimonio. Lo que unos hacen a través de la palabra los fotógrafos lo hacemos con imágenes.

Pupeto siguió la carrera de Susana Rinaldi.

–Habla de sus fotografías como documentos…

–Y es así. Las fotos son documentos. En un gran libro sobre Piazzolla, con prólogo de Víctor Hugo Morales y María Seoane, las fotos eran mías. El libro se llamó Momentos, y siento que ese título tiene que ver con los textos, pero más que nada con la fotografía, porque de eso se trata, de registrar momentos.

El gran Astor Piazzolla.

–Usted hace referencia a artistas interpretando música, pintando. ¿Qué diferencia hay entre una foto del artista haciendo arte y otra posando?

–Esta pregunta es muy profunda y tiene que ver con la esencia de la fotografía. Para mí lo posado es lo ajeno de la vida, de hecho en rarísimas ocasiones he tomado fotos posadas. Por ejemplo, a Castagnino lo llevé hasta el mar y le dije “usted pinte, yo lo fotografío”. Él se puso a pintar a un pescador junto al mar y unas rocas. La foto de Castagnino pintando junto al mar se transformó en icónica, fue absolutamente natural. No era una gran foto pero era la foto de un pintor ante la naturaleza, en su paisaje y en acción.

Antonio Berni.

Joan Manuel Serrat.

León Gieco.

–¿Algún fotógrafo que admire?

–Cartier-Bresson, el fotógrafo francés, fue un ejemplo para mí. Lo que él hace es principalmente retratos no posados. Uno famosísimo es el del escultor Alberto Giacometti un día de lluvia con un impermeable saltando un charco en una calle de París. Es todo lo contrario a lo que uno se imaginaría de una foto de un escultor.

–Sus documentos registran la vida viva.

–Siempre intenté eso, momentos de la vida. Como ocurre con algunas de las fotos de los Redonditos, que fue un caso único, por mi amistad y conocimiento. Una vez estuve en los camarines esperando cuando terminaban un recital, y venían eufóricos. Tengo una foto del grupo, por así decir, “desarmado” al término de un recital. Son fotos de la vida.

–¿Cómo se relacionan la fotografía y el cine?

–La fotografía y el cine pueden ser expresiones estéticas o artísticas. La fotografía no corresponde a la palabra artística. La fotografía es la verdad y el cine la verdad 24 veces por segundo. Cuando ves que refleja la verdad y el registro es cercano a la realidad, es emotivo.

–Como la obra documental de un cineasta también marplatense, Tristán Bauer.

–A Tristán lo conozco desde que nació, yo era amigo de sus padres y he seguido su obra desde los primeros documentales hasta el gran documental que hizo sobre Cortázar. Toda su obra es el caso de alguien que se dedicó al cine en el campo del documental. Tiene un documental sobre la reunión que se hizo en Mar del Plata contra el Alca que nunca se ha proyectado y que estoy tratando de que pueda verse.

–Ya se ha referido a la fotografía en la actualidad. ¿Cómo ve el arte contemporáneo?

–Especialmente en las artes visuales, es un momento de gran confusión. Lo grave que está ocurriendo es producto de la deformación que produce el peor capitalismo, que es el que estamos viviendo: el peor momento del capitalismo, con este liberalismo que utiliza la confusión como un arma y establece falsos valores. Meter a un tiburón dentro de una pecera con un líquido que lo preserve y decir que eso es una obra de arte es bastante ajeno a los valores humanísticos que tuvimos hasta mediados del siglo XX, y también a la realidad. Jorge Romero Brest decía que si la cultura no servía para mejorar la calidad de vida de la gente tenía poco sentido. Una frase que complementa a esta es que hay que estetizar la vida de la gente, rodear de belleza la vida. Ese es un sentido social, profundo, y que es un poco la batalla cultural que no estamos ganando en este momento.

–¿Podría ser un significado de la palabra “política”?

–Sí, creo que es exactamente así. La política busca hacer que la vida de la gente esté rodeada de belleza. Ya se sabe que hay cosas primordiales, como alimentarse lo necesario para desarrollarse, pero ese desarrollo hay que rodearlo de elementos que tienen que ver con lo propio, con la belleza y con la cultura de valores. Un error es que nuestro país ha estado gran cantidad de tiempo con la mirada en la cultura europea y estadounidense en lugar de afirmar los valores propios, la identidad nacional.

–Hace poco en una entrevista dijo que se siente como aquel chico de 17 años…

–De la cabeza, sí. Pero del cuerpo no puedo afirmarlo. Cuando levantás el capot te das cuenta de que no tanto. Sí, he tenido mucho pasado y tengo mucho presente.

Imagen de portada:  Juan “Pupeto” Mastropasqua

FUENTE RESPONSABLE: Caras y Caretas. Por Theo Helman. 25 de julio 2022

Sociedad y Cultura/Fotografía/Cultura

 

 

 

 

 

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