Cae impenitente una lluvia de palos una virgen se lamenta, un poema de Luisa Castro.

Se hizo con el Premio Hiperión con apenas 20 años gracias a su poemario Los versos del eunuco (1986); cuatro años después, fue finalista del Herralde con su primera novela, El somier. Desde entonces, ha sostenido una trayectoria literaria a medio camino entre la poesía, la narrativa y su labor como directora del Instituto Cervantes de Nápoles. A continuación reproduzco Cae impenitente una lluvia de palos una virgen se lamenta, un poema de Luisa Castro.

Cae impenitente una lluvia de palos una virgen se lamenta, de Luisa Castro

De noche cuando el eunuco

duerme

soñando con mi tercera muerte y mi corazón

divide el oro de la sangre

un pequeño temblor me habita por la boca.

Pulsar útiles arpas

entonces,

templar cálido hierro, cerrar

sobre algún sexo las manos aún gritando

sólo puedo morir, sólo puedo morir,

quizás signifique

estar cerca

de mi soledad con un nudo.

Quizás signifique verter fotografías en una zona

a menudo extranjera

golpeando una arena cimentada.

Pero cuando duerme o se empeña en la venta de

mis bienes,

en mi rostro sobre el palo, sólo queda

morir, sólo

queda morir, lo doloroso

es la mañana con himno y camareras,

lo doloroso

es mi cuerpo con andamiaje de ola como edificio

de

aire.

A las cinco se llena de mujeres como

un parque.

A las seis un viento que oscurece

lo recorre como un

sable.

Imagen de portada: Luisa Castro

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 9 de agosto 2022

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

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