5 poemas de Seamus Heaney.

Premio Nobel de Literatura en 1995. Es considerado como uno de los grandes poetas irlandeses de todos los tiempos. Te ofrecemos 5 poemas de Seamus Heaney.

Día de boda

Tengo miedo.

El sonido se ha parado en el día

y las imágenes se repiten

sin cesar. ¿Por qué esas lágrimas,

el pesar salvaje en su rostro

fuera del taxi? Crece

el jugo del lamento

en nuestros invitados que saludan.

Tras la gran tarta estás cantando

como una novia abandonada

que persiste, demente,

y que atraviesa el ritual.

Cuando fui a los lavabos

había un corazón con una flecha

y palabras de amor. Deja que duerma

recostado en tu pecho, camino al aeropuerto.

El recado

«¡Va, vete ya! Hijo, corre como el diablo

y dile a tu madre que intente

encontrarme una burbuja para el nivel del espíritu

y un nuevo nudo para esta corbata».

Pero aún así estaba contento, lo sé, cuando planté cara,

responsabilizándolo a él

con una sonrisa que superaba su sonrisa y su encargo de bufón,

esperando el siguiente movimiento en el juego.

Muerte de un naturalista

Durante todo el año el dique de lino supuraba

en el corazón del pueblo; verde y de cabeza pesada

el lino se pudría allí, aplastado por enormes terruños.

A diario chorreaba bajo un sol de justicia.

Burbujas gorgojeaban con delicadeza, moscardones

tejían una fuerte gasa de sonido en tomo al olor.

Había también libélulas, mariposas con lunares,

pero lo mejor de todo era esa baba caliente y espesa

de huevos de rana que, a la sombra de las orillas,

crecía como agua coagulada. Aquí, cada primavera

yo llenaría los tarros de mermelada con gelatinosas

motas para poner en fila en el alféizar de la casa,

y en el colegio, sobre estantes, y esperaría y miraría

hasta que los puntos engordasen estallando en ágiles

renacuajos nadadores. La Señora Walls nos contaría cómo

a la rana padre se le llamaba rana toro

y cómo croaba y cómo la mamá rana

depositaba centenares de pequeños huevos y eso eran

babas de rana. También se podía predecir el tiempo por las ranas

pues eran amarillas al sol y marrones

bajo la lluvia.

Entonces, un caluroso día cuando los campos apestaban

a boñiga de vaca sobre la hierba, las airadas ranas

invadieron el dique de lino; yo atravesaba los marjales

agachado y al son de un áspero croar que no había oído

antes. El aire se espesó con un coro de bajos.

Justo al pie del dique ranas de gordas barrigas sé mantenían alertas

sobre terruños; sus nucas sueltas latían como velas. Algunas saltaban:

el slap y plop eran amenazas obscenas. Algunas se sentaron

dispuestas como granadas de barro, con sus calvas cabezas pedorreando.

Me sentí enfermo, di la vuelta y corrí. Los grandes reyes babosos

se reunían allí para vengarse y supe

que si metía mi mano las babas la agarrarían.

Un sueño de celos

Caminando contigo y otra dama

por un parque boscoso, la susurrante hierba

corría sus dedos a través de nuestro silencio sospechoso

y los árboles se abrían hacia un sombreado

claro e inesperado donde nos sentamos.

Creo que el candor de la luz nos desalentó.

Hablamos sobre deseo y ser celoso,

nuestra conversación una simple bata suelta

o un mantel de pic-nic blanco desplegado

como un libro de modales en el desierto.

«Muéstrame,» dije a nuestra compañera, «lo que

tanto he deseado, tu estrella malva del pecho.»

Y ella consintió. Oh ni estos versos

ni mi prudencia, amor, pueden curar la herida de tus ojos.

Una llamada

«Espera,» dijo ella, «saldré simplemente e iré a por él.

El tiempo aquí es tan bueno, que aprovecha

para escardar Un poco.»

De modo que lo vi

apoyado sobre las manos y rodillas al lado del rastrillo,

tocando, inspeccionando, separando un

tallo del otro, estirando con suavidad

cada cosa no estrechada, frágil y sin hojas,

complacido de sentir cómo se abría cada raíz de malas hierbas,

pero también arrepentido…

Luego me encontré escuchando

al amplio y grave tic de los relojes de la entrada

donde el teléfono estaba desatendido en una calma

de espejo y péndulos iluminados por el sol…

y me encontré entonces pensando: si fuera hoy,

así es como la Muerte convocaría a Cualquiera.

A continuación él habló y casi le dije que le amaba.

Imagen de portada: Seamus Heaney

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 5 de enero 2018.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

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