5 poemas de Adrienne Rich

Adrienne Rich (Baltimore, 1929 – California, 2012) fue una de las poetas estadounidenses más influyentes del último siglo. Con una voz atrapante e inconfundible, logró introducir las discusiones sobre género, raza y clase en el discurso poético, y fue capaz de cuestionar los límites formales de la poesía al mismo tiempo que a la sociedad y a sí misma. En su obra se halla siempre la intención manifiesta de buscar la verdad; sus planteamientos acerca de la condición humana, el amor y la historia parten de la convicción de que solo a partir de la toma de conciencia es posible el cambio.

Con el objetivo de atravesar y reflejar la evolución de su poesía desde sus comienzos, próximos a la tradición, hasta que desarrolla un estilo más radical, tanto en la forma como en el contenido feminista y político, esta antología bilingüe presenta una selección de diez libros publicados entre 1951 y 1985, y también incluye un prólogo de la autora.

VII

De pronto ya no me parece

viable este mundo:

tú estás ahí fuera quemando las cosechas

con un nuevo sublimado

Esta mañana dejaste el lecho

que aún compartimos

y saliste a esparcir impotencia

por el mundo

Te odio.

Odio la máscara que llevas, tus ojos

que fingen una profundidad

que no poseen, que me arrastran

hasta el antro de tu cráneo

el paisaje de osamenta

odio tus palabras

me hacen pensar en falsos

bonos revolucionarios

crujiente imitación de pergaminos

en venta en los campos de batalla.

Anoche, en este cuarto, llorando

te pregunté: ¿Qué sientes tú?

¿Sientes algo?

Ahora, en la contorsión de tu cuerpo,

mientras defolias los campos que nos sustentaban

tengo tu respuesta.

III

Porque no somos jóvenes, las semanas han de bastar

por los años sin conocernos. Solo esta extraña curva

del tiempo me dice que no somos jóvenes.

¿Caminé por las calles en la mañana, a los veinte,

con mis miembros sobrecogidos por un más puro regocijo?

¿Me asomé desde una ventana en la ciudad

escuchando al futuro

como lo escucho aquí con nervios afinados para tu

llamada?

Y tú, te aproximas a mí con el mismo tempo.

Son eternos tus ojos, verde destello

de la hierba inocente del inicio del verano,

berro azul verde salvaje refrescado por la vertiente.

A los veinte, sí: pensábamos vivir para siempre.

A los cuarenta y cinco, quiero conocer hasta nuestros

límites.

Te acaricio sabiendo que no nacimos mañana,

y que de algún modo, cada una ayudará a la otra a vivir,

y en algún lugar, cada una debe ayudar a la otra a morir.

VIII

Me puedo recordar en Sunión hace años,

adolorida con un pie infectado, Filoctetes

con forma de mujer, cojeando por el largo sendero,

recostada sobre un promontorio junto al oscuro mar,

mirando hacia las rojas rocas donde una silenciosa onda

de blancor me reveló el romper de una ola,

imaginando la fuerza de aquella agua desde esa altura,

consciente de que el suicidio deliberado no era mi oficio,

pero en todo momento cuidando, midiendo esa herida.

Bueno, eso se acabó. La mujer que apreciaba

su sufrimiento ha muerto. Yo soy su descendiente.

Amo la piel cicatrizada que de ella heredé,

pero quiero continuar contigo desde aquí

luchando contra la tentación de hacer carrera del dolor.

XV

Si reposé contigo en aquella playa blanca, vacía,

agua verde pura entibiada por la corriente del Golfo,

y no pudimos permanecer recostadas en esa playa

porque el viento lanzaba arena fina contra nosotras

como si estuviera contra nosotras

si intentamos resistirlo y fracasamos—

si nos trasladamos a otro lugar

para dormir abrazadas

y las camas eran estrechas como catres de prisioneros,

y si estábamos cansadas y no dormimos juntas

y descubrimos esto, entonces esto es lo que hicimos—

¿fue nuestro el fracaso?

Si me aferro a las circunstancias podría sentirme

no responsable. Solo la que dice

que no eligió es la perdedora al final.

PODER

Vivir en los sedimentos de tierra de nuestra historia

Hoy un azadón reveló de un terrón de tierra desmoronada

una botella ámbar perfecta un remedio centenario

para la fiebre o la melancolía un tónico

para vivir en esta tierra en los inviernos de este clima

Hoy leía sobre Marie Curie:

debe haber sabido que enfermaba de irradiación

su cuerpo bombardeado durante años por el elemento

que ella había purificado

Al parecer negó hasta el final

la fuente de las cataratas en sus ojos

la piel quebrajada y supurante de la yema de sus dedos

hasta que no pudo asir una probeta o un lápiz

Murió como mujer famosa negando

sus heridas

negando que

sus heridas provenían de la misma fuente que su poder

—————————————

Autor: Adrienne Rich. Título: Antología poética. Editorial: Visor. Venta: Todostuslibros

Imagen: Portada de “Antología Poética 1951-1985”

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez Reverte. 24 de noviembre 2020

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/En memoria/Adrienne Rich

 

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