Claudia Cardinale: “no quería hacer cine porque pensaba que era fea”.

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Fue el mito erótico de varias generaciones. A los 84 años ya no tiene la piel de cuando protagonizaba las películas de Fellini, pero conserva la misma sonrisa. Hace unos meses fue trasladada a una residencia, pero cuando nos concedió esta entrevista todavía miraba el Sena desde la ventana de su casa de París. Con su voz seductora, nos cuenta los secretos de una vida de cine.

El agua me recuerda a Túnez, a mi niñez» dice la leyenda del cine mientras mira al Sena a través del enorme ventanal del balcón de su casa.

Claudia Cardinale se vuelve y enciende un cigarrillo largo. «¿Le molesta si fumo? La culpa es de Visconti. Cuando rodamos Sandra, él quería que yo fumara, nunca lo había hecho antes. Desde entonces no he parado».

De puertas abiertas. Claudia en un salón de su casa de París en Le Marais.

Claudia nació en Túnez hace 84 años. «Elegí París porque aquí se respeta mucho a los artistas. Mi corazón es africano, tengo la nacionalidad italiana, pero el francés es mi lengua materna». En el salón, los recuerdos decoran los amplios espacios: los premios conviven con fotografías de sus hijos. Hay fotos con Mastroianni –ambos, jovencísimos y bellísimos–, con Alain Delon, con el diseñador Giorgio Armani, del que ha sido su musa… En una de las mesas, algunas artesanías tunecinas dispuestas junto a pequeños y exquisitos iconos religiosos rusos, componen una suerte de altar sentimental. «Soy religiosa, cristiana, pero prefiero ir a la iglesia cuando no hay nadie». Habla sonriendo, a veces la risa se vuele carcajada, y su voz es grave, densa y acogedora, llena de erotismo y tabaco.

Mis comienzos, ‘La bella accidental’

Fue un comienzo increíble, pero fue un accidente. Yo tenía 14 años y estaba en la Embajada de Italia en Túnez ayudando a mi madre a preparar el concurso de la chica italiana más bella de Túnez. Todas las chicas estaban en el escenario. 

Cuando, de repente, un hombre me cogió del brazo, me subió al escenario y me puso la banda. Gané el concurso, pero ni siquiera me había presentado. El premio fue un viaje al Festival de Cine de Venecia. Y fuimos. En aquella época no se solía llevar biquini, pero Túnez era un protectorado francés y yo estaba acostumbrada, así que lo llevé: el biquini y la chilaba árabe. 

Todos los paparazis empezaron a hacer fotos. Iba con mi madre y me parecía todo increíble. Me preguntaba qué está pasando. A partir de ese momento, varios productores querían que hiciera cine pero yo les decía a todos que no. Cuando nos fuimos, un periódico escribió sobre mí: ‘La chica que no quiere hacer cine’. Entonces empezaron a llamar a mi padre, a enviarle telegramas a Túnez para que me convencieran. Estuve diciendo que no mucho tiempo. Hasta que dije que sí.

Fellini vs. Visconti. «Fellini y Visconti eran dos hombres inteligentísimos, pero en las antípodas. Se detestaban, no se podían ver». Claudia rodó con Visconti El Gatopardo y con Fellini Ocho y medio a la vez. «Fue infernal. Visconti me quería morena; Fellini, rubia. Uno, pelo corto; el otro, largo… Al final, me destrozaron el pelo»

«Soy religiosa, cristiana, pero prefiero ir a la iglesia cuando no hay nadie. Y creo en el ‘Maktub’, el destino: si lo hiciste es porque tenías que hacerlo. No me arrepiento de nada»

Yo era una niña terrible. Cuando era muy joven, vivía en Túnez y sí, era terrible, estaba siempre peleando con los chicos, gritaba, no dejaba hablar a nadie… creo que por eso tengo esta voz… Un día un director de cine francés, Jacques Baratier, se presentó en el colegio y me preguntó si quería hacer películas. No le hice ni caso. El director del colegio les dijo que no lo intentaran porque yo era imposible. 

Pero insistieron, hablaron con mi familia y finalmente hice mi primera película, Goha, con Omar Sharif, y un documental que ganó el Festival de Berlín. Pero, en serio, yo no quería hacer cine porque pensaba que era fea. No podía entender todo lo que estaba pasando. Yo tenía una hermana que era un sueño para el cine: rubia, de ojos azules, bellísima. No entendía por qué me querían a mí en vez de a ella. Luego, con el tiempo, lo entendí mejor. Con el cine, me sucedió lo que ocurre con los hombres: cuanto más los rechazas, más insisten. Si les dices que sí desde el principio, entonces se van.

El verdadero amante… y los falsos

El cine ha sido como un amante, pero nunca he tenido amantes que fueran actores. He trabajado con hombres maravillosos, pero por más que insistían nunca tuve un affaire con ninguno de ellos. Con Marcelo Mastroianni fue muy divertido. Insistió mucho. Comenzamos trabajando juntos con Mario Monicelli en Rufufú, también hicimos El bello Antonio, Ocho y medio… El caso es que en aquella primera película, Marcelo insistía mucho y yo no le hacía ni caso. Hasta que un día el director se acercó a mí en un descanso y me dijo: «Por favor, Claudia, sonríele».

Marcelo vs. Marlon. Marcelo Mastroianni le hizo todo tipo de proposiciones, pero ella lo rechazó siempre. No lo lamenta. Del único rechazo que se arrepiente es de haberle dicho que no a Marlon Brando: «Entró en mi habitación, empezó a hacer el show del seductor y yo me eché a reír. Entonces, él dijo: ‘Vale, lo entiendo, no hay nada que hacer…’. Y se fue. ¡No me lo perdonaré nunca!».

Hace unos años, Marcelo tenía una entrevista en la televisión aquí en París. Su representante me llamó porque querían darle una sorpresa al final de la entrevista. Yo fui. Cuando aparecí, no paraba de decirme: «Tú no me creías, pero yo realmente te amaba». Yo le decía: «Marcelo, que estamos en directo», «¡No me importa!», gritaba. ¡Cómo se atrevía a decirme eso en directo! En ese momento estaba casado con Catherine Deneuve.

Los directores de mi vida

Yo, primero leo el guion, luego me entrevisto con el director. Si no me gusta, no hago la película. El director es el maître del rodaje. He trabajado con algunos de los mejores: Luchino Visconti, Sergio Leone o Federico Fellini… Fellini y Visconti no tenían nada en común. Nada. Eran totalmente opuestos. Con Visconti era como hacer teatro; estaba todo decidido de antemano. Con Federico, no había guion, todo era improvisación. Marcelo se sentaba donde se suponía que debía estar y me hablaba. Yo le respondía y eso era lo que quedaba. Mientras tanto, ¿sabes lo que hacían los demás actores? Contaban. Un, dos, tres… «Tú sonríe; tú vete hacia la pared; tú agáchate», les decía Fellini. Y luego les ponía el texto que quería. Federico era un mago.

Delon vs. Lancaster. Alain Delon es uno de los mejores amigos de Claudia desde que se conocieron, en el rodaje de Rocco y sus hermanos, en 1960. Pero fue El Gatopardo, en 1963, lo que los convirtió en ‘pareja de película’, aunque en aquel filme la competencia era dura: «Burt Lancaster era un hombre maravilloso, imponente y tan, tan atractivo…».

«Nunca he querido operarme para parecer más joven. Mi secreto es otro. me lo enseñó mi madre: «Claudia, la forma de que no sepan que envejeces es estar siempre sonriendo»»

Mi último hallazgo: Trueba. Trabajar con él ha sido una experiencia fabulosa. 

La película es como un cuadro, hermosísima. ¿Es verdad que Trueba era antes pintor? Por primera vez, no hay música, solo al final. Ha creado una atmósfera única. La rodamos en el Pirineo francés y el español, en unos lugares muy bellos. Aída [Folch] está espléndida. Pasa casi todo el rodaje desnuda. Yo nunca me he desnudado en una película. Pero ella lo hace muy bien. Me he vuelto a encontrar con Jean Rochefort cincuenta años después de rodar con él. Ha sido una enorme alegría.

La peculiaridad del trabajo de artista es que puedes llegar a vivir cientos de vidas totalmente diferentes: yo he sido princesa, puta, aldeana… eso es fantástico. Pero, para hacer este trabajo, necesitas ser muy fuerte por dentro; si no, pierdes tu identidad. Tienes que ser otros solo enfrente de la cámara. Luego debes seguir siendo tú. Es muy peligroso este trabajo.

Una violación. Claudia tiene dos hijos: Claudia es fruto de su relación con el productor Pasquale Squitieri; el mayor, Patrick [arriba], es fruto de una violación que sufrió con 17 años y que ella misma contó en su autobiografía, aunque no habla de ello. Lo adoptó y le dio el apellido su primera pareja, el productor Franco Cristaldi. Patrick es diseñador, vive en Nueva York.

Conozco a los hombres y he tenido muchos amigos, aunque ahora viva sola. Nunca me he casado, quizá porque ya he firmado suficientes contratos. Mis amigos son sobre todo hombres. Alain Delon ha sido un gran amigo. Lo terrible es el tiempo. Hace dos años coincidí con Alain en el Festival de Cannes para presentar la restauración que había hecho Scorsese de El Gatopardo. 

Durante la proyección, me cogía mi mano todo el tiempo, la apretaba y me decía: «Claudia, somos los únicos vivos, están todos muertos». Y lloraba. Es terrible, porque cuando ves una película recuerdas el rodaje, a las personas… Después, me dijo: «No recordaba que habíamos estado besándonos todo el tiempo». Scorsese había montado escenas que no habíamos visto nunca.

El amor y el sexo

El amor es muy importante. Yo soy de las que creen que no se puede tener sexo sin amor. Pero, para mí, la familia es lo más importante. Somos cuatro hermanos: una hermana vive en Polinesia, uno vive en Roma y el otro en Turín, pero nos llamamos continuamente. Con Pasquale Squitieri, el padre de mi hija y con el cual viví muchos años, también hablo mucho.

Y el paso del tiempo

No se puede detener el tiempo, intentarlo es ridículo. Yo nunca he querido operarme de estética. La gente parece igual de vieja, pero con la boca hinchada o la cara torcida. Mi secreto es otro, me lo enseñó mi madre, que me decía: «Claudia, nunca van a saber que envejeces si estás siempre sonriendo».

La mujer del artista. Fernando Trueba dirigiendo a Claudia Cardinale en el rodaje de El artista y la modelo. «Trabajar con él fue una experiencia fabulosa. La película es hermosísima», afirma Claudia, que compartía cartel con Jean Rochefort y Aída Folch.

Mis admiradores jovencitos. Ya he dicho que no me creía guapa. He recibido muchas cartas de admiradores, sobre todo de Alemania y de Los Ángeles. Lo gracioso es que aún tengo admiradores muy jóvenes que me envían encendidas cartas de amor, porque acaban de ver una película mía de hace 40 años, y no entienden que yo ya no soy así. Una vez en Roma, se acercó hasta donde yo estaba un taxi con un joven dentro. El taxista me dijo que ese joven había volado desde Los Ángeles para conocerme y que, si yo estaba viviendo sola, a él le gustaría vivir conmigo.

La mujer más bella para mí fue siempre Brigitte Bardot. Hicimos una película juntas. Éramos B. B. contra C. C., la rubia contra la morena. ¿Sabes lo que hicimos en el estreno en los Campos Elíseos? Hicimos algo terrible. Me llamó el día de antes y me dijo: «Claudia, tienes que ir muy sexy, con minifalda, al estreno». Al día siguiente, ella apareció vestida como un hombre; las dos fumando. Los fotógrafos se quedaron impactados.

Mi balance vital

Yo llegué al cine en los años sesenta, cuando era algo grandioso. He rodado más de 130 películas. He estado en todas partes, América, Europa, Australia, y he conocido miles de lugares hermosos. De pequeña quería ser exploradora y, de alguna forma, lo he sido. No me arrepiento de nada de lo que he hecho. 

Hay una palabra en árabe, maktub, el ‘destino’; si lo hiciste, es porque tenías que hacerlo. He tenido suerte.

Imagen de portada: Claudia Cardinale

FUENTE RESPONSABLE:  ABC XL Semanal. Por Javier García Cristobal. 12 de agosto 2022

Sociedad y Cultura/Cinematografía/Claudia Cardinale

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