5 poemas de Marina Tsvetáieva

Tuvo una vida intensa, marcada por la historia de Rusia, que influyó de forma notable en sus versos. A continuación puedes leer 5 poemas de Marina Tsvetáieva.

A Ajmatova

¡Oh musa del llanto, la más bella de las musas!

Oh loca criatura del infierno y de la noche blanca.

Tú envías sobre Rusia tus sombrías tormentas

Y tu puro lamento nos traspasa como flecha.

Nos empujamos y un sordo ah

De mil bocas te jura fidelidad, Anna

Ajmátova. Tu nombre, hondo suspiro,

Cae en es hondo abismo que carece de nombre.

Pisar la tierra misma que tú pisas, bajo tu mismo cielo;

Llevamos una corona.

Y aquél a que a muerte hieres a tu paso

Yace inmortal en su lecho de muerte.

Sobre esta ciudad que canta brillan cúpulas,

Y el vagabundo ciego canta loas al Señor…

Y yo, yo te ofrezco mi ciudad con sus campanas,

Ajmátova, y con ella te doy mi corazón.

Poema del fin

Como la piedra afila el cuchillo,

Como se desliza el serrín al barrer,

Así, aterciopelada, la piel

Húmeda súbitamente en los dedos.

Oh dobles -coraje, sequedad-

De los hombres, ¿dónde estáis,

Si en mis palmas hallo lágrimas

Y no lluvia?

El agua es de la fortuna,

¿Qué más podría desear?

Si tus ojos son diamantes

Que se vierten en mis palmas,

Ya no pierdo

Nada. Fin del fin.

Caricias, caricias

-Acaricio tus mejillas.

Somos así, orgullosas

Y polacas -Marina-,

Cuando en mis manos llueven

Ojos de águila:

¿Lloras? Mi amor,

Mi todo: perdóname.

Trozos de sal

Caen en mis palmas.

Llanto de hombre, veta

Que en la cabeza retiembla.

Llora. Otra te devolverá

La vergüenza que te hice dejar.

Somos dos peces

Del mis-mí-si-mo mar.

Dos conchas muertas

Labio contra labio.

Todo lágrimas.

Sabor

A armuelle.

-¿Y mañana

Cuando

Despierte?

Traducción de Monika Zgustová

A ti, dentro de un siglo

A ti, que nacerás dentro de un siglo,

cuando de respirar yo haya dejado,

de las entrañas mismas de un condenado a muerte,

con mi mano te escribo.

¡Amigo, no me busques! ¡Los tiempos han cambiado

y ya no me recuerdan ni los viejos!

¡No alcanzo con la boca las aguas del Leteo!

Extiendo las dos manos.

Tus ojos: dos hogueras,

ardiendo en mi sepulcro -el infierno-

y mirando a la de las manos inmóviles,

la que murió hace un siglo.

En mis manos -un puñado de polvo-

mis versos. Adivino que en el viento

buscarás mi casa natal.

O mi casa mortuoria.

Orgullo: cómo miras a las mujeres,

las vivas, las felices; yo capto las palabras:

«¡Impostoras! ¡Ya todas están muertas!

Sólo ella está viva.

Igual que un voluntario le ha servido.

Conozco sus anillos y todos sus secretos.

¡Ladronas de los muertos!

¡De ella son los anillos!»

¡Mis anillos! Me pesa,

hoy me arrepiento

de haberlos regalado sin medida.

¡Y no supe esperarte!

También me da tristeza que esta tarde

tras el sol haya ido tanto tiempo

y he ido a tu encuentro,

dentro de un siglo.

Apuesto -dice él- que vas a maldecir

a todos mis amigos en sus oscuras tumbas.

¡Todos la celebraban! Pero un vestido rosa

nadie le ofreció.

¿Quién era el generoso? Yo no: soy egoísta.

No oculto mi interés si no me matas.

A todos les pedía cartas,

para por las noches besarlas.

¿Decirlo? ¡Lo diré! El no-ser es un tópico.

Y ahora, para mí, eres ardiente huésped.

Les negarás la gracia a todas las amantes

para amar a la que hoy es sólo huesos.

Traducción de Carlos Álvarez

Es sencilla mi ropa

Es sencilla mi ropa,

pobre mi hogar.

¡Soy una isleña

de islas remotas!

¡Nadie me hace falta!

si entras -pierdo el sueño.

Por calentarle la cena a un Extraño

quemaría mi casa.

Si me miras -ya nos conocemos,

si entras -¡quédate a vivir!

Es sencillo nuestro fuero,

está escrito en la sangre.

En la palma de la mano tendremos

la luna, si nos place.

Si te vas -es como si no existieras,

y como si tampoco yo existiera.

Miro la marca del cuchillo:

¿sanará antes

de que venga otro extraño

a pedirme agua?

Libertad salvaje

Me gustan los juegos en que todos

son arrogantes y malignos,

en que son tigres y águilas

los enemigos.

Libertad salvaje

Que cante una voz altiva:

«¡Aquí, muerte, allí -presidio!»

¡Luche la noche conmigo,

la noche misma!

Volando voy -tras de mí van las fieras;

y con el lazo en las manos yo me río…

¡Ojalá la tormenta

me haga añicos!

¡Que sean héroes los enemigos!

¡Acabe en guerra el convite!

Que sólo quedemos dos:

¡El mundo y yo!

Traducción de Severo Sarduy

 

Imagen de portada: Marina Tsvetáieva

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 2 de abril 2018.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s