Resuelto el misterio de la peor pandemia de la historia: este es el origen de la peste negra.

LA CLAVE, EN ADN ANTIGUO

Una investigación publicada en ‘Nature’ ubica en Kirguistán y en 1338 el inicio de la peste negra que arrasó al 60% de la población europea del siglo XIV.

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La historia de la humanidad está repleta de nombres de grandes personajes, batallas, descubrimientos y revoluciones. Sin embargo, los hechos que realmente han marcado el devenir de nuestra especie aparecen más difuminados en el relato, ocultos entre una maraña de fechas y muchas veces olvidados. 

Estos últimos años, marcados por el covid, nos han recordado que el ser humano ha sobrevivido a otras pandemias y que algunas han sido mucho más devastadoras. Sin duda, la que se lleva la palma es la peste negra: según las estimaciones más pesimistas, pudo acabar con el 60% de la población de Europa y causar un total 200 millones de muertes en todo el planeta, sumando las de Asia y África. 

El desastre dio lugar a un nuevo mundo, pero hasta hoy apenas sabíamos cuál fue origen geográfico y cronológico. Para los europeos, llegó a bordo de barcos comerciales que alcanzaban el Mediterráneo procedentes del mar Negro y transportaban mercancías desde los territorios de la Horda de Oro, desgajada del Imperio mongol. También conocida como peste bubónica, entre 1346 y 1353 se diseminó por todo el continente, además del norte de África y Oriente Medio. 

Después de esas fechas se dio por desaparecida en la mayor parte de los lugares, pero en realidad se volvió endémica y siguió causando estragos en lo que se conoce como “segunda peste pandémica”, que duró hasta principios del siglo XIX, sumando 500 años de una pesadilla de procedencia desconocida. 

Aunque existían diversas hipótesis, un artículo publicado ahora en ‘Nature’ parece aportar evidencias definitivas: el ADN de antiguos restos humanos sitúa el comienzo de la enfermedad en Asia Central, cerca del lago Issyk Kul, en el actual noreste de Kirguistán, y en la década de 1330.

La investigación es una minuciosa recopilación de datos paleo genéticos, históricos y arqueológicos liderada por científicos alemanes de la Universidad de Tubinga y el Instituto Max Planck, y por la Universidad de Sterling (Escocia, Reino Unido). 

Para encontrar la primera pista hay que remontarse a una excavación arqueológica de hace casi 140 años, cuando en los cementerios de Kara-Djigach y Burana, ubicados en el valle del río Chu, junto a las montañas de Tian Shan, se identificó un número desproporcionadamente alto de entierros de entre 1338 y 1339, con lápidas que indicaban que la causa de la muerte era la «pestilencia». 

Desde aquel descubrimiento, estos restos arqueológicos escritos en idioma siríaco desataron una gran controversia entre los expertos sobre su relación con la peste negra. Este nuevo estudio parece confirmar que sí la tienen. Los científicos han logrado extraer material genético de los dientes de siete esqueletos en cuyas tumbas estaba inscrito el año 1338 y han identificado ADN de la bacteria ‘Yersinia pestis’, causante de la enfermedad, en tres de las muestras. 

La evidencia parece contundente: el debate queda resuelto a favor de que los sostenían que la peste causó esta alta mortalidad en la región y, como mínimo, nos habríamos remontado casi una década en la localización de la enfermedad con respecto a su aparición en Europa, con una ubicación geográfica distinta y concreta que informaría sobre la dirección de la que procedía la pandemia. “Finalmente, pudimos demostrar que la epidemia mencionada en las lápidas fue causada por la peste”, afirma Phil Slavin, uno de los autores principales del estudio e historiador de la Universidad de Stirling.

La evolución de la bacteria

Sin embargo, el análisis del ADN permite sacar conclusiones aún más interesantes. Los científicos creen que este rincón de Kirguistán es el verdadero origen de la peste negra por la evolución genética de la propia bacteria. Estos restos de ‘Yersinia pestis’ pertenecen a una sola cepa y son el ancestro común más inmediato a un evento de diversificación genética que dio lugar a distintos linajes, una cuestión que ya se conocía gracias a la secuenciación completa del genoma de este microorganismo, publicada también en ‘Nature’ en 2011

Ese “big bang’ de diversidad de la peste”, como lo llaman los expertos, tuvo que ocurrir en algún momento previo a la expansión de la enfermedad en el siglo XIV. Ahora, “hemos descubierto que las cepas antiguas de Kirguistán están ubicadas exactamente en el nodo de este evento de diversificación masiva. En otras palabras, encontramos la cepa original de la peste negra e incluso sabemos su fecha exacta”, comenta Maria Spyrou, autora principal e investigadora de la Universidad de Tubinga, en referencia al año 1338.

Víctimas de peste negra en una ilustración de la Biblia de Toggenburgo.

No obstante, quedaría por saber de dónde vino exactamente esa cepa.

¿Evolucionó justo donde se ha encontrado o se propagó desde otros lugares? En realidad, la peste no es una enfermedad propiamente humana, sino que la bacteria sobrevive en roedores salvajes de todo el mundo, es decir, lo que se conoce como un reservorio animal. De hecho, las pulgas de las ratas son el vector de la enfermedad, un intermediario clave para el contagio, aunque también se produce por un contacto estrecho entre personas, de tejidos o gotículas respiratorias. 

Los investigadores creen que esta cepa, causante de la epidemia de 1338 y 1339 en torno al lago Issyk Kul, tiene que haber saltado de estos animales al hombre en este escenario. Pero, además, “encontramos que las cepas modernas más estrechamente relacionadas con la antigua se encuentran hoy en reservorios alrededor de las montañas Tian Shan, muy cerca de donde se encontró la cepa antigua”, explica Johannes Krause, otro de los autores del estudio y director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva. 

Es decir, que la prolongada segunda peste pandémica tendría esta misma procedencia, una cuestión igual de relevante para la epidemiología. “Las pruebas aportadas abonan la tesis del origen asiático de la segunda ola de la peste negra”, destaca en declaraciones a Teknautas Adrián Hugo Aginagalde Llorente, experto en Historia de las Pandemias y director del Observatorio de Salud Pública de Cantabria. 

“Ya en la época su origen se ubicó en China, como ha ocurrido con otras tantas epidemias”, pero estos datos confirman “la historicidad de los primeros brotes descritos del siglo XIV, que no fueron tifus sino peste”. Gracias a los cristianos nestorianos ya se conocía que entre 1338 y 1339 hubo un brote epidémico cerca del lago Issyk-Kul, pero este estudio no solo confirma la causa, sino que “proporciona una mayor precisión sobre el origen, tanto cronológicamente como geográficamente”.

Factores asociados al origen de una pandemia

Hay otro dato interesante que “concuerda con las explicaciones causales de la aparición de esta epidemia”, según el experto español. En el siglo XIV comenzó lo que se conoce como Pequeña Glaciación o Pequeña Edad de Hielo, una bajada de las temperaturas que duraría hasta el siglo XIX, “cambio climático que pudo haber empujado a los roedores hacia zonas más pobladas”. 

A partir de ahí también hay que tener en cuenta que la zona de Kirguistán que centra esta investigación tenía un importante tránsito de personas en la época, lo que pudo ser clave para la expansión de la peste “a través de la Ruta de la Seda desde Asia Central o empujada por los movimientos de poblaciones provocadas por las hordas de los mongoles”.

No obstante, este trabajo no permite confirmar esas hipótesis, puesto que “no aporta información sobre las vías de extensión ni los factores que favorecieron el que adquiriera magnitud epidémica ni tan elevada letalidad”. Se trata de restos que “confirman las fases iniciales de las epidemias, es decir, los brotes localizados en zonas que ecológica e históricamente son compatibles con la aparición de esta zoonosis”, afirma Aginagalde. ¿Son comparables el covid y la peste? ¿Tienen algún patrón en común? 

Existen algunas coincidencias, como ese cambio climático incipiente o una gran intensidad en el tránsito de personas y en los movimientos comerciales, pero también hay notables diferencias. “Son situaciones bastante distintas, hablamos de zoonosis que precisan de un vector y que no tiene tan buena transmisión de persona a persona, al menos, a nivel teórico”, puntualiza el experto. En cualquier caso, Johannes Krause, uno de los firmantes del artículo, destaca que en su momento la peste también fue una enfermedad emergente y que “es muy importante entender en qué circunstancias surgió”.

La fascinante unión de arqueología y genética

“Nuestro estudio pone fin a una de las preguntas más grandes y fascinantes de la historia y determina cuándo y dónde tuvo su origen el mayor asesino de humanos”, destaca el historiador Philip Slavin en relación con la peste negra. 

El proceso para lograrlo ha sido posible gracias a una compleja alianza de arqueólogos y genetistas. Las excavaciones de la década de 1880 desenterraron una treintena de esqueletos, pero seguirles la pista y extraer su ADN no ha sido nada fácil. Slavin y otros colaboradores tuvieron que estudiar los diarios de los arqueólogos de esa época para hacer coincidir los esqueletos que se habían conservado con las tumbas. Además, tuvieron que traducir las inscripciones del siríaco.

Excavación de Kara-Djigach. (A. S. Leybin, August 1886)

Esta investigación entrañaba ciertos riesgos, como la contaminación ambiental, y no existían garantías de que el material genético correspondiente a la bacteria hubiera podido conservarse, así que la secuenciación del ADN de los restos humanos y el hallazgo del material microbiano en tres de los individuos ha sido un éxito formidable que ayuda a escribir la historia y que al mismo tiempo aporta mucho a la epidemiología. 

En los últimos tiempos, la unión de expertos de distintas disciplinas está revelando información sobre las enfermedades del pasado que parecía imposible de recuperar. En particular, el conocimiento de la peste negra es cada vez más preciso. 

Hace poco, una investigación del CSIC publicada en la revista ‘Nature Ecology and Evolution’ mostró que su impacto fue muy irregular en Europa. Mientras que en algunas zonas, como Escandinavia o Francia, causó una enorme mortalidad, todo indica que en otras, como Irlanda o la península ibérica, las consecuencias fueron mucho menores. ¿Cómo se ha podido saber? 

El estudio del polen y de las esporas fosilizados, que aparecen ahora en las excavaciones, es lo que permite realizar esta deducción. En las zonas que sufrieron una drástica disminución de la población se redujo la actividad agropecuaria, dando paso al avance de los bosques y, por lo tanto, a un cambio de vegetación que aún se puede rastrear en los trabajos arqueológicos.

Imagen de portada:Lápida con la inscripción. (A. S. Leybin, August 1886)

FUENTE RESPONSABLE: El Confidencial. Por José Pichel. 16 de junio 2022.

ADN/Irlanda/Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

 

 

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