5 poemas de Giuseppe Ungaretti

Ejerció de periodista y traductor. Fue uno de los poetas italianos más reconocidos del siglo anterior. A continuación puedes leer 5 poemas de Giuseppe Ungaretti.

La madre

Y cuando el corazón de un último latido

haya hecho caer el muro de sombra,

para conducirme, madre, hasta el Señor,

como una vez me darás la mano.

De rodillas, decidida,

serás una estatua delante del Eterno,

como ya te veía

cuando estabas todavía en la vida.

Alzarás temblorosa los viejos brazos,

como cuando expiraste

diciendo: Dios mío, heme aquí.

Y sólo cuando me haya perdonado

te entrarán deseos de mirarme.

Recordarás haberme esperado tanto

y tendrás en los ojos un rápido suspiro.

La muerte meditada

Canto quinto

Has cerrado los ojos,

nace una noche

nena de falsos huecos,

de ruidos muertos

como de corchos

de redes caladas en el agua.

Tus manos se hacen como un soplo

de inviolables lontananzas,

inaferrables como las ideas,

y el equívoco de la luna

y el balancearse, dulcísimos,

si quieres posármelas sobre los ojos,

tocan el alma.

Eres la mujer que pasa

como una hoja

y dejas en los árboles un fuego de otoño.

Tierra

Podría haber en la guadaña

un rápido reflejo, y el rumor

tornar y perderse por grados

hacia las grutas, y el viento podría

de otra sal enrojecer los ojos…

Podrías, la quilla sumergida,

oírla deslizarse a lo lejos,

o a una gaviota equivocar su pico,

la presa huída, en el espejo…

Del trigo de noches y días

colmadas mostraste las manos,

delfines de los viejos tirrenos

viste pintados en secretos

muros inmateriales y, luego, detrás

de las naves, vivos volar,

y tierra eres aún de cenizas

de inventores sin descanso.

Cauto temblor podría otra vez a adormecedoras

mariposas en los olivos, de un instante a otro,

despertar;

quedarás inspiradas vigilias de extintos,

intervenciones insomnes de ausentes,

la fuerza de cenizas, sombras

en el raudo oscilar de las platas.

Continúas derribando al viento ;

desde abetos a palmeras el estrépito

por siempre desolas; silente

el grito de los muertos es más fuerte.

Vagabundo

En ninguna

parte

de la tierra

me puedo

arraigar

A cada

nuevo

clima

que encuentro

descubro

desfalleciente

que

una vez

ya le estuve

habituado

Y me separo siempre

extranjero

Naciendo

tornado de épocas demasiado

vividas

Gozar un solo

minuto de vida

inicial

Busco un

país inocente

Condena

Como la áspera piedra del volcán,

como la piedra pulida del torrente,

como la noche sola y desnuda,

alma como honda y con terrores

¿Por qué no te recoge

la mano firme del Señor?

Este alma

que sabe las vanidades del corazón

y sabe pérfidas sus tentaciones,

y del mundo conoce la medida,

y los planes de nuestra mente

considera minucias,

¿por qué no puede soportar

más que arrebatos terrenos?

Tú no me miras ya, Señor…

Y no busco sino olvido

en la ceguedad de la carne.

Traducción de Jesús López Pacheco

Imagen de portada: Giuseppe Ungaretti

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 14 de abril de 2018.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

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