Fundación mítica de Buenos Aires: el primer Borges (1923-1929) [1]

Tres suertes puede correr un libro de versos:

puede ser adjudicado al olvido,

puede no dejar sola línea pero sí una imagen total del hombre que lo hizo,

puede legar a las antologías unos cuantos poemas.

Si es de tu interés profundizar en esta entrada; cliquea por favor donde se encuentre escrito en “azul”.

Borges, prólogo a su Poesía completa

El hombre que firmó El hacedor, hacia 1960, ya era Borges, el escritor-adjetivo, fuente y receptáculo de innumerables páginas, constructor de imágenes de artificio, bardo ciego y lector infinitesimal. En otras palabras, que no quieren ser despectivas, Borges, en 1960, ya era un mito, y como Marco Aurelio, durante los últimos 26 años de su vida, el escritor fortificó y defendió las fronteras lejanas de su imperio; repelió, sin éxito, a los bárbaros y, voluntariamente, tras haber publicado una obra irrepetible en cuanto imitable, murió en penumbras y lejos de su mítica Ciudad Imperial. Pero el joven que trazó con puño y letra los versos de Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929) no era un emperador-filósofo, sino Georgie, un muchacho argentino que había descubierto empíricamente Europa y su literatura, y que en 1921 regresó transformado en un poeta imaginista (es decir ultraísta) lírico y —pese a las constantes quejas ulteriores del anciano consagrado— íntimo.

Cuando era adolescente yo transcribía los dictámenes rigurosos de Borges, el adjetivo, y los defendía como el único dogma literario; ahora me siento menos afectado por lo categórico y no soy digno de llamarme borgiano; le he fallado: he escrito novelas y publicado poemas líricos, que nada tienen que ver con espadas normandas, y no soy devoto de Schopenhauer. Algo nos une, con todo, y es la contemplación arquitectónica del tiempo.

De Fervor de Buenos Aires (publicado en 1923, mientras un barco se llevaba al poeta de vuelta a Europa) se ha dicho —incluso por el autor mismo— que prefigura toda la obra posterior de Borges, pero yo, como lector nomás, albergo dudas: aunque en Fervor no hay traspiés de poeta primerizo y las frases consabidas podrían aplicarse (respeto a sus mayores, el paso del tiempo, alusiones literarias, un poco de épica local gauchesca) yo leo nostalgia, preocupaciones de hombre joven, leitmotiv románticos —cementerios, sepulcros, jardines, la noche, el tiempo, la muerte— y ensoñaciones con una Buenos Aires que apenas redescubre y que, aun siendo argentino, todavía no siente suya: «Solo después reflexioné / que aquella calle de la tarde era ajena / que toda casa es un candelabro / donde las vidas de los hombres arden / como velas aisladas / que todo inmediato paso nuestro / camina sobre Gólgotas».

Es otro Borges quien escribe esas líneas, un poeta que comienza a entender la soledad de la escritura y de las piedras argentinas.

Ser latinoamericano, por más que los argentinos frunzan el ceño, exige resistencia y resignación. Lejos de Ginebra, en aquel entonces una continuación de la Francia chic, Borges se desdobla: él, niño, corre a través de un zaguán en su casa de Palermo mientras simultáneamente Borges, con el Salève al fondo, sueña que es un niño que corre en un barrio de Palermo. No sabemos la cronología de este poema, pero si lo leyéramos al pasar en cualquier antología quizá podríamos descifrar la voz enterrada del autor consagrado, pero solamente después de unas cuantas lecturas.

La vuelta

Al cabo de los años del destierro

volví a la casa de mi infancia

y todavía me es ajeno su ámbito.

mis manos han tocado los árboles

como quien acaricia a alguien que duerme

y he repetido antiguos caminos

como si recobrara un verso olvidado

y vi al desparramarse la tarde

la frágil luna nueva

que se arrimó al amparo sombrío

de la palmera de hojas altas,

como a su nido el pájaro.

¡Qué caterva de cielos

abarcará entre sus paredes el patio,

cuánto heroico poniente

militará en la hondura de la calle

y cuánta quebradiza luna nueva

infundirá al jardín su ternura,

antes que vuelva a reconocerme la casa

y de nuevo sea un hábito!

Quizá el rasgo más enigmático de Fervor de Buenos Aires sea sus guiños al amor, un tema que Borges parecía repudiar cotidianamente. Solo algunas veces se permitió confesiones sentimentales y su primer poemario parece ser el lugar más propicio para el amor. Como nada sabemos de su recipiente, conjeturamos que Borges estaba enamorado de la mujer, como idea, o de Ginebra, como fijación última.

Despedida

Entre mi amor y yo han de levantarse

trescientas noches como trescientas paredes

y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.

Oh tardes merecidas por la pena,

noches esperanzadas de mirarte,

campos de mi camino, firmamento

que estoy viendo y perdiendo…

Definitiva como un mármol

entristecerá tu ausencia otras tardes.

Dije que albergaba dudas sobre la prefiguración borgiana, y lo sostengo. Y con todo, el poema que cierra Fervor de Buenos Aires lo firma Borges, el adjetivo.

Líneas que pude haber escrito y perdido hacia 1922

Silenciosas batallas del ocaso

en arrabales últimos,

siempre antiguas derrotas de una guerra del cielo,

albas ruinosas que nos llegan

desde el fondo desierto del espacio

como desde el fondo del tiempo,

negros jardines de la lluvia, una esfinge de un libro

que yo tenía miedo de abrir

y cuya imagen vuelve en los sueños

la corrupción y el eco que seremos,

la luna sobre el mármol,

árboles que se elevan y perduran

como divinidades tranquilas,

la mutua noche y la esperada tarde,

Walt Whitman, cuyo nombre es el universo,

la espada valerosa de un rey

en el silencioso lecho de un río,

los sajones, lo árabes y los godos

que, sin saberlo, me engendraron,

¿soy yo esas cosas y las otras

o son llaves secretas y arduas álgebras

de lo que no sabremos nunca?

Imagen de portada: Borges (jovencito) Fotografía principal tomada de La columna vertebral

FUENTE RESPONSABLE: GazetA. Fernando Vérkell | Arte/cultura / EL ASTROLABIO DE COPÉRNICO. 18 de agosto 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Jorge Luis Borges

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s