Mujeres del alma, las pioneras del psicoanálisis.

  • Las pioneras del psicoanálisis marcaron el tono de una redefinición de los debates en torno al sexo y al género que luego se desplegarán a lo largo de los siglos XX y XXI. Ninguna de las militancias actuales habría podido existir sin el arrojo de estas primeras psicoanalistas: pacientes en análisis, fueron discípulas críticas hasta afirmar su autonomía de pensamiento. El libro de Isabelle Mons -editado por Fundación Medifé- las rescata. El texto completo se puede bajar de manera gratuita en el link que figura de bajo de la nota.

Este libro surgió del siguiente hecho de la realidad: a ojos del público, el psicoanálisis sigue siendo un asunto de hombres. Las controversias que en su tiempo rodearon –y todavía rodean hoy– a la figura de Sigmund Freud también ponen en peligro la aventura de sus discípulos, involucrados, empero, en un proyecto noble y ambicioso: inaugurar la comprensión del psiquismo. Ahora bien, las mujeres también practicaron el psicoanálisis, y rastrear la historia de ellas abre las puertas a otro universo: la mirada que plantearon sobre el diagnóstico del siglo xx es novedosa; sus escritos, singulares, y sus vidas, únicas.

La tapa de Mujeres del alma

En aquel mes de septiembre de 1920, en La Haya, se reúne un elenco soñado: Anna Freud, Melanie Klein, Sabina Spielrein, Helene Deutsch, Eugénie Sokolnicka, Karen Horney y Hermine von Hug-Hellmuth están sentadas entre los participantes del VI Congreso de la Asociación Internacional de Psicoanálisis. Europa está saliendo de la guerra, y los psicoanalistas holandeses reciben cálidamente a todos sus homólogos, afectados por el conflicto bélico. Las mujeres esparcidas entre las filas del mundillo psicoanalítico comienzan a formar un grupo de reflexión, aunque no todavía una unidad de pensamiento.

Sus reticentes colaboradores tienen la sorpresa de verlas subir al estrado y la curiosidad de oír a algunas de ellas, cuya reputación ya han tejido los rumores. Sabina Spielrein, por ejemplo, habría mantenido un tormentoso romance con Carl Gustav Jung, el discípulo rebelde que lideró la dolorosa escisión del movimiento en septiembre de 1913. Frágil, pero con determinación, ella realiza una presentación sobre “La génesis de las palabras infantiles Papá y Mamá”. El padre del psicoanálisis y sus asociados toman conocimiento entonces de una nueva temática. Hermine von Hug-Hellmuth y Helene Deutsch, que habían viajado juntas en tren, discurren sobre el asunto frente a Anna Freud, quien a los veinticinco años observa a sus mayores, de quienes será la heredera contestataria.

Desde el “escándalo” surgido en torno a los Tres ensayos sobre la teoría sexual en 1905, Freud concede que una nueva interpretación del niño representa un avance necesario, máxime porque el tema está ligado al de la femineidad. Conocemos las cavilaciones del pensamiento freudiano a la hora de tratar la pregunta “¿Qué quiere la mujer?”, que su autor habría planteado a Marie Bonaparte. Es un formidable desafío otorgar un lugar a quienes creen poder sacar provecho de su experiencia de mujeres y de madres. Sin adentrarse en una querella de géneros, bien cabe constatar que la especificidad femenina inaugura otro campo de análisis.

El reconocimiento de aquellas pioneras en la escena internacional recién comienza. En los pupitres universitarios es donde sus colegas, escépticos, aprenden a contar con ellas. Doctora en medicina, Helene Deutsch propone, un día de otoño de 1920, la disertación “De la psicología de la desconfianza”, que se articula en torno al estudio clínico de cuatro casos.

La cálida recepción de la asamblea es tal que la oradora se emociona y se retira a llorar de alegría en el parque aledaño. El resumen de su intervención será incluido en las Minutas del Congreso, después de un artículo de Karl Abraham, fundador del Instituto Psicoanalítico de Berlín y, a partir de 1907, fiel como ninguno entre el círculo íntimo de Freud, desde la formación de la Sociedad Psicológica de los Miércoles en 1902. La primera mujer que se incorporó allí fue Margarethe Hilferding, en 1910. Diez años bastaron para que sus colegas femeninas se sintieran investidas de una misión nueva en ese congreso de La Haya: participar en la gran aventura del psicoanálisis.

La palabra aparece por primera vez en 1896, en “La herencia y la etiología de las neurosis” de Freud, antes de ser reutilizada en el libro inaugural del psicoanálisis, La interpretación de los sueños. El año 1900 acompaña el inicio de un nuevo siglo y, con él, la lenta ascensión de esas teóricas del sueño que, en la vida, preparan el terreno para la libertad de las mujeres.

Era hora de que el saber médico les abriera las puertas: Lou Andreas-Salomé, Sabina Spielrein y Tatiana Rosenthal no se conocieron en la Universidad de Zúrich; sin embargo, a finales del siglo xix, si alguien quería estudiar medicina, debía ir a Suiza. En 1900, le toca a Viena admitir a las estudiantes. Para esa fecha, hacía ya tres años que Emma Eckstein era psicoanalista. Paciente y profesional, partidaria de la teoría freudiana, será quien inaugurará la larga serie de mujeres que van a explorar la parte ignota del ser humano: el alma.

El psicoanálisis es femenino desde sus comienzos, y esto no se sabe tanto como correspondería. Antes de los estudios individuales sobre la vida y la obra de esas pioneras a menudo desconocidas, Élisabeth Roudinesco dio una conferencia en la Universidad de Columbia el 13 de octubre de 1997 sobre “Las primeras mujeres psicoanalistas”, que fue publicada al año siguiente. La Asociación Internacional de Historia del Psicoanálisis le sigue los pasos, en el marco de su VII Congreso en Londres, en julio de 1998, sobre “El rol de las mujeres en la historia del psicoanálisis. Ideas, prácticas e instituciones.”

La investigación francesa se inscribe a continuación del insoslayable libro de Lisa Appignanesi y John Forrester, Las mujeres de Freud, publicado en Londres en 1992, que coloca a la mujer como fuente de inspiración y sostén de Freud al inicio de la gran era del psicoanálisis, evocando a las figuras concluyentes de su familia, sus pacientes, sus colaboradoras y su temática de estudio, finalmente renovada en torno a la cuestión de lo femenino.

En 1991, Janet Sayers, compatriota de ambos, ya había escrito el hermoso volumen Mothering Psychoanalysis, centrado en Helene Deutsch, Karen Horney, Anna Freud y Melanie Klein. En 1992, la psicóloga Elke Mühlleitner publica un estudio de suma relevancia para todos los historiadores del psicoanálisis: Léxico biográfico del psicoanálisis: los miembros de la Sociedad Psicológica del Miércoles y de la Asociación Psicoanalítica de Viena de 1902 a 1938. Desde entonces, Alemania ha avanzado en su investigación sobre el rol fundador de las mujeres en el psicoanálisis.

Nuestra aproximación no es sociológica ni científica, tampoco encierra una preocupación por la exhaustividad. En cambio, el rigor y el placer sí fueron preciados consejeros a la hora de resolver el dilema, a veces corneliano, que suponía elegir entre las numerosas actrices del psicoanálisis del siglo xx.

El rigor fue impuesto por una ley: para ser pionera, debía haber innovado y descubierto una materia oculta a la espera de ser explorada. Lou Andreas-Salomé veía en Freud al inventor de un nuevo lenguaje que conjugaba la síntesis del científico con el coraje del hombre dispuesto a enfrentar lo irracional. Las mujeres también abrieron la vía a una interpretación del logos derivado de esa nueva lectura de lo humano.

Todas ellas se encontraron en la encrucijada entre los nuevos campos por conquistar: el inconsciente, la mujer, el niño, el amor, el erotismo. Catorce mujeres desglosaron entonces los variados colores de sus existencias a discreción de una paleta de teorías nuevas que a menudo revisaron. Dado que a veces carecemos de fuentes, los capítulos que narran sus vidas no son de igual extensión.

Pero cada una de ellas halla un lugar legítimo en la reconstitución del rompecabezas psicoanalítico. La escritura no puede obedecer a una ley que excluya el placer. Cada mujer es un mundo: cómo no sentirse invitado a seguir estas trayectorias, sabiendo que al final nos espera un encuentro. Un rostro, una sensibilidad, un compromiso.

Freud se pregunta, además de cuál es la naturaleza, cuál es el “querer” de la mujer. Si lo femenino estaba identificado con lo materno, también remitía a lo masculino. De ahí la importancia de escuchar lo que la mujer tenía para decir. ¿Estaría ella en condiciones de aportar aquello que obstaculizaba la mirada del hombre? El círculo freudiano se ve obligado a recurrir a la construcción del análisis vivido en clave femenina.

La teoría freudiana de la femineidad se esboza con el tema del narcisismo femenino en 1914 y recién es completada en 1931 y 1932, a partir de las conferencias de Freud sobre La sexualidad femenina y La femineidad. Perplejo ante “el enigma de la femineidad”, Freud remite al orden de los poetas a todo aquel que quiera comprender a la mujer. Las pioneras van a entablar un diálogo con sus homólogos masculinos y a convocar a la luz del inconsciente los temas universales de la vida.

Apoyarán las tesis freudianas para aportarles poco a poco el reajuste conceptual necesario de cara a la modernidad del siglo xx. ¿Qué más lógico que, ante todo, rendir homenaje a las “númenes rusas” –Lou Andreas-Salomé, Sabina Spielrein, Tatiana Rosenthal–, cuyo encanto no supone olvidar que sus destinos se realizaron a costa de consecutivas rupturas con su tierra y que sus escritos aventuraron con fuerza a la mujer por la vía del progreso?

A las primeras “partidarias en lucha” –Emma Eckstein y Margarethe Hilferding– les hizo falta un terreno de aprendizaje del psicoanálisis. “Las de las sombras” no por ello se quedan atrás: en apariencia eclipsadas, Emma Jung y Anna Freud son las mujeres “de al lado”, indispensables para el hombre al que acompañan, sea este padre o esposo. Había que encontrar a una abogada de las “voces de la infancia”, y cuatro candidatas se presentaron al timón, comprometidas, sorprendentes, vindicativas y por demás visionarias: Hermine von Hug-Hellmuth, Melanie Klein, Sophie Morgenstern y Françoise Dolto. “Conquistadoras” al mismo nivel que Eugénie Sokolnicka, Marie Bonaparte y Helene Deutsch, todas ellas merecen ser conocidas en igual grado. Sus itinerarios de mujeres y la agudeza de sus miradas clínicas nos invitan a atravesar un siglo que finalmente sigue próximo, por cuanto los desafíos conflictivos inherentes a los géneros, las culturas y las sensibilidades no han terminado de interpelarnos acerca del alma del mañana.

El libro está disponible online en 

https://www.fundacionmedife.com.ar/mujeres-del-alma

para descarga gratuita como EBook (formato EPUB, Mobi) y PDF.

Imagen de portada: Anne Freud

FUENTE RESPONSABLE: elDiarioAR. Por Isabelle Mons. 18 de agosto 2022.

Sociedad y Cultura/Psicología/Mujeres

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