5 poemas de Antonio Gala

Poeta, dramaturgo y novelista de referencia en la literatura española del Siglo XX. Su obra ha marcado a toda una generación de escritores. Aquí puedes leer 5 poemas de Antonio Gala.

Aún eres mío, porque no te tuve

Aún eres mío, porque no te tuve.

Cuánto tardan, sin ti,

las olas en pasar…

Cuando el amor comienza, hay un momento

en que Dios se sorprende

de haber urdido algo tan hermoso.

Entonces, se inaugura

-entre el fulgor y el júbilo-

el mundo nuevamente,

y pedir lo imposible

no es pedir demasiado.

Fue a la vera del mar, a medianoche.

Supe que estaba Dios,

y que la arena y tú

y el mar y yo y la luna

éramos Dios. Y lo adoré.

Bagdad

Tenía tanta necesidad de que me amaras,

que nada más llegar te declaré mi amor.

Te quité luces, puentes y autopistas,

ropas artificiales.

Y te dejé desnuda, inexistente casi,

bajo la luna y mía.

A las princesas sumerias,

cuando fueron quemadas con joyas rutilantes,

les brillaban aún sus dientes jóvenes;

se quebraron sus cráneos antes que sus collares;

se fundieron sus ojos antes que sus preseas….

Bajo la luna aún brillaban sus dientes,

mientras te poseí desnuda y mía.

Alargaba la mano y te tocaba

Alargaba la mano y te tocaba.

Te tocaba: rozaba tu frontera,

el suave sitio donde tú terminas,

sólo míos el aire y mi ternura.

Tú moras en lugares indecibles,

indescifrable mar, lejana luz

que no puede apresarse.

Te me escapabas, de cristal y aroma,

por el aire, que entraba y que salía,

dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,

en el dintel de siempre, prisionero

de la celda exterior.

La libertad

hubiera sido herir tu pensamiento,

trasponer el umbral de tu mirada,

ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte,

como una flor, la infancia , y aspirar

su esencia y devorarla. Hacer

comunes humo y piedra. Revocar

el mandato de ser. Entrar. Entrarnos

uno en el otro. Trasponer los últimos

límites. Reunirnos…..

Alargaba la mano y te tocaba.

Tú mirabas la luz y la gavilla.

Eras luz y gavilla, plenitud

en ti misma, rotunda como el mundo.

Caricias no valían, ni cuchillos,

ni cálidas mareas. Tú, allí, a solas,

sonriente, apartada, eterna tú.

Y yo, eterno, apartado, sonriente,

remitiéndote pactos inservibles,

alianzas de cera.

Todo estuvo de nuestra parte, pero

cuál era nuestra parte, el punto

de coincidencia, el tacto

que pudo ser llamado sólo nuestro.

Una voz, en la calle, llama y otra

le responde. Dos manos se entrelazan.

Uno en otro, los labios se acomodan;

los cuerpos se acomodan. Abril, clásico,

se abate, emperador de los encuentros.

¿Esto era amor? La soledad no sabe

qué responder: persiste, tiembla, anhela

destruirse. Impaciente

se derrama en las manos ofrecidas.

Una voz en la calle….Cuánto olor,

cuánto escenario para nada. Miro

tus ojos. Yo miro los ojos tuyos;

tú, los míos: ¿esto se llama amor?

Permanecemos. Sí, permanecemos

no indiferentes, pero diferentes. Somos

tú y yo: los dos, desde la orilla

de la corriente, solos, desvalidos,

la piel alzada como un muro, solos

tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza.

Idénticos en todo,

sólo en amor distintos.

La tristeza, sedosa, nos envuelve

como una niebla: ése es el lazo único;

ésa la patria en que nos encontramos.

Por fin te identifico con mis huesos

en el candor de la desesperanza.

Aquí estamos nosotros: desvaídos

los dos, borrados, más difíciles,

a punto de no ser….¿Amor es esto?

¿Acaso amor es esta no existencia

de tanto ser? ¿Es este desvivirse

por vivir? Ya desangrado

de mí, ya inmóvil en ti, ya

alterado, el recuerdo se reanuda.

Se reanuda la inútil existencia….

Y alargaba la mano y te tocaba.

Si ya no vienes, ¿para qué te aguardo?

Si ya no vienes, ¿ para qué te aguardo?

Y si te aguardo, di por qué no vienes,

verde y lozana zarza que mantienes

sin consumirte el fuego donde ardo.

Cuánto tardas, amor, y cuánto tardo

en rescindir los extinguidos bienes.

Ya quién me salve no lo sé, ni quienes

clavan el alma dardo sobre dardo.

A la mañana, que se vuelve oscura,

sigue la noche, que se vuelve clara

a solas con tu sed, que hiere y cura.

No quisiera pensar si no pensara

que, privado que fui de tu hermosura,

me olvidara de mí si te olvidara.

Bajo los fuegos de fugaces colores

Bajo los fuegos de fugaces colores

que iluminan el aire de la noche,

dame tu mano.

Mira abrirse las palmeras doradas, rojas, verdes;

caen los frutos azules de la altura;

rasgan el negro terciopelo

las estelas de plata…

En tus ojos yo veo el frío ardor,

artificial y efímero

de los castillos que veloces surgen

y veloces se extinguen.

Dame tu mano: es todo cuanto tengo

en medio de esta falsa

riqueza, de esta dádiva

que fugazmente se otorga y se consume.

Así es todo: organizado y yerto

brota el amor, crece, se desparrama, se hunde,

vuelve la oscuridad

en la que, previsto y bien envuelto, yacía.

Nada, nada…

Dame tu mano. Entre los irisados estampidos

alegres sólo para los alegres,

se esfuma el corazón, igual que una girándula

demasiado mojada para arder o dar luz.

En este tornasolado e intrincado bosque

dame tu mano para que no me pierda.

 

Imagen de portada: Antonio Gala

FUENTE RESPONSABLE: Zenda. Apuntes, Libros y Cía. Por Laura Di Verso. Editor: Arturo Pérez-Reverte. 28 de abril 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía

 

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