Cómo hizo Borges para afrontar su ceguera y no abandonar su pasión: los libros.

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En 1977 Jorge Luis Borges realizó un ciclo de conferencias en el teatro bonaerense Coliseo y dedicó su último discurso a la ceguera, en la que habló sobre su «modesta ceguera personal»: total de un ojo y parcial del otro.

En su charla, el escritor planteó que vivía en un mundo de colores y no en esa «ceguera perfecta en que piensa la gente», ya que, según dijo, comenzó a perder la vista cuando empezó a ver. Así, refiere a que «ese lento crepúsculo» inició cuando nació y se extendió durante más de medio siglo «sin momentos dramáticos».

Cabe resaltar que heredó la enfermedad de su familia paterna, ya que su bisabuelo, su abuela y su padre también la tuvieron.

A sus 78 años, reveló que todavía podía descifrar algunos colores, entre los que señaló el verde, el azul y el amarillo, color que «nunca le fue infiel», según expresó, y recordó su devoción de niño por quedarse en el zoológico ante la jaula de tigres y leopardos admirando «el oro» de aquellos animales.

Comentó que la gente se equivoca cuando imagina al ciego «encerrado en un mundo negro», y agregó que extrañaba el color negro y el rojo. Así, reveló que el mundo del ciego es un mundo de neblina verdosa o azulada y «vagamente luminosa» y remarcó que dicho mundo «no es la noche que la gente supone».

El escritor señala un quiebre en 1955 «para los propósitos de la conferencia» y lo marca como el año en que supo que ya había perdido su vista «de lector y de escritor». Particularmente es el año en que la «Revolución Libertadora», tras el golpe a Juan Domingo Perón, lo nombró director de la Biblioteca Nacional.

Lo primero que hizo en su cargo fue averiguar que había 900 mil volúmenes. «Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el paraíso bajo la especie de una biblioteca. Era el centro de 900 mil volúmenes y comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos», sostuvo. Así, Borges se dio cuenta realmente que la lectura de los libros le estaba prohibida.

«Cuando comprobé que ahí estaban los libros y que tenía que preguntar a mis amigos el nombre de ellos, recordé una frase que decía que cuando algo concluye, debemos pensar que algo comienza«, reflexionó, y a partir de allí, decidió dedicarse de lleno al estudio de la lengua y literatura anglosajona y reemplazó el mundo de las apariencias por el mundo de lo audible.

«Escribí muchos poemas basados en esos temas y sobre todo gocé de esas literaturas. No permití que la ceguera me acobardara«, aseguró. Además, siguió escribiendo y publicando libros durante sus años de oscuridad y hasta el fin de su vida.

En esa línea, explicó que la ceguera no fue para él una desdicha total y que no se la debe ver «de un modo patético», sino como un modo de vida

Además, añadió que «ser ciego tiene sus ventajas» y reconoció que le debe a su afección el estudio, el conocimiento y el goce de diversas cosas, entre las que destacó su libro «Elogio de la sombra», en el que escribió un poema (con el mismo nombre) que alude a su ceguera.

En la conferencia, Borges refiere que la poesía no debe ser visual, sino auditiva, y evoca a Homero, el autor de «La Ilíada» y «La Odisea», quien también era ciego y también nombró a otros célebres escritores universales que tuvieron el mismo destino de no ver y que ello no les impidió seguir su curso en el mundo de las letras.

«¿Quién puede conocerse más que un ciego?», preguntó sin dar lugar a respuestas. «Para la tarea del artista, la ceguera no es del todo una desdicha: puede ser un instrumento», aseguró.

Señaló que «un escritor, o todo hombre», debe pensar que todo lo que le ocurre es un instrumento y que todas las cosas le han sido dadas para un fin, y en el caso del artista, según Borges, le ha sido dado «como arcilla, como material para su arte y tiene que aprovecharlo»

«Esas cosas nos fueron dadas para que las transmutes, para que hagamos de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiren a serlo. Si el ciego piensa así, está salvado. La ceguera es un don«, consideró.

Para dar fin a su conferencia, dijo: «He querido mostrar que la ceguera no es una total desventura, sino que debe ser un instrumento más entre los muchos, tan extraños, que el destino o el azar nos deparan».

Dos poemas de Borges que aluden a su ceguera 

«El oro de los tigres»: Da cuenta de esa «relación amistosa» entre el amor y la fidelidad que le brindó el color amarillo en el curso de su vida y la devoción que tenía hacia los tigres.

El oro de los tigres (Jorge Luis Borges) – Recitado por Oscar Martínez

«Poema de los dones»: Lo escribió en el año 1955, cuando, al ser nombrado director de la Biblioteca Nacional, se dio cuenta de la ironía que era el centro de 900 mil libros y no podía leerlos.

Poema de los dones – Jorge Luis Borges

Imagen de portada: Jorge Luis Borges y su ceguera, ese lento crepúsculo.

FUENTE RESPONSABLE: Diversidad. Por Juan Esteves. 24 de agosto 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/En memoria/Jorge Luis Borges

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