“Al Pacino: Eran todos chicos guapos…y entonces llegue yo”

Tiene 82 años, pero sigue trabajando. Su último proyecto es producir Modigliani, biopic sobre el pintor en el que Johnny Depp se estrena como director. Asegura Pacino que afronta su trabajo con la misma ilusión con la que comenzó. Quizá porque nunca planeó ser famoso. Pero finalmente, la leyenda del cine afirma entre la sorna y el agradecimiento, se está acostumbrando a la fama y al dinero.

Tras haber cumplido los 80 años la mayoría de los actores que han ganado varios premios Oscar y Tony piensan en escribir sus memorias. No es el caso de Al Pacino. No cree que un día vaya a escribir un libro sobre su vida y su carrera profesional, por la simple razón de que no se acuerda muy bien de lo que hizo en los setenta. 

Una década durante la cual fue nominado al Oscar cinco veces –por las dos primeras películas de la saga El Padrino, por Serpico, Tarde de perros y Justicia para todos– y durante la que interpretó, a su vez, el Ricardo III shakespeariano en Broadway. Pero, para el actor, los años setenta son hoy un borroso manchón en la memoria, producto del consumo habitual de drogas y alcohol. «En los sesenta me encontraba bien, pero en los setenta me sentía fuera de lugar; me hice famosísimo de la noche a la mañana», cuenta.

«En aquellos años, los actores eran todos guapos… hasta que, de pronto, aparecí yo. Nunca ambicioné convertirme en una estrella de cine. No era mi objetivo en la vida, la cosa me pilló completamente desprevenido, y creo que eso explica en parte que aquella fuera una década tan complicada para mí. 

Yo era un poco salvaje y descontrolado, y llevaba una vida muy loca, por lo que el recuerdo que tengo de esa época…».

Ríe. «Prefiero dejarlo ahí. Como puede ver, ahora estoy mucho mejor. Lo que demuestra que es posible sobrevivir a ese tipo de cosas. No voy a escribir un libro, pero si un día cambio de idea quizá pueda ayudarme con el capítulo dedicado a los setenta». Más risas.

«Si en los setenta hubieran existido los móviles, habría fotos mías muy inquietantes»

Durante ese pasado intenso tuvo que compatibilizar trabajo, noviazgos y excesos con las visitas a sus hijos mellizos, ahora de 21 años, Anton y Olivia, quienes se criaron en Los Ángeles junto a su madre, la actriz Beverly D’Angelo. «Su madre y yo siempre hemos vivido cada uno en su casa, lo cual es un factor que considerar –dice–. Los niños vivían en su casa y venían a verme a la mía, por lo que siempre estaban llevando cosas de un lado a otro, aunque con los años se han ido acostumbrando. Entre otras cosas, porque constantemente he estado a su lado, desde el día de su nacimiento».

Y llegó a la cumbre. A pesar de que cuenta que «nunca quise ser el Padrino. Es más, pensaba que a Coppola se le iba un poco la cabeza cuando me ofreció ese papel».

Pacino tiene otra hija de 32 años, Julie, fruto de su relación con la profesora de arte dramático Jan Tarrant. Según explica, Julia también es actriz «y hace lo que de verdad le gusta, de forma vocacional y con verdadera pasión». 

Vestido con un traje oscuro y arrugado, con los faldones de la camisa por encima del pantalón y con un fular en el cuello, el actor bebe café a sorbitos de un vaso de plástico. Al comienzo de su carrera profesional, Pacino trabajó como humorista de club nocturno y está claro que sigue disfrutando al contar historias divertidas. Muchas de las anécdotas tienen origen en su experiencia en el mundo del teatro.

Debutó en Broadway en 1969 con la obra Does a tiger wear a necklace?, por la que ganó su primer premio Tony. A diferencia de muchos actores procedentes del teatro que con el tiempo se han convertido en estrellas de cine y han dado la espalda a los escenarios, Pacino ha seguido trabajando en el teatro de forma regular.

«Sigo teniendo las pesadillas típicas de los actores», asegura. Y alguna se le ha hecho realidad. «Recuerdo que estaba interpretando una obra de Shakespeare. En un momento dado dije: ‘Señor, acabo de traeros esto y lo otro’ y seguí dale que te pego con el diálogo, hasta que me di cuenta de que mis palabras eran de otra obra de Shakespeare. ¡La representación era de Hamlet, pero yo estaba largando frases de Julio César! ‘¿Y ahora cómo salgo de esta?’, me pregunté. Estaba muerto de miedo».

El chico sencillo. Pacino, en 1974. Ya había hecho El Padrino y Serpico y preparaba Tarde de perros. Se convirtió en actor de culto en tiempo récord. A principios de los ochenta, su carrera se resintió un poco, pero Scarface –en el 83– lo devolvería a lo más alto.

«Recuerdo que otra vez, cuando aún era relativamente joven, nuestra compañía estuvo representando ocho funciones de Shakespeare por semana. Al cabo de unos días, me encontraba exhausto. Hubo un momento en el que me tocaba decir una larga parrafada en escena y, de pronto, pensé: ‘Estoy diciéndolo todo dos veces. Estoy repitiéndome, pues esto ya lo he dicho antes. ¿Qué es lo que me pasa? El público va a empezar a levantarse y marcharse cuando se dé cuenta de que el inútil del escenario está diciéndolo todo por duplicado’. En realidad no era así. Lo que pasaba era que un par de horas antes había largado la misma parrafada».

Ser diferente. Con sus mellizos cuando eran adolescentes. «No quiero ser como mi padre. Yo he querido estar ahí para mis hijos. Soy responsable de ellos», dice.

Pacino nunca ha estado casado. Entre sus distintas parejas se han contado las actrices Jill Clayburgh, Diane Keaton, Marthe Keller, Kathleen Quinlan, Debra Winger y Penelope Ann Miller. Salió durante diez años con Lucila Solá (o Polak, su verdadero apellido), una actriz y modelo  40 años menor que él. Rompieron en 2018 y él encontró un nuevo amor en la modelo israelí Meital Dohan, también bastante más joven que Pacino. Tampoco prosperó la relación. La última conquista (hasta ahora) es Noor Alfallah una productora de cine kuwaití de 28 años, 54 menos que el actor.

Infancia y futuro

Nacido en el degradado barrio neoyorquino de East Harlem, tuvo una niñez «complicada». El adjetivo es suyo. Su padre, Salvatore, albañil de profesión, abandonó a la familia dos años después del nacimiento del actor. Pacino creció con su madre, Rose, y sus abuelos. El dinero escaseaba en el hogar familiar, y Pacino se marchó de casa a los 16 años para vivir en el ambiente bohemio de Greenwich Village, donde trabajó como acomodador en un cine y se integró en un grupo teatral. «El mundillo del teatro vino a ser mi familia durante muchos años… De hecho, sigue siendo mi familia», indica.

«La gente no sabe que yo empecé haciendo monólogos cómicos. De hecho, no se lo cree cuando lo cuento. Pero yo me veo a mí mismo así, haciendo comedia»

Tras formarse en el Actors Studio de Lee Strasberg e interpretar a Michael Corleone en El Padrino en 1972, Pacino ha sido nominado al Oscar ocho veces. Finalmente consiguió el galardón en 1992, por Esencia de mujer. Ha sido premiado con el Tony en dos ocasiones y se ha convertido en una figura tan icónica como duradera en el teatro y el cine. Ha creado personajes tan memorables como Serpico, Scarface, Big Boy Caprice en Dick Tracy y el gánster de tres al cuarto Lefty, en Donnie Brasco. Junto con Dustin Hoffman y Robert De Niro, contribuyó a ponerle fin a la tradicional convención hollywoodiense de que todos los protagonistas masculinos tenían que medir más de un metro ochenta y gozar de una apostura varonil. Le ha llevado cierto tiempo, pero finalmente se ha acostumbrado a la fama y al éxito.

Las prefiere jóvenes. Con Lucila Polak vivió un romance durante más de diez años. Sus últimas novias han sido mucho más jóvenes que él. A Noor Alfallah, por ejemplo, le saca 54 años.

«Hace años, mi gran amigo y mentor Charles Laughton me llamó la atención sobre algo: ‘Al, sigue sorprendiéndote de que los desconocidos se acerquen a saludarte cuando andas por la calle’. Era un hecho. Me sorprendía, no veía la razón por la que me paraban en plena calle. Pero como el gran Lee Strasberg me dijo en otra ocasión: ‘Querido, uno tiene que hacerse a la idea’». Pacino sigue en la brecha. 

Entre sus últimos películas como actor (también ha dirigido) destacan El irlandés (por la que fue candidato al Oscar) y La casa Gucci. «Cada vez pienso más en el paso de los años, y he llegado a un punto en el que tan solo quiero trabajar en papeles que me interesen de una forma personal», dice.

Y se ha embarcado en una prometedora aventura, es el productor de Modigliani, donde Jonnhy Depp debuta como director. Pacino sigue.

Imagen de portada: Al Pacino (Fotografía: Andy Gotts)

FUENTE RESPONSABLE: El Correo XL Semanal. Por John Hiscok. 9 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Cinematografía/Teatro/Al Pacino

 

 

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