Dos poemas de José Bergamín

La Pesquera, Beceite (Teruel). Foto: Josefina López

AGUA sólo es el mar, agua es el río,

agua el torrente, y agua el arroyuelo.

Pero la voz que en ellos habla y canta

no es del agua, es del viento.

Agua es la blanda nieve silenciosa

y el mudo bloque de cristal de hielo.

Pero no es agua, es luz la voz que calla

maravillosamente en su silencio.

Agua es la nube oscura silenciosa,

errante prisionera de los cielos.

Pero su sombra, andando por la tierra

y el mar, no es agua, es sueño.

De Rimas y sonetos rezagados, 1962

 «En la forma de las horas

que son cristales del tiempo».

CALDERÓN

CRISTAL del tiempo, forma de la hora,

éxtasis del instante:

hilo del alma, temblorosamente

suspendido en el aire.

Soy, de un momento a otro, estremecido

latido de la sangre;

paralítico afán de una palabra

que nunca ha dicho nadie;

ilusión, frenesí, ficción y sombra

mentirosa del Arte:

reló de sol o arena, transparente

máscara sin semblante:

asidero inhumano de un fantasma

fabuloso, que sueña eternidades.

En José Bergamín para niños, ed. de Mª Pilar 

Lorenzo, Edición de la Torre, 1989

José Bergamín (Madrid, 1895-San Sebastián, 1983), fue un poeta español, miembro de la Generación del 27 y autor de una extensa y variada obra literaria que comprende aforismos, ensayo, teatro, periodismo y poesía. Fue también editor, en España y en México, de libros (Ediciones del Árbol y Editorial Séneca, que publicó, entre otros, Poeta en Nueva York y las primeras Obras Completas de Machado) y revistas (Cruz y Raya, que se posicionó a favor de la República y defendió los ideales de un catolicismo muy progresista, y España Peregrina).

Hijo de un conocido abogado y político de origen malagueño, vivió en Madrid, en cuya Universidad Central estudió la carrera de Leyes. Frecuentó las tertulias literarias en El Gato Negro, con Valle-Inclán y Jacinto Benavente, y en Pombo, con Ramón Gómez de la Serna. Dirigió durante unos meses Los Lunes del Imparcial, y publicó en la revista España y en El Sol y Luz. Publicó sus primeros ensayos en la revista Índice de Alfonso Reyes, Enrique Díez Canedo y Juan Ramón Jiménez,  donde apareció también su colección de aforismos El cohete y la estrella (1923). Al terminar sus estudios, trabajó en el bufete de su padre junto a su compañero de generación Manuel Altolaguirre, también abogado. En 1928 contrajo matrimonio con Rosario Arniches, hija del dramaturgo Carlos Arniches.

Durante la Segunda República fue por breve tiempo director general de Acción Social Agraria e inspector de Seguros y Ahorro en el Ministerio de Trabajo, a las órdenes de Largo Caballero. En el periodo de la Guerra Civil presidió la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Escribió en las revistas El mono azul, Hora de España y Cuadernos de Madrid. En su calidad de agregado cultural de la embajada española en París,  hizo a Picasso el encargo oficial del Guernica para la Exposición Universal de 1937 y consiguió que ese mismo año España fuese sede del Congreso Internacional de Escritores.  El 6 de abril de 1939, cinco días después de finalizar la Guerra Civil, solicitó en la Prefectura de Policía de París la carta de identidad como refugiado político. Continuó su exilio en Ciudad de México (1939-1946), Caracas (1946-1947), Montevideo (1947-1954) y París (1955-1958).

Tras su regreso a Madrid, debe exiliarse de nuevo (1964-1970) por haber encabezado una carta de apoyo a los mineros asturianos en huelga, dirigida al ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne. En 1970, cuando Fraga deja el Ministerio de Información y Turismo, puede regresar a España y en los primeros meses de 1971 se instala de nuevo en Madrid. Fue un disidente desengañado durante la transición (republicano convencido, nunca aceptó la monarquía) y sufrió la censura. Vivió sus últimos años «autoexiliado» en el País Vasco y apoyó al independentismo vasco con sus publicaciones en el diario Egin y en la revista Punto y Hora de Euskal Herria. Falleció en San Sebastián y pidió ser enterrado en Fuenterrabía «para no dar mis huesos a tierra española».

Poeta tardío, es autor de una poesía desigual, pero con auténticos logros. Publica en 1962 Rimas y sonetos rezagados y Duendecitos y coplas al año siguiente. En 1978 ofrece un nuevo libro, La claridad desierta, y en 1978, Velado desvelo (1973-1977), de corte unamuniano, en metros populares. En 1979 aparece Por debajo del sueño y, en 1982, Esperando la mano de nieve

Imagen de portada: José Bergamín 

FUENTE RESPONSABLE: El Hacedor de sueños. 18 de septiembre 2022.

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía.

 

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