Capturando a los Carver.

VIDAS

Alrededor de una supuesta visita del célebre Raymond Carver a Argentina, y su mujer de entonces, la también poeta Tess Gallagher, se tejió un malentendido que dura hasta hoy. Hablamos con Gallagher y algunos de los protagonistas.

El 24 de marzo de 1986, Raymond Carver publicó su poema «Cutlery» en el New Yorker.  

En el poema, el escritor consigue traer con su caña hacia la superficie un inmenso salmón. El salmón emerge enorme y plateado bajo la luz de la luna, tironea y se sale del anzuelo y vuelve al río. Carver queda perturbado con esa imagen que probablemente ilustre al mismo tiempo el misterio de la poesía y el trabajo del poeta: pasar esperando y esperando hasta que la belleza aflore. “Cutlery” (traducido como Cubertería, o Cubiertos) tenía además elementos que tocaban a los argentinos: hablaba de un río ancho que podíamos identificar fácilmente como el Paraná, mencionaba a la ciudad de Rosario y contaba de una comida en el Jockey Club. 

La fecha de publicación del poema -un 24 de marzo-, una mala traducción de la palabra officers, la falta de documentación respecto a la llegada de Carver a la Argentina, algunas ficciones escritas a raíz de esa visita y el rumor de que Carver habría dado una charla literaria en el Jockey Club en 1980 elevaron el viaje a la categoría de mito urbano. Para colmo, “Cutlery” no aparece en ninguno de los libros de poesía que llegaron a la Argentina en castellano, a través de la colección de Visor. 

No es el único poema en que Carver nombra a la Argentina: En el libro Ultramar (Ultramarine), en el último poema, “The gift”, Carver escribe: “Pero por alguna razón, antes de dormirme, me acordé de aquella vez en el aeropuerto de Buenos Aires, la tarde en que nos íbamos. ¡Qué tranquilo y desierto estaba todo!”. Y más adelante, en el mismo poema: “me di vuelta para mirar una vez más las luces de Buenos Aires”. También escribió “En la pampa esta noche”, en la que habla de gauchos y hay un verso donde señala que “Juan Perón duerme en España con el General Franco”.

Jorge Lanata, en su libro Polaroids, aparentemente influido por el relato del periodista rosarino Gary Vila Ortiz, escribió el cuento “Un pez en el aire”. Pero en esa ficción, Carver llega en soledad a Rosario a dar una charla de escritura creativa en el Jockey Club para gente de alta alcurnia y militares de la ciudad. El cuento probablemente haya sido leído en clave de no ficción. Al final del relato, en el que Carver termina componiendo el poema a orillas del Paraná, se cita “Cutlery” y se encuentra la traducción de la palabra officers como oficiales. Ese error luego lo repararía una traducción realizada por Mirta Rosemberg y Daniel Samoilovich: los que compartían la comida con Carver y su mujer Tess Gallagher en Rosario no eran militares argentinos, sino los directivos del club. 

No fue la única ficción que sumó malentendidos: en una novela de Víctor Cagnin, Carver cena y conversa animadamente con Gary Vila Ortiz y el propio Lanata. Esa escena también fue concebida como ficción, pero muchos lectores la asimilaron como la más pura realidad y terminó empastando la verdadera historia de la visita del escritor americano a la Argentina, a Buenos Aires y también a Rosario. 

El relato sin duda más creíble sobre la llegada de Carver lo dio la escritora Beatriz Vignoli, quien asegura que la charla sobre escritura creativa en Rosario existió, pero no fue de Carver solo: fue en compañía de su pareja, Tess Gallagher. 

El relato de Vignoli abunda en precisiones: la charla no fue en una cena en el Jockey Club, sino en el Instituto Nacional del Profesorado, hoy Olga Cossetini, que funcionaba en el edificio del Normal Nacional de Enseñanza Superior, y ocurrió en 1984. Según Vignoli, el encuentro fue organizado ARICANA (Asociación Rosarina de Intercambio Cultural Argentino Norteamericano). Vignoli, quien tenía diecinueve años y cursaba el primer año del traductorado, confesó que a ella en verdad la cautivó Gallagher, poeta y cuentista, quien recitó en inglés poesía de Alejandra Pizarnick. Pero cuando Carver leyó, Vignoli cuenta que, literalmente, se durmió. A Carver lo describe maravillosamente en un texto que ya es un clásico de la literatura rosarina, “Yo dormí con Carver”:  

“Vi a un hombre que se sentó ante el micrófono y saludó con una voz gris, plana, neutra, opaca. El hombre era como la voz. Todo cuadrado, todo gris. Los ojos grises. Unos anteojos verdosos, grandotes, de miope, enormes, cuadrados. Una grisez sólida, eso era Carver”.

El traductor Emilio Ganem, presidente entonces del centro de estudiantes del traductorado, agrega más datos: “levantamos la clase para ir al salón de actos donde ellos iban a leer y a dar una charla. Fue algo inesperado, no fue algo organizado. 

Para mí la trajo Fanny Sloer de Godfrid, que era una profesora de literatura muy relacionada, con muchos contactos. Ella nos pidió ayuda para que la charla tuviera más convocatoria. Y sí; como ya contó Beatriz Vignoli, la charla de Carver fue bastante aburrida.” 

En esa charla en la que se durmió Vignoli, Carver, en un inglés monótono, habría leído, según la reconstrucción del periodista Miguel Roig, “Intimacy”, el cuento que se publicaría luego en Tres rosas amarillas. En ese relato, el escritor, ya consagrado en los Estados Unidos y curado de su alcoholismo, visita durante una gira a su ex mujer, Mariann Burk. El cuento es una furiosa catarsis de su ex, acaso sea una reescritura de “Princesa”, de Anton Chejov, y es también un cuestionamiento a la utilización de la intimidad como material narrativo, aunque en el conmovedor final ella lo termina autorizando a que escriba lo que quiera.

Justamente esa fama exponencial que en pocos años logró Carver después de la publicación de ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (“Will you please please be quiet, please”) en 1976 es la que lo traería junto a Gallagher a tierras argentinas. La vida de Carver pega un giro de ciento ochenta grados al año siguiente, en 1977, cuando ingresa a Alcohólicos Anónimos. En 1977 conoce en un encuentro de escritores en Texas a su futura pareja. Al año siguiente recibe la beca Guggenheim. 

En 1981 publica su segundo volumen De qué hablamos cuando hablamos de amor (“What we talk when we talk about love”), que lo consagra casi como una estrella pop. Instalados en Siracusa, Carver y Gallagher comienzan a enseñar escritura creativa en la universidad, a publicar regularmente en “New Yorker”, y a viajar y dar charlas por el mundo. En 1982, “Cathedral” es considerado uno de los diez mejores cuentos de los Estados Unidos, y al año siguiente Carver es premiado con el Harold and Mildred Strauss Living Award –recibe suficiente dinero como para poder escribir sin preocupaciones- y el libro Cathedral es candidato al National Book. 

En ese contexto –Carver y Gallagher tienen que poner delante de su casa un cartel con la leyenda “Escritores trabajando”, por la cantidad de visitas que reciben a diario-, deciden realizar un viaje al exterior para darse un respiro, y salen a dar charlas sobre escritura creativa con el auspicio de la US Information Agency. En el verano norteamericano de 1984 viajan a San Pablo, y luego a Buenos Aires y a Rosario. Para Vignoli, la encargada de coordinar el intercambio pudo haber sido la profesora de inglés rosarina Fanny Fuhks. Quisimos contactar a Fanny junto a mi amigo, el escritor rosarino Raúl Astorga, pero Fanny murió el año pasado. 

Al paso del tiempo, la ausencia de material periodístico, las malas traducciones y la digestión de obras de ficción como de no ficción hay que sumarle las imprecisiones del mismo poema de Carver, “Cutlery”. En él, el escritor escribe “el ancho río que devuelve la luz de las abiertas ventanas del comedor del Jockey Club”. 

Hoy resulta imposible ver el Paraná desde la terraza del Jockey. En 2011, el director de cine Gustavo Postiglione le dedicó unos minutos a la visita de Carver a Rosario en su documental “La ciudad y las palabras”. Postiglione subió a la terraza del edificio y demostró que desde ahí no se ve el Paraná. 

Pero eso fue casi treinta años después del poema de Carver. ¿En 1984, si es que Carver estuvo allí, con menos edificios, lo pudo haber visto? Otros poetas rosarinos, como Martín Prieto, en ese mismo documental, sugieren que en verdad Carver juntó en su poema imágenes de su paso por Rosario con nombres emblemáticos; compuso, fusionó. No se preocupó por la veracidad geográfica del recuerdo; fue detrás de la epifanía. Al borde del Paraná fue evocando otro río, otro pez, la misma espera, la misma falta. En el documental de Postiglione, desde la voz en off se daba a entender que el relato de Vignoli no era del todo fiable. Gran problema que sufren los memoriosos: la memoria de elefante y la mitomanía suelen ser orillas de un mismo río. 

Periodista cultural, Astorga sostiene que existiría una foto de Gary Vila Ortiz junto a Carver, que quizás cenaron juntos en el restaurante “La misión del marinero” y que hasta hubo una entrevista. En 1984, Carver era ya una estrella nacional en Estados Unidos, y un ilustre desconocido en Argentina. Sus títulos llegarían traducidos dos años más tarde, por Anagrama, en 1986. Por eso no existen rastros de la charla en el profesorado, ni fotos de su paso por el Jockey. Gary Vila Ortiz, el periodista cultural rosarino, también murió. Le escribí a Reynaldo Sietecase y al escritor rosarino Patricio Pron. Los dos muy gentilmente me respondieron en Twitter. Sietecase escribió: “Alguna vez Gary Vila Ortiz me contó que estuvo con él, no sé si lo llegó a entrevistar o lo presentó”. Pron, desde España, twitteó: “La última vez que pregunté, nadie se acordaba de nada. (O sí: Beatriz Vignoli sí se acordaba, aunque tampoco de mucho)”. 

Entonces me acordé de Santiago Llach. En 2021, Gallagher había sido jurado del Mundial de Poesía que él mismo organiza. Lector fanático de Carver, Llach le escribió. El miércoles a las doce de la noche, llegó el mail de respuesta de Gallagher. 

“Hola Santiago, ¡Gracias por escribirme!  Ray y yo pasamos unos días hermosos en Argentina. Recuerdo en especial que caminamos por las calles nocturnas de Buenos Aires con Ray y fuimos a un show de flamenco una noche. Nuestra increíble anfitriona me llevó a un mercado de pescados un día para mostrarme todas las hermosas variedades que se pueden pescar en Argentina porque sabía que yo había pescado en el estrecho de Juan de Fuca cerca de donde nací desde los 5 años, y Ray y yo fuimos varias veces a Alaska a pescar salmón. Esta mujer maravillosa hasta nos cocinó uno de estos pescados. Recuerdo lo impactante de la arquitectura. Pude ver por qué  Buenos Aires tiene la reputación de ser la París de Sudamérica. No estoy segura de haber estado en Rosario, pero sé que Ray y yo escuchamos una historia sobre algo que sucedió en el Jockey club de ahí. ¡Necesito volver a leer ese poema! 

Cariños 

Tess»       

Curiosidades de la vida: teníamos el testimonio de la viuda de Carver, pero el misterio, lejos de aclararse, crecía. Llach marcó dos cuestiones: una, que el show de flamenco debió haber sido de tango. Y dos, que en Buenos Aires no hay negocios callejeros de venta de pescado. Esa es una marca típica de Rosario, de la zona de La Florida. ¿De quién hablaría Gallagher cuando se refería a la increíble anfitriona que tan bien los había tratado y hasta había cocinado para ellos? Gracias al testimonio de Ganem, contactamos a Fanny Sloer de Godfrid. Vignoli me pasó el Instagram de su nieta, la actriz Valentina Godfrid. Fanny, con ochenta y ocho años y una memoria extraordinaria, se encargó de despejar todas las dudas.

“Efectivamente, a pedido de la sección cultural de la Embajada de EE.UU y en mi carácter de profesora de Literatura Norteamericana en el Instituto Nacional del Profesorado y de la UNR, el 8 de junio de 1984 organicé la visita de Raymond y Tess a Rosario adonde Carver dio una conferencia sobre Hemingway. Hubo un almuerzo en el Jockey Club, una visita a los pescadores, porque Carver era un fanático de la pesca, y una conferencia sobre Hemingway en el Instituto del Profesorado, además de un city tour. Fue una visita muy breve, fue organizada muy a último momento por la Embajada y no conocíamos suficientemente la obra de Carver. Recién después de su visita lo leímos y estudiamos. A Carver, lo que más le impactó fue la visita a los pescadores en la costanera de La Florida. Mi amigo Gary Vila Ortiz no participó del almuerzo en el Jockey Club, y es probable que hayamos cenado en La Misión del Marinero cerca de mi casa, pero no podría asegurarlo. Carver murió a los pocos años, y yo publiqué una nota en el diario La Capital el 30 de octubre de 1988. Después de su fallecimiento, Tess me mandó de regalo el último libro de poemas de Carver “A new path to the waterfall”, con una tarjeta muy linda”.

En ella, se lee “Querida Funny: quería que tuvieras el último libro de Ray. Me acuerdo muy bien de tu amabilidad, de ti y de tu marido. Espero que este presente sea bien compartido allí en Rosario. Con cariño, Tess”.

(Este artículo fue posible gracias a la colaboración desinteresada de Raúl Astorga, Santiago Llach, Beatriz Vignoli, María Soledad Suares y Valentina Godfrid.)

Imagen de portada: Raymond Carver

FUENTE RESPONSABLE: BA La Agenda Revista. Por Rodrigo Manigot*Es músico y guionista. Es cantante y compositor de Ella es tan Cargosa. En Twitter es @elrulomanigot 

Sociedad y Cultura/Literatura/Poesía/En memoria

Un comentario sobre “Capturando a los Carver.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s