Rotten Tomatoes y el imperio de las medianías.

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Mi mujer y yo tenemos la costumbre de escuchar el podcast Todopoderosos cuando hacemos viajes largos en coche. Recientemente, volviendo de Asturias, atendíamos a la tercera entrega de su serie sobre la carrera de Steven Spielberg cuando me llamó la atención un dato sobre En busca del arca perdida

Y es que, aunque la recepción de la película fue muy positiva durante su estreno, al menos una crítica estadounidense de prestigio, Pauline Kael, la criticó con dureza. Juan Gómez-Jurado se preguntaba en el podcast, visiblemente inquieto, por los motivos que pudieron llevar a tal cosa cuando, desde muchos puntos de vista, es una película de acción impecable. 

Por supuesto, nada más llegar a casa busqué la reseña de marras, publicada en The New Yorker en 1981. Y me resultó muy chocante. Porque absolutamente todos los debates que han surgido en los últimos tiempos, después de que Scorsese dijese que el cine de superhéroes no es cine, y muchas de las opiniones críticas que he leído desde entonces sobre Marvel y su impacto en la cultura, ya estaban planteados por Kael en su reflexión sobre la película de Spielberg. 

Qué fácil resulta imaginar párrafos enteros sobre Marvel copiados de estas reflexiones: 

Cuando Spielberg dice que «los verdaderos amantes del cine son aún niños», no dudo de que lo dice en un sentido positivo. Todo el colapso de la industria se inspira en viejos seriales de sábado tarde y los tres mayores cineastas americanos están enganchados a juguetes y técnicas tecnológicas.

(…)

Detrás del Arca está George Lucas, que dice con voz suave cosas como: «Lo estoy haciendo para disfrutarlo. Porque quiero ver esta película». Y le creo. Ojalá no lo hiciera. Ojalá yo creyese que habla así para promocionar su Arca. Porque si Lucas, a quien se considera una de las personas más honorables en encabezar una productora, no estuviese enganchado en la basura de su infancia, si utilizase sus recursos para respaldar proyectos con seres humanos en ellos, no puedo ni imaginar el resultado. Podrían ser milagros. No creo que su bloqueo para producir películas con personajes humanos tenga que ver solo con el riesgo financiero. Lucas, que controla de forma estricta los presupuestos, probablemente no aceptaría perder mucho dinero, suyo o de otros. El principal obstáculo son los propios gustos de Lucas y su temperamento. No resulta sorprendente que se enorgullezca de los bonitos juguetes que ha generado Star Wars o que controle con esmero su producción. Porque, en lo esencial, George Lucas trabaja en la industria del juguete. 

En su crítica, bajo el título de «Whipped» —un «azotada» que puede referirse a ella misma como espectadora, a la industria, a la película y, desde luego, a los creadores de Indiana Jones— Kael denuncia que los ejecutivos de marketing se han convertido «en los nuevos altos sacerdotes del negocio del cine» y lamenta que solo entran en acción cuando se les da el producto que quieren, «cómics pulp u horror descuidado». 

Para ella, estos ejecutivos son peligrosos porque «su poder no consiste en ser especialmente efectivos a la hora de vender películas, sino en su habilidad para impedir que se rueden películas que no se prestan a convertirse en un llamativo anuncio de treinta segundos. En la nueva sabiduría de Hollywood, todo lo que tiene que ver con las vidas de la gente pertenece a la televisión, y por eso ahora la televisión nos afecta de una forma a la que ya no alcanzan las películas». 

¿Le suena todo esto al lector? 

En el fondo, Juan no tenía del todo razón cuando se preguntaba por qué Kael no había valorado la técnica de Spielberg. A su manera, lo hizo. 

Aunque en su crítica también intenta menoscabar algunos de sus aspectos formales, acusando al cineasta de un cierto apresuramiento e incapacidad de construir personajes o de permitir que haya respiros entre escenas de acción, se nota que no duda de su eficacia cinematográfica. 

Su problema con el Arca era, en algunos aspectos, ideológico. Consideraba que, más que un arca, era un caballo de Troya que suponía una transformación en el modo de entender la industria del cine.

«Lo que está en juego no está en la película: es cuánto ganará la película en las taquillas de todo el mundo. 

Y quizá esa ansiedad sobre los ingresos es lo que la ha vaciado de emoción», lamenta Kael. El problema es que la feroz y brillante escritora no temía solo por la industria, sino también por el papel que la crítica, y ella misma, tendrían en el mundo que se avecinaba. 

La era de Kael

En un artículo de 2011 de The New York Times, los principales críticos del diario, Manohla Dargis y A. O. Scott, intercambiaban opiniones sobre el legado de Kael. Dargis, por ejemplo, subrayaba que, justo en «la era de Rotten Tomatoes», es relevante la noción misma de que en el pasado los críticos tuvieron mucho más poder que hoy. 

Este, al parecer, es uno de los aspectos fundamentales que se recogen en la biografía de Kael que escribió Brian Kellow. Según él, durante su etapa en The New Yorker, entre 1968 y 1991, Kael fue «la crítica más leída, más influyente, más poderosa y, a menudo, más provocativa de Estados Unidos». 

La propia Dargis recuerda también una anécdota recogida por Peter Biskind en su libro Easy Riders, Raging Bulls. Y es que, al parecer, en una reunión Kael le dijo a Richard Schickel, el mítico crítico de Time: «¿Recuerdas cómo fue en los 60 y en los 70? ¿Cuando las películas molaban? ¿Cuando nosotros molábamos? 

Parecía que las películas importaban…». (NdT: Si al lector se le ocurre una versión menos ochentera de «movies were hot», y que no sea «las películas lo petaban», que me lo diga por Twitter).

Para Dargis, las películas y los críticos «aún importaban y aún importan, solo que de otra forma». 

Señala: «Una cosa que ha cambiado ha sido el papel del crítico de cine, que a mediados de los 80 ya no tenía que persuadir a una audiencia por lo general escéptica y hostil de que tenían que tomarse en serio las películas. 

Sin embargo, en 1967 Kael tenía que explicar por qué y cómo Bonnie and Clyde era importante (¡y en nueve mil palabras!). Formaba parte de una vanguardia crítica que divulgaba el nuevo testamento del cine en críticas, libros, en la tele, en todas partes. Los críticos eran auténticas figuras culturales pop. Pero a mediados de los 80, cuando Kael añoraba su época de molar, (Gene) Siskel y (Rogert) Ebert ya eran famosos». 

A. O. Scott subraya, por su parte, que una de las cosas que aprendió en el libro de Kellow fue que, de joven, Kael formó parte de la escena avant-garde literaria y artística y literaria en San Francisco y Nueva York, que incluía al poeta Robert Duncan y, de forma algo tangencial, al compositor Samuel Barber

Pero que al mismo tiempo, como escribió el padre de su hija, James Broughton, Kael «odiaba las revistas pequeñas, las salas pequeñas y las películas pequeñas. Valoraba la gran pantalla, las películas largas, las grandes producciones». 

A ese respecto, me encanta el comentario del crítico del NYT de cómo Kael era, a la vez «una rebelde bohemia y también una rebelde contra lo bohemio», lo que explica algo de la síncopa intelectual de su trabajo, el abrazo y la huída de lo mainstream, el deseo contradictorio de encontrar en las películas algo especial y que al mismo tiempo fuesen universales. 

¿Qué opinaba entonces de otra película de Spielberg que, según Todopoderosos, es al mismo tiempo una de las películas más especiales y universales de todos los tiempos? Pues aquí coinciden bastante. Cuando Kael vio ET la consideró «deliciosa»

¿Y qué tiene que ver con todo esto Rotten Tomatoes?

Todo surge de la propia Dargis, de la frase ya mencionada «la era de Rotten Tomatoes». Una expresión que se ha leído después en titulares de The Guardian, The Globe and the Mail, o un podcast de la emisora KCRW cuyas conclusiones podéis leer aquí. Hace dos años, Eldiario.es publicaba el artículo de Francesc Miró «Donde esté un buen recomendador web que se quite un crítico».

Y es que existe curiosidad o preocupación sobre cómo ha evolucionado el papel del crítico, por qué Rotten Tomatoes importa, si importa más que otras formas de medir el impacto crítico, cómo funciona exactamente y qué impacto real tiene en los espectadores.

Fundada en 1998 por tres estudiantes de Berkeley, esta web ha sido adquirida tantas veces y ha formado parte de tantas integraciones en las últimas dos décadas, que cuesta seguirle la pista desde el punto de vista corporativo. 

Ahora mismo forma parte del portal de venta de entradas Fandango y, como tal, de Comcast. Cuando compras una entrada en Fandango.com, aparece la puntuación de la película en Rotten Tomatoes. 

Aquí es importante explicar bien qué es Rotten Tomatoes y qué no. Lo que Rotten Tomatoes mide no es la calidad media de las películas en función de las puntuaciones de los críticos. Un 99 % en esta web no te dice que muchos críticos hayan dado muchos dieces o nueves a la película. 

Lo que marca es qué porcentaje de críticos considera que se trata de una película decente y no una chusta, entendiendo «decente» como «películas que están en el rango de entre 6 y 10». 

Si todos los críticos del mundo pusiesen un seis pelado a una película, tendría un 100 % en Rotten Tomatoes. ¿Supondría eso que es la mejor película del mundo? 

No, implica solo que la crítica en masa le ha dado un aprobado pelado. Es el equivalente a un pulgar arriba o abajo en el Coliseo.

Su «Tomatometer» no trata de reflejar la calidad media de una película según los críticos, una labor que sí ejerce Metacritic, propiedad de Fandom INC, que sí se trabaja el mundo de la media de puntuaciones, tanto en películas como en videojuegos. 

Un ejemplo fácil de entender lo tenemos con Top Gun: Maverick. ¿Por qué su Metascore en Metacritic es de 78 % y en cambio tiene un estelar 96 % en el Tomatometer? 

Porque el 96 % de valoraciones positivas contempla todos los 6, 7 y 8 que ha recibido la película, que para su métrica son positivas pero afectan negativamente a la de Metascore. 

También funciona al revés. Babylon tiene un 61 % en Metacritic y un 54 % en Rotten Tomatoes. ¿Por qué? Porque muchos críticos a los que le ha gustado le han otorgado puntuaciones muy altas que compensan los aprobados y suspensos que les ponen otros. 

En Rotten Tomatoes, un 10 vale lo mismo que un 5, así que tener muchos fans irredentos no te ayuda a mejorar las puntuaciones.

Cuando hablo con amigos, siempre digo que un mal Rotten Tomatoes, de entre el 50 % y el 60 %, puede esconder sin problemas una buena película. 

Una que tenga opiniones muy divididas, que corra riesgos creativos de mi agrado, o que sea de un género con detractores, como el horror más sangriento. ¿Otras pelis podridas en RT pero aprobadas en Metacritic? Por ejemplo, The Life Aquatic with Steve Zissou (56RT vs 62MC) o Hook (28RT vs 52MC). Pero lo normal es que Metascore tenga puntuaciones más bajas que RT. 

Es mucho más fácil conseguir «aclamación crítica» en Rotten Tomatoes y creo que, precisamente por eso, está siendo más utilizada en general por la industria. 

En España tenemos muchos críticos registrados en RT. Algunos por el hecho de pertenecer a medios concretos y otros porque se dan de alta directamente. Para escribir estas líneas hablé con Jorge Loser, que escribe para Espinof y con quien tengo bastante afinidad en general. 

Como en su web tienen un sistema de puntuaciones sobre cinco estrellas, todo lo que supera las tres estrellas puntúa como fresh

Si por lo que sea no han emitido una puntuación con estrellas, la propia RT analiza el sentimiento de la crítica y lo interpreta con su receta secreta particular. Me explica además que un compañero suyo en la web, Víctor López, que sí está registrado, tiene una posibilidad adicional: la de puntuar más bajo y, sin embargo, marcar la película como fresh.

La importancia

En los últimos tiempos ha habido dudas sobre si Rotten Tomatoes es capaz de afectar a la audiencia, y reconozco que nada de lo que he leído me hace tener las cosas más claras. 

Intuyo que en la parte de las entradas que vende Fandango, es posible que RT pueda mejorar o empeorar la posibilidad de que compres entradas para una película determinada. 

En mi caso, un rotten claro por debajo del 40 % me supone una barrera casi insalvable. 

Pero hablamos de críticas que ya están publicadas, que la gente ha podido leer por otros medios, y del público relativamente elitista que las consume. RT puede suponer una parte del sentimiento colectivo con respecto a una película, y quizá hoy incluso lo lidere, pero siempre ha habido una parte del zeitgeist que va en esa dirección. 

El lector de «Cahiers du Cinéma» no está tan lejos del de RT, al menos si los comparas a ambos con el resto del público. 

Los tres creadores de la página, todos asi americanos, coinciden en que la idea fue de uno de ellos, Senh Duong

Patrick Lee explicaba así su nacimiento: «Hace tiempo, al leer el periódico, te encontrabas con estos anuncios de películas que, básicamente, eran el póster rodeado de citas de los críticos. No importaba que la película fuese buena de verdad o no, las críticas siempre eran positivas. 

Si la película estaba realmente bien, las citas eran de críticos famosos como Rogue River, y si era horrible las citas venían de DJ aleatorios de emisoras de radio en medio de la nada. O se las inventaban. 

Así que su idea fue: «¿Y si hacemos lo mismo pero incluyendo todas las citas, las buenas y las malas? Así que empezó a hacerlo en su tiempo libre. Entonces no había muchas críticas ni siquiera en internet, así que iba a la biblioteca (…) y buscaba las citas en periódicos y revistas, y las introducía sin incluir ningún enlace, porque no apuntaban a ninguna parte».

Con esto quiero decir que RT tiene la capacidad de interpretar el zeitgeist, pero es importante recordar que ya había formas, rudimentarias o no, de hacer lo mismo en el pasado, como el recopilatorio de críticas del suplemento cultural Metrópoli

Eso sin olvidar que los espectadores tienen su propio criterio y pueden tomar sus decisiones basándose en aspectos como su propia interpretación de las críticas que han ido leyendo, lo ingeniosa que haya sido la promoción, si conviene verla con niños, si la ponen en VOSE, la trayectoria del director o de los guionistas, su interés en el género al que pertenece o en los actores que las protagonizan.

En 2015, Pamela McClintock publicó en Hollywood Reporter un artículo sobre cómo Hollywood podría tener roto su oráculo sobre qué películas funcionan o no. 

Y no es de extrañar, teniendo en cuenta que muchos títulos ese año no alcanzaron las proyecciones esperadas, lo que a menudo se vio acompañado de malas puntuaciones en RT. 

Fue el caso de Terminator: Genisys, con un 26 % en RT, que esperaba recaudar cincuenta y cinco millones de dólares en el puente de 4 de julio de aquel año y ganó muchísimo menos. 

Eso, probablemente, también tuvo que ver con que Cinemascore, el sistema de encuestas que utiliza la industria para analizar las películas, le dio una puntuación muy superior a la de los críticos, un B+ que viene a ser un notable alto. 

Estaba un poco forzada, además, porque lo cierto es que la puntuación de las audiencias tampoco acompañaba en RT y Metacritic. Porque ambos portales permiten que los usuarios hagan sus propias críticas, y suelen ser más generosas que las de los críticos, siempre que no haya troles intentando destruir algo dirigido por una mujer o esté involucrado el fandom de Zack Snyder.

Sin embargo, esta tesis se contradice con los resultados de un estudio publicado en 2021 en Applied Economy Letters en el que se ponía en solfa su influencia real con las cifras en la mano. 

Después de analizar el impacto de Rotten Tomatoes en la recaudación de 1239 películas de amplia distribución entre 1999 and 2019, sus autores «no encontraron evidencias de que las clasificación de RT afectase los resultados en taquilla».

Hay señales de que el principal efecto a favor o en contra de los estrenos no procede de los agregadores de críticos, sino de la importancia de las redes sociales. 

Y no necesito consultar el estudio de 2011, de la misma publicación, cuyos resultados sugerían que «el boca-oreja y las críticas tienen un papel fundamental en el consumo de los espectadores en la era de internet y los medios sociales». Solo tengo que ver el impacto que han tenido TikTok en fenómenos como Wednesday o M3gan

El papel del crítico

Es difícil argumentar que el papel del crítico deba ser reducido a decir a los lectores qué deben ver o qué no, o incluso ayudarles a realizar una elección informada. En mi opinión, Rotten Tomatoes permite zanjar la primera pregunta aglutinando todo el espectro de opinadores. 

Y otorga al público la capacidad de consultar opiniones ajenas para construir las propias. A través de esta web leo a muchos críticos porque me llaman la atención las pequeñas sinopsis de sus reseñas y quiero saber más. 

Igual que me gustaban las crónicas de Joaquín Vidal sin disfrutar los toros o leo con avidez a Alberto Rey sin que me interese la televisión convencional, las buenas reseñas y las grandes críticas son disfrutables en sí mismas. 

Por su calidad literaria, porque te permitan reafirmar tu opinión sobre algo que has visto, porque te descubran cosas nuevas… ¿Por qué ver un «Honest trailer» o un «Pitch Meeting» si conoces la película? ¿Por qué leer a Boyero sobre Star Wars si sabes que va a rajar más que Shakira de Piqué? Porque es divertido.

En todo arte, la crítica ayuda a la construcción de los productos muy a largo plazo y, como pueda suceder en la pintura, genera obras maestras a fuego lento. La noche del cazador fue muy odiada. 

The Thing, que tuvo la mala fortuna de estrenarse el mismo año que ET, tuvo una recepción gélida y fue un fracaso de taquilla. Y todos tenemos una película que adoramos a pesar del odio de los críticos, porque no todos los objetos artísticos funcionan de la misma forma para todos. 

Encontrar un texto de alguien brillante que es capaz de explicarte por qué has disfrutado algo es maravilloso, aunque lo es incluso más descubrir cosas de una película o serie que no te gustó cuando la veías, que te dan otra perspectiva y te hacen pensar en volver a verla. Cosas que te iluminan. 

Para cerrar el círculo de Scorsese, Indiana, Kael y los superhéroes, recordemos cuál fue la película favorita de señores en pijama de Steven Spielberg, en sus propias palabras: «La película de superhéroes que más me ha impresionado es una que no se toma a sí misma demasiado en serio: Guardianes de la Galaxia. Cuando terminó la proyección, salí con el sentimiento de haber visto algo nuevo en el cine, sin ningún cinismo o miedo a ser oscuros cuando hacía falta». 

Y su director, James Gunn, respondía así a Scorsese: «Hay muchas películas espectáculo sin corazón y sin alma que no reflejan lo que debería estar pasando.No puedo decir la cantidad de veces que he hablado con directores antes de hacer una película grande y les he dicho: «Estamos juntos en esto, hagamos algo diferente con estas grandes películas. Hagamos algo diferente a todo lo que ha llegado antes». Y después, he visto asqueado cómo cedían a cada pequeño capricho del estudio». 

Quizá suceda lo mismo con los sucesores de Pauline Kael. Que no podamos meterlos a todos en la misma cesta porque pueden ser tan distintos como Gunn, Scorsese y Michael Bay

En el documental El crítico se plasma la vida de Carlos Boyero escribiendo de cine con gran influencia y buenas condiciones económicas y laborales. Quizá no tantos críticos españoles puedan vivir como él porque las nuevas generaciones leen en inglés lo que enlaza Rotten Tomatoes. 

O quizá no tiene absolutamente nada que ver. Pero en la entrevista que concedió a El Confidencial al respecto, planteaba algo interesante: «He tenido la suerte de que mi vida ha sido cómoda ejerciendo mi trabajo. Que me pagaran muy bien. Pero deberían de plantearse los que lo critican el porqué he tenido esa serie de privilegios. A lo mejor es que me los he ganado y porque les soy rentable a los medios en los que he trabajado».

Quizá Rotten Tomatoes sea el pulgar en el Coliseo.

Y quizá sus puntuaciones otorgan más importancia a películas medianeras. 

Pero, como siempre, el papel fundamental en todo consumo lo tiene quien compra la entrada. Si de Rotten Tomatoes solo sacas ese pulgar porque era lo único que buscabas, bien está. Si te ayuda a construir tu propia forma de entender el cine o las series después de leer a gente como Loser, Víctor López, Paula Arantzazu, Randy Meeks, Elsa Fernández-Santos o Desirée de Fez, siéntate y disfruta de la experiencia. 

Porque aunque todo está cambiando y nuestra forma de consumir contenidos no deja nunca de transformarse, y por más que nos rasguemos las vestiduras, lo cierto es que las cosas siempre han sido más o menos así. 

Las palabras crítico, criterio y crisis tienen la misma raíz griega. En El crítico como artista, Oscar Wilde escribió que el crítico «es aquel que puede trasladar de otra manera o en un nuevo material su impresión de las cosas hermosas». 

Quizá por eso, por el amor que sienten hacia aquello de lo que escriben o de lo que hablan, porque «las única cosas sobre las que puedes trasladar una opinión objetiva son aquellas que no te interesan», el crítico siempre tendrá un lugar en el mundo. Porque «los artistas se reproducen a sí mismos, o entre ellos, con una repetición agotadora. Pero la crítica siempre se mueve y siempre evoluciona».

Imagen de portada: GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: Jot Down. Por Miguel Ángel Uriondo. 

Sociedad y Cultura/Cine/Crítica de cine/Rotten Tomatoes.

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