Juntos siempre…

¿Sabes? Si bien soy de aquellos; que dicen que uno debe ocuparse, en lugar de preo- cuparse, hoy no tengo demasiados deseos de escribir. Estoy preocupado, aunque comencé a ocuparme, desde el mismo momento en que ayer, me comunicara uno de mis queridos sobrinos, de la súbita enfermedad de mi hermana, que a la vez es mi compa- ñera de todos los días de esta “rara actualidad”, en que nos enviamos un WhatsApp o hablamos por teléfono. Nos contamos nuestras vidas; nos reímos, discutimos por ser diferentes y hablar sin filtros –sin cuidarnos-, nos amigamos luego, diciéndonos que nos amamos.
Pero la voz de uno de sus tres hijos ayer; me movió toda la estructura. Y ello; a pesar de que de cuatro hermanos, siendo el menor tuve que convertirme en el mayor desde mi adolescencia, para asistir a mi padre primero, a mi hermano mayor luego y a mi madre, durante diecisiete años debido a una larga enfermedad, pero que llevo con una dignidad maravillosa. Pero el fallecimiento de mi hermano, la potencio. Se fue a los dos años; diciéndonos en las visitas periódicas que mi hermano ausente –Carlos- se había presentado, diciéndole que se preparara para la partida. Tal es así; que a los dos días, los ángeles se la llevaron en silencio y sin sufrimiento.
En cambio, a mis dos hermanas mayores, hube de contenerlas solo en puntuales cir- cunstancias. ¿Será aquello, que dice de la mujer ante la adversidad, demuestra más resiliencia y fortaleza que el hombre? Seguramente, es así.
A fines del año pasado; su hijo menor y su mujer, se fueron a otro país latinoamericano adonde reside otro hermano, casado con una bella mujer, dos niñas y su madre política, en búsqueda de oportunidades, que lamentablemente este país no ofrece, pase el gobierno que pase y desgobierne. Es una constante. Eso la sacudió; por aquello de que el amor filial es generalmente mayor con el menor de los hijos, lo que generalmente no es un mito. En muchos casos; es real como el aire que respiramos –si lo sabré, yo-.
Hubo un tiempo, que ante cualquier situación, lloraba y se encerraba en sí misma, en que esa sensible emoción, le quitaba esa fortaleza anímica que ostento durante toda la vida. Ya a los dieciocho años; cuando ya estaba quedándose imposibilitada de caminar, cuando médicos la trataban erróneamente con sus diagnósticos; hubo quien finalmente –un neurocirujano- luego de unos estudios, percibió un tumor del tamaño mayor de un huevo alojado entre la columna vertebral y la médula espinal.
Así hubo que quitarle cuatro vertebras; para extirparle exitosa mente ese tumor, que le impedía movilizarse y por lo cual derramaba mares de lágrimas, al pretender dar siquiera un paso.
Por ello; mi experiencia con los médicos, cualesquiera fuera su especialidad, ha sido siempre ciclotímica –a algunos les haría tragar por el culo, el juramento hipocrático-, si bien conozco a una gran mayoría que son tan dignos, eficientes y no ven el vil metal, como su objetivo final. Velan verdaderamente por la salud de las personas, como sucede en cada lugar del mundo y mas hoy, ante este maldito COVID19.
Pero ella; ha sido siempre para mí una amazona invencible, se quedó sola con tres hijos casi todos adolescentes. Del mejor pasar; pasaron a encontrarse sin medio alguno, se unieron y se fortalecieron, salieron adelante juntos, con sacrificio y ese “don” que en quien creas, le da a veces “a los buenos”, para superar adversidades y lograr alcanzar aquello que se llama vivir con dignidad.
Luego tuvo otros casos; un cáncer de colon que supero, pero que significo también perder unos centímetros de su intestino grueso. Otras adversidades; como caídas por querer hacer su trabajo, lo más rápido posible y tropezar una y otra vez, con fracturas o hematomas groseros en su cuerpo. Además la casa de tres plantas; que solo le dejo su divorcio sin ningún otro pasar, ni siquiera pensión por alimentos por uno de los hijos, aun menor. Ella se empleó y sus hijos; fueron todos a trabajar de lo que fuera, para seguir viviendo de pie y no de rodillas, como bien nos enseñaron en nuestro humilde hogar, en el cual nacimos y solo como riqueza inigualable, ejemplos recibimos. Luego del trabajo; limpiaba toda la casa, ella sola. Obsesiva, sin igual se reía cuando finalizaba el último rincón. Satisfecha; como buena cabeza dura. Tampoco puedo escribir demasia- de ello. Por algo, tenemos demasiadas coincidencias.
Siempre estuvimos presente; el uno para el otro. Amo a mi otra hermana y estoy para lo que necesite; pero sin embargo, no tenemos la misma comunicación. Somos diferentes.
Estoy golpeado, pero mas fortaleza esgrimo, en estos casos. Hable con mis sobrinos, ya jóvenes adultos. Les ofrecí acompañarlos en esta dura batalla, que su madre enfrenta- ra, pero con todos nosotros detrás, a sabiendas que lo superara por su elevada moral y siendo la persona maravillosa, que es.
Comprendes ahora; la razón de que solo hice catarsis aquí. Como explicarte; porque no deseaba escribir de otro tema. Te pido disculpas. Me dirás; que es una historia de vida, mas. Y te daré; la derecha. Hoy, me pasa a mi.
Si lo has leído, gracias por pasar. Un abrazo.

Misterio en Giverny – VII Parte

Ya era noche avanzada en La Capucine; casi las once. Jean Claude, estaba realmente pasado de copas, por más que hubiera terminado su plato principal. Se daba lo que suponía Richard, el joven artista parisino, no era propiamente un noctambulo, solo un “niño bien” acomodado que se codeaba con la aristocracia.
-Dime, Jean Claude; vamos por el postre?
-Buehhh….pide la carta, veremos que tenemos…-
-Diviso Richard a Elizee, y la llamo, por favor…ven.-
-Sí caballero…-
-Nos traes la carta, queremos un postre-
-Aquí tiene, me llama cuando sepan que pedir.-
-Gracias Elizee…-
-Ohhh…mira Jean Claude;tenemos Macarons, Mont-Blanc, Tarte Tatin y Gâteau Saint Honoré  …que deseas pedir para ti?-
– Para mi Richard; una Tarte Tatin…-
– Bien Elizee; por favor nos traes una Tarte Tatin y una Gâteau Saint Honoré?-
-Enseguida, respondió Elizee.-
Mientras tanto…Richard volvió a su papel muy bien actuado, de aquel que toma información en una cena, como preámbulo de una amistad en ciernes y aprovechando la credulidad de Jean Claude y el alcohol que era evidente, ante su estado de marcada somnolencia.-
-Jean Claude dime; hay obras de arte importantes en la Villa del Mediterráneo, que fuera de los Rothschild, o son meras replicas.-
– No….creo que quien se ha pasado con la cerveza; eres tú Richard le respondió Jean Claude, agregando puedes maravillarte con obras de Bouguereau del siglo dieciocho, tales como “Dante y Virgilio” o “El Nacimiento de Venus”. Además prosiguió encuentras obras de Cabanel, el danés Bendz y los más famosos lienzos de Pierre-Auguste Cot. Además hay tantas pero tantas maravillas, que sería imposible describírtelas todas en una sola velada.-
-Que genial…no me imaginaba que hubiera tanto para ver. Ahora dime, quizás haya dejado en tu atelier, algún recuerdo el gran Rodin?-
– No, la verdad que no he visto nada y si lo hay, no lo he visto. Sí puedo decirte que desde la ventana, tienes una hermosa vista de las distintas tonalidades de verde, que hasta producen en mi, una verdadera sensación de paz.-
-Alizee llego con los postres; y los dejo delicadamente en la mesa.-
-Ohhh…Richard; debo decirte que me tendrás acompañar a casa…porque no me veo demasia-do bien…bahh…es lo que creo…soltando una risotada.-
-Se sorprendió; pero en realidad era lo que deseaba que le pidiera, Richard le respondió -es lo de menos que puedo hacer por ti, compañero.-
-Lo que lamento Jean Claude; que en tu estado, no podrás conocer a Babette.-
-No hay problemas; Richard. Sera la próxima vez, ni siquiera estoy para pararme…uhhh…que me han pegado fuerte estas deliciosas cervezas, dijo JeanClaude, tratando de incor- porarse.-
-Que haces Jean Claude; espera. No hemos terminado los postres y además debemos pedir y pagar la cuenta…o crees que nos regalan la cena, por no ser de aquí o por lo simpáticos que somos…riéndose ruidosamente.-
Terminaron con los típicos postres franceses; y fue el momento en que Jean Claude llamó a Elizee, pidiéndole la cuenta, lo que ella hizo y luego le entrego.
-Dime Richard; ya que no veo muy bien, cuanto es la cuenta.-
-Si que estas realmente mal; amigo. Son 48 euros y piensa en la propina por la magnífica atención de la muchacha.-
-Desde ya; Richard. Jamás he sido un miserable. Toma 55 euros, págalo tú por favor.-
Richard llamo a Elizee y le pago junto con la propina. La muchacha encantada, le agradeció y les dijo que siempre, serían bien recibidos en el lugar, invitándolos a volver.
Richard; se acercó a Jean Claude y lo ayudo a incorporarse. Con alguna dificultad Jean Claude como todo aquel pasado de copas, se puso tenso y recto al caminar, lo que produjo la risa de Richard, quien le dijo;
-Pareces un muñeco a cuerda; Jean Claude, por la forma en que caminas.-
Ambos jóvenes; rieron con ganas y marcharon abrazados, por esas calles obscuras, ya que la arboleda era como un telón que escondía la iluminación del alumbrado público.
Mientras caminaban; hablaban de sus planes de los próximos días, y ahí fue que Jean Claude le comento a Richard, que la semana de la próxima semana, más precisamente el miércoles se iría todo el día a Les Andelys, a casi 20 kilometros del pueblo, especialmente para visitar el emblemático Castillo Cháteu-Gaillard.
-Richard; le pregunto que lo motivaba a visitar el Castillo.-
-Jean Claude; le respondió: sabes, me interesa hacer unos bocetos del entorno en donde se encuentra enclavado, entre dos barrios de antaño de la ciudad de Les Andelys, siendo uno de los parajes más destacados del Valle del Sena.-
Arribaron a la casa de Jean Claude y Richard se ofreció a ayudarlo a subir, lo que el otro joven agradeció. Subieron por la escalera de madera y mientras ello ocurría, la mirada aviesa de Richard, no se perdía detalle del lugar y de cada rincón.
Tanto en la planta baja; como en el primer piso Richard, observo los pisos antiguos de madera, que generalmente poseían una pequeña cámara de aire por debajo, de no más de diez centímetros, que actuaban como ventilación y para refrescar los distintos ambientes, cuando los veranos eran terriblemente tórridos.
La cabeza de Richard, era parecida a una biblioteca en donde guardaba toda cosa de interés, que Jean Claude confiadamente le había comentado, con una amplia variedad de detalles. A eso, le sumaba que ahora conocía que lugar habitaba Jean Claude.
Jean Claude en su estado; al llegar le pidió ayuda para acostarse en su cama. Richard accedió amablemente, sacándole los zapatos y recostándolo en su cama. Luego de saludarlo con una palmada en el hombro, se retiró de la casa. 

Continuara

No existe edad…para amar

Jamás considere a la edad
como obstáculo o influyente,
en cada amor que amarraba
largando mi pesada ancla
en todo momento de la vida.

Y ello, por la simple razón
que al no ser eternos,
vale más amar y ser amado
aun cuando ello sea efímero.

Es tan sublime entregarse
como alegres amantes,
sin tener en cuenta la ceguera
de aquellos, que miran con encono.

Por ser ignorantes de que se siente
en el amor desenfrenado de la prisa,
que contra todo prejuicio se entregan
dos a sí mismos, por lo que dure aun
un solo instante, un lustro,  lo que sea.

Porque no hay mayor tristeza
que iguale esa espantosa sensación,
de no tener en los brazos a esa mujer
que dice amarte para siempre,
aun cuando el futuro se apresure.

Misterio en Giverny – VI Parte

Richard observo como Jean Claude, llevaba consigo unas hojas en blanco y varios lápices en un sobre, y al ver ello le pregunto:
-Dime Jean Claude, has traído eso por alguna razón?
– Oh sí; le respondió sonriendo Jean Claude. A veces la inspiración sucede en cualquier lugar o en cualquier instante…
– Que es lo que te anima o te ha inspirado más a pintar, Jean Claude?
– No te rías, algo que suceda repentinamente pero también la belleza de una mujer…
– Ahh..ja…No me dabas el tipo de un seductor Jean Claude, como es eso?
– No…no Richard; soy bastante tímido, pero a través de la contemplación, fijo en mi memoria como modelo, a la mujer que en algún momento conozco y me maravillo, produciéndome eso…eso…
– Sí…hombre…te entiendo como un torbellino de hormonas, que te dejan confundido y bajan hasta tu pito…y estallo en una carcajada…
– No Richard, no te burles ni alces la voz, por favor. Mi visión es de algo inaccesible, como platónico. Eso es lo que me inspira…la belleza no solo física de una mujer…también su cadencia, su hablar, como camina. Me entiendes?
– Claro que sí; hombre. Como no entenderte (Richard pensaba que se encontraba frente a un hombre, que por su forma de ser, no habría intimado con muchas jóvenes parisinas). Dime Jean Claude, tienes o has dejado alguna novia en París?
– Jean Claude; (dudo por un instante en contestar para preservar su intimidad, pero ese joven le agradaba y era una de las pocas personas del lugar, con la que podía congeniar, pasando algunos ratos como pasatiempo, a pesar de su vozarrón y falta de sutileza). Sí, le contesto. Su nombre es Colette…
– Vaya…vaya…y que te dijo; cuando supo que te alejarías por un tiempo de París, para darle lugar a perfeccionar tu arte y en esta atmósfera de Giverny, en donde sé que hay varios artistas que como tú, vienen a este lugar creyendo que encontraran a una musa inspiradora-
– Ella nada me dijo Richard; sabes lo veníamos hablando hace tiempo y ambos consideramos que era lo mejor para mi futuro, nuestra confianza es plena. Cada tanto le escribo o retiro una carta de ella, de la oficina postal. Es una hermosa y encantadora mujer-
– Y dime Jean Claude, como la conociste?-
Se callaron; ante la presencia de la mesera Alizee, la que les pregunto que deseaban servirse, sin dejar de mirar a Richard.
-Este le pregunto a Jean Claude; qué opinas compañero si comenzamos con dos Kronenbourg ( una cerveza de Alsacia, muy popular en Francia y antiquísima) con entreé ( como entrada; sopa o ensalada)?-
– Jean Claude; asintió en cuanto a la cerveza, pero eligió la ensalada, al igual que Richard-
Alizee tomo el pedido y se retiró, no sin antes rozar las manos de Richard, apoyadas en la mesa, caminando de manera cadenciosa, hacia la cocina del lugar.
-Richard le guiño un ojo a Jean Claude, diciéndole – has visto amigo, como estas bellezas pueblerinas son las que te conquistan, sin mover un solo dedo, volviendo a lanzar otra estruendosa carcajada-
– Menos mal; pensó Jean Claude, que donde se encontraban no había personas alrede-dor. Alguno sin embargo, lejos der allí, dirigió su mirada a la mesa que ocupaban.-
– Richard le pregunto: – Dime, Jean Claude. No deseo que lo tomes a mal, pero me gusta-ría que nos conociéramos más, ya que veo que podemos forjar una linda amistad, que opinas?
– Es también mi intención; le respondió Jean Claude, creo que a pesar de dedicarnos a cosas diferentes y en carácter, somos como el agua sobre aceite, podríamos a llegar a ser buenos amigos. Dime; tu que deseas saber?
Richard ya había planeado su propia cartilla de preguntas; para obtener las respuestas que pretendía, a sabiendas que debía incluir en las mismas. trivialidades para que Jean Claude no sospechara ni minímamente, de sus verdaderas intenciones.
-Dime Jean Claude; responde a la pregunta inconclusa ¿cómo conociste a Colette?-
-Y…hace poco más de cinco años. Junto a mis padres, habíamos sido invitados a una velada que resulto fascinante por el decimoquinto cumpleaños de Nathalie de Rothschild, que sus padres organizaron y realizaron en la Villa Ephrussi.
-Ohh..debe haber sido fantástico…tanto lujo…tanta gente elegante y millonaria…el champagne debe haber corrido de una manera…y volvió a reírse-
– Y si, dijo Jean Claude. Precisamente en esa velada, presentaron la degustación del vino Chateu Lafite Rothschild, porque bien sabes que como esa familia, ninguna se promociona como ella…-
– Tan importante era la presentación de ese vino…aún más que el cumpleaños de la niña, exclamo sorprendido Richard…-
– Bien sabes Richard; le respondió Jean Claude que los Rothschild, son desde hace siglos una familia endogámica, lo que siempre ha sido una estrategia de la dinastía, a fin de asegurarse que su riqueza, siempre estuviera en manos de la familia- 
-Que de excentricidades y sed de acumulación de poder tienen, verdad?
respondió Richard…- 
Jean Claude calló, ante la llegada de la camarera, que depósito el pedido en la mesa junto a dos vasos congelados, para degustar la que para Richard era la más exquisita cerveza de Francia.
Con un tono sensual; Alizee mirando fijamente a Richard le pregunto; -desean los caballeros algo más?
-Richard saco de la galería su simpatía y le respondió; si eres tan amable nos gustaría que dentro de un rato o bien cuando se encuentren desocupadas, tu y tu hermana Babette se acerquen a nuestra mesa; a mi amigo le gustaría conocerla.-
-Alizee le respondió; tratare de complacerlos pero deberé pedir permiso al Señor Jean Luc Gedeon, gerente de aquí que además es muy riguroso y no nos permite que frecuentemos las mesas de los clientes…-
-No te preocupes, la interrumpió Richard. Llegado el caso, hablare yo con el Señor Gedeon…-
Alizee sonrio y se retiró; y los jóvenes sirvieron la cerveza en los vasos y brindaron por el encuentro y la vida, riéndose de la ocurrencia de Richard en tratar de lograr que la hermana de Alizee, conociera a Jean Claude. Este sin embargo, tan distinto a su compa- ñero de mesa, sintió una alegría y libertad desconocida en él, tan respetuoso de las formas. Se dijo a si, que razón le impedía divertirse después de tantos días en el pueblo de Giverny. Y se prometió disfrutarlo.
Ya habían terminado tanto las cervezas como las ensaladas, cuando Jean Claude volvió a llamar a la camarera, para pedirle la carta.
Mientras tanto, Richard le pregunto:- Dime Jean Claude, cuando te encuentras en Paris, frecuentas a los Rothschild?
-Sabes Richard; se detuvo un momento para abrir las nuevas cervezas que ya había dejado en la mesa Alizee y sirviendo en los vasos, le respondió- es frecuente que por la amistad con mi padre, visitemos a Guy de Rothschild en su gran y lujosa Villa, que se encuentra situada en Saint-Jean-Cap-Ferrat en la Riviera francesa. 
– Y dime; le pregunto Richard es cierto lo que dicen…que la familia Rothschild posee una interminable colección de obras de arte?
-Sí, no te han mentido. Poseen solo allí una vasta colección de obras de arte y estatuas. Fíjate, que además la biblioteca es monumental con casi un total de 8.000 volúmenes…-
-Richard se mantenía como se había prometido; muy interesado en lo que le decía su compañero ocasional, sin demostrar prestarle demasiada atención a Jean Claude…por lo que este le espeto;
– Richard; me estás escuchando?
-Sí…sí…perdona Jean Claude, estaba distraído pensando en que te gustaría que pidié-ramos como plato principal y en hacer un fantástico cierre de la noche con las dos bellas hermanitas pueblerinas. Que te parece como postre;  amigo?
Ya estaban por la tercera cerveza. Jean Claude bebía apresuradamente; Richard en cambio continuaba con su estrategia, como un paciente pescador que pone su carnada, y se toma todo el tiempo necesario, para atrapar su presa.
-Deseas que pidamos el plato principal, y vemos si tienen alguno de esos típicos que suelen ser tan sabrosos y abundantes, Jean Claude?-
-Sí; me parece oportuno, respondió Jean Claude-
Richard llamo a la camarera; que estaba observándolos, ya que no tenía demasiada personas para atender, en las mesas que le habían asignado. Presurosa y moviendo sus caderas, se detuvo a solo escasos cincuenta centímetros de Richard…
-Si señor; desean algo más?-
-Dime Elizee, que nos recomiendas como plato principal?
-Les puedo recomendar una exquisita lengua lucullus o bien una exquisita tartiflette, que es una especialidad de nuestro cocinero.-
Ambos se miraron; y Jean Claude se decidió por la tartiflette, mientras Richard prefirió la lengua de buey ahumada alternada con rebanadas de foi gras. Aprovecho para pedirle a la camarera; otra ronda de cerveza y que se las trajera junto a los platos-
La camarera asintió; y salió presurosa. Se sentía cómoda; al no haberle preguntado nuevamente el caballero por su hermana, la que estaba en un sector en donde tenía una mesa con diez comensales, y muy ocupada atendiéndolos.
Mientras tanto; Richard considero que debía profundizar un poco las preguntas hacia Jean Claude, y nuevamente en forma prudente le pregunto;
-Dime Jean Claude; posee la familia Rothschild en su Villa, importantes obras de arte?-
-Mira Richard; si bien fue la Baronesa Béatrice de Rothschild quien construyó su villa de color rosa en un promontorio en el istmo de Cap Ferrat con vistas al mar Mediterráneo, fue ella misma quien llenó la mansión con muebles antiguos, pinturas de maestros antiguos, esculturas, objetos de arte, y reunió una extensa colección de porcelana rara. Te digo que es tan importante; que los jardines están clasificados por el Ministerio de Cultura francés, como uno de los Jardines notables de Francia. Sin embargo a su muerte en 1934, la baronesa donó la propiedad y sus colecciones a la división Académie des BeauxArts del Institut de France y ahora está abierta al público. No obstante, ocuparon el salón principal en la velada en que se desarrolló, el agasajo por el cumpleaños de la niña Nathalie…-
– Uhhh…bueno…bueno…debe ser impresionante ver todas esas obras de arte de incal- culable valor, todas en esa villa que por lo que me cuentas, es como encontrarte en el mismo paraíso, dime la seguridad de la Villa seguramente debe ser estricta y rigurosa, no?-
-Sí, así es; contesto Jean Claude, quien se sentía ya un poco mareado…-
– Te sucede algo Jean Claude? le pregunto sonriendo Richard-
– No…no, quizás me excedí un poco con la cerveza…-
-Vamos, no digas eso; no hemos bebido tanto. Ahora cuando te traigan la tartiflette, llenaras tu estómago y te sentirás mejor. Y después…los postres-
-Jean Claude asintió y sonrió…-
-Dime Jean Claude; tu sabes que en el primer piso con el atelier que alquilas, una vez se alojó allí al inicio del siglo, el gran escultor Auguste Rodin?-
-Sí…me lo comento un camarero del Restaurante Baudy, te interesa por algo?
-No…no solo preguntaba si lo sabias…-

Continuara…

Sobre Finales Felices

Para deleitarse en una tarde gris… Muchas gracias “Hombre superfluo”.

Blog de un Hombre Superfluo

No concibo que los finales puedan ser felices,  porque de serlos, las historias no terminaría nunca. Los que lo parecen los veo tan artificiosos como a quien posa con esmero sobre la mesa una taza ardiendo que le abrasa los dedos. Los finales, bien son impuestos o provienen de la fatiga. Derivan de necesitar un cambio, no de dejar de pasárselo bien porque sí.  Pocos en su sano juicio consiguen preparar con cuidado e ilusión su propio ataúd. Si se van del paraíso, es porque les obligan o no les parece tal y lo hacen un día determinado, sin demasiada dilación.

Porque aun los desenlaces que simulan languidecer, ya terminaron de forma brusca a una hora cualquiera, pero siguen con la sensación de vivir que tiene un zombi mientras camina. El final siempre me parece un instante, un despertar abrupto. Lo demás son las brasas del árbol que ya nunca…

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Misterio en Giverny – V Parte

Ese sábado de agosto; había amanecido nublado con una tenue llovizna, y Richard al mirar hacia afuera, se dijo así mismo que su cansancio de una semana de trabajo, a lo que no estaba acostumbrado en sus largos días y noches de París, se merecía seguir en la cama por un rato más. Rechino sus dientes; se abrazó a la almohada y volvió a dormirse.
Volvió a despertarse pasado el mediodía; y se dijo así mismo, que era mas la hora de almorzar que desayunar y se dirigió al refrigerador, donde sabía que tenía todo lo necesario para cocinarse esos fantásticos crepes salados de jamón y queso, además del resto de una sopa de cebollas, que las había cocinado lentamente el día anterior en mantequilla y aceite, la que había dejado en un cuenco, y solo le faltaba añadir una rebanada de pan con queso y gratinarla. Sonrió, imaginándose el juego de sabores, acompañado con un rico vino borgoña.
Luego de preparar su almuerzo, se sentó a la pequeña mesa y comenzó a almorzar, no sin antes pensar en el encuentro con Jean Claude. Sabía en la última conversación que había mantenido con el joven artista, que provenía de una familia acaudalada, que le solventaba absolutamente todos los gastos de su estadía en Giverny. Sabía también; que él se había excedido con Jean Claude, que casi podría haberse mostrado sorprendido, por las reiteradas preguntas que le hacía. Pensó que la ansiedad, le podía jugar una mala pasada y alejarse del centro de su cometido. No podía volver a cometer ese error; y debía mantenerse calmo, dejando que Jean Claude llevara la próxima conversación y solo interrumpirlo, cuando consideraba que la respuesta le diera algo, que le fuera de utilidad, para su no tan elaborado todavía, plan.
¡Niño rico y mantenido, con todo servido! se dijo así mismo; con enojo y porque no, un dejo de envidia. Jean Claude; también le había comentado que su padre Clément Alain Rochet no era nada más ni nada menos, que el Director del Banco Nacional de Francia, supeditado al Banco Central Europeo y dueño de una considerable fortuna. Su madre; Lorraine Lasarre era además la prima del Barón Benjamín de Rothschild, quien era el presidente del Grupo LCFRothschild, un banco privado de importante relevancia en la vida pública del país y propiedad de la misma familia por generaciones, desde mediados del siglo 18.
Mientras almorzaba; su mente acostumbrada a planificar hasta el mínimo detalle, aun hasta en aquellas, sus pequeñas acciones delictivas, comenzó a idear como iría a consumar su delito, el que lo alejaría de ser un pequeño bribón, para convertirse en alguien respetable y seducido por las más bellas mujeres parisinas.
Termino de almorzar; se lavó los dientes y miro su reloj. Recién eran las 2 de la tarde y considerando su somnolencia, consciente-mente producida por el exquisito borgoña, se volvió a acostar extendiendo su largo cuerpo, el que ciertamente era demasiado largo para la cama que disponía, ya que sus pies quedaban por fuera de ella.
Por la dudas y con el temor de quedarse dormido, ajusto el reloj despertador a las cinco de la tarde, para levantarse y así bañarse, afeitarse, vistiéndose con lo mejor que podía disponer, ya que sabía que debía brindar una muy buena imagen en ese primer encuentro a solas y muy atento a lo que conversaría con Jean Claude. Su sonrisa seductora y cordial como mascara, haría el resto.
Sin embargo, por más que lo intentara no podía dormirse. Se convenció que no era porque se había levantado al mediodía; el motivo real era que le provocaba ansiedad el encuentro que iba a mantener y trato, como si fuera un político que entrena su oratoria frente al espejo antes de una entrevista, ponerse a pensar adonde deseaba llevar la conversación en nimiedades al inicio, y luego de unas buenas cervezas, de manera sutil enterarse de lo que realmente interesaba, para sus fines inescrupulosos. Pensó también en la gran diferencia física que tenía con Jean Claude, quien contaba con una estatura mediana y una contextura extremadamente delgada, contra el físico de hombretón que el poseía.
Su mente se aceleraba y los recuerdos corrían por su mente. Desde la muerte de su madre cuando tenía seis años, hasta que los golpes de su padre. le obligaron a abandonarlo como a sus tres hermanos, a la edad de catorce años. 
Fue en esos momentos; en que fue reclutado por el “viejo” Valéry Romaric, que reclutaba a adolescentes tanto mujeres como hombres, y les daba albergue y comida, a cambio de que realizaran hurtos o arrebatos, dándoles el 20 por ciento de lo que obtenían. Así vivió Richard; durante cuatro años hasta que hastiado de los abusos de “el viejo”, de dormir en un catre dentro de un ambiente con olores nauseabundos y en las peores condiciones, junto a sus compañeros y compañeras, huyo sin decirle a nadie, una noche en que recordaba cuando el frió de la madrugada le ajaba la piel, produciéndose un intenso dolor.
Comenzó en solitario; y su aprendizaje le sirvió para ser un gran observador de los movimientos en las casas de determinadas zonas de la ciudad Luz, y luego proceder a violentar sus puertas para robarlas, sin riesgo alguno. Al principio; sabia donde revender todo aquello que le permitía mantenerse. Durmió en la calle; para luego alquilar un cuarto en un viejo hotel del barrio Chatelet. Con el paso del tiempo, logro conocer delincuentes como él, pero prefería robar en soledad y sin violencia. Eso le había garantizado haber tenido la fortuna de jamás ser descubierto y obviamente, carecer antecedente penal alguno.
Volvió a pensar en su encuentro; y siendo ya las seis de la tarde, entro al pequeño baño del cuarto, para prepararse con tiempo y tratar de llegar primero al lugar en que vería a Jean Claude. Al rato, salió del baño y comenzó a vestirse, terminando de calzarse esos zapatos relucientes para la ocasión. Siempre había pensado; que ese detalle decía mucho de la persona y por ello, era tan obsesivo en su limpieza.
Salió aun con la luz del día, había dejado de llover ya hacia unas horas, y silbo alegremente como aquel que se va de fiesta. Diviso a unos centenares de metros, las sombrillas rojas desplegadas alrededor del bistró y algunas personas sentadas en las mesas. Sabía que debería ubicarse, en algún lugar más reservado junto con Jean Claude, alejado de miradas u oídos curiosos de lo ajeno. A menos de cien metros de llegar, observo que algunas pocas luces se encendían y hacían mucho más amigable el lugar. Sonrió y se dijo “en la obscuridad, todo reluce como si fuera oro”…
Ingreso al lugar y fue recibido por una mesera, a la que le comento que estaría esperando a un amigo y que lo ubicara en un lugar, lo más privado posible. Con su seducción; le preguntó el nombre a la camarera…la que respondió sonriendo mordiéndose los labios, Alizee. Mantuvieron una corta charla, pero la joven al tomarle confianza, con su inocencia de “pueblo chico”, le comento que también su hermana Babette, trabajaba también en el lugar.
Justo en ese instante; ingresaba Jean Claude y pidió una mesa, creyendo que Richard no había llegado. No obstante, volviendo hacia la entrada Alizee, al verlo y sabiendo de Richard, le pregunto si buscaba o esperaba a alguien y al contestarle Jean Claude, ella le dijo amablemente que la acompañara, hacia donde Richard estaba esperándolo.
Jean Claude llego a la mesa; y Richard le dio una efusiva bienvenida tomándolo por los hombros, invitándolo a sentarse.

Continuará…

Misterio en Giverny – Parte IV

Jean Claude amaneció en su atelier; dándole unas pinceladas a una de sus obras, a sabiendas que siendo jueves, era el día que visitaba generalmente la Casa Museo de Monet. Le molestaba ir los fines de semana; cuando turistas y curiosos totalmente ignorantes del arte pictórico, llegaban en masa al lugar y -pensaba él- se sacaban fotografías de las más ridículas, sin tener en cuenta los bosquejos o réplicas de las pinturas de uno de los fundadores del impresionismo.
Les interesaba ver las sartenes y ollas de bronce de la cocina, la habitación o el baño con sus accesorios que utilizaba el afamado pintor. 
Dejo la paleta, los pinceles y la espátula e ingreso al pequeño baño, donde lavo firmemente sus manos, dejando su casaca en uno de los percheros de la puerta. Luego de higienizarse; cambio su viejo jean por unas bermudas y su casaca por una remera, ya que en junio la cercanía del verano se hacía sentir, con ese sol ardiente que quemaba las sienes y obligaba a andar ligero. Se calzo sus tenis y bajo del primer piso por la diminuta escalera, saliendo a la calle y cerrando la puerta detrás de sí.
Recordaba la cordial conversación que había mantenido con Richard, la semana anterior y esperaba volver a encontrarlo, para cumplir su promesa de invitarlo a beber unas frías cervezas en el Bistró.
Era para Jean Claude una hermosa caminata de no más de trescientos metros, en la que la suave brisa le golpeaba su rostro, como si supiera del calor reinante disfrutando de inmejorable forma al ver los rosales trepadores florecidos, como así trasladarse retrospectiva-mente a inicios del siglo, y pasar por la linda iglesia de Giverny, dedicada a Santa Radegonde.  Sabia él; que Claude Monet y su familia descansan aun hoy, en el cementerio detrás de la iglesia. La piedra grande en frente de la iglesia es el vestigio de un dolmen. Tiene la reputación de sanar las enfermedades de la piel.
Apuro el paso e ingreso a la vivienda. Para su alegría, diviso a Richard en la parte norte de la casa, entre los tallos esbeltos de las malvarrosas y las masas coloreadas de las plantas anuales. Cuando Richard lo vio, levanto su mano creyendo que Jean Claude no lo había observado. Se encontraron y se dieron un fuerte apretón de manos, con un leve golpe en sus hombros. Parecía que esos dos hombres, estaban para cultivar una sana y magnífica relación. Pero no iba a resultar sencillo.
Como lo había previsto y respetando su compromiso; luego de una breve conversación le reitero su invitación a Richard, quien sonriendo le dijo que casualmente ese sábado lo tendría libre. Así que quedaron que a las siete de la tarde, se encontrarían en De la Capucine.
No obstante; antes de despedirse llamativa-mente Richard retuvo unos minutos a  Jean Claude, preguntándole si se encontraba cómodo en el lugar que había arrendado y si la mujer de la limpieza, también le cocinaba. Además con sutileza, fue casi como haciéndole un interrogatorio, al preguntarle sobre los detalles de la construcción de la vivienda, incluso del piso del atelier. Jean Claude amablemente e ignorando las razones por las cuales Richard tenía tanta curiosidad sobre la vivienda en que el se alojaba, le dio todas las respuestas.
Los hasta allí “buenos conocidos”; volvieron a estrechar sus manos, con el compromiso de encontrarse al sábado siguiente en el Bistró.
Hacia setenta años; en que Rodin se había alojado en la misma vivienda que ahora ocupaba Jean Claude. Auguste Rodin ya de adolescente; mostraba ante su padre su belicoso carácter y termino de pelearse con su progenitor a los catorce años, para ingresar a la Escuela Imperial de Dibujo y Matemáticas. Sin embargo; cuatro años estuvo allí. Intento después entrar en la escuela de Bellas Artes, pero fracaso hasta tres veces en las pruebas de acceso.
Los giros de la historia a pesar de ese rechazo, lo hicieron esforzarse y consiguió dedicarse a lo que quería y le gustaba. A pesar del fracaso inicial; tanto por la no aceptación en la escuela de Bellas Artes como a su primera escultura famosa, fue que estudio anatomía en profundidad y nadie creyó que el método había sido el adecuado porque estaba, al parecer, demasiado bien hecha. Sin embargo; cayo en 1862 en una profunda crisis personal, que lo llevo a ingresar a la Orden de los Agustinos. Sin embargo, su superior el Padre Eymar percibió que el monasterio, no era el sitio para el joven Auguste y lo incito a dejar el noviciado y volver a la escultura.
Así fue como consiguió demostrar que su escultura era cierta y ello le dio la fama además del empujón necesario para seguir haciendo lo que a Rodin le gustaba. Por una razón fundamental: le permitió dividir su escultura en dos, la alimentaria, que le daba de comer a él y a sus amantes, y la transgresora, la que le permitía desarrollar su arte sin pensar si iba a gustar o no. Ya cuando visito junto a Cézanne a Monet, era un escultor afamado y reconocido por todos los círculos del Viejo y Nuevo mundo; ya que en Buenos Aires, Argentina, se erige su estatua de Domingo Faustino Sarmiento en el barrio de Palermo.
Ya había pasado su romance apasionado y tortuoso con su discípula Camile Claudet; a la que dejo ya que no estaba decidido a abandonar a su devota compañera Rosa, quien lo acompaño durante cincuenta y tres años, además de ser su modelo y asistente, además de darle un hijo, jamas reconocido por Rodin, por temor a su madre. Si bien años después de su visita, decidió donar todas sus obras al Estado, una de sus obras solicitada por un coleccionista, quien quedo asombrado por su modelo en yeso  –el hombre de las serpientes-; la que fue única en su género y desapareció en 1914.

Continuará

POR QUÉ LA GENTE NO TE LEE

¡ Absolutamente enriquecedor y esclarecedor para much@s ! Por ello, lo reblogeo. Muchas gracias, Adrian Ballesteros. Un cordial saludo.

SCRIPTEUM

Consejos en los que descubrirás cómo cambiar tus hábitos a la hora de publicar


Autores como Pérez Reverte, Julia Navarro, Javier Castillo, Lorenzo Silva, Carlos Ruiz Zafón, Carmen Chaparro, Mónica Castillo, Dolores Redondo, Karmelo Iribarren o Alejandro Pedregosa, entre otros miles, han revolucionado el mundo de la publicación de libros gracias a sus obras y es por ello que el índice de impacto de estos autores a lo largo de los años ha cambiado de forma importante.

Está claro que escribir es un arte pero aún más sumergirse en el tedioso camino de las editoriales, publicaciones y redes sociales. Por ello, aquí os dejo cinco consejos que podrás aplicar en este ámbito.

  1. Tienes que lograr que te reconozcan. El fin de las redes sociales es darnos a conocer y comunicar los enlaces a través de los cuáles los lectores pueden adquirir nuestro ejemplares en tiendas como Casa del Libro, Carrefour…

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Asignatura pendiente

Éramos matrimonios amigos,
pero sabíamos ella y yo
qué bien podríamos
haber sido ardientes amantes,
si las circunstancias inertes
no nos hubieran indicado 
en distintas veredas.

Ella no estaba 
realmente enamorada,
en cambio yo estaba 
por primera vez 
hasta la médula,
pero ello no evitaba
la enorme atracción 
que nos teníamos.

Hoy ambos, estamos solos
hace un tiempo nomas
me atreví a contactarla,
se resiste a lo virtual
y sin leer lo que le escribo,
será imposible lograr
coincidir en un encuentro.

Recuerdo su ojos celestes
color cielo, la dulzura
de sus formas, de su andar
en puntillas, vergonzoso.

Creo que además de haber
sabido dejar ir o bien soltar, 
tengo que resolver
como bien dice Arjona,
esta asignatura pendiente…

Imagen de Thomas Ostmann

ARTE CONCEPTUAL

¡ Brillante y esclarecedora entrada ! Gracias miles guimelene & magumy!

Despabilando las Neuronas

“ La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia”. (Aristóteles filósofo griego 384 ac – 322 ac).

Si el arte se define como la expresión de un mundo en constante transformación e interacción, entonces el artista resulta ser el guía que construye nuevas formas e ideas exponiendo dichos cambios con su arte. Las tendencias de manifestaciones artísticas se modifican al paso del tiempo, renovando conceptos, ajustándose a la nueva mentalidad que emerge de los diversos cambios sociales que dan pauta a otras maneras de asimilar el mundo; por lo que el artista se motiva a expresar esa percepción de cambio. Y el arte conceptual es el factor consecuente de esa trasmutación que evoluciona de ser sólo arte contemplativo a ser activo, participativo; generando conceptos plasmados en objetos ordinarios valiéndose de diversas maneras de presentarlo que inviten a la…

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