Frente al Obelisco se vivió el cierre simbólico del Festival Tango BA.

Mundial de tango: las parejas ganadoras.

Celebraron Agustín Agnez y Barbara Ferreyra en la categoría Pista y Emmanuel Casal y Yanina Muzyka en Tango Escenario. La ceremonia incluyó homenajes a Juan Carlos Copes, a María Nieves, a Claudio Segovia, y varias presentaciones musicales.

Con el Obelisco de fondo, anoche se coronaron las parejas ganadoras del Mundial de Tango. Los galardones fueron para Agustín Agnez y Barbara Ferreyra (de San Fernando, Buenos Aires, y San Rafael, Mendoza) en la categoría pista y para Emmanuel Casal y Yanina Muzyka (de Valentín Alsina) en Tango Escenario. 

Además, en esta categoría hubo un segundo puesto para los porteños Federico Carrizo y Juan Francisco Seguí, lo que significa el puesto más alto hasta el momento para una pareja de bailarines del mismo género. Aunque la competencia mantuvo la doble modalidad presencial/virtual, todas las parejas premiadas se subieron al escenario cercano al Obelisco.

La ceremonia –una celebración extensa de más de siete horas- incluyó homenajes a Juan Carlos Copes, a María Nieves, a Claudio Segovia, y varias presentaciones musicales. Además, en la competencia hubo un detalle inédito: por primera vez sonó una orquesta actual en la final (la Orquesta Típica Misteriosa Buenos Aires), además de un par de versiones de clásicos del espectáculo de Broadway Forever Tango.

Aunque todavía queda actividad para disfrutar durante el domingo, las finales del Mundial suelen marcar el cierre simbólico del Festival Tango BA, que tras más de un año y medio de pandemia, volvió a la presencialidad. La organización podrá anotarse algunos porotos a favor en el balance. Tras años de discusiones con distintos sectores del tango, la organización de los artistas en distintas agrupaciones que pudieron reunirse con la nueva directora –la bailarina Natacha Poberaj-, dio sus frutos. El resultado final alcanzó un balance entre los reconocimientos a figuras históricas (“los homenajes hay que hacerlos en vida”, sostuvo ante Página/12 Poberaj) y los espacios reclamados por las expresiones más renovadoras del género. Y un mínimo histórico de protestas en redes sociales.

Desde luego, la pandemia afectó y no sólo por el cambio de escenario (tradicionalmente las finales se celebraban en el Luna Park). Los testimonios de los bailarines finalistas y los ganadores daban cuenta del impacto. Agnez y Ferreyra, por ejemplo, vieron frustradas sus respectivas giras por Europa a causa del coronavirus. Según contaron a la prensa, como vivían cerca y sabían que eran rigurosos en sus cuidados, se animaron a comenzar a bailar juntos, para mantenerse en actividad. Conectaron y se convirtieron en pareja por partida doble: en la pista y en la vida. Casal y Muzyka, en tanto, perdieron sus ingresos como bailarines. Él tomó el volante para una app de radiotaxis. Ella se puso a atender el negocio familiar de artículos de limpieza. Que ambos vivan en un barrio tradicionalmente obrero y de larga tradición tanguera como Valentín Alsina completa el cuadro.

En cuanto a los homenajes, hubo un pequeño documental dedicado a Copes, figura emblemática de la profesionalización de la danza, y una entrevista pública a María Nieves, con la que él se hizo famoso. Del primero se reveló una placa en su memoria, que cuando finalmente se reinaugure se instalará en el Teatro Alvear, ya que era la sala porteña favorita del bailarín. De Segovia, presente y con bastón en la platea, se ofreció un pequeño documental matizado por parejas actuales retomando el emblemático show Tango argentino. De Tango argentino quedó flotando una definición notable de su creador: “era un espectáculo de exaltación romántica del tango en sus distintas variantes”.

Finalmente, el homenaje a Nieves corrió por cuenta de Silvia “Cachorra” Toscano, quien la entrevistó en público. Nieves no sólo recordó a Copes y los años iniciales, en los que recorrían los clubes de barrio dando exhibiciones y participando de campeonatos en los que inexorablemente terminaban segundos, también ofreció algunos consejos a los jóvenes bailarines, que abundaban en los 150 metros de sillas apostadas frente al escenario. “Sueño que los chicos jóvenes sigan bailando el tango. Hay grandes bailarinas y bailarines. Pero ellos se van a dar cuenta que el tango no es para la pirueta, sino para la elegancia. Sueño con que los pibes se cansen de bailar por el aire y bajen al piso. Que tengan paciencia: por un campeonato no te llenás de guita”. Además, contó cómo impactó el coronavirus en su vida. “El tango no se olvida. Yo con la pandemia me vine abajo y no puedo bailar más. Pero di todo lo que podía. Ahora les dejo mi corazón de tango”.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12 – Julio Martín Mancini

FUENTE RESPONSABLE: Página 12 – 

Mundial de Tango/Cultura/Buenos Aires-Argentina

8 claves para distinguir el envejecimiento normal del alzhéimer.

Nos guste o no, el paso de los años hace estragos en todos nosotros.

Inevitablemente, el envejecimiento implica una serie de cambios considerados normales, que entran dentro de lo que llamamos envejecimiento exitoso.

Sin embargo, no es raro confundir algunos de estos signos de envejecimiento —sobre todo el despiste— con los primeros síntomas del desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta a numerosas funciones, principalmente la memoria y el aprendizaje.

Para que no haya espacio para la confusión, recopilamos 8 aspectos clave que permiten distinguir claramente los síntomas propios del alzhéimer de los cambios asociados al envejecimiento normal:

1. Pérdida de memoria vs. olvidar temporalmente algo

Olvidarse de vez en cuando de nombres de personas y acordarse más tarde no es motivo de alarma.

Pueden existir múltiples causas relacionadas con los problemas de memoria inmediata, a menudo por fallos de atención o de concentración.

Estos déficits pueden ser transitorios y deberse a la ansiedad, al estrés o al efecto de algunos fármacos.

En el caso de los pacientes de alzhéimer, la pérdida de memoria o amnesia es uno de los síntomas más comunes.

No es transitoria y suele empeorar con el tiempo.

Lo habitual es olvidar la información recién aprendida, como fechas o eventos, y preguntar por las mismas cosas una y otra vez.

Una mujer se lleva la mano a la cabeza

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2. Desorientación en tiempo o lugar vs. no acordarse de la fecha actual.

Se considera dentro de la normalidad, y no solo del envejecimiento, olvidarse puntualmente del día en que estamos.

Bajo situaciones de estrés (o por deseos de que llegue pronto el fin de semana), confundimos el día en que vivimos.

En pacientes con alzhéimer, por el contrario, se produce una desorientación tanto temporal como espacial.

Eso implica que se olvidan fechas (muchas), incluso el año en que viven o nacieron.

Pero también tienen dificultad para llegar a un sitio conocido, y con frecuencia no recuerdan dónde están ni cómo han llegado ahí, corriendo el riesgo de extraviarse.

3. Afasia vs. olvidar la palabra exacta

A todos nos ha pasado que, en ocasiones, no nos acordamos de una palabra específica y la tenemos “en la punta de la lengua”.

Generalmente, más tarde, o incluso al día siguiente, nos viene a la mente de repente el término.

Nada alarmante…

En la enfermedad de Alzheimer aparece la afasia, cuyos síntomas iniciales son la dificultad para comunicarse y conversar.

Eso afecta a la expresión de palabras (o no encuentran la palabra adecuada o se repiten mucho), y genera fallos en el orden de las palabras y la escritura.

Radiografía de un cerebro

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4. Alteraciones del comportamiento vs. malhumor

¿Quién no ha tenido un mal día?

El estrés diario, los problemas cotidianos y las preocupaciones pueden hacer que nos cambie temporalmente el humor, estemos irascibles o apáticos.

A veces incluso nos enfadamos al vernos obligados a cambiar alguna de nuestras rutinas.

El alzhéimer va más allá.

Puede provocar alteraciones psicológicas y del comportamiento, como ansiedad, depresión, agitación, agresividad, irritabilidad, cambios emocionales, delirios, alucinaciones, deambulación y hasta alteraciones del sueño y del apetito que no se pueden explicar por otros motivos.

5. Objetos fuera de lugar vs. pérdida puntual

¿Dónde he dejado las llaves del carro?

Normal. Hacemos varias cosas a la vez y, a veces, de forma automática.

Cuando queremos recordar dónde dejamos la llave, nos falla la memoria.

Sin embargo, somos capaces de recordar lo que hicimos al entrar a la casa y caer en la cuenta que nos fuimos directamente a la cocina y, allí están, sobre la encimera.

Las personas que padecen alzhéimer suelen perder objetos, pero no son capaces de volver sobre sus pasos para encontrarlos.

Es más, muchas veces incluso acusan a los demás de robarles porque no recuerdan que fueron ellos los que lo dejaron allí.

Dos mujeres conversan

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6. Falta de juicio vs. malas decisiones

Las malas decisiones las tomamos todos, por falta de experiencia o por impulsividad.

Los pacientes con alzhéimer, por el contrario, presentan conductas anómalas o inapropiadas para la situación en que se encuentran, problemas en la planificación de sus tareas o finanzas y dificultades para la resolución de problemas.

Es posible que gasten o incluso regalen dinero de forma injustificada o que le presten menos atención al cuidado personal.

7. Apatía y aislamiento social vs. periodos de cansancio

Un día agotador, el cansancio o la falta de sueño por todas las obligaciones que tenemos nos puede convertir temporalmente en personas más hogareñas con menos ganas de participar en actividades sociales.

Eso no es lo que les pasa a los enfermos de alzhéimer, ni mucho menos.

En su caso, realizar actividades sociales o deportivas supone todo un desafío.

Incluso se pueden volver introvertidos en situaciones donde están expuestos a otras personas.

ilustración - alzhéimer

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El deterioro neurofisiológico dificulta el procesamiento de operaciones mentales, incluida una simple conversación.

8. Dificultad en tareas habituales vs. ayuda con tareas complejas.

Es normal que las personas mayores requieran ayuda para tareas complejas o a las que ellas no están acostumbradas, como el uso del teléfono móvil o la programación de un mando a distancia.

Sin embargo, cuando afecta de forma significativa al desempeño de actividades cotidianas como realizar la compra, manejar dinero o cuentas bancarias, gestionar la medicación, asistir a las citas médicas u organizar un viaje, por ejemplo, podríamos encontrarnos en el inicio de un estado patológico.

En etapas avanzadas, puede afectar a tareas más básicas incluyendo vestido, aseo, manejo en la cocina, etc.

Diagnóstico profesional

Dicho esto, conviene aclarar que la presencia de uno solo de estos síntomas no es suficiente para sospechar de alzhéimer. Siempre se ha de acudir a un especialista para obtener un diagnóstico profesional.

Aunque a día de hoy no hay cura para el alzhéimer, su detección temprana es clave para un mejor tratamiento sintomático y para mantener una mejor calidad de vida durante el progreso de la enfermedad.

*Inés Moreno González es profesora e Investigadora Ramón y Cajal en Enfermedades Neurodegenerativas de la Universidad de Málaga y José Antonio Reyes es neurólogo del Hospital Regional Universitario de Málaga, del servicio de Salud Pública de Andalucía.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y se publica en BBC Mundo bajo licencia Creative Commons. Puedes leer la versión original aquí.

Imagen de portada: BBC News – The Conversation

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation por Inés Moreno y José E. Reyes

Biología/Ciencia/Salud

 

 

 

Historias de Vida

Juan Manuel – Capítulo 2

Recordaba siempre; aún hoy con temor aquella situación. Hacía esfuerzos para recordar qué pasó después pero sin éxito; quizás su hermana Mabel lo haya sacado de la habitación para que no viera esa terrible imagen y a su madre tratando de contener a su padre. 

Sí en su recuerdo; están las visitas de los domingos al instituto donde estaba internado su padre; nadie le decía lo que pasaba o que tenía. En sus cinco años, recordaba que llegaba a su casa el único que poseía un automóvil en la familia, Santiago hermano de su padre, para acompañarlos a ese lugar, que para sus ojos era muy grande – luego con los años sabría que ocupaba una manzana-, con jardines y grandes palmeras dentro del lugar. 

Al llegar; saludaban a su padre y este lo miraba con una sonrisa con sus ojos color cielo, brillantes por la emoción del encuentro. El lugar tenía todo el perímetro cerrado con un alambrado de una altura de más de dos metros. 

Al irse; recordaba que su padre -al que una de las enfermeras impolutas del lugar,le daba una naranja- y a través de ese alambrado a él ,se la regalaba. Y así cada domingo, durante todo un año.

Supo mucho después; que su padre había intervenido en la fuerza policial cuando se produjeron los disturbios de la Revolución del 55; y en esos hechos vio caer a dos compañeros y él tuvo que repeler la agresión, matando a dos hombres. Una situación que nunca había vivido, ya que enrolado en la fuerza sólo intervino en hechos o delitos menores. En aquella época la figura del policía, anteponía el respeto a la sociedad.

Durante ese largo año; su padre que era un hombre íntegro, por demás amable y generoso con todo aquel que necesitara ayuda, fue sometido a lo que en aquellos momentos se utilizaba en la psiquiatría. Le habían diagnosticado, según le comentó su madre tiempo después, una psicosis muy grave como consecuencia de las situaciones que había vivido. Así que había recibido más de veinte electroshock. 

Juan Manuel se puso a recordar que cuando lo supo le dio curiosidad  al escuchar esa palabra pero no comprender en qué consistía. Por ello buscó denodadamente su significado y se encontró con una definición que le provocó mucha angustia, pensando en lo que debería haber padecido su padre. 

Recordaba que incluso había llorado, luego de leer “Al paciente se lo acuesta sobre la camilla. Los enfermeros le atan el cuerpo, las piernas y los brazos con cinturones para evitar que se suelte o que se dañe cuando empiezan los espasmos. Le abren la boca y le introducen un protector, así no se morderá la lengua ni se romperá los dientes. Le aprisionan la cabeza con pinzas, conectadas a una fuente. Cuando se baja la palanca las descargas eléctricas atraviesan el cuerpo del paciente, que empieza a convulsionar”.-

El resultado posterior a esta maniobra; era que el electroshock inducía descargas eléctricas en el cerebro del paciente con el objeto de producir “transformaciones electroquímicas en las células nerviosas que, a su vez, se traducen en síntesis de proteínas que modifican los neurotransmisores involucrados en la patología”,utilizando una metáfora, era como si se resetean las neuronas“.

Con esa agresiva práctica, los pacientes podrían empezar a responder positivamente a medicamentos que antes no les hacían efecto. 

También había leído que no era inocua su aplicación; ya que podía provocar trastornos de memoria y otros colaterales. Lo que sí sabía sin lugar a dudas; era que su padre que por su enfermedad la repartición policial le otorgó el “retiro efectivo por accidente en acto de servicio”, a los 42 años cada tanto tenía recaídas y debió someterse a tratamientos psiquiátricos permanentes.

Se volvía ausente y agresivo; aún más con su madre, que dicho sea de paso  era a quien no solamente amaba sino veneraba. Primero en su escala de sentimientos por lo que uno podía ver, estaba primero su mujer, luego sus hijas mujeres y al final los varones.

Juan Manuel pensó en ese momento de divagaciones por su matrimonio, que ello podía deberse a la situación familiar que su padre padeció dentro de su círculo familiar desde niño.

No obstante su padre Felix; habiendo dejado de pertenecer a la fuerza policial y cobrando mensualmente su pensión, continuó trabajando primero en una empresa de la cual era dueño su hermano Santiago y luego en otra dedicada al abastecimiento de tubos con costura y conexiones de gasoductos.

Pero Felix, ya no fue el mismo, desde aquella madrugada. Tal es así, que desde hacía dos años Juan Manuel, se había hecho cargo de acompañar a su padre al médico psiquiatra, ya que ante cada recaída se transformaba y con ojos bien abiertos se ponía muy agresivo y era imposible hacerle entender que debía ir al psiquiatra. Juan Manuel esbozó una sonrisa y agradeció haber heredado el fuerte carácter de su madre, pues era el único que  frenaba a su padre y lo convenció de ir, acompañándolo siempre.

Su hermano Mario; con su familia -esposa y cuatro hijos- era alguien que ante problemas semejantes, parecía que huyera como si no se viera en condición de hacerse cargo. Así Juan Manuel, percibió que de hermano menor por obligación debió tomar por así decirlo el “rol” de jefe de familia. Igualmente pensaba que no le disgustaba ello, ya que desde siempre sus ideales siempre estaban del lado del más débil. Así lo sentía.

Un llamado; una voz ansiosa diciendo su nombre lo sacó de sus cavilaciones. Era Marianela; que lo venía a buscar. Juntos se fueron al departamento que habían alquilado en el Barrio de Flores, más precisamente sobre la calle Ramón L. Falcón -aquel jefe de policía que ejecutó las brutales represiones en contra los inquilinos de conventillos y los activistas de la “semana roja”, quien respondía a la oligarquía porteña. Posteriormente fue asesinado en 1909 en un atentado. Es lo que pensó en ese momento Juan Manuel; como podía ser que calles o avenidas de la ciudad, tuvieran los nombres y apellidos de tantos apátridas.

Llegaron al departamento, Marienela le dijo que iba a preparar algo para la cena, con lo poco que tenían. A decir verdad; cuando Juan Manuel trabajaba en una empresa multinacional de bebidas gaseosas, como empleado de la oficina de personal, le había echado el ojo a la recepcionista de la empresa que no era otra que Marianela. Lo que no sabía Juan Manuel; es que tenía un competidor feroz y despiadado, un abogado, un tal Lozada Echenique de la alta sociedad cordobesa que pretendía que Marianela fuera su amante.

Cuando Lozada Echenique supo que Juan Manuel, rondaba por la recepción le advirtió al Jefe de Personal un tal De Angelis, que le dijera a Juan Manuel que no se acercara más a ese lugar. De lo contrario, lo despediría.

De Angelis lo llamó a su oficina y le informó textualmente las órdenes de Lozada Echenique. Juan Manuel le dijo para conformar a todos que sí y sonrió por lo bajo. Ya Marianela y él habían salido más de una vez y tenido una apasionada relación sexual, que llevaba a los dos fuera de todo límite…

Continuará…

Imagen de portada: Gentileza Pinterest – Monumento a la Carta Magna y a las cuatro regiones argentinas. Ciudad de Buenos Aires.

Frances Allen, la primera mujer que ganó el Nobel de la computación (y cómo ayudó a que tengas apps ultrarrápidas).

Quizás el nombre de Frances Allen no sea muy conocido entre el gran público, pero para los entendidos, ella fue quien “allanó el camino para las aplicaciones eficientes y ultrarrápidas de hoy”, y quien “ayudó al hardware a comprender al software”.

Así lo explica en un artículo Cade Metz, autor y periodista de Tecnología de The New York Times.

Por su parte, Janet Abbate, profesora asociada del departamento de Ciencia y Tecnología de la Sociedad en la Universidad Politécnica de Virginia (EE.UU.) y autora de Recoding Gender: Women’s Changing Participation in Computing (“Recodificar el género: la participación cambiante de las mujeres en la informática”), se lo dice así a BBC Mundo:

“Cada vez que usas una aplicación que te responde instantáneamente, Fran Allen es una de las personas a la que puedes agradecer esa experiencia sin esfuerzo”.

Pasaron 40 años antes de que a una mujer se le otorgara el Premio Turing, considerado como el Nobel de la computación. El primero fue entregado en 1966 y fue en 2006 cuando se le otorgó a la primera mujer: Frances Allen (1932-2020).

El trabajo de Allen se refleja en “casi todos los sistemas de software que cualquier persona usa: cada aplicación, cada sitio web, cada videojuego o sistema de comunicación, cada computadora del gobierno o de un banco, cada computadora dentro de un automóvil o de un avión”, explicó Graydon Hoare, creador del lenguaje de programación Rust, en el artículo de Metz.

En nuestros celulares

“Todas las aplicaciones de tu amado teléfono comenzaron como un programa: líneas de código escritas por un programador en un lenguaje de alto nivel como Java”, explica Abbate.

Teléfono inteligente

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“Para que se ejecute en tu teléfono, el programa debe ser ‘compilado’ o transformado en código a nivel de máquina por otro programa llamado compilador”.

Pero, advierte la experta, el trabajo que hace el compilador no es una simple traducción, pues “un buen compilador emplea todo tipo de trucos inteligentes para hacer que las aplicaciones que producen se ejecuten de manera rápida, eficiente y correcta”.

Ese proceso es conocido como “optimización”.

“Fran Allen fue una pionera que inventó muchas de las técnicas de optimización que se utilizan en el software en la actualidad”.

“Los teléfonos inteligentes de hoy tienen procesadores potentes, pero el hardware potente no puede hacer su trabajo sin un software rápido”.

Por eso, dice la docente, Allen es una de las personas a las que podemos “dar las gracias” por tener apps que responden inmediatamente.

En contexto

Antes de los trabajos de Allen, ya existían los compiladores.

IBM había creado uno de los más utilizados, FORTRAN, en 1957, unos meses antes de que contrataran a Allen.

Alan Turing

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El científico británico Alan Turing es considerado el padre de la informática y un visionario de la inteligencia artificial.

“El problema es que el compilador de FORTRAN se había creado de forma artesanal y tenía innumerables problemas”, le señala a BBC Mundo Sergio Gálvez Rojas, profesor titular de Informática en la Universidad de Málaga, en España.

“Lo peor de todo es que, en algunos casos preliminares, hasta llegaba a equivocarse en la traducción con las terribles consecuencias que ello podía provocar”.

Al entrar en la compañía, Allen se convirtió en una experta en FORTRAN y así se adentra en el mundo de los compiladores, campo de la ciencias de la computación que, en esa época, estaba a la vanguardia.

“Estableció la teoría y los métodos de traducción básicos para crear sistemáticamente compiladores robustos y eficientes”.

“Lo de ‘sistemático’ también es muy importante ya que ello permite la creación de nuevos lenguajes de forma bastante fácil, sin tener que recurrir a los métodos artesanales anteriores a su época”.

En los años 60 y 70, junto al investigador John Cocke, Allen publicó varios estudios que ayudaron a “impulsar la evolución de la programación delas computadoras hasta el día de hoy, cuando incluso personas relativamente novatas pueden crear fácilmente aplicaciones de software rápidas y eficientes para un mundo de computadoras, teléfonos inteligentes y otros dispositivos”, según explicó el periodista Cade Metz.

En el comunicado del Premio Turing, se reconocieron las contribuciones fundamentales de Allen a la teoría y la práctica de la optimización de programas y a “la paralelización automática de programas, que permite a los programas utilizar varios procesadores simultáneamente para obtener resultados más rápidos”.

De una granja a IBM

Allen nació el 4 de agosto de 1932 en el estado de Nueva York. Fue la mayor de seis hermanos.

“Se crió en una granja sin electricidad ni agua corriente”, le cuenta a BBC Mundo su sobrino nieto Ryan McKee.

Frances Allen

FUENTE DE LA IMAGEN – CORTESÍA: IBM

“Fran” Allen fue la mayor de seis hermanos.

“Sintió que podía lograr cosas increíbles a través del regalo de la educación que realmente se dio a sí misma”.

“Iba a una escuela pequeña, de salón. Ni siquiera sé si había electricidad”.

Allen hizo una maestría en matemáticas en la Universidad de Michigan, donde tomó unos cursos de computación.

IBM había ido al campus en busca de empleados y entre los varios entrevistados estuvo la matemática.

La científica explicó en una entrevista que la compañía estaba contratando “muy activamente” a mujeres.

Allen consiguió el puesto, pero su idea era trabajar por un año para pagar sus deudas estudiantiles y dedicarse a lo que le gustaba: enseñar.

Pero ese primer año terminó convirtiéndose en 45 años en el gigante de la informática, donde, en 1989, se convirtió en la primera mujer IBM Fellow, el más alto honor otorgado a los principales ingenieros, científicos y programadores de la empresa.

“IBM no solo era un importante fabricante de computadoras. Fue y sigue siendo un centro importante para la investigación en ciencias de la computación, desde las primeras innovaciones como FORTRAN, hasta la supercomputadora que juega ajedrez -Deep Blue-, y la computación cuántica”, indica la profesora Janet Abbate.

“Solo una pequeña fracción de estos científicos informáticos recibe el título de IBM Fellow por logros técnicos extraordinarios y sostenidos”.

“La época dorada”

Allen decía que ella había vivido “una especie de época dorada de la informática” en los años 50.

Por una parte, explica Abbate, hubo un tremendo florecimiento de los lenguajes informáticos, que era su especialidad.

Logo de IBM

FUENTE DE LA IMAGEN – REUTERS/SERGIO PEREZ

En 2000, IBM creó el premio para mujeres con el nombre de Allen.

“Los compiladores hacen la programación como la conocemos hoy y en la década de 1950 y principios de la de 1960, la gente se dio cuenta por primera vez de que podían transformar la informática, se crearon todo tipo de lenguajes experimentales y se ganó el apoyo de los escépticos que decían que nunca funcionaría”, señala la Abbate.

Y, por otra parte, fue una época en que la informática era un campo acogedor para las mujeres, muchas de ellas matemáticas.

Pero en la década de los 70, esa receptividad empezó a mermar y, de hecho, Allen habló del llamado “techo de cristal” para las mujeres en la industria.

La profesora Abbate cree que parte de la explicación está en la recesión mundial, que afectó las contrataciones en ese sector: “Las empresas no hacían todo lo posible para contratar mujeres como antes”.

La académica también reflexiona sobre el hecho de que mujeres como Allen, “que habían ingresado al campo en la década de los 50, se encontraban ahora en la mitad de sus carreras, cuando debían haber avanzado a posiciones de autoridad, pero muy pocas empresas querían tener mujeres en puestos de dirección, especialmente si iban a supervisar a hombres”.

Así que el techo de cristal se volvió más obvio para ellas que antes.

Entre anécdotas

Como Abbate, Ryan McKee no sólo recuerda a Allen por su calidez, inteligencia y humildad, sino también por su sentido del humor.

Ginni Rometry

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“Fran siempre será una inspiración para mí y para muchos otros”, dijo Ginni Rometry, una de las mujeres más exitosas en el mundo de la computación. (Foto: 2018)

“Tenía varias anécdotas. Quizás en su momento no pensó que fueran divertidas, pero cuando las contaba lo hacía con buen humor”.

En una entrevista con Abbate, Allen explicó que en una oportunidad fue la única mujer invitada a una conferencia de computación.

Cuando entró a la recepción del hotel a registrarse, el hombre a cargo le dijo, sin subir la mirada, que estaban teniendo problemas y que todos debían compartir la habitación porque no había suficientes cuartos.

“Entonces, subió la mirada y dijo: ‘¡Ah, eres mujer!'”, relató entre risas la científica, a quien le dieron una habitación solo para ella.

También contó la historia de dos certificados que tenía colgados en la pared: “Estos son mis documentos de IBM Fellow”, dijo.

Eran casi idénticos, pero uno de ellos fue escrito como si la persona merecedora del honor fuese un hombre.

Al darse cuenta del error, le hicieron otro. “Querían que esté de vuelta. ¡No lo devolví!”, dijo, nuevamente entre risas.

McKee cree que no lo devolvió porque deseaba tener una prueba de que era necesario un cambio en esa industria.

La mentora

Allen, quien murió en 2020, no solo es admirada en IBM por sus aportes científicos, sino también por ser una maestra.

Tras especializarse en FORTRAN, fue ella quien se lo enseñó a sus colegas.

Frances Allen

FUENTE DE LA IMAGEN – CORTESÍA: IBM

Allen murió el 4 de agosto de 2020 a los 88 años.

“Además de su genio técnico, recordamos a Fran por su amor por enseñar y su pasión por inspirar y servir de mentora de otros”, indicó Arvind Krishna, presidente y CEO de IBM.

Pero su aporte va más allá. Algunos creen que era una feminista en el mundo de la computación.

Aunque impulsaba a los jóvenes de ambos sexos a que se formaran, dice McKee, “obviamente” tenía la convicción de animar a las mujeres a incursionar en la ciencia y la tecnología.

“Creaba espacios para que pudieran desarrollarse y tener éxito”.

De hecho, Allen dejó huella en Ginni Rometry, presidenta y CEO de IBM desde 2012 hasta 2020 y una de las mujeres más reconocidas en el mundo de la computación.

“Fran siempre será una inspiración para mí y para muchos otros, en IBM y en todo el mundo. No solo por sus contribuciones al campo de la informática, si no también por su generosidad, tutoría y curiosidad sin fin”, señaló Rometry.

Y la sencillez, dicen quienes la conocieron, siempre la caracterizó. Difícilmente hablaba de sus muchos logros.

El Premio Turing fue “maravilloso”, recuerda McKee.

“Y te podría enumerar a todas las mujeres que lo habían merecido antes que ella”.

Seguramente hoy habría hecho una lista de cuántas lo han merecido después de ella.

Imagen de la portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo

Ciencia/Tecnología/Mujeres

 

Catalina de Erauso, la novicia vasca que huyó del convento, mató a su hermano y combatió como soldado en América.

Hay hazañas que convierten a personas indiscutiblemente en héroes o heroínas. Pero, a menudo, también despiertan inquietudes.

La de Catalina de Erauso y Pérez de Galarraga, más conocida como la legendaria Monja Alférez, es una de ellas.

Decidió ocultar una verdad que le imponía límites y la hacía vulnerable, pero que al final le salvaría la vida: el hecho de que había nacido mujer.

Eso había ocurrido en San Sebastián, en el País Vasco, a finales del siglo XVI.

La decisión la tomó a los 15 años, al escapar, justo antes de tomar sus votos perpetuos para convertirse en monja, de un convento en el que había vivido casi toda su vida.

Se llevó, además de “unos reales” de su tía, que era la priora del convento, “unas tijeras, hilo y una aguja” con los que, escondida, modificó su vestimenta y se cortó el cabello.

Emergió tres días después como un joven que viajaría muchos kilómetros por dos continentes, lucharía despiadadamente en nombre de la corona española contra los indígenas en América del Sur, sobreviviría naufragios, duelos, trifulcas y hasta dos intentos de las autoridades españolas para ejecutarla por varios delitos que había cometido.

Mapa mostrando viajes de Catalina de Erauso

Mapa de los viajes de Catalina de Erauso 1600-1622.

Pendenciera, ludópata y ladrona, mató al menos a 10 hombres fuera de los campos de batalla, incluído a su hermano Miguel, con quien se había encontrado por casualidad cuando éste era secretario del gobernador de Chile y quien la acogió sin reconocerla, invitándole a comer “a su mesa casi tres años”.

Pero tras 20 años de vida como hombre, con diferentes nombres y varias escapadas para evadir la justicia, a menudo acudiendo a la iglesia en busca de refugio, fue detenida en Perú.

Ante una muerte segura, solicitó hablar con el obispo de Guamanga, don Agustín de Carvajal y, como ella misma relató, “viéndolo tan santo varón, pareciéndome estar ya en la presencia de Dios”, confesó todo.

“La verdad es ésta: que soy mujer, que nací en tal parte, hija de Fulano y Zutana; que me entraron de tal edad en tal convento, con Fulana mi tía; que allí me crié; que tomé el hábito y tuve noviciado; que estando para profesar, por tal ocasión me salí; que me fui a tal parte, me desnudé, me vestí, me corté el cabello, partí allí y acullá; me embarqué, aporté, trabajé, maté, herí, maleé, correteó, hasta venir a parar en lo presente, y a los pies de Su Señoría Ilustrísima”.

No sólo eso: le dijo que era una virgen intacta, hecho que confirmaron dos matronas.

Con esa revelación, se convirtió instantáneamente en una celebridad. La gente se reunía dondequiera que fuera, y fue agasajada por la realeza.

Se hicieron al menos dos ediciones de sus memorias, un puñado de artistas pintaron su retrato y, en 1629, el dramaturgo Juan Pérez de Montalbán, discípulo predilecto de Lope de Vega, compuso y representó en la corte la obra teatral “La monja Alférez”.

Visitó las cabezas coronadas de Europa, y el monarca español Felipe IV hasta le concedió una pensión militar anual.

Papa Urbano VIII

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El gesto del Papa Urbano VIII es casi inconcebible.

El Papa Urbano VIII, no sólo la recibió, sino que le “concedió a doña Catalina, entre otras muchas mercedes, la de permitirle usar el traje de hombre, y como no le faltó quién motejara de indecente aquella concesión, el Pontífice dijo con satisfacción:

“‘-Dadme otra monja alférez, y le concederé lo mismo'”.

¿Por qué?

Es fácil comprender que su historia llamara la atención; no se conocían muchos casos de mujeres viviendo como hombres, particularmente españolas.

No sorprende que despertara curiosidad, patente en una carta escrita desde Roma en 1626 del viajero Pedro del Valle, conocido como “el Peregrino”, quien la retrató con su pluma.

“…vino por primera vez a mi casa la alférez Catalina Erauso, vizcaína, arribada de España la víspera. Es una doncella de unos treinta y cinco a cuarenta años. Su fama había llegado hasta mí en la India Oriental”. (…)

“Alta y recia de talla, de apariencia más bien masculina, no tiene más pecho que una niña. Me dijo que había empleado no sé qué remedio para hacerlo desaparecer. Fue, creo, un emplasto que le suministró un italiano; el efecto fue doloroso, pero muy a deseo.

Pedro del Valle

“De cara no es muy fea, pero bastante ajada por los años. Su aspecto es más bien el de un eunuco que el de una mujer. Viste de hombre, a la española; lleva la espada tan bravamente como la vida, y la cabeza un poco baja y metida en los hombros, que son demasiado altos.

“En suma, más tiene el aspecto bizarro de un soldado que el de un cortesano galante.

“Únicamente su mano podría hacer dudar de susexo, porque es llena y carnosa, aunque robusta y fuerte, y el ademán, que, todavía, algunas veces tiene un no sé qué de femenino”.

Lo que es más difícil de entender es que, por el sólo hecho de revelar que era mujer, no fuera condenada por la otra parte de su confesión, resumida con “maté, herí, mareé”, pero detallada sin tapujos ni mucho remordimiento en su autobiografía “Vida i sucesos de la monja alférez”.

Y eso en una década que no se caracterizaba por ser permisiva. La Inquisición, que tenía como objetivo purificar religiosamente el mundo, estaba en pleno apogeo.

Quizás…

La salvó la imaginación de la sociedad que la celebró. Tal vez la explicación esté en el irresistible placer del entretenimiento.

Aunque hasta el día de hoy los académicos discuten sobre la autenticidad de la autobiografía (el manuscrito original se perdió) y hasta la veracidad de partes de su relato, lo cierto es que la historia con la que ella se presentó ante el mundo se parecía a las obras de ficción más populares de la época.

Monumento a la Monja Alférez en Orizaba, Veracruz.

FUENTE DE LA IMAGEN – ISAAC VÁSQUEZ PRADO

Monumento a la Monja Alférez en Orizaba, Veracruz.

Era una historia de aventuras asombrosas, con rasgos de los cuentos picarescos tan de moda en ese momento, que además se ajustaba al gusto literario del barroco al retratar cambios de identidad y realidades disfrazadas.

Tenía un protagonista astuto aunque falto de moral, cuyos esfuerzos por disfrazar su feminidad y sus consecuencias generaban drama e intriga.

Catalina era un fenómeno curioso, algo con lo que se deleitaba el público de la época, cuya vida era considerada excepcional lo que, en la moral barroca, atenuaba sus transgresiones de las normas.

Como ser humano, hombre o mujer, sus acciones eran a menudo más que reprobables; como personaje, cautivó la imaginación de la sociedad que la acogió a tal punto que esquivó en la vida real el destino tradicional de la mayoría los antihéroes ficticios, siendo premiada con la fama que le dio la influencia para conseguir lo que quería, en vez de recibir su merecido.

Y quizás también…

Los expertos han señalado otras posibles razones por las cuales la España de la época, en vez de quemar a la monja alférez en la hoguera, la acogió e inmortalizó casi de inmediato.

Una de ellas es que la sociedad barroca ya estaba obsesionado con “cosas prodigiosas, llamativas y extrañas”, y Catalina, la monja sin pechos, el hombre sin falo, el soldado nacido mujer, la fascinó.

Otra es que la ciencia de la época había declarado que las mujeres eran hombres que simplementeno habían sido perfeccionados, un concepto conocido como modelo de un solo sexo.

Catalina de Erauso encarnaba la idea de trascender su precaria condición de mujer al vestirse de masculinidad.

Finales

La historia de la monja alférez, en su autobiografía, termina pendenciera y abruptamente.

“En Nápoles, un día, paseándome en el muelle, reparé en las risotadas de dos damiselas que parlaban con dos mozos. Me miraban, y mirándolas, me dijo una: «Señora Catalina, ¿adónde se camina?»

“Respondí: «Señoras p…, a darles a ustedes cien pescozones y cien cuchilladas a quien las quiera defender.» Callaron y se fueron de allí”.

La historia de Catalina de Erauso terminó fuera de la vida pública, se cree que en 1650 en la localidad de Cuitlaxtla, México, tras pasar sus últimos 20 años trasladando a pasajeros y equipajes desde el puerto de Veracruz a la ciudad de México con una recua de mulas.

Dicen que en ese entonces se llamaba Antonio de Erauso.

Imagen de la portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Dalia Ventura

Sociedad y Cultura/Historia/Mujeres

 

El viaje de Jeanne Baret, la primera mujer que circunnavegó el mundo (en secreto).

En abril de 1768, dos barcos franceses, el Boudeuse y el Étoile, anclaron frente a la costa de Tahití.

Hasta ese momento, Francia desconocía la existencia de la isla volcánica de la Polinesia que luego se ganó la reputación de ser un paraíso terrenal, pero los 330 oficiales y hombres que pusieron sus pies en tierra por primera vez en casi un año apreciaron su belleza natural y humana.

Los dos barcos eran los vehículos de una expedición, bajo el mando de Louis-Antoine de Bougainville, para hacer la primera circunnavegación francesa del globo y encontrar recursos naturales útiles para una potencia imperial.

El relato publicado por Bougainville sobre el viaje contrasta la timidez francesa frente a la libertad sexual de Tahití: mirar con deseo en lugar de actuar en consecuencia.

Sin embargo, una mujer vio peligro en las miradas de los tahitianos que la observaban y pidió auxilio a sus compatriotas para que la salvaran. Para asombro de los franceses, esa mujer no era una isleña, sino una de su propia tripulación.

Como relata posteriormente Bougainville: “Descubrieron que el sirviente de Monsieur Commerson, el doctor, es una chica que hasta ahora había sido tomada por un chico”.

Ese sirviente del naturalista de la expedición era Jeanne Baret. Y según Bougainville, nadie a bordo de los barcos atestados lo notó durante más de un año, hasta que tocó tierra en Tahití, donde los marineros franceses fueron rodeados por tahitianas y Baret, por tahitianos.

“Los botánicos”

En diciembre de 1766, cuando tenía 26 años, Jeanne Baret se disfrazó con ropa de hombre y esperó en el muelle del puerto de Rochefort en el suroeste de Francia.

Retrato imaginado de Jeanne Baret vestida de marinero hecho postumamente, en 1817.

Retrato imaginado de Jeanne Baret vestida de marinero hecho postumamente, en 1817.

Allí le ofreció sus servicios a Philibert Commerson, un médico de formación pero para entonces naturalista designado por la realeza en el primer intento de circunnavegación francés, que se anticipaba duraría al menos tres años.

El anticipo salarial de Commerson incluía dinero para contratar a un asistente, pero no había podido encontrar uno de su agrado y rápidamente llegó a un acuerdo con el joven que se había presentado a sí mismo como Jean Baret.

Ese, al menos, fue el relato de los eventos de Commerson.

En realidad, Baret, 12 años menor que él, una mujer quien a pesar de su humilde origen sabía leer y escribir, había vivido con el científico desde 1764 y le había dado un hijo, que murió.

Cuando nombraron a Commerson para la expedición de Bougainville, Baret era la opción obvia para ser su asistente, de no haber sido mujer: una ordenanza real prohibía las mujeres en los barcos de la armada francesa. Así que la pareja ideó un plan para que Baret se disfrazara de hombre.

La decisión, al parecer, no se basó únicamente en el compañerismo. El testamento de Commerson especificaba que, en caso de su muerte y la supervivencia de Baret, se le debería dar un año en su apartamento compartido en París para organizar sus colecciones de historia natural, incluidas las gavillas de especímenes de plantas prensadas que había estado reuniendo desde que era un adolescente.

El hecho de que él le confiara tal tarea indica que ella tenía conocimientos botánicos y la habilidad suficiente para no necesitar su dirección constante. De hecho, en su diario Bougainville se refirió a Baret y Commerson como “los botánicos”.

Bougainville

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Bougainville, aparentemente, no sospechaba nada: permitir que una mujer se uniera a su expedición violaba la ley.

Al abordar el Étoile en Rochefort, el disfraz de Baret podría haberse descubierto pronto si no fuera por el hecho de que a Commerson se le asignó la cabina del capitán para acomodar su equipo de campo. Tenía un inodoro privado, lo que le permitía a Baret hacer sus necesidades en privado en lugar de con los otros marineros.

El 1 de febrero de 1767, después de seis semanas de preparación y aprovisionamiento, el Étoile navegó hacia el sudoeste para encontrarse con Bougainville en Río de Janeiro, donde había estado involucrado en asuntos diplomáticos a bordo de su propio barco, el Boudeuse.

Mentes sospechosas

Además de Bougainville, otros tres miembros de la expedición mantuvieron diarios que mencionan a Baret.

El del cirujano del Étoile, François Vivès, deja claro que la tripulación empezó a sospechar que Baret era una mujer a los pocos días de zarpar. Y el diario que Commerson mantuvo junto con otro miembro de la tripulación a bordo del Étoile revela cuándo aparentemente se puso más allá de toda duda la verdadera identidad de Baret.

Como dictaba la tradición marítima, cuando el Étoile cruzó el ecuador el 22 de marzo de 1767, todos los ‘vírgenes ecuatoriales’ tuvieron que desnudarse para ser bautizados por el padre Neptuno y sus seguidores.

Caricatura del rito de 1825

El rito de iniciación al cruzar la línea ecuatorial es de larga data y sigue vivo.

Commerson describe la inusualmente brutal ceremonia como “una mascarada de demonios”, aunque, siendo un caballero, su ‘bautismo’ no fue más que un baño con un balde de agua. Los marineros ordinarios se desnudaron para sumergirse en un estanque fétido y fueron golpeados con remos por los “acólitos de Neptuno” y pintados de verde.

Baret fue el único novato ecuatoriano que permaneció completamente vestido, un hecho que notó la tripulación.

Exuberancia

El Étoile llegó a Río a mediados de junio y, mientras esperaban la llegada de Boudeuse, Baret y Commerson se fueron a explorar la botánica del lugar, aunque las recurrentes úlceras varicosas de Commerson limitaron sus movimientos.

De hecho, su salud era tan mala que el cirujano recomendó la amputación de la pierna afectada. Por tanto, es probable que fue Baret quien coleccionó la vistosa enredadera tropical que luego fue nombrada en honor a su comandante: Bougainvillea.

buganvilla o bugambilia

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La buganvilla o bugambilia es nativa de Sudamérica.

A mediados de julio, ambos barcos navegaron hacia el sur, entre ballenas jorobadas incrustadas de percebes que rompían las olas del Atlántico sur.

Pero una fuga en la bodega del Étoile requirió reparaciones frente a Montevideo, donde Baret y Commerson desembarcaron.

Entre sus objetivos se encontraban especímenes de cochinilla del carmín, recolectados de las almohadillas espinosas de la tuna, por la gran demanda del tinte rojo producido a partir de su caparazón: las empresas que lo producían cotizaban en las bolsas de valores de Londres y Ámsterdam.

En noviembre de 1767, terminadas las reparaciones al Étoile, la expedición zarpó del Río de la Plata y atravesó la bioluminiscencia marina que se encuentra a menudo en esas aguas: una neblina lechosa en la superficie del océano que lo ilumina hasta el horizonte.

El diario de Bougainville registró focas, pingüinos y ballenas, mientras albatros y petreles volaban sobre sus cabezas.

Para Baret, hija de jornaleros que generalmente nunca viajaban más allá de su mercado local, la experiencia debe haber sido milagrosa.

Ilustración de mexicano recolectando cochinilla de carmín

La cochinilla del carmín es nativa de América.

El 4 de diciembre, los barcos llegaron al extremo sur del continente sudamericano y giraron hacia el oeste en el Estrecho de Magallanes. Una quinta parte del diario de Bougainville está dedicada a esta etapa del viaje, en la que los barcos avanzan poco a poco por este canal, tratando de evitar la morrena glaciar sumergida (lomas de material de glaciar) que podría desgarrar los cascos.

Baret y Commerson fueron desembarcados en la costa, con personal adicional para ayudarlos, y Bougainville registra a los nativos patagónicos siguiendo el ejemplo de los botánicos y ayudando en una búsqueda de plantas.

Acompañando la expedición en el estrecho había delfines blancos y negros que Commerson creía que eran nuevos para la ciencia europea; egoístamente, nombró a la especie delfín con su apellido: Cephalorhynchus commersonii.

En la costa, la expedición vio colonias de pingüinos de Magallanes y enormes elefantes marinos del sur, entre otras maravillas naturales que quizás le proporcionaron alguna compensación a Baret por el intenso frío que debió haber soportado durante las excursiones en tierra.

Suspicacia

A finales de enero de 1768, la expedición finalmente emergió al Pacífico, trazando un rumbo noroeste con la esperanza de llegar a las Islas de las Especias (o Molucas, ahora Maluku, en Indonesia), que estaban estrechamente custodiadas por los gobernantes coloniales holandeses.

Entre los productos que allí se obtenían, el más apreciado era la nuez moscada.

Fue camino allá que, a principios de abril de 1768, los barcos se toparon con Tahití, donde Baret y Commerson debieron haber estudiado el fruto del pan, más tarde el objetivo de la desafortunada expedición Bounty del capitán Bligh; ciertamente, Commerson bosquejó la planta en su cuaderno.

Ilustración de Louis Antoine de Bougainville en Tahití hecha por el artista Gilbert en 1898.

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Ilustración de Louis Antoine de Bougainville en Tahití hecha por el artista Gilbert en 1898.

También fue allá, según el relato de Bougainville, donde se produjo el descubrimiento de “la chica”. Los primeros lectores de sus informes no vieron nada extraño en la aparente capacidad de los tahitianos para reconocer a Baret.

Pero los del siglo XXI tienen razones para dudar: Bougainville no escribió sobre la revelación durante la estadía de la expedición en la isla; no fue hasta el 28-29 de mayo de 1768 que su diario planteó el tema de Baret por primera y última vez, atribuyendo el descubrimiento a los tahitianos.

Y no fue porque a finales de mayo no tuviera mucho que contar. Para entonces, los barcos tenían tan poca comida y agua que los oficiales habían comenzado a comer ratas, y a los marineros ordinarios se les daba cuero hervido para roer.

Además, los barcos se habían encontrado con isleños melanesios armados del archipiélago de Vanuatu y se sintieron obligados a disparar contra ellos. En medio de la abundancia tropical, Boudeuse y Étoile no pudieron encontrar ningún lugar seguro para tocar tierra.

Violación

El 5 de junio de 1768, el Boudeuse hizo disparos de advertencia para alertar al Étoile del peligro en el agua: la expedición se había topado con la Gran Barrera de Coral.

Las tripulaciones miraron sin comprender lo que el capitán James Cook describió más tarde como “una pared de roca de coral que se eleva perpendicularmente desde el océano insondable“. Hoy, un afloramiento de coral a unos 190 kilómetros al este del continente australiano se llama Arrecife Bougainville en honor a ese momento.

Los barcos giraron hacia el norte y, el 10 de junio, la expedición estaba frente a la costa sureste de Nueva Guinea; las corrientes marinas y las tormentas tropicales impidieron tocar tierra así que lo tuvo que hacer, a principios de julio, en Nueva Irlanda, al noreste de Nueva Guinea.

Los diarios de otros tres hombres de la expedición informan que algo significativo le sucedió a Baret aquí.

Portada del libro

Ridley, la autora de este artículo y del libro “El descubrimiento de Jeanne Baret”, a diferencia de otros no pasa por alto lo que le ocurrió a Baret.

El de François Vivès es el más explícito de los tres: sus metáforas de la placa de bloqueo de una pistola que se retira y del hallazgo de una caracola indican que Baret fue desnudada y asaltada a la fuerza.

Aunque esta versión de los hechos fue corroborada por otros, los cronistas modernos suelen preferir confiar en el relato de Bougainville.

En busca de especias

Commerson y Baret no salieron de su cabina durante un mes después de lo ocurrido en Nueva Irlanda.

La expedición, entre tanto, intentó acercarse a la costa norte de Nueva Guinea, pero fue obstaculizada por tormentas eléctricas y fuertes vientos en contra.

Bougainville decidió navegar hacia el oeste y atracar en las Islas de las Especias.

Sin embargo, los holandeses habían regulado durante mucho tiempo la producción y disponibilidad de cartas de navegación de estas islas, por lo que los barcos no holandeses navegaban a ciegas en el mar de Ceram.

Mapa mostrando el viaje alrededor del mundo de la expedición

FUENTE DE LA IMAGEN – JEFFDELONGE

Cuando Baret y Commerson finalmente desembarcaron, la isla elegida no producía especias. A principios de septiembre, el Étoile y el Boudeuse anclaron frente a la isla de plantación holandesa de Boero (actual Buru) y, después de registrar los barcos, el gobernador alimentó a Bougainville y sus oficiales y les dio algunos suministros.

Ahora bajo vigilancia holandesa, Bougainville no vio otra opción que navegar directamente al oeste a través del mar de las Molucas, hacia un puerto importante.

Más tarde ese mes, la expedición llegó cojeando a Batavia (actual Yakarta), donde se trasladó antes de navegar hacia la Isla de Francia controlada por Francia (ahora Mauricio).

Allí, Baret, Commerson y el astrónomo Pierre-Antoine Véron fueron invitados a alojarse en la casa del director de los jardines botánicos, Pierre Poivre. En los jardines, Poivre supervisaba cultivos de prueba de plantas tropicales que podrían ser útiles para alimentar y vestir a Francia y su imperio.

Las habilidades de los botánicos estaban en demanda y, cuando Bougainville zarpó en diciembre de 1768, ellos y Véron se quedaron con Poivre.

Honores

Cuando la expedición regresó a Francia en marzo de 1769, Bougainville fue festejado como un héroe.

Imagen con planta y detalles

Baret fue honrada en 2012 nombrando a una planta de Perú y Ecuador Solanum baretiae Tepe.

Desde su base en Mauricio, Baret y Commerson exploraron Madagascar antes de que él muriera en 1773; ella consiguió un pasaje de regreso a Francia, llegando en algún momento de 1774 o principios de 1775.

Cuando pisó suelo francés, unos 8 años después de partir, no había nadie para festejar su regreso. Sin embargo, alguien, probablemente el comandante Bougainville, le solicitó al Ministère de la Marine (Ministerio de Marina) el reconocimiento de esta extraordinaria mujer.

Desde el 1 de enero de 1785, recibió una pensión estatal por su participación en la expedición. Jeanne Baret fue la primera mujer en dar la vuelta al mundo y la primera en recibir una pensión del gobierno por su contribución a una expedición científica.

Barnet y Commerson recolectaron más de 6.000 especímenes de plantas, animales y minerales, todos los cuales fueron posteriormente absorbidos por las colecciones del Museo Nacional de Historia Natural de París.

Imagen de la portada: Gentileza de BBC News Mundo

Bougainville llamó la Nueva Cintera (la isla de Afrodita) a la isla que inspirará a Gaugin, y dijo que era “un paraíso para los marineros”. (Fatata Te Miti o Cerca del mar del postimpresionista francés Paul Gaugin).

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo

* Glynis Ridley es profesora y directora del departamento de Inglés en la Universidad de Louisville, Kentucky, y autora de “El descubrimiento de Bare

 

 

El desconocido caso de Enriqueta Favez, la primera mujer que, vestida de hombre, ejerció la medicina en América.

Cuando lo amenazaron con examinar su cuerpo y pasearlo desnudo por las calles de Santiago de Cuba, el respetable doctor Enrique Favez no tuvo otro remedio que confesar su secreto mayor.

Había llegado a la isla cuatro años antes, en 1819, procedente de la colonia francesa de Guadalupe.

De su pasado se sabía poco: que había nacido en Suiza, en 1791, que estudió medicina en Francia, que fue médico de guerra y soldado en el frente de campaña de Napoleón, hasta que fue capturado y hecho prisionero por las tropas vencedoras del duque de Wellington.

Liberado poco tiempo después, pero derrotado, sin rumbos, y con su título y su pasado guerrero a cuestas, decidió cruzar el océano en busca de mejor fortuna.

Y en el oriente de Cuba la había encontrado: para 1823 ya era un renombrado cirujano, se había casado por la iglesia con una lugareña, una tal Juana de León, y llevaba una vida holgada y respetable, aunque salpicada por rencillas y altercados resultados de los usos y abusos del alcohol.

Pero esa no era la causa por la que el doctor Favez había sido llevado a los tribunales de Santiago de Cuba y por la que esa tarde del 6 de febrero de 1824, un grupo de médicos lo amenazaba con practicarle el examen físico ordenado por el juez.

El verdadero motivo era una denuncia en su contra presentada por su propia esposa, que aseguraba que el respetado médico, el venerado cirujano de Baracoa, el fiel marido de Juana de León no era, en realidad, lo que decía ser.

Baracoa

FUENTE DE LA IMAGEN – AFP

Enrique se estableció en Baracoa, una villa en el oriente de Cuba donde vivían muchos franceses que habían huido de la Revolución de Haití.

Cuando los médicos y los agentes de policía se preparaban para comenzar el examen, Enrique Favez trató de impedirlo y contó su dolorosa verdad a viva voz.

Pero fue inútil: los médicos y guardias lo desnudaron y revisaron su cuerpo, parte por parte, con cuidadosa minuciosidad.

En el informe del proceso judicial, que aún se conserva en el Archivo Nacional de Cuba, todavía pueden leerse los resultados de aquella inspección.

La persona examinada “se hallaba dotada de todas las partes pudendas propias del sexo femenino”, por lo que era “real y perfectamente mujer”.

El doctor Enrique era, en realidad, Enriqueta Favez.

La primera doctora de América

No se sabe en qué momento exacto la mujer dejó de identificarse a sí misma como tal.

El historiador cubano Julio César González Pagés, autor de Por andar vestida de hombre, la más completa investigación sobre la apasionante vida del personaje, lo ubica en algún punto a inicios del siglo XIX.

“Hay documentación histórica que muestra que Enriqueta estuvo casada con un soldado del ejército de Napoleón, que murió. Tuvieron un hijo, que también muere a los pocos días de nacer. A partir de entonces, es que comienza a vestirse de hombre y asumir una identidad masculina”, cuenta a BBC Mundo.

casa de enriqueta

Enriqueta nació en esta casa en Lausana, Suiza el 1 de abril en 1791. Era hija de Louis Elie Favez y Jeanne Elisabeth Cavent. (Foto: Cortesía de Julio César González Pagés).

Con pantalones y trajes militares, Enriqueta siguió a su marido en la guerra y luego, cuando éste murió en la batalla, ella tomó su posición en la línea de combate.

Estudió medicina en la Universidad de París, una profesión destinada exclusivamente a los hombres, y sirvió como doctor durante la campaña rusa de la guerra napoleónica, según la investigación realizada por el cubano Antonio Benítez Rojo para su novela biográfica Mujer en traje de batalla.

“Cuando viaja a América ocurre un proceso muy interesante, porque se convierte en la primera mujer en ejercer la medicina no solo en Cuba, sino también en América Latina”, asegura González Pagés.

De hecho, Elizabeth Blackwell, la británica reconocida internacionalmente como la primera mujer en practicar la medicina en el continente americano, nació en 1821, cuando ya Favez consultaba y operaba a sus pacientes en el oriente de Cuba.

“Otro elemento destacable de esta mujer en su profesión es que era cirujana. Cuando hace el examen para revalidar su título ante el Protomedicato de La Habana se convierte, además, en uno de los tres únicos médicos cirujanos en el área del Caribe en esa época”, añade el historiador.

Amante y esposa

Pero las marcas que dejó para la historia Enriqueta Favez no quedaron solo en ser la primera médica de América.

Su relación con Juana de León y la boda de ambas ante los altares y con los ritos de la Iglesia católica, supusieron también un antecedente inusitado para la época, para la región y para la historia.

Un gráfico de la época

Un gráfico de la época muestra el lado femenino y masculino de Enriqueta.

“Hasta donde se conoce no había antecedentes públicos de lesbianismo en América Latina y son también las primeras mujeres que se casan bajo los oficios de la iglesia en toda Hispanoamérica”, señala González Pagés.

En Cuba, no obstante, las diferentes investigaciones que se hicieron sobre el personaje intentaban justificar que no se trataba de una lesbiana, según el investigador.

“Cuando se lee el expediente del juicio al que la sometieron y las cartas entre ella y su esposa que fueron vendidas después, no queda duda que entre las dos había una auténtica relación lesbiana de mutuo consentimiento”, asegura.

Sin embargo, fue la propia Juana quien entregó a su esposo a las autoridades.

¿Por qué?

González Pagés considera que se trató de una razón social.

“Al parecer, una empleada de la casa llegó un día y vio a Enrique borracho sobre la cama, con la camisa desabotonada y le vio los senos. A partir de ahí, se comenzó a difundir el rumor y parece que Juana, ante el temor de lo que le pudiera pasar y de las presiones de su propia familia, decidió denunciar”, explica.

En la denuncia, conservada en el Archivo Nacional de Cuba, Juana de León argumentó que se casó con Enriqueta por las “circunstancias de orfandad y desamparo en que se veía”, aunque le fue imposible “sospechar que los designios de ese monstruo fuesen dirigidos a profanar los sacramentos”.

Acusó a Enriqueta de haber consumado “artificialmente” el matrimonio en forma “que la decencia no permite referir” y que se había aprovechado de ella “del modo más cruel y detestable, abusando de su buena fe, candor e inexperiencia”.

González Pagés, cree que las razones de Juana estuvieron más bien basadas en el temor.

santiago

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El proceso contra Enriqueta tuvo lugar en la ciudad de Santiago de Cuba.

“Si en el siglo XXI, asumir la sexualidad es algo que todavía cuesta en muchos lugares de América Latina, imagina en el siglo XIX. Es una decisión contradictoria la de Juana de León, pero comprensible”, asegura.

Tras el largo proceso judicial, “el más escandaloso de Cuba en el siglo XIX”, según Pagés, Enriqueta Favez fue expulsada de forma definitiva de todos los territorios de España en América.

De Enriqueta a sor Magdalena

Cuando el buque con destino a Nueva Orleans zarpó de La Habana a mediados de 1824, Enriqueta Favez dejó atrás las costas de Cuba, un oscuro pasado, un escándalo sexual y una trágica historia de amor.

Nadie fue a despedirla al puerto.

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En el Archivo Nacional de Cuba se conservan los documentos del juicio y la deportación de Enriqueta Favez. (Foto: Cortesía de Julio César González Pagés).

Su rastro se perdió en la historia hasta muchos años después, cuando una carta, remitida por una tal sor Magdalena, cruzó en barco la ruta de Nueva Orleans a La Habana y luego, siguió el trote de los caballos del Correo Real hacia Baracoa.

Pero Juana de León, la destinataria del documento, había muerto tiempo antes.

Sor Magdalena, la monja médico que se había presentado primero como partera en Veracruz y que luego atendió a los enfermos en la congregación de las hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, nunca supo si su envío había llegado o no a su destino.

Tal vez, pensó en su pasado y entendió que había razones para que esa carta, una carta desesperada de amor, en la que suplicaba ver de nuevo a su esposa, nunca fuera respondida.

casa

Enriqueta fue deportada a Nueva Orleans en 1824. (Foto: Hulton Archive)

“Una de las opciones que le dan que se libere de este pecado es entregando su vida a la Iglesia y a partir de entonces se dedica a cuidar a los enfermos. Pero siguió, lógicamente siendo lesbiana, y está documentado que intentó volver a Cuba para volverse a encontrar con su esposa”, afirma Pagés.

Pero Enriqueta Favez nunca volvió a pisar la isla.

Murió en 1856, vistiendo los hábitos de las hijas de la Caridad y fue enterrada con ritos católicos en el cementerio antiguo de Nueva Orleans.

Cuando en 2005 el huracán Katrina cruzó Guadalupe, devastó el oriente de Cuba y siguió su paso imparable hacia Nueva Orleans, en una ruta similar a la seguida por Favez en su paso por América, destruyó su tumba y con ella, uno de los últimos recuerdos de una de las mujeres más sorprendentes que marcaron la vida del continente en el siglo XIX.

Página de portada: Gentileza de BBC Mundo-Una reconstrucción realizada por la policía de Cuba muestra cómo pudo ser el rostro de Enriqueta Favez. (Foto: Cortesía de Julio César González Pagés)

FUENTE RESPONSABLE: BBC Mundo

Cuba/Sociedad y Cultura/Medicina/Mujer

El juicio de Agnódice por “seducir a sus pacientes” provocó una rebelión de mujeres en la antigua Grecia.

Estaba entre la espada y la pared. Tenía que demostrarles que estaban equivocados, revelándose la verdad… aunque hacerlo significaba la muerte.

Corría el siglo IV a.C. y Agnódice estaba en el banquillo de los acusados. Un grupo de médicos había presentado cargos en su contra argumentando que seducía a las mujeres que eran sus pacientes, y peor, que hasta había violado a dos, penetrándolas.

El veredicto del Consejo del Areópago había sido “culpable”.

No le quedaba más remedio. Agnódice levantó la túnica y, sin necesidad de palabras, les dejó saber que era mujer, no hombre, como había hecho creer.

Sabía que la revelación sería considerada como un delito peor que haber seducido o hasta violado a sus pacientes.

En la facultad de Medicina de la Universidad de París Descartes está inmortalizado en piedra el momento en el que Agnódice se desnuda en el Areópago.

“¡Una mujer, practicando medicina!”, exclamaron algunos, como escupiendo las palabras.

Les había dado la razón perfecta para ejecutarla.

El crimen

Esa razón era la misma por la que sus pacientes la habían preferido.

Era un secreto guardado por ella y aquellos a quienes había ayudado pues en esa época estaba prohibido que las mujeres practicaran medicina.

No siempre había sido así.

No mucho antes de que Agnódice decidiera dedicarse a la partería, la práctica era considerada como una profesión honorable en la civilización griega.

Una de las célebres parteras era Fanáreta, la madre del filósofo Sócrates (470-399 a.C.).

Sócrates

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La madre de Sócrates, el primer filósofo moral de la tradición ética occidental del pensamiento, era una célebre partera.

Y aunque el contemporáneo más famoso de Sócrates, Hipócrates (460-380 a.C.), el padre de la medicina moderna, no admitía mujeres en su escuela primaria de medicina en su isla natal de Cos, al parecer sí les permitía estudiar temas obstétricos y ginecológicos en sus otras instalaciones de enseñanza.

Sin embargo, los atenienses poderosos no veían con buenos ojos que las matronas acumularan tan impresionante gama de conocimientos y talentos en un campo relacionado con la reproducción de sus herederos.

Así que decidieron prohibir que las mujeres practicaran la partería y la medicina, so pena de muerte.

Fue un golpe terrible, no solo para las comadronas que se quedaron sin medios de subsistencia, sino también para las mujeres cuyos partos, sin la guía de una partera, a menudo terminaban en desastre.

Timidez

La Grecia antigua era una sociedad que valoraba mucho la modestia femenina, y eso hizo que la transición de las matronas a los médicos varones no fuera fácil.

Mujeres griegas

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La modestia era muy valorada, así que la idea de que fueran hombres los que examinaran a las mujeres no fue bien recibida.

A pesar de los avances de la medicina introducidos por Hipócrates y de la voluntad de los hombres recién entrenados para hacerse cargo del cuidado de las mujeres, estas se negaron rotundamente a permitir que los médicos las examinaran o ayudarán en el momento de dar a luz.

Desde el punto de vista de los doctores, las mujeres eran criaturas obstinadas, sin interés en su propio tratamiento o salud y responsables por el número cada vez mayor de muertes relacionadas con el parto.

Sin embargo, lo que demostró la osadía de Agnódice fue que todo ese sufrimiento podría haberse evitado si no se hubiese prohibido la partería.

Ella

Agnódice quería estudiar medicina y practicar partería desde pequeña. Cuando le cerraron las puertas por ser mujer, se cortó el cabello, se puso ropa de hombre y se fue de Atenas a Alejandría a estudiar con uno de los seguidores de Hipócrates.

Herófilo de Calcedonia en "A Medicina Científica" (1906) del artista portugués José Maria Veloso Salgado

Herófilo de Calcedonia, que aparece en esta pintura del artista portugués José Maria Veloso Salgado en el extremo derecho con una mano levantada y la otra en el cuerpo en el que está trabajando, fue maestro de Agnódice creyendo que era hombre.

Fue nada menos que el primer anatomista, Herófilo de Calcedonia (335-280 a.C.), cofundador de la legendaria escuela de medicina en Alexandria, quien le impartió su sabiduría médica sin saber que era mujer.

Tras su regreso a Atenas, ya graduada, Agnódice trató de atender un parto particularmente difícil.

La mujer se negaba a dejarse ver por los médicos, a pesar de su agonía. Desesperada por ayudar, Agnódice levantó su túnica para revelar sus pechos; al verlos, la paciente, aliviada, le permitió ayudarla.

Agnódice

FUENTE DE LA IMAGEN – WELLCOME COLLECTION

Mostrar quién era realmente le permitió salvar la vida de la mujer y su bebé.

El secreto de Agnódice se difundió rápidamente entre las mujeres y su práctica creció tanto que los otros médicos se molestaron.

Por eso empezaron a hacer correr el rumor de que seducía y corrompía a las esposas de otros hombres, y levantaron falsos testimonios para acusarla de violación sexual con penetración a dos pacientes.

Volvamos al juicio

Era indudable que Agnódice había violado la ley, y quienes estaban presentes en el juicio sabían cuál era el castigo.

Pero un gran obstáculo lo impidió: una multitud furiosa de mujeres atenienses acaudaladas, a quienes Agnódice había ayudado, entre ellas esposas de médicos y políticos que la habían acusado, exigieron su liberación.

Sin ella, afirmaron, muchas de ellas estarían muertas o morirían en el futuro.

Si ejecutaban a Agnódice, declararon, “todas moriremos con ella”.

La rebelión resultó no solo en la liberación de Agnódice sino también en la anulación de la ley que prohibía a las mujeres practicar la medicina, siempre y cuando solo trataran a pacientes del mismo género.

Antes de irnos, es importante señalar que esta es una de las varias historias que siempre ha sido, y probablemente siempre será, un misterio histórico.

Algunos eruditos creen firmemente que es un hecho histórico, mientras que otros creen que pertenece al reino de los mitos y las leyendas.

Probablemente nunca sabremos cuál es la verdad.

Imagen de portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Dalia Ventura

Historia/Grecia/Salud

 

 

La fascinante vida de Isabel Barreto, la almirante que fue la Reina de los Mares del Sur en el siglo XVI.

Isabel Barreto estuvo al frente de una de las más largas expediciones marítimas españolas del siglo XVI.

Solo hubo una mujer al frente de una expedición naval durante aquellos viajes de descubrimiento y conquista que tuvieron lugar en el siglo XVI.

Esa mujer se llamaba Isabel Barreto, fue marquesa y adelantada de los mares del Sur y la primera mujer que ostentó el título de almirante en la historia de la navegación española.

Protagonizó una hazaña enorme: la expedición que encabezó navegó unas 3.600 leguas marinas, alrededor de 20.000 kilómetros, la mayor distancia recorrida por naves españolas en el siglo XVI.

Atravesó por entero el Océano Pacífico y fue la primera en cruzar ese océano por el hemisferio sur. Y descubrió las islas Marquesas, un archipiélago de la Polinesia.

Sin embargo Isabel Barreto sigue siendo una gran desconocida. Y, por si fuera poco, su figura está oscurecida por densas sombras: se la acusa de haber sido una mujer extremadamente cruel, tanto con los miembros de su expedición como con los nativos de las islas que descubrió.

No se sabe a ciencia cierta dónde nació. Se sabe que vino al mundo en 1567, pero no está claro si nació en la localidad española de Pontevedra, trasladándose de niña a Lima, Perú, o si directamente era limeña.

De lo que no hay duda es de que fue en Lima donde contrajo matrimonio en 1585 con Álvaro de Mendaña, navegante y adelantado español.

Mendaña había “descubierto” 17 años antes las islas Salomón. Un territorio mítico, denominado Ofir en la Biblia. Una tierra llena de tesoros donde se decía que había ríos de oro y de donde se supone que el rey Salomón había sacado las riquezas para construir su fastuoso templo en Jerusalén.

Álvaro de Mendaña y su viaje

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Isabel contrajo matrimonio con el navegante español Álvaro de Mendaña, quien descubrió las islas Salomón y pasó por un estrecho que hoy lleva su nombre.

Atraídos por ese oro, Mendaña e Isabel Barreto decidieron embarcarse en una colosal aventura y viajar juntos a las islas Salomón, de las que esperaban regresar ricos.

El 9 de abril 1595 cuatro naves zarparon del Callao, el puerto de la recién fundada ciudad de Lima, para conquistar las islas Salomón y, de paso, explorar la posibilidad de llegar a la Terra Australis Incognita, que más tarde resultaría ser el quinto continente:Australia.

Más de 400 personas componían la flota. La inmensa mayoría, 378, eran hombres, pero también viajaban en esa expedición 98 mujeres.

Isabel Barreto, tan valiente como ambiciosa, también se apuntó a ese viaje.

En busca del oro

No era raro que hubiera mujeres en ese tipo de viajes. La idea es que esas mujeres sirvieran para poblar las nuevas ciudades que se iban a fundar.

“Ya en el tercer viaje de Colón iban alrededor de un centenar de mujeres”, le cuenta a BBC Mundo el hispanista Juan Francisco Maura, profesor en la universidad estadounidense de Vermont y autor, entre otros, del ensayo “Españolas de Ultramar”.

Durante tres meses, la expedición navegó por el océano Pacífico en busca de las islas Salomón, tratando de alcanzar la latitud que Mendaña había anotado en su primer viaje.

Pero los instrumentos de navegación eran entonces muy arcaicos. No encontraban las islas y la vida a bordo se hacía cada vez más difícil: los víveres escaseaban y sobre todo el agua dulce, el bien más preciado, estaba a punto de agotarse.

Por fin, el 21 de julio de 1595 avistaron tierra.

Pero no eran las islas Salomón. Mendaña se dio cuenta de que los pobladores de aquel lugar no hablaban la misma lengua que los nativos con los que había contactado en su expedición anterior a las Islas Salomón, y también su aspecto físico era diferente.

Y, sobre todo, allí no había ningún río lleno de oro.

Aquellas islas efectivamente no eran las de Salomón. En cualquier caso, Mendaña tomó posesión de ellas y las bautizó islas Marquesas de Mendoza en honor al marqués de Mendoza, el virrey del Perú.

Hoy se las conoce simplemente como Las Marquesas.

Abel Aubert du Dupetit-Thouars (1793-1864) en Tahuata, islas Marquesas, dibujado por Maximilien Radiguet-Rene (1816-1899), 1842.

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Abel Aubert du Dupetit-Thouars (1793-1864) en Tahuata, islas Marquesas, dibujado por Maximilien Radiguet-Rene (1816-1899), 1842.

Los marqueses de las Salomón

La expedición se hizo de nuevo a la mar.

Durante dos meses más siguieron navegando por esos mares desconocidos, en durísimas condiciones de salubridad e higiene.

La vida a bordo cada vez era más insoportable. Y muchos tripulantes empezaron a poner en duda la capacidad y autoridad de Mendaña.

Para colmo la Santa Isabel, una de las cuatro naves que habían zarpado del puerto del Callao, desapareció un día en mitad de la noche y nunca se volvió a saber nada de ella ni de sus pasajeros.

En septiembre de 1595, cuando estaba a punto de desencadenarse un motín a bordo, la expedición avistó por fin una nueva isla a la que Mendaña llamó Santa Cruz.

El adelantado pensaba que había vuelto a equivocarse, sin embargo esta vez sí que habían llegado a las islas Salomón, concretamente al extremo sur de las mismas y en particular a una isla que actualmente se llama Nendö.

islas salomón

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Cuando llegaron a las islas Salomón, Mendoza pensó que habían vuelto a equivocarse.

Medaña decidió desembarcar y fundar allí algunas ciudades, incluida la de Santa Isabel, así llamada en honor a su esposa.

Don Álvaro y doña Isabel se convirtieron también en marqueses del Sur, aunque sus posesiones en aquellas tierras se limitaban a cuantas cabañas. Allí tampoco había oro.

La vida fue muy complicada desde el principio.

No solo había enfrentamientos con los nativos y excesos contra ellos, sino que también surgieron conflictos entre los propios navegantes, cansados de las duras condiciones de vida que tenían que soportar y decepcionados por la total ausencia de oro.

Los ánimos estaban cada vez más encendidos.

Y entonces llegó la fiebre: probablemente, una epidemia de la malaria.

Una mujer al frente

En un solo mes murieron 47 personas, incluido Álvaro de Mendaña.

Pero antes de morir Mendaña nombró a su esposa, la marquesa del Sur, heredera de todos sus bienes, su sucesora como gobernadora de esas islas y adelantada de la expedición.

Por primera vez en la historia de la conquista española, una mujer estaba al frente de una expedición naval. Porque el adelantado es jefe de la expedición, la máxima autoridad, un grado que equivale al de almirante.

¿Cómo ejerció Isabel Barreto su autoridad al tener en sus manos las riendas de esa expedición?

Según el navegante portugués Pedro Fernández de Quirós, piloto mayor de aquella expedición, la adelantada trataba con una crueldad inhumana a las personas bajo su mando.

Pedro Fernández de Quirós

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El navegante portugués Pedro Fernández de Quirós dijo sobre Isabel Barreto que tenía “carácter varonil”.

“De carácter varonil, autoritaria, indómita y despótica”, la describió Quirós, quien aseguraba que la expedición había logrado salir adelante gracias a él.

No se sabe si esa versión es verdad o si forma parte de una campaña de desprestigio que el piloto mayor habría emprendido contra Isabel Barreto para tratar de quedarse con su puesto.

De hecho, y con el objetivo de hacerse con el mando de la expedición, se cuenta que Quirós instigó varias rebeliones tanto a bordo como en tierra.

Se cuenta, por ejemplo, que fue el responsable del asesinato de varios nativos de las islas Salomón, buscando con esas muertes que la población local se alzara contra Isabel Barreto.

A pesar de que es el relato de Fernández de Quirós el que ha perdurado hasta hoy, muchos lo cuestionan y muestran a Isabel Barreto como una auténtica heroína.

“Demostró unas excepcionales dotes de mando y la dureza que se requería para someter a la obediencia a hombres rudos y aventureros”, señala el hispanista Juan Francisco Maura.

“Muy bien sabía doña Isabel que si no provocaba cierto miedo en los marineros y soldados, difícilmente podría mantener esperanzas de llegar viva a puerto. No creo que existiese otra posibilidad teniendo en cuenta la situación límite por la que estaban pasando”.

Una travesía trágica

La situación era tan insostenible que la expedición decidió abandonar la isla de Santa Cruz.

La flota puso rumbo hacia las islas Filipinas, entonces bajo dominio español. La travesía hasta Manila fue de nuevo una pesadilla: muchas personas murieron a causa de las fiebres y del escorbuto.

Un segundo barco con todo su pasaje se perdió. Y un tercer barco, el San Felipe, se separó de la nave capitana, pero logró llegar tiempo después a Mindanao, la segunda isla más grande del archipiélago de las Filipinas.

El 11 de febrero de 1596 el galeón San Jerónimo arribó finalmente al puerto de Manila, 10 meses después de haber zarpado del Callao.

Quedaban a bordo menos de 100 personas de las más de 400 que habían iniciado la travesía, a las que habría que sumar otras 40 que sobrevivieron en el San Felipe.

Pero habían logrado una gesta increíble: habían recorrido la mayor distancia surcada por naves españolas en el siglo XVI: unas 3.600 leguas marinas, alrededor de 20.000 kilómetros.

Tahuata, Polinesia francesa

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Para llegar hasta las islas Marquesas, los navegantes tuvieron que recorrer cerca de 20.000 kilómetros.

Habían sido los primeros en cruzar el Océano Pacífico por el hemisferio sur. Y habían regresado con la certeza de la existencia de un quinto continente, Australia, al que entonces bautizaron como Australia del Espíritu Santo en honor a Felipe III de España, rey de la casa de los Austria.

Ante todo eso, la adelantada de los Mares del Sur fue recibida en Manila como una heroína.

Tres meses después de su llegada a Filipinas, Isabel volvió a casarse; contrajo nupcias con Fernando de Castro, un hombre emprendedor.

Y aunque la Reina de los Mares del Sur nunca regresó a las islas de las que era marquesa, ella y su nuevo esposo navegan de vuelta al Nuevo Mundo en un viaje arriesgado en el que tuvieron que afrontar varias grandes tormentas.

Pero, a su regreso a Perú, lograron hacer una fortuna vendiendo los exquisitos productos orientales que habían comprado en Filipinas, y entre los que se encontraban suntuosas sedas de China.

La única adelantada de la historia murió en 1612, a los 45 años, en Castrovirreyna, una población minera de Perú donde su marido era gobernador.

Se sabe por el testamento que dejó que había logrado su sueño de ser una mujer adinerada; poseía 11 esclavos y numerosas joyas y objetos de valor. Y dejó ordenado que el convento de las Clarisas de Lima dijera por ella 2.000 misas en los seis meses siguientes a su fallecimiento.

“Lo que se sabe sobre ella aún es muy superficial y se basa en el retrato muy negativo que hace de ella el portugués Pedro Fernández de Quirós”, dice Juan Francisco Maura.

“Pero estoy seguro de que en diferentes archivos españoles, en Filipinas y en Perú debe haber información sobre ella que todavía no se ha investigado”.

“Yo desde luego la admiro. Es cierto que debía de tener muchísimo carácter, pero fue un personaje formidable”.

Imagen de la portada: Gentileza de BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Irene Hernández Velasco

Sociedad y Cultura/Historia/Perú/América Latina/Mujeres/Caribe.

La Malinche: la desafiante vida de la mujer más despreciada de la historia de México.

La indígena Malintzin se convirtió en una de las más polémicas de la historia de México.

Su nombre es sinónimo de traición y de toda una manera de pensar en México.

Ser un “malinchista” suele encender los ánimos en una discusión entre los mexicanos que a lo largo de cinco siglos han aprendido que eso es ser traidor a la patria.

La Real Academia Española lo define como tener “apego a lo extranjero con menosprecio a lo propio”.

Pero el Diccionario de Mexicanismos de la Academia Mexicana de la Lengua va más allá y lo define como un “complejo”: “Que tiene complejo de apego a lo extranjero”.

Y es que el malinchismo es algo que ha estado fijado en la mente de los mexicanos desde la llegada de los conquistadores españoles en 1519, hace ya 500 años.

La idea del malinchismo tiene como figura originaria a una mujer conocida como “la Malinche”, quien pasó de ser heredera de un padre poderoso a esclava y al final traductora, consejera y amante del conquistador Hernán Cortés.

La Malinche junto a Hernán Cortes en un códice

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Tanto las crónicas hispanas como los códices indígenas ponen a la Malinche como figura clave de la conquista.

Sin embargo, durante generaciones ha sido reducida a una traidora no solo en el imaginario colectivo, sino también en la narración de la historia predominante.

“La Malinche es considerada como la que tiene la culpa de todas las desgracias nacionales y de todas las batallas perdidas en la historia de México”, dice a BBC Mundo el historiador José Antonio Flores Farfán.

Pero advierte: “Esta idea del malinchismo, de atribuírsele a una sola mujer, es un gesto muy machista, muy misógino”.

Y es que la reducción de la vida de la Malinche a un papel traidor para los pueblos originarios de México resulta cada vez más insostenible a la luz de las investigaciones históricas modernas.

“Esa es una ideología que no quiere ver la complejidad de la historia”, rebate Flores Farfán.

La princesa desechada

Los historiadores han debatido durante mucho tiempo cuáles fueron los orígenes exactos de la Malinche, pero estudios indican que nació al final del siglo XV.

Su nombre en la lengua náhuatl, la hablada por los aztecas, era Malintzin o Malinalli. Pasó sus primeros años de vida en la zona sureste del estado de Veracruz, cerca de Coatzacoalcos.

La Malinche

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Malintzin nació en el seno de una familia poderosa, pero pronto cayó en desgracia.

El cronista Bernal Díaz del Castillo, quien acompañó a Hernán Cortés en sus travesías, relató en una de sus obras que a Malintizn le correspondía ser heredera de los dominios de su padre.

Era hija de un cacique local que falleció cuando ella era una niña, por lo que su madre, Cimatl, contrajo matrimonio con otro jefe indígena de la zona con quien concibió un varón.

El conflicto de quién era el heredero del cacicazgo fue solucionado cruelmente para Malintzin.

“Para que en ello no hubiese estorbo, dieron de noche a la niña a unos indios de Xicalango, porque no fuese vista, y echaron fama que se había muerto”, explica Díaz del Castillo.

En el mercado de Xicalango, la niña fue comprada como esclava y finalmente cayó bajo el dominio del cacique de Tabasco.

Entregada a Cortés

Hernán Cortés había emprendido su campaña por la conquista de México cuando se enfrentó al pueblo maya de Tabasco en la batalla de Cintla en la que resultaron victoriosos los europeos.

El cacique del lugar, para “apaciguar” al español, le hizo varios regalos como una veintena de esclavas entre las que estaba Malintzin.

Hernán Cortés

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Hernán Cortés consiguió la conquista de México para la corona española en 1521.

Como en ese tiempo era aceptado el concubinato (barraganía) pero solo con mujeres bautizadas, Malintzin recibió la purificación de la fe católica y el nombre de Marina.

Entonces fue entregada por Cortés a su capitán Alfonso Hernández, pero el conquistador pronto descubrió el gran valor que tenía la mujer que sabía náhuatl y maya, así como sus variantes.

Y más allá de eso, pronto Cortés la hizo su propia amante cuando ella tenía 15 años.

“De una condición noble a la de esclava, abandonada y negada por su padres, pasa a muy temprana edad a manos de desconocidos, violada por los invasores castellanos en la pubertad”, describe Flores Farfán.

En su travesía hacia la toma del Imperio azteca, entre 1519 y 1521, la mujer dejó de ser Malintzin y Marina, y se encumbró en lo más alto de la avanzada conquistadora como Doña Marina.

La Malinche en una ilustración de una caravana conquistadora

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Los documentos gráficos de la época mostraron en un lugar dominante a la Malinche en la expedición de Cortés.

Doña Marina

Tanto los documentos de los cronistas de la época como los códices indígenas muestran cuál era la alta posición que alcanzó la joven indígena apenas salida de la adolescencia entre los conquistadores.

“Doña Marina tenía mucho ser y mandaba absolutamente entre los indios en toda la Nueva España (…). Sin doña Marina no podíamos entender la lengua de Nueva España y México”, decía el cronista Díaz del Castillo, quien la veía como una mujer “entrometida y desenvuelta”.

Sin embargo, su posición iba más allá de ser una simple traductora con los emisarios de los pueblos, incluidos los del imperio azteca.

Como han comprobado varios expertos el revisar los documentos históricos, logró el entendimiento entre culturas sin el cual la conquista pudo haber sido mucho más violenta.

La Malinche en un códice prehispánico

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Varios son los códices prehispánicos que muestran a la Malinche en su labor de mensajera y consejera.

“El multilingüismo la puso en un lugar muy privilegiado. Pero también se le consideró la cara visible de Cortés en el sentido de la interpolación que podía tener con pueblos originarios”, explica Flores Farfán.

“Era una mujer que tenía mucho poder”, añade.

¿Traidora de su sangre?

El pueblo al que pertenecía la Malinche también era súbdito de los aztecas, cuyos gobernantes imponían duros tributos por los cuales no generan simpatías, sino lo contrario.

Cortés supo de la enemistad de los pueblos indígenas y le sacó ventaja al buscar aliados locales para enfrentar a los aztecas, entre ellos los totonacas y los tlaxcaltecas.

A la Malinche se le atribuye haber usado su conocimiento de la lengua, cultura e idiosincrasia indígena para poner el tablero cargado a favor de los conquistadores.

En particular se le culpa de una de las más grandes masacres de la conquista en Cholula, de la que las crónicas españolas le atribuyen el descubrimiento de una conspiración para matar a Cortés.

Unos 6.000 cholultecas murieron a consecuencias de la venganza de los conquistadores. Y muchas muertes más hasta la caída del Imperio azteca son vinculadas a la Malinche, quien “traicionó” a su propia sangre.

Dibujo de la conquista

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La matanza de Cholula fue una de las mayores masacres de la conquista de México.

Pero una revisión de la información disponible del caso de Cholula y otras batallas no da evidencias de que Marina haya sido la responsable, opina Flores Farfán.

“La historiografía hispana crea un hada madrina, que, locamente enamorada de Cortés, defiende fielmente los intereses castellanos”, sostiene el historiador.

“Que fuera traidora es un lugar común. Se le transfieren responsabilidades que le corresponden a otros, y en particular a los mercenarios que masacraron a la población originaria”, añade.

La “chingada”

Desde la década de 1960, movimientos feministas comenzaron a hacer una revisión de quién fue realmente la Malinche y qué papel jugó en la conquista española.

A partir de entonces, se empezó a desentrañar que no fue solo la traductora que se unió a los españoles sino una mujer desechada por su familia por su género, esclavizada, violada y pasada “de mano en mano” hasta ser entregada a los españoles.

Cortés y Catlina Juárez

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Tras la conquista, Cortés se reunió con su esposa, Catalina Juárez, y la Malinche quedó de lado para él.

Doña Marina no solo estuvo al servicio de Cortés como mensajera y consejera, sino también como amante con quien procreó a Martín Cortés, quien es el primer mexicano mestizo conocido con nombre y apellido.

El poeta Octavio Paz en “El laberinto de la soledad” incluso la ejemplifica como epíteto de la “chingada”, una de las expresiones con más carga peyorativa del español mexicano.

“Si la chingada es una representación de la madre violada, no me parece forzado asociarla a la conquista, que fue también una violación, no solamente en el sentido histórico, sino en la carne misma de las indias”, escribe Paz.

“El símbolo de la entrega es doña Malinche, la amante de Cortés. Es verdad que ella se da voluntariamente al conquistador, pero éste, apenas deja de serle útil, la olvida”, añade.

Y esa es la suerte que corrió la Malinche, a quien en sus textos y memorias Cortés la deja en el olvido.

No así en el imaginario de los mexicanos, donde hasta la actualidad queda bien fijada como la traidora.

Imagen de la portada: Gentileza BBC News Mundo

FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo, Ciudad de México por Darío Brooks.

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