Un buzo israelí rescató del fondo del mar una espada de 900 años que habría pertenecido a un caballero cruzado.

El aficionado sacó el tesoro del Mediterráneo y los arqueólogos marinos la estudian y acondicionan para exhibirla como una reliquia histórica.

Una espada que habría pertenecido a un caballero cruzado que navegó a Tierra Santa hace casi un milenio fue recuperada de las profundidades del Mediterráneo por un buzo aficionado, informaron funcionarios de la Unidad de Arqueología Marina de la Autoridad de Antigüedades de Israel. Aunque tiene organismos marinos incrustados, la hoja, empuñadura y guarnición de más de un metro eran lo suficientemente características como para reconocerla después de que las corrientes submarinas movieron las arenas que la habían ocultado.

De 1,20 metros de largo y recubierta de organismos marinos, la espada  fue recuperada como un tesoro, entre otros artefactos antiguos que incluían anclas y cerámicas

De 1,20 metros de largo y recubierta de organismos marinos, la espada fue recuperada como un tesoro, entre otros artefactos antiguos que incluían anclas y cerámicas.

Ariel Schalit – AP

Shlomi Katzin encontró el arma, que se estima tendría unos 900 años, en el fondo del mar, mientras buceaba el sábado frente a la costa de Carmel en el norte de Israel. La ubicación de la espada, una ensenada natural cerca de la ciudad portuaria de Haifa, sugiere que había servido como refugio para los navegantes, dijo Kobi Sharvit, director de la unidad de arqueología marina del organismo. ”Estas condiciones han atraído a barcos mercantes durante eras, dejando atrás ricos hallazgos arqueológicos”, afirmó.

Los expertos dijeron además que la espada antigua probablemente fue descubierta después de que las olas movieran la arena. También se encuentran en las cercanías anclas de metal, de piedra y fragmentos de cerámica. La ley israelí requiere que cualquier objeto encontrado sea devuelto a la nación. Ahora, la espada será limpiada y restaurada para poder ser puesta en exhibición.

Después de su descubrimiento, Katzin agregó que tomó la espada del lecho marino por temor a que el hallazgo fuera robado o enterrado, y lo entregó a las autoridades. Por su acción recibió un certificado de reconocimiento por “buena ciudadanía”.

La imagen, tomada hoy, muestra la antigua espada de 900 años en la playa del puerto israelí de Cesarea,  días después de ser descubierta por un buceador local

La imagen, tomada hoy, muestra la antigua espada de 900 años en la playa del puerto israelí de Cesárea, días después de ser descubierta por un buceador local

JACK GUEZ – AFP

La espada, que mide alrededor de 1,20 metros, estaba en “perfecto estado”, según expresó el comunicado sobre este “hallazgo hermoso y raro” que probablemente perteneció a un caballero cruzado. 

“Es emocionante encontrar un objeto tan personal, que te lleva 900 años atrás, a una era diferente, con caballeros, armaduras y espadas”. La costa norte de Israel tiene muchas calas donde los barcos antiguos encontraron refugio de las tormentas, continuó Sharvit, arqueólogo marino, y agregó que las antiguas ciudades portuarias y otros asentamientos se construyeron alrededor de calas más grandes. “Estas condiciones han atraído a los barcos mercantes a lo largo de los siglos, dejando tras de sí ricos hallazgos arqueológicos”.

El hallazgo remite a la época de los caballeros, armaduras y espadas: “Es emocionante encontrar un objeto que nos lleva 900 años atrás", dijeron los especialistas

El hallazgo remite a la época de los caballeros, armaduras y espadas: “Es emocionante encontrar un objeto que nos lleva 900 años atrás”, dijeron los especialistas

JACK GUEZ – AFP

Según la opinión de los expertos, publica The Washington Post, el descubrimiento de artefactos antiguos por nadadores y buceadores recreativos se ha vuelto cada vez más común en los últimos años en medio de la creciente popularidad de los deportes acuáticos en la región. 

También consignan que las cálidas temperaturas de esas aguas podrían haber ayudado a preservar la espada de hierro. La vida marina se adhirió al arma “como pegamento” mientras se oxidaba el hierro, dijo Sharvit al New York Times ayer. 

Las autoridades tienen la intención de exhibir la espada después de que se haya limpiado e investigado. Eli Escosido, director general de IAA, elogió a Katzin en un comunicado por entregar el artefacto a las autoridades. “Cada artefacto antiguo que se encuentra nos ayuda a armar el rompecabezas histórico de la Tierra de Israel”.

Imagen de portada: Gentileza de JACK GUEZ – AFP

FUENTE RESPONSABLE: LA NACION Por Jack Guez AFP

Cultura/Arte/Arqueología

Arqueólogos en Israel desentierran el único campamento de cruzados conocido hasta hoy.

Recuerda que si deseas profundizar más sobre este artículo; debes cliquear sobre lo escrito en “negrita”. Muchas gracias.

Cruzados acamparon en la zona de Séforis, en la antigua Galilea, antes de la decisiva batalla de Hattin en 1187; batalla en la que fueron aplastados por las tropas del sultán Saladino.

Los ejércitos musulmanes bajo el mando de Saladino capturaron o mataron a la gran mayoría de las fuerzas cruzadas durante la batalla de Hattin en 1187, eliminando su capacidad de hacer la guerra.

Hasta ahora, pocas fuentes escritas han proporcionado información sobre el aspecto de un campamento de los cruzados. Ahora, por primera vez, se ha encontrado un campamento de guerra medieval de los Caballeros del Reino de Jerusalén (1099-1291) en Tierra Santa, según ha confirmado el arqueólogo Rafi Lewis a la Agencia Católica de Noticias (KNA) en un informe del periódico Haaretz.

“Los ricos hallazgos nos permiten conocer la organización y las actividades del campamento de los cruzados”, dijo Lewis, que está llevando a cabo la investigación en el Colegio Académico de Ashkelon y en la Universidad de Haifa.  

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Campamentos de los cruzados, de naturaleza temporal

En todo el Levante se encuentran restos de campamentos romanos, entre otras cosas porque sus estructuras de piedra y madera dejan huellas. “Por el contrario, los campamentos de los cruzados son de naturaleza más temporal. Los recintos suelen estar hechos de cuerdas y se los llevan cuando se van”, explicó Lewis a la ACB. Lo poco que se ve queda atrás. Si un visitante acudiera hoy a la excavación, no vería “más que un campo, unos cuantos eucaliptos y un huerto”. 

Publicados en el libro Settlement and Crusade in the Thirteenth Century (Asentamientos y cruzadas en el siglo XIII), los nuevos hallazgos arrojan luz sobre el campamento medieval, que fue descubierto en los manantiales de Zippori, la antigua Séforis, en Galilea, durante la ampliación de una carretera local. Los arqueólogos Nimrod Getzov e Ianir Milevski, de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA), realizaron la excavación con la ayuda de Rafael Lewis, arqueólogo de la Universidad de Haifa.

La batalla de Hattin en 1187

La zona de Séforis fue importante para los cruzados en su camino hacia la decisiva batalla de Hattin en 1187, a unos 25 kilómetros al oeste; batalla en la que fueron aplastados por las tropas del sultán Saladino. Los prehistoriadores Getzoff y Milevski llamaron a Lewis, especializado en arqueología del paisaje, de las cruzadas y de los conflictos; una suerte para el arqueólogo, ya que la arqueología de las cruzadas es más bien un hijastro y no es muy popular entre muchos colegas israelíes. El paisaje como lugar y la interacción entre el hombre y la naturaleza también tienden a ser descuidados en la arqueología. 

Miembros israelíes y rusos de clubes de caballeros vestidos con trajes medievales cenan dos noches antes de marchar 27 kilómetros a la recreación de la Batalla de Hattin desde la antigua ciudad israelí de Zippori hasta los Cuernos de Hattin, en el norte de Israel. (2015)

Miembros israelíes y rusos de clubes de caballeros vestidos con trajes medievales cenan dos noches antes de marchar 27 kilómetros a la recreación de la Batalla de Hattin desde la antigua ciudad israelí de Zippori hasta los Cuernos de Hattin, en el norte de Israel. (2015)

“Poder excavar un yacimiento como éste es extraordinario”, afirma el investigador, que ahora ha podido examinar él mismo los artefactos y compararlos con las fuentes históricas. Aunque la arqueología “siempre es también interpretación” y “otras interpretaciones siguen siendo posibles”, según Lewis, no hay grandes contradicciones entre los hallazgos arqueológicos y las fuentes escritas.

Objetos de metal del Reino Latino de Jerusalén

Lo que se encontró fueron principalmente objetos de metal del Reino Latino de Jerusalén. “Aparte de herraduras y otras cosas relacionadas con los caballos, la mayoría de los hallazgos metálicos eran clavos de herradura”, dice Lewis, “de dos tipos: uno europeo y otro local”. En algunas partes del campamento predominaba un tipo, en otras zonas el otro; en algunas se encontraron ambos tipos de clavos. 

Esto podría significar que el campo fue utilizado repetidamente por diferentes grupos. Lewis cree que es más probable que indique grupos de diferentes orígenes en el campo común. Los cruzados, dice, no tenían mucho en común con un ejército moderno. “Es cierto que el rey era el comandante jefe; pero en última instancia, cada caballero cabalgaba bajo una bandera diferente”. afirmó. 

La batalla de Hattin tuvo lugar los días 3 y 4 de julio de 1187 entre el Reino Cruzado de Jerusalén y las fuerzas del sultán kurdo ayubí Salah ad-Din, conocido en Occidente como Saladino.

La batalla de Hattin tuvo lugar los días 3 y 4 de julio de 1187 entre el Reino Cruzado de Jerusalén y las fuerzas del sultán kurdo ayubí Salah ad-Din, conocido en Occidente como Saladino.

Trabajos de reparación y mantenimiento de los caballeros

En un aspecto, los caballeros eran bastante similares a los soldados modernos, cree Lewis. “En tiempos de espera para la guerra, los mismos fenómenos son evidentes: los soldados preparan sus vehículos, en este caso sus caballos, y su equipo”. Al igual que los clavos de herradura, las numerosas agujas de coser encontradas hablan de trabajos de reparación y mantenimiento. Las puntas de flecha también encontradas podrían ser de ejercicios. 

En la batalla, los caballeros se dividieron en tres grupos. En esta formación de una guardia frontal y otra de retaguardia alrededor de la tropa central con el rey, salieron del campamento hacia la batalla. El hecho de que los artefactos se encontraran en grupos a lo largo del curso de agua podría significar que los soldados ya estaban acampados en esta formación de batalla. 

La posición de los hallazgos en relación con el agua es interesante: cuanto más cerca del agua, más ricos y valiosos se vuelven los artefactos. El estatus socioeconómico de los caballeros acampados, concluye el arqueólogo, aumentaba con la proximidad a la fuente principal de agua. Además, los investigadores sólo encontraron hallazgos al sur del arroyo, pero no al norte. Quizás, además de las cuerdas, el agua también fue una limitación para el campamento en este caso. 

Imagen de portada: Gentileza de Made for Minds

FUENTE RESPONSABLE: Made for Minds. FEW (KNA, Haaretz, Jerusalem Post)

ARQUEOLOGIA/CAMPAMENTO DE LOS CRUZADOS/ISRAEL/AMOS OZ

Ven, te necesito…

Ven por favor
o no te has
dado cuenta,
que ya no
soporto más,
esta soledad
que me daña,
frustrada
la esperanza
de tenerte
para siempre,
más que nunca
cuando
se encoge
la estrechez
del camino,
en cada día
que pasa,
como cual
laberinto
que me lleva
a rodearlo
en círculos,
sin encontrar
salida
a la desazón
que estruja
mi alma,
al saber
que estas,
pero no
para mi
en el aquí
y ahora.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

El último viaje de René Descartes.

Descartes fue primero viajero y después filósofo. Al terminar sus estudios dejó de lado el “incierto mundo de los libros” para irse a viajar y leer “el libro del mundo”. El autor de la novela Invierno sueco investigó el perfil viajero de ese camino filosófico.

Matías Wiszniewer, escritor y filósofo

Matías Wiszniewer es comunicólogo por la Universidad de Buenos Aires, donde hizo un posgrado en Historia de la Filosofía Antigua, Medieval y Moderna. Por más de una década trabajó en un minucioso reportaje sobre la vida de Descartes y viajó tras los pasos de quien sería el personaje central de su novela histórica Invierno sueco, el último viaje de René Descartes (Letra Viva). 

Descubrió que la faceta viajera del gran filósofo francés no era la de un noble entregado a la buena vida: viajaba en barco y a caballo miles de kilómetros y participó de guerras, pero su verdadero motor fue la pregunta por la verdad, el encontrar algo de lo que pudiese estar absolutamente seguro.

–El Descartes viajero es la faceta menos conocida del filósofo angular del pensamiento moderno. Su novela histórica se centra en esa parte de su vida. Sus viajes tuvieron un papel central en el camino que tomó su pensamiento. ¿Hasta qué punto fue así?

–Luego de estudiar en La Flèche –el colegio más importante de Europa– en el Valle del Loire, a sus 22 años tomó una decisión radical, un giro en el pensamiento y en su vida: concluyó que los libros que había leído en la academia no le garantizaban alcanzar una verdad de la que pudiese estar totalmente seguro. Se dio cuenta de que los principales filósofos y autores que había estudiado tenían contradicciones profundas entre sí. Eso lo confundía, al no poder determinar quién tenía razón. Se autoanaliza y sintió a la manera socrática, que mientras más erudito era, más ignorante se volvía. Y su salida fue, de alguna manera, bíblica: decidió irse, emigrar. Obtuvo el título de abogado y partió dudando de todos los saberes establecidos, en busca de una verdad indubitable: “decidí abandonar el mundo de las letras para dirigirme al Libro del Mundo, no buscando otra ciencia que la que pudiera hallar en mí mismo”.

–Me lo imagino buscando coincidencias entre culturas acerca de algo que pudiese ser cierto con seguridad. Pero comprobó que cada cultura es singular y que una misma cosa puede verse muy distinta según la perspectiva. ¿Cuáles fueron sus viajes?

–En los viajes tampoco encontró una certeza. Se enroló en el ejército protestante de Mauricio –caudillo holandés– y en el católico de Maximiliano de Baviera. Descartes era católico, así que el hecho de haber estado también en un ejército protestante sugiere que lo que le interesaba era viajar y conocer el mundo. El primer gran viaje fue entre 1618 y 1622: salió de Francia rumbo a Países Bajos, Dinamarca, Polonia, Silesia y Sacro Imperio (Bohemia, Moravia, Austria, Alemania, Hungría). Según mi tesis, antes de regresar a Francia recorrió el Imperio Otomano (Buda, Ragusa, Atenas, Antioquía y Damasco). Estudié sus principales biografías y entre 1620 y 1622 se desconoce dónde estuvo: algunos creen que podría haber estado en Medio Oriente. En 1622 regresó a Francia, viajó dos años por Italia y partió al exilio definitivo a Holanda, en 1629. Y en 1649 fue su último viaje, el que estructura mi novela: la navegación de Holanda a Suecia pasando por Alemania, Dinamarca y Polonia. No eran habituales este tipo de viajes: viajaban mercaderes, religiosos, diplomáticos o militares, así que Descartes fue un personaje casi único. A su familia le pareció una locura que un hombre con la vida resuelta dejará todo para recorrer el mundo en busca de “la verdad”. Partió sin saber bien adónde iba ni cuándo volvería. Desde entonces, nunca más tuvo casa fija. Lacan observó que Descartes “no era ni un profesor ni un dialéctico”, sino “un vagabundo”. Y que en ese vagabundeo encontró su camino hacia la ciencia.

–También el príncipe Siddhartha –luego Gautama Buda– abandonó las mieles del palacio y se volvió errante, no sé si buscando la verdad, pero sí algo que lo iluminara. Fue otro de esos extraños viajeros a contracorriente, como su contemporáneo Heródoto que viajó con la pretensión –nada menos– de “impedir que se borre la memoria de la historia de la humanidad”, según dice en el prólogo de su Historia. Los tres viajaban por razones que a nadie se le hubiera cruzado por la cabeza.

–Buda no nació sabiendo que había que iluminarse bajo un árbol. Se escapó del palacio para ver el mundo real que le ocultaban. Se fue con los jainistas –ascetas extremos– y con otras escuelas, pero nada lo convencía. Terminó eligiendo un “punto medio” entre la “autoindulgencia” y el “ascetismo extremo”. Y en su acto de meditación, en ese sentarse a la sombra de un árbol, se “iluminó”. Descartes también tuvo su “iluminación”: sus famosos sueños en la colina alemana de Neuburg mientras esperaba para enrolarse en el ejército católico. Así, arrojado al barro del mundo, encontró un fundamento. Y no fue en un claustro académico sino en la praxis, que es donde yo creo que se da la verdadera filosofía: en los actos de soñar y de viajar, en el sentido más profundo del viaje.

–Un proceso similar siguió Heródoto 2000 años antes, al investigar. Descubrió que había muchos pueblos y él no tenía forma de saber quién de todos los que le relataban hechos decía lo que realmente había sucedido en esas batallas y conquistas. No podía determinar cuál era la verdad de la historia.

–Luego de haber viajado, Descartes hizo una vuelta de tuerca y dijo: “voy a buscar la verdad en mí mismo”. Y este acto de indagar lo universal en su interior, nos remite a Buda. ¿Qué quiere decir “iluminarse”? Es entender algo del orden de lo verdadero. Fue en este giro hacia sí que Descartes creó su filosofía. No es casualidad que su obra clave fuese Meditaciones metafísicas. 

A Buda también las meditaciones lo llevaron a la iluminación. Otro antecedente de Descartes fue Lutero. En el marco de una asamblea frente al emperador Carlos V y delegados de la Santa Sede, le exigieron retractarse de sus críticas al Papa. Pero el fundador del protestantismo respondió: “no me puedo retractar porque mi conciencia es cautiva de la palabra de Dios y no puedo ir contra mi conciencia”. ¿Qué es esto sino la afirmación, en sí mismo, de una verdad universal? Buda, Lutero y Descartes hicieron ese proceso.

 Lacan escribió que “sin el acto del Cogito no podría haber psicoanálisis”: sin la subjetividad moderna cartesiana, Freud no hubiese podido alumbrar su doctrina.

–Descartes vivió un momento histórico en que estaban en pugna las dos grandes verdades europeas. Había coincidencia en que la verdad la revelaba la Biblia, pero protestantes y católicos se exterminaron por ver quién tenía la interpretación correcta de ese libro, quién tenía la verdad sobre la verdad mayor. En medio de semejante grieta, apareció Descartes. Pero la saltó por arriba.

–Sí, supo que del laberinto se sale por arriba. Hoy se habla del fin de los grandes relatos, pero esos eran tiempos de Cisma de la Cristiandad, que fue algo tremendo: se resquebrajaba el edificio de la Iglesia y amenazaba con caérsele encima a todo el mundo. Llegó a haber tres Papas. Eso implicaba un gran vacío de sentido. Lutero planteó que la Iglesia no le daba respuestas, que el Papa era un delincuente y dijo “yo creo en mi conciencia”. No se puede entender a Descartes sin esa actitud anterior de Lutero. Si ya no hay un Papa infalible que me diga qué es verdadero o falso, solo queda confiar en mi conciencia. Eso generó la crisis escéptica del siglo XVI: los escépticos decían “no se puede saber nada”. Pero Descartes no aceptó esa resignación: la desafió y la llevó a fondo para poder salir de ella. Por eso Hegel lo consideró un héroe de la filosofía. En las Meditaciones, Descartes se sintió “tan turbado como si hubiera caído en un remolino de agua y no pudiera hacer pie ni nadar hasta la superficie…”, para después dar con el famoso fundamento indubitable “yo soy, yo existo”. Planteó que ya no se podía decir que no había verdad alguna. A partir de esa piedra basal, comenzó a construirse el edificio del pensamiento moderno. ¡Este sí que fue un viaje en el mejor de los sentidos! Porque él no sabía que iba a llegar hasta ahí cuando salió de Francia. Por eso creo que el viaje es la esencia del camino de Descartes para llegar a su filosofía. No fue un filósofo que viajaba: fue un hombre que viajaba porque no encontraba un fundamento. Y lo encontró al soñarlo durante el viaje. Ser filósofo fue lo último que le pasó, después de haber viajado y soñado.

–Primero hizo su largo viaje hacia el afuera, pero lo que buscaba terminó estando en lo más profundo de su ser. Había estado mirando donde no era. La meta estaba tan cerca, que no la veía. El viaje terminó cuando decidió sumergirse en sí.

–¡Sí! ¡Sí! ¡Exactamente! Su viaje exterior finalizó en las profundidades de sí mismo. Y para culminar se tuvo que establecer y dejar de viajar. En 1629 se instaló en Holanda y se dedicó a escribir. Terminó casi escondido para que nadie lo desconcentrara. Se aisló a meditar.

–¿Qué pudo averiguar usted acerca de cómo viajaba Descartes? Su errancia incluyó participar en guerras.

–Me llevó mucha investigación deducir cómo viajaba. Leí novelas de la época, ensayos y estudios históricos. Tuve que aprender a qué velocidad se viajaba por barco y a caballo, sus dos medios de locomoción. Descartes era un caballero de la baja nobleza, un hombre de caballo y espada con algo de Quijote. Para escenificar en la novela su último viaje, recorrí museos de navegación en Lisboa, Madrid, Ámsterdam, Rotterdam y Estocolmo. En Batavia –Holanda– hay construido un barco de 1629, de la Compañía de Indias Orientales, muy parecido al de ese último viaje. Lo estudié por dentro, recorrí los camarotes, cada cubierta y las salas. Descartes fue un viajero osado. Fue a una Alemania que era el ojo del huracán, más o menos como que había aparecido en Berlín durante la Segunda Guerra Mundial. En plena Guerra de los 30 años se incorporó al ejército católico y estuvo en la gran batalla de Montaña Blanca, en 1620 cerca de Praga, donde el Sacro Imperio aplastó a los rebeldes Bohemios. Parece que el soldado Descartes actuó como asistente de artillería, haciendo cálculos de trayectos de balas de cañón. Pero lo que quería era conocer el mundo, contactar con las nuevas ideas que circulaban por Alemania. Y estuvo en Praga, que no era cualquier ciudad: veinte años antes había tenido su edad de oro con el emperador Rodolfo II, católico pero amigo de los protestantes. Se decía que estaba loco, pero era más un transgresor: convocó a sabios, místicos y alquimistas de toda Europa como Kepler y Giordano Bruno. Los grandes movimientos culturales e innovadores de la época estuvieron en esa Praga que después pisó Descartes.

–A juzgar por su novela, no la tuvo muy difícil para su época. No se lo ve muy falto de recursos ni con mucha necesidad de trabajar.

–No era pobre, está claro. Podría haber aceptado un cargo en algún Parlamento y vivir muy bien. Sin embargo, renunció a todo eso y consideró que le bastaría con un caballo y poder ir alquilando –o recibir prestadas– habitaciones con escritorio. Y tuvo un criado, algo básico para alguien de su clase. Antes de irse de Francia vendió lo que pudo, negoció con el padre e hizo inversiones en el Banco de Ámsterdam, que le permitieron solventar esas necesidades austeras.

–¿Dónde transcurrió Descartes su madurez y la escritura de su obra?

–En Holanda transcurrieron sus veinte años de vida adulta como escritor. Estuvo en Ámsterdam y luego en varias localidades hasta terminar en la pequeña Egmond, la cual visité. Alquilé una bicicleta y anduve tres días recorriendo esa comarca que aún está en medio de la nada, así que imaginemos hace 400 años lo que sería. Allí estuvo Descartes en sus últimos años, hasta que tomó el barco a Suecia, viaje central de Invierno sueco. La posada de Egmond que regentó una pareja suya con quien tuvo una hija aún existe, increíblemente. Yo estuve ahí una noche comiéndome un salmón.

–¿Descartes dejó registro de sus viajes?

–Hay varias fuentes, incluyendo el Discurso del Método donde habla de ellos y muchas de sus 586 cartas.

–Usted hizo cinco viajes reportando para la novela. Cuénteme algunas escenas de esa reconstrucción de la vida del personaje.

–Tomé un barco desde Ámsterdam a Estocolmo para sentir el aroma y ver el color del mar en agosto, la época del “último viaje”. Eso me permitió en la novela imaginar un alba con Descartes contemplando desde cubierta el castillo danés de Hamlet, tal como lo vi. En la ciudad francesa de Chatellerault entré a una de las casas donde estuvo: allí contacté a un funcionario municipal que, al llegar a la mansión, sacó un manojo de llaves y estuvo largo rato probando cuál era, hasta que pudo abrir la puerta: dentro había gatos escuálidos, palomas que salieron volando y telarañas colgando. Pero pude ver cómo eran los ambientes, el hogar a leña, y escenificar episodios de aquella cotidianidad perdida. A Estocolmo fui en enero –el mes más frío– y me levanté a las 4 de la mañana para caminar en soledad sobre el hielo, el mismo trayecto que hizo Descartes varias veces en los últimos días de su vida, cuando iba a visitar a la reina Cristina durante el “invierno sueco” de 1650. Hoy ese es el casco antiguo de la ciudad: casi no ha cambiado. Partí desde la que había sido la embajada francesa hasta el Palacio Real que se levantaba imponente en las sombras junto al mar. El filósofo murió en esa embajada el 11 de febrero de 1650.

–¿Cuál fue su acercamiento más intenso al personaje?

–Mi idea era ver su cráneo en el Museo del Hombre de París. Llevaba meses planificando este viaje, pero el museo estaba cerrado por refacciones y la colección completa había ido a parar a los sótanos del Museo de Ciencias Naturales. Mi ayudante en Francia se las ingenió para conseguir una entrevista con el encargado de custodiar esos depósitos, quien nos recibió en ese sótano, abrió una enorme caja fuerte, sacó un cajón y extrajo el cráneo para colocarlo sobre una mesa. Así estuve cara a cara con mi admirado Descartes y leí las inscripciones manuscritas en su frente, hechas por las muchas manos por las que pasó. El del cráneo fue otro gran viaje, narrado por Russell Shorto en Los huesos de Descartes. Cuando el esqueleto llegó de Estocolmo a París por pedido de Luis XIV, alguien se había robado el cráneo. El resto del cuerpo está hoy en la iglesia Saint Germain Des Prés, mientras que el cráneo atravesó múltiples transacciones hasta terminar en el Museo del Hombre. Luego de mostrarme el cráneo, el amable anfitrión puso sobre la mesa dos más: uno del Hombre de Cromañón y otro del Neandertal.

–Los cromañones fueron los primeros humanos modernos –lo que somos ahora– y el neandertal habría sido nuestra evolución anterior, acaso la primera que comenzó a pensar con cierta complejidad y capacidad de abstracción. Ahí estaban sus cráneos alineados con el del padre de la filosofía moderna occidental. ¡Vaya peso histórico sobre esa mesa! ¡Y vaya privilegio el suyo!

–Fue impresionante ver esos tres cráneos alineados frente a mí, como corporizando el enigma del pensamiento humano casi desde nuestro origen, hasta que un lejano descendiente encontró un fundamento que permitió barajar y dar de nuevo.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12 Entrevista por Julián Varsavsky

Filosofía/Descartes

 

Hoy te recordé especialmente ¿Cómo están por ahí, hermano?

No he escrito sobre él desde que partió; pero hoy se cumplen 21 años de su ida de vacaciones, a ese lugar encantado de praderas verdes y un cielo azul intenso, al que no visita jamás nube alguna.

Mi hermano Carlos; quince años casi de diferencia de edad, el mayor de los cuatro.

Será porqué hoy la memoria larga que es la que más perdura en el tiempo, me hizo recordar a aquel 21 de octubre cerca de las 22 de la noche -casualidad o causalidad-; de festejo de cumpleaños de quien fuera mi esposa cuando sonó el timbre del teléfono fijo -todavía existían; no como hoy que los fijos han casi desaparecido dando paso a estos demonios aparatitos portátiles.

Me llamaron para informarme que había fallecido. Era algo previsible que ocurriera; porque internado en la unidad de cardiología del Hospital Alvarez, su estado era más que crítico.


Ya había tenido alguna que otra internación anterior, en las que antes de irme a mi trabajo, pasaba para asear y afeitarlo. No me sorprendí, porque al margen del dolor genuino de su pérdida; al mismo tiempo pensé que era lo mejor que podía sucederle.


¿Por qué, me preguntaran? Porque ya no era el Carlos, conocido por todos. Estaba en su mundo y permanecía en silencio. La medicación había hecho estragos en su mente. Iba a visitarlo, como para alegrarlo y conversar con él; para terminar siendo solo un monologuista.


A veces, he hablado con su hijo Carlos, comentándole que con seguridad los médicos psiquiatras le pifiaron en el diagnóstico y lo medicaron pésimo.


Mi hermano enfermó por primera vez muy joven; era hiperquinético, no tenía problemas en levantarse a las 4 o 4:30 de la mañana para preparar sus cosas y comenzar su negocio independiente de repartir con su camioneta, productos alimenticios en todo el radio de la ciudad de Buenos Aires.

Fumador compulsivo como lo fuera mi padre; ello tampoco ayudó a su calidad de vida.


Pasajes de su infancia y adolescencia que quizás lo atormentaban, más el estrés al límite al que se enfrentaba cada día, hicieron el resto.
Pero antes de enfermarse; era un ser alegre, conversador a quien el chiste le salía naturalmente para hacer reír a quienes lo rodeaban.


Fue bondadoso y demasiado generoso con mucha gente, que no lo merecía. Velaba más por los de afuera, que por los de adentro.
Quizás vuelvo a reiterar, por lo que vivió desde muy joven. Un excelso jugador de billar a tres bandas; era su único entretenimiento fuera del trabajo.


Pero se y lo siento así, que desde hace 21 años está muy feliz de encontrarse donde está, con la paz y armonía que debió sentir cuando se encontró con el viejo. Y ni que hablar de mamá, la que siempre caminaba por la calle Cesar Díaz hasta donde vivía, para visitarlo porque era su preocupación constante.


A mamá la recibieron dos años después, hasta que finalmente el año pasado llegó mi querida hermana Alicia.
Seguramente ahora los cuatro deben pasarla juntos, juntando todos los recuerdos- miles- y hablando de ellos en ese lugar celestial, en el que visitarán y serán visitados, por todos los seres queridos que han partido.

Para todos ellos; que en paz descansen eternamente en los brazos de Dios.

Imagen de portada: Gentileza de Pinterest

Impuesto a la ignorancia.

La atracción por los juegos de azar

Uno de los temas que siempre me atrapa es intentar entender nuestra conducta, la de los seres humanos. Me cuesta trabajo aceptar que, por ejemplo, haya tanta gente que juegue o apueste dinero en las diferentes variantes de lotería, quiniela o en los casinos, también en todas las variantes que se le ocurran: ruleta, punto y banca, dados, veintiuno, … Es que la probabilidad de ganar es tan baja que resulta sorprendente que haya tanto público que siga insistiendo ¿Por qué? ¿Qué es lo que nos motiva? La respuesta obvia es ganar dinero fácil: uno supuestamente hace una inversión pequeña y el potencial beneficio es inmenso. No crea que me estoy refiriendo exclusivamente a aquellos que son jugadores empedernidos o enfermos, que obtienen con el juego el equivalente de una droga. Ese grupo de personas están bien tipificadas y estudiadas, pero me refiero a una persona cualquiera, como usted o yo, que a pesar de tener tantas posibilidades en contra, decide apostar igual ¿Será equivalente al proceso mental que nos llevaba de niños a jugar a ser invisibles o a poder volar?

Las historias abundan: basta con barrer internet (ahora que es una herramienta que permite acceder a información que hace un par de décadas hubiera sido inalcanzable) y encontrarse con múltiples ejemplos de gente que ganó mucho, o ganó muchas veces, o tuvo una suerte que es difícil de entender. Pero de la misma forma, hay gente que mide 2.15 metros o 2.23 y juega en la NBA por poner un ejemplo. Son pocos, pero hay.

El 14 de enero de 1995 fue una noche que Peter Walker nunca se va a olvidar. Acertó los seis números de la Lotería Nacional del Reino Unido, con un premio mayor estimado de 16 millones de libras esterlinas (20 millones de dólares aproximadamente). Lamentablemente para él, Walker (un nombre ficticio) solo se llevó a su casa 122.510 libras esterlinas (unos 150 mil dólares) porque otras 132 personas jugaron a los mismos números que él, y por lo tanto, tuvo que compartir el premio mayor.

Hay miles de historias o propuestas que supuestamente ayudan a mejorar la probabilidad de acertar, pero lamentablemente son todas falsas: si uno elige y tiene que acertar seis números entre los primeros 49, hay UNA posibilidad entre 13.983.816. O sea, una forma de acertar en casi 14 millones. Explíqueme entonces por qué uno sigue jugando. No importa que sea poco dinero el que juega o invierte: uno ¡¡IGUAL JUEGA!! Y sabe también que casi seguro (con un CASI en letras MUY MAYÚSCULAS) va a perder lo que apuesta.

Con todo, hay algo que SÍ puede ayudar. Un momento: no va a ayudarla/o a ganar o a acertar los seis números. Lo que SÍ puede cooperar es que la cantidad de personas que hayan elegido los mismos números que usted sea más pequeña. El pobre Walker, tuvo que compartir su éxito con más de un centenar de personas. Si hubiera ganado solo, en lugar de 150 mil dólares, se llevaba casi 20 millones. Obviamente, la historia cambia. Entonces, la pregunta que uno puede/podría hacerse es: ¿cuáles son los números preferidos? Si uno pudiera saberse de antemano, elegiría jugar otros, ¿no le parece?

Lamentablemente las loterías de cada país no proveen (o no deberían proveer) esa información. No sé cómo funciona en la Argentina, pero intuyo que sucede lo mismo que en el resto del mundo. Esa parte de la información es confidencial. Sin embargo, un matemático inglés (Simon Cox), profesor en la Universidad de Southampton, en el sur de Inglaterra, intentó recolectar la información por su cuenta. Hace más de una década se dedicó a analizar, no sólo los números ganadores sino que juntó los datos de 113 sorteos de la lotería. Comparó los números ganadores con cuántas personas habían acertado cuatro, cinco o los seis de ellos, y con esa información, intentó inferir cuáles eran los números más populares. Una digresión: no sabe cómo me gustaría haber podido participar, no en el juego propiamente dicho (habitualmente yo no juego) pero me gustaría que se me hubiera ocurrido a mí lo que se le ocurrió a él. Obviamente, no hizo nada ilegal. Eso sí: requirió de constancia y paciencia ¿No tiene ganas de pensar usted qué números usted cree que la mayoría los considera sus predilectos?

Sin que nos conozcamos (usted y yo) podría apostar a que la mayoría de las personas incluiría entre los seis elegidos el día de su cumpleaños, o la de sus hijas/hijos, esposa/o, o de los padres o algún familiar. Si bien eso provee de poca información (si uno supone que todos los días de cada año cumple la misma cantidad de personas, lo cual no es cierto), hay algo extra para deducir: son todos números menores o iguales a 31. Es decir, si fuera cierto que uno incluye siempre números ligados con días de un mes (cualquiera sea), es obvio que para elegir los menos populares e incrementar su posibilidad de estar sola o solo en la elección, conviene siempre elegir números mayores y estrictos que 31.

Más allá de mis conjeturas, escribo los datos de lo que encontró él. El número que apareció más veces fue el número siete. Cox escribió que el siete es elegido un 25 por ciento más de veces que el número menos popular ¿Sabe cuál fue? El ¡46! También fueron seleccionados muchas veces el 14 y el 18, y entre los menos votados (o elegidos) aparecieron el 44 y 45. Y antes que me olvide y para hacer justicia con el trabajo de Cox, el hecho que la gente elija números menores o iguales que 31, él lo denomina “birthday effect’, o sea, el “efecto cumpleaños”. En el camino, surgieron otros patrones: los números más elegidos se agrupaban alrededor del centro del formulario (que se usa en Inglaterra para hacer la selección) lo que permite sugerir que quien juega sufre algún tipo de influencia que tiene que ver con el diseño, algo así como el efecto que tiene la forma en que un producto viene empaquetado o la foto que aparece en el sobre o en la caja o en el envoltorio. De la misma forma, miles de jugadores parecen dibujar una línea diagonal que atraviesa cierto grupo de números que aparecen en la boleta, pero hay un dato que me resulta verdaderamente sorprendente y me quiero detener un instante para pensarlo con usted.

La gente -en general- evita elegir números consecutivos. Por ejemplo, muy pocos casos eligen 1,2,3,4,5 y 6. Usted advierte que la probabilidad de que salgan esos seis números es la misma de que salgan 7, 23, 31, 42 y 45. Es decir, cualesquiera sean los seis números (distintos) la probabilidad de que sean elegidos es la misma. Lo interesante – según Cox- es que él estuvo estudiando los patrones que aparecen en juegos similares en Canadá, EEUU y Suiza: en todos los países sucede lo mismo ¿Por qué? ¿Qué explicación encuentras?

Por último, para maximizar las ganancias y dar validez a su teoría sobre la popularidad, Cox simuló jugar en forma virtual. Para eso compró ficticiamente 75 mil billetes cada semana eligiéndolos al azar, sin seleccionar entre los impopulares. Utilizó 224 sorteos consecutivos del Lotto en Inglaterra, y calculó que sus ganancias hubieran llegado a los ocho millones de dólares con una inversión aproximada de casi 19 millones de dólares. 

Al mismo tiempo, y como forma de control hizo lo mismo (con otros 75 mil billetes por semana) pero elegidos entre los números que él consideraba impopulares. Usando esta forma de elegir, la inversión hubiera sido la misma, pero las ganancias se hubieran más que duplicado. El artículo figura en la revista The Statistician, vol 47, página 629. La conclusión de Cox es: “Elija seis números mayores que 31 y que aparezcan en los bordes de la planilla en la que tiene que escribir la selección. Por lo tanto, si usted acierta los seis números es menos probable que tenga que compartir las ganancias. Eso sí: la probabilidad que encontré también predice que uno no va a acertar hasta el ¡siglo 28!”

Pongámoslo de esta forma: apostar a cualquiera de estos juegos es un impuesto a la ignorancia. Usted decide si lo paga … ¡o no! 

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE RESPONSABLE: Página 12 

Por Adrián Paenza* Matemático/Divulgador

Juegos de azar/Porque jugamos?/Sociedad

 

Pienso en lo que pudo ser…

Llueve
hace rato,
los charcos
decoran
el verde
parque,
transformado
en minúsculas
islas de
verde césped,
rodeadas
por el agua.


Las gotas
de lluvia
hacen
“globitos”
sobre el
agua,
que como
bendición
cae del
cielo
encapotado.


No me
pregunten
porqué;
pero es
en estos
momentos,
en que
pienso
en ella.


En su orgullo
impenetrable,
ni siquiera
por la verdad,
y eso no puedo
ni debo
compartirlo,
ya es hora
para nosotros
de no hacer
tonterías,
que pueden
dañar al otro
o a uno mismo.


Seguirá
ella con
su orgullo
malherido,
sin razón
que lo amerite,
quizás
encuentre
a alguien
que se ajuste
a su medida.

Pero no es mi caso,
no me ajustaría
a nadie
que en lugar
de preocuparse,
haga silencio
de radio,
porque ello
es el rostro real
de la indiferencia,
que negó a ambos
un futuro posible.

Psyche de la NASA nos es una nave cualquiera, utilizará propulsión eléctrica para viajar al Cinturón de Asteroides.

Si deseas profundizar en el tema; por favor cliquea en donde está escrito en “negrita”. Muchas gracias.

En agosto de 2022, si todo va según lo planeado, un cohete Falcon Heavy de SpaceX pondrá en el espacio la nave Psyche de la NASA. Si bien el Falcon Heavy utilizará combustión para salir de la Tierra, la nave en sí no lo hará, pues depende esencialmente de propulsores eléctricos y paneles solares. Para viajar… alrededor de 2.400 millones y a velocidades de hasta 320.000 kilómetros.

Una vez la nave espacial llegue al espacio desplegará sus enormes paneles solares, que le permitirá acaparar toda la energía solar posible para convertirla en electricidad. Esta se utiliza posteriormente en conjunto con los cuatro propulsores Hall de la NASA que llevará incorporada la nave. Son unos propulsores especiales.

Los cuatro propulsores eléctricos de Psyche.

Dentro de la nave la NASA cargará un total de 922 kilogramos de xenón, el gas neutro que le permitirá a la nave impulsarse por el espacio. Los cuatro propulsores de la nave utilizan campos magnéticos para acelerar y expulsar átomos ionizados de xenón. Esta expulsión crea uno (ligero, muy ligero) impulso con haces de luz azulada.

Si bien el empuje es mínimo, es más que suficiente para que la nave acelera en el espacio profundo sin resistencia atmosférica alguna que la frene. Recordemos que en el espacio no es tanto cuestión de fuerza como de inteligencia, a fin de cuentas podemos hasta lanzar satélites que orbiten la Tierra a mano. De hecho, se espera que la nave alcance velocidades de hasta 320.000 kilómetros en su trayectoria.

Psyche para estudiar… Psyche

Pero, ¿a dónde va Psyche? Pues precisamente a Psyche, un asteroide con el mismo nombre y viejo conocido por estos lares, como ya vimos cuando la NASA y SpaceX se aliaron para estudiarlo. Es un asteroide de particular interés por estar repleto de metales en su interior. Como ejercicio de curiosidad, con un tamaño aproximado de 225 km de ancho y repleto de hierro y níquel, se calcula que su valor es de (ahí vamos) 10.000.000.000.000.000.000 dólares. Unas diez veces la economía mundial.

La composición íntegramente de metales da a entender a los investigadores de que se trata de un núcleo planetesimal, es decir, la fase temprana del origen de un planeta rocoso. No sería de extrañar, a fin de cuentas se encuentra en el Cinturón de Asteroides, el “límite” del sistema solar a partir de donde lo que encontramos ya son planetas gaseosos y no sólidos.

Diferentes vistas de 16 Psyche tomadas por HARISSA. Vía ESO.

Cuando Psyche (nave) llegue a Psyche (asteroide), podremos saber con más certeza cómo es esta composición y nos permitirá entender mejor la formación de los planetas. Actualmente es apenas un punto de luz en los telescopios que tenemos. En 2026, cuando llegue a su destino la nave, tendrá que acoplarse a la órbita del asteroide y a partir de ahí desplegar sus instrumentos de análisis.

Imagen de portada: Gentileza de Xalaka

FUENTE RESPONSABLE: Xalaka/Asteroides/NASA/ESPACIO

 

Con otro de sus libros, Mariana Enriquez aspira a otro premio internacional.

La obra de la escritora argentina que, a través de 12 relatos góticos y de terror, construye una atmósfera metafórica sobre temas y problemáticas actuales, integra la lista de obras nominadas al Premio Kirkus, que otorga un premio de US $50.000.

El libro de cuentos “Los peligros de fumar en la cama”, de la escritora Mariana Enriquez, el mismo texto por el que hace pocos meses aspiraba al prestigioso Booker Prize Internacional, integra ahora la lista de obras nominadas al Premio Kirkus, un galardón dotado de US$ 50.000, cuyo fallo ganador se dará a conocer el 28 de octubre en Austin, Estados Unidos.

En su traducción al inglés por Megan McDowell, “Los peligros de fumar en la cama” fue definido en junio de este año por Kirkus Reviews -la publicación que otorga el premio- “insidiosamente absorbente, como arenas movedizas”.

“Bueno yo sé que hoy el tema es otro, pero estoy nominada a este premio con Megan McDowell. También está Joy Williams así que es totalmente imposible que lo gane”, dijo en su cuenta de Twitter la escritora y periodista argentina, autora de la premiada novela “Nuestra parte de noche” y del libro “Las cosas que perdimos en el fuego”, que pronto tendrá uno de los relatos adaptados al formato audiovisual.

Dotado de una generosa cifra para un certamen literario, US$ 50.000, el premio Kirkus se otorga de forma anual en tres categoría -ficción, no ficción y literatura para jóvenes- y es impulsado por la revista Kirkus Reviews, una publicación de reseñas y críticas literarias que al año revisa entre 8.000 y 10.000 libros de todo el mundo, de los cuales un diez por ciento reciben una estrella de reconocimiento. Sobre esa Kirkus Star, se eligen seis finalistas en cada categoría.

“La lista de finalistas de este año es tan excepcional como cualquiera que hayamos visto”, dijo el editor jefe de Kirkus Reseñas, Tom Beer.

Junto al libro de Enriquez, aspiran a la categoría de ficción “The love songs of W.E.B Du Bois”, de Honorée Fanonne Jeffers, la novela que se convirtió en éxito editorial luego de ser seleccionada en el club de lectura de Oprah Winfrey; también “Harlem Shuffle” de Colson Whitehead; “Harrow” de Joy Williams; “My Monticello” de Jocelyn Nicole Johnson y “Bolla” de Pajtim Statovci.

EL LIBRO

“´Los peligros de fumar en la cama´ da cuenta de un lugar de aprendizaje como escritora, y también puedo ver con claridad cómo en ese momento ya estaba eligiendo cosas: pobreza, chicos vulnerables, la ciudad, los traumas familiares, los cuerpos de las mujeres (…) Hoy, una década después y con traducciones de por medio, puedo ver cómo están conectadas, que hacen un libro”, dijo la autora en una charla en mayo pasado a propósito de su nominación al Booker.

Las tres obras ganadoras del Kirkus se darán a conocer el 28 de octubre en una ceremonia que tendrá lugar en la Biblioteca Central de Austin, en Texas, Estados Unidos.

 Imagen de portada: Gentileza de enriquez.def

FUENTE RESPONSABLE: Rosario 3

Cultura/Literatura/Nuestros escritores.

¿Cómo saber si estoy enfermo de los riñones?

Los riñones juegan un papel muy importante, pero también se pueden enfermar hasta llegar a la insuficiencia renal aguda.

 

La insuficiencia renal aguda puede producirse cuando se tiene una enfermedad que reduce el flujo normal de circulación de sangre hacia los riñones. Los riñones son los filtros del organismo. Se encargan de eliminar desechos y el exceso de líquido del cuerpo. También eliminan el ácido que producen las células del cuerpo y mantienen un equilibrio saludable de agua, sales y minerales en la sangre.

Gracias a este equilibrio, los nervios, músculos y más tejidos en el cuerpo funcionan de forma adecuada. Entre otras funciones, los riñones ayudan a producir hormonas para crear glóbulos rojos, controlar la presión arterial o mantener el buen estado de los huesos.

Los riñones juegan un papel muy importante, pero también se pueden enfermar hasta llegar a la insuficiencia renal aguda, situación que se da cuando estos órganos pierden la capacidad de filtrar los desechos de la sangre.

La insuficiencia renal aguda puede producirse cuando se tiene una enfermedad que reduce el flujo normal de circulación de sangre hacia los riñones, experimenta una lesión directa en los riñones o los uréteres de los riñones se obstruyen y los deshechos no pueden eliminarse del cuerpo a través de la orina.

Entre los factores que pueden aumentar el riesgo de insuficiencia renal aguda se incluyen estar hospitalizado, sobre todo si requiere de cuidados intensivos; edad avanzada, enfermedad arterial periférica, diabetes, presión arterial alta, insuficiencia cardíaca, enfermedades renales, enfermedades hepáticas, algunos tipos de cáncer y sus tratamientos

Cuando los riñones pierden la capacidad de filtración, pueden acumularse niveles nocivos de deshechos, y puede desequilibrarse la composición química de la sangre. Esta insuficiencia -que afecta en especial a las personas que ya están hospitalizadas- puede ser letal y requiere de tratamiento intensivo. Pese a todo, esta afección puede ser reversible.

Entre los signos y síntomas se incluyen la disminución del volumen de orina excretado, retención de líquido, que causa hinchazón en las piernas, los tobillos o los pies; fatiga, náuseas, debilidad, ritmo cardiaco irregular, entre otros. No obstante, la insuficiencia renal aguda podría no presentar síntomas y solo se detecta a través de pruebas de laboratorio.

Si los riñones tienen problemas para su correcto funcionamiento, entonces se necesitarán tratamientos, como la diálisis, para reemplazar las funciones que hacen normalmente. Otra opción más drástica sería un trasplante renal.

Hable con su médico si presenta algunos de estos síntomas o si se encuentra entre los factores de riesgo. (I)

Imagen de portada: Gentileza de Pixels

Fuentes: NIH | Nefrología Al Día | Mayo Clinic