Tu regalo

Tal
como ninfa
presuntuosa,
hace
que mis manos
la tomen
de su diminuta
cintura,
en donde
predomina
su cadera
tan perfecta,
como la
redondez
de sus pechos
de miel.

Me dice
que hoy
ella se ocupa,
que desea
hacerme
esta vez,
su regalo
que obedezca
como cual
esclavo.

Le pregunto
¿Qué regalo?
No me da
ni siquiera
tiempo,
ella quiere
ocuparse
de todo,
y se lanza
a la aventura.

Me pone
boca arriba
sobre su cuerpo
sl igual que ella,
sus piernas
sempiternas,
sus codos
flexionados
haciendo
más liviano
mi cuerpo.

Su lengua
comienza
en forma
circular,
hacer lo
que sabe
me excita,
más que
ninguna
otra cosa,
me moja
con su boca.

Me toma
con sus manos
la cadera,
la humedad
de sus labios,
el aliento
tibio que
me desplaza,
hace que
como un ruego
le pida ya
de que pare.

Es imposible,
no cesará
hasta verme
satisfecho,
para luego
demandar
lo que más
le gusta
y a su
manera,
presuntuosa
como toda
ninfa, tal
como siempre…

El espectador…

Mujer madura
pese a ello cuidada,
esbelta  guardando
sus formas,
en su mirada
me regala
velado interés,
su lengua
se desliza hacia
arriba de su boca,
como si al verme
me invitara hacia
su camino sensorial.

Abre sus piernas
sutilmente,
humedece uno
de sus dedos,
me enseña
el destino
al que quiere
llegar solo
para satisfacerse,
debajo de la mesa
no hay telón,
ella misma
es la única
protagonista.

Se mueve
en su silla
mordiéndose
los labios,
sigue
mirándome,
sus mejillas
se enrojecen,
yo continuo
como silencioso
espectador,
de ese
tan deseado
orgasmo.

Me pregunto
sobre la
complejidad
del ser humano,
de fondo suena
una vieja melodía
de Joe Cocker,
lo único
que hago
es mirarla,
enviándole
una señal
de palmas,
que aplauden
por su función.

Recorremos…

Recorres
mi desfachatada
desnudez,
con la agudeza
de una experiencia
que me aturde
y enciende.

Me sometes
a tus caprichos,
algunos de ellos
se acercan ya
al delito sexual.

Pero te dejo
ser y hacer,
ya vendrá
mi momento
como así
siempre
me lo pides.

Una vuelta
de campana,
comienza mi juego
ese que se
te produce
sutiles temblores
al inicio,
hasta convertir
a tu cuerpo
en una hoguera,
que sólo desea
atizar el fuego.

Que maravilloso
es tenernos,
así sin distancias
como una forma
eterna de presente,
no extrañandonos
jamás…

UN TEMA POLÉMICO – PARTE II

¿POR QUÉ CONSUMIMOS SEXO DE PAGO?

Así es el putero español: “El sexo es de pago, pero el matrimonio sale más caro”

Cuando se habla de prostitución la mayoría de hombres dicen siempre lo mismo: “Mientras sea libre y consentido no me parece mal”. El problema es que esas condiciones no existen.

España es un país de puteros. En el último estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas sobre Actitudes y prácticas sexuales, de 2008, el 24,6% de los hombres reconoció haber tenido alguna vez en su vida relaciones sexuales con una persona a la que habían pagado por ello.

Un porcentaje que, con toda seguridad, es más elevado y es, con bastante diferencia, el mayor de Europa. Pero lo más preocupante de todo es que está aumentando. ¿Por qué nos gusta tanto ir de putas? Hay muchas razones, pero como explica a El Confidencial Águeda Gómez Suárez, profesora de sociología en la Universidad de Vigo y coautora del libro El putero español (Catarata), las autoridades de nuestro país han sido especialmente permisivas con la industria del sexo de pago.

“A nivel jurídico en 1995 hubo una reforma que despenalizó el proxenetismo, lo que permitió que se asentasen muchas mafias que distribuían a las prostitutas por toda Europa”, explica la profesora. “Se incremento la oferta y creció el consumo”.

Un consumo que ya era de por sí elevado teniendo en cuenta que, como explica Gómez, somos un país en que apenas ha habido una educación afectivo-sexual que criticara la relación de explotación que existe cuando un hombre paga por tener sexo con una mujer. Cuando se habla de prostitución la mayoría de hombres dicen siempre lo mismo: “Mientras sea libre y consentido no me parece mal”.

El problema es que la inmensa mayoría de las mujeres que practican la prostitución lo hace porque no les queda más remedio. Según un informe de 2007 elaborado por una comisión del Congreso de los Diputados en España existen unas 300.000 mujeres que ejercen la prostitución, siendo la abrumadora mayoría pobres, inmigrantes e indocumentadas, mientras que casi la totalidad de los clientes, el 99,7%, son hombres.

“Pensamos en el putero como alguien casado, de sexualidad tradicional, pero no es así” Y es su condición de hombre lo único que define a todos los clientes de prostitución. “No es una casualidad, no es azar, tiene que ver con la socialización que recibimos y una sociedad patriarcal que da menos oportunidades las mujeres”, asegura Gómez.

Para la socióloga, el acudir a burdeles forma parte de una subcultura masculina en el que la prostitución es sólo un divertimento más. “Hay mucho cliente casual, porque es un código lúdico, acuden a un club después de una despedida de soltero, una cena de empresa, como el que va a un after”, explica Gómez.

“Pero hay un porcentaje muy elevado de personas que normaliza acudir a estos lugares”. Y es gente de lo más variopinta. “Cuando vas encuentras todo tipo de hombres”, explica la socióloga. “El perfil es heterogéneo: de todas las edades, clases, ocupaciones, formación, ideologías políticas… Pensamos en el putero como alguien casado, de sexualidad tradicional, pero no es así.

Te impresiona cuando vas a los clubs y ves la gente que hay, abarcando toda la oferta. Hay gente universitaria, joven, guapa…”

Un retrato del putero español

Entre 2011 y 2013 Gómez y sus compañeras Silvia Pérez y Rosa María Verdugo entrevistaron a más de 30 consumidores de prostitución que aceptaron participar en su investigación.

En su opinión, los clientes pueden dividirse en cuatro grandes grupos con un tipo de discurso similar en cuanto a la prostitución. En el libro se recogen testimonios directos de los clientes, que sirven para trazar una radiografía de las motivaciones que guían a los hombres para pagar por sexo y la opinión que tienen sobre las prostitutas, el negocio, la mujer y el sexo en general. Estos son los cuatro grandes grupos:

El cliente misógino

“Es algo que existe desde el principio de la existencia”, “todo el mundo va de putas”, “prestan un servicio necesario a la sociedad”… Son testimonios reales recogidos por las investigadoras, que reflejan claramente que, para este tipo de clientes, la prostución es algo normal y necesario.

“¿Por qué se paga por el sexo?Pues yo te voy a decir por qué: porque cobráis, si fuera gratis no pagaría nadie“ Gómez explica que, por suerte, este tipo de consumidores de prostitución son minoritarios, y representan tan sólo entre el 10 y el 15% de los puteros, pero son los más peligrosos pues para ellos la mujer es un ser perverso, falso y materialista. 

No les queda otra que consumir sexo de pago porque son las víctimas de un sistema en el que la ambición materialista de las mujeres les obliga a gastar su dinero. “¿Por qué se paga por el sexo?”, preguntaba retóricamente uno de los clientes entrevistados. “Pues yo te voy a decir por qué: porque cobran, si fuera gratis no pagaría nadie, ¿no te parece? El sexo es casi todo de pago, lo que pasa es que el matrimonio sale más caro”. Entre las motivaciones más señaladas por los clientes misóginos para consumir sexo de pago estacan la búsqueda de “sexo de calidad”, cambiar la rutina de la vida en pareja y satisfacer necesidades fisiológicas para mantener la salud corporal y el equilibrio mental. Como decía uno de los entrevistados: “para desatascar las cañerías”.

El cliente consumidor

En este grupo se enmarca la mayor parte de los clientes jóvenes: no son sexistas y son críticos con la herencia machista del pasado, pero comparten una ética hedonista de consumo.

Intuyen que hay mujeres explotadas, pero prefieren no pensarlo, al igual que alguien que compra ropa que ha sido fabricada por niños. Van de putas a comprar un servicio, sin más. El cinismo campa a sus anchas. 

“Creo que debería haber igualdad de géneros, pero creo que actualmente no es algo que se pueda apreciar fácilmente en la sociedad”, comenta uno de los clientes entrevistados. “Sin ir más lejos, en mi casa mi mujer sigue siendo la que carga con el mayor peso, me avergüenzo de ello e intentó ganar terreno yo en las tareas del hogar, pero ella se organiza mucho mejor que yo y me entra una envidia sana tremenda”. 

“Para encontrar nuevas emociones, en vez de esperar a una casualidad o ser valiente, te basta con comprar la experiencia” Según explica Gómez, este grupo es el más numeroso. En él se encuadran en torno al 25 y 30% de los puteros, y es, además, el que más crece. “La lógica de consumo se impone a cualquier otra”, explica la profesora. “La diversificación de los patrones de consumo se despliega también en el terreno del sexo de pago. Se buscan emociones diversas, mujeres de distinto origen, grupos, prácticas especiales… Para ellos es fácil mantener una relación de noviazgo o ligoteo con alguien, e ir a putas. Es como si tienes un iPad, un móvil y un ordenador”. 

Además, como explica la socióloga, “a falta de otros referentes, estos jóvenes se socializan en un erotismo vinculado con la pornografía donde lo que excita y erotiza se suele vincular con una situación de dominio masculino frente a la mujer”. 

Para justificar el consumo de sexo de pago el cliente consumidor acude a la ideología capitalista y liberal que convierte todo en una mercancía que puede ser comprada y vendida. “Para encontrar nuevas emociones, en vez de esperar a una casualidad o ser valiente, basta con comprar la experiencia”, explica Gómez. “El servicio que ofrecen estas mujeres responde a una demanda”, afirma uno de los clientes entrevistados. “En una sociedad de mercado libre, esta actividad debiera estar regulada, tanto para garantizar unas condiciones adecuadas del desarrollo de su actividad para ellas, como para garantizar también unas condiciones mínimas de seguridad a los clientes en cuanto higiene y en cuanto a la seguridad material, tanto de los clientes como de ellas mismas”.

El cliente amigo

Los clientes amigos –el segundo perfil más numeroso, que representa en torno al 20% de los puteros– son, según explica Gómez, gente de lo más normal. “Era gente empática, simpática, integrada socialmente, tenían amigos… 

No eran personas que mostrasen dificultades en las relaciones sociales, ni que tuvieran escasas habilidades”. “No lo condeno moralmente, pero no es algo con lo que me sienta cómodo” 

Estos clientes humanizan a las mujeres en prostitución y empatizan con ellas, pero eso no les impide consumir sexo de pago. En su opinión, su buen hacer como amantes los diferencia de otros clientes, porque ellos saben hacer disfrutar a las prostitutas, y las tratan mejor. 

Son conscientes de que todo forma parte de una actuación, pero ellos buscan afectividad y aseguran no poder encontrarla en otro lugar. “Yo idealmente creo que el sexo debería limitarse al ámbito del matrimonio, pero yo no tengo pareja y soy consciente de que la pulsión sexual es muy fuerte y pienso que pocos hombres pueden obviarla y por este motivo acudimos a los servicios de estas mujeres”, explica uno de los clientes. “No lo condenó moralmente, pero no es algo con lo que me sienta cómodo”.

El cliente crítico

Este tipo de cliente es el menos numeroso (Gómez cree que sólo encaja en este perfil uno de cada diez puteros). Son personas que reconocen la existencia de desigualdad, saben que casi ninguna prostituta lo es por gusto y se arrepienten de haber sido clientes de prostitución. 

Si acabaron en un puticlub, aseguran, fue por presión social. “Si te sientes inferior tienes ahí una oportunidad para sentirte superior y para hacer lo que realmente quieras” “He ido varias veces con la cuadrilla de amigos y tal, y con algún cliente de mi negocio de antes…”, explica uno de los entrevistados. “Eh, una vez un cliente me llevó a un piso donde sólo había menores… Yo no pude, no pude… ir con ninguna. 

Es muy fuerte… Pensé en mis hermanas, en…, y perdí al cliente, ya dejó de venir a mi negocio”. Los clientes críticos son los únicos que atisban una de las razones de ser de la prostitución. “Si te sientes inferior y tal, tienes ahí una oportunidad para sentirte superior y para hacer lo que realmente quieras”, explica un cliente. 

Para Gómez esta es una de las claves que solemos olvidar: la prostitución responde a una relación de poder, del hombre hacia la mujer. El hombre cree mostrar su virilidad, su fortaleza comprando sexo de pago, aunque en realidad, como asegura la psicóloga, lo que muestra es una debilidad: “Todo eso un síntoma de que algo está fallando en ti, es un gesto de debilidad porque no quieres enfrentarte a un igual”.

¿Abolición o legalización?

Existe un gran debate en torno a cuál es la mejor forma de reducir la miseria asociada a la prostitución, porque nadie duda que hoy por hoy es una lacra insostenible. “La situación actual beneficia a los proxenetas y las mafias”, asegura tajante Gómez. “Hay una impunidad clara y una connivencia con las autoridades. Los fiscales no tienen directrices para perseguir a los proxenetas. 

Cualquier libro de contabilidad de los clubes es una prueba de proxenetismo pero no se persigue. La policía también consume. Todo este ambiente muestra la corrupción de una forma dramática”. ¿Cuál sería la solución? Gómez reconoce que las posturas, incluso dentro del mundo del feminismo –del que proceden la mayoría de expertas en el tema–, está completamente dividida.

En su opinión, lo primero es la educación, pero teniendo en cuenta la situación, son necesarias además una serie de medidas punitivas. “Se debería visibilizar ese mundo, igual que ha ocurrido con la violencia de género, para que la gente sea consciente de lo que está ocurriendo”, explica Gómez. 

“La medida punitiva es muy eficaz, hay menos accidentes desde que hay carnet por puntos y mucha gente dejó de fumar porque se prohibió. pero debe estar acompañada de una sensibilización”. Lo primero, asegura, es “acabar con el mito de que los hombres biológicamente tienen una sexualidad desenfrenada y que la prostitución cumple un bien social. Eso es una falacia totalmente ideológica”. 

Pero esto no es suficiente. “En nuestro momento histórico y nuestra sociedad occidental se ha visto que en los países donde se ha legalizado la prostitución han aumentado las víctimas de trata”, asegura Gómez. “Sin embargo, en los países en que se ha penalizado el cliente, como en Suecia, se ha reducido mucho. La prostitución infantil se incrementa en los países en los que se legaliza, al final beneficias al proxeneta y sus negocios turbios paralegales, y le das una cobertura mayor para que campe a sus anchas”.

FUENTE: Alma, Corazón y Vida  Por Fran Sánchez Becerril y Miguel Ayuso

UN TEMA POLÉMICO – PARTE I

¿TRABAJO O ESCLAVITUD?

Preámbulo: Parafraseando a nuestro estimado y popular escritor Alejandro Dolina, mi posición siempre ha sido coincidente con su famosa frase “ninguna mujer nace para ser puta”. Es un tema muy delicado para tratar aquí; ya que puede herir susceptibilidades como así también el dolor de toda madre, que ha perdido a su hija objeto de las aberraciones de la trata. 

Asimismo otras mujeres jóvenes de distintos países que con engaños, son exportadas a otros lugares del mundo, reteniendo sus pasaportes y en donde los proxenetas las prostituyen a su beneficio. 

Creo en lo personal; que una minoría de las mujeres que ejercen la prostitución, se pueden sentir satisfechas de la situación en que viven. Sin embargo, como bien comente al principio hay innumerables factores -desde el propio entorno familiar- hasta el psíquico de la mujer, que decide voluntariamente, jugar al juego que más le gusta, como para ser nombrada a futuro como la Señora de “…” suficiente para alcanzar tener una vida plena de lujos y más que acomodada. O bien pretender transformarse en una mujer independiente la que se supone autosuficiente para garantizarse su futuro. 

Ejemplos existen; pero no es este el espacio para mencionarlos. A pesar de llamar a un Congreso tanto a hombres como mujeres, con una heterogeneidad de profesionales y no profesionales, casi seguramente no llegaríamos a fijar una posición única e irrebatible, en cuanto  al trabajo más antiguo de la humanidad.

Cordiales saludos – Daniel Edgardo Capurro – andandotrastuencuentro.blog

Lo que dicen las feministas sobre la prostitución: un debate encendido

El enfrentamiento entre las posturas a favor o en contra del oficio más antiguo del mundo sigue candente dentro de la sociedad. Y no parece que vaya a remitir

“El trabajo sexcual” es la versión más extrema de la opresión violenta hacia las mujeres”.

Con estas contundentes palabras respondía Toni Van Pelt, la veterana presidenta de 72 años de la Organización Nacional de Mujeres estadounidense en un reciente debate político celebrado en Washington para decidir un proyecto de ley que tiene por objetivo despenalizar el trabajo sexual en la capital.

Pelt aseguró que, de hacerse definitivo dicho plan, “Washington se convertiría en el primer destino internacional de turismo sexual” y representaría “una amenaza para las mujeres y niñas”, según recoge ‘”The Daily Beast”. Esto recuerda mucho a las palabras pronunciadas por Carmen Calvo, vicepresidenta del reciente gobierno de coalición, durante una entrevista el año pasado en la que reiteraba la postura firme del PSOE en cuanto a la prostitución: “Que cada hombre que diga que la prostitución es una profesión, que apunte a su hija a una academia”, espetó.

Así, se volvía a abrir el eterno debate intrafeminista en el cual hay dos bandos enfrentados: el abolicionista (en el que se encuentra Calvo y su partido, entre otras muchas asociaciones y teóricos feministas) y el regulacionista, representado por varios colectivos que piden que el oficio más antiguo del mundo se legalice y se considere como una profesión más. 

Ocho de cada diez casos de trata de seres humanos tienen como fin la explotación sexual y el 90% de las víctimas son mujeres y niñas Antes de entrar en materia, merece la pena considerar una serie de datos: España es el país europeo con mayor demanda de sexo pagado y el tercero a nivel mundial, según Naciones Unidas.  

Esto nos coloca a nivel internacional en una posición bastante sensible en lo referente al tema, ya que casi el 40% de los varones españoles ha consumido este tipo de servicios. Se debe tener en cuenta no solo el gran volumen de negocio (alegal), sino que también nuestro país es uno de los principales destinos de tráfico de mujeres del mundo. 

Es por ello que este posicionamiento de la justicia española frente al tema de la prostitución, en cierto modo neutral, es beneficioso para este tipo de organizaciones criminales, ya que ni se persigue ni se acepta, lo que coloca al país en una situación muy comprometida.

Si hay algo en lo que coinciden ambos bandos es precisamente en esta idea. Ya en el preacuerdo firmado para formar gobierno, Unidas Podemos y PSOE prometieron “erradicar la trata de mujeres con fines de explotación sexual” y una Ley integral que incorporase “medidas de prevención y persecución” contra las redes de tráfico de mujeres y niñas “que son obligadas a ejercer la prostitución”, según recogía “Europa Press”.  

De algún modo, se tiende a asociar el crimen organizado con la prostitución. Y no es para menos: ocho de cada diez casos de trata de seres humanos tienen como fin la explotación sexual, según estos mismos datos de la ONU, y el 90% de las víctimas son mujeres y niñas.

Por lo tanto, es normal hacer esta asociación de ideas, pero ello no quiere decir que haya que generalizar que todas las prostitutas están subyugadas a bandas criminales o son obligadas a ejercer su trabajo.

¿Libertad individual o esclavismo?

Esta lucha entre regular o bien perseguir el trabajo sexual lleva muchísimos años dentro de la arena del feminismo.  

“Los delitos de lenocinio y explotación de la prostitución ajena son distintos e independientes de los de trata, pues castigan a los terceros que se benefician de la prostitución independientemente de las condiciones en que esa se ejerza, e incluyen casos en los que todos los participantes, de manera voluntaria, ejercen la prostitución y se benefician de ella”, explica la académica Claudia Torres, de la Universidad Autónoma de México (UAM) en un estudio sobre el tema. 

Las trabajadoras sexuales en muchas ocasiones son silenciadas o desmentidas de inmediato cuando sufren una violación En este sentido, uno de los puntos de divergencia más claros entre ambas visiones se da en 1992, cuando una famosa abogada anti-pornografía llamada Catherine MacKinnon afirmó en su libro “Prostitution and Civil Rights”:

“Las mujeres son prostituidas precisamente para ser degradadas y sometidas a un tratamiento cruel y brutal sin límites humanos; eso es lo que se intercambia cuando las mujeres son vendidas y compradas para tener sexo”, en declaraciones recogidas del excelente trabajo de Marta Llanos de la UAM. 

De este modo, equipara el oficio con una “violación repetida” o una “esclavitud sexual femenina”, planteando que una prostituta es legalmente una “no persona”.

Un asunto… ¿de clase?

A lo largo de los últimos años, se ha publicado una cantidad ingente de literatura que aborda esta problemática cuestión. 

Una de las más firmes representantes de este feminismo contrario a la abolición es Virginie Despentes, autora de la influyente ” Teoría King Kong”, quien ha vivido en sus propias carnes el oficio de trabajadora sexual y también ha sido víctima de una violación. 

Para ella, la prostitución no es tan diferente al resto de empleos, ya que hay otros ámbitos laborales en los que la violencia sexista está muy presente. 

Sobre todo en aquellos en los que nadie quiere y que, por ello, muchas mujeres inmigrantes se ven obligadas a aceptar, como vienen a ser los propios del terreno doméstico, de limpieza o en las zonas rurales.

Por ello, Despentes aquí hace una distinción de clase. Al igual que también existe la protitución de lujo, en la cual la mayoría de las trabajadoras son bien tratadas y están en mayor medida protegidas, también abundan ciertos empleos relegados a las clases más bajas sin ninguna connotación sexual de antemano en los que la violación es el plato de cada día. 

Pero también sucede al revés: a raíz del fenómeno del #MeToo del año pasado, hemos visto cómo muchas mujeres de las clases altas creativas con mucha posición social han declarado haber sido abusadas, por lo que bien cabría hacer una reflexión aquí. 

Las conductas sexistas y las violaciones sexuales pueden ocurrir en todas las esferas; quizás más en la de la prostitución por el riesgo que conlleva, pero el problema aquí no es la decisión individual de hacerse prostituta; sino también como siempre, el machismo que existe como telón de fondo.

Esto también nos lleva a pensar en la cantidad de víctimas sexuales que puede haber en la industria pornográfica, y a las que no se les presta la suficiente atención o son acusadas de mentirosas. 

Por ejemplo, Nikki Benz, una actriz de cine para adultos estadounidense que confesó haber sido violada en la filmación de una película por sus compañeros de rodaje. Al declararlo por Twitter, no recibió el más mínimo apoyo, ni de las instituciones ni de la opinión pública, y actualmente sus supuestos agresores siguen libres.

La división de la izquierda

De vuelta en España, actualmente existe una gran confrontación entre ambos bandos. Hay un sinfín de asociaciones que piden la abolición inmediata de la prostitución al “ir en contra de los derechos humanos” y “reproducir la jerarquía sexual patriarcal”. 

Y dentro de la izquierda, el conflicto es aún más grande. Uno de los hechos que más ejemplifica este desacuerdo ideológico y programático es el de la dimisión forzada de Concepción Pascual de su cargo de directora general de Trabajo. El desencadenante: haber firmado la inscripción en el registro del Sindicato de Organización de Trabajadoras Sexuales (Otras). Al parecer, Pascual firmó el documento sin tener en cuenta a su superior, la ministra Magdalena Valerio.

Algo parecido sucedió en Barcelona con el equipo de Ada Colau, formado por el PSC y Barcelona en Comú cuando la alcaldesa de la ciudad aprobó subvenciones a la asociación Aprosex (embrión de OTRAS), lo que no sentó nada bien al bloque abolicionista del Ayuntamiento.

Jaume Collboni, actual presidente de los socialistas de Barcelona, siempre se ha mantenido firme en su voluntad de abolir la profesión más antigua del mundo, considerándola como “la esclavitud del siglo XXI”. 

Por tanto, el enfrentamiento entre los dos bandos sigue recrudeciendo y parece que no vaya a terminar así como así. Mientras tanto, el campo de batalla sigue repleto de minas. Y en el medio, las víctimas, las de siempre, aquellas que no tienen altavoz y suplican por una vida digna.

ENTRE LOS 25 Y 35 AÑOS, EL SECTOR MAYORITARIO

‘Millennials’ y puteros: por qué los clientes de la prostitución son cada vez más jóvenes.

A pesar de la libertad sexual de esta generación y la existencia de ‘apps’ para ligar, cada vez más hombres jóvenes acuden a la prostitución. Usuarios y académicos nos cuentan sus razones.

Cuando apenas tenía 21 años, Marcos acudió por primera vez a un prostíbulo:

“Fue después de una noche de fiesta en la que estábamos celebrando el cumpleaños de un amigo. Fuimos todos a tomar una copa y bueno…”. Con estas palabras relata en conversación telefónica con El Confidencial la primera vez que el joven madrileño fue usuario de prostitución. “En ese momento me pareció algo hasta gracioso, fuimos, echamos unas risas, tomamos la última, algunos follamos y pa’ casa”, explica un segundo antes de pedir que su nombre real no aparezca en este reportaje. 

“Dos semanas después volví a un ‘puti’ y a partir de ahí más de una vez le he cogido el coche a mi padre para ir a Marconi”, un polígono industrial de la capital que se caracteriza por la fuerte presencia de prostitutas, “para ver qué se cocía”, relata con un tono que va decayendo a medida que pronuncia la frase. Dos años después de su primer contacto con la prostitución, el veinteañero reconoce ser asiduo consumidor de este oscuro negocio, que cada vez atrae a más jóvenes. 

Este es el mismo caso de Miguel, que también rehúsa aparecer con su nombre real y se inició de una manera parecida. En su caso fue tras una cena con su equipo de fútbol. 

A sus 23 años, el joven, parco en palabras y sin querer revelar su procedencia, dice que recurre a estos servicios porque es “fácil, rápido, te hacen lo que quieres, no es caro y no tienes complicaciones”. 

Aunque los datos son confusos por la situación legal de la prostitución, el putero ‘millennial’ existe, y acude tanto al burdel como a la calle. La percepción de un aumento del consumo de prostitución por parte de los más jóvenes ha sido señalado por la Policia Nacional, que lleva años alertando de la bajada escalonada de la edad de los consumidores de prostitución, además de sociólogos, los propios proxenetas o las asociaciones de asistencia a las víctimas de trata. 

La percepción del aumento de puteros jóvenes ha sido mostrada por la Policía, asociaciones de ayuda a víctimas de trata, sociólogos y proxenetas Los datos del foro sexual SexoMercado a los que ha tenido acceso este periódico muestran que, desde hace varios años, el segmento mayoritario de los usuarios que buscan anuncios de prostitución en su web son hombres de 25 a 35 años. 

Esto demuestra el interés de los varones jóvenes por los foros y anuncios relacionados con la prostitución, aunque las cifras no permitan saber si todos los que acceden a estas páginas acaban pagando por sexo. Por su parte, la presidenta de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (Apramp), Rocío Nieto, explica que llevan años alertando sobre el aumento del consumo de prostitución por parte de los jóvenes. 

Para la fundadora de esta ONG, que presta ayuda a mujeres que han sido explotadas sexualmente, “la causa principal es que los jóvenes lo están normalizando y eso es un peligro. Lo interpretan como una actividad completamente normal en la que lo pueden pasar bien, sin pensar qué hay detrás”.

Foto: Reuters. 

Del mismo modo, el ex proxeneta Miguel ‘el Músico’, que explotó a casi 2.000 mujeres y para el que la Fiscalía pidió 27 años de prisión (de los que cumplió tres) cuenta en el documental ‘El proxeneta. 

Paso corto, mala leche’ cómo los clientes cada vez son más jóvenes. El ‘film’ —que procede de la novela homónima sobre las mafias de la prostitución— tiene la firma de la cineasta y actriz Mabel Lozano, que tras haber investigado este mundo también da fe de esta bajada de la edad del consumo de prostitución. 

Pero la gran pregunta, con una introducción mucho más grande, es: teniendo en cuenta la libertad sexual de este tiempo, lo fácil que lo ponen las “apps” para ligar y el conocimiento que se debería tener sobre el oscuro negocio tras la prostitución…

¿Cómo es posible que cada vez más hombres jóvenes acudan a las meretrices?

El cliente consumidor

Hay muchas razones por las que España es un país de puteros, pero hay algunas que podrían ser intrínsecas a los más jóvenes. Águeda Gómez Suárez, profesora de sociología en la Universidad de Vigo y coautora del libro ‘El putero español’ (Catarata), desgrana para El Confidencial algunos de estos motivos.

“En primer lugar el problema es que se entiende la prostitución como cualquier otro bien de consumo. Se compra lo que se vende y algunos lo ven como una alternativa de ocio más, igual que ir al cine o a tomar unas cervezas”, asegura Gómez. Se trata del denominado ‘cliente consumidor’. 

En este grupo se enmarca la mayor parte de los clientes jóvenes: no son sexistas y son críticos con la herencia machista del pasado, pero comparten una ética hedonista de consumo. Intuyen que hay mujeres explotadas, pero prefieren no pensarlo, al igual que alguien que compra ropa que ha sido fabricada por niños. Para ellos, las putas son un servicio más.

La pornografía

El segundo gran problema, con el que coinciden la mayoría de los expertos consultados, es la pornografía. En gran medida estos vídeos están concebidos desde una perspectiva que no contempla el placer real de la mujer, sino que la cosifica. Al existir una ausencia de educación sexual real, los ‘millennials’ piensan que el sexo es eso que ven en páginas como ‘Pornhub’. 

El siguiente paso es recurrir a las prostitutas para satisfacer esas necesidades sexuales irreales. Las prácticas que se ven en el porno no pueden llevarlas a cabo con una igual, por lo que algunos jóvenes las llevan a un espacio prostitucional “El porno es una pequeña escuela de consumo de prostitución. 

Como las prácticas que se ven en estos vídeos, que vejan a las mujeres e invisibilizan su placer, no pueden llevarlas a cabo con una igual, algunos jóvenes las llevan a un espacio prostitucional.

Aquí sienten que al pagar pueden hacer lo que quieran”, relata la socióloga de la universidad gallega, que está a punto de sacar una nueva investigación sobre la percepción de la prostitución. 

“Además esta visión sexual está reforzada en los jóvenes porque cada vez el porno está más disponible. El acceso está masificado desde la infancia y la consecuencia puede ser que se vayan construyendo puteros”, añade.

En este sentido, Gómez señala que “a la generación que no tuvo tanto acceso a la pornografía no se le marcó así el imaginario sexual”. “Experimentábamos para crearlo, ya que existía una ausencia de educación sexual, pero a base de ensayo y error ibas construyendo tu sexualidad , pero ahora el primer contacto que tienen los niños es a través de la pornografía y modelan su imaginario sexual de una manera muy poco saludable y perversa”, recalca la socióloga aludiendo de nuevo a una de las posibilidades por las que los jóvenes acaban yendo con prostitutas. 

Por su parte, Roberto Sanza, psicólogo y sexólogo de la Fundación Sexpol, señala en la misma línea que “la adolescencia siempre ha sido una etapa bastante complicada en la que no existe una educación sexual o es muy mala. Esto se junta con el capitalismo más atroz y el machismo y hace que los adolescentes vuelvan a esas raíces tan casposas de como hombre puedo pagar”. 

En el caso concreto de la pornografía, Sanza señala que “muestra prácticas sexuales que se acaban normalizando”. “Pero claro, evidentemente con su pareja, sobre todo en la adolescencia donde hay muchas inseguridades y las relaciones son más complicadas, no se atreven a tener esa comunicación directa de probar cosas. 

Por lo que aplican a esa creencia rancia de tu mujer está para unas cosas y las putas para otras”,explica, y añade que pueden recurrir a meretrices simplemente para comprobar si ciertas actitudes les agradan o no.

El experto hace también hincapié en la existencia de “una camaradería mal entendida que hace que los jóvenes acaben en los clubs de alterne”. En este sentido, indica que en muchas ocasiones cuando van en grupo se vanaglorian de ello y lo comentan; pero en el caso de ir solos, lo esconden.

‘Millennials’ encerrados en casa

La juventud española de entre 15 y 29 años es cada vez más tecnológica y sale menos de fiesta, ya que un 74,6% de los jóvenes asegura que la actividad que más realiza en su tiempo libre es chatear o navegar por internet, frente a un 22,7% que apunta a salir por la noche, según un estudio realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). 

Ante estos datos, cabría pensar que esta falta de socialización por parte de los jóvenes —que no dejan de tener interés en el sexo y que lo viven a través de la pornografía por tener tanto contacto con las pantallas— podría llevarles a consumir prostitución. 

Para la socióloga gallega esto “dependerá del hábitat”. En ciudades pequeñas es más frecuente que los chicos salgan a la calle y se relacionen, simplemente por la comodidad que da un pequeño lugar, pero “en una gran ciudad o las periferias de estas si que se podría dar”.

El primer contacto que tienen los niños con el sexo es a través del porno, modelando su imaginario sexual de una manera muy poco saludable.  

La directora de ‘El proxeneta’. Paso corto, mala leche’ cree que muchos chicos que han educado su sexualidad en la pornografía “no salen de sus zulos. Al no salir, no ligan y al final van a la solución fácil: ir a comprar mujeres”. Mabel Lozano, que ha trabajado para conocer las redes de trata de mujeres, hacen hincapié en la idea de que cada vez más no salen, “cada vez ven más porno, quieren mantener relaciones sexuales y mejor que sea pagando así la puedes agarrar fuerte de la cabeza o hasta insultarla, que es lo que has visto en el porno”.

Amplia oferta de los burdeles

Partiendo de la base de que sin puteros no habría prostitución, la oferta que realizan los proxenetas es un punto muy importante de la cadena para atraer a los jóvenes.

Las propias ofertas que realizan los clubes están orientadas a atraer a un público joven, según explica Lozano tras haber indagado en este mundo. “Viernes y domingos locos. Sábados sorteo de un polvo (chicas a elegir). Presentando esta tarjeta la segunda consumición gratis”, dice el texto de un ‘flyer’ de publicidad de un club de alterne.

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“De lunes a viernes están los demandantes habituales, hombres casados de mediana edad que el viernes dejan de ir porque van a sus casa ya que tienen a sus hijos, mujer y sus quehaceres. 

Pero los fines de semanas los proxenetas tienen la materia prima y los cubatas y ¿qué necesitan?: hombres. Y para ellos tienen que llegar a los más jóvenes, convirtiendo sus macroburdeles en macrodiscotecas”, cuenta la directora de cine.

“Y ya no solo es que vayan directamente al burdel, sino que pueden ir a armar bulla cuando se cierran las discotecas. Los chavales pueden ir un día a tomar la última a un puticlub y al final van un día y al otro”, relata. “Los proxenetas se lo están currando para que vayan los jóvenes y nadie se lo ha currado tanto”, concluye haciendo mención expresa a Miguel ‘el Músico’ con el que trabajó para su documental.  

En este sentido, la socióloga de la Universidad de Vigo coincide en que “hay una oferta enorme de prostitución y además se está haciendo para que los niños piensen que eso es bueno, que si van, van a ser los reyes y que es una alternativa de ocio más”. 

Para los expertos la solución para que los jóvenes no acudan a la prostitución pasa por una buena educación sexual. Contra una sociedad tan sexualmente polarizada, desde los que apoyan el pin parental hasta los que sacan a procesionar el coño insumiso, recalcan como muy importante hablar de la libertad sexual, de lo que es la pornografía y de los negocios oscuros que se ocultan tras la prostitución.

FUENTE: Alma, Corazón y Vida – Por Enrique Zamorano

LOS PLACERES DE VENUS

10 curiosidades sobre el sexo en la antigua roma

Aunque muchos aspectos de nuestra sociedad derivan directamente de la antigua Roma, otros son muy diferentes. Los romanos veían la sexualidad de un modo bastante distinto al nuestro y algunas de sus costumbres nos llegan a resultar chocantes.

No importaba tanto qué hacías, sino quién lo sabía

Aunque la sociedad romana tenía (como todas) una serie de reglas acerca del sexo, en la intimidad muchos no las respetaban. Pero el problema no era hacer algo considerado “indigno”, sino quién lo sabía y sobre todo quién podía demostrarlo. La acusación por parte de otro hombre libre podía arruinar la carrera de un senador, si provenía de una mujer plebeya tenía más posibilidades de salir airoso (no así si era noble, pues una patricia tenía su honor y una plebeya no), y si era un esclavo quien le acusaba entonces no tenía que preocuparse de nada. El estatus social lo era todo en Roma y el valor de la palabra era proporcional a la importancia de quien la esgrimía; por ello, un hombre o una mujer de alto rango podían permitirse sus placeres, asegurándose siempre de que no lo supiera nadie cuya palabra fuera tomada en serio.

Foto: iStock / irisphoto2

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Cupido y Psique Antonio Canova

No existía el concepto de homosexualidad, heterosexualidad, bisexualidad…

Todas las etiquetas que hoy aplicamos a la sexualidad no tendrían ningún sentido para un romano: para la sociedad romana el sexo era sexo, así de simple. Los hombres podían tener relaciones con miembros del mismo sexo o del opuesto y nadie les criticaba por ello, siempre que la otra persona tuviera menos estatus social (sirvientes, esclavos e incluso hombres libres pero extranjeros). En el caso de las mujeres casadas tenían que llevarlo con discreción porque estaba en juego su honor, pero las libertas o las extranjeras podían permitirse una mayor libertad ya que los romanos no las consideraban miembros de pleno derecho de la sociedad.

Foto: iStock / Crisfotolux

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La virginidad masculina era algo inaceptable

La virginidad masculina era algo inaceptable

Era común que los hombres, ya en su adolescencia, frecuentaban los burdeles o tuvieran relaciones con las sirvientas o esclavas. La virginidad masculina era algo extremadamente mal visto en la sociedad romana porque el hombre tenía que ser siempre un dominador. En cambio, la mujer (sobre todo si era de clase alta) sí tenía la obligación de llegar virgen al matrimonio, principalmente por una cuestión moral: había que evitar que la mujer conociera el placer del sexo porque se consideraba que este conocimiento podía inducirla al adulterio.

Foto: iStock / pjclark

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También era inaceptable para un hombre ser la parte “sometida”

Un hombre podía practicar sexo con quien quisiera, pero siempre debía ser la parte dominante. Ser penetrado por otro hombre equivalía a ponerse en una situación sumisa, todo lo contrario al ideal romano: la acusación de haber sido la parte pasiva en una relación podía bastar para arruinar la carrera de un político, como estuvo a punto de sucederle a Julio César en su juventud.

Peor aún era la acusación de haber practicado sexo oral a una mujer, aunque fuera su esposa, ya que para los romanos la boca era el instrumento de la política, el comercio y todas las actividades importantes, y “ensuciarla” equivalía a despreciar su importancia para la comunidad.

Foto: Hermitage (CC)

Mercado de esclavos en Roma, Jean-Léon Gérôme. Tanto hombres como mujeres usaban a sus esclavos como “juguetes sexuales”

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Tanto hombres como mujeres usaban a sus esclavos como “juguetes sexuales”

Para la mentalidad romana, un esclavo era una propiedad de la que podía disponer como más le conviniera, incluyendo para el sexo. Lo importante, de nuevo, era respetar la jerarquía social: ni un hombre ni una mujer debían hacerse penetrar por sus esclavos ni practicarles sexo oral; no debían darles placer de ningún modo pero ellos estaban obligados a dárselo a sus amos. 

Las mujeres, debido a su honorabilidad, estaban más limitadas, pero también podían disponer de sus esclavas para fines sexuales; de hecho, era preferible que emplearan a otras mujeres porque, en el peor de los casos, nadie podría acusarlas de haberse dejado dominar haciéndose penetrar por un esclavo.

Imagen: iStock

Thermopolium Pompeya

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Las tabernas ofrecían los servicios sexuales de sus camareras

Los “fast food” y tabernas romanas no solo ofrecían comida y bebida, sino también los servicios sexuales de sus camareras. Por ello, este era uno de los oficios considerados “infames” (indignos) y generalmente recaía en mujeres de muy bajo estatus social, como esclavas, libertas pobres o extranjeras. 

Pero si la necesidad apretaba, no era imposible que el propietario de una taberna llegase a prostituir a sus propias hijas, sabiendo que eso las condenaba a no salir nunca de los estratos más bajos de la sociedad.

Se podía identificar a las prostitutas por el color de los cabellos y la ropa

Foto: iStock / dreamhelg

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Se podía identificar a las prostitutas por el color de los cabellos y la ropa

Las prostitutas tenían una consideración social incluso peor (refiriéndonos a las de clase baja, no a las ricas cortesanas), por lo que cualquier miembro “respetable” de la sociedad quería evitar ser visto junto a ellas. Por ese motivo, las prostitutas debían resultar fácilmente identificables. 

El modo más evidente era teñirse el cabello de colores claramente artificiales, como azul y naranja. También se las podía reconocer por su ropa: mientras la típica mujer romana usaba una vestimenta muy recatada, las prostitutas usaban ropa sencilla, ligera (lo que también les permitía desvestirse y vestirse rápidamente) y resaltando las formas del cuerpo.

Mosaico erótico Pompeya. La prostitución era extremadamente barata

Imagen: CC

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La prostitución era extremadamente barata

Y cuando decimos extremadamente barata, no es una exageración: un servicio sexual económico podía costar lo mismo que una copa de mal vino, alrededor de uno o dos ases. 

Este precio no solo se aplicaba a los peores burdeles, sino incluso a los ya mencionados servicios de las camareras, y se explica porque a esos lugares sólo acudían las clases bajas y las mujeres que se prostituían (y menos frecuentemente hombres) eran esclavas o libertas pobres, que no tenían ninguna esperanza de ascenso social. 

Totalmente distintas eran las meretrices, el equivalente a las hetairas griegas: mujeres cultas y ricas que no solo proporcionaban sexo, sino también una compañía agradable. Sin embargo, por mucho que gozaran de un mayor respeto por su riqueza, para la moral romana seguían siendo indignas y en ningún caso equiparables a una “auténtica” mujer, que debía ser pudorosa.

Mosaico erótico Pompeya 2. La “pornografía” era considerada de buen gusto

Imagen: CC

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La “pornografía” era considerada de buen gusto

No es extraño que las excavaciones revelen mosaicos u objetos de temática sexual: lo que hoy se llamaría pornografía era algo muy aceptado por los romanos, hasta el punto de usarlo como motivo de mosaicos, estatuas y objetos personales como espejos. 

En Roma se consideraba que el sexo era un regalo de Venus, la diosa del amor, y si era un regalo no había que ocultarlo ni despreciarlo. 

Esto puede parecer contradictorio con la importancia que daban al pudor, pero en realidad no lo es: se era libre de gozar de los placeres de Venus, siempre que se hiciera según lo considerado correcto socialmente.

Estatua mujer romana. La pedofilia era socialmente aceptada (hasta cierto punto)

Foto: iStock / skymoon13

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La pedofilia era socialmente aceptada (hasta cierto punto)

Tener relaciones sexuales con menores de edad, incluso muy jóvenes, no era motivo de escándalo, al contrario: podía estar incluso bien considerado porque la diferencia de edad era un signo de dominación. 

De hecho, los romanos solían iniciarse en el sexo con muchachos o muchachas muy jóvenes, apenas entrados en la pubertad, y no era raro que un romano rico dispusiera de esclavos jóvenes cuyo único propósito fuera complacerle sexualmente; el sexo con la propia esposa generalmente tenía fines procreativos, ya que muchos matrimonios eran alianzas políticas y no tenía por qué haber amor de por medio.

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC Por Abel de Medici

Último round

Eras criatura
salvaje
en plena pubertad,
te mostrabas
más mayor
de lo que eras,
encandilabas
cómo cual crisálida
que llegaba
a mariposa,
mudando de ropa
como una ninfa,
seduciendo
tal como una Lolita.

Era yo adolescente
entonces,
pero no te importo
me llevaste astuta
hacia tu lecho,
en el que
todo lo hiciste tu,
con la maestría
de aquellos
que conocen,
ya el placer
desenfadado.

Hoy volvemos
a encontrarnos,
años han pasado,
revancha presente,
en que como
entonces,
mediremos cuanto
nos ha enseñado
el arte de amarnos
junto a lo más
perverso, conocido.

Imagen: Polyvore.com Pinterest

Sin límites…

Son dos cuerpos que se deslizan entre las sábanas
uno siguiendo a la otra la que no pretende escapar,
por el contrario sólo desea que en la clandestinidad
de ese cuarto la alcance y con voracidad la posea.

Siente sus manos fuertes cuanto la toma de la cintura
lo deja que la de vuelta besándola una y otra vez
en cada centímetro de su cuerpo de arriba hacia abajo
adonde durante unos largos minutos su viaje amarra,
ella estalla se enciende como una luz luminosa y salvaje
tal como amazona lo domina sobre las blancas sábanas
juegan como dos adolescentes que recién se conocen
se acarician en la humedad que la oscuridad acompaña,
sin prurito alguno para disfrutar de esa noche infinita.

Saben que se aman con desenfreno, no se detienen siquiera
a pensar que un día puede ser diferente a lo que hoy sienten,
no les interesa el mañana que solo es una ilusión deseada
es preferible vivir plenamente el presente así como lo hacen
porque así lo desean y no hay santidad que se interponga.

INTERNACIONAL – EXTERMINIO EN XINJIANG – CHINA

El crudo relato de una sobreviviente de los campos de concentración modernos en China

A cuatro años de la traumática experiencia que marcó su vida para siempre, Sayragul Sauytbay (44) revela los oscuros secretos e intenciones detrás uno de los más temidos “centros de formación profesional” en toda Asia.

Sayragul Sauytbay (44) reside en Suecia tras haber escapado del “mayor encarcelamiento sistemático de un grupo étnico desde el Tercer Reich” | AFP

La sobreviviente de uno de los campos de concentración modernos de China reveló las golpizas, violaciones y “desapariciones” que experimentó detrás del alambre de púas. Sayragul Sauytbay, parte de la minoría étnica kazaja, contó las atrocidades que debió ver.

Oriunda del este de Turkestán, Kazajistán, la vida de esta médica y madre de dos pequeños tomaría un rumbo drástico en 2017, tras ser enviada a una instalación de confinamiento china para enseñar a prisioneros, en uno de los 1.200 gulags en la región.

Se estima que los campos de internamiento de lo que ahora se conoce como la ciudad de Xinjiang albergan a tres millones de kazajos y uigures que son sometidos a todo tipo de experimentos médicos, torturas y violaciones, antes desconocidas.

Además de ser médica, Sayragul Sauytbay ofrecía sus servicios como maestra en una escuela. El establecimiento educativo fue construido por su padre, especialmente para niños de la minoría étnica kazaja.


Observadores internacionales apuntan a un intento de exterminio de minorías étnicas.

Sin embargo, China indica que los campamentos son nada más y nada menos que “centros de formación profesional” y los residentes están allí por su propia voluntad.


Previo a ingresar al establecimiento carcelario, Sauytbay fue literalmente obligada a firmar su propia sentencia de muerte, aceptando que enfrentaría la pena de muerte si revelaba lo que sucedió en la prisión o rompía alguna regla allí dentro.

Una vez establecido el acuerdo, fue puesta a trabajar con el objetivo de “reeducar” a los presos en el idioma, la cultura y la política chinas. La primera imagen con la que se topó fue la de hombres y mujeres con la cabeza afeitada y que apestaban a orina y heces.

La mujer de ahora 44 años se despidió de uno de sus dos hijos, Ulagat, antes de partir al campo de concentración localizado en la ciudad china de Xinjiang.


Torturas y reeducación maoista: cómo funcionan los campos de concentración de China.
A medida que se familiarizaba con las instalaciones, las condiciones de hacinamiento se hacían a sus ojos cada vez más inhumanas. Con el tiempo, comenzaría a ser testigo de innumerables y sangrientos casos de extracción de órganos.

Entre una de las tantas historias que esos muros guardan, presenció como a una mujer de 84 años le arrancan las uñas por una presunta llamada internacional, la cual nunca existió. Aun así, el límite de la morbosidad estaba muy lejos todavía de encontrarse.

Llegaron los abusos. Fue obligada a presenciar como guardias violaban a una joven de no más de 20 años por haber enviado mensajes de texto a un amigo musulmán. Durante su internamiento, Sauytbay también obtuvo acceso a información clasificada.

Durante su estadía en aquel “centros de formación profesional”, encontró documentos prohibidos que mencionaban planes para exterminar etnias, anexar países vecinos y conquistar Europa.

Entre los secretos de estado que leyó y que podía distinguir fácilmente por que contenían el el sello “Documentos clasificados de Beijing”, pudo encontrar el verdadero propósito escondido de los campamentos de Xinjiang, descripto en un plan de tres pasos:

Paso uno (2014-2015): “Asimilar a los que están dispuestos en Xinjiang y eliminar a los que no lo están”
Paso dos (2025-2035): ‘Una vez que se complete la asimilación dentro de China, anexaran los países vecinos’.
Paso tres (2035-2055): “Después de la realización del sueño chino, llega la ocupación de Europa”.
Su paso por el “infierno” finalizaría en marzo de 2018. La kazaja no dudaría en volver a su país natal para reunirse su esposo e hijos antes de huir a Suecia. “El mayor encarcelamiento sistemático de un grupo étnico desde el Tercer Reich”, lo llamó.

Con 44 años, se encuentra físicamente rota y tiene pesadillas recurrentes sobre su tiempo en el gulag. En las noches, escucha los desgarradores gritos de prisioneros que, al ser torturados, suplicaban: “Sálvanos, por favor. Sálvanos”.

Luego de haber sufrido tan traumática experiencia, plasmó lo vivido en “The Chief Witness: Escape From Modern-Day Concentration Camps” (El Testigo Principal: Escape De Un Campo De Concentración Moderno), escrito junto a la periodista Alexandra Cavelius.

Sustracción de órganos humanos

“El Testigo Principal: Escape De Un Campo De Concentración Moderno”, libro escrito por Sayragul Sauytbay y Alexandra Cavelius, detalla el calvario que debió transitar la kazaja.


Entre las tantas atrocidades vislumbradas durante su estadía en dicho campo de concentración, Sauytbay dedicó uno de los primeros capítulos de su libro a la venta de órganos. Reclusos sanos eran marcados con una cruz y se los trataba diferente.

Dicho tratamiento diferencial intrigó a la médica que, poco tiempo después, dio cuenta de que estos prisioneros “seleccionados” desparecían de sus celdas a altas horas de la noche, arrastrados por los guardias a través de los pasillos del establecimiento.


Tras leer sus expedientes, también marcados con una X de color rojo, obtuvo la respuesta que tanto buscaba: los órganos de estas pobres personas eran sustraídos y luego vendidos a clínicas de Turkestán, siendo un producto codiciado por ciudadanos árabes.

“Crudos gritos de un animal moribundo”


“Sonaban como los crudos gritos de un animal moribundo”, admitió. Así describe los desgarradores llamados de ayuda de cientos de prisioneros dentro del gulag.

Tras concluir con su exposición sobre la venta de órganos, procede a describir las terroríficas horas de guardia a las que era sometida, estando la luna como único testigo y compañía. Gritos como los que escuchó aquellas solitarias noches son casi irreproducibles.

Después de dos o tres días en el campamento, sus oídos percibieron los primeros desgarradores alaridos, resonantes en todo el enorme salón y filtrándose en cada poro de su cuerpo. El vértigo subía lentamente por sus piernas mientras su cuerpo se helaba.

“Nunca había escuchado algo así en toda mi vida, gritos como ese no son algo que se olvide. En el momento en que los escuche, sabía qué tipo de agonía está experimentando esa persona. Sonaban como los crudos gritos de un animal moribundo”, expreso.

Desapareciendo a los muertos

Hasta el día de hoy, familiares de reclusos cuyo paradero es todavía desconocido piden justicia. Algunos de ellos sin saber si realmente su pariente murió o continúa con vida dentro del campo de exterminio.


Siendo otro día en el “infierno”, y mientras oficiaba de médica leyendo expedientes clínicos y perfiles psicológicos de prisioneros, encontró un misterioso documento rotulado Instrucción 21. Su curiosidad le impidió volver a dejarlo donde lo había visto.

“Todos los que mueran en el campo deben desaparecer sin dejar rastro”, podía leerse. Asimismo, indicaba que los signos de tortura en los cuerpos debían ser irrastreables y que en caso de fallecer un recluso, su pérdida debía mantenerse en absoluto secreto.

Cualquier evidencia, prueba o documentación sería entonces destruida de inmediato. Miembros de la familia del difunto eran, en el menor de los casos, engañados con vagas excusas sobre la defunción del ser querido. Al resto, ni siquiera se les informaba.

“La habitación negra”, una cámara de tortura

Sauytbay no podía hacer más que mirar con piedad a los reclusos inconscientes, mientras eran arrastrados de las muñecas por los pasillos de la prisión. Se los llevaba a una infame habitación de tortura.

Durante su rutina como “maestra”, Sauytbay notaba como varios de sus “alumnos” gemían y se rascaban hasta sangrar. No sabía decir si estaban realmente enfermos o se habían vuelto locos. Incluso llegaba a desmayarse, desplomándose sobre sus sillas.

Cuando esto sucedía, los guardias llamaban a sus colegas, quienes entraban apresuradamente, agarraban a la persona inconsciente por ambos brazos y se la llevaban como un pedazo de carne, arrastrándola mientras sus pies rozaban el suelo.

Aquellos “desgraciados” tenían la mala dicha de ser llevados a la infame “habitación negra”. Allí, los prisioneros eran atados por las muñecas y los tobillos, amarrados a sillas que tenían clavos que sobresalían de los asientos y torturados por horas.

Extracción de uñas en manos y pies.


Uno de las tantas ilustraciones de la médica en las que intenta graficar las cruentas escenas de tortura que ocurrieron delante de sus ojos. Encadenados e indefensos, los presos eran puestos a prueba.


Continua ampliando la horrida descripción del lugar, incluyendo mesas repletas de todo tipo de herramientas y dispositivos de tortura. Entre ellos, garrotes policiales, varillas de hierro e incluso armas e implementos que parecían sacadas de la Edad Media.

Sin embargo, nada podía compararse con aquel instrumento utilizado en manos y pies, para extraer uñas. El grotesco piso estaba rodeada de ellas, complementándose a la perfección con la sangre de los reclusos. Hubiese esperado que fuese todo pero no.

A un lado de la habitación, como trofeos, una hilera de sillas diseñadas con diferentes propósitos. La madre de 44 años estaba segura de que no saldría con vida de allí y menos después de haber visto lo que vio. Hoy difunde su cruda historia desde Suecia.

Fuente: Editorial Perfil
JFG

A que edad; se tienen los mejores orgasmos.

La ciencia responde (y la respuesta te sorprenderá)

Hay una franja de edad en la que las mujeres viven su sexualidad de una forma mucho más intensa… y no es la que creés. ¡No te pierdas este estudio!

Hace poco se desveló quienes tenían mejores orgasmos -si las mujeres solteras o las mujeres casadas- y después de responder a esa curiosidad, nos ha surgido otra que recientemente, también ha sido resuelta por la ciencia: ¿a qué edad se tienen mejores orgasmos?

Un nuevo estudio sobre la evolución de la sexualidad de la mujer realizado por la consultora Dive para Gleeden entre más de 2.200 mujeres con motivo del Día Internacional de la Mujer el pasado mes de marzo nos ha dado la respuesta, y los datos son, cuanto menos, sorprendentes.

Al contrario de lo que se podría pensar en un primer momento, las mujeres que más orgasmos experimentan están entre los 51 y los 60 años. Según los expertos que han participado en este estudio, las mujeres a partir de los 50 tienen un nivel de excitación más alto que las que están en otras franjas de edad debido a “la experiencia, el autoconocimiento, y la búsqueda de intereses y motivaciones sexuales, que conducen a la mujer a un empoderamiento sexual y ello a encontrar caminos que potencian el placer y el orgasmo”. 

Por contra, del estudio se extrae que las mujeres de entre 31 y 40 años suelen tener una vida sexual menos activa y menos orgasmos.

¿Y por qué? En muchas ocasiones, la treintena es una etapa en la que las mujeres se consolidan profesionalmente, comienzan a ser madres y tienen muchas otras responsabilidades, “lo que hace que las prioridades se recoloquen”, cuenta Laia Cadens, psicóloga que ha participado en este estudio.

Las prácticas sexuales 

De los resultados de la encuesta de puede concluir que la mujer no está, todavía, tan liberada sexualmente como podría suponerse: entre otras cosas, la encuesta destaca que tienen un promedio de 6 relaciones sexuales al mes, pero tienen deseo sexual, en promedio, 9,7 veces, por lo que sólo cubren un 61% de su deseo sexual… el 39% restante queda reprimido.

En cuanto a las prácticas sexuales alternativas al coito, la más común es el sexo oral, practicado por el 92% de las mujeres, seguido de la masturbación en solitario (91%).

Los juguetes sexuales van adentrándose en las prácticas de las mujeres, pero todavía no están naturalizados del todo.

Como curiosidad, el estudio revela que el 62% de las mujeres encuestadas confiesa que nunca ha practicado sexo anal, y que el 63% nunca ha visto pornografía en pareja.

Fuente: Marie Claire – Editorial Perfil- 28 abril2021