La diferencias en el mar…

Sácate la arena de tus pies
antes de entrar al cuarto,
y apúrate en venir
que estoy aguardándote
para darnos un baño juntos
antes de a la cama irnos.

Bien sabes, que a ti el mar
te tranquiliza,
y a mí por el contrario
me excita.

Ahh…siente el agua
recorriendo nuestros cuerpos
despaciosamente, mojando
cada milímetro de nuestra piel,
siente como tibia y suavemente
penetra en los poros
y la temperatura va en aumento.

Abrázame sin temor, como siempre
que solo el amor te haré,
como siempre en silencio
y solo escuchando tus pedidos,
arribando siempre a ese clímax tuyo
y éxtasis tan incomparable y mudo.

Amor adulto

Él, hombre maduro
pero pasional y sanguíneo,
con ese romanticismo
ya casi inexistente 
para esta sociedad nuestra.

Él con su creencia de años
de vida, de encuentros amorosos,
aun sin la libido de juventud
era un ferviente creyente,
que el coito resultaba pleno
solo si la mujer era quien
alcanzaba el clímax y el orgasmo,
antes de convertir él
ese amoroso momento,
en una práctica mecánica
y a su vez, egoísta. 

Ella, siendo casi
de la misma edad,
según dijo que se casó virgen
y declamo ser muy respetuosa
de las formas del amor que debía
ser de dos, y de nadie más.

Él se sorprendió, cuando
siendo un humilde escritor,
recibió la molestia de ella
por lo que había escrito,
algo íntimo, privado, solo de dos.

Ahí comprendió,
el abismo que los separaba
en ese preciso instante.

Para el, jamás existieron tabúes ni prejuicios
porque la libertad
fue el centro de su vida toda.

Solo por el cariño
que a ella le tenía,
se disculpó y prometió
no escribir sobre aquello
que iba transformándose
en enamoramiento.

Están distanciados, ahora.
Ella se tomó unos días
de merecido descanso.
con su familia en el mar.

Él sabe que no podrá traicionarse
asimismo como es, jamás.
Que no tiene porque ya
asfixiarse por algo, que lo daña.

Quizás el cara a cara
del reencuentro,
minimice o amplié
este simple hecho,
de vivir el amor
con diferente intensidad,
importando poco el que dirán.

Amor carnal

La cama les resulto chica,
por tanta pasión desencadenada.

No era la primera vez,
ya había sucedido.
Pero el sentimiento creciente
se transformaba en un juego
mas que deseado entre los amantes.

El solo pensaba en ella,
célibe por decisión propia
hace ya unos años,
y solo deseaba que la sublimación
del amor, fuera compartida.

Le preguntaba, atrevido
que era lo que más la excitaba
porque todo es válido
en el paraíso terrenal
donde importa solo el amor.

Beso sus pezones,
apretó contra si su cintura,
y abriendo sus piernas
la penetro suavemente primero,
y luego con movimientos
en que las caderas de ambos
confluyeron en una danza de erotismo,
que finalizo cuando el telón cayo
en el mismo momento que ella
alcanzo ese orgasmo tan deseado.

Quedaron abrazados
por largos minutos, agitados
apasionadamente abrazados.
Ella le pregunto a él,
porque no fue un orgasmo compartido.
El busco una respuesta
de compromiso, cuando su mente
solo deseaba que ella renaciera
en ese éxtasis que produce lo carnal.

Él sabe que su tiempo llegara,
porque en el amor,
hay secretos que solo
los amantes conocen
y que sin prejuicios,
culminara en la feroz batalla
en la que los dos
resultaran triunfadores.

A puro sexo…

Tormentas eléctricas y lluvias
en la noche de Buenos Aires,
que aún hoy de a ratos, continúan.

Estaba con ella, cuando un relámpago
ilumino la sala en un blanco azulino
que tiño todo el ambiente, cuando
sonaba un blues de B.B. King junto a Clapton.

Habíamos terminado de cenar,
y ya estábamos en la previa
cuando atino a decirme –mirallueve-
¿no deseas quedarte a dormir?

La mire, sonreímos juntos
a ella le encanta todo lo que sea oral,
no solo el placer de comer y beber,
también de que mi lengua se desplace
por todo el largo y ancho de su cuerpo,
llevándola al extremo del éxtasis
y jadear alocadamente hasta caer
en una más que profunda relajación.

Como negarme a tan grata invitación,
si éramos cómplices de la misma.
Le mordí suavemente el cuello
y tomándola de la cintura, la lleve al baño
nos desnudamos y nos bañamos piel con piel
aliento con aliento, sexo contra sexo.

La cama abrió su telón para nosotros,
y mientras diluviaba en Buenos Aires
éramos dos, los que apasionados
ignorábamos lo que estaba sucediendo.

Lujuria consentida

Recuerdo cuando abriste la puerta.
en forma sorpresiva y nos viste en la cama.
Te quedaste de pie en la puerta,
a pesar que te dije que te fueras,
me contestaste que no nos dejarías en paz.
Mi libido se fue al carajo y abandone la batalla.

Me vestí despacio, mordiendo la bronca
por la travesura de lo que eras, una mocosa insolente.
Baje por las escaleras, furioso para irme.
Como si nada hubiera pasado
Me preguntaste -…me alcanzas?
te fulmine con mi mirada, harto de tu soberbia.
Insististe una y otra vez, hasta que accedí.

Ya en el auto, me preguntaste si sabía la razón
del porque de tu actitud, al entrar al cuarto.
No, con desdén te dije.
Y allí estallo la bomba de neutrones.
“Quiero acostarme contigo y ahora mismo”
fue tu respuesta.
No te intereso que te dijera, que con ello nada ganarías.

Detuve el auto, ya habías reclinado tu asiento
te quitaste la ropa y luego aflojaste mi cinturón
y sin más tu mano fue a recorrer, a sabiendas
con que te encontrarías y con la otra guiaste mi mano
hacia tus zonas mas íntimas, al mismo tiempo.

Dos horas no te resultaron suficientes
intentando las posturas más excitantes e imposibles,
quise detenerte, pero eras una ninfómana insaciable
reiniciabas el acto, de una obra donde ambos éramos parte.

Intenso

Ámame sin importarte nada y menos de lo que piensen los otros. Aviesos, apurados, preocupados…
Esos, ésos están pintados y no pueden detener este frenesí nuestro, apasionado.
Desde que nos conocimos, allá en San Andrés lejos de Cartagena.
Vibramos y reímos, porque es lo mejor que nos ha pasado en la vida.
Deslizo mis dedos por tu piel ardiente y es tu sangre que fluye enloquecida. Cuidado mujer con eso, que me conviertes en un animal en celo.
Recorreré tu cuerpo de pies a cabeza, sin dejar de besarte parte del cuerpo alguna.
Alucinaremos juntos, sin necesidad de hierbas.
Solo con el jadeo de nuestras respiraciones acompasadas y el vaivén pleno de nuestras caderas.
Comienzo, beso tus parpados…tu nariz perfecta, pero al llegar a tu boca entreabierta, no puedo dejar beber de ella, el néctar único e incomparable que produces.
Y te subes…miro tus cabellos que como la hierba verde, se debate contra el viento.
No dejas por un momento, de balancearte por el deseo irrefrenable compartido.
Y seguimos imparables, como si pensáramos que el mundo se termina en este preciso instante.
Protones y neutrones, llegan para alumbrar nuestros cuerpos desnudos al transformarse en un átomo multicolor, que estalla en mil pedazos.
Nos creemos solos en este mundo enfermo, y somos inmunes de esta manera. Amándonos sin concesiones una y otra vez, sin respiro. La vida es nuestra.

Plenitud

Fantástica sensación tengo en mi alma
que en el hoy, se encuentra calma y plena.

¿Será la suma de la adoración y tu compañía,
que me produce lo que todo ser, desea?

Que maravilloso resulta cuando te convences
que es mucho más fácil, de lo que imaginas.

Con estos sentimientos es tan simple todo,
las manos se buscan, terminan entrelazadas
con las caricias que se prodigan, se besan.

Tomo tus mejillas suaves como toda tu piel,
recorro suavemente mis manos en ella
y naturalmente los labios se encuentran,
como si nos sintiéramos dentro de cada uno.

La pasión emerge sin ataduras ni retrocesos,
ni siquiera deseamos ir a la habitación.

Dejamos nuestras copas de vino en el suelo
y ahí mismo, como si fuera la vez primera,
uno desnuda al otro, besándose con frenesí
que no se detiene, hasta encontrar su destino.

Sentimos ambos ahogarnos en el éxtasis
profundo del ir y venir, una y otra vez
sin pausa, pero disfrutándolo de tal manera,
que ambos sentimos al mismo tiempo
ese temblor que nos sacude y nos lleva,
a mirarnos una vez más, con los labios
que se buscan para besarnos sin tiempo
por todo lo que dure, sellando nuestro pacto
de sumarle a nuestra vida, algo distinto
día a día para que nuestro placer, perdure
en esta y en las que siguen, eternamente.

Te has dado cuenta que fácil resulta todo,
cuando cada célula de nuestro cuerpo
nos transforma a ambos, en tan solo uno.

Te amo cada día más, y así será siempre.
Gracias por estar conmigo.