Desde el ayer al hoy…

Recordé aquella película
escandalosa para su época,
de “Último tango en París”
dirigida por Bertolucci,
con música de nuestro “Gato Barbieri”,
descarnada e infinitamente carnal
con el gran Marlon Bando
y la casi “lolita”, María Schneider.

La violencia verbal y sexual
guionada para Brando sobre María,
culmina en la caótica escena
del sexo anal con la mantequilla.

Muchos años de no hablarse,
disputas judiciales, secuestro
de la película y destrucción
de sus copias, mas prisión
de Bertolucci en sus derechos civiles.

Sonrió, hoy esa misma película
seria como ver Alicia
en el País de las Maravillas.

Pero cuidado, en la vida real
es donde la violación y muerte
de mujeres indefensas de toda edad,
requiere que EXISTA EL BASTA! 
Y lo dicte la justicia con perpetua de por vida. 

Que dulce sexo…

Recorrí tu cuerpo, pasándote
por tu espalda esa crema relajante
que me has dado y presiono
suavemente sobre tus omóplatos,
alcanzando tu cintura y glúteos,
una y otra vez, suspiras, te excitas.

Te das la vuelta, quieres lo mismo
pero en tus pechos, llevas mis manos
adonde deseas, y las bajas a tu braga,
me haces penetrar mis dedos
en la humedad de tu intimidad.

Te alcanza el frenético ritmo
hacia abajo y arriba de tu cuerpo,
que con murmullos o susurras no se que,
y llegas a ese orgasmo, que te deja exhausta.

Muñeca en alquiler

Parecía una mueca del destino,
lentes obscuros, tintura rubia en su cabello
recostada sobre la pared, su celular mirando,
oriunda de Paraguay, dos hijas a lo lejos,
y de fondo la leyenda escrita en el muro
del indomable bronce Alejandro Dolina,
“la mujer no nace para ser puta”.

Hace años que su cuerpo entrega,
a sus clientes los tiene registrados
son habitués de recorrerla
de sur a norte, de este a oeste,
por una buena paga que actualiza
puntualmente, según vayan las cosas.

Su familia en el Paraguay, le demanda
y ella puntualmente envía las remesas,
manutención de la familia, escuela de las niñas.

Lo contrario a otras, es discreta
si observa movimientos de control policial
se queda tranquila, lleva años en esto
no será más que una contravención
y la pérdida del tiempo, que un cliente demande.

Es la vida que le toco vivir,
y parece no padecerla, 
dice que en algún momento
se retirara para regresar con la familia.

No sé si lo dice para engañarse,
o para creer en una fantasía que desea.
Pero a veces cuando la veo, tengo ganas
de decirle la frase de Dolina, pero callo porque es su vida…

Desenfrenada…

Eres una rubita adolescente
que desea tontamente, crecer rápido.

Así me lo dices, cuando quieres
aprender algo nuevo en ese cuarto 
de hotel, toda vez en que nos acostamos
e insistes en saberlo todo sin prejuicios
ni ataduras, dices que te asfixian
pero no lo parece, de la manera
que te entregas mansamente a la lujuria.

A veces, me das mucha tristeza
perderás juventud, jirones de tu bella piel
en este recorrido salvajemente buscado por ti,
cuando te susurro un no, que solo nos abracemos
comienzas a morderme, a besarme cada milímetro
y vuelves a subirte con un deseo desenfrenado
que nada ni nadie puede parar, hasta que caes
exhausta por tu propio ímpetu y deseo.

Sabes que conmigo, no tendrás futuro
pero haces de mí, tu capricho
y yo hombre de mil batallas, dejo hacerte
pensando que podría ser tu padre.

Pero todo lo ignoras, no sé hasta cuándo…

La diferencias en el mar…

Sácate la arena de tus pies
antes de entrar al cuarto,
y apúrate en venir
que estoy aguardándote
para darnos un baño juntos
antes de a la cama irnos.

Bien sabes, que a ti el mar
te tranquiliza,
y a mí por el contrario
me excita.

Ahh…siente el agua
recorriendo nuestros cuerpos
despaciosamente, mojando
cada milímetro de nuestra piel,
siente como tibia y suavemente
penetra en los poros
y la temperatura va en aumento.

Abrázame sin temor, como siempre
que solo el amor te haré,
como siempre en silencio
y solo escuchando tus pedidos,
arribando siempre a ese clímax tuyo
y éxtasis tan incomparable y mudo.

Amor adulto

Él, hombre maduro
pero pasional y sanguíneo,
con ese romanticismo
ya casi inexistente 
para esta sociedad nuestra.

Él con su creencia de años
de vida, de encuentros amorosos,
aun sin la libido de juventud
era un ferviente creyente,
que el coito resultaba pleno
solo si la mujer era quien
alcanzaba el clímax y el orgasmo,
antes de convertir él
ese amoroso momento,
en una práctica mecánica
y a su vez, egoísta. 

Ella, siendo casi
de la misma edad,
según dijo que se casó virgen
y declamo ser muy respetuosa
de las formas del amor que debía
ser de dos, y de nadie más.

Él se sorprendió, cuando
siendo un humilde escritor,
recibió la molestia de ella
por lo que había escrito,
algo íntimo, privado, solo de dos.

Ahí comprendió,
el abismo que los separaba
en ese preciso instante.

Para el, jamás existieron tabúes ni prejuicios
porque la libertad
fue el centro de su vida toda.

Solo por el cariño
que a ella le tenía,
se disculpó y prometió
no escribir sobre aquello
que iba transformándose
en enamoramiento.

Están distanciados, ahora.
Ella se tomó unos días
de merecido descanso.
con su familia en el mar.

Él sabe que no podrá traicionarse
asimismo como es, jamás.
Que no tiene porque ya
asfixiarse por algo, que lo daña.

Quizás el cara a cara
del reencuentro,
minimice o amplié
este simple hecho,
de vivir el amor
con diferente intensidad,
importando poco el que dirán.

Amor carnal

La cama les resulto chica,
por tanta pasión desencadenada.

No era la primera vez,
ya había sucedido.
Pero el sentimiento creciente
se transformaba en un juego
mas que deseado entre los amantes.

El solo pensaba en ella,
célibe por decisión propia
hace ya unos años,
y solo deseaba que la sublimación
del amor, fuera compartida.

Le preguntaba, atrevido
que era lo que más la excitaba
porque todo es válido
en el paraíso terrenal
donde importa solo el amor.

Beso sus pezones,
apretó contra si su cintura,
y abriendo sus piernas
la penetro suavemente primero,
y luego con movimientos
en que las caderas de ambos
confluyeron en una danza de erotismo,
que finalizo cuando el telón cayo
en el mismo momento que ella
alcanzo ese orgasmo tan deseado.

Quedaron abrazados
por largos minutos, agitados
apasionadamente abrazados.
Ella le pregunto a él,
porque no fue un orgasmo compartido.
El busco una respuesta
de compromiso, cuando su mente
solo deseaba que ella renaciera
en ese éxtasis que produce lo carnal.

Él sabe que su tiempo llegara,
porque en el amor,
hay secretos que solo
los amantes conocen
y que sin prejuicios,
culminara en la feroz batalla
en la que los dos
resultaran triunfadores.