Infinita ternura…

Nuestro primer encuentro
y sentí en el abrazo primero,
la inmensa ternura que tenías dentro
fue un regalo del Universo, conocerte.

Me sentí tan feliz a tu lado,
que la emoción me hizo cometer
aquellos deslices de adolescente.
Te convertiste en el aire fresco
que necesitaba para avivar la esperanza
y otear ese horizonte aún lejano.

Me disculpo, si fui absurdo o prosaico
de a ratos, y en otros mostrarme,
tal como soy.
Nos contamos nuestras vidas,
solo parte de ellas
con sus penas y alegrías.

Bien te dije, que podía escribir
el primer capítulo titulado “el encuentro”.

Adorable, regalando tu ternura infinita,
sonrisa maravillosa, vergüenza escondida.

Placidez en tu rostro que vive su hoy
con ilusiones y proyectos, al igual que yo.

Bien sabremos, cuando caminemos
un poco más, si esto maravilloso (para mi)
que nos ha pasado, puede convertirse
en algo creado por la alquimia y la magia,
hermanas para hacer el mejor producto
que solo la vida nos puede dar: AMOR.

Lo mejor de cada uno, para el otro…

Quizás nos leemos todos los días; o bien cada tanto o casi nunca. O bien, como en mi caso, me tomo esos días sabáticos que tan bien hacen.

Pero da igual; solo sé que te considero alguien cercano con quien comparto o disiento sobre determinadas cosas, que en su mayoría son tan pueriles que no valdría la pena ni nombrarlas; porque así somos – sin sosias; bien diferente uno del otro-

Pero deseo; solo si me lo permitís, que veas en mi a alguien al que podes recurrir; porque como me dijo un entrañable amigo, las situaciones difíciles se hacen fáciles cuando dos personas se ocupan y ayudan, entre sí.

Te deseo el más bello año de tu vida. Solo te sugiero que seas misericordioso con quien lo necesita.

“Vivir y dejar vivir” es una hermosa frase de cabecera -si las hay-

Te envío ese abrazo del alma; que es el más fuerte de todos.