Medio ambiente: cuáles son los 9 límites que mantienen a la Tierra en equilibrio (y qué riesgos corremos por haber pasado 4).

¿Qué tan cerca estamos de romper el equilibrio natural y la capacidad de resiliencia de la Tierra?

Hace unos 11.000 años sucedió algo inédito en los últimos 100.000 años de historia de la Tierra: el clima del planeta se volvió estable.

Esta era geológica con temperaturas predecibles fue bautizada como Holoceno y le permitió a la humanidad desarrollar la agricultura, domesticar animales y básicamente crear el mundo moderno actual.

Sin embargo, en ese proceso también extinguimos especies y dañamos ecosistemas, contaminamos el aire, el agua y el suelo, y desatamos la crisis del cambio climático.

En otras palabras, forzamos el ingreso al Antropoceno, la actual era geológica donde los humanos somos los principales responsables de los cambios en el planeta.

Es en este contexto que un grupo internacional de científicos liderados por el sueco Johan Rockström del Centro de Resiliencia de Estocolmo comenzó a investigar qué riesgo corremos de quebrar el equilibrio natural y la capacidad de resiliencia de la Tierra.

Su influyente estudio, publicado en 2009, definió nueve límites o parámetros interconectados que son determinantes para mantener la estabilidad del planeta.

«Cada uno de esos aspectos es muy importante individualmente, pero también es muy importante verlos con el conjunto», le dice Arne Tobian, investigador del centro, a BBC Mundo.

Gráfico de los 9 límites planetarios

Además de identificar esos nueve procesos, los expertos definieron medidas cuantitativas muy específicas para cada uno de ellos, que delimitan una zona segura de acción y una de riesgo, que a su vez va creciendo en peligrosidad.

Si no cruzamos esas fronteras trazadas, dicen, la humanidad va a poder seguir prosperando por generaciones.

Pero en caso de pasar tan solo una de ellas, nos exponemos a generar cambios ambientales irreversibles en todo el sistema y desencadenar el colapso de nuestra sociedad.

Los resultados de este colosal estudio fueron llevados a la pantalla en un reciente documental de Netflix titulado «Romper los límites: La ciencia de nuestro planeta» y se ha vuelto especialmente relevante en el marco de la 26ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 26), cuyo objetivo es lograr que el mundo actúe rápido ante una crisis que se conoce desde hace décadas y cuyo margen de acción es cada vez menor.

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LOS 9 LÍMITES PLANETARIOS

De los nueve límites planetarios, ya cruzamos cuatro, hay tres dentro de la zona segura (por ahora) y dos que todavía son una gran incógnita.

1. Cambio climático

Uno de los cuatro límites que ya hemos sobrepasado es quizás el más conocido de todos: el cambio climático.

Desde la Revolución Industrial, la temperatura global ha subido 1,1°C. Este aumento es el responsable de los fenómenos climáticos extremos que cada vez se producen con mayor frecuencia a lo largo del mundo, como las sequías e inundaciones.

Según Naciones Unidas (ONU), hoy en día tenemos cinco veces más desastres meteorológicos que en 1970 y son siete veces más costosos. Las consecuencias son más devastación y más muertes.

La comunidad científica afirma que, para evitar que las consecuencias del cambio climático sean aún peores, es necesario que el aumento de la temperatura se mantenga en el entorno de los 1,5ºC.

Río Paraná

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Sequías como la actual del río Paraná que afecta a varios países de Sudamérica son cada vez más frecuentes debido al cambio climático.

No obstante, si seguimos tal como en la actualidad, para fines de este siglo el incremento puede llegar a los 4,4°C, lo cual sería catastrófico.

«El drama es que el desafío del cambio climático puede ser el más fácil (de resolver) si uno considera el desafío del desarrollo sostenible en conjunto», dijo Rockström al presentar su estudio en una charla TED en 2010.

Por si fuera poco, el cambio climático es uno de los dos límites planetarios considerados centrales por su influencia sobre todo el sistema.

2. Integridad de la biósfera

La integridad de la biósfera, es decir, la pérdida de biodiversidad y extinción de especies, es el otro de los límites centrales. Y también lo hemos pasado.

Sin embargo, a diferencia del cambio climático, este proceso ya pasó la zona de riesgo creciente y se encuentra directamente en la zona de riesgo alto, lo que aumenta las probabilidades de generar cambios ambientales irreversibles a gran escala.

Es tanto lo que hemos sobrepasado este umbral que algunos investigadores creen que estamos en medio de la sexta extinción masiva en la historia del planeta.

Para tener una idea, las extinciones masivas fueron periodos donde se aniquiló del 60 al 95% de las especies.

Abejas

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Un millón de especies animales y vegetales están ahora en peligro de extinción.

En el documental de Netflix, Rockström asegura que deberíamos perder cero biodiversidad y especies a partir del año que viene.

El desafío es monumental si se tiene en cuenta que actualmente de las 8 millones de especies animales y vegetales que habitan el planeta, 1 millón está en peligro de extinción.

No obstante, es un esfuerzo necesario: tener ecosistemas saludables nos provee de aire limpio, suelos fértiles, agua dulce, cultivos polinizados, materias primas para nuevos fármacos y un largo etcétera.

3. Cambio del uso del suelo

El uso del suelo es otro de los límites que hemos cruzado y consiste en la transformación de bosques, pastizales, humedales, la tundra y otros tipos de vegetación principalmente en tierras para la agricultura y ganadería.

La deforestación, por ejemplo, tiene un enorme impacto en la capacidad del clima para regularse, algo que los especialistas repiten cada vez que hay incendios en el Amazonas.

Pero el cambio del uso del suelo es también uno de los impulsores de las graves reducciones de la biodiversidad, sobre todo por la creciente demanda de tierra para producir comida.

De hecho, uno de los desafíos actuales de la sostenibilidad es cómo alimentar a las casi 8 mil millones de personas que viven en el planeta (y los 2 mil millones más que habrán en 2050) sin quitarle más terreno a la naturaleza.

4. Flujos biogeoquímicos

La cuarta y última frontera ya sobrepasada es la de los flujos biogeoquímicos, que abarca sobre todo a los ciclos de fósforo y nitrógeno.

Cultivos en California

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La agricultura representa el 70% del uso de agua dulce en el planeta.

Si bien ambos elementos son esenciales para el crecimiento de las plantas, su uso excesivo en fertilizantes los coloca en zona de riesgo.

Uno de los problemas que esto genera es que parte del fósforo y nitrógeno aplicados a los cultivos es arrastrado al mar, donde empujan a los sistemas acuáticos a traspasar sus propios umbrales ecológicos.

5. Reducción del ozono estratosférico

De los nueve procesos, hay uno solo sobre el que la humanidad actuó con éxito al ver las señales de alerta: la reducción del ozono en la estratósfera.

Hace más de 30 años el mundo entero se puso de acuerdo en prohibir los clorofluorocarbonos (CFC), sustancias químicas que estaban provocando un «agujero» en la capa de ozono.

Las consecuencias de perder esta capa de protección iban desde la multiplicación de los casos de cáncer de piel hasta daños medioambientales irreversibles.

Tierra vista desde el espacio.

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El Protocolo de Montreal vigente desde 1989 prohibió el uso de ciertas sustancias para proteger a la capa de ozono, vital para frenar las radiaciones ultravioletas del Sol.

Tras el famoso Protocolo de Montreal, el ozono estratosférico se ha ido recuperando, lo que hoy nos permite estar tranquilos dentro de la zona segura para este proceso.

6. Uso del agua dulce

Si bien el uso de agua dulce está actualmente dentro del área de acción segura, nos estamos moviendo de forma vertiginosa hacia la zona de riesgo, asegura Rockström en el documental.

Es que la Tierra puede verse como un punto azul desde el espacio, pero solo el 2,5% es agua dulce. Este porcentaje es cada vez menor principalmente por la ya citada creciente presión de la agricultura para producir más y más comida.

Cabe destacar que aunque la desalinización es posible, consume mucha energía que, en general, proviene de los mismos combustibles fósiles que contribuyen al cambio climático. Por si esto fuera poco, este proceso es una fuente de contaminación de los ecosistemas costeros.

7. Acidificación del océano

Con la acidificación del océano sucede algo similar que con el agua dulce: el límite no ha sido cruzado aún, pero estamos peligrosamente cerca.

Blanqueo de corales.

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El blanqueo de los corales los expone a enfermedades y ya ha desatado eventos de muertes masivas de estos organismos a lo largo del mundo.

El problema es que sus efectos quedan justamente ocultos bajo el agua, por ejemplo, con la muerte de los corales.

Este proceso en particular presenta una capa extra de riesgo, pues varias de las extinciones masivas de la historia tuvieron a la acidificación de los océanos como detonante.

En los últimos 200 años, el agua del océano se ha vuelto un 30% más ácida, una tasa de transformación química 100 veces más rápida que la registrada allí en los últimos 55 millones de años.

Este límite está tan íntimamente ligado con el cambio climático que se le suele llamar su «gemelo malvado».

Lo bueno es que si se cumplen las metas del cambio climático ratificadas en la COP 26, el pH del océano se mantendrá a raya.

8. Carga de aerosoles atmosféricos

Todavía quedan dos límites por mencionar que no están de uno ni del otro lado de la frontera. Y es que los científicos no saben cómo medirlos.

«No existe una línea base de los últimos 11.000 años para esos procesos, porque son nuevos», explica Tobian.

Humo

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Respirar aire altamente contaminado es responsable de unas 800.000 muertes prematuras cada año.

Uno de ellos es la contaminación de la atmósfera con aerosoles de origen humano, es decir, partículas microscópicas generadas sobre todo por la quema de combustibles fósiles, pero también por otras actividades como los incendios forestales.

Estos aerosoles afectan tanto al clima (por ejemplo, provocan cambios en los sistemas de monzones en las regiones tropicales) como a los organismos vivos (unas 800.000 personas mueren cada año de forma prematura por respirar aire altamente contaminado).

9. Incorporación de nuevas entidades

El noveno y último proceso es la incorporación de las llamadas «nuevas entidades».

Se trata de elementos u organismos modificados por los humanos, así como sustancias enteramente nuevas. Esto incluye una lista de cientos de miles de entidades que van desde materiales radiactivos hasta microplásticos.

Pero quizás el mejor ejemplo sean los CFC, es decir, esas sustancias químicas que fueron prohibidas para salvar a la capa de ozono estratosférico.

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La esperanza como acción

El trabajo del Centro de Resiliencia de Estocolmo no solo advierte sobre los problemas centrales que afectan al planeta. También da esperanza.

«Sabemos cuál es el problema y sabemos que tenemos un problema y también al mismo tiempo sabemos cuáles serían las soluciones posibles. Lo tenemos a la mano», le dice Tobian a BBC Mundo.

El desafío es grande y apremiante: en esta década que termina en 2030 la humanidad debe llevar adelante una transformación masiva para mantenerse en línea.

Sin embargo, los científicos aseguran que es posible.

Mural en Glasgow previo a la COP26.

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«Nuestro clima está cambiando», dice este mural pintado en Glasgow, sede de la COP26.

Se precisan acciones rápidas y audaces de parte de todos y cada uno de los gobiernos del mundo, empezando por el uso de energías renovables.

«Nuestra adicción a los combustibles fósiles está llevando a la humanidad al borde del abismo», dijo el secretario general de la ONU, António Guterres, esta semana en la COP26.

«Basta de quemar, perforar y excavar a mayor profundidad. Estamos cavando nuestra propia tumba», agregó.

También aseguró que «los países del G20 tienen una responsabilidad especial, ya que representan alrededor del 80% de las emisiones», recordando a los países desarrollados su compromiso (hasta ahora incumplido) de aportar «US $100.000 millones anuales de financiación climática en apoyo de los países en desarrollo».

No obstante, para lograr un mundo sostenible también se necesitan cambios en el estilo de vida de los individuos.

Comer más verduras, ahorrar energía, plantar árboles y elegir caminar, ir en bicicleta o en transporte público son medidas concretas que, según los especialistas, hacen la diferencia.

En otras palabras, lograr un desarrollo sostenible es posible y necesario, pero no fácil. Como dijo la activista sueca Greta Thunberg en un discurso previo a la COP 26 que se volvió viral: «La esperanza no es bla, bla, bla. La esperanza es decir la verdad. La esperanza es actuar».

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Ana País (@anapais)

Clima extremo/Suecia/Naturaleza/Agua/          

Cambio Climático/Ciencia/ Animales/Sociedad/Salud/Vida.

 

Benton Harbor, el lugar de Estados Unidos con el agua tan contaminada con plomo que no pueden usarla ni para cepillarse los dientes.

Una nueva crisis de agua potable afecta al país más rico del mundo.

En Benton Harbor, una ciudad a pocas horas de Chicago, en Estados Unidos, los vecinos han sido advertidos de algo que, para muchos, se debía haber hecho hace años.

Las autoridades de Michigan emitieron hace un par de semanas una declaración de emergencia para pedir a los residentes que, como «medida de precaución» no consuman el agua que llega a sus casas por las tuberías, ni siquiera para cocinar, lavar las verduras o cepillarse los dientes.

Y es que desde hace al menos 3 años abrir una llave de agua en muchos hogares de la ciudad de casi 10.000 habitantes puede implicar abrirle una puerta a la enfermedad.

Esto por la cantidad de plomo utilizado para fabricar las tuberías que transportan el agua.

«Desde 2018, se pudo comprobar que los niveles de plomo en el agua de Benton Harbor estaban en niveles más altos de lo que se permite para el consumo humano y sin embargo, no fue hasta ahora cuando se recomienda no usarla», dice a BBC Mundo el reverendo Edward Pinkney, presidente del Consejo Comunitario de Agua de Benton Harbor.

Según datos publicados por la ciudad, en 2018, se registró allí una contaminación por plomo en el agua de 22 partes por mil millones y entre enero y junio de 2021 ya eran 24.

No obstante, se encontraron registros desde los 400 hasta los 889 ppb en varias casas, en un país donde las autoridades consideran 15 como el nivel límite para la acción federal.

«Hoy se conoce que ninguna cantidad de plomo es saludable para el consumo humano, por lo que se puede decir sin dudarlo que los niveles de Benton Harbor son muy preocupantes», dice a BBC Mundo Elin Warn Betanzo, una experta en agua potable de Michigan.

Los números son más altos incluso que los que se reportaron entre 2014 y 2015 en la vecina Flint, a tres horas por carretera, donde en lo peor de la crisis por plomo que se volvió titular en medios de todo el mundo, los niveles solo llegaron hasta los 20 ppb.

«Esto es realmente algo en lo que pensar: somos uno de los países más ricos del mundo y hay lugares en los que no tenemos agua potable limpia. No tenemos agua corriente para beber, para cepillarnos los dientes, ni siquiera para preparar la fórmula para los bebés. Es como si viviéramos en un país del tercer mundo», opina Pinkney.

El problema del plomo

De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU., los altos niveles de este metal en el agua pueden ser altamente nocivos para mujeres embarazadas y niños (a los cuales puede afectar el desarrollo cerebral) y causan problemas de salud a corto y largo plazo en el resto de los adultos.

Sin embargo, aquí, aunque las autoridades han enviado notificaciones a los vecinos, distribuido filtros y mejorado el tratamiento del líquido durante los últimos años, no fue hasta hace poco que se comenzó a entregar agua embotellada a los residentes y se declaró el estado de emergencia.

Y esto, después de que las propias autoridades dudaran si los filtros que han entregado sirven realmente para contener el plomo.

Esto ha llevado a que políticos, medios locales, activistas y expertos crean que el estado falló en advertir a los residentes de que su agua no era segura durante un largo periodo mientras probaba los tratamientos -hasta ahora fallidos- para reducir los niveles de plomo.

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«Hemos tenido seis períodos de monitoreo consecutivos con excedentes del nivel de plomo muy altos, sin embargo, hemos tenido una respuesta extremadamente débil para brindar educación y para decirle a la gente que esta agua no es segura para beber», dice Betanzo, quien fuera una de las primeras en identificar la crisis de Flint.

Desde el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Michigan explica a BBC Mundo que las autoridades del estado realizan «un esfuerzo a largo plazo para eliminar los excedentes del nivel del plomo, educar a las comunidades sobre los efectos del plomo en el agua potable y eliminar las tuberías de plomo».

«Estas acciones son parte de un esfuerzo general acelerado para reducir el riesgo de exposición al plomo en el agua potable mientras la ciudad reemplaza todas las líneas de servicio de plomo», indica.

Aunque en un inicio el gobierno estimó en cinco años el proceso para cambiar las tuberías, un nuevo proyecto espera hacerlo en dos, de llegar a aprobarse los fondos necesarios.

Un problema extendido

Expertos y organizaciones ambientales temen que la situación en Benton Harbor, como antes pasó en Flint, sea solo el anuncio de una bomba de tiempo a lo largo de Estados Unidos.

De acuerdo con cálculos de la ONG Natural Resources Defense Council, más de 12,8 millones de tuberías de plomo y líneas de servicio todavía sirven para llevar agua a los hogares en los 50 estados de la Unión.

En algunas ciudades, como Benton Harbor, la situación es más crítica, pues se estima que solo el 2% de las líneas de servicio no contienen plomo, un metal que desde la época de los romanos se conoce que puede ser nocivo para el ser humano.

Según explica Betanzo, una de las principales razones para la presencia de este metal por todo Estados Unidos fue una agresiva campaña de la industria del plomo.

tubería

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Hay millones de tuberías de plomo en funcionamiento en Estados Unidos.

«A muchas comunidades realmente les impusieron tener tuberías de plomo para poder obtener el servicio de agua. Flint es un ejemplo. Tenían una ordenanza de la ciudad de 1998 que dice que si querían tener el servicio de agua, deberían tener una tubería de plomo», recuerda.

No obstante, la experta señala que el metal también se volvió una alternativa por otros motivos.

«En el noreste y el medio oeste de EE.UU. tenemos un clima frío con ciclos de congelación y descongelación en los que el suelo se desplaza. Las tuberías de plomo son flexibles, por lo que se mueven con la tierra, por lo que es menos probable que se rompan y se partan», comenta.

Pero también suponen una «ventaja» para los administradores de servicios de agua, al menos «a simple vista».

«El plomo en el agua no se ve, no tiene sabor u olor. Entonces, si hay agua corrosiva en una tubería de plomo, no generará quejas frecuentes de los clientes. Si en cambio tienes una línea de servicio de hierro el agua se vuelve marrón rojiza cuando está corrosiva, lo que puede llevar a recibir toneladas de quejas», señala.

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Aunque en un inicio se creía que para ser nocivo se necesitaban grandes cantidades, las investigaciones a través de los años mostraron que cualquier nivel de plomo en el agua puede ser altamente perjudicial para el ser humano.

Por ello, en 1986, Estados Unidos prohibió el uso de estas tuberías, aunque entonces algunas ciudades, como Chicago, se apresuraron a utilizar todas las que tenían en sus almacenes antes de que entrara en vigencia la regulación.

Sin embargo, la directiva nunca incluyó algún requisito para eliminar las tuberías de plomo que ya estaban en operaciones.

«Incluso este año se publicó una revisión de la regla de plomo y cobre, que sigue en suspenso. Esa revisión en 2021 todavía no incluía un camino para eliminar las más de 10 millones de líneas de servicio de plomo que permanecen en servicio en Estados Unidos», señala Betanzo.

Para muchos, la esperanza de un cambio apareció cuando el presidente Joe Biden incluyó en su plan de infraestructura unos US$45.000 millones para reemplazar las tuberías de plomo envejecidas, pero el proyecto lleva meses detenido en el Capitolio y sin esperanzas ciertas de aprobación.

encias

El plomo puede causar desde problemas en las encías hasta daños cerebrales.

En Benton Harbor tampoco está claro cómo se financiará el proyecto del gobierno demócrata de reemplazar las tuberías en dos años .

Mientras tanto, las autoridades locales han comenzado a distribuir agua embotellada de forma gratuita, aunque los residentes aseguran que no es suficiente y que aún existen obstáculos para muchos vecinos acceder a ellas, principalmente, aquellos que no tienen carros para ir a buscarla.

Hasta el miércoles pasado y desde el 30 de septiembre, se habían distribuido más de 71.000 cajas de agua a los residentes, según datos oficiales enviados a BBC Mundo.

Un problema mayor

Pero para muchos en la ciudad los problemas para dar solución a la crisis del agua de Benton Harbor van más allá de los debates en torno al financiamiento y tienen que ver con la demografía.

«Yo creo que en la base de la falta de respuestas está que nuestra comunidad está formada por personas mayoritariamente negras y pobres» dice Pinkney.

El activista pone como ejemplo varias ciudades cercanas a Benton Harbor, como Saint Joseph, que tienen una población 85% blanca y la tasa de pobreza es sólo del 7%. Allí, aunque está a poca distancia, el agua no está contaminada por plomo.

flint

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El cambio de tuberías de plomo suele ser muy costoso.

«Por eso, el tema del racismo ambiental aquí es tan importante porque están acostumbrados a hacer esto a los negros», opina Pinkney

Las autoridades de Benton Harbor no respondieron directamente a los señalamientos de que se trate de un problema de racismo, aunque lo han negado en otras ocasiones.

Betanzo, que ha estudiado los sistemas de agua en Michigan y Estados Unidos por años, dice que «definitivamente» hay impactos desproporcionados de esta situación en comunidades negras.

«Especialmente, porque estas tuberías de plomo se encuentran en las ciudades más antiguas donde se han ido muchas personas blancas y se han quedado o mudado las negras. Por lo tanto, hay un impacto desproporcionado en esas comunidades, lo que hace más importante sacar estas tuberías de plomo porque es un tema de justicia ambiental», señala.

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Lioman Lima

Agua/Estados Unidos/Ciencia/Salud/Racismo

El brillante invento de los mayas (que aún se usa hoy) para levantar una majestuosa urbe en un lugar sin agua.

En la antigua ciudad maya de Tikal, en Guatemala, los visitantes se ven rodeados de empinadas pirámides de piedra caliza, casi tan altas como la catedral de Notre Dame de París.

Construidas sin la ayuda de bestias de carga, herramientas de metal o ruedas, estas grandiosas obras sirvieron a reyes y sacerdotes que gobernaron una de las ciudades-Estado más influyentes del reino maya, que se extendía desde la península de Yucatán, México, Guatemala, Belice, hasta partes de Honduras y El Salvador.

Tikal fue un centro económico y ceremonial de una civilización que alguna vez pudo haber albergado entre 10 y 15 millones de personas.

Cada uno de los enormes palacios y templos de la ciudad, cada uno orientado respecto al tránsito diario del sol a través del cielo, son muestra de la destreza de los mayas como arquitectos y astrónomos.

Pero estos monumentos nunca se hubieran erigido sin el dominio de algo mucho más elemental para la supervivencia maya: el agua.

Sin ríos ni lagos cercanos, los mayas tuvieron que crear una red de enormes embalses en Tikal para recolectar y almacenar suficiente agua de lluvia durante la estación seca de la región, que dura de cuatro a seis meses, para los miles de habitantes que tuvo durante su apogeo en el siglo VIII; entre 40.000 y 240.000, según las estimaciones.

Estos reservorios ayudaron a que hubiera más de 1.000 años de presencia maya en Tikal.

El filtro del agua

El año pasado, usando técnicas científicas modernas, los arqueólogos revelaron otra hazaña hidrológica maya.

Los núcleos de sedimentos tomados de los reservorios de Tikal muestran que crearon el sistema de filtración de agua más antiguo conocido en el hemisferio occidental.

El sistema de purificación de agua era tan avanzado que uno de sus materiales clave, la zeolita, sigue siendo común en los filtros actuales.

Adornos en un edificio maya

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Los mayas dejaron una asombrosa cantidad de arquitectura y obras de arte.

Las zeolitas son minerales volcánicos compuestos principalmente de aluminio, silicio y oxígeno que se forman cuando la ceniza volcánica reacciona al agua subterránea alcalina.

Vienen en muchas formas y tienen propiedades físicas y químicas únicas que les permiten filtrar contaminantes, desde metales pesados hasta microbios diminutos.

Cada grano de zeolita tiene una estructura porosa similar a una jaula, lo que los convierte en excelentes filtros. Pero también tienen carga química negativa, lo que significa que otros elementos se unirán fácilmente a ellos.

Por eso, cuando el agua pasa a través de las zeolitas, las partículas suspendidas pueden adherirse física o químicamente a los granos mientras el agua sigue fluyendo a través de los huecos.

Aunque los arqueólogos sólo encontraron zeolitas en uno de los reservorios de Tikal, ahora conocido como Corriental, los fragmentos de vasijas de arcilla hallados allí sugieren que el agua purificada del lugar se usó específicamente para beber.

Los investigadores detrás de este descubrimiento dicen que el uso maya de zeolita es el más antiguo conocido del mineral para la purificación de agua en el mundo, 1.800 años anterior al invento de 1627 del científico británico Robert Bacon.

El sistema de filtración del 164 a. C. es posterior a un filtro de tela conocido como manga hipocrática, que se desarrolló en la antigua Grecia alrededor del 500 a. C.

Pero el método de los mayas habría sido mucho más eficaz para eliminar contaminantes invisibles como bacterias o plomo.

«Soy nativo americano y siempre me ha molestado que los arqueólogos y antropólogos hayan asumido tradicionalmente que los pueblos indígenas de las Américas no desarrollaron el músculo tecnológico que se encontraba en otras partes del mundo antiguo, en lugares como Grecia, Egipto, India o China».

Así dice Kenneth Tankersley, geólogo arqueológico de la Universidad de Cincinnati y autor principal del estudio que documenta el uso de zeolita por parte de los mayas.

La ciudad de Tikal

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Los mayas dependían de las lluvias estacionales para su suministro de agua, que recolectaban en reservorios.

«Este sistema proporcionó a los mayas agua potable segura durante más de 1.000 años y otros sistemas de filtración conocidos de esa época eran primitivos en comparación con este: el primer método de filtración griego era solo de bolsas de tela», explica.

Vivir lejos del agua

Tikal se encuentra en lo que hoy es el norte de Guatemala, y en esta parte del mundo solo hay dos estaciones: una muy húmeda y otra muy seca.

Para hacer las cosas aún más difíciles, los aguaceros torrenciales de la temporada de lluvias se drenan rápidamente porque, a medida que el agua de lluvia se filtra a través de la fina capa superficial del suelo, se vuelve lo suficientemente ácida como para disolver la piedra caliza rica en calcio que forma el lecho de roca de la región.

Esto crea lo que los geólogos llaman un paisaje kárstico plagado de sumideros y cuevas donde el nivel freático está aproximadamente a 200 metros por debajo de la superficie, fuera por lo tanto del alcance de los mayas.

Sin acceso a cuerpos de agua dulce cercanos, los habitantes de esta metrópolis tuvieron que idear formas de hacer que el agua perdurará tras llegar la temporada de lluvias.

Ahí es donde entraron los reservorios, y debido a que Tikal está en un montículo, los mayas pudieron utilizar ingeniosamente las pendientes para canalizar el agua hacia esos reservorios.

Mapa de la zona de tikal

Incluso la gran plaza central, que se encuentra entre los templos uno y dos, flanqueada por la acrópolis principal, está pavimentada con piedras que se colocaron con una inclinación correcta para drenar el agua hacia los reservorios cercanos del templo y el palacio.

Los visitantes necesitan hoy hacer un esfuerzo adicional para ubicar los embalses, que se ven como depresiones en el suelo.

Pero algunas de las presas y bermas de tierra que se usaban para capturar las grandes cantidades de agua son evidentes para el ojo informado.

Se estima que el embalse del palacio alguna vez almacenó 31 millones de litros de agua y se cree que el Corriental purificado con zeolita tuvo una capacidad de 58 millones de litros en su apogeo.

¿Cómo supieron del filtro?

El descubrimiento del sistema de filtración de Corriental surgió del trabajo de campo realizado en 2010, cuando los investigadores recolectaron 10 muestras de sedimento de cuatro de los reservorios de Tikal.

Estos núcleos revelaron que los reservorios del palacio y el templo tenían niveles peligrosos de contaminación de mercurio de metales pesados y proliferación de algas tóxicas en la época en que las élites gobernantes abandonaron el centro de la ciudad, en el siglo IX.

Pero casi tan sorprendente como la contaminación en sí fue el hecho de que el embalse Corriental permaneció prístino incluso cuando los embalses del Palacio y el Templo se volvieron tóxicos.

Al analizar las muestras de Corriental, Tankersley encontró cuatro capas tenues de arena con trozos de cuarzo cristalino y zeolitas que no aparecían en ninguno de los otros depósitos.

La ciudad de Tikal

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Hogar de hasta 240.000 personas en su apogeo del siglo VIII, Tikal fue abandonado alrededor del año 900 d.C.

Cuando el equipo examinó el área circundante no había fuentes naturales de este tipo de arena, y mucho menos zeolitas.

Y eso llevó a los investigadores a sugerir que el material había sido traído intencionalmente para su uso en algún tipo de filtro.

Por casualidad, uno de los investigadores del proyecto sabía de un lugar a unos 30 kilómetros al noreste de Tikal en el que hay arena de aspecto similar y donde los lugareños dicen que hay agua dulce cristalina.

Las pruebas revelaron que las rocas y la arena del lugar, conocido como Bajo de Azúcar, contenían zeolitas y, por lo tanto, podría haber sido la fuente del filtro natural para el Corriental de Tikal.

«Sin una máquina del tiempo, no podremos saber qué pasó exactamente», dijo Tankersley.

«Pero no hace falta mucha deducción para imaginar a alguien de Tikal que pensó: ‘Si de esta hondura volcánica cristalina sale agua dulce y limpia, tal vez también podríamos traer un poco y usarla para limpiar nuestra agua'».

Los investigadores plantean la hipótesis de que la arena de la zeolita podría haber estado intercalada con petates, unos tejidos de hojas, para crear filtros.

Estos podrían haber estado incrustados en paredes porosas de ladrillos de piedra caliza que los mayas instalaron en el camino del agua hacia el depósito.

Una tecnología de un pueblo vivo

Según el estudio que detalla el uso de zeolita por parte de los mayas, la arena por sí sola habría hecho que el agua pareciera clara, pero no habría tenido ningún impacto en los microbios o el mercurio.

Con la adición de zeolita, los mayas obtuvieron agua clara que estaba limpia incluso para los estándares modernos.

«Es posible que los mayas no entendieran qué estaba haciendo la zeolita en particular, pero entendieron la importancia de mantener el agua limpia», dijo Lisa Lucero, antropóloga de la Universidad de Illinois, «y emplearon su tecnología y su conocimiento del medio ambiente para depurar su agua potable «.

Una edificación maya cubierta de vegetación

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La tecnología de radares ha revelado muchos más templos, pirámides y calzadas escondidas en la selva tropical.

Las cuatro capas de arena que contienen zeolita sugieren que el filtro fue destruido por las inundaciones durante las temporadas de lluvias particularmente violentas y posteriormente reconstruido varias veces.

Aunque Corriental es el único lugar donde se ha encontrado este sistema de filtración de zeolita maya, eso no descarta su uso en otros lugares.

Liwy Grazioso, directora del Museo Miraflores de Guatemala y coautora del estudio que descubrió la contaminación de los embalses del palacio y el templo, dice que espera que este hallazgo fomente más estudios sobre los embalses mayas.

«No creo que Tikal fuera el único lugar con esta tecnología», dijo Grazioso. «Los embalses estaban en todas partes en el mundo maya y solo se han estudiado unos pocos, pero si no los estudiamos, nunca lo sabremos».

Para Tankersley, estos descubrimientos muestran las riquezas que se pueden encontrar cuando los investigadores miran más allá de los artefactos de materiales brillantes hechos de oro o jade.

Sugiere que los visitantes de Tikal no solo deben maravillarse con las estructuras, sino también contemplar a las personas que las construyeron hace 1.000 o incluso 2.000 años sin máquinas ni animales de carga.

«Piensa en cuáles fueron sus logros», dijo, «y recuerda que este no es un pueblo extinto, esos logros son la herencia de la población indígena moderna de Centroamérica».

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FUENTE RESPONSABLE: BBC News Mundo por Alex Fox BBC Travel

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