Es tan simple…

Amar es tan simple
como exhalar el aire
que respiras cada día.

Lo difícil de amar
es encontrar a la mujer
que al recibir tu corazón,
desee regalarte la misma dosis
de esa adoración sublime.

Aceptando el reto
de hacer juntos
que cada amanecer,
sea diferente al que se fue
o al que vendrá mañana.

Divertirse como aun niños
que fueron, cuando solo
con la imaginación se contaba
en sus juegos infantiles.

Mientras ambos envases
guarden aquel crío en su interior,
no podrá diluirse jamás
esa íntima sensación
de que han dado, sin vueltas
con la persona que deseaban,
en el único instante y lugar exacto.

Fino equilibrio

Me contradijo, con aquello
que escribí alguna vez ,
y no hace mucho tiempo
en que exprese que el amor,
no tiene límite ni años.

Me ha bastado
conocer buenas mujeres,
para saber que en esta maravillosa edad,
generalmente ya se tiene
una estructura que responde,
no solo a compromisos familiares
sino también a esa libertad
que solo la soledad impone,
transformada en algo así
como la representación
del vuelo del cóndor que sin aletear,
mantiene el fino equilibrio de su vida
sin necesidad de moverse
de esa comodidad autoimpuesta.

Romper esa estructura
solo pasa por la decisión,
de quien quiere compartir su vida
con las alegrías y tristezas
que ello conlleva, con el otro.

Mirarse a los ojos y en esa mirada
saber que su prioridad es el otro,
sin dejar de lado a aquellos
que ya son parte esencial de su vida.

Todo puede convivir en armonía
en el mismo mundo, pero en compromiso.
Ya que sin compromiso.
no importa la edad, el amor no existe.

Complicidad

He comprendido
que ya queda poco tiempo,
para pensar en ese nuevo amor
que me acompañe en este tránsito
en el que los años, fluyen rápido.

Como amar ahora, igual que ayer
pues es algo imposible,
ya que solo queda dar paso
ahora a una pasión liviana
transformada en dulce compañía.

Juntando dos soledades no resueltas
para transformarlas en ese adorable estado
de conocerse y sorprenderse al unisono,
de poder reírnos de nosotros mismos,
de no importarnos, como nunca antes
lo que los otros piensen.

De respirar nuevamente,
llenar de nuevo aire los pulmones,
vaciando todo lo tóxico del pasado.

Y mirarnos cómplices, con la ilusión
de amarrar ambos
en el último puerto de esta vida nuestra.

La cita

Nos conocemos solo
por esas fotos que acompañan
nuestro perfil en la plataforma,
fotografías que nos muestra pletóricos
sonrientes, con el fondo de viajes
por el mundo, como si fuera una vidriera
que le permita al otro, quizás
hacer una valoración subjetiva,
ya que solo hasta ahora,
hemos tenido alguna que otra charla telefónica
y decenas de chateos, en esta era digital.

Se lo dije, creo conocerle
de toda la vida, quizás sea solo mi sensación.
A las compatibilidades del “algoritmo”,
se suman los gustos musicales y otros
que presuponen en mi, la operación de sumar.

Nos veremos mañana, en un bar
le di lo que correspondía
que eligiera el lugar, día y hora
para que ella, se sintiera cómoda.

¿Cómo será el resultado de este encuentro?
Mi anhelo es que sea el inicio
de un camino lento, pero sin pausa
para que con ella podamos compartir,
una vida plena de armonía y complicidad.

Vuelve a ser…

Has dejado de ser luz
de tanto que te irritas,
para convertirte en una sombra
de quien has sabido ser, amada mía.

Te tiene temerosa, lo que pase mañana
cuando te olvidas de vivir el hoy,
observando en los demás sus fallas.

No tienes el candor ni los proyectos,
que te impulsaban siempre
en la búsqueda de lo imposible.

Es como si no creyeras en ti misma,
prisionera de tus propios miedos y ansiedades.

Algo se quebró en tu interior,
quizás la partida de tu madre,
quizás la ausencia de nuestros hijos
que la vida nos ha sabido regalar,
pero que ya se han ido, tras sus sueños.

Sal de las penumbras, mi reina.
Vístete con tu mejor enterito
y ve al atelier, a pintar tus sueños.

Sacúdete del hastió, y vive
no solo por ti, sino por ambos.

¡Mis orígenes…magníficos!

Humildes éramos, nada teníamos
pero la mesa servida, a diario encontrábamos.
Era una epopeya alimentar seis bocas,
en aquella década lejana de los ´60.
Pero la señora de la casa, mi madre
era la hacedora en su propio laboratorio
de recetas no subvencionadas y sin sponsor,
que brotaban de su imaginación
transformando con su alquimia,
todo aquello del día anterior
en el mejor de los manjares.Ay…mamá, tu que si
que con poco, hacías mucho
y como una maga de “Harry Potter”
sin varita de luces alguna,
te las arreglabas para tejer
esos pullovers para tres años,
de tan largas eran sus mangas.

Hasta el trapo de piso que se rompía,
lo cortabas al medio y cosías
porque debía durar, lo que a ti te parecía.

Nuestra casa, siempre lo dije orgulloso
era un matriarcado y hoy serias sin dudarlo,
el mejor Ministro de Economía
del nuevo gobierno que se encuentra
con un gris, que muta a gris oscuro.

Poseías la habilidad, nunca lo entendí
de que tus hijos, lucieran impecables.
Cosías nuestra ropa, la modelabas,
nos la probabas una y otra vez,
sobre nuestros cuerpos tiesos
para que no hubiera errores.

Le diste a papa, “el grande”
y proveedor de todos nosotros,
el mejor regalo de su vida.

Los ahorros en monedas, de día a tras día,
que sirvieron para cumplir el sueño
de la casa propia al comprarla, y que alquilaban.

Nada nos sobraba, pero nada nos faltaba
con la imperfecciones de toda familia,
debo decir que he sido un elegido por Dios
o el Universo, de tener el privilegio
de recibir ejemplos de vida, que aún hoy
regalo a dos manos.

Te imagino mamá, muy cerca de Dios
tejiendo una bufanda, para el próximo invierno.

Me rescato una deidad…

Sereno el mar de color turquesa

bañaba las finas arenas de la playa.

Sus pies descansaban a la orilla

y disfrutaba de esa espuma,

que la acariciaba al venir y volver al mar.

 

Su cabello dorado y sus ojos color verde agua,

eran el perfecto contraste del encuentro

entre ese océano inconmensurable con una sirena

a la cual Neptuno, debió dejar salir para exhibir su belleza.

 

Quizás fue un corcel blanco,

el que la acompaño hasta la playa.

 

Me acerque despacio, para no asustarla.

Más cerca aprecie que una Deidad

había llegado a esa vida mía.

 

Solo me miro, con esos ojos llenos de amor

y dulzura.

Hubo un destello mágico.

Me encontré en el fondo de ese mar

Acompañándola y dejándome guiar

por ella, tomados de las manos.

 

Llegamos a un lugar fantástico

pleno de armonía y paz.

Allí nos esperaban Neptuno y Halia

quienes bendijeron nuestra unión.

 

Mi bella esposa era Rodo, hija de ambos

que intuyo mi soledad y fue a mi rescate,

para amarnos en ese mundo fantástico.