La diferencias en el mar…

Sácate la arena de tus pies
antes de entrar al cuarto,
y apúrate en venir
que estoy aguardándote
para darnos un baño juntos
antes de a la cama irnos.

Bien sabes, que a ti el mar
te tranquiliza,
y a mí por el contrario
me excita.

Ahh…siente el agua
recorriendo nuestros cuerpos
despaciosamente, mojando
cada milímetro de nuestra piel,
siente como tibia y suavemente
penetra en los poros
y la temperatura va en aumento.

Abrázame sin temor, como siempre
que solo el amor te haré,
como siempre en silencio
y solo escuchando tus pedidos,
arribando siempre a ese clímax tuyo
y éxtasis tan incomparable y mudo.

Amor adolescente

Ríete chaval, 
pero ríete con ganas.
¿Qué estas triste
porque te ha dejado?

Deja de joder
con tu mal de amores,
que a tu edad
tienes revancha
cuando menos lo esperas.

¿Qué te traiciono
con otro?
Dime mocoso, no sabes
que el amor y la traición
vienen enfrentados
hace ya muchos siglos.

Vamos límpiate la cara,
ponte delante del espejo
y mírate bien primero,
diciéndote a ti mismo
yo puedo, yo debo, yo quiero.

Y verás, que en cualquier momento
en el lugar que te encuentres,
pasará una niña tan hermosa
que además de sacarte
el aire que respiras,
iras corriendo detrás de ella
con tu mochila de seducción 
a cuestas, y allí en ese momento
resucitaras de la obscuridad
en que solito, tu te has metido.

Ándale ya, chaval
límpiate esos mocos y camina…

Entrometidas gaviotas…

Las gaviotas sobrevuelan
la playa buscando su alimento,
mientras ellos imperturbables
caminan por la playa,
tomados de las manos.

Son amantes solitarios,
que susurran amor
hasta por los poros,
no existen para ellos
los demás que están
sobre la fina y blanca arena.

Les son invisibles todos
en esos momentos
únicos e irrepetibles,
que los hace plenos
ante el mundo entero.

La vida es un cumulo
de recuerdos gratos,
y ellos guardaran
bajo siete llaves,
la fortuna de declamar
este como uno de ellos.

Bastantes lágrimas
ya han derramado
y secado de sus rostros,
ha llegado al momento
de vivir a pleno
por lo que dure
en esta vida y
también en la próxima.

Mía

Llueve sobre Buenos Aires,
y sigue haciéndolo ahora
como queriendo hacer benigno
el tórrido clima de los días previos.

Loco romántico, empedernido
que escribe sobre el teclado,
sentimientos encontrados
como son la vida, la sociedad
y especialmente el amor
en sus distintos estadios.

El amor pasional, carnal.
El amor filial imposible de abandonar.
El amor a la amistad,
cuando sabemos que es poca y rica.

Así la lluvia y el Nano junto a Sabina,
me resultan la compañía ideal
para hacer volar la imaginación
y pensarte enteramente mía.

Melancolía

Ríos de melancolía acosan
mi mente, arrastrándola
hasta lo más profundo
de aquello que llamamos alma,
cubierta hoy de infinita tristeza.

Cuando tú crees encontrar
en este circular ciclo de la vida,
una compañera que junto a ti
pronuncie esas palabras mágicas,
que nos mantenga unidos 
por un amor sublime y eterno,
te das cuenta que las variables
son las que te manejan siempre,
más allá de ilusiones compartidas.

Siempre dije, que a una edad
uno se habitúa a la soledad
y crea a su alrededor, aquello
que nombramos anticuerpos
contra heridas impensadas,
ya que hemos arrastrado 
por mucho tiempo, más de las deseadas.

Y sin embargo, volvemos a equivocarnos.
¿O soy yo o es ella?
Nadie podrá contestar esta pregunta,
por esta libertad de pensamiento
que hemos respetado hasta 
hace poco tiempo atrás.

La adultez, que creemos
nos hace más sabios,
a veces nos hace sentir
que en ciertos casos,
valen más los prejuicios
y la obscuridad, que la luz plena.

Ay, amor…

Ay amor, que razón tienes
para desconfiar de que mi corazón es tuyo.

Porque razón pretendes negarme
el derecho de gritar amarte.

Que confusión te ha hecho prisionera
al punto tal, de bañarte en esa tristeza.

Cuando sabes que la alegría ha llegado
a dos almas frustradas de estar tan solas,
aun acompañadas de sus amores de la vida.

Cuál será el duende maligno que te envuelve
en pensamientos, que hasta te hacen dudar de ti.

Escucha amor, regálate una sonrisa
y compártela conmigo, aun a la distancia
llegando aquí como una brisa que distancie
esas brumosas nubes con presagio de tormentas.

Solo escucha por las noches
a las olas del mar manso o brutal
contra la costa y sueña que con la espuma
en la arena quedan destellos de mi amor
que te acompaña…

La niña y el bosque

La había perdido 
hacía casi cinco años,
en un descuido suyo
que hacia un calvario
de su vida, en todo momento.

Viven en un bosque,
en donde las cabañas
están dispersas,
en un amplio paraíso
de armonía y tranquilidad
solo supuesto,
desde aquel entonces.

Su hija de cinco años,
se internó en el bosque
y no regreso a la casa.

Vanos e inútiles intentos
suyos y de los policías,
que rastrillaron la zona
sin encontrar a la niña.

Luego de un tiempo,
la fotografía 
de una cara angelical,
paso a ser parte
del álbum de una ONG.

Hoy se cumplían
esos cinco años
de tormentos 
y pensamientos de suicidio.

Se digo a si misma,
que hasta que desfalleciera
iría a buscarla hasta morir.

Penetro en el bosque cerrado,
apiñado sus arboles, 
con las malezas lastimándose
sus muslos y rasgando su ropa.

Kilómetros, tres días
de caminar con descansos
mínimos y espaciados,
sus reservas de agua
se le iba acabando,
ya no tendría siquiera
para volver, no le importaba
tal había sido su promesa.

Desfallecía, cuando en un claro
la luz del sol a pleno,
iluminaba una pequeña choza
construida con ramas y hojas.

No comprendía a quien
se le podría haber ocurrido
asentarse allí, tan alejado
de civilización alguna.

Con temor extremo,
rígidos sus músculos
se acercó despaciosamente,
rodeo primero la choza
y luego, su mano temblorosa
corrió las ramas 
que hacían de entrada.

Un grito ahogado 
desde hace tiempo
subió a los cielos,
encontró a una niña
de diez años…su hija.

Celeste, sorprendida
la observo temerosa
primero, luego al reconocerla
la abrazo fuerte,
susurrándole algo
no muy entendible.

Pero no hacían
faltas las palabras,
después vendrían
los interrogantes
de cómo había logrado
sobrevivir tanto tiempo.

Ahora su dolor y culpa,
se transformaba en dicha
de ese encuentro imposible,
que ella, madre incondicional había hecho posible.