Tengo pareja…pero aun no habla.

Me acosté muy tarde, anoche
un día como esos que son tan exigentes,
que caí desmayado mas que dormido
y la cama parecía estar aguardando.

Como casi siempre los sueños
arribaron esta vez en la piel
de una bella y magnífica mujer,
que me hizo recordar a una de
las escritoras con quien hemos
compartido opiniones y saludos.

Me veía con ella sentados ambos
en una mesa de un parador,
frente el mar azulado verdoso
que arrastraba sus olas como lenguas
absorbiendo la arena que encontraban.

Tomados de la mano bajamos a la playa
nos descalzamos y caminamos por ella,
tomados de la mano haciéndonos mimos
esos que te pierden aunque te resistas.

Hasta que bajo una preciosa luna llena
reflejada en el mar extrañamente calmo,
nos abrazamos y besamos apasionadamente
pero sentí tan extraña su lengua en mi boca.


Abrí inconsciente de madrugada mis ojos,
solo encontré a mi mascota Daysi lamiéndome la cara

El hombre…siempre victimario.

Era a mediados del siglo XIX y ella
poseía tal maravillosa belleza
que parecía no una joven de alcurnia,
era un ángel que había descendido
de los cielos para sentirse halagada.

Su nombre Felicitas, hija de Guerrero
siendo su madre Reizig Ruano,
descendiente de los Hamburgo
aquellos del Imperio Germánico,
de los que sus monstruosas tumbas
son objeto de visitas en la ciudad de Viena.

Felicitas fue casada obligada por su padre
con un amigo a sabiendas de aquel,
que ese hombre tenía cincuenta años
y ella solo dieciocho puros de inocencia,
solo lo motivaba que ese tal Alzaga
era inmensamente rico y esa unión,
le venía a la familia como anillo al dedo.

Con dolor Felicitas aceptó el mandato,
como castigo del cielo parió y perdió
a sus dos hijos varones el último,
al día siguiente de que muriera su padre.

Se convirtió así en una hermosa viuda
y dueña de una inmensa fortuna
con miles de hectáreas de tierras
en Buenos Aires todas ellas radicadas.

Resultaba una obviedad que rondaran
pretendientes cercando a la bella viuda,
uno de ellos de apellido Ocampo
de reconocida familia por su renombre
en la sociedad porteña de aquella época.

Felicitas solo mantenía con el
una relación a distancia y amistosa.

Una tarde paseando por uno de sus campos
“La postrera” una feroz tormenta la atemorizo,
de casualidad apareció un jinete que la tranquilizo
era un tal Saenz Valiente joven estanciero,
y Cupido apareció provocando el mutuo flechazo.

Así fue que anunciaron plenos de felicidad
su compromiso invitando a la celebración,
en la casa de descanso que los Guerrero
poseían en la suntuosa casona de Barracas.

El mismo día de su matrimonio Felicitas
salió y al volver supo que ya estaban los invitados,
subió rápido para cambiarse pero le avisaron
que el tal Ocampo quería conversar con ella,
y solo en privado unos minutos esperándola
en la recepción de la casona, ella dudo de ir
pero saludó a algunos invitados e inocente
se dirigió hacia Ocampo que estallo enardecido,
le pregunto con quien iba a contraer matrimonio
con el o con el arribista Samuel Saenz Valente.

Felicitas no dudo y con firmeza le dio su decisión,
viendo que Ocampo sacaba un arma trató de huir
pero recibió un disparo por la espalda el que produjo
una herida en su omoplato por lo cual agonizo,
muriendo en la madrugada después Ocampo se suicidó
a pesar que otros, dicen que familiares lo mataron.

Felicitas Guerrero sólo tenía veinticuatro años,
era la primera vez que realmente estaba enamorada,
por remordimientos sus padres desconsolados
mandaron a construir la Iglesia de Santa Felicitas
en el mismo lugar en que perdió su vida….

Decídete o prefiero alejarme.

Dime cual es la razón
por la que no te decides,
a tener algo conmigo
conociéndonos hace tanto tiempo.

Ambos solos, con hijos y nietos
y eso que no nos convierte
en personas desechables,
nos que vida por delante
para tomarnos de la mano
juntos iremos hasta la última estación.

Nos encontramos hace más de un mes
nos dimos un abrazo que creo nos estremeció,
distintos sí pero los mismos de hace tiempo
que dejamos de vernos hace casi veinte años.

Cuando te dije que siempre te quise,
te sorprendiste me dijiste de sentirte
extraña por haber sido nuestros matrimonios
aquellos que se frecuentaban cada tanto.

Continuas tu dando vueltas sin tomar una decisión
pero bien te explique ya que no mendigo amor,
respondiste que tu puerta aún está entreabierta,
que te diera tiempo…y me pregunto ¿por qué?

Pero te lo dije hace una semana ya no puedo
seguir esperando que tomes una decisión,
más aún te dije claramente que si no te sientes
por mi, atraída lo digas y sabré comprender.

Es preferible eso y no tener este sabor amargo
en lo más profundo de este corazón mío
.

Inesperado…

¿Recuerdas? Siempre fuiste mi sueño imposible,
desde que éramos niños cuando nuestras madres
cada día se visitaban por ser muy buenas amigas,
nosotros agarrados detrás de ellas con caras de niños
que se preguntaban mientras nos escondíamos,
de que se trataba lo que se hablaban porque luego
si tu y yo les preguntábamos solo nos respondían
“si fueras mas grande te lo explicaría, pero ahora
no entenderías eres demasiado pequeño para decírtelo”.

Ellas no se daban cuenta que nosotros sabíamos más
de lo que suponían ya que pregunta sin respuesta,
nos daba la chance de visitar a mi abuelo “Nonino”
que siempre nos daba la respuesta correcta ¿recuerdas?

Mi abuelo “Nonino” sabía que me gustabas, me lo pregunto
varias veces y al decirle que si, siempre contestaba lo mismo,
ahh…Arturo solo tienes siete años ya tendrás tiempo.

Pero el tiempo pasó nos convertimos en rebeldes adolescentes
y mi decepción fue mayúscula cuando te ví con Julián,
tu compañero de secundaria en un baile de egresados.

Recuerdo que esa noche no pude conciliar el sueño
la rabia en mi interior ardía como una llama del infierno
también se que derrame un par de lágrimas…´pero bueno.


Se que luego dejaste a Julián eras muy codiciada
pero no me enteré luego que tuvieras otra relación,
no te dieron tiempo ya que tus padres te enviaron
a París para que cursaras el Doctorado en la Sorbona,
¿como hija única siempre has sido consentida….¿no?

Y ahora has vuelto de Europa, estas aquí frente a mi
no puedo creerlo la adolescente ahora mujer bonita,
tal como Richard Gere transformó a Julia Roberts
en aquella película que hizo furor ¿hace mucho tiempo ,no?

¡No…espera no te enojes! Ya se que no es tu historia
solo…quise decirlo por lo elegante que te ves y….
además que te he extrañado un montón a pesar
de que nuestras videollamadas han sido semanales.

¿Qué dices? Porqué nunca te dije que me gustabas?
No se… siempre desde niños estuvimos juntos
y creía que a tí yo no te interesaba salvo como amigo,
aquel que escuchaba tus berrinches y te contenía.

¿Qué estabas esperando que llegara este momento,
el de volver? ¿Y por qué tanta ansiedad en ello?
¿Qué a ti siempre te he gustado y te enamoraste
a la distancia, al notarme preocupado de todo
lo que podrías estar viviendo estando sola en París
si bien vivías con otras amigas de la Universidad?


Sé acerca fin de año y es el mejor regalo de Navidad
que podrías traerme después de tanto tiempo -¡tu amor!-
Ven vamos a ver a las “viejas brujas” de nuestras madres
decirles de lo nuestro, algo tan predecible como infartante.

¡Vamos…vamos ya!

Loca ella, loco yo…

Era como aquella canción que nos decía
loca ella, loco yo buscando ambos con simpleza,
aquello que nos habían contado de Woodstock ¨69
un lugar pero en soledad donde el amor y la paz
pudiéramos disfrutarlos en soledad como siempre,
cuando entrabamos en ese trance de amarnos
adorablemente de a ratos, con furia en otros.

Había amanecido soleado en la verde pradera
era un lugar tan perfecto que ni imaginamos,
habíamos llegado al atardecer del día anterior
luego de recorrer con nuestro equipo de trekking
quizás unos diez kilómetros aproximadamente.

Pero la cabaña prestada por un amigo era un sueño
tal como la casa de los enanos de aquel cuento,
por lo cálida y ese penetrante olor a incienso.

Creímos estar en el paraíso, nos miramos
y sin saber porque luego de salir y ver el paisaje,
comenzamos a reírnos como si estuviéramos
viéndonos por vez primera, ahí la subí a mi espalda
aterrizando en esa enorme y mullida cama,
un festival de colores estalló entre nosotros
sin necesidad que Joe Cocker cantara
su mítica versión de “With a Little Help from My Friends…” 

“Una historia de amor”

Me detuve, no podía evitarlo
quedamos enfrentados cara a cara,
quería evitar que me contara una
de las tantas historias que tenía
guardadas en su mente como reliquias
de un pasado para mi, tan lejano.

Fue así pero esta vez una historia
no de aquellas orilleras como las de Borges,
era una de amor entre diferentes culturas
por etnias y religiones de un tiempo
en que mezclarse era una profanación.

El rubio de ojos grises de ascendencia italiana,
ella cabello renegrido con mirada penetrante
con dos ojos almendrados que derretía
hasta las piedras de ascendencia libanesa.

Católico no practicante él, musulmana ella
un amor imposible en donde cada una
de las hermanas de ella fueron entregadas
muy jóvenes a paisanos mayores a cambio
como se decía en aquel tiempo de solvencia.


Pero ella rebelde y enamorada del muchacho
de mirada buena y trato más que amable,
se fue con él contra todas los códigos establecidos,
a ella le negaron la entrada a la casa materna
por tres largos años ya había parido un hijo,
la historia de ese gran amor fue editada
en la famosa y circulante “Caras y Caretas”,
y lo más notable del fin de esa historia
es que el se convirtió en el yerno más querido
por esa madre que cerró la puerta de su casa
a su propia hija pero que fue oportuna al dejarla
sutilmente sin que nadie supiera, entreabierta.

Ayúdanos, por favor…

Te he dicho ya que me tienes agotado
harto de no encontrar en ti un solo gesto,
que me haga pensar si vale la pena esto,
seguir enrollados en un camino que vemos
tan diferentes al igual como nosotros lo somos.

Es a veces, tan difícil que aunar los esfuerzos
de ambos en solo uno para que la relación perdure,
si ya lo se cada uno tienes sus cosas pero es eso que
ni siquiera compartimos por si el otro desea opinar,

Convivimos; somos tan independientes que ni sabemos
lo que el otro hace y hasta veces no recordamos el sabor
de nuestros gustos de helado cuando cada tanto con cada pote
al acostarnos y en silencio nos enganchamos con una película,
que solo nos deja el sabor agridulce del silencio que hiere de muerte
todo aquello que nos unió pensando que arribamos al mismo puerto,
en donde nuestras naves tiraron por la borda las anclas deseando
ahogados en frustraciones por fracasos que esto era lo más maravilloso
al recibir adorablemente a quien sabias llegaría, para contenerte e iniciar
nuevamente ese riesgoso y complicado camino de convivir por amor.

No llores, me siento amándote y fracasado al mismo tiempo,
como antes, como siempre y ya extrañándote si te pierdo,
por favor te pido estoy muy cansado dame como me cuentas
la misteriosa pócima de ese cuento, que nos devuelva a nuestra vida.

Amor fugaz

Cerré los ojos por un momento,
cansado ya de escribir y presenciar
cursos online que me gratifican,
pero también a veces me fatigan
y traje a mi sin preguntarme a esa
fluida memoria que sigue viva,
aquel amor fugaz de primavera,
aquellos días de festejo cuando
siendo jóvenes estudiantes solíamos
reunirnos en los bosques de Palermo,
inmenso e intenso Palermo engalanado
con las cientos de variedades de rosas,
en ese parque diseñado a los inicios
del siglo XX por aquel arquitecto
exquisito y francés Carlos Thays.

Recordé a Elvira, delgadísima ella
con unos ojos miel como botones,
cuando nos sentamos sobre la gramilla
sobre una finita lona que ella previsora,
había llevado. Tomados de la manos
nos fuimos acercando lentamente
hasta que nuestro abrazo dio lugar
a esos primeros besos que aguardábamos
desde aquel primer día en que nos conocimos,

Fue un amor de primavera pero intenso
estuvimos juntos hasta fin de año,
cuando sus padres -era otra época-
le ordenaron que me dejara de ver
y se ocupará solo de su escuela media,

Lloramos juntos un día antes de Navidad,
en el mismo parque y junto al mismo árbol,
donde aquel 21 de septiembre deje grabado
un corazón, nuestros nombres y “por siempre”.

Paula y mi desconfianza…

Sin darse cuenta la seguí
como quien espía a alguien,
por esa desconfianza innata
del ser humano toda la vida.

Paula, jamás me dio motivos
pero sus contestaciones duras
por cualquier pregunta que le hiciera,
me hizo pensar en que algo
no estaba funcionando del todo
bien en lo que había sido nuestro
primer año de convivencia,
en el que nuestra relación
se hizo tan sólida que la alegría
entraba a nuestro pequeño hogar
como estrellas fulgurantes
que fortalecen cada minuto
ese amor entrelazado de a dos.

A ciento cincuenta metros,
la vi entrar a una confitería.


Apure el paso, no deseaba
quedar fuera de lo que pasaba.

Me quede parado en la vereda
de enfrente y cuando observe
hacia la mesa donde estaba,
un frío corrió toda mi columna.

El era un tipo que es inadecuado
que lo diga, pero parecía buen mozo
por sus ropas y la manera en que hablaba
moviendo sus manos acompasadamente.

Pero Paula no le hablaba lo increpaba
según sus gestos y su rostro desencajado,
pensé en cruzar la calle y entrar
pero me contuve, lo considere inoportuno.

Volví a casa la esperaría sin preguntarle
nada ni dónde había estado o hecho,
no hizo falta entró como una tromba
enfurecida y dejó su abrigo en el sofá.


Se acercó a mí y me tomo de las manos,
lo que no dejo de sorprenderme
ahí fue que le dije -¿Qué pasa Paula?-

Simplemente me contesto con una sonrisa
pasa que cada día te amo mas y mas,
pero tuve que resolver un asunto pendiente,
¿recuerdas cuando te hable de Sebastián?

Asentí con un movimiento de mi cabeza,
entonces con su rostro con un tono rojizo
prosiguió- no me preguntes como, pero
consiguió mi número de teléfono, llamándome
los últimos días como una decena de veces,
a pesar de decirle que lo nuestro era pasado.

Insistió tanto que acordamos encontrarnos
el día fue hoy en donde en el cara a cara,
le dije que había encontrado el verdadero amor
en un hombre que sabía que quería y tenía claro
como respetar a una mujer como a una igual,
confiando en ella como bien sabes que confío en ti.

La abrace muy fuerte, hasta se sorprendió
porque exclamo con un ¡hay! por mi manera.
pensé para mi que hubiera pasado si hubiera
cruzado y entrado en ese lugar. Una catástrofe.

Esta sería la última vez me dije a mi mismo
que desconfiaría de Paula ya que conociéndola,
si se diera cuenta de lo que hice se marcharía sin más…