Corazón roto

Pienso en ti y un nudo en la garganta
parece ahogarme sin compasión alguna,
así estoy desde que nos separamos
por esas cosas, que solo los que se aman,
provocan cada tanto confundidos,
de tanto amarse, sin saber hacerlo.

Más que separarnos, me has abandonado
quizás por otro, no lo sé con certeza
pero tan grande es la tristeza que me embarga,
que me vuelvo loco, pensando en cómo recuperarte.

Si has dejado de amarme, nada podré hacer.
Pero sabes, tu recuerdo será una herida
que permanecerá siempre en este corazón mío.

Es solo lluvia…

Comenzó de repente, luego de ese calor agobiante.
Truenos y relámpagos, seguidos de una lluvia torrencial
que golpeaba fuerte sobre los cristales de la ventana,
esa misma ventana desde donde te espero llegar cada día.

Hoy, seguramente vendrás agitada y empapada 
pidiéndome una toalla, para secar no solo tus piernas
sino tu alma sedienta de ese amor que nos profesamos
y nos juramos en este mismo cuarto, donde siempre nos vemos.

Ya diviso tu cabellera trigueña, enmarañada
dando vuelta la esquina, apresurada en llegar.

Bajo rápido, te abro la puerta antes de que toques.
Nos abrazamos, nos besamos y comienzo a secarte.

Como no amarte…

Como no amarte así, apasionadamente
si eres un ángel que llego a mí, para alejarme
de la soledad y el hastió de ser un escéptico
de todo aquello que sucedía a mi alrededor.

Trajiste contigo aire fresco y perfumado
con olores que nunca percibí y has revivido
mi corazón herido, sin atenuantes de años atrás, 
en los que prefería olvidar aquel 
derrotero de defraudación y estafa.

Me has dado en que creer, amor mío
al tenerte a mi lado, siento cuando te alejas
que mi alma se estremece, tal la necesidad
de verte sin asfixiarte y sí mimarte.

Como no amarte amor mío, si has llegado
para convertirme en un hombre nuevamente completo…

Amor en el metro

Te ves hermosa, como cada día

desde aquel en que te conocí.

¿Recuerdas cómo fue aquel momento

y en que situación, amor?

Estabas en la estación del metro,

a metros desde donde yo te miraba.

La frecuencia se hacía esperar

unos minutos más, raro siempre a horario.

En esos instantes, cruzamos nuestras miradas

casi imperceptibles, no obstante mucho nos decían.

Subimos por la misma puerta,

cuando el metro se detuvo en el andén.

Juntos tratamos de acomodarnos

en ese racimo humano que viajaba,

la mayoría como nosotros,

de vuelta con destino a sus hogares,

y sucedió lo inesperado e inmoral.

Un sujeto, donde el rostro lo delataba

se te puso detrás, y comenzó a fregarse.

Te diste vuelta, y pusiste tus brazos

en jarro, para tratar de protegerte.

No puede resistirme, fui a su encuentro

le murmure al oído que sería detenido

en la estación, en que viera a la seguridad.

Como rata miserable, comenzó a caminar

hacia el fondo del vagón, imbécil depravado.

Nos miramos a los ojos, sin bajar la vista

acompañando con nuestras sonrisas,

te dije despacito de tomar un café

me dijiste que sí, dándome las gracias

por lo que había sucedido,

te dije que lo hubiera hecho, fuera quien fuera,

mintiéndote ya que al verte en el andén

ya me habías generado esa emoción tan conocida.

Y aquí nos tienes, cinco años después

juntos con un amor gestado en el metro,

como tantos otros que resultan iniciáticos

en situaciones de las más impensadas…

No le cabía su cuerpo

No le resultaba cómodo
su cuerpo para su interior,
hombres lanzados
cada día la acosaban.

Así había sido concebida
por una madre brasileña
y un padre argentino,
mulata de sangre ardiente
y sonrisa adorable,
con la cadencia 
de Vinicius y Gilberto.

Harta estaba ya
de no poder caminar
por sus calles, tranquila.

Hasta que su gemelo
apareció un día
y le brindo su alma.

Era la pareja perfecta
cuando tomados de la mano,
paseaban por la Plaza de Porto Alegre.

Ah, mulata de mirada latiente
has alcanzado lo que deseaste siempre,
sentirte feliz sin culpa
y lanzarte a ese amor 
recién llegado,
que sabes, te hará feliz para siempre.

Saber escuchar

Sabes, me disgusta
cuando te muestras
como no eres,
creyendo que no veo
que son poses
solo de fotografía.

Conoces que me agrada
la simpleza,
y es por eso te sugiero
que a tiempo, cambies.

No es por mí, es por ti
actúas no siendo autentica
y ello te daña, créeme.

Es tan corta la vida,
y tan simple
para ser feliz
cuando se quiere.

Pero esto no será
si sigues creyendo,
que complementarse
es no negociar
como todo, en una relación.

¿Final anunciado?

La dulce agonía del amor, 
es la consecuencia muchas veces
de no saber escuchar
y mostrar rencor que lo destruye.

Los dos extraños que juntos
se jugaron para tener un futuro,
la responsabilidad a ambos le cabe
de no ignorar al otro, aun creyendo
que sus razones tiene, porque en el amor
no existe el perdón, solo la reflexión
y el tiempo que demande en curar,
las diferencias que cada día, se presentan.

Cuando se cree que el otro, es el enemigo
se pierde ese halo de esperanza en ambos
cualquiera sea, que observan solo 
una respuesta cortante, como si quisiera
herirse a ese sentimiento sublime,
y solo se logra ampliar la distancia
entre esos extraños, que dijeron amarse.


¿Será la historia de un final anunciado?