Ay, amor…

Ay amor, que razón tienes
para desconfiar de que mi corazón es tuyo.

Porque razón pretendes negarme
el derecho de gritar amarte.

Que confusión te ha hecho prisionera
al punto tal, de bañarte en esa tristeza.

Cuando sabes que la alegría ha llegado
a dos almas frustradas de estar tan solas,
aun acompañadas de sus amores de la vida.

Cuál será el duende maligno que te envuelve
en pensamientos, que hasta te hacen dudar de ti.

Escucha amor, regálate una sonrisa
y compártela conmigo, aun a la distancia
llegando aquí como una brisa que distancie
esas brumosas nubes con presagio de tormentas.

Solo escucha por las noches
a las olas del mar manso o brutal
contra la costa y sueña que con la espuma
en la arena quedan destellos de mi amor
que te acompaña…

La niña y el bosque

La había perdido 
hacía casi cinco años,
en un descuido suyo
que hacia un calvario
de su vida, en todo momento.

Viven en un bosque,
en donde las cabañas
están dispersas,
en un amplio paraíso
de armonía y tranquilidad
solo supuesto,
desde aquel entonces.

Su hija de cinco años,
se internó en el bosque
y no regreso a la casa.

Vanos e inútiles intentos
suyos y de los policías,
que rastrillaron la zona
sin encontrar a la niña.

Luego de un tiempo,
la fotografía 
de una cara angelical,
paso a ser parte
del álbum de una ONG.

Hoy se cumplían
esos cinco años
de tormentos 
y pensamientos de suicidio.

Se digo a si misma,
que hasta que desfalleciera
iría a buscarla hasta morir.

Penetro en el bosque cerrado,
apiñado sus arboles, 
con las malezas lastimándose
sus muslos y rasgando su ropa.

Kilómetros, tres días
de caminar con descansos
mínimos y espaciados,
sus reservas de agua
se le iba acabando,
ya no tendría siquiera
para volver, no le importaba
tal había sido su promesa.

Desfallecía, cuando en un claro
la luz del sol a pleno,
iluminaba una pequeña choza
construida con ramas y hojas.

No comprendía a quien
se le podría haber ocurrido
asentarse allí, tan alejado
de civilización alguna.

Con temor extremo,
rígidos sus músculos
se acercó despaciosamente,
rodeo primero la choza
y luego, su mano temblorosa
corrió las ramas 
que hacían de entrada.

Un grito ahogado 
desde hace tiempo
subió a los cielos,
encontró a una niña
de diez años…su hija.

Celeste, sorprendida
la observo temerosa
primero, luego al reconocerla
la abrazo fuerte,
susurrándole algo
no muy entendible.

Pero no hacían
faltas las palabras,
después vendrían
los interrogantes
de cómo había logrado
sobrevivir tanto tiempo.

Ahora su dolor y culpa,
se transformaba en dicha
de ese encuentro imposible,
que ella, madre incondicional había hecho posible.

¿Eres tú?

Mujer… ¿eres tú?
la que me arrastra
hacia ese cielo límpido
salpicado de estrellas
cada noche, cuando sueño
que en tu playa me encuentro.

Seguro lo haces,
para tenerme cerca
y si esa es la razón
mira que coincidencia,
dejo que me lleves
en mis sueños,
ya que solo quiero
estar siempre a tu lado.

Que locura la nuestra,
de la nada hemos construido
un nuevo obelisco de amor,
en cuya cima piramidal
se sienta nuestro querubín,
orgulloso de su trabajo.

Hasta huelo la comida,
que estas preparando
o la salida a cenar
en un lugar pintoresco
y abierto, que me permita
correr las cortinas de mi sueño
y verte reír, feliz de tu momento.

Ríe, canta, baila; amor
que así deseo soñarte.

Esa necesidad de tenernos…

Me dirás que no ha pasado tiempo,
como para extrañarte tanto.

Te sorprenderá como a mí,
que esto se haya dado así,
de una manera casi incomprensible.

Como si nos conociéramos
de toda una vida, pensando ambos
que hace dos meses nos conocemos.

Antes era solo algún contacto circunstancial
o uno de esos mensajitos virtuales
tan comunes en esta era digital.

Pero sabemos, que al amor
no se le buscan las razones
de su existencia, muchas veces
es sorpresivo en llegar a tu vida
y otras, pasa sin darte cuenta.

Pero nos hemos encontrado,
nos queremos, estamos en esa etapa
de enamoramiento genuino,
sanguíneo y tan espontáneo
que no necesitamos siquiera
preguntarnos su razón de ser.

La piel que no es propia

Se ha ido con su hijo,
solo por unos días,
eternidad para ambos
ansiosos por el reencuentro.

Nos soñaremos
cada noche, cuando nuestras cabezas
descansen sobre las almohadas,
pensando en la piel que nos habita
en cómo se ha impregnado cada una
de la otra, espontáneo y furioso.

Centímetros de piel que recorremos
despaciosamente, dando ternura
en cada caricia imperceptible
con las manos rozando solamente
sobre cada cuerpo a lo largo
y a lo ancho, sin dejar de pasar
por milímetro alguno, gozando
de poder hacerlo 
con los corazones latiendo
acompasados y a la vez, apasionados.

Amor carnal

La cama les resulto chica,
por tanta pasión desencadenada.

No era la primera vez,
ya había sucedido.
Pero el sentimiento creciente
se transformaba en un juego
mas que deseado entre los amantes.

El solo pensaba en ella,
célibe por decisión propia
hace ya unos años,
y solo deseaba que la sublimación
del amor, fuera compartida.

Le preguntaba, atrevido
que era lo que más la excitaba
porque todo es válido
en el paraíso terrenal
donde importa solo el amor.

Beso sus pezones,
apretó contra si su cintura,
y abriendo sus piernas
la penetro suavemente primero,
y luego con movimientos
en que las caderas de ambos
confluyeron en una danza de erotismo,
que finalizo cuando el telón cayo
en el mismo momento que ella
alcanzo ese orgasmo tan deseado.

Quedaron abrazados
por largos minutos, agitados
apasionadamente abrazados.
Ella le pregunto a él,
porque no fue un orgasmo compartido.
El busco una respuesta
de compromiso, cuando su mente
solo deseaba que ella renaciera
en ese éxtasis que produce lo carnal.

Él sabe que su tiempo llegara,
porque en el amor,
hay secretos que solo
los amantes conocen
y que sin prejuicios,
culminara en la feroz batalla
en la que los dos
resultaran triunfadores.

Para nosotros…

Es sorpresa, pero más encanto
al haberte preciosa, encontrado.

Sería demasiado decirte
cuantas de mis emociones
han mutado en sentimientos
como aquellos, que hace tiempo
habitaban en mí y se alejaron.

Nos transmitimos energía, placidez
y remanso, cuando la necesidad
de encontrarnos con nosotros mismos,
es lo más relevante de nuestras vidas.

Es el oasis que provocamos
el uno hacia el otro, sin egoísmos
para ambos gozar este presente
que emerge como un cielo límpido,
transparente, que aleja
toda nube que pretenda 
interferir en este amor nuestro
plácido pero a la vez, tan apasionado.

Es el día de los enamorados,
pero para vos y yo
será cada día de nuestras vidas,
en que nos hablamos,
nos contenemos,
nos escuchamos,
nos mimamos,
nos acariciamos,
para finalmente unirnos
en ese hermoso momento,
cuando nuestras almas
más que nuestros cuerpos,
se fusionan
en un estallido multicolor.