Sorprendente hallazgo: descubren una nueva especie de ballena de cuatro patas en Egipto.

Según los investigadores a cargo, estos animales surgieron de mamíferos parecidos a los ciervos que habitaron la Tierra durante 10 millones de años.

Imagen de portada – Científicos egipcios anunciaron que identificaron una nueva especie de este extraordinario espécimen

DR ROBERT W. BOESSENECKER

Hace 43 millones de años, una ballena de cuatro patas vivía en nuestro planeta. El arcaico anfibio, que además de nadar también caminaba por la tierra, es considerado un antepasado de las ballenas modernas.

Este miércoles, científicos egipcios anunciaron que identificaron una nueva especie de este extraordinario espécimen. El fósil del anfibio Phiomicetus anubis fue descubierto originalmente en el desierto Occidental de Egipto. Su nombre fue escogido porque su cráneo se asemeja al de Anubis, el antiguo dios egipcio de los muertos con cabeza de chacal.

Estos animales surgieron de mamíferos parecidos a los ciervos que habitaron la Tierra durante 10 millones de años.

Con un peso estimado de 600 kg y tres metros de longitud, el Phiomicetus anubis gozaba de fuertes mandíbulas para atrapar a sus presas, según un estudio publicado por la revista Proceedings of the Royal Society B. El esqueleto fue encontrado en la Depresión de Fayum, al oeste del río Nilo, por científicos de la Universidad de Mansoura.

Aunque el área ahora es desértica, en algún momento llegó a estar cubierta por el mar y es una rica fuente de fósiles.

El anfibio cuadrúpedo, llamado Phiomicetus Anubis, arroja información sobre la transición de de las ballenas la tierra al océano – Reuters

Nueva especie

“El Phiomicetus anubis es una nueva especie de ballena que constituye un descubrimiento crítico para la paleontología egipcia y africana”, le dijo Abdullah Gohar, el autor principal del estudio, a la agencia de noticias Reuters. Si bien esta no es la primera vez que se encuentra el fósil de una ballena con patas, “Phiomicetus anubis podría ser el primer tipo de ballena semiacuática que se ha descubierto en África.

Hesham Sallam, fundador del Centro de Paleontología de Vertebrados de la Universidad de Mansoura, celebró el descubrimiento y compartió en Twitter la ubicación del hallazgo en el desierto egipcio. La evolución temprana de las ballenas en África sigue siendo en gran parte un misterio, dijeron los investigadores.

Hesham Sallam, fundador del Centro de Paleontología de Vertebrados de la Universidad de Mansoura, celebró el descubrimiento y compartió en Twitter la ubicación del hallazgo en el desierto egipcio.

Se cree que las primeras ballenas evolucionaron en el sur de Asia hace unos 50 millones de años. En 2011, un equipo de paleontólogos en Perú descubrió un fósil de ballena de 43 millones de años con cuatro patas, patas palmeadas y pezuñas.

FUENTE: LA NACIÓN – BBC Mundo News 

Hallan datos culturales y genéticos claves para comprender la prehistoria de Europa.

Un nuevo estudio identificó al menos tres nuevas migraciones que dijeron que desempeñaron un papel fundamental en la evolución del hombre primitivo.

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Imagen de portada: El hallazgo ocurrió en Bohemia, República Checa

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Estudios arqueogeneticos recientes demostraron que los movimientos humanos, como las migraciones y las expansiones, desempeñaron un papel importante en la difusión de las culturas y los genes en la Europa antigua. 

Sin embargo, solo ahora, con investigaciones regionales detalladas y muestreos densos, los expertos empiezan a comprender mejor la magnitud, el ritmo y las implicaciones sociales de estos cambios.

En un nuevo estudio publicado en la revista Science Advances, un equipo internacional de investigadores de los Institutos Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana (Jena) y de Antropología Evolutiva (Leipzig), en Alemania, junto con colegas del Instituto de Arqueología de la Academia Checa de Ciencias (Praga) y otros colaboradores, analizaron los genomas de 271 individuos que vivieron en Bohemia, en la actual República Checa, hace entre 7000 y 3500 años, e identificaron al menos otros tres acontecimientos migratorios que configuraron la prehistoria centroeuropea.

Situada en el centro de las rutas comerciales y estrechamente enclavada en torno a importantes vías fluviales como el río Elba, Bohemia atrajo a muchas culturas arqueológicas diferentes, lo que la convierte en una región clave para comprender la prehistoria de Europa.

Los perfiles genéticos de las personas asociadas a las culturas Funnel Beaker, o cultura de los vasos de embudo, y la de las ánforas globulares muestran evidencias de ser migrantes recientes a la región. 

Este hallazgo demuestra que el periodo entre la llegada de la agricultura y la ascendencia relacionada con la “estepa”, que hasta ahora se consideraba un periodo sin incidentes, fue más dinámico de lo que se pensaba.

El gran tamaño de la muestra del estudio, especialmente concentrado en el Neolítico Tardío y la Primera Edad del Bronce (hace unos 6000-3700 años), también permitió realizar nuevas aportaciones a los procesos sociales. 

Los individuos asociados a la cultura de la cerámica cordada se expandieron desde Europa del Este y luego asimilaron en su cultura a mujeres preferentemente centroeuropeas, dándoles el mismo ritual de enterramiento que a los miembros del grupo inmigrante.

“Por fin pudimos llenar lagunas temporales clave, especialmente en el periodo de transición de hace unos 5000 años, cuando vemos que el paisaje genético cambia drásticamente. Interesantemente, en este horizonte temprano encontramos individuos con altas cantidades de ascendencia ‘esteparia’ junto a otros con poca o ninguna, todos enterrados según las mismas costumbres”, afirmó el investigador Max Planck Wolfgang Haak, autor principal e investigador del estudio.

Una vez establecidos, los individuos de la cultura de la cerámica cordada (hace 4900-4400 años) cambiaron genéticamente a lo largo del tiempo. Una realidad importante parece haber sido la fuerte disminución de la diversidad del linaje del cromosoma Y

Aunque al principio eran portadores de cinco linajes y diferentes, los varones posteriores son portadores casi exclusivamente de un solo linaje, descendiendo esencialmente del mismo hombre en el pasado reciente.

Cráneo humano de la Edad de Bronce, de la cultura Yamnaya, pintado con ocre rojo

Cráneo humano de la Edad de Bronce, de la cultura Yamnaya, pintado con ocre rojo – RASMUSSEN ET AL./CELL 2015

“Este patrón puede reflejar la aparición de una nueva estructura social o regulación del apareamiento en la que sólo un subconjunto de hombres engendraba la mayoría de la descendencia”, dijo el primer autor Luka Papac, investigador del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana.

Esta estructura social parece haber sido aún más estricta en la siguiente sociedad de la cultura del vaso campaniforme (hace 4500-4200 años), en la que cada uno de los hombres muestreados pertenecía a un único linaje recién introducido. 

Sorprendentemente, este linaje Y nunca se había visto antes en Bohemia, lo que implica que un nuevo clon llegó a la región y casi inmediatamente sustituyó todos los linajes Y preexistentes, sin que se encontrara entre los varones de los vasos campaniformes ni un solo linaje de los de cerámica cordada o de sociedades anteriores.

Tradicionalmente se consideró que la cultura Unetice de la Edad de Bronce Temprana desciende de los individuos de la cultura del vaso campaniforme, con una aportación quizás limitada del sureste (cuenca de los Cárpatos). Sin embargo, los nuevos datos genéticos apoyan otro recambio genético procedente de regiones del noreste de Bohemia.

Sorprendentemente, también el 80 por ciento de los linajes Y tempranos de Unetice son nuevos en Bohemia, algunos de los cuales se encuentran previamente en individuos del noreste de Europa, proporcionando pistas sobre su origen. 

“Este hallazgo nos sorprendió mucho a los arqueólogos, ya que no esperábamos ver patrones tan claros, a pesar de que la región desempeñó un papel fundamental, por ejemplo, en el incipiente comercio del ámbar del Báltico y se convirtió en un importante centro de comercio durante las Edades del Bronce y del Hierro”, añadió el coautor y co-investigador Michal Ernée, de la Academia Checa de Ciencias.

Los resultados muestran una imagen muy dinámica de la prehistoria de Europa Central, con muchos y frecuentes cambios en la composición cultural, biológica y social de las sociedades, lo que pone de manifiesto el poder y el potencial de los estudios de alta resolución a escala regional. 

No obstante, según los investigadores, sigue siendo un reto comprender las razones y los mecanismos socioeconómicos, medioambientales y/o políticos que subyacen a estos cambios, lo que ofrece un amplio margen para futuros estudios interdisciplinares sobre la prehistoria de Europa.

FUENTE: LA NACIÓN – Noticias de Europa Press 

Descubren en China dos nuevas especies de dinosaurios del tamaño de una ballena azul.

(CNN) — Los científicos confirmaron el descubrimiento de dos nuevas y enormes especies de dinosaurios en el noroeste de China, unos de los primeros vertebrados descubiertos en la región, según un nuevo estudio publicado el jueves.

En los últimos años han aparecido varios fósiles en la región noroccidental de China, incluyendo Xinjiang y la cuenca de Turpan-Hami. Los fósiles contienen varios pterosaurios (reptiles voladores), huevos y embriones conservados, así como fragmentos fósiles de vértebras espinales y cajas torácicas, que los científicos identificaron inicialmente como pertenecientes a tres dinosaurios misteriosos.

Desde entonces, los investigadores han determinado que dos de esos especímenes pertenecían a especies hasta ahora desconocidas, que han bautizado como Silutitan sinensis (“silu” significa “ruta de la seda” en mandarín) y Hamititan xinjiang ensis, en alusión a la región en la que se encontraron. Ambos incorporan la palabra griega “titan”, que significa “gigante”, en referencia a su tamaño.

Se calcula que el espécimen de Silutitan medía más de 20 metros, mientras que el de Hamititan medía 17 metros. Esto hace que los dinosaurios sean casi tan grandes como las ballenas azules, que miden entre 23 y 30 metros, dependiendo del hemisferio en el que se encuentren.

Los investigadores, de la Academia China de Ciencias y del Museo Nacional de Brasil, publicaron sus hallazgos en Scientific Reports, que forma parte de la familia de revistas Nature.

Hamititan xinjiang ensis (izquierda) y Silutitan sinensis (derecha), representados en una ilustración artística.

Los fragmentos fósiles se han datado en el período Cretácico temprano, hace entre 120 y 130 millones de años. Las dos nuevas especies pertenecen a la familia de los saurópodos, un grupo de dinosaurios herbívoros conocidos por sus característicos cuellos largos, y que fueron los animales más grandes que jamás caminaron por la Tierra.

Aparte de una especie de pterosaurio y un diente de terópodo, estos dos dinosaurios son también los primeros vertebrados de los que se tiene constancia en esta región, “aumentando la diversidad de la fauna así como la información sobre los saurópodos chinos”, señala el estudio.

El tercer espécimen estudiado por los investigadores no es una especie nueva, sino que podría tratarse de un saurópodo somofondino, un grupo de dinosaurios que vivió desde finales del Jurásico hasta el Cretácico tardío.

Los investigadores han realizado varios descubrimientos en China en las últimas décadas, lo que ha arrojado más luz sobre la diversidad de los saurópodos en el este de Asia, según el estudio, aunque todavía se debate sobre las relaciones entre las especies y su clasificación taxonómica, y dónde se encuentran en el árbol genealógico de los dinosaurios.

China está viviendo una edad de oro de la paleontología, con emocionantes descubrimientos de fósiles repartidos por todo el país; a principios de este año se encontró un dinosaurio conservado sentado sobre un nido de huevos con embriones fosilizados en el sureste de China, mientras que el pasado mes de septiembre se descubrió otra nueva especie en el noreste del país.

FUENTE: CNN en Español Por Jessie Yeung

Mtoto, el entierro de un niño de tres años que revela el funeral más antiguo del mundo.

Hace 78 mil años, una madre acostó a su bebé por última vez. En una cama de tierra, con un velo especial, Mtoto encontró su lugar de perpetuo descanso.

África es un campo fértil para descubrimientos arqueológicos. No es extraño encontrar vestigios de humanos en el sistema de cuevas conocido como ‘Cuna de la Humanidad’, en Sudáfrica, donde diversos científicos identifican el origen de nuestra especie. El reciente hallazgo de la tumba de Mtoto, un niño encontrado al sureste de Kenia, es prueba fehaciente de esto.

Restos de un niño de 78 mil años

En swahili, «Mtoto» se traduce como niño. De acuerdo con el equipo de investigadores que lo hallaron en Kenia, sus restos datan de hace 78 mil años y forman parte del funeral más antiguo del que se tiene registro hasta hoy.

La tumba de Mtoto se encontró a unos 16 kilómetros de la playa en Kenia. Se trataba de un niño de apenas dos o tres años. Sin embargo, lo que verdaderamente destaca del entierro fue el cuidado con el que fue dispuesto, en ese pasado tan remoto.

De acuerdo con los científicos, el niño perteneció a una vieja comunidad de Homo sapiens que, en busca de comida y mejores condiciones climáticas, pudo haberse asentado en la actual zona costera de Kenia. Si bien es cierto que existen ejemplos más antiguos en Europa y Asia, ninguno se había encontrado con tal detalle de preparación, como si hubiera sido parte de un rito funerario.

Paul Pettitt, un experto en entierros del Paleolítico que no participó en la investigación, lo describió sencillamente como «muy impresionante» para National Geographic. No sólo por la manufactura de la tumba, sino por las pistas que revela a propósito del pensamiento mágico y el sentir de los seres humanos primigenios con respecto a la muerte.

Pensamiento mágico y prácticas rituales prehistóricas

Mtoto

Así se ve la cueva en donde fue encontrada la tumba de Mtoto. Foto: MOHAMMAD JAVAD SHOAEE

Si alguna certeza tenemos como seres humanos, es que la muerte nos espera. Esta seguridad parece haber acompañado también a los seres humanos prehistóricos, que conformaban sus comunidades en torno a la caza y a la recolección. Sin embargo, parece ser que esta premisa flaqueaba en torno al fallecimiento accidental de niños y bebés.

El sistema de cuevas Panga ya Saidi, lugar en donde se encontró la tumba de Mtoto, da indicios claros del dolor que acompañó a las madres en aquel pasado remoto al perder a sus hijos pequeños. Envueltos de manera ceremonial, los restos del niño parecen haber estado preparados para pasar a mejor vida. En torno suyo, se encontraron herramientas de piedra, cuentas de conchas y restos de animales sacrificados, posiblemente con motivo de su deceso.

Los restos del niño eran demasiado frágiles para transportarse a un laboratorio para su análisis, después de las múltiples excavaciones realizadas en el sitio. Por esta razón, sólo se tienen reconstrucciones digitales de lo que fueron sus huesos: los investigadores privilegiaron su preservación in situ para evitar una posible pérdida de material al relocalizarlo.

Mtoto: el niño dormido

Esta reconstrucción virtual muestra la posición original de los huesos de un niño en una tumba keniana excavada hace unos 78.300 años, lo que lo convierte en el entierro humano más antiguo conocido de África.

Ilustración Imagen portada: JORGE GONZÁLEZ, ELENA SANTOS

Al enterarse de la existencia de los restos orgánicos de Mtoto, María Martinón-Torres, directora del CENIEH, no pudo ocultar su sorpresa: “Todo estaba en su lugar”, dice la experta, quien dirigió la investigación. “No era solo un fósil. Tenemos un cuerpo. Tenemos un niño».

Para entonces, ya se habían exhumado la totalidad de su columna vertebral perfectamente articulada, así como la base de su cráneo.

Los científicos a cargo de Martinón-Torres se percataron de que todavía quedaba la mandíbula inferior del niño, así como las raíces de sus dientes primarios.

En otro bloque próximo, se encontraron las costillas y algunos huesos de los hombros, que conservaban sus posiciones anatómicas naturales.

“Los huesos se estaban convirtiendo literalmente en polvo”, dice Martinón-Torres.

«Llegamos justo a tiempo, antes de que finalmente desaparecieran». Dada la relación de la cabeza con las vértebras cervicales, los expertos determinaron que el cuerpo había sido envuelto en un velo después de ser acostado sobre alguna especie de almohada, que se perdió con el paso del tiempo.

Por esta razón, Mtoto fue apodado como “el niño dormido”.

Según los científicos, sus restos podrían revelar —así como los de otros casos similares— un extenso pensamiento trascendental de los seres humanos primigenios.

El cuidado con el que   fue dispuesto no sólo evidencia del dolor de los padres, sino la esperanza de que su hijo hubiera cruzado un umbral hacia otro mundo.

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC en ESPAÑOL – Por Andrea Fischer

EL MONTECARLO DE LA ANTIGÜEDAD: ¿HACÍAN LOS ROMANOS TURISMO DE LUJO?

Para evitar pensar de forma errónea que los periodos vacacionales efectuados en lugares exclusivos y de manera distinguida pertenecen al presente o han sido inventados hace relativamente poco tiempo, basta con fijarse en las lujosas y pioneras costumbres de los romanos.

El lujo y la distinción siempre han sido la marca de la clase dominante, desde que el ser humano comenzó, desde la llamada «revolución cognitiva» de hace 70.000 años, hasta su paso a sociedades complejas y marcadas por referentes míticos que las cohesionan.

En su espléndido “Sapiens” (Debate 2016), Yuval Noah Harari habla de la «trampa del lujo» en la que cayó el ser humano cuando se pasó de las sociedades de cazadores-recolectores a las grandes organizaciones urbanas que engendrará la revolución agrícola.

La huida hacia delante social y alimenticia, y la necesidad de representación de gobernantes o administradores, conlleva nuevas estratificaciones, aglomeraciones y marcas de distinción.

La clásica «Histoire du luxe», de H. Baudrillart, habla, en lo moderno, de cuatro dimensiones explicativas del gusto por el lujo en la historia del ser humano, la sensual, la ostentosa, la de ornamentación y la pasión por el cambio.

Grandes orgías romanas

Grandes orgías romanas ARCHIVO

Todas ellas sirven para marcar la diferencia con los de más abajo en la escala social.

A estas perspectivas, en «El nuevo lujo» (Taurus, 2014), Yves Michaud añadía el lujo experiencial como definitorio de nuestra postmodernidad, una nueva dimensión filosófica que tiene que ver con las «experiencias de usuario» más allá de lo común, no tanto con el uso de objetos lujosos para la distinción social; siguiendo los pasos teóricos del «arte en estado gaseoso» y de la “deconstrucción” de la gastronomía, en una estética difusa y refugiada en la experiencia, el lujo de hoy consistiría en la experiencia.

El criterio del gusto

Otros teóricos como Thorstein Veblen («Teoría de la clase ociosa», FCE, 2002) o Gilles Lipovetsky y Elyette Roux («El lujo eterno», Anagrama, 2004) nos dan otras claves para entender el lujo desde el crucial siglo XIX a la cultura de masas contemporánea.

Si la perspectiva clásica toma el criterio del gusto como manifestación del discernimiento, desde el punto de vista socioeconómico fue el sociólogo Pierre Bourdieu el que estableció en «La distinción» (1979) la definición del gusto en relación con la posición social mediante lo que denomina «habitus», un conjunto de prácticas o estilos de vida que marcan las relaciones de los grupos con la estructura social: ahí está el turismo exótico, por supuesto. «En la clase dominante –dice el autor– se puede, para simplificar, distinguir tres estructuras de consumos distribuidas en tres categorías principales –si se quiere, tres “maneras de distinguirse”–: alimentación, cultura y gastos de presentación de sí mismo y de representación».

Pues bien, se puede argumentar todas las perspectivas del lujo –también la experiencial– pueden hallarse antes de la modernidad en la sociedad seguramente más moderna de la antigüedad, la que más se parece a nosotros: el siempre inefable e inevitable Imperio Romano.

Mucho más que en Grecia, donde también destacaron grandes lujos, son los personajes históricos romanos –Craso, Cicerón, Tiberio, Plinio– los que, acaso también proverbialmente, nos recuerdan sobremanera las múltiples perspectivas del lujo de hoy: desde el coche de alta gama al casino de Montecarlo, desde el yate o el jet de millonarios al reloj carísimo o la especulación inmobiliaria de grandes villas desde Cerdeña a Sunset Boulevard. Todo esto lo anticiparon, como tantas otras cosas, los romanos. 

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La idea clásica de vivir «por el lujo o el placer» se remonta, más allá de los epicúreos –que erróneamente tuvieron la mala fama de un hedonismo desmesurado– al filósofo Aristipo de Cirene, un extraño discípulo de Platón  que, en pleno siglo IV a.C. teorizó sobre los dos afectos que mueven al hombre, el sufrimiento y el placer. 

Desde entonces, la idea de buscar el placer de los sentidos en la vida ha tenido una reputación ambivalente en la historia de las ideas y un reproche al exceso que siempre se dirigía hacia oriente pasando por alto el lujo propio: los griegos acusaban de excesiva indulgencia y lujo («tryphe») a los persas y orientales a los que contraponían su filosofía de vida más sencilla.

En la época republicana, los romanos se pretendieron más austeros que los griegos y orientales y censuraban, con Catón, la «luxuria» filo helena.

Pero a la par proliferaron las grandes villas de los miembros de la «nobilitas» que cultivaban la buena vida y la filosofía griega (notorio es el caso de Verres o de Lúculo, cuya mesa, de opulencia proverbial, encarnaba ese lujo excesivo).

Desde que, en el siglo V a.C., la Atenas de Pericles se ganó la reputación de ser «la escuela de Grecia», como dice el famoso discurso del estratego que transmite Tucídides, se genera una oleada, especialmente a partir del siglo II a.C., por realizar una suerte de «Grand Tour» de los jóvenes romanos de buena familia con la capital ática como meca. 

Se puede imaginar bien la admiración mitómana de los visitantes procedentes de la nueva gran potencia, los hijos de la «nobilitas» patricio-plebeya, que estaban destinados a regir la política, la milicia y la economía de Roma, al poner el pie en la meseta de la sagrada colina ateniense.

En plena «pax romana»

De modo comparable a los jóvenes aristócratas centroeuropeos de los siglos XVIII y XIX, los romanos ricos o destinados a la política –como el propio Cicerón– iban de viaje de estudios al Oriente helenizado para aprender y practicar la retórica y la filosofía griegas. 

Otro destino mítico era Egipto, con Alejandría a la cabeza, un lugar de turismo científico y estudiantil y vistas panorámicas a la par. Egipto ofrecía a los romanos un exótico paisaje, las maravillas faraónicas, la Biblioteca y el Museo y un modo de vida diferente tras un viaje relativamente fácil: había numerosos barcos que, en la temporada de navegación, surcaban el Mediterráneo desde Puteoli (actual Pozzuoli, cerca de Nápoles) a Alejandría, en un viaje que, con buen viento, era de al menos doce días, o nueve, según Plinio el Viejo, en el caso más rápido.

Los veloces transportes romanos ponían las provincias del Oriente, y sus maravillas, desde Pérgamo a Alejandría, al alcance de la élite merced a los fletes y a la red de calzadas.

Esta suerte de «turismo romano» alcanzó su punto culminante en el siglo II, en plena «pax romana». Pero los ricos también tenían a su disposición villas lujosas y estaciones termales a los que acudían cada verano para huir de las condiciones de hacinamiento e insalubridad de Roma, desde el Lacio a la bahía de Nápoles. 

La red de villas de los poderosos era impresionante, como Lúculo o Cicerón en Tusculum, Horacio en Sabina (esta vez, un regalo de Mecenas) o Plinio en Etruria: las clases medias también podían alquilar casas o habitaciones en las costas de la Campania aunque ciertamente no podían competir con el lujo de los patricios.

O de los emperadores: recordemos el voluptuoso retiro de Tiberio y Calígula en Capri –antecedente de la fama decimonónica de la isla–, los devaneos turísticos de Adriano en su villa y en su «tournée» por Egipto en compañía de su amado, o el turismo mitómano en pos de Alejandro y de Troya de diversos generales y príncipes romanos, como Augusto o Caracalla.

Mujeres romanas

Mujeres romanas ARCHIVO

Tras esta edad de oro, entre los siglos II a.C. y d.C., los viajes en el mundo romano también se extendieron a lo largo de la antigüedad tardía –campo de estudio de la Asociación Barbaricum en la UCM–, con especial énfasis en un oriente percibido como lujoso y sensual.

Un pasaje de las «Vidas de Sofistas» de Eunapio (s. IV) habla del turismo en Egipto recordando a «la muchedumbre de celebrantes que baja desde Alejandría hasta el canal, pues todo el día y toda la noche está lleno de gente que toca la flauta en los barquitos y baila desenfrenadamente de manera extremadamente lasciva, tanto hombres como mujeres, junto con la gente de Canopo, que tiene recintos situados al borde del canal apropiados para tal relajación y festejo» (cito la excelente traducción de Marco Alviz).

Y es que Canopo ya era sinónimo, para Séneca y Juvenal, de placer, lujo y desenfreno. De Tusculum a Egipto, los romanos buscaron su Montecarlo ideal (con alguna parada intermedia en Nápoles y Pompeya).

Como se ve, el lujo es una constante antropológica que se remonta a antiguos estadios de la humanidad, desde los túmulos escitas, ricos en oro, a las modas del siglo XVIII como marca de ostentación. Roma, en tantas cosas precedentes de nuestro mundo, es un ejemplo claro de lujo de élite y turismo «avant la lettre».

FUENTE: larazon.es Noticias de DAVID HERNÁNDEZ DE LA FUENTE. MADRID

Descongelando a Ötzi, el hombre de hielo.

Vive la autopsia al hombre congelado desde hace 5.300 años a través de las fotografías de Robert Clark.

1 / 22  – El hombre de hielo

El brazo del hombre del hielo se descongela sobre una lámina de papel de aluminio esterilizado.

Foto: Robert Clark

2 / 22 – Modelo de Ötzi a tamaño natural

A partir de escáneres 3D del esqueleto y otros datos anatómicos del Hombre del Hielo, Adrie y Alfons Kennis crearon un modelo a tamaño natural. Los científicos pensaban que sus ojos eran azules; ahora el ADN indica que eran marrones.- Foto: Robert Clark

3 / 22

El calzado

Llevaba calzado de cuero y paja (arriba), unido con fibras de corteza.

Robert Clark

4 / 22

Acción bacteriana

Después de trasladar el Hombre del Hielo a un laboratorio, los investigadores subieron la temperatura a 18 ºC para descongelarlo sobre una lámina de papel de aluminio esterilizado. El cuerpo fue colocado en el interior de una caja hecha a medida para dar cabida a los pies, que estaban entrecruzados, y al brazo izquierdo, extendido en una posición inusual. Los ocho decilitros de agua derretida, recogida durante la descongelación a lo largo de toda una noche, está siendo analizada para certificar si algunas bacterias adaptadas al frío contribuyeron a la descomposición de la momia.

Robert Clark

5 / 22

Autopsia en frío

Tras una autopsia en el Museo de Arqueología del Sur del Tirol en Bolzano, Italia, que duró nueve horas, el Hombre del Hielo descongelado fue sometido de nuevo a una temperatura de -6 ºC. Posteriormente será depositado sobre la gran lámina de vidrio en la que yace expuesto al público.

Robert Clark

6 / 22

Alpes de Ötztal

La flecha señala el lugar donde unos montañistas descubrieron en 1991 el cuerpo momificado, asomando del hielo de un glaciar en una hondonada rocosa a 3.200 metros de altitud. Alrededor había varios objetos calcolíticos. El lugar, en la vertiente italiana de los Alpes de Ötztal, dio pie al apodo del Hombre del Hielo: Ötzi.

Robert Clark

7 / 22

Museo de Arqueología del Sur del Tirol de Bolzano

En su rígido y gélido reposo, el Hombre del Hielo se aloja en una cámara similar a un iglú, en el Museo de Arqueología del Sur del Tirol de Bolzano, Italia. A seis grados bajo cero y 98,5 % de humedad relativa, reproduce el entorno glacial donde fue hallado y que lo preservó durante más de cinco milenios.

Foto: Robert Clark

8 / 22

A la vista de todos

Tras una autopsia en el Museo de Arqueología del Sur del Tirol en Bolzano, Italia, que duró nueve horas, el Hombre del Hielo descongelado fue sometido de nuevo a una temperatura de -6 ºC. Posteriormente será depositado sobre la gran lámina de vidrio en la que yace expuesto al público.

Foto: Robert Clark

9 / 22

Las causas de la muerte

Eduard Egarter Vigl (señalando) y sus colegas exploran con un endoscopio la punta de la flecha alojada en el hombro del Hombre del Hielo. La flecha le seccionó una arteria y le causó una hemorragia mortal.

Robert Clark

10 / 22

Complicaciones médicas

Los neurocirujanos extrajeron trozos de un coágulo, que hacen pensar en un traumatismo encefálico antes de morir.

Foto: Robert Clark

11 / 22

Un buen trabajo forense

Escrutado y diseccionado durante nueve horas seguidas, los científicos lograron reunir abundantes pistas biológicas sobre la vida y la muerte del Hombre del Hielo.

Fofo: Robert Clark

12 / 22

Tatuajes curativos

La cruz tatuada cerca de la rodilla pudo ser un remedio popular contra la artritis.

Fofo: Robert Clark

13 / 22

Un buen comensal

Al ver los restos de su última comida en el estómago (en tubos de ensayo), uno de los médicos exclamó: «¡Tenía buen apetito!».

Foto: Robert Clark

14 / 22

Momificado por segunda vez

Minutos antes de colocar el Hombre del Hielo de nuevo en su lugar de exhibición, el patólogo Eduard Egarter Vigl rocía la momia con una fina capa vaporizada de agua esterilizada, que se congela al entrar en contacto con el cuerpo y forma una brillante película que lo protege de la contaminación y reduce la deshidratación.

Foto: Robert Clark

15 / 22

Primeros auxilios

Dos trozos de hongo yesquero del abedul ensartados en tiras de cuero, tal vez utilizados para detener hemorragias y prevenir infecciones, formaban parte de su botiquín.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

16 / 22

Defensa y supervivencia

La daga del Hombre del Hielo tenía una hoja de pedernal y una funda.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

17 / 22

Muestras de respeto

El hacha con hoja de cobre, poco habitual entonces, sugiere un estatus social elevado.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

18 / 22

Armas arrojadizas

Dos flechas servían para cazar y como defensa personal.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

19 / 22

Una aciaga primavera

La hoja de arce se usó para envolver brasas; la clorofila que contiene indica que se recogió aún verde, probablemente a finales de la primavera.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

20 / 22

Calzado milenario

Los zapatos, con paja en el interior para el frío, piel de ciervo en la parte superior y suela de piel de oso, son de los más antiguos que se conocen.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

21 / 22

Misterios por resolver

La cuerda enrollada, posiblemente para un arco, continúa siendo un misterio.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

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Adaptado a un entorno hostil

El modelo de los artistas Kennis refleja la dureza de la vida del Hombre del Hielo y las probables huellas que los estragos del tiempo dejaron en su cuerpo de cuarenta y tantos años. Pese a los esfuerzos, los científicos no pudieron penetrar la carne momificada lo bastante como para llegar a la última pista que podría resolver el misterio de su muerte: la punta de flecha que lo mató.

Foto: Robert Clark

Poco después de las seis de la tarde de un lluvioso día de noviembre de 2010, dos hombres vestidos con batas verdes de quirófano abrieron la puerta de la cámara del Museo de Arqueología del Tirol del Sur, en la ciudad italiana de Bolzano, donde reside el Hombre del Hielo. Colocaron el cuerpo congelado sobre un carro de acero inoxidable para transportar camillas. Uno de ellos era un joven científico llamado Marco Spadelli. Normalmente, su trabajo consiste en mantener a la famosa momia calcolítica en las mismas con­­diciones que la preservaron durante 5.300 años tras su muerte en una montaña cercana. Aquel día, sin embargo, Samadelli había subido la temperatura del pequeño laboratorio a 18 °C.

Con él estaba Eduard Egarter Vigl, un patólogo de la ciudad conocido informalmente como el «médico de cabecera» de la momia. Mientras Egarter Vigl manipulaba el cuerpo con una familiaridad asombrosa, un grupo de médicos y científicos se apiñaba a su alrededor en el reducido espacio, disponiéndose a hacer lo impensable: descongelar al Hombre del Hielo. Al día siguiente, en una sucesión de intervenciones quirúrgicas realizadas con la urgencia que se reserva a los humanos en situación crítica, efectuarían la primera autopsia completa del cuerpo descongelado, con la esperanza de arrojar nueva luz sobre el misterio de la identidad del Hombre del Hielo y los motivos de su muerte violenta.

Egarter Vigl y Samadelli trasladaron el cuerpo a una caja hecha a medida, forrada con papel de aluminio esterilizado. En condiciones de congelación, la piel de la momia, de color caramelo, tenía un brillo solemne que recordaba las imágenes medievales pintadas al temple. Con el brazo izquierdo agónicamente extendido y los pies superpuestos como los de un crucificado, presentaba una postura que no habría desentonado en un retablo del siglo XIV. En unos instantes, sobre su cuerpo empezaron a formarse perlas de agua que parecían gotas de sudor.

No era la primera vez que el Hombre del Hielo era sometido a un intenso escrutinio científico. Cuando los austríacos rescataron la momia en 1991, los científicos de Innsbruck le practicaron una extensa incisión en la zona baja del torso como parte de su investigación inicial, además de varios cortes en la espalda, la parte superior del cráneo y las piernas. Después se determinó que la hondonada de roca gris donde fue hallado el cuerpo estaba en el lado italiano de la fron­tera con Austria, por lo que fue trasladado, junto con todos los objetos que lo rodeaban, a Bolzano. Desde entonces, en esta ciudad se han llevado a cabo numerosas exploraciones menos invasivas de los restos de la momia: radiografías, tomografías computarizadas y un análisis del ADN mitocondrial. La revelación más sorprendente llegó en 2001, cuando el radiólogo Paul Gostner observó un detalle que había pasado inadvertido en las imágenes: una punta de flecha alojada en el omóplato izquierdo, lo que sugería que le habían disparado por la espalda. El trabajo posterior de Gostner y su equipo con aparatos de escáner más potentes reveló que la flecha había perforado una arteria importante de la cavidad torácica, lo que le causó una hemorragia que debió de ser casi inmediatamente mortal. El humano cuyos restos se han conservado intactos accidentalmente más antiguo fue víctima de un asesinato perpetrado con brutal eficacia.

Los enemigos del Hombre del Hielo tuvieron un altercado con él en el valle

Otros científicos aportaron más detalles biográficos. Por el análisis de las trazas de elementos químicos en los huesos y dientes, se supo que Ötzi (apodo con el que se le conoce) creció al nordeste de Bolzano, posiblemente en el valle del río Isarco, y vivió de adulto en el valle de Venosta. El polen hallado en su cuerpo reveló que sus últimas horas transcurrieron en primavera, y que su último viaje fue a lo largo de un sendero que ascendía por el valle del Senales hacia un paso alpino situado al oeste del glaciar Similaun. El examen de una mano reveló una lesión parcialmente curada, atribuible a una herida causada en una lucha anterior. El análisis del ADN de los restos de comida hallados en los intestinos (aparentemente el estómago estaba vacío) indicó que antes de morir había comido carne roja y un tipo de trigo. Combinando todos los datos, los científicos formularon la teoría de que los enemigos del Hombre del Hielo tuvieron un altercado con él en el valle, al sur del paso, lo siguieron y lo alcanzaron en la montaña, donde el cuerpo fue descubierto más de 5.000 años después.

Era una buena historia, que coincidía con los datos disponibles, hasta que Gostner examinó con mayor detenimiento los intestinos de Ötzi. Ya jubilado, el radiólogo siguió estudiando las tomografías en su casa, como un hobby, y en 2009 llegó al convencimiento de que los científicos habían confundido el colon vacío de la momia con su estómago, que se había desplazado hacia arriba, dentro de la caja torácica, y que según él parecía estar lleno. Si Gostner estaba en lo cierto, el Hombre del Hielo había ingerido una comida copiosa, y presumiblemente con tranquilidad, minutos antes de su muerte, algo que no haría una persona perseguida por enemigos armados.

«Gostner vino a visitarnos y nos dijo que él creía que el estómago estaba lleno –explica Albert Zink, director del Instituto para las Momias y el Hombre del Hielo del EURAC, en Bolzano, quien supervisó la autopsia el pasado mes de noviembre–. Pensamos, de acuerdo; debemos abrirlo y conseguir una muestra del estómago.» Tras pensarlo mejor, Zink y sus colegas idearon un plan más ambicioso: un estudio completo, de pies a cabeza, con siete equipos independientes de cirujanos, patólogos, microbiólogos y técnicos, sin practicar nuevas incisiones a la momia. Accederán al interior del cuerpo a través de las «ventanas austríacas», como llaman a los cortes excesivamente entusiastas realizados por los pri­meros investigadores. «Lo haremos una vez –dijo Zink–, y nunca más por muchos, muchos años.»

«Esto es el cerebro», anunció el neurocirujano Andreas Schwarz, mientras maniobraba un neuroendoscopio en la cabeza del Hombre del Hielo. Como los otros científicos en la sala, Schwarz llevaba unas gafas 3D, y a medida que despla­zaba lentamente el instrumento hacia las profundidades del cráneo, en un monitor se iban formando borrosas imágenes tridimensionales. Era poco más de la una de la tarde, y la momia ya había sido sometida a seis horas de manipulación, ex­­ploración, medición y toma de muestras. Los equipos quirúrgicos habían extraído fragmentos de los músculos y pulmones. Habían practicado un orificio en la pelvis para coger tejido óseo y analizar el ADN. Habían explorado el tórax, intentando aproximarse a la punta de flecha y el tejido circundante. Incluso habían conseguido muestras de vello púbico. La piel había perdido su brillo y presentaba un aspecto mate y correoso.

Los neurocirujanos estaban explorando el interior del cerebro para comprobar si una sombra misteriosa en la parte posterior del cráneo que habían observado en un TAC anterior podría ser un hematoma interno, señal de un golpe en la cabeza. Pero el endoscopio se topaba constantemente con cristales de hielo que empañaron la lente de la cámara. Al cabo de una hora, el equipo dio por concluido el trabajo, sin tener la seguridad de haber conseguido una muestra útil.

Los intentos iniciales de explorar el estómago también fueron frustrantes. Peter Malfertheiner, de la Universidad Otto-von-Guericke de Magdeburgo, trató de llegar al estómago introduciendo un endoscopio por la garganta, pero cinco milenios de atrofia y momificación bloquearon la vía. Egarter Vigl optó por una estrategia menos delicada. A través de la «ventana austríaca» más grande, en la parte baja del torso, metió una mano enguantada en las entrañas del Hombre del Hielo y extrajo dos trozos grandes de comida sin digerir. Después, con una cuchara de cocina, retiró varias decenas de gramos más del contenido del estómago.

Al final de la jornada, el congelador del laboratorio rebosaba con 149 muestras biológicas. En cuanto la autopsia hubo concluido, Samadelli bajó la temperatura del laboratorio por debajo del punto de congelación. A la mañana siguiente, Egarter Vigl y él volvieron a depositar la mo­­mia en su tecnológico iglú y cerraron la puerta.

La autopsia les había llevado nueve horas. El análisis del material obtenido les llevaría años. Las primeras revelaciones se dieron a conocer en junio, cuando Zink y su equipo presentaron algunos de los primeros hallazgos. Gracias al ADN del fragmento del hueso pélvico, el Hombre del Hielo se ha unido al reducido grupo de seres hu­­manos, en el que figuran los eminentes biólogos James D. Watson y J. Craig Venter, cuyos genomas han sido secuenciados con exquisito detalle.

Los resultados genéticos aportan a la vez in­­formación e intriga. Por sus genes, sabemos que el Hombre del Hielo tenía el pelo castaño y los ojos marrones, y que probablemente tenía intolerancia a la lactosa, por lo que no podía digerir la leche, lo que no deja de ser irónico si tenemos en cuenta las teorías de que era un pastor. Como cabía esperar, está más emparentado con la po­­blación actual del sur de Europa que con la del norte de África u Oriente Medio, y tiene un parentesco estrecho con las poblaciones modernas, geográficamente aisladas, de Cerdeña, Sicilia y la península Ibérica. Asimismo, el ADN reveló variantes genéticas que indican un riesgo elevado de arteriosclerosis. Uno de los hallazgos más sorprendentes es la huella genética de la bacteria Borrelia burgdorferi en el ADN del Hombre del Hielo, lo que lo convierte en el caso más antiguo conocido de persona parasitada por la garrapata que transmite la enfermedad de Lyme.

Los resultados de la autopsia también han reescrito la historia de los últimos momentos del Hombre del Hielo. Los neurólogos han determinado que hubo una acumulación de sangre en la parte posterior del encéfalo, lo que hace pensar en algún tipo de traumatismo, ya sea por­que cayera de cara en el suelo al recibir el flechazo, especula Zink, o por un golpe de gracia asestado por su atacante. Los análisis del ADN de la última comida aún no han terminado, pero una cosa se sabe con certeza: fue una comida pe­­sada. Los análisis iniciales indican la presencia de una carne grasa, semejante a la panceta, correspondiente al íbice de los Alpes, un tipo de cabra salvaje. Si la última comida de Ötzi fue muy pesada, como señala Zink, eso contradice la idea de que estuviera huyendo atemorizado. Al contrario, parece que estaba descansando en un lugar resguardado del viento, digiriendo con calma su comida y sin imaginar el peligro que corría.

Y por supuesto tampoco podía imaginar la intensa atención de que sería objeto en el futuro. Puede que el Hombre del Hielo sea la persona más estudiada, expuesta y manipulada que haya vivido sobre la faz de la Tierra. «Ayer, durante la autopsia –dice Zink en tono suave, casi sorprendido–, hubo momentos en que sentí pena por él. Estaba tan… expuesto. Todos sus secretos quedaban a la vista, para la exploración –hizo una pausa y añadió–: Sólo la punta de flecha permanece en su interior, como si nos dijera: “Éste es mi último secreto”.»

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC ESPAÑA 

-GENETICA-ARQUEOLOGIA-ANTROPOLOGIA-PALEONTOLOGÍA-GLACIA-RES – FOTOGRAFÍAS: Robert Clark

Hallan por primera vez en EE.UU. un raro anfibio con forma de fideo originario de Sudamérica.

Se trata de un animal llamado cecilia de río Cauca, un ejemplar oscuro y sin patas que habita las aguas dulces de Colombia y Venezuela

La cecilia del río Cauca, originaria de Colombia y Venezuela, fue hallada por primera vez en un canal del sur de Florida, en Estados Unidos

Biólogos de Florida descubrieron en un canal de ese estado un anfibio con forma de fideo, oscuro y sin patas, conocido como cecilia del río Cauca. Esta es la primera vez que este animal es hallado en Estados Unidos, ya que, originariamente, esta especie habita aguas dulces de Venezuela y Colombia.

Los científicos estadounidenses estudian de qué manera este ejemplar puede haber arribado allí, aunque sospechan que esto pueda deberse al comercio de este tipo de animales, que son vendidos como mascotas para tener en acuarios interiores.

De acuerdo con lo informado por la página oficial del Museo de Historia Natural de Florida, un ejemplar de la cecilia -Typhlonectes natans- fue hallado en el canal Tamiami, en el sur de Florida, por biólogos de Florida Fish and Wildlife Conservation Commission (FWC).

El primer ejemplar de cecilia fue hallado en Florida en 2019, pero a partir de ahí fueron reportados más hallazgos de la misma especie en el mismo canal Tamiami, en el sur del citado estado

El primer ejemplar de cecilia fue hallado en Florida en 2019, pero a partir de ahí fueron reportados más hallazgos de la misma especie en el mismo canal Tamiami, en el sur del citado estado.

Austin Prechtel / Museo de Historia Natural de Floreid

Aunque puede parecer un gusano o una serpiente, este animal comprende un orden separado de anfibios, diferente también en las ranas, los sapos, las salamandras y los tritones. Los cecilianos pueden variar de tamaño, desde unos pocos centímetros al metro y medio de largo.

Tienen una vista demasiado pobre, de ahí que su nombre derive del término griego que se traduce como “ciegos”. Poseen tentáculos sensoriales ubicados entre los ojos y las fosas nasales, que los ayudan a encontrar su alimento.

Los biólogos que produjeron el hallazgo dijeron que existen cecilianos que viven debajo de la tierra pero que, en el caso de la Typhlonectes natans, son ejemplares que viven en aguas dulces. Si bien se han encontrado restos fósiles de antepasados de estos animales de unos 170 millones de años en el sudoeste de los Estados Unidos, esta es la primera vez que se encuentra a una especie de ese linaje en territorio estadounidense.

“No estaba en mi radar”

“Este ejemplar no estaba en mi radar. No pensé que algún día encontraríamos una cecilia en Florida. Entonces, esto fue una gran sorpresa“, señaló Coleman Sheehy, gerente de colección de herpetología del citado Museo de Florida.

Con respecto de los peligros que suele traer a un bioma la introducción de alguna especie foránea, al parecer, en el caso de esta cecilia del Río Cauca, no hay mucho de lo que preocuparse. “Se sabe muy poco sobre estos animales en la naturaleza, pero no hay nada particularmente peligroso en ellos y no parecen ser depredadores serios”, dijo Sheehy.

El nombre científico de este ceciliano es Typhlonectes natans y se comercializa como mascota para acuarios interiores

El nombre científico de este ceciliano es Typhlonectes natans y se comercializa como mascota para acuarios interiores

Museo de Historia Natural de Florida

“Probablemente comerán animales pequeños y serán devorados por los más grandes. Esta podría ser sólo otra especie no nativa en la mezcla del sur de Florida“, agregó el especialista.

Sheehy se enteró por primera vez de la aparición de la cecilia cuando los oficiales de FWC le enviaron una fotografía en 2019, desorientados por ese ejemplar parecido a una anguila, de 60 centímetros de largo que habían capturado en aguas poco profundas durante una inspección de rutina del canal Tamiami, también conocido como C-4. Canal.

Luego de que el ceciliano muriera en cautiverio, fue enviado al Museo de Florida para un análisis más detallado. Desde entonces, Sheehy ha recibido varios otros especímenes e informes de cecilias en el canal y en breve realizará un trabajo de campo en el área para determinar su número y rango.

El Typhlonectes natans es la cecilia más común en el comercio de mascotas y se reproduce en cautiverio, dando a luz crías vivas. Debido a que esta especie generalmente se mantiene en acuarios en el interior y no puede escapar fácilmente, Sheehy sospecha que alguien desechó a sus mascotas no deseadas en el canal.

Biólogos de Florida descubrieron en un canal de ese estado un anfibio con forma de fideo, oscuro y sin patas, conocido como cecilia del río Cauca. Esta es la primera vez que este animal es hallado en Estados Unidos, ya que, originariamente, esta especie habita aguas dulces de Venezuela y Colombia.

Y así habría comenzado esta población de cecilia del río Cauca tan lejos de sus hábitats originarios.

FUENTE: LA NACIÓN – Sociedad

Nuevos hallazgos arqueológicos en Siberia.

Su pelaje, colmillos y órganos están intactos: así es la cría mejor conservada de un animal prehistórico.

Los restos pertenecen a un cachorro de león cavernario de entre 1 y 2 meses de edad que murió sin ni siquiera salir de su guarida.

Cabezas de leones cavernarios pintadas en las paredes de la cueva Chauvet, en Francia, hace 36.000 años worldhistory.org

En el noreste de Siberia, en una región muy próxima al Polo Norte, el permafrost ha mantenido congelados durante 28.000 años los restos mejor conservados de un animal de la Edad de Hielo.

No se trata de ningún mamut lanudo, especie que tanto ansiaron clonar los científicos durante la última década, sino de los restos de una cría de león de las cavernas, los últimos de esta índole hallados en territorio ruso hasta la fecha. Bautizada Sparta, es una de las dos “momias congeladas bien conservadas” de esta especie que fueron desenterradas en la cuenca del río Indigirka en los años 2017 y 2018, según detalla un artículo publicado este jueves en la revista Quaternary.

Los dos cachorros de león de las cavernas, especie que se extinguió desde hace más de 10.000 años, yacían tan cerca el uno del otro y en condiciones tan similares, que los investigadores creyeron en un primer momento que pertenecían a una misma camada. Sin embargo, la datación por radiocarbono puso al descubierto que había una diferencia entre ambos que ronda los 15.500 años, de tal forma que el ejemplar más antiguo —el primero en ser encontrado— murió hace aproximadamente 44.500 años. Gracias a una tomografía, se comprobó que se trataba de un macho y lo bautizaron Boris.

La cría más moderna y mejor conservada vieron que era hembra y le pusieron el nombre de Sparta. Su pelaje está casi intacto, al igual que sus dientes, piel, tejidos blandos y órganos. De hecho, la esperanza de los científicos de poder extraer algún material genético de las crías que sea apto para reproducirlo se centran en ella.

Tomografía de la momia de Sparta con el útero marcado (1), el plano general de la momia (2) y detalle de la cabeza (3). MDPI/G.Boeskorov 

“No sabemos cuándo nacieron Sparta y Boris, pero, probablemente, en verano (u otoño), siendo lo más probable que murieran cuando tenían entre 1 y 2 meses de edad, en su guarida, bajo la nieve o la tierra”, precisan los investigadores. Esto podría explicar por qué los depredadores y carroñeros no encontraron sus cuerpos.

Los investigadores compararon el pelaje de los especímenes cavernarios con el de las crías de los modernos leones africanos y constataron que eran muy parecidos, salvo en una cosa: la capa interna de pelo era más larga y espesa hace miles de años, lo que permitía a estos animales adaptarse mejor a las condiciones del norte extremo.

En cuanto al patrón de coloración de la cabeza, fue comparado con los dibujos que representan a los leones de las cavernas adultos en la cueva Chauvet (Francia), dejados allí por la población prehistórica de Europa, y también vieron que guardaban bastantes similitudes.

Científicos rusos podrían ‘revivir’ al león cavernario extinto hace 10.000 años

Paleontólogos siberianos afirman que en los próximos años intentarán clonar al león cavernario, una especie que se extinguió hace 10.000 años. Así, los investigadores rusos realizaron un experimento sin precedentes.

Los paleontólogos rusos de Yakutia, conocida también como República de Sajá, han afirmado que “es posible clonar al león cavernario”, una subespecie extinta que vivió hace 10.000 años en el Pleistoceno medio y tardío en Eurasia, Alaska y el noroeste de Canadá, informa TASS.

Esta afirmación se basa en los resultados del reciente descubrimiento de los especialistas: este año habían encontrado dos cachorros de león cavernario en un estado impecable de conservación. Este descubrimiento, que no tiene análogos en el mundo, permitirá explicar por qué dejó de existir la especie, conocer su anatomía, la morfología y realizar diferentes pruebas con ordenador y radiocarbono.

“Puesto que el tejido blando de los cachorros se mantuvo bastante bien, creemos que se los puede clonar”, afirman los representantes de la Academia de Ciencias de Yakutia, citados por la misma fuente. Sin embargo, dicho trabajo llevará mucho tiempo, por lo que recién en dos o tres años se podrá hablar de resultados preliminares, opinan.

FUENTE: RT 

Descubren tesoros “arqueológicos” incluyendo fruta de 2.400 años en una ciudad antigua de Egipto.

Descubren una ciudad egipcia de más de 3.000 años

(CNN) — Una serie de “tesoros” arqueológicos, como cerámicas griegas y cestas de mimbre de 2.400 años de antigüedad llenas de fruta, fueron descubiertos en los restos de la antigua ciudad hundida de Thonis-Heracleion, frente a la costa egipcia.Thonis-Heracleion fue el mayor puerto mediterráneo de Egipto antes de que Alejandro Magno fundara Alejandría en el 331 a. n. e.

Un equipo del Instituto Europeo de Arqueología Subacuática (IEASM), dirigido por el arqueólogo marino francés Franck Goddio, lleva años estudiando la zona.

La misión de 2021, llevada a cabo en estrecha colaboración con el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, reveló “resultados extremadamente interesantes” en el yacimiento de Thonis-Heracleion, en la bahía de Aboukir, dijo el IEASM en un comunicado el mes pasado.

A lo largo del canal de entrada noreste de la ciudad sumergida, el equipo encontró los restos de un gran túmulo, una zona funeraria griega. Estaba “cubierto de suntuosas ofrendas funerarias” que se remontan a principios del siglo IV a. n. e., dijo el IEASM.

El cúmulo tiene unos 60 metros de largo y ocho de ancho, y “parece una especie de isla rodeada de canales”, añadió el IEASM.

“Por todas partes encontramos pruebas de material quemado”, dijo Goddio, citado en el comunicado del IEASM. “Deben haber celebrado allí ceremonias espectaculares. El lugar debió de estar sellado durante cientos de años, ya que no hemos encontrado ningún objeto posterior a principios del siglo IV a. n. e., aunque la ciudad siguió viviendo durante varios cientos de años después”.

Enormes bloques del destruido templo de Amón en Thonis-Heracleion cayeron sobre una galera, que estaba amarrada al lado, y la hundieron. Siglo II a.C. Foto: Christoph Gerigk ©Franck Goddio/Fundación Hilti

Entre las ofrendas, que incluían “cerámica griega de lujo importada”, los arqueólogos hicieron un descubrimiento aún más sorprendente: cestas de mimbre que aún estaban llenas de semillas de uva y doum, el fruto de una palmera africana que suele encontrarse en las tumbas, según el IEASM.

“Han permanecido intactas bajo el agua durante) 2.400 años, tal vez porque en su día fueron colocadas dentro de una habitación subterránea o fueron enterradas poco después de ser ofrecidas”, dijo el IEASM.

El descubrimiento “ilustra maravillosamente la presencia de mercaderes y mercenarios griegos que vivían en Thonis-Heracleion, la ciudad que controlaba la entrada a Egipto en la desembocadura de la rama Canópica del Nilo”, dijo el IEASM.

A los griegos se les permitió establecerse en la ciudad durante el período faraónico tardío y construyeron sus propios santuarios cerca del enorme templo de Amón.

Sin embargo, según los investigadores, varios terremotos seguidos de marejadas hicieron que una porción de 110 kilómetros cuadrados del delta del Nilo se hundiera bajo el mar, llevándo consigo las ciudades de Thonis-Heracleion y Canopus. El IEASM “redescubrió” Thonis-Heracleion en 2000 y Canopus en 1999.

El dios Bes era considerado el protector de la gente en su vida cotidiana. También era venerado como protector de las mujeres embarazadas. Oro, siglos V a IV a.C., Thonis-Heracleion. Foto: Christoph Gerigk ©Franck Goddio/Fundación Hilti

Durante su misión de 2021, en otra zona de la ciudad, Goddio y su equipo encontraron sumergida bajo las aguas una galera ptolemaica, que se hundió tras ser golpeada por enormes bloques del templo de Amón, según el IEASM.

La galera estaba amarrada en el canal que corría a lo largo de la cara sur del templo cuando el edificio fue destruido durante un “cataclismo” en el siglo II a. n. e., según el IEASM.

La caída de bloques del templo protegió la galera hundida clavándola en el fondo del canal, que luego se llenó de escombros. Los arqueólogos pudieron detectar la galera utilizando “un prototipo de perfilador de fondo de última generación”, dijo el IEASM. Esta avanzada tecnología es capaz de determinar las propiedades físicas del fondo marino y definir la información geológica a pocos metros de profundidad.

“Los hallazgos de galeras de este periodo siguen siendo extremadamente raros”, explicó Goddio. “El único ejemplo hasta la fecha es la nave púnica Marsala (235 a. n. e). Antes de este descubrimiento, los barcos helenísticos de este tipo eran completamente desconocidos para los arqueólogos

FUENTE: Por Radina Gigova – CNN en español 

Hallaron una especie rara de hurón en la Argentina

Dos ejemplares grandes fueron captados por una cámara en Misiones 

El hurón grande está presente en buena parte del continente, pero escasea en la Argentina. 

Ambientalistas de la Red Yaguareté detectaron en Misiones dos ejemplares de hurón grande. Fue en el Parque Provincial Moconá, en la frotnera con Brasil. El hecho es significativo porque no había registro de la presencia de de esta especie desde 1989.

El hurón grande (Galictis vittata) es una especie rara de hurón y fue visto por las cámaras ubicadas en el parque en un camino de uso restringido, cerca de los Saltos del Moconá. 

Es una especie que habita en algunas regiones de América, desde México hasta Brasil. En Argentina solamente se lo reportó en tres oportunidades. Hace 32 años se reportó el último registro, cuando aparecieron el cráneo y el cuero de otro ejemplar.

Los animales fueron fotografiados el 20 de agosto de 2020. Por su tamaño y pelaje quedó claro que no pertenecían a un ejemplar de hurón menor. El hurón grande pesa entre dos kilos y medio y cuatro y se alimenta de frutas y roedores. No se pudo corroborar si se trata de una pareja.

Es probable que haya otros registros fotográficos de uno o ambos hurones en el mismo parque, y que se haya confundido a los animales con el hurón menor (Galictis cuja), por lo cual ya comenzó el rastreo de todas las cámaras distribuidas en el Moconá. 

Lo que sí está comprobado es que su aparición coincide con el cierre temporal del parque por la pandemia de coronavirus. Las autoridades no descartan que la menor circulación de personas haya permitido la aparición de los animales, ya que las cámaras están a 200 metros de la zonas por donde circulan los visitantes. 

El hurón grande es un espécimen carnívoro muy raro en el país, tanto que la Sociedad para el Estudio de los Mamíferos (Sarem) y el ministerio de Ambiente no pudieron establecer su categoría, aunque la Sarem ya consignó el hallazgo en su revista científica Notas de Mamíferos Sudamericanos. 

 

FUENTE: Página 12 – Descubrimientos – R.Argentina