Descubren cuál fue el primer animal con colmillos y las pistas de cómo evolucionaron hasta hoy.

Mucho antes de la aparición de los dinosaurios, una extraña criatura  prehistórica desarrolló colmillos por primera vez.

Un equipo de paleontólogos de la Universidad de Harvard, el Field Museum, la Universidad de Washington y la Universidad Estatal de Idaho rastreó la historia evolutiva de los primeros colmillos y para su sorpresa, descubrió que estos dientes especiales que jamás dejan de crecer fueron desarrollados incluso antes de la aparición de los dinosaurios:

Para delimitar el tema de estudio, el equipo primero redefinió qué es un colmillo, un término que calificaron de «increíblemente ambiguo» debido a su amplio uso. Desde su perspectiva, un colmillo debe cumplir con tres requisitos: debe seguir creciendo durante toda la vida, tiene que sobresalir del resto de la dentición y hacerlo más allá de la boca y sobre todo, el material de la superficie debe estar compuesto de dentina.

colmillos evolución

Foto: Getty Images

De ahí que los colmillos sean un rasgo único de los mamíferos, nunca reportado en reptiles, aves, peces o alguna otra especie.

Rastreando el origen de los colmillos

Decenas de millones de años antes de los elefantes, las morsas o los jabalíes, un ancestro de los mamíferos llamado dicinodonte desarrolló los colmillos más antiguos jamás conocidos. 

Con un cuerpo similar al de un cerdo con patas y pico propias de un reptil, estos animales habitaron la tierra entre 270 a 201 millones de años previo a los dinosaurios y durante un tiempo fueron los herbívoros más comunes en el planeta.

La principal característica de los dicinodontes es el par de colmillos que asoman sobre su mandíbula superior

Con un pico similar al de las tortugas y un tamaño que varía desde una rata hasta un elefante, fueron descubiertos hace 176 años; sin embargo, un nuevo estudio encontró que además de tratarse de los primeros colmillos, esta característica apareció a partir de una evolución convergente, es decir, distintas especies desarrollaron colmillos con estructuras similares de forma independiente, un rasgo que se repite al analizar la historia evolutiva de los dicinodontes.

El hecho de que los colmillos hayan evolucionado en distintas ocasiones abre un sinfín de nuevas interrogantes para los científicos sobre las condiciones anatómicas necesarias para su aparición. 

colmillo evolución

Foto: Ken Angielczyk

En el caso de los dicinodontes, una adaptación que dio origen a un ligamento flexible y una baja variación en el reemplazo de piezas dentales pudo haber propiciado el surgimiento de los primeros colmillos:

“LOS COLMILLOS DE LOS DICINODONTES PUEDEN DECIRNOS MUCHO SOBRE LA EVOLUCIÓN DE LOS COLMILLOS DE LOS MAMÍFEROS EN GENERAL. ESTE ESTUDIO MUESTRA QUE SE NECESITAN TASAS REDUCIDAS DE SUSTITUCIÓN DE DIENTES Y UN LIGAMENTO FLEXIBLE QUE FIJE EL DIENTE A LA MANDÍBULA PARA QUE LOS VERDADEROS COLMILLOS EVOLUCIONEN. ESTO NOS PERMITE COMPRENDER MEJOR LOS COLMILLOS QUE ENCONTRAMOS HOY EN LOS MAMÍFEROS”, EXPLICA KENNETH ANGIELCZYK, COAUTOR DEL ESTUDIO.

Imagen de portada: Gentileza de GETTY IMAGES

FUENTE RESPONSABLE: NATIONAL GEOGRAPHIC Por Alejandro López

Animales prehistóricos/Evolución/Antropología

 

 

¿Seguiríamos viéndonos a nosotros mismos como ‘humanos’ si otras especies de homínidos como los neandertales no se hubieran extinguido? Final.

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Hay tantas cosas sobre los neandertales que no sabemos y nunca lo sabremos. Pero si eran tan parecidos a nosotros en sus esqueletos y su comportamiento, es razonable suponer que pueden haber sido como nosotros en otras formas que no dejan un registro: que cantaron y bailaron, que temieron a los espíritus y adoraron a los dioses, que se maravillaban de las estrellas, contaban historias, se reían con amigos y amaban a sus hijos. En la medida en que los neandertales eran como nosotros, debían haber sido capaces de actos de gran bondad y empatía, pero también de crueldad, violencia y engaño.

neandertal

Se sabe mucho menos sobre otras especies, como los denisovanos, el Homo rhodesiensis y los sapiens extintos, pero es razonable suponer por sus grandes cerebros y cráneos de aspecto humano que también se parecían mucho a nosotros.

Amor y guerra

Admito que esto suena especulativo, pero por un detalle. El ADN de los neandertales, denisovanos y otros homínidos se encuentra en nosotros. Los conocimos y tuvimos hijos juntos. Eso dice mucho sobre lo humanos que eran.

No es imposible que el Homo sapiens se llevará cautivas a las mujeres neandertales, o viceversa. Pero para que los genes neandertales ingresaran a nuestras poblaciones, no solo teníamos que aparearnos, sino también criar hijos con éxito, que crecieron para criar a sus propios hijos. Eso es más probable que suceda si estos emparejamientos son el resultado de matrimonios mixtos voluntarios. La mezcla de genes también requirió que sus descendientes híbridos fueran aceptados en sus grupos, para ser tratados como completamente humanos.

Estos argumentos son válidos no solo para los neandertales, diría yo, sino para otras especies con las que nos cruzamos, incluidos los denisovanos y los homínidos desconocidos en África. Lo que no quiere decir que los encuentros entre nuestra especie fueran sin prejuicios o totalmente pacíficos. Probablemente fuimos responsables de la extinción de estas especies. Pero debe haber habido ocasiones en las que miramos más allá de nuestras diferencias para encontrar una humanidad compartida.

Finalmente, es revelador que si bien reemplazamos a estos otros homínidos, esto llevó tiempo. La extinción de neandertales, denisovanos y otras especies llevó cientos de miles de años. Si los neandertales y los denisovanos fueran realmente estúpidos, brutos gruñones, carentes de lenguaje o pensamientos complejos, es imposible que hubieran podido mantener a raya a los humanos modernos tanto tiempo como lo hicieron.

El borde humano

¿Por qué, si eran tan parecidos a nosotros, los reemplazamos? No está claro, lo que sugiere que la diferencia fue algo que no deja marcas claras en fósiles o herramientas de piedra. Quizás una chispa de creatividad, una forma de hablar, un don para las herramientas, habilidades sociales, nos dio una ventaja. Cualquiera que sea la diferencia, fue sutil, o no nos habría tomado tanto tiempo ganar.

Si bien no sabemos exactamente cuáles fueron estas diferencias, nuestra forma distintiva de cráneo puede ofrecer una pista. Los neandertales tenían cráneos alargados, con enormes crestas en las cejas.

Un cráneo humano (izquierda) junto a uno de neandertal.

Los seres humanos tienen un cráneo bulboso, con forma de balón de fútbol, y carecen de arcos en las cejas. Curiosamente, la peculiar cabeza lisa y redonda del Homo sapiens adulto se ve en los neandertales jóvenes , e incluso en los monos bebés . Del mismo modo, los cráneos juvenilizados de animales salvajes se encuentran en los domesticados, como los perros domésticos: el cráneo de un perro adulto se asemeja al cráneo de un cachorro de lobo. Estas similitudes no son sólo superficiales. Los perros se comportan como lobos jóvenes: [menos agresivos] y más juguetones.

Mi sospecha, sobre todo una corazonada, es que la ventaja del Homo sapiens podría no ser necesariamente una inteligencia bruta, sino diferencias de actitud. Como los perros, podemos retener comportamientos juveniles, cosas como alegría, apertura para conocer gente nueva, menor agresividad, más creatividad y curiosidad. Esto, a su vez, podría habernos ayudado a hacer nuestras sociedades más grandes, más complejas, colaborativas, abiertas e innovadoras, que luego superaron a las de ellos.

¿Pero, qué es esto?

Hasta ahora, he esquivado una pregunta importante, posiblemente la más importante. Está muy bien discutir cómo evolucionó nuestra humanidad, pero ¿qué es la humanidad? ¿Cómo estudiarlo y reconocerlo sin definirlo?

La gente tiende a asumir que hay algo que nos diferencia fundamentalmente de otros animales. La mayoría de la gente, por ejemplo, tiende a pensar que está bien vender, cocinar o comer una vaca, pero no hacer lo mismo con el carnicero. Esto sería, bueno, inhumano. Como sociedad, toleramos exhibir chimpancés y gorilas en jaulas, pero nos sentiríamos incómodos haciéndonos esto entre nosotros. Del mismo modo, podemos ir a una tienda y comprar un cachorro o un gatito, pero no un bebé.

Las reglas son diferentes para nosotros y para ellos. Incluso los activistas acérrimos por los derechos de los animales defienden los derechos de los animales para los animales, no los derechos humanos. Nadie propone dar a los simios el derecho a votar o presentarse a cargos públicos. Inherentemente nos vemos a nosotros mismos ocupando un plano moral y espiritual diferente. Podríamos enterrar a nuestra mascota muerta, pero no esperaríamos que el fantasma del perro nos persiga o que encuentre al gato esperando en el cielo.

Y, sin embargo, es difícil encontrar pruebas de este tipo de diferencia fundamental.

Foto: AFP

La palabra humanidad implica cuidar y tener compasión por los demás, pero podría decirse que esa es una cualidad de mamíferos, no humana. Una madre gata cuida a sus gatitos y un perro ama a su amo, quizás más que cualquier humano. Las orcas y los elefantes forman lazos familiares de por vida. Las orcas lloran por sus crías muertas y se ha visto a los elefantes visitando los restos de sus compañeros muertos. Las vidas y las relaciones emocionales no son exclusivas de nosotros.

Quizás sea la conciencia lo que nos distingue. Pero los perros y gatos ciertamente parecen conscientes de nosotros: nos reconocen como individuos, como nosotros los reconocemos a ellos. Nos entienden lo suficientemente bien como para saber cómo hacer que les demos comida, o dejarlos salir, o incluso cuando hemos tenido un mal día y necesitamos compañía. Si eso no es conciencia, ¿qué es?

Podríamos señalar que nuestros grandes cerebros nos distinguen, pero ¿eso nos hace humanos? Los delfines mulares tienen cerebros algo más grandes que nosotros. Los cerebros de los elefantes son tres veces más grandes que los nuestros; orcas, cuatro veces; y cachalotes, cinco veces. El tamaño del cerebro también varía en los humanos. Albert Einstein tenía un cerebro relativamente pequeño, más pequeño que el neandertal, el denisovano o el Homo rhodesiensis promedio, ¿era menos humano? Algo que no sea el tamaño del cerebro debe hacernos humanos, o tal vez haya más cosas en la mente de otros animales, incluidos los homínidos extintos, de lo que pensamos.

einstein

Podríamos definir a la humanidad en términos de capacidades cognitivas superiores: arte, matemáticas, música, lenguaje. Esto crea un problema curioso porque los humanos varían en qué tan bien hacemos todas estas cosas. Soy menos inclinado a las matemáticas que Stephen Hawking, menos literario que Jane Austen, menos inventivo que Steve Jobs, menos musical que Taylor Swift, menos articulado que Martin Luther King. En estos aspectos, ¿soy menos humano que ellos?

Si ni siquiera podemos definirlo, ¿cómo podemos realmente decir dónde comienza y dónde termina, o que somos únicos? ¿Por qué insistimos en tratar a otras especies como inherentemente inferiores, si no estamos exactamente seguros de qué nos hace ser nosotros?

Tampoco somos necesariamente el punto final lógico de la evolución humana. Éramos una de las muchas especies de homínidos, y sí, ganamos. Pero es posible imaginar otro curso evolutivo, una secuencia diferente de mutaciones y eventos históricos que lleven a los arqueólogos neandertales a estudiar nuestros extraños cráneos con forma de burbujas, preguntándose qué tan humanos éramos.

La naturaleza de la evolución significa que los seres vivos no encajan en categorías ordenadas. Las especies cambian gradualmente de una a otra, y cada individuo de una especie es ligeramente diferente, lo que hace posible el cambio evolutivo. Pero eso dificulta definir la humanidad.

Foto: Reuters

Los dos somos diferentes a otros animales debido a la selección natural, pero nos gustamos por nuestra ascendencia compartida; lo mismo, pero diferente. Y los humanos somos a la vez similares y diferentes, unidos por un ancestro común con otros Homo sapiens, diferentes debido a la evolución y la combinación única de genes que heredamos de nuestras familias o incluso de otras especies, como los neandertales y los denisovanos.

Es difícil clasificar los seres vivos en categorías estrictas, porque la evolución cambia constantemente las cosas, creando diversas especies y diversidad dentro de las especies.

Y qué diversidad es.

Es cierto que, de alguna manera, nuestra especie no es tan diversa. El Homo sapiens muestra menos diversidad genética que la cepa bacteriana promedio; nuestros cuerpos muestran menos variación en la forma que las esponjas, las rosas o los robles. Pero en nuestro comportamiento, la humanidad es tremendamente diversa. Somos cazadores, agricultores, matemáticos, soldados, exploradores, carpinteros, criminales, artistas. Hay tantas formas diferentes de ser humano, tantos aspectos diferentes de la condición humana, y cada uno de nosotros tiene que definir y descubrir qué significa ser humano. Irónicamente, esta incapacidad para definir a la humanidad es una de nuestras características más humanas.

* Nicholas R. Longrich, profesor titular de Paleontología y Biología Evolutiva, Universidad de Bath

Imagen de portada: Gentileza de The Conversation

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation por Nicholas R. Longrich

Antropología/Evolución/Ciencia/Investigación/Descubrimientos

¿Seguiríamos viéndonos a nosotros mismos como ‘humanos’ si otras especies de homínidos como los neandertales no se hubieran extinguido? Primera parte.

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Ahora sabemos por la ciencia evolutiva que la humanidad ha existido de una forma u otra durante alrededor de dos millones de años o más. Los homo sapiens son comparativamente nuevos en el bloque. También había muchas otras especies humanas, algunas con las que nos cruzamos. La pregunta es entonces inevitable: ¿cuándo podemos reclamar la condición de personas en la larga historia de la evolución? ¿Son personas chimpancés?

En nuestras mitologías, a menudo hay un momento singular en el que nos convertimos en “humanos”. Eva arrancó el fruto del árbol del conocimiento y ganó conciencia del bien y del mal. Prometeo creó a los hombres de arcilla y les dio fuego. Pero en la historia del origen moderno, la evolución, no hay un momento definitorio de creación. En cambio, los humanos emergieron gradualmente, generación tras generación, de especies anteriores.

Al igual que con cualquier otra adaptación compleja, el ala de un pájaro, la casualidad de una ballena, nuestros propios dedos, nuestra humanidad evolucionó paso a paso, durante millones de años. Aparecieron mutaciones en nuestro ADN, se esparcieron por la población, y nuestros antepasados poco a poco se convirtieron en algo más parecido a nosotros y, finalmente, aparecimos.

Simios extraños, pero aún simios

Las personas son animales, pero somos diferentes a los demás animales. Contamos con lenguajes complejos que nos permiten articular y comunicar ideas. Somos creativos: hacemos arte, música, herramientas. Nuestra imaginación nos permite pensar en mundos que alguna vez existieron, soñar mundos que aún podrían existir y reordenar el mundo externo de acuerdo con esos pensamientos. Nuestras vidas sociales son redes complejas de familias, amigos y tribus, unidas por un sentido de responsabilidad hacia los demás. También tenemos conciencia de nosotros mismos y de nuestro universo: sensibilidad, sapiencia, conciencia, como se llame.

Y, sin embargo, la distinción entre nosotros y otros animales es, posiblemente, artificial. Los animales se parecen más a los seres humanos de lo que pensamos o nos gusta pensar. Casi todo el comportamiento que alguna vez considerábamos exclusivo de nosotros mismos se observa en los animales, incluso si están menos desarrollados.

Eso es especialmente cierto en el caso de los grandes simios. Los chimpancés, por ejemplo, tienen una comunicación verbal y gestual sencilla. Fabrican herramientas toscas, incluso armas, y diferentes grupos tienen diferentes conjuntos de herramientas: distintas culturas. Los chimpancés también tienen vidas sociales complejas y cooperan entre sí.

Foto: Reuters

Como señaló Darwin en Descent of Man, casi todo lo extraño del Homo sapiens (emoción, cognición, lenguaje, herramientas, sociedad) existe, en alguna forma primitiva, en otros animales. Somos diferentes, pero menos diferentes de lo que pensamos.

Y en el pasado, algunas especies se parecían mucho más a nosotros que a otros simios: Ardipithecus , Australopithecus , Homo erectus y neandertales. El Homo sapiens es el único superviviente de un grupo una vez diverso de humanos y simios similares a los humanos, los homínidos, que incluye alrededor de 20 especies conocidas y probablemente docenas de especies desconocidas.

La extinción de esos otros homínidos acabó con todas las especies intermedias entre nosotros y otros simios, creando la impresión de que un abismo inmenso e infranqueable nos separa del resto de la vida en la Tierra. Pero la división sería mucho menos clara si esas especies aún existieran. Lo que parece una línea divisoria brillante y nítida es en realidad un artefacto de extinción.

El descubrimiento de estas especies extintas ahora desdibuja esa línea nuevamente y muestra cómo se cruzó la distancia entre nosotros y otros animales, gradualmente, durante milenios.

La evolución de la humanidad

Nuestro linaje probablemente se separó de los chimpancés hace unos 6 millones de años. Sin embargo, estos primeros homínidos, miembros de la línea humana, apenas habrían parecido humanos. Durante los primeros millones de años, la evolución de los homínidos fue lenta.

El primer gran cambio fue caminar erguido, lo que permitió que los homínidos se alejaran de los bosques hacia pastizales y arbustos más abiertos. Pero si caminaban como nosotros, nada sugiere que los primeros homínidos fueran más humanos que los chimpancés o los gorilas. Ardipithecus, el homínido más antiguo conocido, tenía un cerebro ligeramente más pequeño que el de un chimpancé, y no hay evidencia de que usaran herramientas.

En el siguiente millón de años apareció Australopithecus. El Australopithecus tenía un cerebro un poco más grande, más grande que el de un chimpancé, pero aún más pequeño que el de un gorila. Fabricaba herramientas un poco más sofisticadas que los chimpancés, utilizando piedras afiladas para matar animales.

Cráneo de un Australopithecus de 3,8 millones de años. Foto: Reuters

Luego vino el Homo habilis. Por primera vez, el tamaño del cerebro de los homínidos superó al de otros simios. Las herramientas (escamas de piedra, piedras de martillo, “picadoras”) se volvieron mucho más complejas . Después de eso, hace unos dos millones de años, la evolución humana se aceleró, por razones que aún no entendemos.

Cerebros grandes

En este punto apareció el Homo erectus. Erectus era más alto, más parecido a nosotros en estatura y tenía un cerebro grande, varias veces más grande que el de un chimpancé y hasta dos tercios del nuestro. Hacían herramientas sofisticadas, como hachas de piedra. Este fue un gran avance tecnológico. Las hachas necesitaban habilidad y planificación para crear, y probablemente debieron enseñarle a hacer una. Puede haber sido una meta herramienta, utilizada para crear otras herramientas, como lanzas y palos de excavación.

Como nosotros, el Homo erectus tenía dientes pequeños. Eso sugiere un cambio de dietas basadas en plantas a comer más carne, probablemente de la caza.

Es aquí donde nuestra evolución parece acelerarse. El Erectus de cerebro grande pronto dio lugar a especies de cerebro aún más grande. Estos homínidos altamente inteligentes se extendieron por África y Eurasia, evolucionando a neandertales, denisovanos, Homo rhodesiensis y Homo sapiens arcaico. La tecnología se volvió mucho más avanzada: aparecieron lanzas con punta de piedra y la fabricación de fuego. Los objetos sin una funcionalidad clara, como las joyas y el arte , también aparecieron durante el último medio millón de años.

Reconstrucción de cómo habría lucido el rostro de una mujer neandertal.

Algunas de estas especies se parecían sorprendentemente a nosotros en sus esqueletos y en su ADN.

Los Homo neanderthalensis, los neandertales, tenían cerebros que se acercaban al nuestro en tamaño y desarrollaron cerebros aún más grandes con el tiempo hasta que los últimos neandertales tenían capacidades craneales comparables a las de un humano moderno. Podrían haber pensado por sí mismos, incluso hablado de sí mismos, como humanos.

El registro arqueológico neandertal registra un comportamiento exclusivamente humano, lo que sugiere una mente que se parece a la nuestra. Los neandertales eran cazadores hábiles y versátiles, que explotaban todo, desde conejos hasta rinocerontes y mamuts lanudos. Hacían herramientas sofisticadas, como lanzar lanzas con puntas de piedra. Hicieron joyas con conchas, dientes de animales y garras de águila, e hicieron arte rupestre. Y los oídos neandertales, como los nuestros, estaban adaptados para escuchar las sutilezas del habla. Sabemos que enterraron a sus muertos y probablemente los lloraron.

Imagen de portada: Gentileza de The Conversation

FUENTE RESPONSABLE: The Conversation por Nicholas R. Longrich

Antropología/Evolución/Ciencia/Investigación/Descubrimientos

Sorprendente hallazgo: descubren una nueva especie de ballena de cuatro patas en Egipto.

Según los investigadores a cargo, estos animales surgieron de mamíferos parecidos a los ciervos que habitaron la Tierra durante 10 millones de años.

Imagen de portada – Científicos egipcios anunciaron que identificaron una nueva especie de este extraordinario espécimen

DR ROBERT W. BOESSENECKER

Hace 43 millones de años, una ballena de cuatro patas vivía en nuestro planeta. El arcaico anfibio, que además de nadar también caminaba por la tierra, es considerado un antepasado de las ballenas modernas.

Este miércoles, científicos egipcios anunciaron que identificaron una nueva especie de este extraordinario espécimen. El fósil del anfibio Phiomicetus anubis fue descubierto originalmente en el desierto Occidental de Egipto. Su nombre fue escogido porque su cráneo se asemeja al de Anubis, el antiguo dios egipcio de los muertos con cabeza de chacal.

Estos animales surgieron de mamíferos parecidos a los ciervos que habitaron la Tierra durante 10 millones de años.

Con un peso estimado de 600 kg y tres metros de longitud, el Phiomicetus anubis gozaba de fuertes mandíbulas para atrapar a sus presas, según un estudio publicado por la revista Proceedings of the Royal Society B. El esqueleto fue encontrado en la Depresión de Fayum, al oeste del río Nilo, por científicos de la Universidad de Mansoura.

Aunque el área ahora es desértica, en algún momento llegó a estar cubierta por el mar y es una rica fuente de fósiles.

El anfibio cuadrúpedo, llamado Phiomicetus Anubis, arroja información sobre la transición de de las ballenas la tierra al océano – Reuters

Nueva especie

“El Phiomicetus anubis es una nueva especie de ballena que constituye un descubrimiento crítico para la paleontología egipcia y africana”, le dijo Abdullah Gohar, el autor principal del estudio, a la agencia de noticias Reuters. Si bien esta no es la primera vez que se encuentra el fósil de una ballena con patas, «Phiomicetus anubis podría ser el primer tipo de ballena semiacuática que se ha descubierto en África.

Hesham Sallam, fundador del Centro de Paleontología de Vertebrados de la Universidad de Mansoura, celebró el descubrimiento y compartió en Twitter la ubicación del hallazgo en el desierto egipcio. La evolución temprana de las ballenas en África sigue siendo en gran parte un misterio, dijeron los investigadores.

Hesham Sallam, fundador del Centro de Paleontología de Vertebrados de la Universidad de Mansoura, celebró el descubrimiento y compartió en Twitter la ubicación del hallazgo en el desierto egipcio.

Se cree que las primeras ballenas evolucionaron en el sur de Asia hace unos 50 millones de años. En 2011, un equipo de paleontólogos en Perú descubrió un fósil de ballena de 43 millones de años con cuatro patas, patas palmeadas y pezuñas.

FUENTE: LA NACIÓN – BBC Mundo News 

Hallan datos culturales y genéticos claves para comprender la prehistoria de Europa.

Un nuevo estudio identificó al menos tres nuevas migraciones que dijeron que desempeñaron un papel fundamental en la evolución del hombre primitivo.

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Imagen de portada: El hallazgo ocurrió en Bohemia, República Checa

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Estudios arqueogeneticos recientes demostraron que los movimientos humanos, como las migraciones y las expansiones, desempeñaron un papel importante en la difusión de las culturas y los genes en la Europa antigua. 

Sin embargo, solo ahora, con investigaciones regionales detalladas y muestreos densos, los expertos empiezan a comprender mejor la magnitud, el ritmo y las implicaciones sociales de estos cambios.

En un nuevo estudio publicado en la revista Science Advances, un equipo internacional de investigadores de los Institutos Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana (Jena) y de Antropología Evolutiva (Leipzig), en Alemania, junto con colegas del Instituto de Arqueología de la Academia Checa de Ciencias (Praga) y otros colaboradores, analizaron los genomas de 271 individuos que vivieron en Bohemia, en la actual República Checa, hace entre 7000 y 3500 años, e identificaron al menos otros tres acontecimientos migratorios que configuraron la prehistoria centroeuropea.

Situada en el centro de las rutas comerciales y estrechamente enclavada en torno a importantes vías fluviales como el río Elba, Bohemia atrajo a muchas culturas arqueológicas diferentes, lo que la convierte en una región clave para comprender la prehistoria de Europa.

Los perfiles genéticos de las personas asociadas a las culturas Funnel Beaker, o cultura de los vasos de embudo, y la de las ánforas globulares muestran evidencias de ser migrantes recientes a la región. 

Este hallazgo demuestra que el periodo entre la llegada de la agricultura y la ascendencia relacionada con la “estepa”, que hasta ahora se consideraba un periodo sin incidentes, fue más dinámico de lo que se pensaba.

El gran tamaño de la muestra del estudio, especialmente concentrado en el Neolítico Tardío y la Primera Edad del Bronce (hace unos 6000-3700 años), también permitió realizar nuevas aportaciones a los procesos sociales. 

Los individuos asociados a la cultura de la cerámica cordada se expandieron desde Europa del Este y luego asimilaron en su cultura a mujeres preferentemente centroeuropeas, dándoles el mismo ritual de enterramiento que a los miembros del grupo inmigrante.

“Por fin pudimos llenar lagunas temporales clave, especialmente en el periodo de transición de hace unos 5000 años, cuando vemos que el paisaje genético cambia drásticamente. Interesantemente, en este horizonte temprano encontramos individuos con altas cantidades de ascendencia ‘esteparia’ junto a otros con poca o ninguna, todos enterrados según las mismas costumbres”, afirmó el investigador Max Planck Wolfgang Haak, autor principal e investigador del estudio.

Una vez establecidos, los individuos de la cultura de la cerámica cordada (hace 4900-4400 años) cambiaron genéticamente a lo largo del tiempo. Una realidad importante parece haber sido la fuerte disminución de la diversidad del linaje del cromosoma Y

Aunque al principio eran portadores de cinco linajes y diferentes, los varones posteriores son portadores casi exclusivamente de un solo linaje, descendiendo esencialmente del mismo hombre en el pasado reciente.

Cráneo humano de la Edad de Bronce, de la cultura Yamnaya, pintado con ocre rojo

Cráneo humano de la Edad de Bronce, de la cultura Yamnaya, pintado con ocre rojo – RASMUSSEN ET AL./CELL 2015

“Este patrón puede reflejar la aparición de una nueva estructura social o regulación del apareamiento en la que sólo un subconjunto de hombres engendraba la mayoría de la descendencia”, dijo el primer autor Luka Papac, investigador del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana.

Esta estructura social parece haber sido aún más estricta en la siguiente sociedad de la cultura del vaso campaniforme (hace 4500-4200 años), en la que cada uno de los hombres muestreados pertenecía a un único linaje recién introducido. 

Sorprendentemente, este linaje Y nunca se había visto antes en Bohemia, lo que implica que un nuevo clon llegó a la región y casi inmediatamente sustituyó todos los linajes Y preexistentes, sin que se encontrara entre los varones de los vasos campaniformes ni un solo linaje de los de cerámica cordada o de sociedades anteriores.

Tradicionalmente se consideró que la cultura Unetice de la Edad de Bronce Temprana desciende de los individuos de la cultura del vaso campaniforme, con una aportación quizás limitada del sureste (cuenca de los Cárpatos). Sin embargo, los nuevos datos genéticos apoyan otro recambio genético procedente de regiones del noreste de Bohemia.

Sorprendentemente, también el 80 por ciento de los linajes Y tempranos de Unetice son nuevos en Bohemia, algunos de los cuales se encuentran previamente en individuos del noreste de Europa, proporcionando pistas sobre su origen. 

“Este hallazgo nos sorprendió mucho a los arqueólogos, ya que no esperábamos ver patrones tan claros, a pesar de que la región desempeñó un papel fundamental, por ejemplo, en el incipiente comercio del ámbar del Báltico y se convirtió en un importante centro de comercio durante las Edades del Bronce y del Hierro”, añadió el coautor y co-investigador Michal Ernée, de la Academia Checa de Ciencias.

Los resultados muestran una imagen muy dinámica de la prehistoria de Europa Central, con muchos y frecuentes cambios en la composición cultural, biológica y social de las sociedades, lo que pone de manifiesto el poder y el potencial de los estudios de alta resolución a escala regional. 

No obstante, según los investigadores, sigue siendo un reto comprender las razones y los mecanismos socioeconómicos, medioambientales y/o políticos que subyacen a estos cambios, lo que ofrece un amplio margen para futuros estudios interdisciplinares sobre la prehistoria de Europa.

FUENTE: LA NACIÓN – Noticias de Europa Press 

Descubren en China dos nuevas especies de dinosaurios del tamaño de una ballena azul.

(CNN) — Los científicos confirmaron el descubrimiento de dos nuevas y enormes especies de dinosaurios en el noroeste de China, unos de los primeros vertebrados descubiertos en la región, según un nuevo estudio publicado el jueves.

En los últimos años han aparecido varios fósiles en la región noroccidental de China, incluyendo Xinjiang y la cuenca de Turpan-Hami. Los fósiles contienen varios pterosaurios (reptiles voladores), huevos y embriones conservados, así como fragmentos fósiles de vértebras espinales y cajas torácicas, que los científicos identificaron inicialmente como pertenecientes a tres dinosaurios misteriosos.

Desde entonces, los investigadores han determinado que dos de esos especímenes pertenecían a especies hasta ahora desconocidas, que han bautizado como Silutitan sinensis («silu» significa «ruta de la seda» en mandarín) y Hamititan xinjiang ensis, en alusión a la región en la que se encontraron. Ambos incorporan la palabra griega «titan», que significa «gigante», en referencia a su tamaño.

Se calcula que el espécimen de Silutitan medía más de 20 metros, mientras que el de Hamititan medía 17 metros. Esto hace que los dinosaurios sean casi tan grandes como las ballenas azules, que miden entre 23 y 30 metros, dependiendo del hemisferio en el que se encuentren.

Los investigadores, de la Academia China de Ciencias y del Museo Nacional de Brasil, publicaron sus hallazgos en Scientific Reports, que forma parte de la familia de revistas Nature.

Hamititan xinjiang ensis (izquierda) y Silutitan sinensis (derecha), representados en una ilustración artística.

Los fragmentos fósiles se han datado en el período Cretácico temprano, hace entre 120 y 130 millones de años. Las dos nuevas especies pertenecen a la familia de los saurópodos, un grupo de dinosaurios herbívoros conocidos por sus característicos cuellos largos, y que fueron los animales más grandes que jamás caminaron por la Tierra.

Aparte de una especie de pterosaurio y un diente de terópodo, estos dos dinosaurios son también los primeros vertebrados de los que se tiene constancia en esta región, «aumentando la diversidad de la fauna así como la información sobre los saurópodos chinos», señala el estudio.

El tercer espécimen estudiado por los investigadores no es una especie nueva, sino que podría tratarse de un saurópodo somofondino, un grupo de dinosaurios que vivió desde finales del Jurásico hasta el Cretácico tardío.

Los investigadores han realizado varios descubrimientos en China en las últimas décadas, lo que ha arrojado más luz sobre la diversidad de los saurópodos en el este de Asia, según el estudio, aunque todavía se debate sobre las relaciones entre las especies y su clasificación taxonómica, y dónde se encuentran en el árbol genealógico de los dinosaurios.

China está viviendo una edad de oro de la paleontología, con emocionantes descubrimientos de fósiles repartidos por todo el país; a principios de este año se encontró un dinosaurio conservado sentado sobre un nido de huevos con embriones fosilizados en el sureste de China, mientras que el pasado mes de septiembre se descubrió otra nueva especie en el noreste del país.

FUENTE: CNN en Español Por Jessie Yeung

Mtoto, el entierro de un niño de tres años que revela el funeral más antiguo del mundo.

Hace 78 mil años, una madre acostó a su bebé por última vez. En una cama de tierra, con un velo especial, Mtoto encontró su lugar de perpetuo descanso.

África es un campo fértil para descubrimientos arqueológicos. No es extraño encontrar vestigios de humanos en el sistema de cuevas conocido como ‘Cuna de la Humanidad’, en Sudáfrica, donde diversos científicos identifican el origen de nuestra especie. El reciente hallazgo de la tumba de Mtoto, un niño encontrado al sureste de Kenia, es prueba fehaciente de esto.

Restos de un niño de 78 mil años

En swahili, «Mtoto» se traduce como niño. De acuerdo con el equipo de investigadores que lo hallaron en Kenia, sus restos datan de hace 78 mil años y forman parte del funeral más antiguo del que se tiene registro hasta hoy.

La tumba de Mtoto se encontró a unos 16 kilómetros de la playa en Kenia. Se trataba de un niño de apenas dos o tres años. Sin embargo, lo que verdaderamente destaca del entierro fue el cuidado con el que fue dispuesto, en ese pasado tan remoto.

De acuerdo con los científicos, el niño perteneció a una vieja comunidad de Homo sapiens que, en busca de comida y mejores condiciones climáticas, pudo haberse asentado en la actual zona costera de Kenia. Si bien es cierto que existen ejemplos más antiguos en Europa y Asia, ninguno se había encontrado con tal detalle de preparación, como si hubiera sido parte de un rito funerario.

Paul Pettitt, un experto en entierros del Paleolítico que no participó en la investigación, lo describió sencillamente como «muy impresionante» para National Geographic. No sólo por la manufactura de la tumba, sino por las pistas que revela a propósito del pensamiento mágico y el sentir de los seres humanos primigenios con respecto a la muerte.

Pensamiento mágico y prácticas rituales prehistóricas

Mtoto

Así se ve la cueva en donde fue encontrada la tumba de Mtoto. Foto: MOHAMMAD JAVAD SHOAEE

Si alguna certeza tenemos como seres humanos, es que la muerte nos espera. Esta seguridad parece haber acompañado también a los seres humanos prehistóricos, que conformaban sus comunidades en torno a la caza y a la recolección. Sin embargo, parece ser que esta premisa flaqueaba en torno al fallecimiento accidental de niños y bebés.

El sistema de cuevas Panga ya Saidi, lugar en donde se encontró la tumba de Mtoto, da indicios claros del dolor que acompañó a las madres en aquel pasado remoto al perder a sus hijos pequeños. Envueltos de manera ceremonial, los restos del niño parecen haber estado preparados para pasar a mejor vida. En torno suyo, se encontraron herramientas de piedra, cuentas de conchas y restos de animales sacrificados, posiblemente con motivo de su deceso.

Los restos del niño eran demasiado frágiles para transportarse a un laboratorio para su análisis, después de las múltiples excavaciones realizadas en el sitio. Por esta razón, sólo se tienen reconstrucciones digitales de lo que fueron sus huesos: los investigadores privilegiaron su preservación in situ para evitar una posible pérdida de material al relocalizarlo.

Mtoto: el niño dormido

Esta reconstrucción virtual muestra la posición original de los huesos de un niño en una tumba keniana excavada hace unos 78.300 años, lo que lo convierte en el entierro humano más antiguo conocido de África.

Ilustración Imagen portada: JORGE GONZÁLEZ, ELENA SANTOS

Al enterarse de la existencia de los restos orgánicos de Mtoto, María Martinón-Torres, directora del CENIEH, no pudo ocultar su sorpresa: “Todo estaba en su lugar”, dice la experta, quien dirigió la investigación. “No era solo un fósil. Tenemos un cuerpo. Tenemos un niño».

Para entonces, ya se habían exhumado la totalidad de su columna vertebral perfectamente articulada, así como la base de su cráneo.

Los científicos a cargo de Martinón-Torres se percataron de que todavía quedaba la mandíbula inferior del niño, así como las raíces de sus dientes primarios.

En otro bloque próximo, se encontraron las costillas y algunos huesos de los hombros, que conservaban sus posiciones anatómicas naturales.

“Los huesos se estaban convirtiendo literalmente en polvo”, dice Martinón-Torres.

«Llegamos justo a tiempo, antes de que finalmente desaparecieran». Dada la relación de la cabeza con las vértebras cervicales, los expertos determinaron que el cuerpo había sido envuelto en un velo después de ser acostado sobre alguna especie de almohada, que se perdió con el paso del tiempo.

Por esta razón, Mtoto fue apodado como «el niño dormido».

Según los científicos, sus restos podrían revelar —así como los de otros casos similares— un extenso pensamiento trascendental de los seres humanos primigenios.

El cuidado con el que   fue dispuesto no sólo evidencia del dolor de los padres, sino la esperanza de que su hijo hubiera cruzado un umbral hacia otro mundo.

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC en ESPAÑOL – Por Andrea Fischer

EL MONTECARLO DE LA ANTIGÜEDAD: ¿HACÍAN LOS ROMANOS TURISMO DE LUJO?

Para evitar pensar de forma errónea que los periodos vacacionales efectuados en lugares exclusivos y de manera distinguida pertenecen al presente o han sido inventados hace relativamente poco tiempo, basta con fijarse en las lujosas y pioneras costumbres de los romanos.

El lujo y la distinción siempre han sido la marca de la clase dominante, desde que el ser humano comenzó, desde la llamada «revolución cognitiva» de hace 70.000 años, hasta su paso a sociedades complejas y marcadas por referentes míticos que las cohesionan.

En su espléndido “Sapiens” (Debate 2016), Yuval Noah Harari habla de la «trampa del lujo» en la que cayó el ser humano cuando se pasó de las sociedades de cazadores-recolectores a las grandes organizaciones urbanas que engendrará la revolución agrícola.

La huida hacia delante social y alimenticia, y la necesidad de representación de gobernantes o administradores, conlleva nuevas estratificaciones, aglomeraciones y marcas de distinción.

La clásica «Histoire du luxe», de H. Baudrillart, habla, en lo moderno, de cuatro dimensiones explicativas del gusto por el lujo en la historia del ser humano, la sensual, la ostentosa, la de ornamentación y la pasión por el cambio.

Grandes orgías romanas

Grandes orgías romanas ARCHIVO

Todas ellas sirven para marcar la diferencia con los de más abajo en la escala social.

A estas perspectivas, en «El nuevo lujo» (Taurus, 2014), Yves Michaud añadía el lujo experiencial como definitorio de nuestra postmodernidad, una nueva dimensión filosófica que tiene que ver con las «experiencias de usuario» más allá de lo común, no tanto con el uso de objetos lujosos para la distinción social; siguiendo los pasos teóricos del «arte en estado gaseoso» y de la “deconstrucción” de la gastronomía, en una estética difusa y refugiada en la experiencia, el lujo de hoy consistiría en la experiencia.

El criterio del gusto

Otros teóricos como Thorstein Veblen («Teoría de la clase ociosa», FCE, 2002) o Gilles Lipovetsky y Elyette Roux («El lujo eterno», Anagrama, 2004) nos dan otras claves para entender el lujo desde el crucial siglo XIX a la cultura de masas contemporánea.

Si la perspectiva clásica toma el criterio del gusto como manifestación del discernimiento, desde el punto de vista socioeconómico fue el sociólogo Pierre Bourdieu el que estableció en «La distinción» (1979) la definición del gusto en relación con la posición social mediante lo que denomina «habitus», un conjunto de prácticas o estilos de vida que marcan las relaciones de los grupos con la estructura social: ahí está el turismo exótico, por supuesto. «En la clase dominante –dice el autor– se puede, para simplificar, distinguir tres estructuras de consumos distribuidas en tres categorías principales –si se quiere, tres “maneras de distinguirse”–: alimentación, cultura y gastos de presentación de sí mismo y de representación».

Pues bien, se puede argumentar todas las perspectivas del lujo –también la experiencial– pueden hallarse antes de la modernidad en la sociedad seguramente más moderna de la antigüedad, la que más se parece a nosotros: el siempre inefable e inevitable Imperio Romano.

Mucho más que en Grecia, donde también destacaron grandes lujos, son los personajes históricos romanos –Craso, Cicerón, Tiberio, Plinio– los que, acaso también proverbialmente, nos recuerdan sobremanera las múltiples perspectivas del lujo de hoy: desde el coche de alta gama al casino de Montecarlo, desde el yate o el jet de millonarios al reloj carísimo o la especulación inmobiliaria de grandes villas desde Cerdeña a Sunset Boulevard. Todo esto lo anticiparon, como tantas otras cosas, los romanos. 

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La idea clásica de vivir «por el lujo o el placer» se remonta, más allá de los epicúreos –que erróneamente tuvieron la mala fama de un hedonismo desmesurado– al filósofo Aristipo de Cirene, un extraño discípulo de Platón  que, en pleno siglo IV a.C. teorizó sobre los dos afectos que mueven al hombre, el sufrimiento y el placer. 

Desde entonces, la idea de buscar el placer de los sentidos en la vida ha tenido una reputación ambivalente en la historia de las ideas y un reproche al exceso que siempre se dirigía hacia oriente pasando por alto el lujo propio: los griegos acusaban de excesiva indulgencia y lujo («tryphe») a los persas y orientales a los que contraponían su filosofía de vida más sencilla.

En la época republicana, los romanos se pretendieron más austeros que los griegos y orientales y censuraban, con Catón, la «luxuria» filo helena.

Pero a la par proliferaron las grandes villas de los miembros de la «nobilitas» que cultivaban la buena vida y la filosofía griega (notorio es el caso de Verres o de Lúculo, cuya mesa, de opulencia proverbial, encarnaba ese lujo excesivo).

Desde que, en el siglo V a.C., la Atenas de Pericles se ganó la reputación de ser «la escuela de Grecia», como dice el famoso discurso del estratego que transmite Tucídides, se genera una oleada, especialmente a partir del siglo II a.C., por realizar una suerte de «Grand Tour» de los jóvenes romanos de buena familia con la capital ática como meca. 

Se puede imaginar bien la admiración mitómana de los visitantes procedentes de la nueva gran potencia, los hijos de la «nobilitas» patricio-plebeya, que estaban destinados a regir la política, la milicia y la economía de Roma, al poner el pie en la meseta de la sagrada colina ateniense.

En plena «pax romana»

De modo comparable a los jóvenes aristócratas centroeuropeos de los siglos XVIII y XIX, los romanos ricos o destinados a la política –como el propio Cicerón– iban de viaje de estudios al Oriente helenizado para aprender y practicar la retórica y la filosofía griegas. 

Otro destino mítico era Egipto, con Alejandría a la cabeza, un lugar de turismo científico y estudiantil y vistas panorámicas a la par. Egipto ofrecía a los romanos un exótico paisaje, las maravillas faraónicas, la Biblioteca y el Museo y un modo de vida diferente tras un viaje relativamente fácil: había numerosos barcos que, en la temporada de navegación, surcaban el Mediterráneo desde Puteoli (actual Pozzuoli, cerca de Nápoles) a Alejandría, en un viaje que, con buen viento, era de al menos doce días, o nueve, según Plinio el Viejo, en el caso más rápido.

Los veloces transportes romanos ponían las provincias del Oriente, y sus maravillas, desde Pérgamo a Alejandría, al alcance de la élite merced a los fletes y a la red de calzadas.

Esta suerte de «turismo romano» alcanzó su punto culminante en el siglo II, en plena «pax romana». Pero los ricos también tenían a su disposición villas lujosas y estaciones termales a los que acudían cada verano para huir de las condiciones de hacinamiento e insalubridad de Roma, desde el Lacio a la bahía de Nápoles. 

La red de villas de los poderosos era impresionante, como Lúculo o Cicerón en Tusculum, Horacio en Sabina (esta vez, un regalo de Mecenas) o Plinio en Etruria: las clases medias también podían alquilar casas o habitaciones en las costas de la Campania aunque ciertamente no podían competir con el lujo de los patricios.

O de los emperadores: recordemos el voluptuoso retiro de Tiberio y Calígula en Capri –antecedente de la fama decimonónica de la isla–, los devaneos turísticos de Adriano en su villa y en su «tournée» por Egipto en compañía de su amado, o el turismo mitómano en pos de Alejandro y de Troya de diversos generales y príncipes romanos, como Augusto o Caracalla.

Mujeres romanas

Mujeres romanas ARCHIVO

Tras esta edad de oro, entre los siglos II a.C. y d.C., los viajes en el mundo romano también se extendieron a lo largo de la antigüedad tardía –campo de estudio de la Asociación Barbaricum en la UCM–, con especial énfasis en un oriente percibido como lujoso y sensual.

Un pasaje de las «Vidas de Sofistas» de Eunapio (s. IV) habla del turismo en Egipto recordando a «la muchedumbre de celebrantes que baja desde Alejandría hasta el canal, pues todo el día y toda la noche está lleno de gente que toca la flauta en los barquitos y baila desenfrenadamente de manera extremadamente lasciva, tanto hombres como mujeres, junto con la gente de Canopo, que tiene recintos situados al borde del canal apropiados para tal relajación y festejo» (cito la excelente traducción de Marco Alviz).

Y es que Canopo ya era sinónimo, para Séneca y Juvenal, de placer, lujo y desenfreno. De Tusculum a Egipto, los romanos buscaron su Montecarlo ideal (con alguna parada intermedia en Nápoles y Pompeya).

Como se ve, el lujo es una constante antropológica que se remonta a antiguos estadios de la humanidad, desde los túmulos escitas, ricos en oro, a las modas del siglo XVIII como marca de ostentación. Roma, en tantas cosas precedentes de nuestro mundo, es un ejemplo claro de lujo de élite y turismo «avant la lettre».

FUENTE: larazon.es Noticias de DAVID HERNÁNDEZ DE LA FUENTE. MADRID

Descongelando a Ötzi, el hombre de hielo.

Vive la autopsia al hombre congelado desde hace 5.300 años a través de las fotografías de Robert Clark.

1 / 22  – El hombre de hielo

El brazo del hombre del hielo se descongela sobre una lámina de papel de aluminio esterilizado.

Foto: Robert Clark

2 / 22 – Modelo de Ötzi a tamaño natural

A partir de escáneres 3D del esqueleto y otros datos anatómicos del Hombre del Hielo, Adrie y Alfons Kennis crearon un modelo a tamaño natural. Los científicos pensaban que sus ojos eran azules; ahora el ADN indica que eran marrones.- Foto: Robert Clark

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El calzado

Llevaba calzado de cuero y paja (arriba), unido con fibras de corteza.

Robert Clark

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Acción bacteriana

Después de trasladar el Hombre del Hielo a un laboratorio, los investigadores subieron la temperatura a 18 ºC para descongelarlo sobre una lámina de papel de aluminio esterilizado. El cuerpo fue colocado en el interior de una caja hecha a medida para dar cabida a los pies, que estaban entrecruzados, y al brazo izquierdo, extendido en una posición inusual. Los ocho decilitros de agua derretida, recogida durante la descongelación a lo largo de toda una noche, está siendo analizada para certificar si algunas bacterias adaptadas al frío contribuyeron a la descomposición de la momia.

Robert Clark

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Autopsia en frío

Tras una autopsia en el Museo de Arqueología del Sur del Tirol en Bolzano, Italia, que duró nueve horas, el Hombre del Hielo descongelado fue sometido de nuevo a una temperatura de -6 ºC. Posteriormente será depositado sobre la gran lámina de vidrio en la que yace expuesto al público.

Robert Clark

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Alpes de Ötztal

La flecha señala el lugar donde unos montañistas descubrieron en 1991 el cuerpo momificado, asomando del hielo de un glaciar en una hondonada rocosa a 3.200 metros de altitud. Alrededor había varios objetos calcolíticos. El lugar, en la vertiente italiana de los Alpes de Ötztal, dio pie al apodo del Hombre del Hielo: Ötzi.

Robert Clark

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Museo de Arqueología del Sur del Tirol de Bolzano

En su rígido y gélido reposo, el Hombre del Hielo se aloja en una cámara similar a un iglú, en el Museo de Arqueología del Sur del Tirol de Bolzano, Italia. A seis grados bajo cero y 98,5 % de humedad relativa, reproduce el entorno glacial donde fue hallado y que lo preservó durante más de cinco milenios.

Foto: Robert Clark

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A la vista de todos

Tras una autopsia en el Museo de Arqueología del Sur del Tirol en Bolzano, Italia, que duró nueve horas, el Hombre del Hielo descongelado fue sometido de nuevo a una temperatura de -6 ºC. Posteriormente será depositado sobre la gran lámina de vidrio en la que yace expuesto al público.

Foto: Robert Clark

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Las causas de la muerte

Eduard Egarter Vigl (señalando) y sus colegas exploran con un endoscopio la punta de la flecha alojada en el hombro del Hombre del Hielo. La flecha le seccionó una arteria y le causó una hemorragia mortal.

Robert Clark

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Complicaciones médicas

Los neurocirujanos extrajeron trozos de un coágulo, que hacen pensar en un traumatismo encefálico antes de morir.

Foto: Robert Clark

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Un buen trabajo forense

Escrutado y diseccionado durante nueve horas seguidas, los científicos lograron reunir abundantes pistas biológicas sobre la vida y la muerte del Hombre del Hielo.

Fofo: Robert Clark

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Tatuajes curativos

La cruz tatuada cerca de la rodilla pudo ser un remedio popular contra la artritis.

Fofo: Robert Clark

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Un buen comensal

Al ver los restos de su última comida en el estómago (en tubos de ensayo), uno de los médicos exclamó: «¡Tenía buen apetito!».

Foto: Robert Clark

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Momificado por segunda vez

Minutos antes de colocar el Hombre del Hielo de nuevo en su lugar de exhibición, el patólogo Eduard Egarter Vigl rocía la momia con una fina capa vaporizada de agua esterilizada, que se congela al entrar en contacto con el cuerpo y forma una brillante película que lo protege de la contaminación y reduce la deshidratación.

Foto: Robert Clark

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Primeros auxilios

Dos trozos de hongo yesquero del abedul ensartados en tiras de cuero, tal vez utilizados para detener hemorragias y prevenir infecciones, formaban parte de su botiquín.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

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Defensa y supervivencia

La daga del Hombre del Hielo tenía una hoja de pedernal y una funda.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

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Muestras de respeto

El hacha con hoja de cobre, poco habitual entonces, sugiere un estatus social elevado.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

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Armas arrojadizas

Dos flechas servían para cazar y como defensa personal.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

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Una aciaga primavera

La hoja de arce se usó para envolver brasas; la clorofila que contiene indica que se recogió aún verde, probablemente a finales de la primavera.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

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Calzado milenario

Los zapatos, con paja en el interior para el frío, piel de ciervo en la parte superior y suela de piel de oso, son de los más antiguos que se conocen.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

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Misterios por resolver

La cuerda enrollada, posiblemente para un arco, continúa siendo un misterio.

Todos los objetos fueron fotografiados en el Museo de Arqueología del Tirol del Sur, Bolzano.

Foto: Robert Clark

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Adaptado a un entorno hostil

El modelo de los artistas Kennis refleja la dureza de la vida del Hombre del Hielo y las probables huellas que los estragos del tiempo dejaron en su cuerpo de cuarenta y tantos años. Pese a los esfuerzos, los científicos no pudieron penetrar la carne momificada lo bastante como para llegar a la última pista que podría resolver el misterio de su muerte: la punta de flecha que lo mató.

Foto: Robert Clark

Poco después de las seis de la tarde de un lluvioso día de noviembre de 2010, dos hombres vestidos con batas verdes de quirófano abrieron la puerta de la cámara del Museo de Arqueología del Tirol del Sur, en la ciudad italiana de Bolzano, donde reside el Hombre del Hielo. Colocaron el cuerpo congelado sobre un carro de acero inoxidable para transportar camillas. Uno de ellos era un joven científico llamado Marco Spadelli. Normalmente, su trabajo consiste en mantener a la famosa momia calcolítica en las mismas con­­diciones que la preservaron durante 5.300 años tras su muerte en una montaña cercana. Aquel día, sin embargo, Samadelli había subido la temperatura del pequeño laboratorio a 18 °C.

Con él estaba Eduard Egarter Vigl, un patólogo de la ciudad conocido informalmente como el «médico de cabecera» de la momia. Mientras Egarter Vigl manipulaba el cuerpo con una familiaridad asombrosa, un grupo de médicos y científicos se apiñaba a su alrededor en el reducido espacio, disponiéndose a hacer lo impensable: descongelar al Hombre del Hielo. Al día siguiente, en una sucesión de intervenciones quirúrgicas realizadas con la urgencia que se reserva a los humanos en situación crítica, efectuarían la primera autopsia completa del cuerpo descongelado, con la esperanza de arrojar nueva luz sobre el misterio de la identidad del Hombre del Hielo y los motivos de su muerte violenta.

Egarter Vigl y Samadelli trasladaron el cuerpo a una caja hecha a medida, forrada con papel de aluminio esterilizado. En condiciones de congelación, la piel de la momia, de color caramelo, tenía un brillo solemne que recordaba las imágenes medievales pintadas al temple. Con el brazo izquierdo agónicamente extendido y los pies superpuestos como los de un crucificado, presentaba una postura que no habría desentonado en un retablo del siglo XIV. En unos instantes, sobre su cuerpo empezaron a formarse perlas de agua que parecían gotas de sudor.

No era la primera vez que el Hombre del Hielo era sometido a un intenso escrutinio científico. Cuando los austríacos rescataron la momia en 1991, los científicos de Innsbruck le practicaron una extensa incisión en la zona baja del torso como parte de su investigación inicial, además de varios cortes en la espalda, la parte superior del cráneo y las piernas. Después se determinó que la hondonada de roca gris donde fue hallado el cuerpo estaba en el lado italiano de la fron­tera con Austria, por lo que fue trasladado, junto con todos los objetos que lo rodeaban, a Bolzano. Desde entonces, en esta ciudad se han llevado a cabo numerosas exploraciones menos invasivas de los restos de la momia: radiografías, tomografías computarizadas y un análisis del ADN mitocondrial. La revelación más sorprendente llegó en 2001, cuando el radiólogo Paul Gostner observó un detalle que había pasado inadvertido en las imágenes: una punta de flecha alojada en el omóplato izquierdo, lo que sugería que le habían disparado por la espalda. El trabajo posterior de Gostner y su equipo con aparatos de escáner más potentes reveló que la flecha había perforado una arteria importante de la cavidad torácica, lo que le causó una hemorragia que debió de ser casi inmediatamente mortal. El humano cuyos restos se han conservado intactos accidentalmente más antiguo fue víctima de un asesinato perpetrado con brutal eficacia.

Los enemigos del Hombre del Hielo tuvieron un altercado con él en el valle

Otros científicos aportaron más detalles biográficos. Por el análisis de las trazas de elementos químicos en los huesos y dientes, se supo que Ötzi (apodo con el que se le conoce) creció al nordeste de Bolzano, posiblemente en el valle del río Isarco, y vivió de adulto en el valle de Venosta. El polen hallado en su cuerpo reveló que sus últimas horas transcurrieron en primavera, y que su último viaje fue a lo largo de un sendero que ascendía por el valle del Senales hacia un paso alpino situado al oeste del glaciar Similaun. El examen de una mano reveló una lesión parcialmente curada, atribuible a una herida causada en una lucha anterior. El análisis del ADN de los restos de comida hallados en los intestinos (aparentemente el estómago estaba vacío) indicó que antes de morir había comido carne roja y un tipo de trigo. Combinando todos los datos, los científicos formularon la teoría de que los enemigos del Hombre del Hielo tuvieron un altercado con él en el valle, al sur del paso, lo siguieron y lo alcanzaron en la montaña, donde el cuerpo fue descubierto más de 5.000 años después.

Era una buena historia, que coincidía con los datos disponibles, hasta que Gostner examinó con mayor detenimiento los intestinos de Ötzi. Ya jubilado, el radiólogo siguió estudiando las tomografías en su casa, como un hobby, y en 2009 llegó al convencimiento de que los científicos habían confundido el colon vacío de la momia con su estómago, que se había desplazado hacia arriba, dentro de la caja torácica, y que según él parecía estar lleno. Si Gostner estaba en lo cierto, el Hombre del Hielo había ingerido una comida copiosa, y presumiblemente con tranquilidad, minutos antes de su muerte, algo que no haría una persona perseguida por enemigos armados.

«Gostner vino a visitarnos y nos dijo que él creía que el estómago estaba lleno –explica Albert Zink, director del Instituto para las Momias y el Hombre del Hielo del EURAC, en Bolzano, quien supervisó la autopsia el pasado mes de noviembre–. Pensamos, de acuerdo; debemos abrirlo y conseguir una muestra del estómago.» Tras pensarlo mejor, Zink y sus colegas idearon un plan más ambicioso: un estudio completo, de pies a cabeza, con siete equipos independientes de cirujanos, patólogos, microbiólogos y técnicos, sin practicar nuevas incisiones a la momia. Accederán al interior del cuerpo a través de las «ventanas austríacas», como llaman a los cortes excesivamente entusiastas realizados por los pri­meros investigadores. «Lo haremos una vez –dijo Zink–, y nunca más por muchos, muchos años.»

«Esto es el cerebro», anunció el neurocirujano Andreas Schwarz, mientras maniobraba un neuroendoscopio en la cabeza del Hombre del Hielo. Como los otros científicos en la sala, Schwarz llevaba unas gafas 3D, y a medida que despla­zaba lentamente el instrumento hacia las profundidades del cráneo, en un monitor se iban formando borrosas imágenes tridimensionales. Era poco más de la una de la tarde, y la momia ya había sido sometida a seis horas de manipulación, ex­­ploración, medición y toma de muestras. Los equipos quirúrgicos habían extraído fragmentos de los músculos y pulmones. Habían practicado un orificio en la pelvis para coger tejido óseo y analizar el ADN. Habían explorado el tórax, intentando aproximarse a la punta de flecha y el tejido circundante. Incluso habían conseguido muestras de vello púbico. La piel había perdido su brillo y presentaba un aspecto mate y correoso.

Los neurocirujanos estaban explorando el interior del cerebro para comprobar si una sombra misteriosa en la parte posterior del cráneo que habían observado en un TAC anterior podría ser un hematoma interno, señal de un golpe en la cabeza. Pero el endoscopio se topaba constantemente con cristales de hielo que empañaron la lente de la cámara. Al cabo de una hora, el equipo dio por concluido el trabajo, sin tener la seguridad de haber conseguido una muestra útil.

Los intentos iniciales de explorar el estómago también fueron frustrantes. Peter Malfertheiner, de la Universidad Otto-von-Guericke de Magdeburgo, trató de llegar al estómago introduciendo un endoscopio por la garganta, pero cinco milenios de atrofia y momificación bloquearon la vía. Egarter Vigl optó por una estrategia menos delicada. A través de la «ventana austríaca» más grande, en la parte baja del torso, metió una mano enguantada en las entrañas del Hombre del Hielo y extrajo dos trozos grandes de comida sin digerir. Después, con una cuchara de cocina, retiró varias decenas de gramos más del contenido del estómago.

Al final de la jornada, el congelador del laboratorio rebosaba con 149 muestras biológicas. En cuanto la autopsia hubo concluido, Samadelli bajó la temperatura del laboratorio por debajo del punto de congelación. A la mañana siguiente, Egarter Vigl y él volvieron a depositar la mo­­mia en su tecnológico iglú y cerraron la puerta.

La autopsia les había llevado nueve horas. El análisis del material obtenido les llevaría años. Las primeras revelaciones se dieron a conocer en junio, cuando Zink y su equipo presentaron algunos de los primeros hallazgos. Gracias al ADN del fragmento del hueso pélvico, el Hombre del Hielo se ha unido al reducido grupo de seres hu­­manos, en el que figuran los eminentes biólogos James D. Watson y J. Craig Venter, cuyos genomas han sido secuenciados con exquisito detalle.

Los resultados genéticos aportan a la vez in­­formación e intriga. Por sus genes, sabemos que el Hombre del Hielo tenía el pelo castaño y los ojos marrones, y que probablemente tenía intolerancia a la lactosa, por lo que no podía digerir la leche, lo que no deja de ser irónico si tenemos en cuenta las teorías de que era un pastor. Como cabía esperar, está más emparentado con la po­­blación actual del sur de Europa que con la del norte de África u Oriente Medio, y tiene un parentesco estrecho con las poblaciones modernas, geográficamente aisladas, de Cerdeña, Sicilia y la península Ibérica. Asimismo, el ADN reveló variantes genéticas que indican un riesgo elevado de arteriosclerosis. Uno de los hallazgos más sorprendentes es la huella genética de la bacteria Borrelia burgdorferi en el ADN del Hombre del Hielo, lo que lo convierte en el caso más antiguo conocido de persona parasitada por la garrapata que transmite la enfermedad de Lyme.

Los resultados de la autopsia también han reescrito la historia de los últimos momentos del Hombre del Hielo. Los neurólogos han determinado que hubo una acumulación de sangre en la parte posterior del encéfalo, lo que hace pensar en algún tipo de traumatismo, ya sea por­que cayera de cara en el suelo al recibir el flechazo, especula Zink, o por un golpe de gracia asestado por su atacante. Los análisis del ADN de la última comida aún no han terminado, pero una cosa se sabe con certeza: fue una comida pe­­sada. Los análisis iniciales indican la presencia de una carne grasa, semejante a la panceta, correspondiente al íbice de los Alpes, un tipo de cabra salvaje. Si la última comida de Ötzi fue muy pesada, como señala Zink, eso contradice la idea de que estuviera huyendo atemorizado. Al contrario, parece que estaba descansando en un lugar resguardado del viento, digiriendo con calma su comida y sin imaginar el peligro que corría.

Y por supuesto tampoco podía imaginar la intensa atención de que sería objeto en el futuro. Puede que el Hombre del Hielo sea la persona más estudiada, expuesta y manipulada que haya vivido sobre la faz de la Tierra. «Ayer, durante la autopsia –dice Zink en tono suave, casi sorprendido–, hubo momentos en que sentí pena por él. Estaba tan… expuesto. Todos sus secretos quedaban a la vista, para la exploración –hizo una pausa y añadió–: Sólo la punta de flecha permanece en su interior, como si nos dijera: “Éste es mi último secreto”.»

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC ESPAÑA 

-GENETICA-ARQUEOLOGIA-ANTROPOLOGIA-PALEONTOLOGÍA-GLACIA-RES – FOTOGRAFÍAS: Robert Clark

Hallan por primera vez en EE.UU. un raro anfibio con forma de fideo originario de Sudamérica.

Se trata de un animal llamado cecilia de río Cauca, un ejemplar oscuro y sin patas que habita las aguas dulces de Colombia y Venezuela

La cecilia del río Cauca, originaria de Colombia y Venezuela, fue hallada por primera vez en un canal del sur de Florida, en Estados Unidos

Biólogos de Florida descubrieron en un canal de ese estado un anfibio con forma de fideo, oscuro y sin patas, conocido como cecilia del río Cauca. Esta es la primera vez que este animal es hallado en Estados Unidos, ya que, originariamente, esta especie habita aguas dulces de Venezuela y Colombia.

Los científicos estadounidenses estudian de qué manera este ejemplar puede haber arribado allí, aunque sospechan que esto pueda deberse al comercio de este tipo de animales, que son vendidos como mascotas para tener en acuarios interiores.

De acuerdo con lo informado por la página oficial del Museo de Historia Natural de Florida, un ejemplar de la cecilia -Typhlonectes natans- fue hallado en el canal Tamiami, en el sur de Florida, por biólogos de Florida Fish and Wildlife Conservation Commission (FWC).

El primer ejemplar de cecilia fue hallado en Florida en 2019, pero a partir de ahí fueron reportados más hallazgos de la misma especie en el mismo canal Tamiami, en el sur del citado estado

El primer ejemplar de cecilia fue hallado en Florida en 2019, pero a partir de ahí fueron reportados más hallazgos de la misma especie en el mismo canal Tamiami, en el sur del citado estado.

Austin Prechtel / Museo de Historia Natural de Floreid

Aunque puede parecer un gusano o una serpiente, este animal comprende un orden separado de anfibios, diferente también en las ranas, los sapos, las salamandras y los tritones. Los cecilianos pueden variar de tamaño, desde unos pocos centímetros al metro y medio de largo.

Tienen una vista demasiado pobre, de ahí que su nombre derive del término griego que se traduce como “ciegos”. Poseen tentáculos sensoriales ubicados entre los ojos y las fosas nasales, que los ayudan a encontrar su alimento.

Los biólogos que produjeron el hallazgo dijeron que existen cecilianos que viven debajo de la tierra pero que, en el caso de la Typhlonectes natans, son ejemplares que viven en aguas dulces. Si bien se han encontrado restos fósiles de antepasados de estos animales de unos 170 millones de años en el sudoeste de los Estados Unidos, esta es la primera vez que se encuentra a una especie de ese linaje en territorio estadounidense.

“No estaba en mi radar”

“Este ejemplar no estaba en mi radar. No pensé que algún día encontraríamos una cecilia en Florida. Entonces, esto fue una gran sorpresa“, señaló Coleman Sheehy, gerente de colección de herpetología del citado Museo de Florida.

Con respecto de los peligros que suele traer a un bioma la introducción de alguna especie foránea, al parecer, en el caso de esta cecilia del Río Cauca, no hay mucho de lo que preocuparse. “Se sabe muy poco sobre estos animales en la naturaleza, pero no hay nada particularmente peligroso en ellos y no parecen ser depredadores serios”, dijo Sheehy.

El nombre científico de este ceciliano es Typhlonectes natans y se comercializa como mascota para acuarios interiores

El nombre científico de este ceciliano es Typhlonectes natans y se comercializa como mascota para acuarios interiores

Museo de Historia Natural de Florida

“Probablemente comerán animales pequeños y serán devorados por los más grandes. Esta podría ser sólo otra especie no nativa en la mezcla del sur de Florida“, agregó el especialista.

Sheehy se enteró por primera vez de la aparición de la cecilia cuando los oficiales de FWC le enviaron una fotografía en 2019, desorientados por ese ejemplar parecido a una anguila, de 60 centímetros de largo que habían capturado en aguas poco profundas durante una inspección de rutina del canal Tamiami, también conocido como C-4. Canal.

Luego de que el ceciliano muriera en cautiverio, fue enviado al Museo de Florida para un análisis más detallado. Desde entonces, Sheehy ha recibido varios otros especímenes e informes de cecilias en el canal y en breve realizará un trabajo de campo en el área para determinar su número y rango.

El Typhlonectes natans es la cecilia más común en el comercio de mascotas y se reproduce en cautiverio, dando a luz crías vivas. Debido a que esta especie generalmente se mantiene en acuarios en el interior y no puede escapar fácilmente, Sheehy sospecha que alguien desechó a sus mascotas no deseadas en el canal.

Biólogos de Florida descubrieron en un canal de ese estado un anfibio con forma de fideo, oscuro y sin patas, conocido como cecilia del río Cauca. Esta es la primera vez que este animal es hallado en Estados Unidos, ya que, originariamente, esta especie habita aguas dulces de Venezuela y Colombia.

Y así habría comenzado esta población de cecilia del río Cauca tan lejos de sus hábitats originarios.

FUENTE: LA NACIÓN – Sociedad