MISTERIOS Y CURIOSIDADES DEL ANTIGUO EGIPTO

Soldados del antiguo egipto, un ejército preparado para conquistar.

Durante su dilatada historia, Egipto dispuso de un ejército que fue perfeccionando y profesionalizan-do a lo largo del tiempo para adecuarlo a la transformación del país en una potencia conquistadora. La profesión de soldado prometía aventuras y botín, además de prestigio social. Pero no siempre era así.

“Resido en Kenkentaui y estoy sin personal […]. Pasó el día escudriñando lo que hay en el cielo, como si estuviera cazando pájaros. Mi mirada atisba furtivamente el camino para ascender a Palestina. Pasó la noche bajo árboles que no tienen fruto alguno que comer. ¿Dónde están sus dátiles? Ninguno hay; no producen. El mosquito está aquí, en el crepúsculo […] y chupa de cada vena […]. Aquí hay doscientos perros grandes y trescientos lobos, en total quinientos, que cada día están atentos a la puerta de la casa cada vez que salgo, porque ellos huelen la bebida-seber (un tipo de bebida sin especificar) cuando se ha abierto la jarra […]. Un escriba está aquí conmigo. Cada vena de su rostro es… la enfermedad… ha crecido en su ojo y el gusano roe su dentadura. No puedo dejarle desamparado cuando sale de mi compañía. Así pues, deja que su ración se le dé aquí, para que pueda tener reposo en la región de Kenkentaui”.

Pasó la noche bajo árboles que no tienen fruto alguno que comer. ¿Dónde están sus dátiles? Ninguno hay; no producen.

En este pequeño y esclarecedor texto del Reino Nuevo (1539-1077 a.C.), un oficial del ejército egipcio destinado en un puesto fronterizo, lejos de la actividad y el bullicio de la batalla, narra el aburrimiento de sus días en un destino muy parecido a un destierro.

El hombre languidece en un lugar lleno de incomodidades, de animales salvajes y totalmente dejado de la mano de dios. De hecho, durante los reinos Medio (1980-1760 a.C.) y Nuevo, los egipcios construyeron en los territorios fronterizos con el País del Nilo fortalezas para proteger las rutas caravaneras, como las de Buhen y Semmna en Nubia, o las que jalonan el llamado Muro del Príncipe a lo largo de la costa occidental del Mediterráneo, hasta el corredor de Palestina.

Representación de un soldado egipcio, con escudo y daga. Dibujo de 1889.

Representación de un soldado egipcio, con escudo y daga. Dibujo de 1889.Foto: Cordon Press

GUARDIÁN DEL ORDEN

Como garante del orden cósmico y universal, el faraón de Egipto tenía la obligación de doblegar a los enemigos del país que amenazaban con invadirlo, por lo que disponer de un ejército disciplinado y bien entrenado era uno de sus objetivos primordiales.

Pero no siempre Egipto fue una gran potencia militar que conquistó y dominó a los pueblos vecinos.

Durante el Reino Antiguo (2543-2120 a.C.), las misiones que llevaba a cabo el ejército egipcio eran sobre todo de apoyo logístico a las expediciones comerciales al Sinaí o a Nubia, así como de mante-nimiento del orden más que de conquista. Al no ser necesarias competencias extraordinarias para ingresar en el ejército, el servicio militar formaba parte de las muchas tareas que cualquier ciudadano debía cumplir con el Estado (como la construcción de pirámides o la excavación de sistemas de regadío, por ejemplo).

El faraón Ramsés II en combate. Grabado en color de 1865.

El faraón Ramsés II, en combate. Grabado en color de 1865. Foto: Cordon Press.

Durante el Reino Antiguo, las misiones del ejército egipcio eran sobre todo de apoyo logístico a las expediciones comerciales al Sinaí o a Nubia, así como de mantenimiento del orden más que de conquista.

Durante épocas convulsas, en las que la debilidad del poder central se hizo muy evidente, como durante el Primer Período Intermedio (2100-1940 a.C.), los monarcas o gobernadores provinciales, que aglutinaron en sus manos un poder a menudo mucho mayor que el del propio faraón, reclutaron ejércitos privados para controlar y dominar sus territorios. Tras la reunificación del país, ya en el Reino Medio, los faraones de las dinastías XI y XII organizaron batallones de mercenarios libios y nubios (compuestos por hábiles arqueros, que actuaban como temible guardia fronterizas).

En numerosas tumbas de este período se han descubierto algunas maquetas funerarias de madera pintada que recrean a estos batallones militares, como por ejemplo las halladas en la tumba del monarca Mesehti, en Asiut, de la dinastía XI. En la tumba de este noble se descubrieron dos maquetas, una compuesta por arqueros nubios y otra por lanceros egipcios.

Cuarenta estatuillas componen cada una de ellas. Se disponen en cuatro filas de diez y están fijadas a una base plana.

Los arqueros llevan una peluca corta sujeta con una diadema y visten faldellines de vivos colores. Van descalzos y portan tobilleras. En cuanto a los lanceros, llevan también peluca corta y faldellín. Sujetan una larga lanza y se protegen con un gran escudo de piel de animal.

Lanceros egipcios. Maqueta funeraria hallada en la tumba de Mesehti, nomarca de Asiut. Museo Egipcio, El Cairo.

Lanceros egipcios. Maqueta funeraria hallada en la tumba de Mesehti, nomarca de Asiut. Museo Egipcio, El Cairo.Foto: CC

UNA POSICIÓN ENVIDIABLE

A partir del Reino Nuevo, Egipto se convierte en una gran potencia militar. Faraones como Tutmosis III extienden las fronteras del país hacia los territorios vecinos, hacia Nubia y el Próximo Oriente, mucho más lejos de lo que ningún otro soberano había llegado jamás.

Se hace entonces necesaria la formación de un ejército permanente y regular. La profesión de soldado ya no es una tarea más.

Se hace hereditaria y es un trabajo bastante bien remunerado que comporta un gran prestigio; aporta numerosos beneficios tanto sociales como económicos.

Nace de este modo una jerarquía militar muy rígida, pero perfectamente gestionada por una burocracia compleja y eficiente.

El ejército es en este período una máquina bien engrasada dirigida por comandantes y generales, y compuesta por soldados bien entrenados en el uso de las armas, en la lucha cuerpo a cuerpo y en la conducción de carros, una novedad que los egipcios tomaron de los hicsos y mejoraron para hacerlos más ligeros y veloces.

Prisioneros atados en un relieve del templo de Ramsés II en Abu Simbel.

Prisioneros atados en un relieve del templo de Ramsés II en Abu Simbel. Foto: iStock.

Un buen ejemplo de una sólida y brillante carrera militar a principios del Reino Nuevo nos lo ofrece la biografía del capitán de marinos Ahmosis, hijo de Ibana, que vivió a finales de la dinastía XVII y principios de la XVIII, inscrita en su tumba de el-Kab.

En el texto, narrado como si un diario de campaña se tratase, el oficial hace alarde de su participación en diez expediciones militares y detalla las recompensas en oro, esclavos y tierras que recibió por sus servicios a los sucesivos faraones: “Yo crecí en la villa de Nekheb (el-Khab).

Mi padre fue soldado del rey del Alto y Bajo Egipto Seqenenre, justo de voz […]. Cuando se puso sitio a la ciudad de Avaris (la capital de los hicsos) mostré bravura a pie delante de su majestad.

Por ello fui adscrito al barco llamado El que se alza glorioso en Menfis […]. Se me concedió el oro del valor (la más alta condecoración militar)”. Ahmosis sigue detallando sus victorias como jefe de marinos: “Yo llevé en barco al rey del Alto y bajo Egito Djeserkaré (Amenhotep I), justo de voz, cuando él fue hacia el sur hasta Kush para extender las fronteras de Egipto […].

Yo llevé en barco al rey del Alto y Bajo Egipto Aakheperkaré (Tutmosis I) cuando marchó hacia el sur hasta Khenet-Hen-Nefer para aplastar una rebelión”. Y tras una vida plena al servicio de su país, Ahmosis concluye: “Envejecí, alcancé una avanzada edad. Favorecido como antes y querido por mi soberano descanso (ahora) en la tumba que yo mismo he construido”.

Soldados en un carro de combate. Relieve de Amarna. Dinastía XVIII. Foto: Cordon Press.

En una biografía inscrita en su tumba, un oficial llamado Ahmosis narra su participación en diez expediciones militares y detalla las recompensas en oro, esclavos y tierras que recibió por los servicios prestados a los sucesivos faraones.

Asimismo, los ascensos en el ejército eran motivo de orgullo para quien los recibía, y para su familia (recordemos que la carrera militar era un oficio hereditario) puesto que implicaban prestigio y beneficios económicos.

Como ejemplo de ello podemos ver la carta de felicitación de un oficial a otro que ha sido nombrado capitán jefe de los “Auxiliares de la Fuente”, durante el reinado de Seti II (1202-1198 a.C.): “Cuando tu carta me llegó me alegré sobremanera. Que Re-Horakhti te proporcione larga vida en el lugar de tu padre. Que el faraón ponga los ojos en ti de nuevo. Que te fortalezcas y escríbeme acerca de cómo te va”.

Un escriba hace un recuento de las manos cortadas de los enemigos caídos. Templo de Ramsés III en Medinet Habu.

Un escriba hace un recuento de las manos cortadas de los enemigos caídos. Templo de Ramsés III en Medinet Habu. Foto: iStock.

Pero no siempre había actividad. A veces los destinos eran aburridos y solitarios, como el del oficial que abre este artículo.

En su soledad, el oficial toma una jarra de cerveza para soportar el calor asfixiante. Se acerca el crepúsculo y los mosquitos volverán a acribillarlo inmisericordes… Mira al cielo y suspira. Re castiga con fuerza aun a esta tardía hora.

Qué ganas de que se ponga en el horizonte y emprenda su viaje nocturno de una vez, piensa. El soldado echa un vistazo al perro que está tumbado junto a su silla, resoplando, con la lengua fuera.

Es el pequeño perro del escriba Teherhu (el pobre hombre cada vez está más enfermo), que les hace compañía en su exilio involuntario y que les libra por las noches del ataque de los canes salvajes que atacan a los pocos animales de granja de que los hombres disponen para poder alimentarse.

El soldado vuelve a suspirar. Echa de menos la actividad, las marchas, el asedio a las ciudades enemigas, cortar las manos de los enemigos muertos y esperar una generosa recompensa.

Su pensamiento viaja también hacia la ciudad de Menfis, de donde es oriundo. Allí le espera su esposa, en su modesta pero acogedora casa, donde la pareja tantas noches ha disfrutado del frescor de su pequeño y perfumado jardín.

El soldado se da un manotazo en el brazo. Malditos mosquitos… ¿Cuándo llegará por fin el relevo y podrá volver a su hogar a descansar antes de volver a marchar al servicio del faraón?

Qué bellos recuerdos… Ah, las hermosas y cálidas noches de Menfis…

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC – HISTORIA

Carme Mayans

“El yacimiento que cambiará los manuales de historia”: lo que la cuenca del Guadiana esconde

Un hilo de divulgación arqueológica en Twitter recuerda la importancia del yacimiento tartesso de Casas del Turuñuelo, en Guareña (Badajoz), un edificio enterrado que cuenta con una misteriosa escalera monumental, alturas de muros de hasta 7 metros y la primera bóveda conocida de la Península Ibérica.

“Un yacimiento que cambiará los manuales de historia, arquitectura, zoología… un yacimiento que tiene a media arqueología española en vilo y a la otra al borde del infarto”, así comienza un hilo en la red social Twitter sobre los trabajos que se llevan a cabo en los yacimientos tartessos de la cuenca del Guadiana. @itineratur, con más de 32.000 seguidores, ha explicado en este hilo la importancia del yacimiento de las Casas del Turuñuelo, en Guareña, Badajoz, un proyecto del Plan Nacional de Investigación del CSIC que hasta ha interesado al National Geographic.  

Los tartessos ( cuya cronología se extiende desde el 1.200 antes de Cristo al 500 antes de Cristo) era el nombre por el que los griegos conocían a la que creyeron primera civilización de occidente, localizada en la zona que actualmente es Huelva, Sevilla, Cádiz, y también la actual Badajoz.  

Precisamente este hilo de divulgación arqueológica explica los trabajos arqueológicos alrededor de un edificio imponente hallado en la localidad de Guareña en 2014 y que no deja de dar sorpresas a los investigadores.  

“¿Te imaginas un edificio enterrado a posta? No “enterrado” por el tiempo sino literalmente enterrado, como una tumba”, explica Itineratur. “Un edificio en el que se rellenaran todas sus habitaciones hasta el techo y luego se recubriera con una capa de tierra que funcionara como un sello; ese edificio existe y está enterrado, en un túmulo, junto al río Guadiana, en la provincia de Badajoz (Extremadura)”. Se trata de Casas del Turuñuelo, “uno de los yacimientos más relevantes que ha habido y habrá en la historia de la arqueología de la Península Ibérica y más allá”. 

Este singular edificio sigue los ritos de la cultura de Tartesso, enterraban edificios bajo un túmulo ya hace 2.500 años: “En el tramo medio del río Guadiana han sido identificados hasta 13 edificios enterrados”, explica Itineratur, que relata que este  “complicado proceso de ocultación en el siglo V a.C debió de llevar semanas o meses y el trabajo de mucha gente”. Al parecer, desde que este edificio fue enterrado y la zona abandonada, “muy poca gente volvió a habitar este territorio hasta los tiempos de Roma”.

Restos animales a los pies de la escalera de la hecatombe. / Itineratur

Y lo que encontraron los arqueólogos en este enterramiento es increíble. En primer lugar, “una misteriosa escalera monumental”, llamada la escalera de la hecatombe: “Una escalera en perfecto estado de conservación que los arqueólogos desentierran escalón tras escalón esperando que cada uno sea el último y sin embargo siempre hay uno más, no parece acabarse… después de más de 4 metros y 11 emocionantes escalones que salvan un desnivel casi 3 metros de altura te des de bruces con lo más inesperado… Una gigantesca carnicería, un sacrificio loco nunca visto en el occidente del Mediterráneo”. A los pies de esa escalera aparecieron los restos “en grandes condiciones de conservación” de 52 caballos, 4 vacas, 4 cerdos, y un perro “perfectamente dispuestos”. 

No es lo único que sorprende de este yacimiento, también su arquitectura. “Cuando en una excavación normal hay cimientos y gracias, aquí tenemos alturas de muros de hasta 7 metros en dos pisos, 2 o más de espesor y grandes habitaciones”, destaca Itineratur. Allí han encontrado “la primera bóveda conocida de la Península Ibérica”: “Sus restos aparecieron en forma de multitud de ladrillos desperdigados por la estancia 100, una habitación de 70 m2 y hasta tres áreas de uso distintas”. Esto es especialmente importante porque el invento de las bóvedas se atribuye a los romanos: “Hasta ahora la arquitectura antigua abovedada era romana o no era”, cuenta el hilo.

“Tampoco el uso del hormigón para construir se había documentado antes de la conquista romana”; es otro de los grandes descubrimientos de este yacimiento. “La escalera monumental, que a primera vista parece hecha con grandes sillares de piedra, regulares, bien escuadrados (…) está hecha con grandes bloques prefabricados con un mortero a base de cal, procedimiento nunca visto hasta ahora en nuestra arqueología”.  “Ni bóvedas ni hormigones se habían documentado hasta época romana”, destaca el hilo. 

También se han encontrado en los restos de este edificio enterrado “cientos de platos y copas, una parrilla, asadores y hasta un enorme caldero de bronce de un metro de diámetro nunca visto en la Península”. Debió ser un gran banquete tras el cual “rompieron la vajilla e inutilizaron cualquier objeto que se fuera a quedar dentro del edificio”. 

Este hilo de divulgación arqueológica ha logrado decenas de miles de retweets y ‘me gusta’. 

FUENTE: LA VANGUARDIA

“El hallazgo del que hablará todo el mundo”: restos de homínidos de hasta 100.000 años de antigüedad en Italia.

El importante hallazgo se ha hecho en “un entorno único”, una cueva cuya entrada cerró un seísmo hace 60.000 años

Hay restos de 8 homínidos que vivieron hace 50.000 años, y otro más antiguo de entre 100.000 y 90.000 años

También hay huesos de hienas, osos de las cavernas, caballos salvajes, elefantes, ciervos…

La cueva de Guattari, del periodo paleolítico, guarda tesoros arqueológicos a solo cien kilómetros de Roma. / DeAgostini/Getty Images

Los restos de nueve homínidos del periodo Neandertal y de algunos animales de la época fueron descubiertos en el yacimiento paleolítico de la cueva de Guattari en la localidad de San Felice Circeo, a poco más de cien kilómetros de Roma. Más de ochenta años después del descubrimiento -en 1939- de este yacimiento, la Superintendencia de Arqueología de Frosinone y Latina en colaboración con la Universidad de Tor Vergata realizó lo que el ministro de Cultura italiano aseguró es “un hallazgo excepcional” y del que “hablará todo el mundo”.

Las investigaciones, aún en curso, comenzaron en el otoño de 2020 como parte de una operación para la seguridad de la cueva de Guattari, que toma su nombre de su descubridor, dueño del terreno en el que se encuentra el sitio y donde en febrero de 1939 se encontró un primer cráneo.

Una de las calaveras neandertales halladas en la cueva de Guattari. / Werner Forman/Universal Images Group/Getty Images.

Ya en ese momento, gracias a los estudios del paleontólogo Alberto Carlo Blanc, se comprendió de inmediato la gran importancia de este sitio, catalogado como uno de los más importantes del Paleolítico Medio Europeo.

Se trata de “un entorno absolutamente único”, explica Mario Rolfo, profesor de arqueología prehistórica de la Universidad de Tor Vergata, porque un derrumbe, quizás debido a un terremoto, cerró la entrada hace unos 60.000 años.

En su interior, estratificado en el tiempo, se encuentra “una extraordinaria base de datos de elementos fósiles, restos de plantas, humanos e incluso animales cuya presencia se desconocía en estas áreas”, que el hombre de Neandertal frecuentó durante un período de tiempo que va desde hace 300.000 hasta al menos 50.000 años.

La nueva investigación se extendió específicamente a un área de la cueva que ni siquiera había sido tocada por el trabajo de Blanc.

En esa zona se encontraron varios restos humanos, entre ellos un casquete craneal, un fragmento del occipital, fragmentos del cráneo (incluidos dos hemi frontales), fragmentos de la mandíbula, dos dientes, tres fémures parciales y otros fragmentos en proceso de identificación.

Entre los nuevos individuos reconstruidos por los arqueólogos, 9 de los que se suman a los 2 ya reconstruidos en 1939, solo hay una mujer y se remontan a diferentes épocas. En particular, 8 son de homínidos que vivieron hace entre 50 mil y 68 mil años, mientras que el más antiguo de ellos habría tenido entre 100 mil y 90 mil años.

También se encontraron multitud de restos de animales como las hienas que fueron las últimas en utilizar la cueva como guarida donde arrastraban los cadáveres de sus presas; un uro, un gran vacuno extinto; un rinoceronte, el ciervo gigante (Megaloceros), el oso de las cavernas, un elefantes y un caballo salvaje.

Además el descubrimiento de carbón vegetal y de huesos de animales quemados, explican los investigadores, autoriza la hipótesis de la presencia de que en la cueva hubo “un hogar estructurado”.

“Un descubrimiento que permitirá arrojar una luz importante sobre la historia de la población neandertal de Italia”, señaló Mario Rubini, director del servicio de antropología de las provincias de Frosinone y Latina.

FUENTE: EDITORIAL PERFIL –

Descubren los 10 yacimientos arqueológicos más destacados y valiosos de la provincia de Cádiz

Te mostramos conjuntos pertenecientes a la época romana, fenicia e incluso prehistórica y últimos descubrimientos arqueológicos más destacados.

Cádiz es una de las provincias con mayor riqueza arqueológica de España. A lo largo de la historia, distintas civilizaciones aprovecharon su situación de enclave en el Mediterráneo para asentarse.

De hecho, la capital es la ciudad más antigua de Occidente, fundada hace cerca de tres mil años por los fenicios. Los diferentes pueblos que se asentaron en Cádiz dejaron una impronta cultural, cuya influencia aún perdura en el carácter de los gaditanos.

Con la llegada del verano, miles de turistas visitan distintos lugares de la provincia de Cádiz y su patrimonio cultural es otro de los grandes atractivos. De hecho, el descubrimiento más reciente se ha llevado a cabo este mes de mayo en Caños de Meca, donde aún se está trabajando. Estos son algunos de los yacimientos 1. Yacimiento de la ciudad romana de Ocuri (Ubrique)

Yacimiento de Ocuri

Situado a apenas un kilómetro del centro de Ubrique, este municipio prerromano y romano fue muy importante en la época. Así lo demuestra la monumentalidad de los restos arqueológicos conservados tras el descubrimiento a finales del siglo XVIII.

Algunos investigaciones han logrado fijar sus orígenes al menos en el siglo VI a.C., aunque la mayoría de los restos corresponden a la época romana de la ciudad, con un momento de máximo esplendor en el siglo II d.C. En los extramuros de la ciudad, como dictaban las leyes sanitarias romanas, se encuentran la necrópolis y su monumento más importante: el mausoleo, sin parangón en Andalucía.

2. Yacimiento arqueológico de Doña Blanca (Puerto de Santamaría)

Junta de Andalucía

Los restos más antiguos encontrados en éste yacimiento pertenecen a una fase tardía de la Edad del Cobre, de finales del III milenio a.C. Se trata de un conjunto arqueológico que ha sido fundamental para investigar la protohistoria en el Mediterráneo, especialmente para el estudio de la presencia fenicia en Cádiz.

Tras abandonar algunas cabañas, el yacimiento permanece deshabitado hasta la primera mitad del siglo VIII a.C., hasta la llegada de la Segunda Guerra Púnica. Hasta la época medieval islámica no volverá a ocuparse el terreno, cuando se instauró una alquería almohade.

3. Museo Arqueológico de Carteia (San Roque)

Carteia fue la primera colonia latina fuera del territorio de Roma. Y es que en el s. IV a.C. los cartagineses o púnicos, descendientes de los fenicios -que en el siglo VII se habían establecido a unos 2 km, en el Cerro del Prado- fundaron esta ciudad, que fue conquistada cuando Roma venció a Cartago en las Guerras Púnicas en el siglo III.

Como los hijos de hispanas y soldados romanos no eran reconocidos como población romana, se solicitó una solución a este problema y el Senado le concedió el título de Colonia. El yacimiento se encontró a escasos metros de la playa de Guadarranque.

4. Necrópolis de los Algarbes (Tarifa)

La Necrópolis de los Algarbes es uno de los complejos arqueológicos más importantes de la provincia de Cádiz. Correspondiente al Calcolítico y la Edad del Bronce, da hacia fines del III milenio a.C. Y está situado en Tarifa.

El conjunto está formado por medio centenar de estructuras funerarias y cuevas artificiales en forma de cámara circular con entradas a diversos niveles. Destaca también una gran construcción megalítica con un amplio corredor tallado en la roca arenisca, que se puede relacionar con los enterramientos megalíticos de galería cubierta. Fueron encontrados ajuares de gran riqueza, entre los que abundan las vasijas de cerámica.

5. Hornos romanos de El Rinconcillo y Parque Arqueológico de las Murallas Meriníes (Algeciras)

Turismo de Cádiz

La puerta de Europa esconde dos yacimientos arqueológicos de importancia en la provincia. En primer lugar, el Parque Arqueológico de las Murallas Meriníes está integrado por 100 metros de muralla -con cuatro torres de origen bajomedieval y dos de origen desconocido-, un foso bien conservado de unos nueve metros de profundidad y un puente de mampostería en excelente estado de conservación que permitía salvar el foso en la llamada Puerta de Gibraltar. El tramo de muralla medieval, que data del siglo XIII, fue restaurada y acondicionada para su integración en el espacio urbano como Parque Arqueológico, el cual abarca unos 6.000 metros cuadrados.

Por su parte, los hornos romanos de El Rinconcillo, que formaban parte de el complejo de fabricación de ánforas de la ciudad de Portus Albus. En su día, la zona fue complementaria de la industria de elaboración de garum de la ciudad de Iulia Traducta (actual Algeciras). Fueron descubiertos en 1966 en un solar en proceso de urbanización a unos 300 metros de la playa de El Rinconcillo. En la actualidad se encuentra soterrado a la espera de actuaciones arqueológicas.

6. Conjunto Arqueológico Baelo Claudia (Bolonia)

Junta de Andalucía

Uno de los más importantes yacimientos arqueológicos de la provincia de Cádiz. Baelo Claudia, en la ciudad de Bolonia, está situado en plena ensenada. Esta ciudad romana nació a finales del siglo II a. C., siendo la heredera de un asentamiento bástulo-púnico más antiguo (Bailo, Baelokun).

Declarado Monumento Histórico Nacional, esta ciudad-factoría romana sorprende por su estado de conservación. Fue importante en la época por sus conservas y salazones, origen de la salsa denominada garum, que era exportada a todo el imperio.

Descubierta en unas excavaciones en 1917, los investigadores encontraron los restos de una ciudad próspera, construida según los cánones clásicos de Roma. Un terremoto en el siglo III d.C. le afectó hasta el punto de que perdió la mayoría de su población, aunque pervivió un pequeño núcleo hasta los inicios del siglo VII d.C.

7. Yacimiento Caños de Meca, Barbate

Ayuntamiento Medina Sidonia

La Universidad de Cádiz ha descubierto en mayo de 2021 un yacimiento que podría convertir a los Caños de Meca en otra «Baelo Claudia». Se trata de un proyecto junto al cabo de Trafalgar (Barbate), en la conocida playa de Caños de Meca. El viento, el mar, los movimientos de la naturaleza han vuelto a descubrir un yacimiento que parece albergar restos que van desde la época fenicia a la medieval, pasando por la era de asentamiento romana.

Incluso se sospecha que se trate de una factoría de salazones, al estilo de Baelo Claudia. Estas ruinas, tapadas hace ya varias décadas ante la imposibilidad de encontrar financiación para su investigación y conservación, han vuelto a quedar a la vista del gran público.

8. Yacimiento Arqueológico Fenicio de Gadir (Cádiz)

Fue encontrado a nueve metros bajo lo que hoy es el Teatro de Títeres la Tía Norica. Es posible recorrer sus calles, utensilios y casas para resucitar la primera época de esplendor comercial de Gadir, 3.000 años después, en los inicios de la actual Cádiz.

Además del Yacimiento Arqueológico de Gadir, se conservan construcciones de una factoría para la manufactura pesquera romana, con sus piletas para realizar pescado en salazón.

9. Hornos púnicos y fenicios (San Fernando)

Este conjunto arqueológico fue descubierto en 1987, cuando el Grupo Municipal de Arqueología de La Isla descubrió estos restos de hornos alfareros de origen fenicio y cartago-púnico. A día de hoy se encuentran expuestos en la Plaza de los hornos púnicos y fenicios, situada al noroeste de San Fernando.

Estos dos importantes talleres alfareros asociados a la ciudad de Gadir, datados entre los siglos VI al I a.C, se dedicaban a la fabricación de ánforas y otros recipientes destinados al transporte de conservas de pescado, así como objetos de uso cotidiano y cerámicas protocampanienses.

10. Cueva del Tajo (Benalup)

La Cueva del Tajo dispone de pinturas rupestres del denominado arte sureño que fueron encontradas en 1913, cuando Juan Cabré y Eduardo Hernández-Pacheco empezaron en esta cueva los primeros estudios del arte rupestre de la región.

Este pequeño abrigo está situado en un paisaje de excepcional belleza y se caracteriza por la gran cantidad de pinturas rupestres, sobre todo de representaciones de aves, cuadrúpedos y antropomorfos. La mayoría de estas figuras datan del Neolítico y del Calcolítico.

Declarado Monumento Histórico Nacional, esta ciudad-factoría romana sorprende por su estado de conservación. Fue importante en la época por sus conservas y salazones, origen de la salsa denominada garum, que era exportada a todo el imperio.

Descubierta en unas excavaciones en 1917, los investigadores encontraron los restos de una ciudad próspera, construida según los cánones clásicos de Roma. Un terremoto en el siglo III d.C. le afectó hasta el punto de que perdió la mayoría de su población, aunque pervivió un pequeño núcleo hasta los inicios del siglo VII d.C.

FUENTE: LA VOZ. CÁDIZ Actualizado:12/05/2021 

Los arqueólogos encuentran la primera momia embarazada del Antiguo Egipto.

Imágenes y escaneos de la momia Imagen: Desmond et al., J. Archaeol. Sci., 2021.

Lo que en un principio iba a ser el escaneo de una momia de un antiguo sacerdote egipcio, cambió radicalmente con el hallazgo de lo que parecían huesos de un pie diminuto. Por primera vez se había encontrado a una mujer embarazada momificada deliberadamente.

Al parecer, los escáneres posteriores confirmaron que se trataba de un feto aún en el útero de la madre fallecida y momificada. Un hallazgo impactante que planteaba una segunda cuestión: ¿quién era aquella mujer y por qué fue momificada con su feto?

Según ha explicado el arqueólogo Wojciech Ejsmond, de la Academia de Ciencias de Polonia:

Por razones desconocidas, el feto no se había extraído del abdomen durante la momificación. Por esta razón, la momia es realmente única. Nuestra momia es la única identificada hasta ahora en el mundo con un feto en el útero.

El ataúd y la momia Imagen: National Museum in Warsaw, Warsaw Mummy Project.

Cuentan los investigadores que la momia y su sarcófago se donaron a la Universidad de Varsovia en 1826 y se guardaron en el Museo Nacional de Varsovia, Polonia, desde 1917. Sin embargo, no fue hasta 1920 cuando se tradujo el nombre del ataúd. Aquel escrito reveló que el enterrado se llamaba Hor-Djehuty y estaba en una posición privilegiada. Según decía la traducción:

Escriba, sacerdote de Horus-Thoth adorado como una deidad visitante en el Monte de Djembe, gobernador real de la ciudad de Petmiten, Hor-Djehuty, hijo de Padiamonemipet y de una casa Tanetmin.

Tuvieron que pasar varias décadas y muchos avances para que ya en 2016, la tomografía computarizada revelara que la momia en el sarcófago podía no haber sido realmente Hor-Djehuty. Los huesos eran demasiado delicados, faltaban los órganos reproductores masculinos y una reconstrucción tridimensional reveló senos.

Los investigadores creen que, aunque el ataúd se hizo para una momia masculina, se colocó una momia completamente diferente en el sarcófago en algún momento, tal vez para hacerse pasar por un artefacto más valioso. Según los expertos:

Esta teoría está respaldada por el daño a algunos de los vendajes de la momia, probablemente causado por saqueadores del siglo XIX que rebuscaron en busca de amuletos. Por tanto, es imposible saber quién era exactamente la mujer, o incluso si venía de Tebas, donde se encontró el ataúd; sin embargo, se pueden medir algunos hechos a partir de sus restos.

Radiografías y tomografías computarizadas del abdomen de la momia que revelan al feto Imagen: Ejsmond et al., J. Archaeol. Sci., 2021

Estos datos cuentan parte del misterio de la mujer. Por ejemplo, que fue momificada con mucho cuidado y con un gran conjunto de amuletos, lo que sugiere en sí mismo que era alguien importante, ya que la momificación era un lujo en el antiguo Egipto.

También detallan en el estudio que murió hace poco más de 2.000 años, aproximadamente en el siglo I a.C., entre los 20 y los 30 años, y el desarrollo del feto sugiere que tenía entre 26 y 30 semanas de embarazo.

Y hasta aquí. No está claro cómo murió, pero el equipo cree que el análisis de los tejidos blandos conservados de la momia podría dar algunas pistas. [Journal of Archaeological Science vía ScienceAlert]

FUENTE: Editorial Miguel Jorge

El Museo del hombre en París.

Francia le devolverá a la Argentina los restos de un cacique tehuelche

Francia aceptó restituir a sus descendientes los restos del tehuelche Liempichún Sakamata que integran “la colección” del Museo del Hombre de París, donde estuvo exhibido hasta el 2009.

El esqueleto del tehuelche recaló en el museo de París luego de que, en 1896, el conde Henry de la Vaulx profanara su tumba y se llevará a Francia el esqueleto y su ajuar funerario compuesto por un estribo, pendientes y monedas (todo de plata).

En ese viaje de la Vaulx por el sur de Argentina, del 1 de marzo de 1896 al 24 de julio de 1897, se llevó unos 1.400 objetos entre minerales, metales, cerámicas, insectos, esqueletos de mamíferos y una importante “colección” de restos humanos de las comunidades originarias de la región.

El conde envió a Francia los restos humanos y los objetos en 29 cajas con un peso total de 1371 kilos.

El antropólogo del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), Fernando Miguel Pepe, quien desde el 2015 acompañó el reclamo de la comunidad tehuelche Liempichún Sakamata, del Paraje Payagniyeo, expresó que “hemos dado un paso muy importante en la reparación histórica a nuestras comunidades”.

 

“Nos confirmaron del Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores de Francia que los restos serán restituidos por Ley pero hasta tanto se promulgue esa ley los restos de Sakamata ya pueden viajar hacia la Argentina para esperar el final del proceso burocrático en nuestro país”, confirmó Pepe.

El experto destacó que la aceptación por parte del Estado francés de restituir a Sakamata “se da luego de que el vicecanciller argentino Pablo Tettamanti, durante la XI Reunión de Consultas Políticas entre Argentina y Francia, solicitara a Francia que adoptara pronto los pasos legales necesarios para lograr la restitución de los restos del cacique Sakamata-Liempichún“.

 

“Contamos con el apoyo total de la presidenta del INAI, Magdalena Odarda pero este triunfo se da principalmente por la fuerza de las comunidades originarias, las cuales nunca se rindieron entendiendo que es un derecho humano universal el poder dar sepultura sus ancestros como dicta su cosmovisión“, remarcó Pepe.

 

El antecedente inmediato a esta restitución, que sentó un importante precedente, se dio en julio del 2020 cuando Francia le restituyó a Argelia 24 cráneos de argelinos, asesinados durante la batalla contra el general francés Émile Herbillon en 1849.

Pepe adelantó que “estamos ultimando los detalles de la entrega con la esperanza que este año Liempichúm finalmente regrese a su territorio de donde nunca tendría que haber salido”.

FUENTE: PAGINA 12 Editorial – 4mayo2021