Descubren tesoros “arqueológicos” incluyendo fruta de 2.400 años en una ciudad antigua de Egipto.

Descubren una ciudad egipcia de más de 3.000 años

(CNN) — Una serie de “tesoros” arqueológicos, como cerámicas griegas y cestas de mimbre de 2.400 años de antigüedad llenas de fruta, fueron descubiertos en los restos de la antigua ciudad hundida de Thonis-Heracleion, frente a la costa egipcia.Thonis-Heracleion fue el mayor puerto mediterráneo de Egipto antes de que Alejandro Magno fundara Alejandría en el 331 a. n. e.

Un equipo del Instituto Europeo de Arqueología Subacuática (IEASM), dirigido por el arqueólogo marino francés Franck Goddio, lleva años estudiando la zona.

La misión de 2021, llevada a cabo en estrecha colaboración con el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, reveló “resultados extremadamente interesantes” en el yacimiento de Thonis-Heracleion, en la bahía de Aboukir, dijo el IEASM en un comunicado el mes pasado.

A lo largo del canal de entrada noreste de la ciudad sumergida, el equipo encontró los restos de un gran túmulo, una zona funeraria griega. Estaba “cubierto de suntuosas ofrendas funerarias” que se remontan a principios del siglo IV a. n. e., dijo el IEASM.

El cúmulo tiene unos 60 metros de largo y ocho de ancho, y “parece una especie de isla rodeada de canales”, añadió el IEASM.

“Por todas partes encontramos pruebas de material quemado”, dijo Goddio, citado en el comunicado del IEASM. “Deben haber celebrado allí ceremonias espectaculares. El lugar debió de estar sellado durante cientos de años, ya que no hemos encontrado ningún objeto posterior a principios del siglo IV a. n. e., aunque la ciudad siguió viviendo durante varios cientos de años después”.

Enormes bloques del destruido templo de Amón en Thonis-Heracleion cayeron sobre una galera, que estaba amarrada al lado, y la hundieron. Siglo II a.C. Foto: Christoph Gerigk ©Franck Goddio/Fundación Hilti

Entre las ofrendas, que incluían “cerámica griega de lujo importada”, los arqueólogos hicieron un descubrimiento aún más sorprendente: cestas de mimbre que aún estaban llenas de semillas de uva y doum, el fruto de una palmera africana que suele encontrarse en las tumbas, según el IEASM.

“Han permanecido intactas bajo el agua durante) 2.400 años, tal vez porque en su día fueron colocadas dentro de una habitación subterránea o fueron enterradas poco después de ser ofrecidas”, dijo el IEASM.

El descubrimiento “ilustra maravillosamente la presencia de mercaderes y mercenarios griegos que vivían en Thonis-Heracleion, la ciudad que controlaba la entrada a Egipto en la desembocadura de la rama Canópica del Nilo”, dijo el IEASM.

A los griegos se les permitió establecerse en la ciudad durante el período faraónico tardío y construyeron sus propios santuarios cerca del enorme templo de Amón.

Sin embargo, según los investigadores, varios terremotos seguidos de marejadas hicieron que una porción de 110 kilómetros cuadrados del delta del Nilo se hundiera bajo el mar, llevándo consigo las ciudades de Thonis-Heracleion y Canopus. El IEASM “redescubrió” Thonis-Heracleion en 2000 y Canopus en 1999.

El dios Bes era considerado el protector de la gente en su vida cotidiana. También era venerado como protector de las mujeres embarazadas. Oro, siglos V a IV a.C., Thonis-Heracleion. Foto: Christoph Gerigk ©Franck Goddio/Fundación Hilti

Durante su misión de 2021, en otra zona de la ciudad, Goddio y su equipo encontraron sumergida bajo las aguas una galera ptolemaica, que se hundió tras ser golpeada por enormes bloques del templo de Amón, según el IEASM.

La galera estaba amarrada en el canal que corría a lo largo de la cara sur del templo cuando el edificio fue destruido durante un “cataclismo” en el siglo II a. n. e., según el IEASM.

La caída de bloques del templo protegió la galera hundida clavándola en el fondo del canal, que luego se llenó de escombros. Los arqueólogos pudieron detectar la galera utilizando “un prototipo de perfilador de fondo de última generación”, dijo el IEASM. Esta avanzada tecnología es capaz de determinar las propiedades físicas del fondo marino y definir la información geológica a pocos metros de profundidad.

“Los hallazgos de galeras de este periodo siguen siendo extremadamente raros”, explicó Goddio. “El único ejemplo hasta la fecha es la nave púnica Marsala (235 a. n. e). Antes de este descubrimiento, los barcos helenísticos de este tipo eran completamente desconocidos para los arqueólogos

FUENTE: Por Radina Gigova – CNN en español 

Hallaron una especie rara de hurón en la Argentina

Dos ejemplares grandes fueron captados por una cámara en Misiones 

El hurón grande está presente en buena parte del continente, pero escasea en la Argentina. 

Ambientalistas de la Red Yaguareté detectaron en Misiones dos ejemplares de hurón grande. Fue en el Parque Provincial Moconá, en la frotnera con Brasil. El hecho es significativo porque no había registro de la presencia de de esta especie desde 1989.

El hurón grande (Galictis vittata) es una especie rara de hurón y fue visto por las cámaras ubicadas en el parque en un camino de uso restringido, cerca de los Saltos del Moconá. 

Es una especie que habita en algunas regiones de América, desde México hasta Brasil. En Argentina solamente se lo reportó en tres oportunidades. Hace 32 años se reportó el último registro, cuando aparecieron el cráneo y el cuero de otro ejemplar.

Los animales fueron fotografiados el 20 de agosto de 2020. Por su tamaño y pelaje quedó claro que no pertenecían a un ejemplar de hurón menor. El hurón grande pesa entre dos kilos y medio y cuatro y se alimenta de frutas y roedores. No se pudo corroborar si se trata de una pareja.

Es probable que haya otros registros fotográficos de uno o ambos hurones en el mismo parque, y que se haya confundido a los animales con el hurón menor (Galictis cuja), por lo cual ya comenzó el rastreo de todas las cámaras distribuidas en el Moconá. 

Lo que sí está comprobado es que su aparición coincide con el cierre temporal del parque por la pandemia de coronavirus. Las autoridades no descartan que la menor circulación de personas haya permitido la aparición de los animales, ya que las cámaras están a 200 metros de la zonas por donde circulan los visitantes. 

El hurón grande es un espécimen carnívoro muy raro en el país, tanto que la Sociedad para el Estudio de los Mamíferos (Sarem) y el ministerio de Ambiente no pudieron establecer su categoría, aunque la Sarem ya consignó el hallazgo en su revista científica Notas de Mamíferos Sudamericanos. 

 

FUENTE: Página 12 – Descubrimientos – R.Argentina

Es el más antiguo de África

Descubrieron un yacimiento achelense en Marruecos 

Una expedición arqueológica halló el yacimiento arqueológico achelense más antiguo de África del norte. Se trata de un descubrimiento que “enriquece” el debate sobre el surgimiento de la comunidad en el continente, ya que los restos hallados trataría de humanos que vivieron hace 1,3 millones de años cerca de Casablanca. Hasta ahora, los arqueólogos estiman que la cultura achelense, una de cuyas características es la invención de las herramientas bifaces (durante el paleolítico inferior), se había establecido hace 700 mil años en esta parte del norte de África.

“Con este nuevo cálculo, el país se posiciona a escala del continente (africano), donde el achelense está documentado a casi 1,8 millones de años en África del este y en 1,6 millones de años en Sudáfrica”, explicó el arqueólogo marroquí Abdeluahed Ben Ncer.

Es un descubrimiento “importante” que “contribuye a enriquecer el debate sobre la emergencia de la cultura achelense en África”, afirmó el codirector del programa franco-marroquí “Prehistoria de Casablanca”, Abderrahim Mohib, en una conferencia de prensa en Rabat.

Esta investigación, publicada en la revista británica Scientific Reports, movilizó a 17 investigadores marroquíes, franceses e italianos. Se basa en el estudio de utillaje lítico y geológico, extraído del sitio de la cantera “Thomas I”, no lejos de Casablanca, donde se llevan a cabo investigaciones desde los años 80.

En este sitio de excavación, de unos mil metros cuadrados, los arqueólogos descubrieron “uno de los ensamblajes achelenses más completo de África”, destacó Mohib. “Es muy importante porque data del tiempo prehistórico, un período complejo con pocos datos”, añadió.

El hombre prehistórico que vivió en esta región, asimilaba “el concepto de predeterminación”, explicó Mohib. “Diseñaba la forma de la herramienta que quería tener. Es un avance tecnológico muy importante para este antiguo achelense”. Además de 5 mil piedras talladas, los investigadores han encontrado algunos restos de la fauna: hipopótamos, elefantes, cebras, gacelas, y sin exhumar por el momento, restos humanos.

La gran pregunta es si achelense migró del este al norte del continente africano debido a posibles cambios climáticos. Según el investigador, la pregunta se plantea “porque sólo tenemos mucha información sobre el achelense de hace 1,3 millones de años en África del este”. Además, el estudio geoquímico puso en evidencia la presencia de polvo del Sahara “pero en la actualidad es prematuro decidir”. Las investigaciones también han permitido descubrir que los habitantes más antiguos de Marruecos eran “variantes del Homo Erectus”, según Mohib.

El programa “Prehistoria de Casablanca” es fruto de la colaboración entre el Instituto Marroquí de Arqueología (INSAP), la universidad Paul Valéry 3, en Montpellier (Francia), y el ministerio francés de Asuntos Exteriores. También participaron en el proyecto laboratorios franceses e italianos.

En 2017, en el sitio prehistórico de Jebel Irhoud (suroeste de Marruecos), arqueólogos habían descubierto restos de “Homo Sapiens” de 300 mil años, los más antiguos del mundo. Este descubrimiento había alterado la visión de la evolución humana.

FUENTE: Página 12 -Scientific Reports – Arqueología – Sociedad- Mundo

Un cocodrilo en los Andes: encontraron fósiles del que convivió con los dinosaurios

Científicos argentinos y chilenos hallaron los restos de una especie no conocida hasta ahora de reptil, ancestro de los cocodrilos modernos, que habitó la Patagonia hace unos 148 millones de años. Tenía apenas 70 centímetros de largo.

Una especie no conocida hasta ahora de reptil prehistórico, ancestro de los cocodrilos modernos, que habitó la Patagonia hace unos 148 millones de años junto a los dinosaurios, se identificó a partir de restos extraídos en la cordillera de los Andes, en la región de Aysén, por científicos chilenos y argentinos.

Bautizado como burke suchus mallingrandensis, su hallazgo se publicó recientemente en la revista Scientific Reports del grupo Nature. Este animal prehistórico tenía el tamaño de un lagarto y no supera los 70 centímetros de largo. Caminaba en cuatro patas, las cuales poseían una postura intermedia entre aquella vertical de los antepasados de los cocodrilos y la de los cocodrilos vivientes, que se proyectan más hacia afuera. Su cuello, lomo y cola estaban cubiertos por una doble hilera de placas óseas de función protectora, superpuestas de modo similar a un tejado.

“A pesar de que sus mandíbulas y dientes no han quedado preservados, las relaciones de parentesco del burke suchus llevan a suponer que era un depredador de animales pequeños, probablemente invertebrados, que capturan a orillas de las lagunas donde vivía”, indicó Fernando Novas Investigador del Conicet y jefe del Laboratorio de Anatomía Comparada y Evolución de los Vertebrados (La Cev) del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”.

“Burke Suchus nos habla de los orígenes de los cocodrilos modernos y cómo, ya hace 150 millones de años, comenzaron a modificar su anatomía, adoptando un modo de vida anfibio”, explicó Federico Agnolín, investigador del Conicet y de la Fundación Azara, quien encontró los restos fósiles.

“Tuvimos la fortuna de contar con gran parte del cráneo de este animal. Esta es la parte más importante para estudiar los cocodrilos, pues nos muestra muchos rasgos que nos ayudan a saber si se trataba o no de una nueva especie, y con qué otros cocodrilos está relacionada” mencionó Agnolín. La estructura del cráneo revela que el burke suchus, al igual que sus parientes actuales, poseía una solapa carnosa que al cerrase protegía al oído cuando el animal se sumergía en el agua.

Los geólogos Manuel Suárez, Jean-Baptiste Gressier y Rita de la Cruz concluyeron que el ambiente en que convivieron cocodrilos y dinosaurios era cercano a volcanes activos y conos aluviales vecinos a un mar de fines del Jurásico”. El burke suchus formaba parte de una fauna de reptiles que incluía, además del silesaurus, de tres metros de largo, a grandes dinosaurios de cuello largo, parientes del diplodocus y de los enormes titanosaurios herbívoros.

Su nombre significa “el cocodrilo de Burke procedente de Mallín Grande” y es un homenaje al estadounidense Coleman Burke (1941-2020), amante de la Patagonia y apasionado por la paleontología, quien tuvo un rol fundamental en las diversas actividades del Cev.

El origen de los cocodrilos

Los cocodrilos aparecieron a comienzos del período Jurásico, casi a la par que los primeros dinosaurios. En pocos millones de años invadieron el medio marino convirtiéndose en grandes depredadores de peces y de otras criaturas acuáticas. Los mares cálidos y poco profundos del Jurásico sirvieron a estos cocodrilos acuáticos como vías de dispersión, distribuyendose por vastas áreas del planeta. América del Sur es famosa por la riqueza en restos de cocodrilos marinos de gran tamaño, documentados por cráneos y esqueletos articulados y muy completos, los cuales han sido excavados en rocas jurásicas al pie de los Andes, tanto en Chile como en Argentina.

“Es todavía escaso el conocimiento del que disponemos –a nivel mundial– sobre aquellos cocodrilos que correteaban entre las patas de los dinosaurios”, afirma el investigador Fernando Novas. “Los cocodrilos jurásicos que habitaban tierra firme no superan el tamaño de un gato doméstico y, a diferencia de sus temibles primos marinos, su dieta se basaba en pequeños invertebrados. Nada conocíamos en Sudamérica de esos diminutos cocodrilos habitantes de charcos y lagunas, hasta que dimos con los restos del burke suchus”, señala el paleontólogo.

Hallazgos paleontológicos en Aysén

En cercanías de Mallín Grande, Aysén, existe un formidable yacimiento fosilífero de reptiles jurásicos con una antigüedad aproximada de 148 millones de años y con difícil acceso para los exploradores. Al rememorar el momento del descubrimiento del burke suchus mallingrandensis Marcelo Isasi, técnico del Cev recordó: “El primer día de prospección fue realmente inolvidable. Después de subir con los caballos y atravesar grandes extensiones de hielo donde los animales se hundían de golpe hasta la panza, nos pusimos a buscar fósiles en los asomos rocosos. Estábamos muy entusiasmados, ya que en un área de no más de 100 metros de largo dimos con varios esqueletos articulados de chile saurus. De repente Federico Agnolín, investigador del Cev y de la Fundación Azara, gritó: «¡Encontré un cocodrilo!», y todos salimos corriendo hacia él. Cuando llegamos vimos que se trataba de diminutos huesos expuestos en la superficie de la roca”.

El hallazgo del esqueleto del cocodrilo fue seguido de una sorpresa aún mayor cuando el mismo Agnolin, excavando con maza y cinceles alrededor del fósil, quebró un fragmento de roca y vio la parte posterior de un cráneo muy bien preservado.

Durante aquella expedición, la geóloga Rita de la Cruz tenía la esperanza de descubrir un dinosaurio diferente del ya conocido chile saurus, y no imaginó que la gran novedad sería aportada, esta vez, por un cocodrilo. “No sabía la trascendencia que esto podía tener. Pero Federico estaba muy emocionado y como buen paleontólogo, sabía que su descubrimiento era muy importante. Ahora, varios años después, por fin, el cocodrilo sale a luz y brilla por sí mismo, alumbrando aún más el conocimiento de la fauna de fines del Jurásico”.

Una vez extraídos los bloques de roca conteniendo los fósiles, se los envolvió adecuadamente para su transporte. Fue clave la habilidad y destreza de los baqueanos para trasladar a buen resguardo los ejemplares fósiles que los paleontólogos colectaron en lo alto de la montaña. Una vez terminada la travesía, los bloques de roca fueron transportados a Santiago de Chile, y luego de contar con los permisos necesarios, pudieron ser transportados al Museo de Buenos Aires para su preparación y estudio.

El trabajo publicado en Nature sobre burke suchus estuvo encabezado por Fernando Novas y Manuel Suárez, y contó con la participación de Rita de la Cruz, Federico Agnolín, Sebastián Rozadilla, Gabriel Lío, Marcelo Isasi y David Rubilar. Este nuevo descubrimiento reafirma la importancia que tiene el sur del continente sudamericano en temas evolutivos y biológicos a nivel mundial.

FUENTE: elciudadanoweb.com

Rusia. Por qué se multiplican los hallazgos de animales extintos congelados en el hielo.

El derretimiento del permafrost ha permitido obtener muestras de especies perdidas que datan de la Edad del Hielo

Mientras crece la preocupación por el cambio climático, científicos aprovechan los derretimientos de las zonas de gran caudal de hielo para realizar expediciones arqueológicas en búsqueda de muestras de especies de hace miles de años.

En Rusia, una de las regiones más afectadas por el deshielo, arqueólogos llevan adelante desde finales del 2020 investigaciones y búsquedas de restos prehistóricos. Lo que en un inicio había comenzado favorablemente al encontrar colmillos de mamut, sigue sumando hallazgos.

El derretimiento del permafrost en Rusia permitió que arqueólogos encuentran el cuerpo de un rinoceronte lanudo conservado en un 80%

En diciembre, se dio a conocer un hallazgo poco común. Una de las expediciones dio con el cuerpo de un rinoceronte lanudo, una especie extinta desde hace más de 15.000 años. Pero como si esto fuera poco, el espécimen encontrado está conservado en un 80% y tendría una antigüedad superior a la media. Si bien faltan varias investigaciones al respecto, el informe preliminar indica que este cuerpo encontrado dataría de hace 34.000 años.

Todavía restan varias pruebas para obtener más precisiones del animal.

“Según estimaciones preliminares, el rinoceronte tenía entre tres y cuatro años y lo más probable es que se haya ahogado en el río. Hasta ahora no se habían encontrado restos óseos de individuos de esta edad. Es único en su tipo en el mundo”, expresó el Dr. Albert Protopopov, uno de los miembros de la investigación, en diálogo con medios locales.

Qué es el permafrost y por qué preocupa su derretimiento

Por definición, permafrost es todo suelo que permanezca completamente congelado a 0°C o menos durante al menos dos años seguidos. Por lo general, suelen ser muy comunes en regiones de altas montañas y cercanos a los polos. Actualmente, representa una cuarta parte del hemisferio norte.

Desde que comenzaron las campañas que alertan sobre el cambio climático y el derretimiento glacial, se ha resaltado la preocupación por cómo el aumento de la temperatura de la Tierra afecta al permafrost y cuáles son sus consecuencias.

El permafrost de Siberia es uno de los más afectados por el cambio climático.

Si bien la regla establece dos años, hay sectores del suelo que han permanecido congelados por miles de años y su derretimiento, además de proporcionar evidencia de las especies que habitaron el planeta en épocas pasadas, libera grandes cantidades de dióxido de carbono y metano, acelerando el aumento de temperaturas globales.

FUENTE: LA NACIONCIENCIA – ANTROPOLOGÍA

Paleontólogo encontró 70 huevos de dinosaurios.

Juan Porfiri, de General Acha, intervino activamente en el hallazgo. Los 73 ejemplares encontrados son de ave y con una antigüedad de 85 millones de años del período cretácico.

Un “Sitio de Nidificación” con más de 70 huevos de dinosaurios fue hallado dentro del campus de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), en Neuquén, durante un monitoreo realizado por el Museo de Ciencias Naturales debido a la futura construcción de nuevos edificios en ese lugar.

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Así lo confirmaron especialistas de esa casa de estudios y señalaron que los huevos fueron rescatados en un área protegida de la universidad por ser considerado un “sitio único” en el mundo por la riqueza paleontológica que contiene.

El paleontólogo Juan Porfiri, pampeano, explicó que decidieron “realizar un monitoreo de un sector del campus de la universidad dónde se van a ejecutar nuevas construcciones en un yacimiento de fósiles muy rico donde hemos encontrados serpientes y cocodrilos y donde creemos que hay mucho más por rescatar”.

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“Nosotros propusimos antes de que comenzaran las obras, al haber riesgo paleontológico, hacer el monitoreo en ese sector donde años anteriores habíamos trabajado y encontrado fósiles”, indicó Porfiri, oriundo de General Acha.

También explicó que “cuando limpiaron el lugar se encontraron con un área de nidificación que tiene muchos huevos de los cuales hemos rescatado hasta el momento 73 y siguen apareciendo”.

Porfiri precisó a la agencia oficial Télam que lo que hallaron “es un sitio de nidificación que tiene 12 metros de largo por 5 de ancho”.

Sobre la base de antecedentes de este tipo de huevos que se han estudiado, el científico explicó que los hallados en la universidad son de ave y con una antigüedad de 85 millones de años del período cretácico.

El paleontólogo especificó que “tienen aproximadamente 5 centímetros de punta a punta en forma elíptica, con una cáscara sumamente lisa a diferencia de otros huevos de dinosaurios que han aparecido en la ciudad de Neuquén que son rugosos, redondos y de mayor tamaño”.

La formación geológica del hallazgo se denomina “Bajo de la Carpa” y “hace 85 millones de años era un lugar con dunas y pequeñas lagunas con un clima semiárido”, detalló Porfiri.

En las próximas semanas continuarán las tareas de rescate, aunque muchos de los materiales encontrados están en el sitio y otros se han colectado y ya fueron incorporados a la colección del Museo.

Porfiri destacó que “hay varios estudios hechos sobre estos huevos de aves, pero siempre hay nuevos aportes a través de estudios tafonómicos que se están haciendo para conocer bien por qué están depositados, qué forma de depositación tienen y, a su vez, avanzar en algún otro tipo de investigaciones”.

“El yacimiento paleontológico de todo el campus universitario es sumamente importante porque siempre aparecen materiales fósiles, incluso muchos de los que han aparecido son nuevas especies de cocodrilos, reptiles, aves y que han sido los primeros grupos de nuevas familias de dinosaurios que se han encontrado en el mundo”, explicó.

Puso como ejemplo fósiles hallados de cocodrilos “Notosuquios”, o los “Alvarezsauridos”, una familia de dinosaurios que aparecen en el campus de la universidad por primera vez y después empiezan a aparecer parientes de estos en Mongolia, en Canadá y en otras partes del mundo”.

“El campus de la universidad es conocido mundialmente y justamente por la riqueza paleontológica que tiene, lo transforma en algo único, y por eso es tan importante seguir poniendo en valor todo esto”.

“Quienes trabajan en paleontología de cualquier lugar del mundo, conocen a la universidad por su riqueza”, dijo.

Del proyecto de investigación participan estudiantes de la carrera de Geología de la UNCo que han formado parte de otras iniciativas con el Museo de Ciencias Naturales y la Secretaría de Políticas Universitarias.

“Son voluntariados universitarios con especialización en paleontología y hoy se ven ante esta oportunidad de trabajar en este proyecto”, comentó Porfiri.

El equipo de trabajo lo coordinan los paleontólogos Juan Porfiri y Domenica dos Santos y lo integran los estudiantes avanzados de geología de la universidad, Darío López, Macarena Martínez, Martín Gasparini y Santiago Sánchez.

FUENTE: El Diario de la Pampa- Provincia de la Pampa – República Argentina –

 

Hallan el fósil de un vampiro gigante en Argentina.

Arqueólogos argentinos encontraron restos de un murciélago vampiro gigante que vivió hace unos 100 mil años. El hallazgo fue hecho cerca de la localidad bonaerense de Miramar.

En concreto se trata de la rama mandibular que fue recuperada del interior de una madriguera de un perezoso gigante, en sedimentos que datan del Pleistoceno.

El fósil pertenecía a un ejemplar de la especie Desmodus draculae, que fue encontrada por primera vez en Venezuela en 1988. Su nombre hace referencia al fantasmal personaje de ficción creado por el escritor irlandés Bram Stoker.

Estos ejemplares vivieron durante el Cuaternario de América y tenían un tamaño 30% más grande que el vampiro común (Desmodus rotundus).

Los vampiros son mamíferos que solo viven en América y son conocidos por alimentarse de la sangre de otros animales.

“Son la única familia de murciélagos en el mundo que despierta curiosidad a partir de las leyendas de las Transilvania y su espeluznante conde Drácula. Pero en realidad son animales pacíficos que se alimentan de sangre de animales, y a veces de humanos, por unos breves minutos sin generar molestias, tal es así, que sus falsas víctimas ni lo presienten”, explicó Mariano Magnussen, del Laboratorio Paleontológico del Museo de Ciencias Naturales de Miramar e investigador de la Fundación Azara, donde se resguarda el nuevo espécimen.

Sin embargo, el especialista alertó de que la mordedura de uno de estos murciélagos puede transmitir rabia u otras enfermedades si están infectados.

Según el Museo de Ciencias Naturales de Miramar, otro detalle importante del descubrimiento de esta mandíbula, es que ofrece datos paleoambientales y paleoclimáticos para el Pleistoceno superior, pues su pariente más directo, el vampiro común (Desmodus rotundus) actualmente se encuentra a 400 kilómetros al norte de la ubicación del vampiro miramarense. Por lo tanto, las condiciones ambientales del sitio del arroyo La Ballenera habrían sido diferentes a las de hoy.

El Desmodus draculae fue el último de los grandes mamíferos voladores y se extinguió durante la época colonial, en 1820 aproximadamente. Se estima que la causa fue la llamada Pequeña Era de Hielo, un período frío que abarcó desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX.

FUENTE: SPUTNIK MUNDO-

Descubren a una “extraña bestia” de 99 millones de años preservada en ámbar.

Una nueva investigación aseguró que se trata de una nueva especie de lagarto extinto que había sido identificado erróneamente como un pájaro.

Los investigadores comenzaron a analizar el inusual reptil en 2019, un año antes de que un equipo separado, publicara un artículo identificando erróneamente un fósil similar como el ave más pequeña jamás encontrada expresa el investigados y cientifico Edward Stanley.

Un equipo de científicos halló un fósil encerrado en un trozo de ámbar que data de hace unos 99 millones de años y que pertenece a una especie de extraño lagarto. Además, este fósil ayudó a los científicos a revisar el origen de otro descubrimiento conservado en ámbar, del mismo período, que originalmente catalogaron como el ave antigua más pequeña jamás encontrada.

Cuando los investigadores describieron el “Oculudentavis khaung rae, del tamaño de un colibrí, en marzo de 2020, fue aclamado como el dinosaurio más pequeño jamás hallado (las aves son un linaje de dinosaurios que sobreviven hasta el presente). Sin embargo, el espécimen tenía una serie de características que daban a entender que podía ser un reptil.

El ámbar conservó los finos detalles anatómicos del Oculudentavis naga, incluidas las escamas en su mentón y alrededor de sus fosas nasales. Los investigadores estiman que el lagarto medía entre 5 y 7 centímetros de largo, sin incluir la cola

El ámbar conservó los finos detalles anatómicos del “Oculudentavis naga, incluidas las escamas en su mentón y alrededor de sus fosas nasales. Los investigadores estiman que el lagarto medía entre 5 y 7 centímetros de largo, sin incluir la cola.

Edward Stanley

Según informó Live Science, este nuevo hallazgo, bautizado como Oculudentavis naga, es un espécimen más completo que el Oculudentavis khaung rae, ya que tiene el cráneo intacto y parte de la columna vertebral y los hombros. Tras analizar hueso por hueso de este nuevo fósil encerrado en un trozo de ámbar, los científicos determinaron que, a pesar de tener algunos rasgos de ave, era definitivamente un lagarto muy extraño, al igual que su primo “pájaro”.

Los expertos explicaron que los fósiles conservados en ámbar se forman cuando un animal o una planta quedan atrapados en la resina pegajosa de una conífera. Con el paso del tiempo, esta resina se endurece y se convierte en ámbar alrededor de la materia orgánica, sellando el organismo lejos del oxígeno y las bacterias, y protegiéndolo de la descomposición y el desgaste ambiental.

Los expertos explicaron que los fósiles conservados en ámbar se forman cuando un animal o una planta quedan atrapados en la resina pegajosa de una conífera. Con el paso del tiempo, esta resina se endurece y se convierte en ámbar alrededor de la materia orgánica, sellando el organismo lejos del oxígeno y las bacterias, y protegiéndolo de la descomposición y el desgaste ambiental

Los expertos explicaron que los fósiles conservados en ámbar se forman cuando un animal o una planta quedan atrapados en la resina pegajosa de una conífera. Con el paso del tiempo, esta resina se endurece y se convierte en ámbar alrededor de la materia orgánica, sellando el organismo lejos del oxígeno y las bacterias, y protegiéndolo de la descomposición y el desgaste ambiental.

Edward Stanley

Estos fósiles suelen conservar los tejidos blandos como las alas emplumadas de un pájaro, la cola de un dinosaurio o la lengua de un antiguo lagarto. El ámbar también puede preservar casos raros de comportamiento animal como los espermatozoides fosilizados de un crustáceo de hace 100 millones de años.

Muchos fósiles conservados en ámbar, que datan del período Cretácico, proceden de la provincia de Kachin, ubicada en Birmania. Estos dos ejemplares de Oculudentavis tienen su origen en la conocida mina de Aung Bar.

¿Un lagarto parecido a un pájaro o un pájaro parecido a un lagarto?

Según el estudio publicado en la revista Current Biology, el cráneo de Oculudentavis naga mide solo 14,2 milímetros de longitud, y su extenso y afilado hocico tiene alargadas fosas nasales que se asemeja más al pico de un ave que a la nariz de un lagarto.

Al comparar este nuevo fósil encerrado en ámbar con Oculudentavis khaung rae (que mide 17,3 milímetros en total), el cráneo del más reciente hallazgo tiene un aspecto bastante diferente porque su cabeza es más plana, su hocico más ancho y la abertura del ojo, aunque grande para un lagarto, no lo es tanto como la del primer fósil encontrado.

Sin embargo, Edward Stanley, científico del Museo de Historia Natural de Florida y coautor del estudio, aseguró que ambos animales están más emparentados de lo que sugieren las formas conservadas de los cráneos, y esa relación (y su identificación como lagartos) quedó más clara cuando escanearon las cabezas con rayos X, crearon modelos digitales en 3D y los examinaron hueso por hueso.

Stanley afirmó que los dos especímenes tenían dientes con largas raíces que estaban unidas a la mandíbula. Conocidos como dentición pleurodonta, estos dientes son muy comunes en los lagartos y “no se parecen a los dientes de los dinosaurios”, que están asentados en cuencas.

Los investigadores aislaron de forma digital cada uno de los huesos de ambos fósiles. Aquí se muestra en un arco iris de colores las similitudes entre los dos lagartos. Oculudentavis naga, a la izquierda, y O. khaungraae, a la derecha

Los investigadores aislaron de forma digital cada uno de los huesos de ambos fósiles. Aquí se muestra en un arco iris de colores las similitudes entre los dos lagartos. Oculudentavis naga, a la izquierda, y O. khaung rae, a la derecha

Edward Stanley

En el estudio, los científicos informaron que un hueso del cráneo de ambos animales mostraba otra característica propia de los lagartos. “Hay un hueso en la parte posterior de la mandíbula, llamado cuadrado, que une la mandíbula inferior a la parte superior del cráneo y el encéfalo, que también es muy parecido a un lagarto en ambos especímenes. El techo de la boca, aunque inusual para un reptil, es mucho más parecido al de un lagarto que al de un ave”, manifestó Stanley.

Sin embargo, los dos fósiles conservados en ámbar tienen “un hueso de aspecto extraño” justo delante de la cuenca del ojo que no se parece en nada a la mayoría de los lagartos. “El hecho de que el cráneo del primer espécimen pueda ser identificado erróneamente como un ave, es un buen indicio de que este reptil es muy inusual”, indicó Arnau Bolet, investigador del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont de la Universidad Autónoma de Barcelona y coautor del estudio.

Una explicación de por qué los especímenes tienen un aspecto tan diferente entre sí y de por qué Oculudentavis khaung rae tiene una apariencia más parecida a la de un pájaro, con un cráneo más redondeado y un hocico más puntiagudo, podría ser porque las cabezas se deforman durante la fosilización. Y como Oculudentavis naga es un espécimen más completo, proporcionó a los científicos una imagen más clara de los huesos.

Aunque el estatus de Oculudentavis como género de “lagarto extraño” está ahora más claro, su posición exacta en el árbol genealógico de los reptiles sigue siendo desconocida. Pero con todos los datos de la investigación disponibles, otros científicos tendrán la oportunidad de intentar resolver este intrigante rompecabezas evolutivo.

LA NACIÓN – CIENCIA

El asombroso santuario turco de 3000 años que esconde secretos sobre el Universo.

El arte rupestre realizado por los hititas hace 3000 años, reveló antiguos enigmas del cosmos.

Un equipo de arqueólogos reveló que los dibujos tallados en la roca del santuario de Yazilikaya, construido hace más de 3000 años por los hititas, representa una imagen simbólica del cosmos que incluye elementos relacionados con la Tierra, el cielo y el inframundo; así como los procesos cíclicos de la naturaleza como los días y las estaciones.

Según el estudio publicado en la revista científica Journal of Skyscape Archaeology, los expertos sugirieron que la élite de la sociedad hitita, el imperio que dominó entre los años 1700 y 1100 a.C. en la actual Turquía, construyó Yazilikaya para plasmar sus ideas sobre la organización del universo.

Los hititas construyeron Yazilikaya para plasmar sus ideas sobre la organización del universo

Los hititas construyeron Yazilikaya para plasmar sus ideas sobre la organización del universo

Journal of Skyscape Archaeology

Eberhard Zangger, presidente de Luwian Studies, una fundación internacional que trabaja hace siete años en el sitio arqueológico; y Rita Gautschy, arqueóloga y astrónoma del Instituto de Arqueología de la Universidad de Basilea, determinaron que las 64 deidades grabadas en la cámara principal del santuario indican las fases lunares y la época del año solar. Y según los investigadores, este calendario se habría adelantado siglos a su tiempo.

Los científicos centraron la investigación en el significado simbólico del santuario en su conjunto, donde los hititas tallaron y modificaron los afloramientos rocosos naturales de Yazilikaya para crear dos espacios abiertos sin techo, decorados con imágenes en relieve de sus deidades.

Zangger explicó que los hititas “tenían una imagen determinada de cómo ocurrió la creación” porque imaginaban que el mundo había comenzado en el caos y que se organizó en tres niveles: “el inframundo, la tierra que pisamos y el cielo”.

Los grabados del santuario se utilizaron como una forma de mantener el calendario religioso sincronizado con las estaciones. Las deidades utilizadas para contar los días muestran un amplio abanico de personalidades, y sugerimos que algunas de ellas simbolizan estrellas y otros cuerpos celestes”, dijo Zangger.

Aunque tienen algunas certezas, los investigadores todavía no saben con exactitud por qué fue construido el santuario ni para qué fue utilizado

Aunque tienen algunas certezas, los investigadores todavía no saben con exactitud por qué fue construido el santuario ni para qué fue utilizado

Journal of Skyscape Archaeology

El arqueólogo también destacó que otro aspecto importante de la cosmología hitita era la renovación recurrente de la vida. “El día sigue a la noche, la luna oscura se convierte en luna llena y el invierno se convierte en verano. Las tallas con forma de calendario reflejan esta visión cíclica de la naturaleza”, indicó Zangger.

Aunque tienen algunas certezas, los investigadores todavía no saben con exactitud por qué fue construido el santuario ni para qué fue utilizado. Aunque se conjeturaron varias ideas al respecto. “Los espacios se utilizaban para operaciones astronómicas. Eran un calendario que podían funcionar como una ‘calculadora’ de fechas. Y, sobre todo, eran espacios rituales que se utilizaban como escenario para una importante actividad ceremonial”, afirmó el investigador.

FUENTE: LA NACIÓN Lifestyle

¿Más Margulis, menos Darwin?

¿Los descubrimientos científicos determinan nuestras visiones del mundo o pasa lo contrario?

Esa parece haber sido la principal eventualidad con la que chocó la bióloga estadounidense Lynn Margulis. En los años cincuenta, Margulis, tras releer una serie de trabajos sobre el mundo microbiano desestimados o ridiculizados años atrás, encontró las bases para su teoría sobre el origen de las células complejas. Pero esa teoría —y aquellos trabajos— contradecían el muy difundido paradigma evolutivo de la “sobrevivencia del más apto”, basado en El origen de las especies, de Charles Darwin, como mecanismo de la evolución.

Margulis tuvo dificultades entonces para difundir sus ideas: tras numerosos intentos, en 1967, logró finalmente que el Journal of Theoretical Biology aceptara su artículo “On the Origin of Mitosing Cells” (“Sobre el origen de las células mitóticas”). Y su libro, Origin of Eukaryotic Cells (Origen de las células eucariotas), no se publicó hasta 1970. Lo que demostraban sus trabajos suponía un cambio de visión sobre la evolución de los seres vivos.

No es solo el más fuerte o el más apto quien logra sobrevivir, también es fundamental que los organismos puedan cooperar para que la evolución suceda. Para el neodarwinismo de la época —y el statu quo económico que de alguna manera este se encargó de encauzar— aquello sonaba a herejía.

La teoría evolucionista de Charles Darwin surgió en la Inglaterra del siglo XIX, en plena Revolución Industrial y la consolidación del modelo capitalista , en los cuales encajó perfectamente la idea de que la evolución es producto de una selección natural a través de la competencia feroz entre individuos.

 Y el liberalismo contemporáneo también abreva de ahí. De muchas maneras hemos aprendido en Occidente que la autonomía personal es una conquista irrenunciable de las democracias modernas. 

 Pero el auge contemporáneo de populismos y autoritarismos, y la destrucción medioambiental del planeta, nos lleva a preguntarnos si no entendemos a medias la evolución: más que la competencia, sobrevivimos por la cooperación.

Todo indica que hay que cambiar esta noción —el único mecanismo evolutivo es la competencia— y destronar uno de los paradigmas más difundidos por el pensamiento moderno: quizás ahí está la última posibilidad del futuro del planeta y de la especie humana y de miles de otras especies que están en riesgo de extinción por la actividad del ser humano. 

Difundir más la tesis de Margulis, una bióloga que incluso hoy es relativamente poco conocida, y seguro que nunca tan famosa como Darwin, ni como su primer marido, el cosmólogo y autor de bestsellers Carl Sagan, puede ser una buena respuesta.

El rechazo a las teorías de Margulis cambió parcialmente cuando los adelantos en biología molecular y la secuenciación del ADN probaron su hipótesis. La bióloga, quien murió en 2011, fue tardíamente reconocida con varios premios y su trabajo es hoy una referencia central de las críticas al darwinismo.

¿Cuál fue su descubrimiento disruptivo? Que las células complejas (eucariotas) se originaron de células sencillas (procariotas) que se integraron en una relación de beneficio mutuo (simbiosis). 

Si una célula integrada tenía habilidades diferenciadas —por ejemplo, capacidad para respirar oxígeno o procesar energía solar—, compartía esas ventajas con la hospedante y está, a su vez, le ofrecía un medio estable y rico en nutrientes a la primera. Ese es el origen de los órganos internos celulares (los organelos), como las mitocondrias (pulmones celulares) y los cloroplastos (los fotosintetizadores).

Margulis demostró así que la cooperación es el origen de uno de los más importantes saltos evolutivos: el de las células simples a las complejas, sin el cual no habría organismos pluricelulares y la vida se reduciría a un conglomerado de bacterias. La simbiogénesis —esto es, la asociación, integración y cooperación entre diferentes especies para originar nuevas formas de vida— tuvo que aceptarse entonces como una fuerza evolutiva esencial.

Pero el mecanismo evolutivo que Margulis descubrió no es ni de lejos tan conocido ni popular como el más difundido del darwinismo, cuya adaptación en campos como la economía y las ciencias sociales es clave para comprender el devenir del mundo contemporáneo. La adaptación del darwinismo a la economía y las ciencias sociales, en su versión más reductiva, asume que es más natural la competencia que la cooperación y el egoísmo que el altruismo. 

 Y puede que aún no se haya estimado la conmoción que supone esto para el antropocentrismo occidental, que amenaza al planeta, ni para el individualismo moderno, que es central en el liberalismo político contemporáneo.

Desde ciertas interpretaciones del darwinismo, la vida y las relaciones sociales se asumieron como una natural competencia —con nuestros congéneres y con otras especies—, en un mundo caracterizado por la escasez de recursos, donde solo logran sobrevivir los más fuertes y mejor equipados. Los humanos, desde luego, están en la cima.

Pero si la simbiogénesis, que reivindicó Margulis, es un movimiento evolutivo esencial, obviamente no somos los vencedores de la cadena evolutiva, sino una parte ínfima en una extraordinaria red de cooperaciones entre seres vivos que ha permitido la continuidad de la vida.

En un artículo sobre la crisis del liberalismo contemporáneo, Timmothy Garton Ash (El futuro del liberalismo) se pregunta cómo se podía evitar que el calentamiento global se elevará sin imponer “fuertes restricciones a la libertad individual”?. Garton Ash pide a los liberales aprender de sus errores para responder a los “abrumadores retos de nuestra época”, como son el cambio climático, las crisis de salud y la amenaza del autoritarismo.

¿Cuáles son esos errores? Haber olvidado la importancia de la solidaridad y del sentimiento de pertenencia a la comunidad, imposibles sin la cooperación. Haber olvidado esos viejos valores contemplados por muchos liberales clásicos, para abrazar “un liberalismo económico unidimensional”, dice Garton Ash. Integrar las ideas de Margulis podría ayudarnos en ese sentido.

El año pasado ha significado un hito indiscutible en esa crisis. La voracidad de la economía ha llevado a destruir cada vez más los hábitats donde viven animales que hospedan virus que resultan letales para los humanos (el origen de algunas epidemias y probablemente la de la COVID19). También la pandemia reveló la falta de presupuestos para la salud pública. 

La posibilidad de levantar las patentes para las vacunas para beneficiar a la población global ha sido, hasta ahora, imposible. Y los países más ricos acapararon la mayor cantidad de dosis, dejando a los más pobres y vulnerables sin posibilidades sencillas y baratas de inmunizar a su población. 

Aunque ha habido algunos esfuerzos de cooperación internacional (especialmente con el mecanismo COVAX para distribuir vacunas a los países con menos recursos), esta crisis global de salud reveló que necesitamos cooperar más.

Las disciplinas humanísticas y sociales podrían contrarrestar las populares creencias de que el egoísmo y la explotación, la autoimportancia y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, son determinaciones naturales del género humano y no aprendizajes que se pueden revertir o transformar.

El mecanismo evolutivo que descubrió Margulis revela que cooperar es una capacidad biológica y es una ventaja competitiva crucial. Y quizás sea nuestra esperanza más tangible de salvarnos a nosotros mismos y al planeta.

Fuente: The New York Times – Ensayo invitado – Por Sabina Caula y Sandra Caula. Sabina Caula es bióloga especializada en biología evolutiva y ecología. Sandra Caula es filósofa.