II GUERRA MUNDIAL

Los bombardeos de hiroshima y nagasaki.

Introducción:

Previo a dejarlos con la lectura del material escrito y fotográfico de este artículo; no puedo dejar de hacerle al lector una pregunta: ¿Qué diferencia observa entre “líderes” como Harry S. Truman; Adolf Hitler (a este genocida le daría un capitulo aparte), Benito Mussolini y Francisco Franco.

Me preguntarán las razónes de poner a este último. Por la nimiedad de que les prestó Guernica a los alemanes, para probar sus nuevos aviones y bombas contra la población civil del pueblo español. La historia la escriben los hechos y los hombres la deforman. No interesó masacrar inocentes.

Como tampoco se puede buscar Pearl Harbor como justificación cuando era un objetivo militar y no civil.

Si nos pusieramos a volver a investigar nuevamente sobre las atrocidades que realizaron los ejércitos estadounidenses y rusos, al término de la segunda guerra para garantizar la reconstrucción de Europa, más de uno de nosotros vomitaria.

Con esto, siendo apolítico no pretendo transformarme en un crítico impiadoso de lo que hicieron en el antes y en él después.Mis reflexiones no alinean a ninguna de las ideologías y prácticas de los países en aquel momento en conflicto.

Pero qué diferente la actitud de los aviadores japoneses o los altos mandos, en brindar su vida por una causa, que seguramente podremos discutir si eran racionales o no. Pero los EEUU jamás tuvieron una guerra mundial en el patio de su casa.

Y siempre salieron de toda contienda favorecidos política y económicamente por ello. ¿O a alguien le cabe alguna duda? Si cualquier persona me lo puede rebatir, gustosamente aceptaré sin polemizar, profundizar sobre ello.

Además, los EEUU de Norteamérica – del que no aceptó de ninguna manera su slogan “América para los americanos” en lugar de «Norteamerica para los estadounidenses», porque a pesar de que somos según ellos, el patio trasero de América a pesar de todas nuestras dificultades, conseguimos nuestras independencias a traves de cruentas luchas. Hoy enfrentamos muchas veces planeadas disociaciones desde adentro llevafdas a cabo por apátridas con los de afuera, en donde sus intereses espurios mantienen plena vigencia, gobierne quien gobierne.

Luego de la segunda guerra mundial, la hegemonía de los EEUU estuvo siempre presente en cualquier parte del mundo. Con falsas denuncias o declaraciones; se las ha arreglado para coordinar y ser el centro de acumulación capitalista.

Como así de sutilmente  a través de sus servicios, provocar “atentados” porque aman la guerra – proveedora en su balanza comercial de más de 70.000 millones anuales en armamentos (solo lo denunciado).

Solo puedo decir que solo me encantan algunas series de Netflix (en tanto y en cuenta no flamee su bandera). Ya que con la consigna errónea -furcio incluido- de “América primero” que el bocón del ex presidente” Trump hizo suya, los EEUU ha alimentado en sus ciudadanos, el xenofobo sentimiento contra todo aquello que no sea yanqui.

Esto es en líneas generales, ya que es de suponer que haya excepciones con la lucidez que da la razón y pueden haber quienes no piensen que vencer al otro es por la fuerza o utilizando artimañas.

Se trata de ganar-ganar pero es lo que pregonan muchos de sus gurúes hacia afuera, pero solo lo llevan a cabo hacia adentro. Pido disculpas por el tiempo de lectura que les quite. Un cordial saludo.

A continuación el artículo que ha dado lugar al título de esta entrada;

Desde ese 6 de agosto de 1945, el mundo y las guerras ya no volverían a ser iguales.

La explosión de la bomba atómica de Hiroshima se registró a las 8:15 de la mañana del 6 de agosto de 1945. En este reloj de pulsera encontrado en las ruinas de la ciudad, la aguja pequeña del reloj quedó abrasada por la explosión, marcando una sombra sobre él mismo que le hace parecer la aguja grande.

Foto: AP- Paul W. Tibbets JrEl Coronel Paul W. Tibbets, de 31 años, posa para una fotografía delante del Enola Gay en una localización desconocida. Fue el piloto encargado de pilotar el Bombardero B-29 que lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima el 6 de agosto de 1945, el cual llevaría el nombre de su madre.

Foto: AP / US Air Force – George R. Caron

El protagonista de esta foto de archivo de 1945 es el Sargento George R. “Bob” Caron (31 de octubre de 1919 – 3 de junio de 1995), artillero de cola en el Enola Gay, el Bombardero B-29 que lanzó la bomba atómica sobre la ciudad Japonesa de Hiroshima el 6 de agosto de 1945.

Foto:AP/Max Desfor- La tripulación del Enola Gay

De izquierda a derecha en primera fila: Jacob Beser, teniente primero; Norris R. Jeppson, teniente segundo; Theodore J. Van Kirk, capitán; el mayor Thomas W. Ferebee; William S. Parsons, Capitán; el coronel Paul W. Tibbets Jr. y el Capitán Robert A. Lewis. En segunda linea el sargento Robert R. Shumard, el soldado Richard H. Nelson, y los sargentos Joe A. Stiborn, Wyatt E. Duzenbury y George R. Caron.

Foto: RIA Novosti/Sputnik/AP – Little Boy

Little Boy fue el nombre con el que bautizaron los americanos a la bomba lanzada en Hiroshima. La bomba de uranio-235 de 4.400 kilogramos de peso, 3 metros de longitud, 75 centímetros de diámetro y una potencia explosiva de 16 kilotones, – 1600 toneladas de dinamita-, explotó a las 8:15 del 6 de agosto de 1945 a una altitud de 600 metros sobre la ciudad japonesa, acabando con la vida de aproximadamente 140.000 personas.

Foto: AP / US Air Force – Un soldado con pulso de fotógrafo

Una columna de 6 kilómetros de altura se eleva desde la zona cero sobre las ruinas de la ciudad de Hiroshima. La fotografía fue tomada por George Caron, artillero de cola del Enola Gay a quien le dieron una cámara en el último momento y la cual disparó a través de la ventana de plexiglás de su puesto de combate.

Foto: AP/ US Army/ Hiroshima Peace Memorial Museum – La alternativa nuclear

Foto difundida por el ejército de los Estados Unidos y proporcionada por el Museo de la Paz de Hiroshima. En ella se aprecia la enorme nube de humo resultado de los enormes incendios masivos provocados por Little Boy. La fotografía se tomó pocas horas después de la detonación desde un avión de reconocimiento del ejército estadounidense.

Foto: AP – Las secuelas de Little Boy

Imagen de ciudad de Hiroshima tomada a algo más de kilómetro y medio del lugar donde fue detonada Little Boy, la primera bomba atómica de la historia lanzada sobre una población civil.

Foto: AP – Desolación desde el aire

Vista aérea de la ciudad de Hiroshima unas horas después del lanzamiento de la bomba nuclear.

Foto: AP –  Una ciudad reducida a escombros

Metales retorcidos y cascotes: retales de lo que un día fue la ciudad más industrializada de Japón. La fotografía sería tomada unos días después del bombardeo.

Foto: AP – Los restos de la tragedia

El armazón de este bloque de apartamentos es lo poco que quedó en la zona cero tras la explosión nuclear en la ciudad japonesa de Hiroshima.

Foto: AP/ U.S. Army Corps – Sobrevivir a una bomba nuclear

En esta foto proporcionada por el Cuerpo de Ingenieros de EE.UU., se pueden contemplar las heridas de una de las víctimas de la primera bomba atómica. La fotografía fue tomada en el departamento de Ujina, en el primer hospital provisional del ejército japonés en Hiroshima. Los rayos térmicos emitidos por la explosión quemaron el patrón del kimono de esta mujer, los cuales quedaron grabados sobre su espalda.

Foto: AP/ Zu unserem Korr, Japón / Weltkrieg / Jahrestag-  Las primeras reacciones japonesas

Víctimas japonesas esperan recibir los primeros auxilios en la parte sur de Hiroshima horas después de la explosión. La detonación mató al instante a 66.000 personas, hiriendo a otras 69.000.

Foto: AP – Protegidos por las colinas

La foto, tomada un 2 de febrero de 1951, muestra una zona residencial protegida por la orografía en Nagasaki, la cual se salvó de la destrucción que arrasó vastas porciones de la ciudad. El área desnuda en primer plano es un cortafuegos.

Foto: AP – Vivos y juntos

Un hombre y una mujer japonesa, víctimas de la bomba atómica de Hiroshima, se sientan en un edificio de un banco dañado convertido en un hospital provisional. La cara de la mujer está gravemente marcada por el tremendo calor generado en la explosión.

Foto: AP –  El mensajero de la muerte

El Enola Gay aterrizando en Tinian, al norte de las Islas Marianas después del bombardeo de Hiroshima.

Foto: AP-  Cuando lo peor aún no ha pasado

Hiroshima, 1 de septiembre de 1945. Científicos japoneses comprueban los niveles de radiactividad en la zona cero.

Foto: AP/RIA Novosti/Sputnik – Fat Man

Fat man fue el apodo dado a la segunda bomba lanzada – en este caso de plutonio- por el ejército estadounidense sobre Nagasaki, el 9 de agosto de 1945. Detonado a una altitud de 550 metros sobre la ciudad, el dispositivo de 3,25 metros de longitud por 1,52 de diámetro, pesaba 4.630 kilogramos y poseía una potencia de 25 kilotones. Los ataques provocaron la rendición incondicional de Japón. 

Foto: AP – Nagasaki, la segunda bomba

Una columna de humo ondulante en forma de seta se eleva a kilómetros de altura sobre la ciudad japonesa de Nagasaki. Fat  man fue lanzada 3 días después del ataque sobre Hiroshima, acabando instantáneamente con la vida de 70.000 personas. Otros miles morirían después a consecuencia de la radiación.

Foto: AP-  En el centro de la catástrofe

Una flecha marca el punto sobre el que estalló la bomba arrojada en Nagasaki. Gran parte de la zona bombardeada sigue asolada, los árboles en los alcores colindantes permanecen carbonizados y empequeñecidos por la explosión. La reconstrucción del lugar ha sido apenas testimonial.

Foto: AP – Heridas sempiternas

En esta foto del 24 de marzo de 1980, Sunji Yamagushi, quien sobrevivió a la bomba atómica sobre Nagasaki, muestra sus profundas cicatrices durante una conferencia de prensa en Los Ángeles.

Foto: AP-  El avión que puso fin a la Segunda Guerra Mundial

Fat man, fue lanzada desde un bombardero B-29 apodado como “Bockscar”. Charles Donald Albury que en la imagen sostiene una fotografía del avión, copiloto el avión que arrojaría la segunda bomba sobre Nagasaki el 9 de agosto de 1945 y fue testigo del despliegue de la primera bomba atómica sobre Hiroshima tres días antes en calidad de piloto de reserva.

Foto: AP-  Territorio americano en el Pacífico

La guerra en el Pacífico terminó un 2 de septiembre de 1945, cuando el acta de rendición japonesa fue finalmente firmada a bordo del acorazado Missouri de los Estados Unidos. El barco aparece en la foto disparando en un lugar desconocido del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.

Foto: AP – El fin de la guerra

En la imagen, el almirante Chester Nimitz, comandante en jefe de la Flota del Pacífico, a bordo del acorazado Missouri durante la firma de la rendición de los japoneses que ponía fin a la Segunda Guerra Mundial el 2 de septiembre de 1945. De pie, detrás de él, y de izquierda a derecha, el general Douglas MacArthur, el almirante William F. Halsey Jr., y el contralmirante Forrest Sherman.

Foto: AP-  Reportes de Guerra

De regreso de la Conferencia de Postdam, a bordo del crucero de guerra Augusta, el presidente de los Estados Unidos Harry S. Truman, radio en mano, lee a la población los primeros informes de la misión en la que fue lanzada la bomba sobre Hiroshima.

Foto: AP-  La rendición incondicional de Japón

El Secretario de Guerra, Henry Stimson, a la izquierda, observa como el presidente Harry Truman sostiene los documentos firmados de la rendición incondicional japonesa en la Casa Blanca un 7 de septiembre de 1945. Antes del ataque a Hiroshima, Stimson presidió un comité para reflexionar sobre la necesidad de lanzar la bomba. Stimson se mostraría consternado por los métodos de la guerra moderna en la que el bombardeo de civiles se había convertido en algo común.

Foto: AP –  ¿Quién pulsó el botón?

El mayor Thomas Ferebee, a la izquierda y el capitán Kermit Beahan, a la derecha. Ferebee lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima, Beahan lo hizo sobre Nagasaki.

Foto: AP-  Criminales de guerra

Foto tomada en diciembre de 1947 al general Hideki Tojo, primer ministro de Japón durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial. 

Tojo fue considerado un criminal de guerra de clase A y ejecutado por ahorcamiento el 23 de diciembre de 1948. Fue culpado de ser el cerebro y ejecutor del ataque a Pearl Harbor y de la prolongación de la guerra en el pacífico, desencadenante de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.desencadenante de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.

Foto: AP-  El padre de la bomba atómica

De derecha a izquierda el general Leslie R. Groves, y el Dr. En física J. Robert Oppenheimer, conocido coloquialmente como «el padre de la bomba atómica» y director científico del proyecto Manhattan, desarrollado en secreto en Alamogordo, Nuevo México.

Foto: AP –  Juegos de espías

En la imagen, David Greengrass con 29 años, participante en el proyecto Manhattan y espía confeso, se encuentra en la antesala de la Corte Federal, en Nueva York, un 12 de marzo de 1951 durante el receso del juicio por espionaje al que fue sometido. Greengrass testificó pertenecer a una red de espionaje orquestada por la Unión Soviética. Fueron también acusados de conspiración y espionaje al servicio de los soviéticos en tiempos de guerra Morton Sobell, Julius Rosenberg y su esposa, Ethel, hermana de Greengrass .

Foto: AP/KK – Un lugar en la memoria

Varias mujeres rezan durante una misa especial celebrada en la Iglesia Urakami en Nagasaki, el 9 de agosto de 1983 con motivo del 38 aniversario de la destrucción atómica de la ciudad.

 

Dunkerque, la retirada más famosa de la Segunda Guerra Mundial

La retirada de Dunkerque

Un 7 de mayo de 1945, el general Alfred Jodl, Jefe del Estado Mayor del Alto Mando de las Fuerzas Armadas Alemanas, firmaría en el Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada, en Reims, Francia, el Acta de Rendición Incondicional de la Alemania Nacionalsocialista ante las fuerzas aliadas. Sin embargo, la rendición de los alemanes no pondría fin a la mayor guerra de la historia de la humanidad, la Segunda Guerra Mundial. La contienda se traslada exclusivamente al Pacífico, donde la Segunda Guerra Sino-Japonesa se venía librando desde 1937.

Esta comenzaría el 7 de julio de 1937 con la invasión por Japón del noreste de China. Con este acto bélico los nipones darían comienzo a una guerra particular en la que pronto se verían involucradas varias naciones. Es desde este momento que Japón trataría – con éxito- de expandirse por el continente asiático.

La aplastante superioridad militar de los japoneses respecto a sus vecinos pronto dio sus frutos. Las ambiciones japonesas crecieron paulatinamente hasta que, unos años después, continuando con su política bélica expansionista, firmarán con Alemania e Italia el Tratado Tripartito, mediante el cual quedaba alineado con las potencias del eje.

En julio de 1941, con el objetivo de conformar en la zona una coalición de naciones asiáticas libres de la influencia europea y lideradas por Japón , lo que los japoneses conceptualizan bajo el término de «la Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia», los nipones decidieron dirigir su ejército hacia el sur de Indochina, territorio controlado por Francia.

Ante este acto de beligerancia la respuesta de algunos países europeos, así como de los Estados Unidos, -con intereses económicos en la zona- no se hizo de esperar. El resultado fue una serie de embargos comerciales y una disminución del 90% en el suministro de petróleo en detrimento del país del sol naciente.El ataque a Pearl Harbor fue el acicate para que los Estados Unidos participarán en la Segunda Guerra Mundial.

Entre otras razones, la situación alcanzada por Japón tras los embargos, sería uno de los detonantes del ataque de la Armada Imperial Japonesa contra la base naval de los Estados Unidos en Pearl Harbor, Hawai, el 7 de diciembre de 1941. La maniobra estuvo destinada a evitar la intervención de la Flota del Pacífico de los Estados Unidos en los planes de Japón para el sureste asiático contra las posesiones ultramarinas del Reino Unido, Francia, Paises Bajos y los mismos americanos.

El ataque sorpresa a Pearl Harbor fue el acicate definitivo para que, tan solo un día después, el 8 de diciembre de 1941, los Estados Unidos , hasta el momento en una posición no beligerante, tomaran partido de forma activa y definitiva en la Segunda Guerra Mundial declarando la guerra a Japón.

Durante los 4 años siguientes, los estadounidenses libraron una dura contienda con los japoneses en territorio Chino y en las aguas del Pacífico, donde la conquista de cada isla se convertiría en una guerra a pequeña escala.

Si bien es cierto que la disputa entre japoneses y estadounidenses estuvo muy equilibrada, la caída de Alemania pondría las cosas mucho más difíciles a los asiáticos. Sin embargo, lo que finalmente decantaría la balanza a favor de los aliados, sería el arma que en secreto, bajo el nombre en clave de «el Proyecto Manhattan», sería desarrollada por los Estados Unidos con la ayuda de Reino Unido y Canada. El proyecto, que agrupó a una gran cantidad de eminencias científicas como Robert Oppenheimer, Niels Böhr y Enrico Fermi, tenía el objetivo de desarrollar la primera bomba atómica antes que lo hicieran sus enemigos alemanes.

 

¿Cuánto sabes sobre la Segunda Guerra Mundial?

La investigación culminó con «Trinity», nombre que se daría al primer ensayo atómico realizado en el desierto de Alamogordo, en Nuevo México, el 16 de julio de 1945. 

La bomba finalmente no sería usada contra los alemanes, sin embargo, sería el arma definitiva que acabaría con las aspiraciones japonesas en el Pacífico y el continente asiático. Pasadas 3 semanas de este primer test, el 6 de agosto de 1945, un artefacto nuclear cargado de Uranio-235 bautizado como «Little Boy», hacía blanco en la ciudad de Hiroshima. Tres días después, «Fat Man», su hermano mayor, esta vez cargado de Plutonio-239, lo haría sobre Nagasaki.

La rendición de Japón, que oficialmente no se hizo efectiva hasta el 2 de septiembre del mismo año, llegaría en un transcurso de 6 jornadas desde el lanzamiento del segundo artefacto, el 15 agosto de ese mismo año.

«Trinity» puso de manifiesto la capacidad del ser humano para, irónicamente, crear algo capaz de destruir todo aquello que había construido, incluyendo su propio mundo. Lo ocurrido en Hiroshima demostró que sería capaz de hacer uso de ese poder. Lo acaecido en Nagasaki, una vez vista la desolación, muerte y destrucción ulteriores, como, tristemente, aún conocidas las terribles consecuencias, sería capaz de repetirlo de nuevo.

FUENTE: Héctor Rodríguez – La bomba que paró el tiempo

BENJAMIN BUTTON Y LA SEXTA GRAN EXTINCIÓN

«Vivimos la época de la sexta gran extinción. Ya hubo cinco, pura lógica matemática, antes. Como la de los dinosaurios y el meteorito. Pero esta sexta es la gran ola».

En El curioso caso de Benjamin Button, David Fincher nos contaba la historia de un hombre que nacía envejecido, siendo un bebé anciano, más con pinta de dátil que de niño, del que su padre renegaba y al que abandonaba, y que iba haciéndose joven según crecía y después envejecía, el ciclo de la vida, pero él seguía rejuveneciendo físicamente hasta morir viejo pero siendo niño, con aire y grima de torero precoz. En vez de hacerse más alto, grande y arrugado fue haciéndose más pequeño y terso hasta extinguirse. Algo así, como el caso de Button, sucede hoy en el mundo animal, donde los científicos están detectando que cada vez son más pequeñas todas las especies.

Vivimos la época de la sexta gran extinción. Ya hubo cinco, pura lógica matemática, antes. Como la de los dinosaurios y el meteorito. Pero esta sexta es la gran ola. El ritmo de desaparición de especies es 100 veces mayor desde el siglo XX. Por el cambio climático, por la pesca salvaje, por la deforestación, por la caza furtiva… En fin, por nosotros, que nos hemos convertido en meteoritos de la Tierra desde dentro. La mayor amenaza siempre está dentro, no viene de fuera. Como los espíritus de las mansiones en las películas de terror. Como confirma cualquier psicoanalista después de diez sesiones pagadas.

Los científicos no saben aún, aunque lo intuyen, si esa disminución del tamaño de los animales está también provocada por nosotros. La conocida como regla de Bergman establece que cuanto más bajas son las temperaturas, más grandes son los animales endotermos, de sangre caliente.

Nosotros estamos entre ellos. La regla de Bergman la confirmaban las películas del destape: las suecas parecían diosas vikingas al lado de Alfredo Landa. A esa regla de Bergman atribuyen algunos la jibarización de la fauna.

También a que la naturaleza esté buscando las vueltas para sobrevivir. Cuanto más grande es un animal, mayor riesgo de desaparecer. Mermando quizá sobrevivan. Aunque, si seguimos complicando, les pasará como a Benjamin Button. Y nosotros, en cambio, cada vez más gordos.

FUENTE: David López Canales es periodista freelance colaborador de Vanity Fair y autor del libro ‘Un tablao en otro mundo’ (Alianza). 

¿Un continente perdido?

Islandia podría albergar un nuevo continente debajo del mar

Los científicos lo han llamado “secreto geológico” debido a que el océano lo ha cubierto por completo.

En Islandia estaría un nuevo continente debajo del mar cuya extensión podría ser más grande que toda Europa. En Islandia habría un continente prehistórico que no se había encontrado antes por lo que serían los restos de una formación rocosa masiva que había sido cubierta por las olas.

Los científicos lo han llamado “secreto geológico” debido a que el océano lo ha cubierto por completo. Como parte de los estudios esperan que revele algunos secretos de Pangea, el gran continente que existió hace millones de años.

Pixabay

Pixabay

El nuevo continente en Islandia

Pangea era el supercontinente que concentraba todas las tierras del planeta pero fue destruida por los movimientos tectónicos hace millones de años.

El continente se ha nombrado “Icelandia” por la referencia al país donde fue encontrado. El equipo de geólogos cree que puede abarcar hasta un millón de kilómetros cuadrados.

De ser así se demostraría que Pangea no se destruyó por completo al final de la era Paleozoica, hace 50 millones de años. Gillian Foulger, profesora de geofísica en el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Durham, dijo para National Geographic que según sus estimaciones podría estar pasando lo mismo en otras partes del mundo.

El nuevo continente encontrado en Islandia ha sido catalogado como Patrimonio de la Humanidad y podría revelar varios secretos sobre la formación del planeta.

FUENTE: El Heraldo USA – Tendencias –

Chomsky y su libro más reciente, «Cooperación o extinción»

Noam Chomsky: «Nos encontramos en un período de extinciones masivas».


Para el lingüista, filósofo y politólogo estadounidense, la clave reside en la movilización popular y constante. “El activismo puede llegar a ser muy influyente», sostiene.


La inminencia de la extinción es uno de los ejes centrales que aglutina al activismo del siglo XXI.

Los niveles de carbono en la atmósfera, más elevados que en cualquier punto anterior de la historia humana, aumentaron con celeridad hasta más de cuatrocientas partes por millón, muy por encima de las trescientas cincuenta partes por millón hasta las que se considera que el nivel es seguro. La destrucción de la vida en la Tierra no es un relato apocalíptico, producto de la desmesurada imaginación medio-ambientalista o de un grupúsculo perturbado de la comunidad científica. 

“Cada año, cerca de treinta millones y medio de personas se ven obligadas a desplazarse por causas de desastres naturales como inundaciones y tormentas; se trata de una de las consecuencias vaticinadas del calentamiento global y significa casi una persona por segundo, es decir muchísimas más de las que huyen por causa de la guerra y el terrorismo.

A medida que los glaciares se derritan y el nivel del mar aumente, algo que hará peligrar los suministros de agua de un vasto número de personas, estas cifras seguirán aumentando”, advierte Noam Chomsky, lingüista, filósofo y politólogo estadounidense, uno de los activistas más influyentes del mundo, en Cooperación o extinción (Ediciones B).


El libro –que se puede leer junto a En llamas de Naomi Klein—despliega una recopilación de textos que surgieron a partir del “Encuentro con Chomsky”, celebrado en Bastón a mediados de octubre de 2016, en el exterior de la histórica iglesia de Old South, donde se congregó una multitud de jóvenes que se extendió a lo largo de dos manzanas. La charla de aquella tarde tenía el título de “Internacionalismo o extinción”.

El cuerpo principal del libro lo constituye el discurso original del autor de Hegemonía o supervivencia, Estados fallidos y ¿Quién domina al mundo? Entre los materiales se incluye la transcripción de una conversación en el mismo encuentro con Wallace Shawn, un activista comprometido, más conocido como dramaturgo y actor; y las preguntas que formularon los que asistieron al encuentro con las respuestas de Chomsky.

Además de la emergencia climática, los otros dos temas fundamentales fueron la amenaza nuclear y el peligro que entraña el debilitamiento del sistema democrático en todo el mundo.


Chomsky, que nació en Filadelfia el 7 de diciembre de 1928, adquirió su primera conciencia política estimulado por las lecturas en las librerías de los anarquistas españoles exiliados en Nueva York.

Tenía once años cuando publicó su primer artículo sobre la caída de Barcelona y la expansión del fascismo en Europa. Su activismo político arrancó con la movilización contra la guerra de Vietnam. Si entonces llamó la atención, fue porque como profesor de lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), él pertenecía a una universidad que investigó bombas inteligentes y técnicas de contrainsurgencia para la guerra de Vietnam.


Para Chomsky extinción e internacionalismo están asociados en “un funesto abrazo” desde una fecha precisa: 6 de agosto de 1945, cuando el presidente de Estados Unidos ordenó los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. A partir de aquel fatídico día la humanidad entró en una nueva era: la era atómica. “Lo que no se percibió entonces es que surgía una nueva época geológica que hoy conocemos con el nombre de Antropoceno, la cual viene definida por un nivel extremo de impacto humano sobre el entorno”, explica el lingüista estadounidense y agrega que la era atómica y el Antropoceno constituyen una amenaza dual para la perpetuación de la vida humana organizada. 

“Está ampliamente reconocido que nos encontramos en un sexto período de extinciones masivas; el quinto, hace sesenta y seis millones de años, se atribuye por lo general al impacto de un gigantesco asteroide contra la superficie de la Tierra, lo que supuso el final del 75 por ciento de las especies del planeta.

Este acontecimiento puso fin a la era de los dinosaurios y allanó el camino al apogeo de los pequeños mamíferos y, en última instancia, de los humanos, hace unos doscientos mil años”.


Hace tiempo que la capacidad de los seres humanos para destruirse unos a otros a escala masiva está fuera de duda. El Anthropocene Working Group confirma que las emisiones a la atmósfera de CO2 (dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero de origen humano) están aumentando a la tasa más elevada existente en sesenta y seis millones de años.

Aunque Chomsky no se detiene a analizar cada uno de los datos disponibles, pone el foco en algunos aspectos alarmantes. 

“El deshielo de los glaciares del Himalaya podría acabar con las reservas de agua de toda Asia Meridional, es decir, de varios millones de personas. Solo en Bangladesh se espera que en las próximas décadas emigren decenas de millones por la única razón del aumento del nivel del mar, debido a que se trata de una planicie litoral costera. Será una crisis de refugiados que hará insignificantes las cotas actuales, y se trata nada más que del comienzo”, aclara el lingüista estadounidense y recuerda que los Acuerdos de París, alcanzados en la COP 21, en 2015, supusieron un desarrollo a los esfuerzos internacionales por evitar la catástrofe.

Debería haber entrado en vigencia en octubre de 2016, pero la mayoría republicana en el congreso, conocida por su sistemático negacionismo, no estuvo dispuesta a aceptar ningún compromiso vinculante.


Entonces acabó saliendo un acuerdo voluntario que Chomsky califica como “mucho más flojo” por el cual se llegó a una resolución para reducir de forma gradual el uso de hidrofluorocarburos  (HFC), gases de efecto invernadero super contaminantes. El Partido Republicano es la organización “más peligrosa en toda la historia de la humanidad” para el lingüista estadounidense.

La envergadura de la ceguera es tan preocupante que Chomsky elige un fragmento para estimular el debate y a la vez sorprender: “No puedo imaginar límites a la osada depravación de los tiempos que corren, en tanto los agentes del mercado se erigen en guardia pretoriana del Gobierno, en su herramienta y en su tirano a la misma vez, sobornando con liberalidad e intimando con sus estrategias de opciones y exigencias”.

Esta cita la pronunció James Madison en 1791, varios años antes de convertirse en el cuarto presidente de Estados Unidos (1809-1817).


No se puede esperar que las soluciones lleguen de los sistemas de poder organizados, estatales o privados. Para Chomsky la clave reside en la movilización popular y un activismo constante.  “El activismo popular puede llegar a ser muy influyente, lo hemos visto una y otra vez; el compromiso de los activistas desde hace cuarenta años ha puesto los problemas medioambientales en la agenda política, quizá no lo suficiente pero, con todo, de forma crucial y significativa”, reconoce Chomsky en una parte de Cooperación o extinción.

Claro que del dicho al hecho hay un largo trecho. El propio autor revela cómo a pesar del cambio drástico en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial una gran parte de la población se mantuvo como antes: tradicional en lo cultural y premoderna en muchos sentidos. “Para el 40 por ciento de los ciudadanos estadounidenses, el trascendental problema de la supervivencia de la especie no es demasiado relevante, ya que Cristo va a regresar entre nosotros en un par de décadas, de manera que todo quedará resuelto. Insisto; hablamos de un 40 por ciento”, resalta  Chomsky para no perder de vista la importancia que tiene la religión en una porción significativa de la ciudadanía estadounidense.


Chomsky comenta un libro de Arlie Hobschild (Strangers in Their Own Land), una socióloga que se fue a vivir a un área pauperizada de Luisiana durante seis años para estudiar a los habitantes desde dentro.

Se trata de la zona profunda pro-Trump del país. “Los productos químicos y otros elementos contaminantes derivados de la industria petroquímica están causándoles graves daños, pero se oponen por completo a la Agencia de Protección Medioambiental (…)

Ven a la Agencia como un grupo de gente de ciudad con un doctorado, que va hasta allí y les dice cosas como que no pueden pescar, pero que a la industria petroquímica ni le chistan.

Así que, ¿qué utilidad tiene? No les gusta que les quiten el trabajo y les digan con su acento culto lo que pueden y no pueden hacer, mientras que ellos se ven asediados por toda la situación”, plantea Chomsky como ejemplo para que los activistas conozcan las profundas razones y reticencias que tendrán que vencer.

En el reto sin precedentes por la supervivencia de la civilización no hay tiempo que perder.


FUENTE: PAGINA 12 – Silvina Friera

Colapsum

Eres Ángel que se esconde
en la neblina de una calle,
es a quien aguardo agazapado
como la bestia en que me converti
por todo aquello donde la sorpresa
se volvió «la nueva normalidad «
en mundo cada vez más desigual.

En esto del paraíso y del infierno,
en este último me siento seguro
por la razón que ya se quien miente
como otras veces al escucharle.

Por eso construí un muro que no dejara
paso hacia un paraíso al que iran todos,
también aquellos miles que soguzgan
a miles de millones que en la hambruna
el propio sistema los arroja día a día

Pero estos últimos dejarán de sufrir
para ya inertes, convertirse en almas
puras que encontrarán una dimensión
que les proveerá la armonía y paz
desconocidas desde siempre en toda su vida.

Creí tanto hasta que un día,
deje de hacerlo
por los que nada tienen,
los marginales
desde aquí con desprecio
«mal llamados»
sudacas hasta el Japón,
en donde duermen
miles en cuchetas
rodantes aberrantes.

La película «Colapso»
la dirigen inexpertos,
que son segmentos
tan cruentos, tan reales
tomados en planos
de la vida de cada día,
que ni siquiera argumento
posee y solo muestra
la realidad hacia donde
nos dirigimos tal como
lo hace un documental.

Paraliza y sorprende,
ciertamente.

Hacia nuestra masacre
autoinflingida de los años 50
de este repugnante siglo,
donde la avaricia consume todo.

He visto tanto odio,
tanta traición,
desigualdad 
y desprecio por los otros,
en estas décadas de mi vida,
que dudo volver a creer
en aquellos ángeles,
que niño pretendian
convencerme de su protección.

En un mundo de pocos,
decidiendo el final de los otros
no cesare de denunciar
la agonía que nos va cercando.

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