MISTERIOS Y CURIOSIDADES DEL ANTIGUO EGIPTO

Soldados del antiguo egipto, un ejército preparado para conquistar.

Durante su dilatada historia, Egipto dispuso de un ejército que fue perfeccionando y profesionalizan-do a lo largo del tiempo para adecuarlo a la transformación del país en una potencia conquistadora. La profesión de soldado prometía aventuras y botín, además de prestigio social. Pero no siempre era así.

“Resido en Kenkentaui y estoy sin personal […]. Pasó el día escudriñando lo que hay en el cielo, como si estuviera cazando pájaros. Mi mirada atisba furtivamente el camino para ascender a Palestina. Pasó la noche bajo árboles que no tienen fruto alguno que comer. ¿Dónde están sus dátiles? Ninguno hay; no producen. El mosquito está aquí, en el crepúsculo […] y chupa de cada vena […]. Aquí hay doscientos perros grandes y trescientos lobos, en total quinientos, que cada día están atentos a la puerta de la casa cada vez que salgo, porque ellos huelen la bebida-seber (un tipo de bebida sin especificar) cuando se ha abierto la jarra […]. Un escriba está aquí conmigo. Cada vena de su rostro es… la enfermedad… ha crecido en su ojo y el gusano roe su dentadura. No puedo dejarle desamparado cuando sale de mi compañía. Así pues, deja que su ración se le dé aquí, para que pueda tener reposo en la región de Kenkentaui”.

Pasó la noche bajo árboles que no tienen fruto alguno que comer. ¿Dónde están sus dátiles? Ninguno hay; no producen.

En este pequeño y esclarecedor texto del Reino Nuevo (1539-1077 a.C.), un oficial del ejército egipcio destinado en un puesto fronterizo, lejos de la actividad y el bullicio de la batalla, narra el aburrimiento de sus días en un destino muy parecido a un destierro.

El hombre languidece en un lugar lleno de incomodidades, de animales salvajes y totalmente dejado de la mano de dios. De hecho, durante los reinos Medio (1980-1760 a.C.) y Nuevo, los egipcios construyeron en los territorios fronterizos con el País del Nilo fortalezas para proteger las rutas caravaneras, como las de Buhen y Semmna en Nubia, o las que jalonan el llamado Muro del Príncipe a lo largo de la costa occidental del Mediterráneo, hasta el corredor de Palestina.

Representación de un soldado egipcio, con escudo y daga. Dibujo de 1889.

Representación de un soldado egipcio, con escudo y daga. Dibujo de 1889.Foto: Cordon Press

GUARDIÁN DEL ORDEN

Como garante del orden cósmico y universal, el faraón de Egipto tenía la obligación de doblegar a los enemigos del país que amenazaban con invadirlo, por lo que disponer de un ejército disciplinado y bien entrenado era uno de sus objetivos primordiales.

Pero no siempre Egipto fue una gran potencia militar que conquistó y dominó a los pueblos vecinos.

Durante el Reino Antiguo (2543-2120 a.C.), las misiones que llevaba a cabo el ejército egipcio eran sobre todo de apoyo logístico a las expediciones comerciales al Sinaí o a Nubia, así como de mante-nimiento del orden más que de conquista. Al no ser necesarias competencias extraordinarias para ingresar en el ejército, el servicio militar formaba parte de las muchas tareas que cualquier ciudadano debía cumplir con el Estado (como la construcción de pirámides o la excavación de sistemas de regadío, por ejemplo).

El faraón Ramsés II en combate. Grabado en color de 1865.

El faraón Ramsés II, en combate. Grabado en color de 1865. Foto: Cordon Press.

Durante el Reino Antiguo, las misiones del ejército egipcio eran sobre todo de apoyo logístico a las expediciones comerciales al Sinaí o a Nubia, así como de mantenimiento del orden más que de conquista.

Durante épocas convulsas, en las que la debilidad del poder central se hizo muy evidente, como durante el Primer Período Intermedio (2100-1940 a.C.), los monarcas o gobernadores provinciales, que aglutinaron en sus manos un poder a menudo mucho mayor que el del propio faraón, reclutaron ejércitos privados para controlar y dominar sus territorios. Tras la reunificación del país, ya en el Reino Medio, los faraones de las dinastías XI y XII organizaron batallones de mercenarios libios y nubios (compuestos por hábiles arqueros, que actuaban como temible guardia fronterizas).

En numerosas tumbas de este período se han descubierto algunas maquetas funerarias de madera pintada que recrean a estos batallones militares, como por ejemplo las halladas en la tumba del monarca Mesehti, en Asiut, de la dinastía XI. En la tumba de este noble se descubrieron dos maquetas, una compuesta por arqueros nubios y otra por lanceros egipcios.

Cuarenta estatuillas componen cada una de ellas. Se disponen en cuatro filas de diez y están fijadas a una base plana.

Los arqueros llevan una peluca corta sujeta con una diadema y visten faldellines de vivos colores. Van descalzos y portan tobilleras. En cuanto a los lanceros, llevan también peluca corta y faldellín. Sujetan una larga lanza y se protegen con un gran escudo de piel de animal.

Lanceros egipcios. Maqueta funeraria hallada en la tumba de Mesehti, nomarca de Asiut. Museo Egipcio, El Cairo.

Lanceros egipcios. Maqueta funeraria hallada en la tumba de Mesehti, nomarca de Asiut. Museo Egipcio, El Cairo.Foto: CC

UNA POSICIÓN ENVIDIABLE

A partir del Reino Nuevo, Egipto se convierte en una gran potencia militar. Faraones como Tutmosis III extienden las fronteras del país hacia los territorios vecinos, hacia Nubia y el Próximo Oriente, mucho más lejos de lo que ningún otro soberano había llegado jamás.

Se hace entonces necesaria la formación de un ejército permanente y regular. La profesión de soldado ya no es una tarea más.

Se hace hereditaria y es un trabajo bastante bien remunerado que comporta un gran prestigio; aporta numerosos beneficios tanto sociales como económicos.

Nace de este modo una jerarquía militar muy rígida, pero perfectamente gestionada por una burocracia compleja y eficiente.

El ejército es en este período una máquina bien engrasada dirigida por comandantes y generales, y compuesta por soldados bien entrenados en el uso de las armas, en la lucha cuerpo a cuerpo y en la conducción de carros, una novedad que los egipcios tomaron de los hicsos y mejoraron para hacerlos más ligeros y veloces.

Prisioneros atados en un relieve del templo de Ramsés II en Abu Simbel.

Prisioneros atados en un relieve del templo de Ramsés II en Abu Simbel. Foto: iStock.

Un buen ejemplo de una sólida y brillante carrera militar a principios del Reino Nuevo nos lo ofrece la biografía del capitán de marinos Ahmosis, hijo de Ibana, que vivió a finales de la dinastía XVII y principios de la XVIII, inscrita en su tumba de el-Kab.

En el texto, narrado como si un diario de campaña se tratase, el oficial hace alarde de su participación en diez expediciones militares y detalla las recompensas en oro, esclavos y tierras que recibió por sus servicios a los sucesivos faraones: “Yo crecí en la villa de Nekheb (el-Khab).

Mi padre fue soldado del rey del Alto y Bajo Egipto Seqenenre, justo de voz […]. Cuando se puso sitio a la ciudad de Avaris (la capital de los hicsos) mostré bravura a pie delante de su majestad.

Por ello fui adscrito al barco llamado El que se alza glorioso en Menfis […]. Se me concedió el oro del valor (la más alta condecoración militar)”. Ahmosis sigue detallando sus victorias como jefe de marinos: “Yo llevé en barco al rey del Alto y bajo Egito Djeserkaré (Amenhotep I), justo de voz, cuando él fue hacia el sur hasta Kush para extender las fronteras de Egipto […].

Yo llevé en barco al rey del Alto y Bajo Egipto Aakheperkaré (Tutmosis I) cuando marchó hacia el sur hasta Khenet-Hen-Nefer para aplastar una rebelión”. Y tras una vida plena al servicio de su país, Ahmosis concluye: “Envejecí, alcancé una avanzada edad. Favorecido como antes y querido por mi soberano descanso (ahora) en la tumba que yo mismo he construido”.

Soldados en un carro de combate. Relieve de Amarna. Dinastía XVIII. Foto: Cordon Press.

En una biografía inscrita en su tumba, un oficial llamado Ahmosis narra su participación en diez expediciones militares y detalla las recompensas en oro, esclavos y tierras que recibió por los servicios prestados a los sucesivos faraones.

Asimismo, los ascensos en el ejército eran motivo de orgullo para quien los recibía, y para su familia (recordemos que la carrera militar era un oficio hereditario) puesto que implicaban prestigio y beneficios económicos.

Como ejemplo de ello podemos ver la carta de felicitación de un oficial a otro que ha sido nombrado capitán jefe de los “Auxiliares de la Fuente”, durante el reinado de Seti II (1202-1198 a.C.): “Cuando tu carta me llegó me alegré sobremanera. Que Re-Horakhti te proporcione larga vida en el lugar de tu padre. Que el faraón ponga los ojos en ti de nuevo. Que te fortalezcas y escríbeme acerca de cómo te va”.

Un escriba hace un recuento de las manos cortadas de los enemigos caídos. Templo de Ramsés III en Medinet Habu.

Un escriba hace un recuento de las manos cortadas de los enemigos caídos. Templo de Ramsés III en Medinet Habu. Foto: iStock.

Pero no siempre había actividad. A veces los destinos eran aburridos y solitarios, como el del oficial que abre este artículo.

En su soledad, el oficial toma una jarra de cerveza para soportar el calor asfixiante. Se acerca el crepúsculo y los mosquitos volverán a acribillarlo inmisericordes… Mira al cielo y suspira. Re castiga con fuerza aun a esta tardía hora.

Qué ganas de que se ponga en el horizonte y emprenda su viaje nocturno de una vez, piensa. El soldado echa un vistazo al perro que está tumbado junto a su silla, resoplando, con la lengua fuera.

Es el pequeño perro del escriba Teherhu (el pobre hombre cada vez está más enfermo), que les hace compañía en su exilio involuntario y que les libra por las noches del ataque de los canes salvajes que atacan a los pocos animales de granja de que los hombres disponen para poder alimentarse.

El soldado vuelve a suspirar. Echa de menos la actividad, las marchas, el asedio a las ciudades enemigas, cortar las manos de los enemigos muertos y esperar una generosa recompensa.

Su pensamiento viaja también hacia la ciudad de Menfis, de donde es oriundo. Allí le espera su esposa, en su modesta pero acogedora casa, donde la pareja tantas noches ha disfrutado del frescor de su pequeño y perfumado jardín.

El soldado se da un manotazo en el brazo. Malditos mosquitos… ¿Cuándo llegará por fin el relevo y podrá volver a su hogar a descansar antes de volver a marchar al servicio del faraón?

Qué bellos recuerdos… Ah, las hermosas y cálidas noches de Menfis…

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC – HISTORIA

Carme Mayans

TESOROS DE LA ARQUEOLOGÍA

Las 10 joyas arqueológicas imprescindibles del museo arqueológico nacional.

El Museo Arqueológico Nacional (MAN) alberga tantas piezas excepcionales que no cabrían en una lista completa. Por esto hemos preparado esta selección con 10 joyas que no pueden faltar en una visita a este museo madrileño.

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El tesoro de la Aliseda

Un impresionante conjunto de joyas y otros enseres del siglo VII o VI a.C. pertenecientes a la cultura tartésica, una de las primeras civilizaciones de la península Ibérica. Se cree que fue el ajuar funerario de una mujer de la élite, ya que hay varios adornos personales femeninos y están fabricados con materiales preciosos como el oro. Resulta interesante en ellos la influencia orientalizante, fruto del contacto con la cultura fenicia.

La Dama de Baza

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Fundación ITMA, autor: Relanzón, Santiago

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La Dama de Baza

Esta urna funeraria del siglo IV a.C. representa a una dama de la aristocracia ibera. Además de la información que da sobre la vestimenta de la élite, resulta especialmente valiosa por la representación de los símbolos de esta cultura, como el pichon, que representa el nexo entre la mujer y la divinidad. La urna va acompañada de un ajuar compuesto por panoplias de un guerrero, una representación de las luchas que se celebraban en las honras fúnebres, algo que también da pistas sobre los rituales funerarios y la influencia de la cultura fenicia.

La Dama de Elche

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Fundación ITMA, autor: Relanzón, Santiago

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La Dama de Elche

Seguramente una de las piezas arqueológicas más famosas de la cultura íbera, la Dama de Elche está datada en los siglos V o IV a.C. y representa el busto de una mujer de la aristocracia. Una oquedad en la espalda sugiere un uso como urna funeraria, mientras que el gran detalle de las facciones y del tocado que luce podría interpretarse como una especie de divinización de la difunta. La delicada factura de los adornos apuntan a un alto estatus y al comercio de bienes de lujo con otros pueblos del Mediterráneo.

El monumento de Pozo Moro

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Ángel Martínez Levas

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El monumento de Pozo Moro

Este impresionante monumento funerario de la cultura íbera consta de sillares de piedra arenisca dispuestos en forma de torre, acompañados de estatuas de leones y relieves de los que se conservan fragmentos. El monumento, del siglo VI a.C., es un magnífico ejemplo de mestizaje cultural: los relieves representan escenas que se han asociado con la historia del héroe Heracles, mientras que los leones son un símbolo muy presente en las culturas del Oriente Próximo antiguo.

Los toros de Costitx

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Lorenzo Plana.

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Los toros de Costitx

Estas tres cabezas de toro fabricadas con bronce, entre los siglos V y III a.C., son un ejemplo exquisito de la artesanía de la cultura talayótica, nativa de las islas Baleares. Se encontraron en el santuario de son Corró (Mallorca), por lo que han sido interpretadas como la representación de una divinidad. El toro era un animal venerado por varias culturas prehistóricas del Mediterráneo como un símbolo de fuerza, vitalidad y fertilidad.

Las estatuas de Livia y Tiberio

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Gabriel López Pérez

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Las estatuas de Livia y Tiberio

Colocadas en el patio romano del museo, esta pareja de estatuas de mármol representan a Livia Drusila, esposa del emperador Augusto, y su sucesor Tiberio, hijo de la primera. Durante la época del Imperio Romano, este tipo de efigies tenían una gran importancia política como representación del poder, especialmente en territorios de frontera donde la institución imperial era percibida como algo lejano. El hecho de que una mujer como Livia tuviera una estatua que la ponía a la par con el emperador demuestra el gran poder que ostentó en vida.

La sala de los mosaicos romanos

Museo Arqueológico Nacional. 

Foto: Gabriel López Pérez (www.fotoespacios.com)

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La sala de los mosaicos romanos

Los magníficos mosaicos que adornan las salas de la colección romana son una de las grandes joyas de esta sección del museo. Proceden de diversas villas de la antigua Hispania y dan una buena idea de los ambientes en los que vivía la élite. Los mosaicos destacan por su excepcional estado de conservación y su gran detalle, que refleja el punto álgido de este arte romano. La colección se completa con una gran variedad de objetos de época imperial, tanto monumentales como del ámbito cotidiano.

El tesoro de Guarrazar

Archivo Museo Arqueológico Nacional

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El tesoro de Guarrazar

Uno de los hallazgos más famosos de la historia de la arqueología española, descubierto por casualidad y recuperado parcialmente tras muchos periplos. Este conjunto de coronas votivas y cruces, fabricadas con oro y piedras preciosas, es un bellísimo ejemplo de la artesanía visigoda y de las influencias bizantinas en la misma. La pieza más famosa es la corona votiva del rey Recesvinto (siglo VII d.C.), aunque todas las demás son de factura igual de exquisita.

El bote califal de Zamora

Museo Arqueológico Nacional. Foto: Fundación ITMA, autor: Relanzón, Santiago

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El bote califal de Zamora

Este bote de marfil de elefante data del año 964 d.C., durante el reinado del califa Alhakén II, uno de los periodos más prósperos del Califato de Córdoba. El bote aprovecha la forma cilíndrica del colmillo y está decorado con motivos vegetales y animales que recrean el ambiente de un jardín palatino. Fue fabricado para Zoa, la concubina favorita del califa; además del gran detalle en su elaboración, destaca por tratarse de un material muy costoso y difícil de obtener en al-Ándalus, lo que implica una gran importancia de las relaciones comerciales del Califato de Córdoba con otros imperios del norte de África.

Los jarrones de la Alhambra

Archivo Museo Arqueológico Nacional

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Los jarrones de la Alhambra

Estos jarrones, fabricados durante el siglo XIV en el reino nazarí de Granada -aunque el centro de producción era Málaga- representan uno de los últimos grandes ejemplos del arte andalusí. Su proceso de elaboración era muy laborioso, ya que requería cocer las piezas tres veces, y tuvieron tanto renombre que se exportaron por todo el Mediterráneo. Su elevado coste, su fragilidad y su precaria estabilidad indican que no estaban destinados a un uso práctico sino a decorar los espacios palatinos como símbolos de lujo y riqueza.

 FUENTE: Abel de Medici 

 Museo Arqueológico Nacional Museos Arqueología

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Descifran la historia de la porcelana de la dinastía Ming.

CON LUZ SINCROTRÓN

Investigadores franceses y españoles han utilizado la luz sincrotrón del centro ALBA de Cerdanyola del Vallès (Barcelona) para descifrar qué hay detrás de la famosa vajilla china azul y blanca.
Investigadores franceses y españoles han utilizado la luz sincrotrón del centro ALBA de Cerdanyola del Vallès (Barcelona) para descifrar la historia de la porcelana china azul y blanca de la dinastía Ming, del siglo XV, y han podido determinar, por ejemplo, que se coció a entre 1.250 y 1.300 grados centígrados.

Se trata de porcelanas decoradas bajo el barniz con pigmentos azules basados en cobalto y que se producían con una única cocción a altas temperaturas. Los científicos han sido capaces de identificar la temperatura de cocción determinando los pigmentos de la porcelana y las condiciones de reducción-oxidación del medio durante su producción.

Los resultados obtenidos sugieren que, durante la cocción de la porcelana, los iones de hierro y manganeso se difundieron.

Según los investigadores, el método de estudio utilizado podría aplicarse también en un amplio rango de cerámicas modernas y arqueológicas para dilucidar su tecnología de producción y de ello deducir su antigüedad.

Precisamente, estudiar las numerosas piezas de cerámica que se encuentran habitualmente en la mayoría de yacimientos arqueológicos que datan desde el Neolítico, cuando aparecen los primeros asentamientos humanos, es uno de los principales retos de la arqueología para reconstruir la historia de un lugar o periodo. En este contexto, los investigadores han utilizado la combinación de dos técnicas de caracterización basadas en luz de sincrotrón para estudiar porcelanas de la dinastía Ming.

Estatua en los jardines que rodean las Tumbas Ming.

Estatua en los jardines que rodean las Tumbas Ming.

Los pigmentos de azul de cobalto utilizados tienen orígenes variados y, por ejemplo, desde 1279 a 1423 d. C. utilizaron principalmente un mineral de cobalto rico en hierro importado de Persia. Su uso originaba características manchas oscuras ricas en hierro sobre las decoraciones azules y, después, cuando se extendió el uso de mineral de cobalto chino rico en manganeso, aparecieron manchas oscuras ricas en este elemento químico.

En este trabajo han analizado un fragmento de un tazón grande con numerosas y visibles manchas oscuras, originario de los reinos de Chenghua (1464-1487 dC) y Hongzhi (1468-1505 dC) de la dinastía Ming y perteneciente al área de Jiangxi.

Los investigadores llevaron a cabo experimentos de espectroscopia de absorción de rayos X (XAS) y fluorescencia de rayos X (XRF) en la línea de luz Claesen del Sincrotrón ALBA para rastrear las variaciones químicas en las decoraciones de la porcelana asociadas al desarrollo de las manchas oscuras.

El primer autor del estudio es el profesor Josep Roqué-Rossell, de la Facultad de Ciencias de la Tierra y del Instituto de Nanociencia y Nanotecnología de la Universidad de Barcelona, y también han participado investigadores del CEME de la Universidad de Tolouse, del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona y del Sincrotrón ALBA.

Aunque la producción de la porcelana azul y blanca se remonta a siglo VII d. C., fue bajo la dinastía Ming, que se empezó a producir y exportar a gran escala.

Los resultados obtenidos sugieren que, durante la cocción de la porcelana, los iones de hierro y manganeso se difundieron, moviéndose de sitios con concentraciones más altas a zonas con concentraciones más bajas. Durante el enfriamiento, los iones cristalizaron en forma de los minerales óxidos rodonita y hausmanita-jacobsita, que son compuestos intermedios, lo que ayudó a identificar las temperaturas alcanzadas durante su producción.

Además, el estudio detallado del hierro con la técnica XAS ha permitido evaluar el registro de reducción-oxidación en el barniz de la porcelana. Los investigadores también han podido determinar las condiciones de oxidación alcanzadas durante la producción de la porcelana azul y blanca comparando los resultados obtenidos a los del basalto natural como método de calibración.

Aunque la producción de la porcelana azul y blanca se remonta a siglo VII d. C., fue bajo la dinastía Ming, que gobernó en China entre los años 1368 y 1644, cuando se empezó a producir y exportar a gran escala hacia el sudeste asiático, África occidental, Oriente Medio y Europa. 

El secreto de la porcelana china estaba en occidente.

Investigadores de la Universidad de Pekín descubren la existencia de una red internacional de comercio en pleno siglo XV para conseguir el cobalto de Persia.

Corría el año 2011 cuando, durante una subasta celebrada en Hong Kong, un comprador batalló durante 10 largos minutos para conseguir un jarrón de porcelana china. El inversor, conectado con un delegado presente en la sala a través de un teléfono móvil, gastó alrededor de 20 millones de euros para hacerse con la pieza del primer período Ming.

Esta dinastía fue la penúltima que gobernó China, y lo hizo durante casi 300 años (1368-1644). Fue precisamente en ese momento de enorme estabilidad social cuando se realizaron algunas de las piezas de cerámica más famosas de la historia. Los centros de producción se concentraban en Jingdezhen (Jiangxi) y Dehua (Fujian). Desde ahí se exportaba a casi todo el mundo.

Comercio

Se creó una red internacional en pleno siglo XV para conseguir el pigmento azul durante el periodo Xuande.

Durante décadas se creyó que las clásicas piezas azules y blancas de Jingdezhen (a veces llamada la capital de la porcelana de China) empezaron a realizarse a principios del periodo Ming. Más recientemente, sin embargo, los investigadores han descubierto que ya en la dinastía Yuan (1279-1368), fundada por mongoles, se realizaban este tipo de piezas desde alrededor del 1300.

El secreto de esta famosa porcelana no estaba en la propia China, sino que venía de occidente y se alargó en el tiempo mucho más de lo que se creía, según revelan los especialistas de la Universidad de Pekín en un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Science . Y no solo eso. También han revelado que se estableció una red internacional de comercio en pleno siglo XV para hacer llegar el pigmento azul de forma consistente durante todo el periodo Xuande, que coincide con el reinado de Zhu Zhanji, quinto emperador de la dinastía Ming (1425-1435).

La famosa cerámica azul y blanca china utilizaba pigmento azul procedente de occidente

La famosa cerámica azul y blanca china utilizaba pigmento azul procedente de occidente.

Este detalle indica que la cadena de suministro de pigmentos importados del extranjero se mantuvo constante “a pesar de que las autoridades habían terminado las actividades comerciales y tributarias oficiales después de la muerte del almirante Zheng He”. Siempre se había creído que la amenaza de los mongoles y el hundimiento de la economía a mediados del siglo XV llevó a los Ming a acabar de forma abrupta con el comercio con el extranjero, algo que con este descubrimiento parece descartado.

“El éxito de las primeras porcelanas azules y blancas chinas se basó en gran medida en el pigmento de cobalto importado de Occidente”, reconocen los especialistas, que utilizaron microscopios electrónicos para analizar fragmentos de cerámica del reinado de Xuande y los comparó con los de la dinastía Yuan y también Qing, la última dinastía imperial de China (1644-1912).

La famosa cerámica azul y blanca china utilizaba pigmento azul procedente de occidente

Plato azul y blanco hecho en Jingdezhen durante la dinastía Yuan.

El azul cobalto procedente de Persia se consideraba un recurso precioso, con un valor alrededor del doble del oro. Los motivos de la porcelana se inspiraban en decoraciones islámicas. Un gran porcentaje de estas cerámicas azul y blancas se embarcaban después a los mercados del suroeste de Asia a través de los comerciantes musulmanes con sede en Guangzhou.

Los investigadores quería saber si se había usado este color importado del Medio Oriente conocido como azul Sumali durante todo el período Xuande o si, por el contrario, fue reemplazado por minerales de asbolano (un óxido hidratado de manganeso con cobalto y níquel) tal y como aparecía en algunas citas literarias.

La famosa cerámica azul y blanca china utilizaba pigmento azul procedente de occidente

Plato azul y blanco de la dinastía Ming Xuande 

Los resultados de sus análisis demuestra que se adoptó “un enfoque intencional de mezclar minerales de cobalto importados y nacionales” por razones estéticas. “Nuestros hallazgos sugieren, además, que los pigmentos de ultramar continuaron desempeñando un papel insustituible a partir del siglo XV en adelante, a medida que la red comercial globalizada comenzó a liberarse de los asuntos políticos regionales”, explican.

Las dudas surgieron porque el pigmento utilizado durante y después del año 1426 exhibía altos niveles de manganeso, similar a los minerales que se encuentran en el territorio chino, mientras que el colorante importado no contiene manganeso. Los autores detectaron dos tipos de partículas de pigmento residual en los tiestos de Xuande que diferían en composición química, comportamiento de distribución y morfología.

La famosa cerámica azul y blanca china utilizaba pigmento azul procedente de occidente

Jarrón de la dinastía Yuan.

“Esto indica una mezcla de pigmento nacional e importado en jarrones Xuande que no estaba presente en piezas de las dinastía Yuan o Qing. El pigmento azul puede haber sido importado de manera consistente durante todo el reinado de Zhu Zhanji y se estableció una red comercial internacional en pleno siglo XV”, según los autores.

FUENTE: LA VANGUARDIA – Cultura

Belzoni, un forzudo en Abu Simbel

La altura física del arqueólogo Belzoni asombra tanto como la intelectual. Sus hallazgos en Egipto marcaron toda una época en el siglo XIX.

Cuando nació, nada parecía indicar que nuestro protagonista, Giovanni Battista Belzoni (1778-1823), estuviera destinado a tener una vida diferente a la de su padre, que era barbero, pero lo cierto es que vivió en tiempos interesantes, que lo acabaron llevando por toda Europa antes de acabar en Egipto excavando antigüedades.

Belzoni vino al mundo en Padua, en el seno de una familia originaria de Roma, ciudad a la que marchó a los dieciséis años. Allí –contaría tiempo después en su libro Viajes por Egipto y Nubia– estudió hidráulica y quiso convertirse en monje, unos objetivos que quedaron en nada con la llegada de las fuerzas revolucionarias francesas en 1798. 

Obligado por las circunstancias, abandonó primero Roma y luego el país. De algún modo, en 1800 terminó recalando en Holanda con su hermano Francesco, donde estuvieron trabajando a salto de mata en lo que les salía, hasta que, en 1803, viajaron a Inglaterra. 

Allí, Giovanni conoció a su futura esposa, Sarah Banne, con la que se unió a un circo ambulante. Fueron sus conocimientos de ingeniería y su tremendo físico (una altura de 2,01 m, en un mundo donde la gente apenas alcanzaba el 1,70 m) los que lo convirtieron en el forzudo del espectáculo, el “Sansón patagón”, pues tal era su nombre artístico.

Un lustro bien aprovechado

En 1812, la pareja salió de gira por España, Portugal y Sicilia, un periplo que concluyeron en Malta tres años después. Allí conocieron a un enviado de Muhammad Alí, el pachá de Egipto, que estaba intentando modernizar el país. Dispuesto a venderle un aparato de su invención para elevar agua desde el Nilo, Belzoni y Sarah viajaron a Egipto, donde su proyecto fue rechazado. 

No obstante, la pareja decidió quedarse allí y buscar sustento, para lo que contaron con la ayuda del cónsul británico en El Cairo, Henry Salt. Este estaba embarcado en una incruenta, pero feroz, guerra con el cónsul francés, Bernardino Drovetti, por conseguir la mayor colección de antigüedades faraónicas, y encontró en Belzoni el hombre perfecto para ello.

El retirado forzudo de circo demostró su valía a las primeras de cambio, pues su inteligencia y conocimientos de física aplicada le permitieron trasladar al Museo Británico un gigantesco busto de Ramsés II que, hasta entonces, se pensaba inamovible. La carrera de pre arqueólogo de Belzoni había comenzado, y esta fue tan espectacular como corta, ya que apenas estuvo en Egipto cinco laboriosos años, entre 1815 y 1819, en los que realizó grandes descubrimientos.

Llegado a Luxor, tras dejar preparado el busto de Ramsés II para su posterior y definitivo traslado hasta Alejandría y luego Londres, Belzoni lo dispuso todo para viajar hasta la segunda catarata, en plena Nubia. Allí tuvo lugar uno de sus logros más conocidos, penetrar en el templo de Abu Simbel. 

En realidad, el monumento no fue descubierto por Belzoni, sino por el suizo Johann Ludwig Burckhardt, en 1813. No obstante, convertida su existencia en vox populi, nuestro forzudo protagonista no dudó en visitarlo mientras remontaba el río en 1816, e intentó penetrar en él durante su viaje de retorno. Su primer intento fracasó sólo momentáneamente, porque un año después estaba de regreso, y esta vez sí consiguió su propósito, tras un mes de trabajo.

La parte superior de la puerta de entrada quedó accesible la noche del 31 de julio, pero Belzoni y sus compañeros decidieron esperar al día siguiente para permitir que el posible aire viciado del interior se renovará. 

Fachada del Templo de Abu Simbel (Terceros)

Las habitaciones del templo los dejaron anonadados por su amplitud y la belleza de la decoración, pero el calor era tan intenso, casi 55 grados, que no podían ni dibujar, porque enseguida el sudor de la mano estropeaba el papel. El caso es que, conseguida la hazaña y estando escasos de provisiones, decidieron regresar. Nuevas aventuras esperaban al italiano en Luxor.

Nada es azar

Un aspecto poco conocido de la labor de Belzoni es que sus grandes hallazgos no fueron fruto de la casualidad, sino de una cuidadosa observación del yacimiento que estaba excavando. Su trabajo, para el que su empleador contaba con el adecuado permiso oficial del pachá de Egipto, tuvo mucho más de arqueológico de lo que se suele pensar. 

Belzoni no fue un mero saqueador de ruinas. De hecho, en el prólogo de su libro se disculpa ante los posibles eruditos que lo fueran a leer, por haberle sido imposible no hacer inferencias históricas durante el relato a partir de su conocimiento de las ruinas.

Un ejemplo de su modo de trabajo lo encontramos en su descubrimiento de la tumba de Seti I. Fue el 16 de julio de 1817, en sus palabras, “un día afortunado, uno de los mejores quizá de mi vida”. 

En el Valle de los Reyes, Belzoni ya había descubierto alguna tumba menor, que describió como un mero “pozo de momias”. El caso es que, a menos de quince metros de esta primera tumba (que, por desgracia, no resulta posible identificar), Belzoni dijo a sus trabajadores que excavaban “al pie de una empinada colina, y bajo un torrente, el cual, cuando llueve, vierte una gran cantidad de agua sobre el punto mismo que hice fuera excavado”.

Nadie consideró posible que una tumba apareciera en ese punto, y no dudaron en hacérselo saber, pero Belzoni estaba convencido de que era un sitio perfecto para encontrar una, a tenor de las diversas observaciones que había ido haciendo en la necrópolis. Al día siguiente, su deducción se demostró certera, porque sus trabajadores desenterraron el acceso a la que hoy se conoce como la KV 17, donde fuera depositada, para su descanso eterno, la momia del padre de Ramsés II.

Giovanni Battista Belzoni, en una ilustración de 1821.

Giovanni Battista Belzoni en una ilustración de 1821. Dominio público

Lo interesante del proceso mental de Belzoni es que, más de un siglo después, los estudios realizados en las tumbas del Valle de los Reyes comprobaron que las tumbas de la XVIII dinastía se encuentran situadas al fondo de quebradas, justo en el punto donde caían las aguas de los torrentes ocasionales, todo ello con la intención de ocultar la entrada de la tumba. Cierto que las tumbas de la XIX, como la de Seti I, no siguen ya este criterio y se sitúan algo más visibles, en la ladera de las colinas, pero el razonamiento de Belzoni no deja de ser sólido. 

Fue esta misma capacidad de análisis la que apenas unos meses después le permitió desvelar en Giza el misterio que llevaba décadas dando que pensar a los visitantes de la meseta, ¿donde se encontraba la entrada a la segunda de las pirámides?

El misterio de Kefrén

La pirámide de Keops (Khufu) ya era de visita obligada para los turistas desde la época grecorromana, y, tras la apertura de un túnel por parte del califa Al Mamún, de nuevo lo fue a partir del año 800 d. C. No sucedía lo mismo con la pirámide de Kefrén (Khafra), a cuyo interior no era posible acceder a principios del siglo XIX y que se convirtió en uno de los puntos de interés de la “arqueología” de la época. 

Los sabios franceses de Napoleón no lo consiguieron, y tampoco Salt ni Drovetti. Belzoni llegó a El Cairo a finales de diciembre de 1816, y, tras despertar su interés por la cuestión, el 2 de marzo de 1817 consiguió su propósito, aplicando de nuevo el método “arqueológico”.

Dispuesto a desentrañar el misterio, en vez de excavar aquí y allá a ver si la suerte le sonreía, Belzoni utilizó como elemento de estudio la pirámide que ya estaba abierta. En ella comprobó que, en el punto de la cara norte donde estaba la entrada, en la pirámide de Kefrén se podía apreciar un peculiar amontonamiento de rocalla y arena, que le hizo pensar que quizá allí se encontraba la entrada. Durante varios días sus obreros excavaron sin éxito. 

No obstante, convencido de su razonamiento, Belzoni estudió la entrada de Keops con más detalle y comprobó que, en realidad, no estaba en el centro, sino desviada hacia el este unos cuantos metros. Un desvío que aplicó a su punto de excavación en Kefrén, donde, a los pocos días, encontró la entrada, por la que pudo descender hasta la cámara funeraria. Allí, un grafito de época árabe le informó de que no era el primero en hallarla, pero eso no le impidió añadir su firma a la pared: “Scoperta da G. Belzoni. 2 mar. 1818”.

Firma de Belzoni en Kefrén.

Firma de Belzoni en Kefrén. Terceros

Antes de abandonar definitivamente Egipto, en 1818, Belzoni descubrió las ruinas de Berenice, a orillas del mar Rojo, y en 1819 visitó el oasis de Bahariya, que identificó, erróneamente, con el de Júpiter Amnón. 

Después regresó a Inglaterra con Sarah, escribió un libro contando sus tribulaciones en Egipto y organizó una exposición con copias de la decoración de Seti I. Inquieto como era, un explorador nato, en 1823 organizó una expedición al corazón de África para visitar Tombuctú; desgraciadamente, un ataque de disentería acabó con su vida en Benín antes de completar su periplo.

Este artículo se publicó en el número 636 de la revista Historia y Vida.

FUENTE: LA VANGUARDIA

JOSÉ MIGUEL PARRA

“El yacimiento que cambiará los manuales de historia”: lo que la cuenca del Guadiana esconde

Un hilo de divulgación arqueológica en Twitter recuerda la importancia del yacimiento tartesso de Casas del Turuñuelo, en Guareña (Badajoz), un edificio enterrado que cuenta con una misteriosa escalera monumental, alturas de muros de hasta 7 metros y la primera bóveda conocida de la Península Ibérica.

“Un yacimiento que cambiará los manuales de historia, arquitectura, zoología… un yacimiento que tiene a media arqueología española en vilo y a la otra al borde del infarto”, así comienza un hilo en la red social Twitter sobre los trabajos que se llevan a cabo en los yacimientos tartessos de la cuenca del Guadiana. @itineratur, con más de 32.000 seguidores, ha explicado en este hilo la importancia del yacimiento de las Casas del Turuñuelo, en Guareña, Badajoz, un proyecto del Plan Nacional de Investigación del CSIC que hasta ha interesado al National Geographic.  

Los tartessos ( cuya cronología se extiende desde el 1.200 antes de Cristo al 500 antes de Cristo) era el nombre por el que los griegos conocían a la que creyeron primera civilización de occidente, localizada en la zona que actualmente es Huelva, Sevilla, Cádiz, y también la actual Badajoz.  

Precisamente este hilo de divulgación arqueológica explica los trabajos arqueológicos alrededor de un edificio imponente hallado en la localidad de Guareña en 2014 y que no deja de dar sorpresas a los investigadores.  

“¿Te imaginas un edificio enterrado a posta? No “enterrado” por el tiempo sino literalmente enterrado, como una tumba”, explica Itineratur. “Un edificio en el que se rellenaran todas sus habitaciones hasta el techo y luego se recubriera con una capa de tierra que funcionara como un sello; ese edificio existe y está enterrado, en un túmulo, junto al río Guadiana, en la provincia de Badajoz (Extremadura)”. Se trata de Casas del Turuñuelo, “uno de los yacimientos más relevantes que ha habido y habrá en la historia de la arqueología de la Península Ibérica y más allá”. 

Este singular edificio sigue los ritos de la cultura de Tartesso, enterraban edificios bajo un túmulo ya hace 2.500 años: “En el tramo medio del río Guadiana han sido identificados hasta 13 edificios enterrados”, explica Itineratur, que relata que este  “complicado proceso de ocultación en el siglo V a.C debió de llevar semanas o meses y el trabajo de mucha gente”. Al parecer, desde que este edificio fue enterrado y la zona abandonada, “muy poca gente volvió a habitar este territorio hasta los tiempos de Roma”.

Restos animales a los pies de la escalera de la hecatombe. / Itineratur

Y lo que encontraron los arqueólogos en este enterramiento es increíble. En primer lugar, “una misteriosa escalera monumental”, llamada la escalera de la hecatombe: “Una escalera en perfecto estado de conservación que los arqueólogos desentierran escalón tras escalón esperando que cada uno sea el último y sin embargo siempre hay uno más, no parece acabarse… después de más de 4 metros y 11 emocionantes escalones que salvan un desnivel casi 3 metros de altura te des de bruces con lo más inesperado… Una gigantesca carnicería, un sacrificio loco nunca visto en el occidente del Mediterráneo”. A los pies de esa escalera aparecieron los restos “en grandes condiciones de conservación” de 52 caballos, 4 vacas, 4 cerdos, y un perro “perfectamente dispuestos”. 

No es lo único que sorprende de este yacimiento, también su arquitectura. “Cuando en una excavación normal hay cimientos y gracias, aquí tenemos alturas de muros de hasta 7 metros en dos pisos, 2 o más de espesor y grandes habitaciones”, destaca Itineratur. Allí han encontrado “la primera bóveda conocida de la Península Ibérica”: “Sus restos aparecieron en forma de multitud de ladrillos desperdigados por la estancia 100, una habitación de 70 m2 y hasta tres áreas de uso distintas”. Esto es especialmente importante porque el invento de las bóvedas se atribuye a los romanos: “Hasta ahora la arquitectura antigua abovedada era romana o no era”, cuenta el hilo.

“Tampoco el uso del hormigón para construir se había documentado antes de la conquista romana”; es otro de los grandes descubrimientos de este yacimiento. “La escalera monumental, que a primera vista parece hecha con grandes sillares de piedra, regulares, bien escuadrados (…) está hecha con grandes bloques prefabricados con un mortero a base de cal, procedimiento nunca visto hasta ahora en nuestra arqueología”.  “Ni bóvedas ni hormigones se habían documentado hasta época romana”, destaca el hilo. 

También se han encontrado en los restos de este edificio enterrado “cientos de platos y copas, una parrilla, asadores y hasta un enorme caldero de bronce de un metro de diámetro nunca visto en la Península”. Debió ser un gran banquete tras el cual “rompieron la vajilla e inutilizaron cualquier objeto que se fuera a quedar dentro del edificio”. 

Este hilo de divulgación arqueológica ha logrado decenas de miles de retweets y ‘me gusta’. 

FUENTE: LA VANGUARDIA

“El hallazgo del que hablará todo el mundo”: restos de homínidos de hasta 100.000 años de antigüedad en Italia.

El importante hallazgo se ha hecho en “un entorno único”, una cueva cuya entrada cerró un seísmo hace 60.000 años

Hay restos de 8 homínidos que vivieron hace 50.000 años, y otro más antiguo de entre 100.000 y 90.000 años

También hay huesos de hienas, osos de las cavernas, caballos salvajes, elefantes, ciervos…

La cueva de Guattari, del periodo paleolítico, guarda tesoros arqueológicos a solo cien kilómetros de Roma. / DeAgostini/Getty Images

Los restos de nueve homínidos del periodo Neandertal y de algunos animales de la época fueron descubiertos en el yacimiento paleolítico de la cueva de Guattari en la localidad de San Felice Circeo, a poco más de cien kilómetros de Roma. Más de ochenta años después del descubrimiento -en 1939- de este yacimiento, la Superintendencia de Arqueología de Frosinone y Latina en colaboración con la Universidad de Tor Vergata realizó lo que el ministro de Cultura italiano aseguró es “un hallazgo excepcional” y del que “hablará todo el mundo”.

Las investigaciones, aún en curso, comenzaron en el otoño de 2020 como parte de una operación para la seguridad de la cueva de Guattari, que toma su nombre de su descubridor, dueño del terreno en el que se encuentra el sitio y donde en febrero de 1939 se encontró un primer cráneo.

Una de las calaveras neandertales halladas en la cueva de Guattari. / Werner Forman/Universal Images Group/Getty Images.

Ya en ese momento, gracias a los estudios del paleontólogo Alberto Carlo Blanc, se comprendió de inmediato la gran importancia de este sitio, catalogado como uno de los más importantes del Paleolítico Medio Europeo.

Se trata de “un entorno absolutamente único”, explica Mario Rolfo, profesor de arqueología prehistórica de la Universidad de Tor Vergata, porque un derrumbe, quizás debido a un terremoto, cerró la entrada hace unos 60.000 años.

En su interior, estratificado en el tiempo, se encuentra “una extraordinaria base de datos de elementos fósiles, restos de plantas, humanos e incluso animales cuya presencia se desconocía en estas áreas”, que el hombre de Neandertal frecuentó durante un período de tiempo que va desde hace 300.000 hasta al menos 50.000 años.

La nueva investigación se extendió específicamente a un área de la cueva que ni siquiera había sido tocada por el trabajo de Blanc.

En esa zona se encontraron varios restos humanos, entre ellos un casquete craneal, un fragmento del occipital, fragmentos del cráneo (incluidos dos hemi frontales), fragmentos de la mandíbula, dos dientes, tres fémures parciales y otros fragmentos en proceso de identificación.

Entre los nuevos individuos reconstruidos por los arqueólogos, 9 de los que se suman a los 2 ya reconstruidos en 1939, solo hay una mujer y se remontan a diferentes épocas. En particular, 8 son de homínidos que vivieron hace entre 50 mil y 68 mil años, mientras que el más antiguo de ellos habría tenido entre 100 mil y 90 mil años.

También se encontraron multitud de restos de animales como las hienas que fueron las últimas en utilizar la cueva como guarida donde arrastraban los cadáveres de sus presas; un uro, un gran vacuno extinto; un rinoceronte, el ciervo gigante (Megaloceros), el oso de las cavernas, un elefantes y un caballo salvaje.

Además el descubrimiento de carbón vegetal y de huesos de animales quemados, explican los investigadores, autoriza la hipótesis de la presencia de que en la cueva hubo “un hogar estructurado”.

“Un descubrimiento que permitirá arrojar una luz importante sobre la historia de la población neandertal de Italia”, señaló Mario Rubini, director del servicio de antropología de las provincias de Frosinone y Latina.

FUENTE: EDITORIAL PERFIL –

Humahuaca: restauran iglesia del Siglo XVII

Respetando la técnica de construcción original del 1600, los expertos le devolvieron la estabilidad perdida. En su interior guarda pinturas religiosas hechas por los aborígenes según técnicas del Alto Perú.

La iglesia humahuaqueña de Uquía fue restaurada. Desde 1941 fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Restauraron la iglesia de Uquía, ubicada en la Quebrada de Humahuaca, que fuera levantada en 1691 y declarada Monumento Nacional Histórico en 1941. San Francisco de Paula recuperó su esplendor perdido tras un complejo trabajo sobre su edificación. Las obras fueron inauguradas junto a la estructura de un nuevo paseo de artesanos ubicado a metros del templo y con el que se pretende potenciar la actividad turística en el pequeño poblado, situado a unos 115 kilómetros al norte de la capital jujeña.

Reconocido por ser custodio de los cuadros de los Ángeles Arcabuceros, pinturas realizadas en el siglo XVII por indígenas de la Escuela Cuzqueña lo posicionan, junto a otras singularidades del lugar, como un destacado atractivo turístico de la región. “Es uno de los hitos más importantes culturales y religiosos que tenemos en la provincia”, valoró el gobernador Gerardo Morales, al encabezar la presentación del trabajo realizado en el lugar y detallar que demandó una inversión de 24 millones de pesos. El edificio presentaba problemas estructurales complejos que ponían en peligro toda su estabilidad. 

En ese marco, personal especializado de la provincia en colaboración con el Conicet avanzó con el proyecto de obra, que respetó la tecnología constructiva original de la obra sin modificar su imagen e incorporó un sistema sismo resistente. Es uno de los pocos lugares del mundo donde se pueden apreciar a los ángeles arcabuceros, pinturas provenientes de la región del Alto Perú, las cuales se encuentran al resguardo y serán nuevamente dispuestas en la iglesia una vez que las condiciones de humedad, tras las reparaciones, sean las adecuadas.

A fines de 2019 se habían iniciado las tareas de resguardo del monumento que se ubica frente a la plaza central de Uquía, donde luego se sumaron tareas de renovación urbana. A la par se concretó el proyecto del paseo, que está compuesto por unos 30 puestos de venta realizados con estructura de madera y techo de cañizo con torta de barro, todo lo cual implicó el gasto de otros 7 millones de pesos.

En la Puna se exhibirá una momia de 9.000 años

Estará en un Centro de Interpretación recientemente inaugurado que se convertirá en una atracción para descubrir los pueblos de la región con oferta de turismo rural y comunitario.

La Puna jujeña tiene un nuevo Centro de Interpretación cerca de las Salinas.

La Puna jujeña, una de las regiones con mayores riquezas arqueológicas del país, cuenta con un Centro de Interpretación como nuevo atractivo turístico cultural, donde se exhibirán desde expresiones de arte rupestre hasta importantes hallazgos, como una momia de unos 9.000 años de antigüedad. Según informaron las autoridades del Ministerio de Turismo de la provincia, a pocos kilómetros de las Salinas Grandes se instaló el Centro, en el poblado de Barrancas. 

Luego de la inauguración, el Centro quedará integrado al circuito turístico de la zona sur de la Puna jujeña y se convertirá en “una atracción para descubrir los increíbles pueblos de la región con oferta de turismo rural y comunitario“, dijo a Télam el ministro de Turismo de Jujuy, Federico Posadas. El funcionario también detalló que la construcción fue concretada con una inversión de 37 millones de pesos a través de un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Por otro lado, la directora de Turismo de Jujuy, Sandra Nazar, contó que el Centro de Interpretación “exhibirá y pondrá en valor los vestigios arqueológicos y el arte rupestre de la zona, que es una de las más importantes de Argentina en ese sentido”. Destacó que la momia de referencia fue encontrada por un equipo del Conicet en el pueblo de Barrancas a fines de 2018 y que recién será exhibida cuando finalicen los estudios pertinentes.

En las salas de exposición, los visitantes podrán adentrase en toda la historia de la región, el significado de los grabados en piedra, entre otros, todo ello con información científica escrita de modo amigable, que además estará traducida al inglés y el francés. Con un diseño integrado al paisaje, el espacio también cuenta con un área de gastronomía al servicio de los turistas y otra de venta de artesanías, además de un mirador accesible en su terraza.

“Queremos que, atraídos por el Centro de Interpretación, los visitantes decidan quedarse en Barrancas para seguir conociendo la Puna y al día siguiente irse a Sausalito, Alfarcito, Rinconadilla, entre otros poblados“, valoró finalmente Nazar sobre las expectativas de las comunidades de la zona, que están “capacitándose y encarando nuevos proyectos turísticos”. A la par de los fines turísticos, el Centro también pretende ser un espacio para el desarrollo de estudios arqueológicos, por lo cual integra a su vez un área de laboratorio para facilitar el trabajo de investigadores.

Barrancas está ubicado en el departamento de Cochinoca, a unos 184 kilómetros al noroeste de San Salvador de Jujuy. Para llegar al poblado, desde Purmamarca se debe tomar por la ruta nacional 52 hasta pasar por cerca de treinta kilómetros las Salinas Grandes y llegar a la intersección con la ruta provincial 75, por la cual hay que avanzar unos 13 kilómetros más.

Fuente: Télam.

Descubren los 10 yacimientos arqueológicos más destacados y valiosos de la provincia de Cádiz

Te mostramos conjuntos pertenecientes a la época romana, fenicia e incluso prehistórica y últimos descubrimientos arqueológicos más destacados.

Cádiz es una de las provincias con mayor riqueza arqueológica de España. A lo largo de la historia, distintas civilizaciones aprovecharon su situación de enclave en el Mediterráneo para asentarse.

De hecho, la capital es la ciudad más antigua de Occidente, fundada hace cerca de tres mil años por los fenicios. Los diferentes pueblos que se asentaron en Cádiz dejaron una impronta cultural, cuya influencia aún perdura en el carácter de los gaditanos.

Con la llegada del verano, miles de turistas visitan distintos lugares de la provincia de Cádiz y su patrimonio cultural es otro de los grandes atractivos. De hecho, el descubrimiento más reciente se ha llevado a cabo este mes de mayo en Caños de Meca, donde aún se está trabajando. Estos son algunos de los yacimientos 1. Yacimiento de la ciudad romana de Ocuri (Ubrique)

Yacimiento de Ocuri

Situado a apenas un kilómetro del centro de Ubrique, este municipio prerromano y romano fue muy importante en la época. Así lo demuestra la monumentalidad de los restos arqueológicos conservados tras el descubrimiento a finales del siglo XVIII.

Algunos investigaciones han logrado fijar sus orígenes al menos en el siglo VI a.C., aunque la mayoría de los restos corresponden a la época romana de la ciudad, con un momento de máximo esplendor en el siglo II d.C. En los extramuros de la ciudad, como dictaban las leyes sanitarias romanas, se encuentran la necrópolis y su monumento más importante: el mausoleo, sin parangón en Andalucía.

2. Yacimiento arqueológico de Doña Blanca (Puerto de Santamaría)

Junta de Andalucía

Los restos más antiguos encontrados en éste yacimiento pertenecen a una fase tardía de la Edad del Cobre, de finales del III milenio a.C. Se trata de un conjunto arqueológico que ha sido fundamental para investigar la protohistoria en el Mediterráneo, especialmente para el estudio de la presencia fenicia en Cádiz.

Tras abandonar algunas cabañas, el yacimiento permanece deshabitado hasta la primera mitad del siglo VIII a.C., hasta la llegada de la Segunda Guerra Púnica. Hasta la época medieval islámica no volverá a ocuparse el terreno, cuando se instauró una alquería almohade.

3. Museo Arqueológico de Carteia (San Roque)

Carteia fue la primera colonia latina fuera del territorio de Roma. Y es que en el s. IV a.C. los cartagineses o púnicos, descendientes de los fenicios -que en el siglo VII se habían establecido a unos 2 km, en el Cerro del Prado- fundaron esta ciudad, que fue conquistada cuando Roma venció a Cartago en las Guerras Púnicas en el siglo III.

Como los hijos de hispanas y soldados romanos no eran reconocidos como población romana, se solicitó una solución a este problema y el Senado le concedió el título de Colonia. El yacimiento se encontró a escasos metros de la playa de Guadarranque.

4. Necrópolis de los Algarbes (Tarifa)

La Necrópolis de los Algarbes es uno de los complejos arqueológicos más importantes de la provincia de Cádiz. Correspondiente al Calcolítico y la Edad del Bronce, da hacia fines del III milenio a.C. Y está situado en Tarifa.

El conjunto está formado por medio centenar de estructuras funerarias y cuevas artificiales en forma de cámara circular con entradas a diversos niveles. Destaca también una gran construcción megalítica con un amplio corredor tallado en la roca arenisca, que se puede relacionar con los enterramientos megalíticos de galería cubierta. Fueron encontrados ajuares de gran riqueza, entre los que abundan las vasijas de cerámica.

5. Hornos romanos de El Rinconcillo y Parque Arqueológico de las Murallas Meriníes (Algeciras)

Turismo de Cádiz

La puerta de Europa esconde dos yacimientos arqueológicos de importancia en la provincia. En primer lugar, el Parque Arqueológico de las Murallas Meriníes está integrado por 100 metros de muralla -con cuatro torres de origen bajomedieval y dos de origen desconocido-, un foso bien conservado de unos nueve metros de profundidad y un puente de mampostería en excelente estado de conservación que permitía salvar el foso en la llamada Puerta de Gibraltar. El tramo de muralla medieval, que data del siglo XIII, fue restaurada y acondicionada para su integración en el espacio urbano como Parque Arqueológico, el cual abarca unos 6.000 metros cuadrados.

Por su parte, los hornos romanos de El Rinconcillo, que formaban parte de el complejo de fabricación de ánforas de la ciudad de Portus Albus. En su día, la zona fue complementaria de la industria de elaboración de garum de la ciudad de Iulia Traducta (actual Algeciras). Fueron descubiertos en 1966 en un solar en proceso de urbanización a unos 300 metros de la playa de El Rinconcillo. En la actualidad se encuentra soterrado a la espera de actuaciones arqueológicas.

6. Conjunto Arqueológico Baelo Claudia (Bolonia)

Junta de Andalucía

Uno de los más importantes yacimientos arqueológicos de la provincia de Cádiz. Baelo Claudia, en la ciudad de Bolonia, está situado en plena ensenada. Esta ciudad romana nació a finales del siglo II a. C., siendo la heredera de un asentamiento bástulo-púnico más antiguo (Bailo, Baelokun).

Declarado Monumento Histórico Nacional, esta ciudad-factoría romana sorprende por su estado de conservación. Fue importante en la época por sus conservas y salazones, origen de la salsa denominada garum, que era exportada a todo el imperio.

Descubierta en unas excavaciones en 1917, los investigadores encontraron los restos de una ciudad próspera, construida según los cánones clásicos de Roma. Un terremoto en el siglo III d.C. le afectó hasta el punto de que perdió la mayoría de su población, aunque pervivió un pequeño núcleo hasta los inicios del siglo VII d.C.

7. Yacimiento Caños de Meca, Barbate

Ayuntamiento Medina Sidonia

La Universidad de Cádiz ha descubierto en mayo de 2021 un yacimiento que podría convertir a los Caños de Meca en otra «Baelo Claudia». Se trata de un proyecto junto al cabo de Trafalgar (Barbate), en la conocida playa de Caños de Meca. El viento, el mar, los movimientos de la naturaleza han vuelto a descubrir un yacimiento que parece albergar restos que van desde la época fenicia a la medieval, pasando por la era de asentamiento romana.

Incluso se sospecha que se trate de una factoría de salazones, al estilo de Baelo Claudia. Estas ruinas, tapadas hace ya varias décadas ante la imposibilidad de encontrar financiación para su investigación y conservación, han vuelto a quedar a la vista del gran público.

8. Yacimiento Arqueológico Fenicio de Gadir (Cádiz)

Fue encontrado a nueve metros bajo lo que hoy es el Teatro de Títeres la Tía Norica. Es posible recorrer sus calles, utensilios y casas para resucitar la primera época de esplendor comercial de Gadir, 3.000 años después, en los inicios de la actual Cádiz.

Además del Yacimiento Arqueológico de Gadir, se conservan construcciones de una factoría para la manufactura pesquera romana, con sus piletas para realizar pescado en salazón.

9. Hornos púnicos y fenicios (San Fernando)

Este conjunto arqueológico fue descubierto en 1987, cuando el Grupo Municipal de Arqueología de La Isla descubrió estos restos de hornos alfareros de origen fenicio y cartago-púnico. A día de hoy se encuentran expuestos en la Plaza de los hornos púnicos y fenicios, situada al noroeste de San Fernando.

Estos dos importantes talleres alfareros asociados a la ciudad de Gadir, datados entre los siglos VI al I a.C, se dedicaban a la fabricación de ánforas y otros recipientes destinados al transporte de conservas de pescado, así como objetos de uso cotidiano y cerámicas protocampanienses.

10. Cueva del Tajo (Benalup)

La Cueva del Tajo dispone de pinturas rupestres del denominado arte sureño que fueron encontradas en 1913, cuando Juan Cabré y Eduardo Hernández-Pacheco empezaron en esta cueva los primeros estudios del arte rupestre de la región.

Este pequeño abrigo está situado en un paisaje de excepcional belleza y se caracteriza por la gran cantidad de pinturas rupestres, sobre todo de representaciones de aves, cuadrúpedos y antropomorfos. La mayoría de estas figuras datan del Neolítico y del Calcolítico.

Declarado Monumento Histórico Nacional, esta ciudad-factoría romana sorprende por su estado de conservación. Fue importante en la época por sus conservas y salazones, origen de la salsa denominada garum, que era exportada a todo el imperio.

Descubierta en unas excavaciones en 1917, los investigadores encontraron los restos de una ciudad próspera, construida según los cánones clásicos de Roma. Un terremoto en el siglo III d.C. le afectó hasta el punto de que perdió la mayoría de su población, aunque pervivió un pequeño núcleo hasta los inicios del siglo VII d.C.

FUENTE: LA VOZ. CÁDIZ Actualizado:12/05/2021 

Descubren una aldea de la edad de bronce en el fondo de un lago de suiza

Un equipo de investigadores del país helvético ha encontrado los restos de una nueva aldea prehistórica sumergidos en las aguas del lago Lucerna. Este curioso hallazgo fue fruto de las obras para colocar una tubería cerca del puerto que se iniciaron en 2019

Guiomar Huguet Pané

07 de mayo de 2021 · 


Arqueología Descubrimientos Actualidad

Un buzo emerge a la superficie con uno de los pilotes encontrados en la mano. 

Foto: Philipp Schmidli, Lucerna

Desde hace décadas, un equipo de arqueólogos submarinos estaba tratando de probar la presencia de un asentamiento en las profundidades del lago. Sin embargo, debido a la acumulación de una gran cantidad de escombros arrastrados por el río durante siglos y la subida del nivel del agua a causa de la acción humana, estos habían quedado sepultados. “Es la primera vez después de 30 años de investigación que hemos podido probar que la ciudad de Lucerna tiene un asentamiento predecesor de la Edad de Bronce”, afirma Jürg Manser, Jefe de Conservación y Arqueología de Monumentos del cantón.

DESCUBRIMIENTO POR OBRAS

Hacia marzo de 2020, un equipo de arqueólogos subacuáticos de la Oficina de Desarrollo Urbano de la ciudad de Zúrich hizo los primeros descubrimientos mientras acompañaba y supervisaba los trabajos de dragado en preparación para la construcción de una tubería. Desde entonces hasta febrero de 2021, se han recogido un total de 30 postes de madera y 5 piezas de cerámica. Los arqueólogos identificaron los postes de madera como pilas modificadas a propósito para instalar viviendas sobre ellas.

Anna Kienholz, jefa del Departamento de Prehistoria y Protohistoria del Cantón de Arqueología de Lucerna, examina pilotes en el asentamiento de viviendas sobre pilotes de la Edad del Bronce.Foto: Arqueología del Cantón de Lucerna.

El análisis por radiocarbono ha datado las piezas encontradas alrededor del año 1.000 a.C., lo que confirma que la zona del lago Lucerna estuvo habitada mucho antes de lo que se pensaba hasta ahora. Según explican desde las oficinas del cantón de Lucerna, “estos hallazgos corroboran la teoría de que la cuenca del lago era un territorio con buenas condiciones de habitabilidad, cuando el agua se encontraba, al menos, 4 metros por debajo del nivel actual.”

“La cuenca del lago era un territorio con buenas condiciones de habitabilidad, cuando el agua se encontraba, al menos, 4 metros por debajo del nivel actual”

Buceador de Arqueología Submarina de Zúrich trabajando en la cuenca del lago Lucerna.Foto: Arqueología subacuática UWAD Zurich

Andreas Mäder, uno de los arqueólogos que ha participado en el descubrimiento, afirma que los postes tienen características evidentes que permiten catalogarlos como prehistóricos: “La madera es muy blanda por fuera y dura por dentro, algo muy típico de los postes prehistóricos”, ha aclarado en la Radio y Televisión de Suiza.

Aunque muy posiblemente haya huellas de otros asentamientos sumergidos, por el momento las excavaciones están sujetas al espacio que ocupan zanjas de la tubería. El proyecto está a la espera de conseguir más financiamiento para ampliar la investigación.

Pila de una vivienda sobre pilotes en estado limpio en el laboratorio de arqueología subacuática de Zúrich

Cinco pedazos de cerámica han sido desenterrados de debajo la capa de barro del lago.Foto: Philipp Schmidli Luzern

Este descubrimiento coincide con el décimo aniversario del reconocimiento de las casas sobre postes de los Alpes como Patrimonio Mundial por parte de la UNESCO. Dentro de las fronteras de los países alpinos están documentados un total de 111 asentamientos similares, 56 de los cuales se encuentran en Suiza, que son de gran valor para el conocimiento y la investigación sobre las sociedades agrarias primitivas en la región.

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC