Dinamarca: un arqueólogo aficionado halló 22 piezas de oro del siglo VI.

Pertenecen a pueblos pre vikingos que habitaban ese país

De acuerdo a los primeros exámenes, los objetos pudieron haber sido enterrados como una ofrenda a los dioses en un momento de severos cambios climáticos. Las piezas fueron encontradas en el suroeste de Dinamarca, que según los historiadores se convirtió en la cuna de los reyes vikingos entre los siglos VIII y XII.

Las piezas serán exhibidas en el museo Vejle a partir de febrero de 2022.

Un arqueólogo aficionado encontró en Dinamarca 22 objetos de oro con símbolos del siglo VI, que pueden proporcionar nuevos detalles sobre los pueblos pre vikingos que habitaban ese país.

Así lo anunció esta mañana el director de investigación del museo Vejle, que albergarán el tesoro.

Algunos de los objetos tienen motivos únicos e inscripciones que pueden referirse a los gobernantes de la época, pero también recuerdan a la mitología nórdica, dijo Mads Ravn a la prensa internacional.

“Son los símbolos de los objetos los que los hacen únicos, más que su valor en oro”, observó, precisando que en total los objetos pesaban alrededor de un kilo.

Entre las piezas, también hay una que hace referencia al emperador romano Constantino, de principios del siglo IV y un medallón del tamaño de un platillo.

Según los primeros exámenes, los objetos pudieron haber sido enterrados como una ofrenda a los dioses en un momento de severos cambios climáticos, cuando las temperaturas se volvieron muy frías luego de una erupción volcánica ocurrida en Islandia en 536, que cubrió el cielo con nubes de ceniza.

“Hay muchos símbolos, algunos nunca antes vistos, que nos permitirán ampliar nuestro conocimiento de la gente de este período”, señaló.

El tesoro fue encontrado cerca de Jelling en el suroeste de Dinamarca, que según los historiadores se convirtió en la cuna de los reyes vikingos entre los siglos VIII y XII.

Estará en exhibición en el museo Vejle a partir de febrero de 2022.

El arqueólogo aficionado encontró el tesoro hace unos seis meses usando un detector de metales, pero la noticia recién se conoció ahora.

Imagen de portada: Gentileza de Página 12

FUENTE: Página 12 – Dinamarca/Vikingos/Hallazgo

Pirámides de Egipto: un equipo de arqueólogos reveló quiénes las construyeron.

El hallazgo de tumbas y el estudio de un papiro escrito por un capataz de apellido Merer proporcionó información precisa sobre los verdaderos autores de los faraónicos monumentos egipcios. 

Mientras se encontraban analizando unos papiros que habían sido descubiertos en 2013, un grupo de arqueólogos encontró la respuesta a uno de los más grandes misterios de la historia de la  humanidad: quiénes fueron los encargados de construir las majestuosas pirámides de Egipto, entre ellas, la Gran Pirámide, la última de las 7 Maravillas del Mundo.

Según relataron los especialistas en una nota concedida a la revista Near Eastern Archaeology, los rollos de papiros forman parte del diario de uno de los capataces, de apellido Merer, quien ayudó a construir la Gran Pirámide, y datan de aproximadamente unos 4.500 años de antigüedad.   

El “Diario de Merer”, tal cual lo bautizaron sus descubridores, está compuesto por más de 300 fragmentos de diversos tamaños que aportan valiosos detalles acerca de cómo eran las actividades diarias del inspector de obras a lo largo de la construcción de las diferentes pirámides.   

Entre tantos otros, Merer hace especial referencia a una parada de su tripulación de 200 hombres en Tura, o Maasara, en las canteras de piedra caliza de la costa oriental del Golfo de Suez, y a la manera en cómo llenaron su barco para el viaje de entre unos 13 a 17 kilómetros de vuelta río arriba, a Giza.

Los especialistas creen que, como este tipo de piedra caliza fue utilizada para la cubierta exterior de la pirámide, el diario documenta el trabajo que se llevó a cabo en la tumba durante el último año de la vida de Keops, alrededor de 2.560 años atrás.

Por su parte, el mundialmente reconocido arqueólogo y egiptólogo Zahi Hawass, quien participó en el estudio, relató que cerca de las pirámides de Egipto encontraron unas tumbas “que pertenecieron a obreros bien tratados ya que algunos de ellos tenían huesos curados, lo que sugiere que tenían acceso a una mejor atención médica”

Según explicó el ex ministro de Antigüedades de Egipto, en el interior de las tumbas encontraron 12 esqueletos en posición fetal que estaban en perfecto estado de conservación, “acomodados como se hacía con los difuntos, de acuerdo con las antiguas creencias religiosas”, agregó.

“Los constructores de las pirámides de Egipto no eran esclavos, si lo fuesen, no estarían enterrados al lado de los reyes y de las reinas”, concluyó Hawass.

De esta manera, el estudio de estos papiros les permitió a los investigadores  dar definitivamente por tierra tanto con la teoría que afirmaba que los constructores de las pirámides fueron los habitantes de la desaparecida ciudad de la Atlántida, como así también con la que aseguraba que los extraterrestres intervinieron en sus construcciones.

FUENTE: WEEKEND – Informativo- Historia – Investigación – ¿Verdadero o Falso?.

Mtoto, el entierro de un niño de tres años que revela el funeral más antiguo del mundo.

Hace 78 mil años, una madre acostó a su bebé por última vez. En una cama de tierra, con un velo especial, Mtoto encontró su lugar de perpetuo descanso.

África es un campo fértil para descubrimientos arqueológicos. No es extraño encontrar vestigios de humanos en el sistema de cuevas conocido como ‘Cuna de la Humanidad’, en Sudáfrica, donde diversos científicos identifican el origen de nuestra especie. El reciente hallazgo de la tumba de Mtoto, un niño encontrado al sureste de Kenia, es prueba fehaciente de esto.

Restos de un niño de 78 mil años

En swahili, «Mtoto» se traduce como niño. De acuerdo con el equipo de investigadores que lo hallaron en Kenia, sus restos datan de hace 78 mil años y forman parte del funeral más antiguo del que se tiene registro hasta hoy.

La tumba de Mtoto se encontró a unos 16 kilómetros de la playa en Kenia. Se trataba de un niño de apenas dos o tres años. Sin embargo, lo que verdaderamente destaca del entierro fue el cuidado con el que fue dispuesto, en ese pasado tan remoto.

De acuerdo con los científicos, el niño perteneció a una vieja comunidad de Homo sapiens que, en busca de comida y mejores condiciones climáticas, pudo haberse asentado en la actual zona costera de Kenia. Si bien es cierto que existen ejemplos más antiguos en Europa y Asia, ninguno se había encontrado con tal detalle de preparación, como si hubiera sido parte de un rito funerario.

Paul Pettitt, un experto en entierros del Paleolítico que no participó en la investigación, lo describió sencillamente como «muy impresionante» para National Geographic. No sólo por la manufactura de la tumba, sino por las pistas que revela a propósito del pensamiento mágico y el sentir de los seres humanos primigenios con respecto a la muerte.

Pensamiento mágico y prácticas rituales prehistóricas

Mtoto

Así se ve la cueva en donde fue encontrada la tumba de Mtoto. Foto: MOHAMMAD JAVAD SHOAEE

Si alguna certeza tenemos como seres humanos, es que la muerte nos espera. Esta seguridad parece haber acompañado también a los seres humanos prehistóricos, que conformaban sus comunidades en torno a la caza y a la recolección. Sin embargo, parece ser que esta premisa flaqueaba en torno al fallecimiento accidental de niños y bebés.

El sistema de cuevas Panga ya Saidi, lugar en donde se encontró la tumba de Mtoto, da indicios claros del dolor que acompañó a las madres en aquel pasado remoto al perder a sus hijos pequeños. Envueltos de manera ceremonial, los restos del niño parecen haber estado preparados para pasar a mejor vida. En torno suyo, se encontraron herramientas de piedra, cuentas de conchas y restos de animales sacrificados, posiblemente con motivo de su deceso.

Los restos del niño eran demasiado frágiles para transportarse a un laboratorio para su análisis, después de las múltiples excavaciones realizadas en el sitio. Por esta razón, sólo se tienen reconstrucciones digitales de lo que fueron sus huesos: los investigadores privilegiaron su preservación in situ para evitar una posible pérdida de material al relocalizarlo.

Mtoto: el niño dormido

Esta reconstrucción virtual muestra la posición original de los huesos de un niño en una tumba keniana excavada hace unos 78.300 años, lo que lo convierte en el entierro humano más antiguo conocido de África.

Ilustración Imagen portada: JORGE GONZÁLEZ, ELENA SANTOS

Al enterarse de la existencia de los restos orgánicos de Mtoto, María Martinón-Torres, directora del CENIEH, no pudo ocultar su sorpresa: “Todo estaba en su lugar”, dice la experta, quien dirigió la investigación. “No era solo un fósil. Tenemos un cuerpo. Tenemos un niño».

Para entonces, ya se habían exhumado la totalidad de su columna vertebral perfectamente articulada, así como la base de su cráneo.

Los científicos a cargo de Martinón-Torres se percataron de que todavía quedaba la mandíbula inferior del niño, así como las raíces de sus dientes primarios.

En otro bloque próximo, se encontraron las costillas y algunos huesos de los hombros, que conservaban sus posiciones anatómicas naturales.

“Los huesos se estaban convirtiendo literalmente en polvo”, dice Martinón-Torres.

«Llegamos justo a tiempo, antes de que finalmente desaparecieran». Dada la relación de la cabeza con las vértebras cervicales, los expertos determinaron que el cuerpo había sido envuelto en un velo después de ser acostado sobre alguna especie de almohada, que se perdió con el paso del tiempo.

Por esta razón, Mtoto fue apodado como “el niño dormido”.

Según los científicos, sus restos podrían revelar —así como los de otros casos similares— un extenso pensamiento trascendental de los seres humanos primigenios.

El cuidado con el que   fue dispuesto no sólo evidencia del dolor de los padres, sino la esperanza de que su hijo hubiera cruzado un umbral hacia otro mundo.

FUENTE: NATIONAL GEOGRAPHIC en ESPAÑOL – Por Andrea Fischer

¿Un continente perdido?

Islandia podría albergar un nuevo continente debajo del mar

Los científicos lo han llamado “secreto geológico” debido a que el océano lo ha cubierto por completo.

En Islandia estaría un nuevo continente debajo del mar cuya extensión podría ser más grande que toda Europa. En Islandia habría un continente prehistórico que no se había encontrado antes por lo que serían los restos de una formación rocosa masiva que había sido cubierta por las olas.

Los científicos lo han llamado “secreto geológico” debido a que el océano lo ha cubierto por completo. Como parte de los estudios esperan que revele algunos secretos de Pangea, el gran continente que existió hace millones de años.

Pixabay

Pixabay

El nuevo continente en Islandia

Pangea era el supercontinente que concentraba todas las tierras del planeta pero fue destruida por los movimientos tectónicos hace millones de años.

El continente se ha nombrado “Icelandia” por la referencia al país donde fue encontrado. El equipo de geólogos cree que puede abarcar hasta un millón de kilómetros cuadrados.

De ser así se demostraría que Pangea no se destruyó por completo al final de la era Paleozoica, hace 50 millones de años. Gillian Foulger, profesora de geofísica en el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Durham, dijo para National Geographic que según sus estimaciones podría estar pasando lo mismo en otras partes del mundo.

El nuevo continente encontrado en Islandia ha sido catalogado como Patrimonio de la Humanidad y podría revelar varios secretos sobre la formación del planeta.

FUENTE: El Heraldo USA – Tendencias –

Los arqueólogos encuentran la primera momia embarazada del Antiguo Egipto.

Imágenes y escaneos de la momia Imagen: Desmond et al., J. Archaeol. Sci., 2021.

Lo que en un principio iba a ser el escaneo de una momia de un antiguo sacerdote egipcio, cambió radicalmente con el hallazgo de lo que parecían huesos de un pie diminuto. Por primera vez se había encontrado a una mujer embarazada momificada deliberadamente.

Al parecer, los escáneres posteriores confirmaron que se trataba de un feto aún en el útero de la madre fallecida y momificada. Un hallazgo impactante que planteaba una segunda cuestión: ¿quién era aquella mujer y por qué fue momificada con su feto?

Según ha explicado el arqueólogo Wojciech Ejsmond, de la Academia de Ciencias de Polonia:

Por razones desconocidas, el feto no se había extraído del abdomen durante la momificación. Por esta razón, la momia es realmente única. Nuestra momia es la única identificada hasta ahora en el mundo con un feto en el útero.

El ataúd y la momia Imagen: National Museum in Warsaw, Warsaw Mummy Project.

Cuentan los investigadores que la momia y su sarcófago se donaron a la Universidad de Varsovia en 1826 y se guardaron en el Museo Nacional de Varsovia, Polonia, desde 1917. Sin embargo, no fue hasta 1920 cuando se tradujo el nombre del ataúd. Aquel escrito reveló que el enterrado se llamaba Hor-Djehuty y estaba en una posición privilegiada. Según decía la traducción:

Escriba, sacerdote de Horus-Thoth adorado como una deidad visitante en el Monte de Djembe, gobernador real de la ciudad de Petmiten, Hor-Djehuty, hijo de Padiamonemipet y de una casa Tanetmin.

Tuvieron que pasar varias décadas y muchos avances para que ya en 2016, la tomografía computarizada revelara que la momia en el sarcófago podía no haber sido realmente Hor-Djehuty. Los huesos eran demasiado delicados, faltaban los órganos reproductores masculinos y una reconstrucción tridimensional reveló senos.

Los investigadores creen que, aunque el ataúd se hizo para una momia masculina, se colocó una momia completamente diferente en el sarcófago en algún momento, tal vez para hacerse pasar por un artefacto más valioso. Según los expertos:

Esta teoría está respaldada por el daño a algunos de los vendajes de la momia, probablemente causado por saqueadores del siglo XIX que rebuscaron en busca de amuletos. Por tanto, es imposible saber quién era exactamente la mujer, o incluso si venía de Tebas, donde se encontró el ataúd; sin embargo, se pueden medir algunos hechos a partir de sus restos.

Radiografías y tomografías computarizadas del abdomen de la momia que revelan al feto Imagen: Ejsmond et al., J. Archaeol. Sci., 2021

Estos datos cuentan parte del misterio de la mujer. Por ejemplo, que fue momificada con mucho cuidado y con un gran conjunto de amuletos, lo que sugiere en sí mismo que era alguien importante, ya que la momificación era un lujo en el antiguo Egipto.

También detallan en el estudio que murió hace poco más de 2.000 años, aproximadamente en el siglo I a.C., entre los 20 y los 30 años, y el desarrollo del feto sugiere que tenía entre 26 y 30 semanas de embarazo.

Y hasta aquí. No está claro cómo murió, pero el equipo cree que el análisis de los tejidos blandos conservados de la momia podría dar algunas pistas. [Journal of Archaeological Science vía ScienceAlert]

FUENTE: Editorial Miguel Jorge

La Atlantida egipcia

La mítica ciudad perdida del Antiguo Egipto que nadie ha podido encontrar

La obsesión de arqueólogos británicos por Zerzura no cosechó sino fracasos y expediciones donde no se halló ningún tipo de indicio de esta utópica urbe.

El pasado año 2020 fue un gran año en cuanto a hallazgos egipcios se refiere.

En la necrópolis de Saqqara, situada a unos 50 kilómetros al sur de El Cairo, se identificaron en noviembre más de cien sarcófagos en buen estado. Tan solo un mes antes, 59 veían la luz tras permanecer en el olvido durante 2.600 años.

Este mismo 2021, ha salido a la luz ‘El Ascenso de Atón’, una urbe perdida durante 3.000 años. En un país donde las revoluciones arqueológicas están a la orden del día, llama la atención que jamás se haya localizado la histórica ciudad de Zerzura.

Este enclave ubicado supuestamente entre Egipto y Libia, oscila entre la mitología y la historiografía. La primera vez que se menciona este desconocido lugar es entre finales del siglo XII y el siglo XIII. Por aquel entonces, la milenaria civilización ya se había desvanecido. Figuras como Tutankamón, Ramsés II o Cleopatra pertenecían al pasado.

Egipto sobrevivía bajo el dominio de la dinastía musulmana de los ayubíes y fue en este periodo cuando se empezó a mencionar una mítica ciudad situada en un bello oasis al oeste del río Nilo, en pleno desierto. “En estos escritos se describía Zerzura como una ciudad blanca como una paloma, y algunos la denominaban el oasis de las pequeñas aves”, apunta el escritor bilbaíno Andoni Garrido en su reciente publicación, Colega, ¿dónde está mi urbe? (La esfera de los libros).

Dunas del Sáhar

El autor recorre en su obra, con tono ameno y una fácil lectura, las distintas ciudades perdidas en el tiempo; desde la Atlántida hasta El Dorado. Muchas de ellas, como sucede con Zerzura, fueron objeto de estudio durante décadas, y arqueólogos de todas las nacionalidades buscaron en el país de las pirámides uno de sus secretos todavía por revelar.

Concretamente, los investigadores hacían referencia al texto medieval Kitab al Kanuz —también conocido como Libro de las perlas ocultas—, un manuscrito árabe repleto de menciones a más de 400 lugares de Egipto donde se escondían grandes tesoros. “Pero no tesoros cualesquiera, sino tesoros antiquísimos, protegidos por toda suerte de trampas mortales, espíritus y demonios”, narra el vizcaíno. El texto, perdido en el tiempo, afirmaba que Zerzura estaba gobernado por un rey y una reina durmiente, y que la custodiaban guardianes gigantes negros.

Campañas arqueológicas

Para diferenciar la mitología de la realidad, existe una teoría que dice que estos guardianes podrían representar a la tribu de los tubus, guerreros nómadas que habitaban en los desiertos de Chad, Níger y Libia. “Al parecer, en la Antigüedad estos tubus se dedicaban a atacar oasis pertenecientes a bereberes y árabes, y quizás de ahí venga de que fueron ellos quienes tomaron el control del rico oasis”, considera Garrido.

El emir Bengasi fue uno de los primeros hombres que ordenó buscar Zerzura. Corría el año 1481 y jamás hallaron ningún rastro. Siglos más tarde, cuando Egipto se transformó en un reino autónomo en 1922, la presencia británica siguió investigando los tesoros ocultos que permanecían en el país

En este sentido, cabe destacar el fracaso del explorador William Joseph Harding King quien, pese a aportar diversos elementos al Museo Británico, estos nunca estuvieron relacionados con la mítica ciudad. Partió en 1909 desde el oasis de Dakhla, y regresó con las manos vacías. Esta derrota arqueológica se repitió seis años más tarde en una expedición organizada por el geólogo John Ball, director del Departamento de Estudios de Egipto. 

El húngaro László Almásy sería quien más veces intentó obtener unos resultados difíciles de conseguir. Piloto durante la Primera Guerra Mundial, terminó obsesionandose por Zerzura hasta el punto de comprarse un avión para realizar vuelos de reconocimiento por el desierto del Sáhara. En una de las incursiones, debido a una tormenta de arena, su vehículo quedó destrozado. Al poco se quedó sin fondos y estuvo a punto de abandonar su sueño hasta que Sir Robert Clayton, un británico adinerado, financió sus campañas.

Portada de ‘El oasis perdido’.

3 mayo, 2021

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J.B.

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El pasado 2020 fue un gran año en cuanto a hallazgos egipcios se refiere. En la necrópolis de Saqqara, situada a unos 50 kilómetros al sur de El Cairo, se identificaron en noviembre más de cien sarcófagos en buen estado. Tan solo un mes antes, 59 veían la luz tras permanecer en el olvido durante 2.600 años. Este mismo 2021, ha salido a la luz ‘El Ascenso de Atón’, una urbe perdida durante 3.000 años. En un país donde las revoluciones arqueológicas están a la orden del día, llama la atención que jamás se haya localizado la histórica ciudad de Zerzura.

Sobrevolando la meseta de Gilf Kebir logró divisar algunas zonas verdes, por lo que parecía que allí podría haber algunos oasis ocultos inexplorados“, explica Garrido. Al regresar, con un equipo de transportes terrestres, acudió a la zona para examinar aquellos “misteriosos valles verdes dentro de la meseta”.

Los valles fueron llamados Wadi Talh, o el valle de Acacia; Wadi Hamra, o valle Rojo, y Wadi Abd al-Melik. “Almásy estaba seguro de que había encontrado Zerzura, sin embargo, nunca se halló ningún tipo de ruinas en la zona“, asegura el escritor. El explorador no se volvió con las manos vacías, ya que al final encontró unas pinturas rupestres neolíticas en la meseta.

¿Ciudad ficticia?

El austrohúngaro no fue el último en buscar la desconocida Zerzura. No obstante, el resultado sí fue el mismo. Ralph Alger Bagnold utilizó vehículos motorizados modificados para surcar las dunas del desierto y tras varias prometedoras expediciones repitió el  resultado de sus antecesores.

“A pesar de los fracasos, no penséis que los miembros de estas expediciones se frustraron y se lo tomaron mal. Resulta que varios de ellos se hicieron muy amigos, y a su vuelta montaron un club llamado el Club de Zerzura en un bar de Wadi Halfa, ciudad situada entre la frontera de Egipto y Sudán”, comenta el autor.

Actualmente, no quedan dudas de que Zerzura es una de las muchas ciudades ficticias que a lo largo de los siglos han suscitado expectación entre las gentes. Un lugar repleto de promesas y utopías cuyos indicios nunca han sido hallados precisamente por lo que es, una utopía.

El mundo secreto de la arqueología submarina

La Cueva de Cosquer y sus pinturas de la Edad de Piedra, perfectamente conservadas, no fueron descubiertas hasta 1991.

Cuando el instructor de buceo francés Henri Cosquer descubrió en 1985 el acceso a una cueva inundada a 37 metros de profundidad en un tour subacuático en la costa de Marsella, no tenía idea de que escondía una joya arqueológica.

Él y sus compañeros bucearon hasta la entrada de la cueva varias veces en los meses siguientes. Pero no fue hasta 1991 cuando logró entrar en la cueva principal a través de un túnel. Posteriormente sería bautizada en su honor.

El estrecho espacio de piedra estaba completamente seco y sus paredes estaban cubiertas de misteriosas pinturas prehistóricas.

Una de las pinturas de la cueva

Los arqueólogos y científicos que examinaron la cueva más tarde concluyeron que los dibujos tenían aproximadamente entre 19.000 y 27.000 años de antigüedad. Las pinturas mostraban sobre todo animales (focas, peces, caballos, bisontes, cabras y pájaros marinos) y eran sorprendentemente realistas.

“Es la única cueva submarina de la Edad de Piedra que conocemos hasta ahora”, explica el arqueólogo marino Fritz Jürgens, de la Universidad de Kiel, quien también bucea para explorar cuevas como esta. “Estas condiciones de conservación son particularmente buenas”.

A finales de algunos años, esa cueva, situada a 11 kilómetros de la costa sur francesa, fue utilizada y pintada por personas que vivieron en la Edad de Piedra. Pero, a medida que los casquetes glaciares de los polos se fueron derritiendo, el nivel del mar aumentó y la cueva acabó estando muy por debajo de la superficie. Pero la cueva en sí se quedó seca.

La entrada a la cueva Cosquer

“Así es como estas pinturas únicas de 20.000 años de antigüedad sobrevivieron”, dijo a DW el investigador Jürgens. “Entre ellas está la plantilla de una mano y la una representación que se conoce de un pingüino de la Edad de Piedra”.

Una réplica para proteger el arte prehistórico

La Cueva Cosquer es ahora un área protegida a la que solo los investigadores tienen acceso.

“Las cuevas de Lascaux, por ejemplo, se abrieron al público después de ser descubiertas”, señala Jürgens. “Pero medio siglo después, las antorchas de los visitantes y su respiración dañaron tanto las obras de arte que tuvieron que cerrarse”.

Los científicos y especialistas están construyendo una réplica exacta de la Cueva de Cosquer para un museo marítimo en Marsella. Se prevé que se abra al público en junio de 2022. La cueva original está amenazada por el aumento del nivel del mar provocado por el cambio climático.

Los grandes lagos como el lago Constanza, cuyo perímetro recorre Alemania, Austria y Suiza, también son explorados por los arqueólogos submarinos.

Descubrimientos durante un trabajo medioambiental

Los arqueólogos submarinos no siempre bucean para investigar. Un ejemplo es Florian Huber, compañero de Jürgens, que ha sido buceador de investigación profesional durante muchos años y ha explorado los mares Báltico y del Norte, además de numerosos lagos de gran envergadura en Alemania.

Huber trabaja a menudo para el Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF). “Principalmente rescatando redes fantasma, que son redes de pesca abandonadas o perdidas pero que siguen a la deriva en el océano. Y los peces, pájaros, ballenas, focas o tortugas pueden enredarse en ellas y morir”.

El investigador Huber descubrió una máquina Enigma en el mar.

En una de esas misiones, el equipo de Huber hizo un descubrimiento sensacional, no de la Edad de Piedra, sino de la Segunda Guerra Mundial. “Encontramos una máquina Enigma en una de las redes”. Estos artefactos fueron desarrollados y utilizados por los nazis para encriptar y descifrar mensajes durante la contienda. Los medios de comunicación tuvieron muchísimo interés en su historia. Al final, para este equipo de científicos fue un descubrimiento mucho más valioso que unas monedas de oro antiguas.

FUENTE:

El fósil de Little Foot, revela cómo se comportaban los ancestros de los humanos.

Se trata de un esqueleto casi completo de un Australopithecus, mucho más antiguo que la mayoría de los otros antepasados humanos.

El esqueleto de Little Foot fue descubierto en la década de 1990 en una cueva en Sudáfrica y es el esqueleto antiguo más intacto de cualquier antepasado humano

Un análisis con tecnología de vanguardia con la parte superior del cuerpo del famoso fósil “Little Foot” abre una ventana a un período crucial en el que los antepasados humanos se separaron de los simios.

El ensamblaje del hombro de Little Foot resultó clave para interpretar una rama temprana del árbol evolutivo humano. Los científicos de la Escuela de Medicina Keck de la USC (Universidad del Sur de California) se centraron en su nueva investigación en la llamada cintura pectoral, que incluye clavículas, omóplatos y articulaciones.

Aunque otras partes de Little Foot, especialmente sus piernas, muestran rasgos humanos para caminar erguido, los componentes de los hombros son claramente simiescos, los brazos de apoyo son sorprendentemente adecuados para colgarse de las ramas o trepar por los árboles en lugar de lanzar un proyectil o colgar a horcajadas sobre el torso como los humanos.

El fósil de Little Foot proporciona la mejor evidencia hasta el momento de cómo los antepasados humanos usaron sus brazos hace más de 3 millones de años, dijo Kristian J. Carlson, autor principal del estudio y profesor asociado de ciencias anatómicas integrativas clínicas en la Escuela de Medicina Keck.

Piedra Rosetta de los primeros ancestros

“Little Foot es la piedra Rosetta de los primeros antepasados humanos”, dijo en un comunicado y agregó: “Cuando comparamos el conjunto del hombro con humanos y simios vivos, muestra que el hombro de Little Foot era probablemente un buen modelo del hombro del antepasado común de los humanos y otros simios africanos como los chimpancés y los gorilas”.

Las características simiescas probablemente atraerán una considerable intriga, ya que los equipos científicos de todo el mundo han estado examinando diferentes partes del esqueleto para encontrar pistas sobre los orígenes humanos. El estudio dirigido por la USC, que también involucró a investigadores de la Universidad de Wisconsin, la Universidad de Liverpool y la Universidad de Witwatersrand en Sudáfrica, entre otras, se publica en el Journal of Human Evolution.

La revista dedicó un número especial a los análisis de Little Foot de un grupo de investigación global, que analizó otras partes del esqueleto de la criatura. El fósil de Little Foot es un espécimen raro porque es un esqueleto casi completo de un individuo de Australopithecus mucho más antiguo que la mayoría de los otros antepasados humanos. La criatura, probablemente una hembra vieja, medía alrededor de 1,30 metros de altura con patas largas adecuadas para el movimiento bípedo cuando vivió hace unos 3,67 millones de años.

Llamado “Pie Pequeño” porque los primeros huesos recuperados consisten en unos pocos huesos pequeños del pie, los restos fueron descubiertos en una cueva en Sudáfrica en la década de 1990. Los investigadores han pasado años excavando sobre su encapsulado de roca y sometiéndose a análisis de alta tecnología.

Aunque no es tan conocido como el esqueleto de Lucy, otro individuo de Australopithecus desenterrado en África Oriental en la década de 1970, Carlson dijo que Little Foot es más viejo y más completo.

El equipo de investigación dirigido por la USC se centró en los conjuntos de hombro porque Little Foot proporciona el ejemplo más antiguo e intacto de esta anatomía jamás encontrado. Esos huesos proporcionan pistas reveladoras de cómo se mueve un animal. En la evolución humana, dijo, estas partes tuvieron que cambiar de forma antes de que nuestros antepasados pudieran vivir una vida libre de árboles, caminar por la sabana abierta y usar sus brazos para otras funciones además de soportar el peso del individuo.

FUENTE: PAUL JOHN MYBURGH/WITTS UNIVERSITY

Gran descubrimiento arqueológico

Arqueólogos descubren mosaico de 1.600 años de antigüedad en Israel

Por Jack Guy

18:31 ET(22:31 GMT) 27 Abril, 2021

CNN) — Los arqueólogos que trabajan en la ciudad de Yavne, en Israel, descubrieron un mosaico de 1.600 años de antigüedad en buen estado de conservación.

El mosaico, que data del periodo bizantino (300-400 d.C.), fue encontrado mientras los arqueólogos desenterraron una extensa zona industrial que funcionó durante varios siglos, según un comunicado de prensa de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA, por sus siglas en i«El pavimento puede haber formado parte de un espléndido edificio residencial en un barrio rico adyacente a la zona industrial», según el comunicado gubernamental.

El pavimento es multicolor y está cubierto por motivos geométricos situados en un marco rectangular negro, añadió el IAA.

«Es la primera vez que se encuentra un pavimento de mosaico coloreado en Yavne», declaró a CNN el arqueólogo de la IAA Elie Haddad, quien añadió que se encontraron varias monedas en el espacio sellado que hay debajo.

Los detalles del mosaico encontrado en Israel

Los arqueólogos pensaron inicialmente que el mosaico era blanco debido a una pátina —un brillo o tinte que se desarrolla en una superficie debido a los años—, que lo había cubierto durante años, pero lo limpiaron utilizando un ácido especial.

«Para nuestra sorpresa, se descubrió una colorida alfombra de mosaico, ornamentada con motivos geométricos», dice el comunicado de la IAA.

Encuentran mosaicos con 700 años de antigüedad en Turquía 0:54

Haddad declaró a CNN que es inusual encontrar un mosaico de este tipo en una zona industrial. Explicó que puede ser una pista de que nuevas excavaciones revelarán los restos de edificios residenciales.

El mosaico fue documentado in situ y luego tratado y conservado por expertos en conservación del Museo Rockefeller de Jerusalén. Pronto se expondrá en una plaza de Yavne, añade el comunicado.

El mosaico se encontró en el marco de un gran proyecto de excavación que tardará un par de años en concluirse, dijo Haddad.

Conservar la historia para las generaciones futuras

El equipo ya había encontrado restos de prensas de vino antiguas y un almacén de vino. Haddad espera que las excavaciones puedan aportar más artefactos para llenar el primer museo arqueológico de Yavne.

«La conservación arqueológica y el conocimiento del pasado son valores importantes en la vida de la ciudad de Yavne, que tiene una magnífica historia», dijo Zvi Gur-Ari, alcalde de la ciudad, en el comunicado.

«En una época de progreso y desarrollo acelerado en todos los ámbitos de la vida, las generaciones futuras también deberían poder ver cómo ha evolucionado la ciudad a lo largo de la historia».

De acuerdo con el gobierno israelí, en marzo los arqueólogos que trabajan en el desierto de Judea encontraron docenas de fragmentos de un rollo del mar Muerto con texto bíblico.

Los fragmentos eran los primeros trozos de los Rollos del mar Muerto encontrados en unos 60 años. Los recuperaron de una cueva donde se escondían los rebeldes judíos contra el Imperio Romano hace unos 1.900 años, según un comunicado de prensa del gobierno.

Heinrich Schliemann, ¿arqueólogo o cazatesoros?

EL DESCUBRIDOR DE TROYA 

Sobre el famoso alemán, reconocido por su tenacidad para dar con lugares como Troya o Micenas, pesa también la sombra de adulterar los yacimientos que excavaba.

Retrato de Heinrich Schliemann, por Sydney Hodges, c. 1866

Retrato de Heinrich Schliemann, por Sydney Hodges, c. 1866 Fine Art Images/Heritage Images/Getty Images

JULIÁN ELLIOT

Fue como si de pronto se descubriese el esqueleto de un centauro. Puede imaginarse el revuelo cuando, en 1873, Heinrich Schliemann, un arqueólogo aficionado, anunció a bombo y platillo el hallazgo de lo que llamó, pomposamente, el Tesoro de Príamo. 

Carente de formación científica y sobrado de ambición, entusiasmo y perseverancia, este estudioso alemán se refería a un conjunto de diademas, collares, pendientes, copas y otras espectaculares piezas de oro y plata que había encontrado en una gran vasija de cobre, junto a otros restos, en Hisarlik.

Las joyas emergidas en esa colina turca, cercana a los Dardanelos, presentaban, en efecto, un aspecto arcaico y orientalizante. Bien podrían haber realzado la belleza de Helena de Troya. ¿Había dado Schliemann con la mítica ciudad destruida por los aqueos?

Desde hacía un par de años, Heinrich llevaba desenterrando a gran escala muros y rampas de sillería, estructuras urbanas y domésticas, fragmentos cerámicos, proyectiles de piedra y puntas de lanza. Para él, estos y otros indicios que iban aflorando de la Edad del Bronce pertenecían con claridad a la ciudad cantada en la Ilíada

Sin embargo, la comunidad científica se mantuvo reacia a compartir esa convicción, hasta que los ornamentos recobrados entre el Escamandro y el Silios, dos ríos muy homéricos, no dejaron margen de duda.

Hasta ese momento, se había pensado que Troya era simplemente literatura, ficción, una fantasía.

Del mito a la realidad

El hombre que convirtió en una realidad histórica esa raíz legendaria de la cultura europea marcó un antes y un después en la arqueología. Heinrich Schliemann se transformó en su mejor embajador para varias generaciones.

Más cuando, después de la Troya de Príamo, tanteó la Micenas de Agamenón, la Ítaca de Ulises y otros puntos calientes del universo de Homero. 

Su ausencia de preparación académica no hizo sino aumentar su esta­tura totémica.

El explorador alemán parecía predestinado desde la infancia, cuando su padre le regaló su primera Ilíada, a devolver a la humanidad parte de su pasado mitológico. Contribuyó con fuerza a ello su biografía posterior, repleta de luchas contra la adversidad, aventuras en varios continentes, vaivenes personales y saltos económicos sin red.

Fotografía de un joven Schliemann. Dominio público

Todo esto protagonizado por un personaje, indudablemente, fuera de serie. Superdotado, políglota, poseía una memoria prodigiosa que le permitía saberse verso a verso sus libros favoritos y dominar una decena y media de idiomas.

Hizo fortuna en los negocios, y más tarde, siempre visionario y audaz, se retiró de ellos e invirtió lo ganado en un sueño. No es de extrañar que muchas aproximaciones a su vida suenen a hagiografía (1).

Ahora bien, la leyenda áurea de Schliemann cohabita, al igual que en todo ser humano, con facetas por lo menos cuestionables. Las voces menos seducidas por su fama reducen sus afanes arqueológicos a la búsqueda de un mero pelotazo.

En esa versión, este emprendedor, contemporáneo del Segundo Reich, no habría sido más que un vulgar cazador de tesoros con mucha suerte. 

Este perfil de avidez coincidiría con sus actividades previas a meterse entre andamios, palas y escobillas. Entroncaría con naturalidad en su pasado como inversor de alto riesgo, como un auténtico buscavidas en el mundo de los negocios y la banca hasta que logró cosechar fortuna.

Codicia, prisas y trizas

Una ramificación de la misma vertiente explicaría, siempre para las malas lenguas, su falta de miramientos hacia los restos helenísticos, romanos y otros, posteriores a su época de interés, con los que se cruzó. 

En Hisarlik, donde identificó hasta siete ciudades superpuestas –un número ampliado por prospecciones ulteriores a diez niveles (o más)–, dañó parte de las capas superiores a Troya II para llegar a ese estrato, que creía el homérico.

En ello también pudo haber prisas y, ciertamente, falta de conocimientos, si no de respeto, para conservar un yacimiento tan antiguo, vasto, diverso y delicado.

Ruinas del anfiteatro de Troya

Tampoco se salva de la quema el mito de que el arqueólogo se basó, exclusiva y líricamente, en Homero para detectar la ubicación de Troya.

Algunos autores recuerdan que la antedicha colina otomana había sido señalada como seno de la legendaria ciudad al menos desde inicios del siglo XIX. Apuntaron, en esa dirección, las publicaciones de los naturalistas y anticuarios ingleses Edward Daniel Clarke y John Marten Cripps y del periodista y geólogo escocés Charles Maclaren.

Además de los testimonios numismáticos y topográficos aportados por esos tres intelectuales, un ingeniero, John Brunton, tanteó la elevación década y media antes que Schliemann, eso sí, sin mayores resultados.

Y un funcionario anglomaltés, Frank Calvert, descubrió en ella un templo helenístico consagrado a Atenea en el lustro previo a la cata del alemán. 

De hecho, fue Calvert quien trató de convencer al director del Museo Británico para hurgar en Hisarlik en pos de Troya –un proyecto malogrado por falta de financiación– y quien orientó hacia ese lugar al admirador de la Ilíada para que pudiera coronar su sueño.

Multado por expolio

El revisionismo tampoco perdona a Schliemann su manera de sacar el Tesoro de Príamo de tierras turcas, un acto que fue considerado como un claro expolio y un ejemplo de tráfico ilegal de bienes culturales.

Consistente en unas diez mil piezas históricas de oro, el descubridor dio la mayoría a su joven esposa.

La idea era que camuflara una parte entre sus joyas y saliera del Imperio otomano en el primer medio de locomoción que pudiese. Así lo hizo Sophia Engastromenos, pero las autoridades locales no se dejaron engañar. No del todo.

La mujer logró escapar a Europa, pero Estambul cerró la excavación anatolia, multó al marido y, además, lo conminó a entregar las piezas restantes en su poder.

Esto explica que en 1876 Schliemann se hallase en Grecia, dedicado a Micenas, donde no le fue mal. Encontró la llamada máscara de Agamenón, otros valiosos objetos y numerosos sepulcros, antes de que, por fin, años después y previo pago de una penalización, se le permitiese regresar al yacimiento troyano.

Una de las diademas con colgantes de oro del tesoro de Príamo. Dominio público

Esta vez le acompañaría, desde 1882, el arqueólogo Wilhelm Dörpfeld, continuador de las obras in situ, que no solo evitó nuevas excentricidades de Schliemann, sino que corrigió sus errores de datación, algunos de bulto.

Troya II, por ejemplo, de donde había emergido el Tesoro de Príamo, era un milenio anterior a la época de la guerra que habría enfrentado a Aquiles y Héctor. 

El enclave homérico resultó ser Troya IV, que, tras la muerte de Schliemann en 1890, volvió a rectificarse, pues Dörpfeld dio con dos estadios de ocupación más. Después de nuevos cálculos, hoy se estima que el nivel legendario de la ciudad es el VI o el VII, siendo el I del Bronce antiguo, y el X, bizantino.

Grande pese a sus errores

La arqueología tiene una deuda inestimable con Heinrich Schliemann, pese a las sombras que proyecta su figura.

Sus descuidos técnicos, confusiones, inobservancias legales, carencias académicas y otros defectos, algunos más achacables a la época que al hombre, se empequeñecen al contrastarlos con sus contribuciones a las ciencias históricas. 

El inquieto emprendedor revalorizó las fuentes literarias como brújulas para localizar sitios ancestrales.

Abrió un nuevo campo a los estudios clasicistas, al mostrar la relevancia de las raíces protoculturales, y fue el primero en ensayar excavaciones estratigráficas, lo que sentó escuela entre los investigadores de su país, el Reino Unido, Francia, EE. UU. y la propia Grecia.

‘La Iliada’, de Homero, fue la inspiración en la vocación como arqueólogo de Schliemann.  Otras Fuentes

Tan importante como su rol precursor, en estos y otros aspectos, sus descubrimientos y su personalidad dieron a su disciplina un impulso divulgativo de tal potencia que la hicieron familiar al público general, además de inspirar, hasta hoy, a generaciones enteras de colegas. 

Sin el ejemplo de su romántica búsqueda de Troya, no se entiende al explorador de Tartessos Adolf Schulten, que persiguió Numancia solo con textos de Apiano y un viejo mapa en la mochila. Incluso el influyente egiptólogo británico Petrie tomó buena nota de su par germánico en la época, finales del siglo XIX, en que estaba naciendo la arqueología moderna.

De ahí que se considere a Schliemann el padre de esta, pese a todos sus fallos, en esos tiempos en que la ciencia y la aventura todavía podían ser sinónimos.

Cinco excavaciones puntales

Además de Troya, Schliemann trabajó en otros yacimientos

La ciudad del rey Príamo fue, sin duda, la aportación más espectacular del arqueólogo alemán. Trabajó de modo intermitente en ella desde 1871 hasta su muerte en 1890, con una repercusión solo comparable con las meteduras de pata en que incurrió.

Pero Troya no fue el único trabajo de campo acometido por este admirador a ultranza de Homero, que incluso bautizó a sus hijos Agamenón y Andrómeda ante un volumen de la Ilíada.

Micenas, la capital de los enemigos de Ilión, mereció, asimismo, sus desvelos desde 1876. Allí, este pionero dio con un círculo funerario, tholos y ajuares de gran valor. Pero, como en Anatolia, erró por siglos la datación, llevado por sus fantasías literarias.

Tras pretender localizar en Ítaca, sin éxito, el palacio del viajero rey Odiseo y su paciente esposa Penélope, una nueva campaña en Troya lo condujo a otros hallazgos (por ejemplo, una estructura palaciega en 1879) que volvió a identificar, de manera irreal, con la corte de Héctor, Paris y familia.

En su última década de vida, Schliemann exploró, bien asesorado por Dörpfeld, la localidad beocia de Orcómeno, la micénica de Tirinto y su querida Troya.

Fueron intervenciones menos coloristas, pero de un estimable mérito científico.

FUENTE: número 635 de la revista Historia y Vida. 28abri2021